es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Monday, October 10, 2005
Carta a una joven poeta
Debo decir que la muerte es un misterio y como tal no hay una respuesta, así como sabemos que el día deviene de la noche y la noche del día, así la vida y la muerte están atadas por algo que está dentro de cada persona que respira sobre la tierra, y ese algo es el aliento. He descubierto que nuestra verdadera naturaleza es aquella fuerza que mueve nuestra respiración, y el momento en que se va de la carne, del pensamiento que pulula dentro de nosotros, iremos todos con aquel aliento, fuerza, vida eterna... ¿Adónde? No lo sé, y me alegro de no saberlo pues sé que todo cuanto vivo es hermoso cuando dejo de afanarme, cuando es agradable o no, pues tiene el mudo mensaje de que todo es un constante cambio y movimiento... todo está vivo y muerto, así como tú, como yo.
Mi vida es simple así como el jugo de naranja que tomé está mañana, así como aquel hombre que vino a pedirme unas monedas para comprarse un poco de droga. Mi vida es una constante sorpresa. Y mi muerte es aquello que mis ojos no pueden alcanzar a entender ni ver pues no es de este mundo ni de nuestros sentidos, es de otra naturaleza, por ello es que vivo sumergido en mi mundo interior, en mi naturaleza verdadera pues sé que allí están cada una de las respuestas. Allí está aquel sentimiento que mueve al universo, allí está la bondad...
No sé qué decir de mi vida, de lo que hago en mi día a día, pero te diré que respiro el mismo aire que mucha gente a mi alrededor, que miro el mismo cielo, las mismas nubes, los mismos ojos en cada persona con que me cruzo, y en cada uno de ellos veo vida y muerte, pues sé, como dije, que no hay nada que no esté en cambio y movimiento...
Tuyo,
Joe
Saturday, October 08, 2005
Narración de una Narración
Entramos en el papel y nos hayamos en un lugar lleno de arena, olas, sol y grandes palmeras que nos hablan y cuentan la historia del nacimiento del narrador de cuentos...
Fue hermoso escuchar, primero, a las plantas, y luego, como si atildaran su puesto y tono de voz cada uno de los seres que vivían en aquella isla creada por el niño de no más de once años... Uno de ellos me contaba que venía de una familia de grandes colores y que un dios de oro le dio su imagen y la dejó brillando en torno a la bola celeste, otro me contó que las viejas olas no dejaban de pronunciar todos los nombres de las criaturas que dios había hecho y que la arena no era mas que los infinitos números que tienen los nombres de dios, y así, cada una de las criaturas del cuento me cantaban sus bellas historias, llenas de música y bondad... hasta que una luz más grande que todas las luces hizo que toda aquella visión despareciera como si jamás hubiera existido.
Y allí estaba, flotando sobre aquel cuarto de un niño que sobre una vieja mesa de madera había quedado dormido sobre una ruma de papeles escritos... La magia de su propia creación parecía haberse apagado, pero vi que de cada uno de los papeles aparecían miles de ojos que cuidaba al niño narrador.
Tuve que alejarme de aquel cuarto pues el alborear me jalaba hacia mi morada que estaba no lejos de allí, en un lugar cálido, tranquilo y lleno de encanto... Dejé mi máquina de escribir y, satisfecho por lo imaginado y escrito, sonreí. Me paré, me vestí y bajé a tomar el desayuno mientras leía el texto, antes de ir al trabajo...
San isidro, octubre del 2005
Wednesday, October 05, 2005
Anhelos verdaderos...
"Es hermoso cuando cierras los ojos y puedes ser conciente de que hay algo mas que un cuerpo, pensamientos de los cuales has estado conciente durante toda tu vida... Y lo que ves es lo mismo pero ahora puedes beber de unos aires que te llena de paz y contento".
Dos
"Mi camino diario al trabajo es monótono pero es hermoso cuando dejo las puertas abiertas a la alegría, a la paz, a aquel sentimiento que explota cuando sientes cada aliento de vida que frota todo tu ser".
Tres
"Cuando llega una buena noticia me alegro, y cuando llega después otra mala, me duele pero sé que como esas vacunas contra toda enfermedad, ese dolor limpiara toda aquella ilusión que suele impregnarse en mi alma".
Cuatro
"La vida y el mundo parecieran alegrarse cuando uno toma su existencia con firmeza y cariño, pareciera a esas mujeres que suelen amar cuando el amante le entrega su vida en la mano".
Cinco
"No tengo hermanos, ni perro ni gato. No tengo casa ni cuarto ni cama. No tengo nada de nada, sin embargo, cuando me veo reflejado en un niño en la calle me siento que todo es para mi".
Seis
"Cuando estuve frente a dios me puse a llorar de tantas cosas y cuando el comenzó a consolarme sentí que tenía un lugar en donde reposar, alguien a quien contarle toda mi vida... Pero cuando vi que estaba agotado sentí tantas ganas de ayudarle, y fue allí en que me sentí el ser mas feliz de toda la creación"...
Siete
"Elige una sola cosa, me dijo mi hermano, el éxito en la vida o la verdad de la vida... En uno recibirás muchos aplausos, abrazos, alegrías... Y en el otro encontrarás mucha soledad... Nos abrazamos y lo vi alejarse con su esposa e hijo, con su auto lujoso hacia su nueva casa con la bendición de mis padres y de todos mis hermanos y todos los hombres... Y cuando se fue vi que todos mis hermanos, padres, amigos, y todos los hombres me miraban esperando mi decisión. Me paré y me fui caminando hasta perderme en mi mundo interior, buscando mi única verdad... Caminé hasta el último día de mi vida y cuando hube visto que la luz se apagaba pude apreciar que mi vela interior no se apagaba y me alumbraba una estela que parecía llevarme hacia mi hogar interior"...
San isidro, octubre del 2005
Hablando de la muerte...
Esta noche escuché a un hombre decir que deseaba que su vida fuera una sorpresa, pues desde que supo que la muerte tocaba su existencia todo cambió de color y de calor... Es terrible el dolor y la muerte, me dijo. Cómo anhelo que la vida me sorprenda, que llegue a conocer el cielo, el paraíso mientras vivo... pero dentro de mí ahora brilla un sol gris, frío como las nubes de una tormenta, anunciando que la muerte viene por mí aunque no la quiera aún. Le temo, agregó.
Le dije que no es bueno temer al dolor y a la muerte, pues es algo irremediable, es mejor aceptarla, no esperarla pero tampoco ignorarla, es mejor vivir cada momento como si fuera el último... Es sano jugar esta vida como un niño pues así todo se vuelve más luminoso, mas lleno de calor, haciendo que las nubes que ocultan los rayos del sol se dispersen... Eso le dije sabiendo que yo tenía poco tiempo para vivir, tengo cáncer…
El me miró y me dijo que si yo pretendía ser un sabio. Temblé ante la fuerza de su voz y la firmeza de sus ojos, temblé pero no quise mirar el gris de su sol, no quise sentir que la muerte era mala, el infierno de la vida. No, no quise... Así que le dije que yo también temía a la muerte porque no la conozco, pero tampoco conozco bien a la vida, por ello anhelo volver a ser un niño para libar cada momento que me queda para disfrutarla, aunque jamás la entienda… sin temerla.
Nos miramos y callamos. Me extendió la mano derecha y yo le di la mía. Apenas tuve contacto con su palma sentí el frío de un sol gris y me encogí como esos niños abandonados por sus padres al borde de un río. Le solté la mano y luego de librarme de su cruda mirada se dio la vuelta, perdiéndose por el viejo edificio en que cada noche dormía. Yo me quedé parado en mitad de la vereda sin saber si ir a mi casa o quedarme paseando por la noche con mi soledad en los hombros sobre esta larga vereda llamado mundo...
San isidro, octubre del 2005
Monday, October 03, 2005
Bajas Visiones
A través de mi coche me puse a observar a la gente que circulaba como fantasmas por la noche. Vi a un gato pararse en medio de la pista, mirarme, mover la cola como si tuviera atada una serpiente, mientras sus ojos no dejaban de mirarme. Luego, se dio media vuelta y despareció por las negras calles de la ciudad. También vi el rostro de una anciana a través de su ventana. Pude verla y reconocerla porque diariamente, al menos durante el día, pasaba sentada en la ventana de su cuarto... Aquella mujer tendría mas de noventa años, su rostro era apergaminado, pequeña de estatura, de rostro cálido, lentes, y un cabello gris como las calles de la ciudad. Parecía que se había encogido por el tiempo, al menos eso me pareció pues cuando por el día se cruzaba ante mí la veía mas y mas encogida, doblada, casi como que el cuerpo era atraído por la tierra, pero sus ojos cubiertos por lentes parecía siempre alegres y atentos... Quizás no desea dormir, o quizás desee ver más tiempo la realidad que es una especie de sueño materializado, no lo sé, pero me agradó ver a la anciana mujer mirando las calles, y mirándome el auto que estaba aparcado en la puerta de mi trabajo...
No sé si fue agotamiento, modorra, locura, pero tuve ganas de pegar una dormida. Cerré los ojos pero el sueño desapareció. Abrí los ojos y vi a mi padre a mi lado, con un cigarro en los labios, pensando... ¿Qué haces aquí papá?, le dije. Estoy reviviendo mi vida, me dijo, y cuando iba a tocarlo se esfumó así como el humo de un cigarro. Tuve miedo de cerrar los ojos así que traté de continuar mi lectura pero no pude, y cuando miré nuevamente la calle vi a la nonagenaria caminando con un bastón junto al gato negro... Ambos parecían dirigirse hacia la salida de la ciudad. De pronto, la anciana se detuvo y volvió su vista a mis ojos, luego, levanta la mano pidiéndome que la siguiera... Me paré y empecé a seguirla, y cuando estuve a su lado quise tocarla pero ella también se esfumó. Lo único que quedó a mi lado fue el extraño gato negro que no dejaba de mirarme y de ondular su cola…
Volví a mi auto, ya estaba por dormir pero recordé que quizás podría tener pesadillas, así que decidí irme a mi hogar sin el auto, pero antes de partir, le di una oportunidad al coche. Doblé la llave y arrancó. No paré hasta llegar a mi casa…
San isidro, octubre del 2005
Sunday, October 02, 2005
A las nueve de la noche...
Estoy escuchando las sonatas de Mozart, es bello. Siempre quise ser músico, la suerte no estuvo de mi parte, no tuve dinero ni pasión por encontrarme con un guía. Recuerdo, cuando niño, íbamos a escuchar a un gran violinista en el colegio... Se iba a presentar en el auditorio principal, yo nunca antes había escuchado un violín pero desde que entró aquel señor de cabellos negros, hirsutos, con un peinado todo para atrás y esa cara amarillenta resplandecida por la media luz que tenía nuestro destartalado auditorio, me pareció ver a un fantasma, una sombra, un sueño que emitía una bella melodía que mi alma se inyectaba a su naturaleza perdida... Le escuché y escuché y nunca pude olvidar aquellas danzas húngaras de Brahms... fueron exquisitas. Tenía once años.
Y hoy que siempre gusto de escuchar a Mozart, me siento en mis once años, en aquel auditorio comulgando con aquella sombra del artista y viajo con la música hacia el valle de la belleza, el lugar en donde todo es perdonado, inclusive a uno como yo que lo único que ha aprendido en la vida es a escribir.
Últimamente he leído mucho, no recuerdo a cuantos pero muchos, me agrada leer, me siento no tan solo. No escribo como antes, puede que sea una especie de aridez del alma, no lo sé. También debo de reconocer que jamás mis sueños de realización como escritor se realizarán, eso, es una bendición, quedaré como aquellos que escriben su música a quien quiera escucharle...
Diariamente salgo a mi trabajo, algunas veces escucho que un amigo se ha muerto, eso me apena, pero yo continúo viviendo, sigo para adelante. Trabajo como todo el mundo y poco a poco voy conociendo mi mundo interior, es poco lo que conozco pero suficiente como para encontrar algo dentro de mí que me llena el vacío que siempre me ataca en mi soledad. Eso, es una bendición. Estoy vivo y entiendo que debo conocer mi mundo interior.
¿Cómo será cuando mucha gente conozca su interior?
Creo que será un mundo mas bueno, la gente aprenderá a perdonarse a sí mismos. Se verá la cara y no encontrará más que diferencias, sintiéndose único, especial. Saldrá a la calle con los ojos de frente, mirando la eternidad que es su presente, respirando aquel aire que nunca mas lo volverá a sentir. Vivirá y puede que se encuentre en su mundo interior, puede que sienta que todo es lo mismo, entes girando en torno a la fuerza vital, aquella que late una y otra vez entre cada aliento...
Y bien, es bueno contar un poco de mi, eso me agrada y me cura, sobre todo si es auténtico, sincero y con amor o sentimiento.
Suyo,
Yo
La Novela
- Hola.
- Si, puedo servirla en algo señora...
- Eres un buen lector, me han dicho, y también sé que escribes muy bien, eso, también lo he escuchado.
- ...
- ¿Callas, no debieras...? ¿Te gustaría publicar aquella novela que tienes escondida bajo llaves en tu escritorio de mesa?
Iba a preguntarle el cómo se había enterado de mi novela puesto que a nadie se lo había confiado. Me preguntaba muchas cosas más pero mis labios no podían moverse, tan solo mis ojos escrutaban a la hermosa dama vestida toda de rojo y cubierta por un lujosísimo saco de piel de oso negro.
- Noto que te intimido, no debería ser así puesto que soy una amiga, una admiradora... ¿Me invitas a entrar a tu cuarto…?
Iba a decirle que no pero ella ante mi total asombro cogió las llaves que guardaba en mi bolsillo derecho, y como si fuera un fantasma empezó a ascender por las escaleras del viejo edificio. Yo, me quedé como una estatua, con mis libros en los brazos, recibiendo un aire frío que empezaba a congelar mis orejas, manos… Una fuerte lluvia explotó en el cielo empezando a mojar mi existencia y todos mis libros, aún así sentí que no podía moverme... ¿Estaré soñando?, me pregunté. De pronto, el ruido de una ventana que se abría rompió el hechizo. Alcé la vista hacia mi cuarto y observé que las luces estaban prendidas, viendo a través de la ventana que la hermosa señora tenía en sus manos mi inédita novela... Ante esto, solté los libros y como un loco subí hasta llegar al piso de mi cuarto pero cuando entré no encontré a nadie... Fui a buscar mi novela bajo el cajón de mi viejo escritorio pero no la encontré, así que como un poseso salí a las calles buscando a la dama de rojo y saco negro. A cada persona con quien me cruzaba en la calle les preguntaba por ella, pero todos me miraban con temor y sorpresa. Y cuando no había nadie en las calles sentí que todo esfuerzo sería inútil...
Regresé sobre mis pasos hasta llegar a la entrada del edificio en donde alquilaba un cuarto, y con gran suerte encontré mis dieciocho libros tirados en mitad de la vereda. Estaban húmedos. Subí a mi pieza y con una toalla empecé a secarlos con gran cuidado, por suerte tan solo las pastas estaban mojadas. De pronto, me detuve en la carátula de uno de ellos en donde pude reconocer a la bella señora vestida de rojo y lujosísimo saco negro. Leí el título: "El beso de la mujer araña". Lo abrí y empecé a leerlo... y en esos momentos me imaginaba escribir mi primera novela, fantaseaba en que no se la mostraría a nadie y que la guardaría en mi viejo escritorio de madera. Sería una hermosa obra literaria en donde tatuaría mis pensamientos, sentimientos y parte de mi vida en este extraño y mágico mundo. Sí, eso haría... aunque a nadie nunca jamás lo contaría...
San isidro, octubre del 2005
Saturday, October 01, 2005
El camino perdido
No sé en que momento quedé dormido, tampoco recuerdo exactamente el sueño que tuve, pero si recuerdo haber visto y sentido a través del sueño, algo parecido al paraíso. Aquellas calles empedradas, el pasto tan verde y natural que parecía peinarse con las uñas de un suave viento, el cielo tan celeste, las nubes tan puras como el algodón, y el aire que respiraba era tan rico, dulce e inspirador que quise entrar en aquella visión pero no pude, traté pero fue imposible pues descubrí que yo no sabía lo que era… Sabía que estaba en un sueño, pero esto que estaba frente a mí era algo más real que la realidad, entendiendo al mismo tiempo la pregunta que me ataba a ser un espectador de aquel paraíso…
Desperté y por más que traté de dormir y entrar en el mismo sueño fue imposible. Salté de mi cama y observé que la radio aun continuaba funcionando, escuchaba a Prokofief, “Romeo y Julieta” para sonatas de piano, hermoso… pero aún así, mi momento estaba vacío. Me paré, prendí las luces y caminé hasta llegar a la ventana, aún continuaba la fiesta de los vecinos. Yo nunca fui de tirarme a la nada sin saber lo que me espera, pero desde aquel sueño algo ocurrió pues me vestí, salí de mi casa y fui directo al lugar en donde ocurría la fiesta. Toqué el timbre y salió una chica totalmente ebria, con una botella de cerveza y con los ojos que parecían querérsele salir de sus órbitas. Me preguntó quién era yo, y qué es lo que deseaba. Incómodo, ya estaba por darme la vuelta e irme cuando otra chica que estaba en el mismo estado, me cogió del brazo y le dijo a su amiga que yo era su amante. Todos rieron, menos yo que no sabía lo que hacía.
La seguí como un autómata hasta sentarnos en uno de los sillones. De pronto ella sacó otra botella con dos copas tal como esos magos caseros. Las llenó y me dio una de ellas mientras se embutía su copa para luego pararse y llenarla de nuevo e irse a bailar con otro fulano… Aquel espectáculo era tan feo que me dio ganas de vomitar, pero me contuve y en ese momento empecé a preguntarme lo que hacía en aquel lugar. Vacié mi copa, miré por la ventana de mi casa y vi que las luces estaban encendidas. Me paré y salí de aquella casa sin despedirme ni mirar a todo aquel grupo de gente.
Estaba caminando rumbo hacia mi casa cuando vi que en mi ventana había una sombra. Me acerqué un poco más y noté que aquella sombra era yo, mirando a la casa que yo acababa de salir. Me detuve y decidí no ir a mi casa jamás, pues estaba ocupada por una parte de mí, la otra, estaba aquí, a mi lado, libre como esas estrellas que se apagaban y encendían sin razón. De pronto, vi en la oscuridad de las calles un pasaje que parecía brillar un poco más que todos los otros caminos, y sentí muy adentro de mí que aquello era la entrada hacia todos mis sueños…
Lleno de alegría empecé a caminar, a correr y a medida que me acercaba a la vía luminosa, todo mi ser empezaba a respirar aires tan puros como si estuviera en el paraíso. De pronto, un impulso me hizo parar mi carrera, y sentí que debía voltear un instante para observar hacia atrás, y vi que la ventana de mi cuarto estaba con todas las luces apagadas…
San isidro, octubre del 2005
Friday, September 30, 2005
Aire
Me siento en paz y es hermoso estar así, es simple, como ver a la gente que abrigadas o cubiertas por un sobretodo deambulan por la acera; me gusta aquel panorama, es hermoso, hay magia, encanto, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...
Ayer escuché a Dios y me dijo tantas cosas que no puedo recordarlas todas, pero algo me quedó pues habló del poeta, diciendo que el poema más hermoso es la alegría, aquella que yace entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...
He sabido que hay personas que han muerto. Unos en forma penosa; otros, de una manera bella y natural, pero en aquellos momentos siento que mi partida no está lejana, que las calles que camino empiezan a gastarse, arrugarse, así como un trozo de papel, y aunque debiera de asustarme, no es así. ¿Me alegra? ¿Cómo es?... En verdad, es algo misterioso, como conocer algo que no tiene nombre ni palabras para expresarse, por ello, me debo de alegrar pues entiendo que no hay nada que pueda remediar, es así, mientras tanto, admiro el paisaje que pasa por mi vida, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...
En el mundo en que vio hay muchos que han alcanzado la gloria, el poder, el dinero... Y hay otros que tan solo han alcanzado la miseria, el dolor y la ignorancia... Y entre todos ellos están aquellos que han conocido el camino hacia sí mismos, y en aquel encuentro han bebido del las aguas que calman todas las sedes, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...
San isidro, septiembre del 2005
Separado
"Mi vida (le escucho y escribo) empezó cuando fumaba marihuana junto a un par de amigos, les contaba que la muerte es el camino mas certero, que la noche el lugar donde esconder sus mas humildes deseos y en un instante de furor empecé a cantar la vieja melodía entre la luna y la existencia... Les dije que para mi no existen fronteras, que soy como el aire que viaja sin visa ni dinero, que soy como la eternidad del instante pues muero y empiezo a nacer... Si, todo eso les dije hasta dejarlos dormidos, muertos, arrastrados por los brazos del sueño, aquel cargador de energía... Me paré sobre mis pies y sin darme la vuelta empecé a viajar por la noche hacia mi Luna. La miraba cara a cara mientras su luz irradiaba toda mi belleza escondida y cuando fuimos un solo brillo nació una nueva vida en donde el poeta abría los ojos y el sentimiento usaba sus manos, pintando sus instantes de eso llamado belleza... Sí, eso pasó hasta el día y la noche de hoy en que vivo enterrado bajo toneladas del barro llamado pasado, pero vivo, siempre vivo pues el aire es mi verdadera naturaleza..."
La luz del nuevo día empezaba a gemir con sus golondrinas que movían el pico y sus alas, con los perros que doblaban el espinazo, mientras el poeta cogía su pluma y viajaba al lugar en donde yo no podía entrar pero sí sentir...
San isidro, septiembre del 2005
Wednesday, September 28, 2005
Reclamo al final de una Vida
Yo, ya no soy yo
quien me vea por la calle
o quizá en la puerta de mi hogar
verá un cuerpo adherido a sentimientos,
jugando la inercia de la grupa
que a todos lleva al lugar tradicional
llamado dormir sin soñar
ni poder despertar…
Unos días antes,
bajo una manta sentí
las gélidas palmas de
la dama del imperio final…
Asustado me puse
y en silencio empecé a implorar,
no el Padre Nuestro
ni
sino
a la misma vida que tanto me ama
que recuerda el beso ensoñado…
No me lleves, le dije
Aun tengo unos pasos que dar
y los días aun no brillan para mí
como es la promesa del buen dios
que nos creo a su imagen…
Tras un breve y apagado silencio
sus uñas cesaron de gastar
mi traje de carne
y el velo de mis íntimos sueños…
Volví los ojos para verla
pero solo su sombra,
que se expandía con la noche,
me advertía que pronto
tendría yo que salir
con su guadaña de mi vida,
andando por las noche sin sombras…
Cerré los ojos un momento,
mientras el día arrastraba
su manto que
libaba todas las vidas…
Le narré mi canto secreto
Y él me dijo que así como él
todo tiene su inicio
y un final sorpresivo…
Salí de mi casa
y con una sonrisa
continué respirando…
San isidro, septiembre del 2005
Sunday, September 25, 2005
La carta en blanco
Hace muchos años que ella no vive conmigo. Mamá, hace años que está muerta pero yo siempre la recuerdo, y diariamente por las noches me gusta rezarle y escribirle. Le pregunto siempre cómo es más allá de la vida, si hay uno o mas dioses, si hay almas y ángeles, si hay paz y felicidad, todo eso y muchas cosas más le escribo, y ahora que ya soy un anciano, que está muy cerca de la muerte, esperando por tanto tiempo su respuesta, por fin he recibido una carta firmada por ella pero en blanco...
En verdad, creo entender un poco su mensaje y por ello decidí, como dije, irla a visitar al cementerio. Le estoy llevando un poema, y en él le expreso que la quiero, que muy pronto nos encontraremos en aquel lugar en donde no hay palabras para expresar, ni existe idioma para traducir y escribir...
He llegado a su tumba, le he dejado mi poema y una rosas, le he rezado, y luego, más tranquilo, he decidido irme hacia mi casa. Mientras caminaba me he sentido muy agotado. He buscado una banca para sentarme pero no he visto ni una sola, por ello me he sentado en la acerca de la calle pues mis pies ya no tienen fuerzas...
De pronto, veo a un perro acercándose hacia mí con cierta timidez. Cuando está casi a mi lado ha extendido su hocico y empieza a olfatearme, sus ojos redondos se le han iluminado, ha dado unos pasos hacia atrás y noto que su pelaje se le ha erizado... El perro ha comenzado a aullar pero yo no puedo escucharle pues todo lo que veo frente a mí empieza aclararse más y más hasta volverse de color blanco, blanco, blanco, totalmente blanco así como la carta de mi madre. Es hermoso, y me ha dado ganas de escribir pero entiendo que no tengo nada que decir, tan solo me queda apreciar aquel blanco y puro lugar, esperando que mi madre me haga comprender, pues todo es como dice el color de su carta...
San isidro, septiembre del 2005
Saturday, September 24, 2005
Desconocido
Me he puesto a buscar por todos lados una carta que me indique la razón de su ausencia, de esta locura que no me deja de angustiar, pero nada. Ya han pasado varios minutos que estoy tirado en el suelo de sus cuartos. Miro las paredes y están llenas de moho, manchas de sombras, telarañas espesas así como el cabello de un moreno, y me he puesto a pensar y pensar, y en esos pensamientos he pescado una idea brillante, así que la he cogido con mi alma y he decidido llamar a toda la gente, parientes, vecinos que he conocido a lo largo de mi vida...
Cojo el teléfono y empiezo a marcar pero a mitad del discado me detengo porque me doy cuenta que no recuerdo a la persona a quien deseo llamar ni mucho menos el número telefónico. ¿Estaré loco?, pensé con frío temor. Dejé el teléfono, me erguí sacudiéndome de toda duda gris y me dije que puede que sí. Y si es así, entonces, ¿dónde está la libertad desprejuiciada?, ¿las voces que aterrizan de lejanas dimensiones?, ¿y, los monstruos que desde siempre temí... dónde están, y por qué no me persiguen?....
Veo que no hay nada, que estoy en blanco, tan solo recuerdo tener una familia con padres y hermanos, pero... ¿será que lo habré imaginado, o soñado?
¡Diablos!, ¡Ya sé la solución!
Si es cierto está extraña aventura en que vivo solo en una casa de cinco ambientes con un cuarto con una cama y un escritorio, una cocina, muebles pequeños pero limpios y dos piezas vacías, entonces habrá que salir al mundo de afuera, ver la calle en que vivo, y mirar a la gente, y esperar que me miren a la cara y me hablen como suelen hablar las personas conocidas. Si eso ocurre les preguntaré si recuerdan a mis padres y hermanos, y, también mi nombre y apellido pues parece que también lo he olvidado...
Es hermoso abrir la puerta de esta casa, salir, caminar por las calles sin recordar nada de este o de otro pasado. Veo gente que me cruza lado a lado. Me miran, sonríen pero siguen sus singulares destinos… Es bueno cruzarse con gente que sonríe con uno…
Veo una tienda pequeña, y por suerte tengo un poco de dinero para saciar mi hambre. Entro y veo que todo está en orden e iluminado, hay lindas mesitas, un gran exhibidor llena de deliciosos pasteles, y todo tan limpio que enciende mi existir. Tras el exhibidor observo a una agradable señora que me habla, y me habla en un lenguaje que no puedo comprender ni entender… ¿Qué me ocurrirá? ¿Estaré en otro país, y he dormido, y he despertado, olvidando que estoy en otro lugar?... ¡Oh!, por suerte aparece una linda y pequeña jovencita de ojos negros y cabellos mas negros aún que me habla, y por suerte la puedo entender. La linda chiquilla me pide disculpas y me pregunta qué es lo que deseo. Le digo lo que quiero, le pago con unas monedas y ella me entrega el delicioso pastel con un vaso de agua mineral. Miro el pastelillo y lo devoro en un solo instante junto con el agua mineral. Luego salgo de aquella luminosa tienda y empiezo a caminar y caminar, sin rumbo ni meta ni destino, así como las hojas empujadas por la fuerza del viento. Es hermoso dejarse llevar. Y sin saber cómo, he llegado a un inmenso parque lleno de árboles, plantas, bancas de madera iluminadas por un día precioso de Sol, quizás estemos en la primavera, no sé… pero es indudable que es un día maravilloso…
He decidido descansar, dormir sobre una de las simpáticas bancas que están libres y solitarias así como yo, no veo a nadie que pueda observarme, y tampoco creo que provoque un problema al echarme sobre una de las bancas. Me echo en una de ellas, cierro los ojos, y me he quedado dormido, es lindo dormir para luego volver a despertar…
Abro los ojos e increíblemente estoy en un oscuro bosque, es ya muy tarde y la noche está sobre mi existencia. Observo a los vagos que caminan con los rostros sin cara. Es espantoso. Salto de la banca y decido irme a mi casa, deseo refugiarme en un lugar cálido pues tiemblo de frío y temo a la oscuridad…
Camino y camino, y noto que estoy perdido pues no recuerdo si tengo casa, si tengo algo; en verdad, no recuerdo nada de nada… Estoy aquí, en el centro de la calle, caminando y caminando sin rumbo ni meta ni destino, tan solo camino hasta llegar al borde de un gracioso río, plateado por la luna que brilla y que parece observarme como si fuera el ojo de un buen dios. Es un río muy lindo, me encanta escucharle; quizás él pueda contarme de dónde he venido; o quizás la luna que brilla en lo alto abra sus parpados y señale el camino perdido… eso espero tan solo de ellos, pues la gente que camina sin rostro la siento ajena, extraña, fría, así como la oscuridad de la noche… No son como el río que no deja de murmurarme y fluir sin parar, o como la luna que brilla, o el buen día que tímidamente empieza abrirse como los pétalos de una flor…
San isidro, septiembre del 2005
Wednesday, September 21, 2005
Despertando al Soñar
Hace mucho que escribo y no sé cómo parar, dicen por allí que es un regalo de los dioses, otros que es una descarga de amor y del alma, pero, perdona mi objeción, escribo porque no sé cómo parar, es como un tren que cae y cae, desbocado de sus rieles, y cae, pero sabe que solo parará cuando el tiempo se detenga una eternidad, y los vientos huyan del cajón ceniciento... Así dicen muchos que saben cómo sentir el último instante.
Mis padres han dejado una carta, y en ella me dicen lo que es real, y no un sueño. Lo leo y me asusta, tanto que no puedo dormir sin soñar. En ella me cuenta que no tengo padre ni madre ni hermanos ni amigos ni enemigos, no tengo nada, soy un ser que llegó como un meteoro, reluciente, lleno de luz, pero que ahora estoy apagándome, así como este instante en que estoy agotado, con los párpados así como nubes densas y oscuras como el barro.
Hoy dejé una mano en la casa de un camarada, mis ojos a una señora que no sabía lo que hacía, mi alma a un perro que no tenía dueño ni hogar, luego, sin nada de nada, salí como esos vapores y sentí expandirme en toda la humedad del universo… Y allí, como un absoluto, empecé a soñar, y soñé que existía, que mis piernas eran razonables, y mi voz era atormentada, tranquila, alegre así como el clima del tiempo… Y vi que todo era bueno, mientras lo malo me seguía como una sombra ante el sol del desierto.
Salí de mi sueño y empecé a vivir aquello que llaman real, verdad, instante, no sé, pero a todo le ponen un nombre, y así me encarné luego del sueño y sentí los dolores, cansancio, amor así como todos los bichos que marchan hacia el final de todos los sueños, y supe que todo era un viaje, un movimiento sin rozamiento, una melodía escondida tras todas las melodías… Luego, callé y volví a respirar una y otra vez, una y otra vez, y mientras sentía aquella santidad me puse en dos pies y empecé a escribir y cantar…
San isidro, septiembre del 2005
Quisiera yo, tú...
Cuéntame de ti, de tu necesidad verdadera, de tu primer grito perdido que aun resuena en el fondo de tu abismo… Dime si ya sabes quién eres, y dime cuál calzada escogiste, y, sobre todo, si es la única que te lleva al cálido hogar…
Ya sé que digo tonteras, y que usualmente las digo. Ya sé que mi sed es la misma de siempre, que las hormigas que pululan dentro nuestro aún continúan sin reina ni rey, pero dime algo y no calles, dime con tus ojos que el sol se está apagando, y con tu inspiración que las flores ahorran perfume, si, dime con tu alma si hay espacio y agua en el cielo para una sombra abrasada que busca sosiego…
¿Callas?
¿Por qué?
¿Es que eres uno de los nuestros, uno más? ¿Eres de aquellos que viven tibios y a medias, de aquellos que embuten de combustible la carne y viajan y viajan de aquí para allá sin saber que estamos en una corona?
¡Basta ya! Y, perdona te lo pido…
¿Quién soy yo para hablar y escupirte de esa manera?... ¿Es que no sé que soy como tu, que respiro el mismo aire por las narices, que entran organismos vivos o muertos por nuestras bocas, y que escuchamos el silencio y el bullicio de adentro y de afuera…?
En verdad, yo soy un ripio amasada de nada, y aunque es poca cosa, es suficiente como para escribir y desear que encuentres reposo… Un lugar donde percibas aromas enteros, donde te cubras de corrientes que calmen todas las sedes, donde las aves canten y vuelen lado a lado con nuestras pálidas almas, donde los matices del cielo estallen de dicha y lluevan colores del paraíso… Y, sobre todo, que halla un faro de luz en donde podamos viajar hacia el mundo del papel y del lápiz, al mundo en donde podamos leer y sentir que no hay nada mas que agregar, que sentir un pedazo del santo aliento repartido en infinitos alientos, en infinitos puntos animados…
San isidro, septiembre del 2005
Monday, September 19, 2005
Cuadros imaginarios
Uno
“Veo a muchos niños que no saben hablar, que están desnudos en una isla llena de árboles de coco. Son muchos niños y niñas que con una especie de báculo se cuidan ante fuerzas superiores a ellos... Me les acerco y todos me rodean y me abrazan. Siento tanto afecto, tanto calor humano que desearía estar así el resto de mi vida, pegado a una masita de enanos, con esos ojos brillantes, esos cuerpos que aún no terminan de crecer, como esos tallos que brotan verdes de la tierra y que en su silencio perfecto me dicen todo, y eso es lo único que anhelo saber...
Y cuando abro los ojos me encuentro sentado en mi silla, con una pluma azul, un cuaderno de páginas cuadriculadas y a toda la gente que pasa encima de mí mientras continúo tratando de escuchar a la gente, leerles sus labios pues sólo así puedo escucharles, sólo así puedo creer que soy como ellos que escuchan los cantos variados, los entre silencios, aquellos aires fuertes que pasan por sus pieles, pero sólo puedo leerles sus labios...”
Dos
“Veo a toda mi familia que están reunidos al borde de una mesa, y en ella, en la parte mas angulosa está mi padre, y en la otra está mi madre, y todos los hijos estamos sentados a su lado, en silencio, pues a mis padres no les gusta escucharnos, ellos sólo desean escucharse a sí mismos a través de nuestras existencias... como si fueran monjes, con votos de total sumisión, entrega, y una gran obligación a ser una pieza del gran reloj que rige la vida de todos los seres humanos...”
Tres
“Estoy sentado en un parque con un perro, trato de decirle algo pero de mi boca salen aullidos de perro... Y mi perro al escucharme me habla, y me habla así como yo cuando juego con él, y veo que se sube a la silla, me lame la mano, la cara, todo el cuerpo y me habla, me dice que soy lindo, que pronto me llevará a pasear por el parque pues ahora tiene que trabajar... Yo intento hablar pero sólo me salen angustiosos aullidos...”
Cuatro
“Todo el mundo está en total oscuridad, no hay electricidad en el mundo entero, y me agrada mucho, puedo escuchar mis propios pensamientos, veo las sombras y siento que algo me dicen al producirse por la fogata encendida, me dicen que es malo ver, oír, hablar demasiado... Es mejor esperar el día que se acerca con sus rayos, tocando toda la oscuridad en que vivo y haciendo que todo encuentre claridad, su propio mensaje, su poema de amor...”
Cinco
“He leído a tantos artistas, y en cada uno de ellos noto que la soledad es su más leal compañero, que la tristeza es el lenguaje de su musa escondida... Si, he leído a tantos y en cada uno de ellos encuentro un pedazo de mí, escondido entre las miles de letras sobre el papel en blanco, así como mi identidad que yace tatuada en alguna parte de mi íntima oscuridad...”
Seis
“Cada día voy a trabajar, y diariamente veo a mis compañeros. Les temo, pero en el fondo les quiero, por ello les temo, puede que rompan mi corazón y ya no quede en la vida nada que pueda unir ese corazón con el resto de sus miembros...”
Siete
“Me gusta cuando veo una playa enfurecida, con esas olas gigantescas que no tiene piedad al coger a todos mis seres queridos, y me gusta pues nunca me llega a tocar, es que yo hace mucho que he dejado de creer en un solo sueño y en una sola realidad...”
Ocho
“Cuando veo a personajes importantes me causa gracia pues siempre los imaginé gigantescos, y ahora que están frente a mis ojos los veo del tamaño de un sueño escondido, soterrado en la intimidad de mi mundo misterioso…”
San isidro, septiembre del 2005
Sunday, September 18, 2005
Los libros
Mientras viajaba en el taxi recordaba la última de las ferias en que estuve, si, fue muy lindo. Pude conocer a varios autores de diferentes países, como: Alan Pauls, Maestreta, Fuguet, Thais, Hinostroza, Gardinelly y otros más. También recordaba la montaña de libros que me había comprado con casi todo mi sueldo de dos meses y que aún no había terminado de leer... en verdad eso de comprar libros es una especie de vicio secreto pues tengo muchos que tan solo he leído la parte posterior, la biografía del autor, unas cuantas páginas y nada mas, es en verdad muy extraño. Muchas veces me pregunto si podré leerlos a lo largo de mi vida pues aparte de amar la literatura, amo el buen cine y los DVDs clásicos que encuentro en el mercado negro de mi vieja ciudad, también amo el deporte y me gusta mi trabajo que me ocupa casi de ocho a nueve horas al día. Y lo mas extraño es que también escribo, y no poco sino mucho, lo digo por mi hermano que me pregunta cómo le hago para leer, escribir, trabajar, ver buenas películas y, gozar de una linda mujer... La verdad es que no lo sé, tan solo me engancho a todo lo que se me presenta y le doy mi prioridad. En este caso, tengo primero que trabajar para comer, vestirme, comprarme buenos libros, y los DVDs clásicos.
En verdad iba a esta feria no tan solo por los libros, que ya tenía muchos por leer, sino porque me distraería ver uno que otro libro nuevo que quizás no lo valla a comprar jamás, pero si leer una que otra página, y también, porque había una bella chica que trabajaba en una importante editorial, y que, ella sabía, yo iría a comprar un viejo pedido de la última feria en donde la conocí, que era la obra de Houllebeq, "Partículas elementales", y otra de JG Ballard, "La sequía"...
Llegué a la feria en medio de muchos pensamientos cruzados, y, antes de entrar pensé en que quizás me estaba volviendo un poco loco. Bajé del auto y vi en los bordes de la feria a un tipo bastante miserable que con una bolsa de golosinas se acercaba a cada uno de las personas que entraba a la feria para ofrecerles sus productos. Cuando estuve frente a él, le acepté una golosina y cuando vi que tenía una sortija en la mano, bastante singular pues era de plata y tenía como una calavera pero con barba y cabello largo, así como los piratas. Me gustó y le pedí si podía vendérmela, se rió y me dijo que no podía venderla pues era de un amigo que había muerto no hace mucho. Me intrigó su historia y le pedí si podía contármela. Rió mas, seguro que pensaba que estaba loco. Estoy loco, le dije, y él hizo algo que me sorprendió, se quitó la sortija y me la regaló... Le quise ofrecer un billete pero no aceptó, tan solo me dijo que lo escuchara. Lo escuché, y después de media hora supe que este hombre tenía tanto que contar que casi le digo porque no se dedica a escritor, pero no le dije nada y me despedí de él...
Entré en la feria y como siempre gasté casi el sueldo de mis dos meses de trabajo en libros. Encontré a la chica y le pedí si podía conseguirme otras obras más. De qué autor y qué obra, preguntó. Callé, no sé por qué callé... Recordé al hombrecillo que vendía golosinas, el anillo que tenía en mi dedo, los libros, mi trabajo, y callé, callé... Me di media vuelta y empecé a caminar hacia la salida de la feria sin darme cuenta que la chica me seguía con un lápiz y papel para anotar los libros que deseaba... Le dije que yo la llamaría y le daría mi pedido. Me dejó y yo salí a la calle con una bolsa repleta de libros sin saber si algún día los leería.
Mientras tomaba el auto que me llevaría a mi casa vi nuevamente al hombrecillo de las golosinas y noté que en su dedo tenía otro anillo igual al que me había regalado... Miré el anillo en mi dedo y me pareció que la figura se mofaba de mí; los quince libros que compré y los escuché susurrando acerca de mi desenfrenada y vacía obsesión… y entendí que tras la simpleza o lo complejo se halla lo inesperado y sorprendente, las eternas dualidad que nos depara la vida cuando perdemos el camino que nos lleva hacia la autenticidad...
San isidro, septiembre del 2005
Friday, September 16, 2005
CAMILA
Y así fue como compré las tres bonitas muñecas tamaño casi normal de niñas de tres años. Tomé un auto y le indiqué la dirección en donde estaban mis tres pequeñas sobrinas de tres años para quienes eran dichas muñecas. Yo, soy tío de tres lindas sobrinas que, increíblemente, cumplen años el mismo día, tienen el mismo nombre, y las quiero por igual. Y justamente aquel día era el día de sus cumpleaños, y hacia allí iba yo con el auto... Mientras viajaba comencé a pensar el por qué yo no tenía hijos, ni siquiera esposa ni pareja. Pensé que quizás no todos tenemos la misma suerte, o que unos han nacido con un destino solitario, como es mi caso, o que no le gustan las mujeres, en fin, en esos pensamientos estaba cuando el auto en que viajaba sufrió un terrible accidente, tan terrible fue que el auto quedó echo una lata de sardinas, el chofer quedó sin cabeza y con el cuerpo trozado, y yo, bueno yo, quedé completo pero parapléjico por el resto de mi vida. Sin embargo, en aquel momento mientras sentía que el auto daba vueltas y vueltas como un trompo, lo único que pensaba era en las tres muñecas que había comprado para mis tres sobrinas.
Y aquí estoy, y ya hace muchos años, siempre recordando el día en que visitaba a las pequeñas Camila's, echado en una cama, atendido por una enfermera que me baña y ejercita mis miembros, me cuenta las últimas noticias y el tipo de clima que estamos pasando, etc. También, pero no siempre, vienen mis tres sobrinas Camilas que ahora ya tiene mas de veinte años, pero ahora, y luego de tantas desgracias, las veo tan lejos, tan lejanas al sentimiento que tenía cuando iba hacia la casa de una de ellas para regalarles sus muñecas que tanto me pidieron, tan lejos me sentía que muchas veces me dieron ganas de morir, en verdad, de morir, por ello es que a través de la enfermera le rogué a una de mis tres hermanas que deseaba que me trajeran las tres muñecas que había comprado hacía mas de veinte años. Ellas, muy contrariadas pero comprensivas, aceptaron. Y eso, las lindas muñecas, fue algo que cambió el resto de mi vida pues cada vez que las veo me hace recordar en las miles de posibilidades que hubiese tenido si hubiese escogido otro tipo de muñecas, por ejemplo, aquella que tenía los ojos azules y el cabello rubio, o la negrita de trenzas, o aquella que era toda de tela de colores tipo peluche gigante y que tenía los ojos mas bellos y grandes que nunca antes había conocido, en verdad, esa experiencia de imaginar me hace viajar y viajar… y me remonto a otro lugar, como si yo fuera el director de una verdadera obra de teatro, y creo escenarios, espacios, climas, tiendas de juguetes, autos modernos y seguros, y también imagino personajes, como la señorita de la caja de aquella antigua tienda comercial. En mi viaje creativo la veo sonriendo de oreja a oreja, de tal forma que yo, como actor principal, no puedo resistir y sonrío con ella, y ambos, conocemos el amor a primera vista, aquel que te hace sentirte tan feliz… y conversamos ante la protesta de toda la gente que hace su cola para pagar, pero los dos no hacemos mucho caso, y quedamos en que yo la esperaré a la salida, que tengo una linda sorpresa para ella, y allí, mientras la espero y espero, junto con mis tres muñecas bien envueltas con papel de regalo, la invito a ir conmigo a la casa de una de mis hermanas para celebrar el cumpleaños de mis tres sobrinas llamadas Camila’s. Y es allí cuando observo que la linda señorita de ojos y cabellos negros se queda boquiabierta, y toda sonrojada me dice que ella también se llama Camila, y su muda y exquisita mirada, y su clara y abierta sonrisa me abre el corazón, el ensueño, y me veo subiendo a un auto bien cuidado, pequeño quizás pero seguro, y viajamos rumbo a la casa de mis tres sobrinas, y noto que este auto es conducido por un chofer bastante gentil que con una sola mirada descubre que yo y Camila estamos perdidamente enamorados...
Y yo, mientras miro a las tres muñecas, siempre viajo, y viajo mucho, y en ese viaje, en esa creación de ensueños tengo una esposa, una hija y ambas se llaman Camila’s, pues es en verdad, un precioso nombre, así como el nombre de mis tres lindas muñecas, y de mis tres lindas sobrinas...
San isidro, septiembre del 2005
Thursday, September 15, 2005
El hombre de piedra
Yo conocía muy bien de metales preciosos pues mis padres que fueron judíos me enseñaron todo al respecto pues durante años trabajaron en una joyería hasta que fueron asesinados por unos delincuentes, dejándome solo en el mundo cuando tan solo contaba con quince años, pero nunca me olvidé de apreciar una joya, en especial el oro. Desde la muerte de mis padres viví con un tío, y este haragán terminó de matar todas las pertenencias de mis padres, dejándome, además de solo, en la miseria. Luego que mi tío me abandonó, tuve que irme a trabajar en el mercado como tendero. Dejé de estudiar pues no tenía tiempo ni dinero para comer, vestirme ni pagar un cuarto. Estaba solo en el mundo y tan solo el recuerdo de mi vida anterior me llenaba de alegría...
Y es allí en que, mientras trabajaba en una tienda en donde vendía antigüedades me encontré con este regalo caído del cielo y que ahora tenía en mi cuarto y frente a mis ojos. Lo primero que tenía que hacer era buscar un comprador, pero como no tenía factura tendría que venderlo en el mercado negro. Lo miré y no sé por qué apagué las luces, quizás porque podría verme alguien a través de mi ventana, no lo sé, pero cuando estuve con las ventanas apagadas pude apreciar que esta piedra dorada y plateada brillaba de una manera muy especial... Me acerqué a la piedra y pude apreciar como una especie de calor mientras la tenía en las manos pues brillaba cada vez más. Me asusté mucho, pues había leído muchos libros de HG Wells, y justo acerca de una bola de vidrio en donde el dueño de esta bola pudo distinguir en esa bola una entrada hacia otro mundo, un lugar fantástico... Pero esto no era una bola de vidrio, sino una piedra, y fue entonces en que recién me pregunté el por qué aquel extraño señor había decidido entregarme aquella joya sin haberme visto jamás. Por supuesto, me di cuenta que había caído en una especie de trampa o desgracia, no lo sabía pero mientras miraba la piedra que aumentaba su brillo, y cambiaba de color, es decir del oro, al plateado, como si fuera una de esas luces que están en las discotecas. Cogí una manta y la puse encima, temía que alguien se hubiera dado cuenta de la piedra que tenía en mi poder... Luego, me fui directo a dormir, estaba tan cansado que apenas me tumbé en mi cama quedé como un muerto.
A la mañana siguiente, apenas desperté fui a ver la piedra de oro y plata. Allí estaba, cubierta con una casaca que usaba siempre. Saqué la casaca y allí estaba, pero, extrañamente, parecía haber aumentado de tamaño y de forma... Ahora era como un grueso gusano de un color como el cobre. La cogí en la mano y sentí que aún estaba cálida, pero no tanto como el día anterior, pero, comencé a pensar que si esto no era oro ni plata de nada me serviría si fuera un trozo de cobre, así que decidí botarla en un tacho de basura. Así que salí de mi casa con la extraña piedra en mi mano y fui caminando hasta llegar a un río, la miré por última vez y me pareció como si tuviera un par de ojos oscuros y me rogase que no hiciera eso, pues sería inútil, pero igual la eché...
Mas tranquilo fui a mi trabajo en el puesto de antigüedades y trabajé duro y parejo hasta la hora de mi salida. Antes de salir me fijé bien si había alguien que estuviera esperándome en la calle. No había nadie, ý salí rumbo a mi casa. Cuan grande fue mi sorpresa cuando en medio de mi cuarto vi a la misma piedra que parecía estar esperándome, pero ahora tenía el color de una gema de color verde, era hermosa, pero, su forma había cambiado y crecido, era como un perro dormido, con sigilo la cogí y sentí que pesaba igual a la piedra de oro que tuve desde el principio. No tuve mucho que pensar para darme cuenta que nunca podría deshacerme de ella, por lo que tuve que entender en darle una utilidad. Durante toda la noche estuve pesando en qué hacer, y qué no hacer, y lo único que se me ocurrió fue hacer los mismo que hizo el extraño señor cuando me la entregó, pero, él me la dio cuando era tan solo un trocito de piedra, y ahora había crecido, por lo tanto, sería imposible entregársela a alguien tan iluso como yo.
Me dormí y tuve muchas pesadillas, en una de ella soñé que la piedra se había transformado en mí mismo, y que yo era el trozo de oro y plata. Asustado, desperté a media noche y me puse a observarla... Su brillo oscilaba tenuemente con la oscuridad, y notaba que despedía un líquido dorado que como una serpiente iba reptando hasta cruzar la ventana de mi cuarto. Luego, aquel mismo líquido dorado y plateado volvía trayendo extrañas piedrecillas que parecían alimentarla, como si la piedra fuera un ser vivo... Y allí me di cuenta que aquella piedra era un extraño ser de otro espacio. Prendí las luces y me puse a contemplarla, ahora había crecido hasta volverse del tamaño de un niño, y vi que aquel líquido dorado parecía ser un cincel que esculpía aquella piedra que había sido su alimento y que la había hecho crecer...
- Así que de eso te alimentas, le dije.
De pronto, la piedra que ahora parecía ser una inmensa perla con la forma de un niño se movió y me dijo que él era una piedra que había caído de otro lugar hacía mucho tiempo, y que gracias a diferentes personajes, había existido desde hace milenios, y que le gustaría mucho experimentar el cómo es una persona, así como yo. Le pregunté si me haría daño, me dijo que no. Le dije el por qué aquel extraño señor me lo había entregado; y la piedra me dijo que muchos años había servido a la gente de poder, y que les dio mucho dinero, poder, y que se había dado cuenta que aquella gente usaba muy mal todos sus poderes, así que una mañana se puso en movimiento y le dijo a uno de los hombres mas ricos del mundo que debía dejarlo libre o sino usaría todo su poder para destruirle, y fue así como cayó en mis manos...
Durante muchos días fui testigo de cómo aquel ser de piedra se transformaba en un cuerpo humano y cuando estuvo casi terminado me di cuenta que había adoptado mi forma, todo mi cuerpo, en verdad, éramos como dos gotas de agua con la diferencia de que yo era yo, y él era piedra, blanda quizás, pero dentro de sí era una piedra. Aun recuerdo cuando salimos por la primera vez, todos creyeron nuestra hermandad, pero él era muy inocente y callado que gustaba observar todo aquello que le llamaba la atención. Una de las cosas que observé en él, era que gustaba observar el Sol durante el día, y la Luna por la noche. Una noche le pregunté por cuánto tiempo se quedaría en este mundo, o a mi lado, y él me respondió que para siempre… Es que te gusta estar a mi lado, le pregunté. Si, me dijo, me agrada estar a tu lado, pues tu eres igual a mucha gente que he visto pero eres el único de tu especie, y, aunque yo soy tu copia, jamás seré lo mismo que tu. Te gustaría ser lo mismo que yo, le pregunté. Si, respondió. No sé por qué le vi los ojos y vi que ellos eran como si tuviera dos lunas, y su rostro emanaba como una aureola dorada, como si tuviera el sol tras su espalda. Me le acerqué y le di un abrazo con tanta ternura que casi sentí que el hombre de piedra empezaba a temblar de emoción… De pronto, sentí que sus brazos, que eran poderosos, me abrazaban con tanta fuerza que me dejó sin respiración, y luego, caí desmayado…
Cuando abrí los ojos vi que todo mi cuerpo era un amasijo de sangre que me brotaba por mi boca, y muchas partes de mi cuerpo. Cierto, me estaba muriendo. Ya casi agonizando alcé la vista y le vi. Sí, allí estaba el hombre de piedra que me miraba con una dorada sonrisa mientras veía que unas lágrimas doradas brotaban de sus ojos y reptaban por las sangrantes sábanas en que estaba hasta llegar a penetrar en mi interior. Sentí que todo a mi alrededor se volvía dorado, era como estar al frente del sol, y luego, una paz me cubrió como una paloma blanca, quedando en la total oscuridad, y en ella pude ver la Luna, era preciosa. Y de pronto, escuché la voz del hombre de piedra diciéndome que si me gustaría quedarme brillando como una piedra encendida, le dije que sí, y como por arte de magia sentí que algo dentro de mi se encendía y salía como si fuera una estrella hacia manto oscuro del espacio sin fin, y ya, al lado de la luna, y unas cuantas de las tantas estrellas del cielo, sentí que todo era único, armonioso así como el hombre de piedra…
San isidro, septiembre del 2005
Wednesday, September 14, 2005
Piedras de colores
Muchas veces me he puesto a pensar que estaba en el umbral del cielo y a punto de ser recogido por un ángel o algún ser divino, no tenía mucha certeza en mis pensamiento, sin embargo, aquella espera se hacía muy dulce y agradable, pues me llenaba apreciando el azul del cielo y los bordes de este edificio, e imaginando que muy pronto conocería el paraiso. Además, respirar el aire más puro que jamás había inhalado, era algo maravilloso. Todo era fantástico hasta que me nació el deseo de mirar los bordes de aquel edificio de mármol. El lugar en que me hallaba, que era el centro, era como estar sobre un gran disco blanco, con sus bordes tan alejados que parecían perderse en el horizonte azul del cielo, era como un islote blanco, pero desde que me nació aquel deseo, quise conocer sus bordes, y eso hice, es decir, me trasladé hasta el extremo del blanco edificio, y cuando llegué me puse a observar lo que había abajo… Era increíble, había una masa infinita de personas de todo tipo, es decir, hombres, mujeres, niños, ancianos de casi todas las razas del mundo, como un jardín de caras, ojos, cabellos, que ataviaban el gran edificio de mármol en que estaba. Agudicé mi mirada y pude notar que todos trataban de escalarlo, pero este coso no tenía puertas ni ventanas de acceso, por lo cual, cualquier esfuerzo era totalmente inútil. De pronto, una de los miles de personas se percató de mi presencia, me apuntó con su mano y luego todos comenzaron a señalarme y a gritar cosas que no pude entender, era como si quisieran saber quién era yo, y cómo había llegado a la sima. Traté de decirles que yo tampoco sabía el cómo, cuando noté que uno de ellos cogía una piedra y me la tiraba con todas sus fuerzas hacia la sima en donde me encontraba, luego, todos los demás seres de abajo hicieron lo mismo, y allí estaba yo, viendo cómo llovía una infinita cantidad de piedrecillas que, increíblemente, eran de colores, unos eran verdes, rojos, amarillos, grises, mezclados también, sin embargo, en vez de molestarme y sentirme agredido fue todo lo contrario, pues veía cómo la sima de mármol blanco se llenaba de piedrecillas de colores, hasta parecerse a una especie de cielo de colores, un paraíso de vivos matices, pues todas las piedrecillas que caían sobre el mármol empezaban a cobrar vida y brillo propio. Les observé acercarse hacia mí rodando y cuando estaban por tocarme me di cuenta que yo no tenía pies, pues flotaba sobre el piso cubierto por un manto del color del cielo, entonces me di cuenta que yo era, o un fantasma, o un ser divino. Sonreí, y mirando hacia las piedras de colores que parecían ser duendes rodantes comencé a volar por el cielo azul, buscando encontrarme con el gran Sol, y volé, y volé hasta estar frente a frente a él. Me detuve, y le hice una simple pregunta: ¿Quién era yo…? El Sol me miró y como si fuera una mujer avergonzada bajó su mirada, y todo empezó a oscurecerse hasta quedarse de noche... Miré hacia un lado y pude observar a la Luna que parecía brillar tan solo para mí. Me le acerqué, y le pregunté lo mismo. Ella se quedó mirándome, mirándome fijamente como si tratara de consolarme, hasta transformarse en un bello espejo en donde, gracias a Dios, pude verme reflejado, y pude saber quién era yo… No lo podía creer, y sin saber cómo ni cuando, y con el gran secreto frente a mí, viajé hacia la vida de abajo...
Bajé hasta la tierra, hasta el lugar en donde estaban todos los hombres del mundo. Les dije quién era yo, y quiénes eran ellos, pero todos me miraron y continuaron su inútil esfuerzo por escalar el blanco edificio de mármol sin ventanas ni puertas de acceso. No pude entenderlos, y por más que traté de explicarles, todo fue inútil… Entonces, me di media vuelta y fui a perderme por los bosques de toda la tierra que estaba poblada de esas piedras de brillantes colores, de esos pequeños enanitos de forma redonda… Y cuando estuvimos frente a frente, les dije quién era yo, y ellos me contaron su secreto, diciéndome quiénes eran ellos. Estallamos de alegría, pues entendimos que todos éramos una misma cosa, una sola unidad, un sentimiento puro…
San isidro, septiembre del 2005
Monday, September 12, 2005
Palabras prohibidas
Estoy bien despierto, tanto como para contarte un cuento, un poema, una canción pero no sé si tenga importancia, pero es algo que me nace y que no deja de abrir sus ojos propios, menear sus extremidades y ver, ver, ver aquello que solo una criatura, un bebé puede expresar cuando da su primer llanto de dolor, de alegría, de vida… Eso es todo, un poema, un canto, un cuento que nunca existió pero tiene eso que acaricia de notable, y eso es que mana de nuestra gran oscuridad hacia la evaluación de nuestros sentidos, y, si es posible hacia aquello que es el equilibrio de la vida, es decir, tu centro, tu punto, unidad, tu absoluta nada… y te toca, es decir, nos tocamos, nos sentimos en estas letras prohibidas…
Cuando recién empecé a percibir fue aquel instante en que recordaba las bajezas de todo lo que me rodeaba pero no fue por gusto, fue porque era el producto de todo lo que rodeaba mi existir. Mi nombre no importa, mi aire si, y si es así, aire es lo que soy, lo que me hace vivir, es decir, soy el aliento, el que se va y el otro que se viene, sabiendo que en uno de ellos segaré la cinta de todo aquello racional, y existiré más allá del punto de equilibrio, de nuestras figuras condenadas… Si me preguntas qué te quiero decir, te diré que no lo sé, pero puedo mentir diciéndote que vivo, que vivo, que vivo y no para siempre mientras pueda escribirte y contarte otra historia, otra mentira verdadera…
San isidro, septiembre del 2005
Saturday, September 10, 2005
Los niños perdidos
He vivido siempre al revés, así me grita mi madre, pues cuando pude ser un gran ingeniero decidí abandonarlo todo y esparcir mis conocimientos al viento y dedicarme a vagar, y ser una especie de buscador de la verdad, filósofo de libros, soñador empedernido, y gran enamorador de ideales escondidos, e inéditos ensueños. Cuando conseguí el amor de mis sueños, embarré aquel romance, aquel sentimiento casto, puro, virginal, con torpes palabras de conquistador, como si ella fuera una presa a la que pocos pudieran obtener... Cierto, siempre al revés, y ahora me río de todo ello pues siempre hubo en aquella actitud ese niño ingenuo y fácil de auto engañarse.
Ahora que mi vida se halla cuesta abajo, y me siento tranquilo de no ser nada de nada, de sentirme siempre aquel niño que no sabe ser otra cosa que ser un niño, me siento en paz... Puede que sea una bendición, no lo sé, pero, hay veces en que la soledad parece ser el único lugar que me queda, y en esos momentos me doy cuenta que la soledad es un sentimiento, un vacío, una necesidad de estar con alguien y poder compartir todas aquellas riquezas, alegrías, desgracias, vivencias que a uno le ha tocado... y por ello, cuando abrazo a aquel niño escondido, cuando le escucho, le doy gusto en cualquier caprichillo, siento que nuestras existencias se llenan de algo así como la hermandad y especial compañía. En verdad, uno siempre es un ser afortunado y lleno de riquezas escondidas, si pudiera entender que en cada uno de sus errores se hallan aquellas diferencias entre una y otra persona, haciéndole un ser especial, singular, único en su género y único en todo el universo, y en su universo…
Creo haberlo dicho todo, me siento un ser muy afortunado por saber que la vida era algo mas que momentos acumulados, recuerdos, experiencias en los instantes que nos toca, en verdad, la vida era un sentimiento, una gran necesidad, era… el sueño de un niño que nunca ha dejado de serlo…
San isidro, septiembre del 2005
Wednesday, September 07, 2005
El final
Caminé hacia mi cuarto, cogí todas las hojas de mi última novela y las tiré a través de la ventana del último piso del edificio en que vivía… Y no sé por qué sentí que ese era el mejor de todos los finales de todas mis novelas. Miré hacia el cielo y empecé a reírme como un loco…
San isidro, septiembre del 2005
Sunday, September 04, 2005
Gatito negro
Hace unos días encontré en la calle a un pequeño gatito, era tan chiquito que me pareció una especie de mota de pelitos Y bueno, después de coger al gatito de color negro, lo llevé al trabajo.
Cuando llegué todos los empleados comenzaron a acariciarle pues era tan chiquito y bonito, y muy lindo cuando decía: "Miau". Pero cuando vino el jefe me dijo que estaba prohibido traer animales al trabajo, y yo le respondí que era la última vez que traía a mi gato.
Pero, cada vez que salía de mi casa al trabajo el pobre gatito se ponía a llorar por lo que nunca más pude volver al trabajo y siempre la pasé junto al pequeño gatito que a medida que crecía se iba poniendo mas lindo y mas cariñoso.
Y cuando mis ahorros se estaban terminando tuve que buscar otro trabajo que por suerte encontré que era en un cabaret en donde las horas de trabajo eran de noche y, lo mas importante, me permitían llevar a mi lindo gato negro. Desde que llegamos al cabaret no hubo una sola noche en que la gente abarrotara el local, y todos, apenas llegaban, saludaba a mi lindo gato negro que estaba sentado al lado de la caja en donde yo estaba sentado. El no se movía, y fue gracias a él que mi nuevo jefe me aumento el sueldo con lo que pude comprarme una casa mas grande y darle un cuarto especial a mi gato negro… Todo seguiría normal si no fuera porque una noche vino una extraña mujer vestida toda de negro, usaba lentes negros, guantes, zapatos y medias también del mis color y cuando vio a mi gato me lo quiso comprar, le dije que no, que aquel gato era mi amigo, y los amigos no se pueden vender. Ella insistió pero no fue necesario pues el mismo gato se puso en su regazo y sin mirarme un instante se fue caminando al lado de la extraña mujer. Yo pensé que era una bruja, o algo por estilo pero, lo cierto es que mi lindo gato se fue con la extraña mujer.
Desde esa fecha, el cabaret bajó brutalmente sus ventas por lo que fui despedido. No me importó pues yo extrañaba a mi gato, y, así deprimido me encerré en mi cuarto hasta que la dueña de la casa me botó por falta de pago, así que me echaron a la calle, pero no me importó… Pasó el tiempo y tuve que tratar de levantarme, traté de olvidarme de mi amigo y lo conseguí. Busqué un trabajo y por suerte lo conseguí. Era un trabajo en donde durante el día tenía que limpiar toda una oficina de abogados, la paga era buena y me alcanzaba para alquilarme un cuarto…
Y así la pasé el resto de mi vida, hiendo de mi cuarto al trabajo, y cuando veía a un extraño paquete trataba de no mirar, vaya a ser que sea un lindo gatito y mi vida vaya a subir hasta el cielo para caer hasta el fondo del infierno, y eso es la experiencia mas horrible que he tenido… al menos hasta ahora, pueda que mi vida sea aburrida, solitaria, pero es tranquila y callada así como la tierna mirada del gatito negro…
San isidro, septiembre del 2005
Mi imagen
Le vi caminar por todas la viejas calles del centro de la ciudad. Le vi entrar a un viejo café y le escuché pedir un vaso de agua. Se sentó en una de la mesas del salón y cuando le llegó el vaso con agua se puso a contemplarlo por varios minutos...
Yo siempre fui una persona muy atrevida, así que entré en el café y con el mayor de todos los cuidados me senté en su mesa, frente a frente, cara a cara al hombre de plateados cabellos, interrumpiendo su concentración con el vaso con agua. Disculpe mi intromisión, le dije. El me miró y nuevamente sonrió de aquella manera tan amistosa. Ante mi sorpresa, se paró, y antes de salir del salón me invitó su vaso con agua... Como un autómata cogí el vaso (iba a beberlo), mientras le observaba alejarse del café, y cuando sentí el impulso por continuar tras sus huellas, me detuve un instante a contemplar el vaso lleno de agua...
No sé si fue una alucinación, o no sé qué, pero me vi reflejado en la capa de agua que cubría el vaso, como si fuera un espejo. Me vi con mucha atención, y lo que vi fue algo hermoso. Sonreí, y la imagen también sonrió. Luego, acerqué el vaso con agua, acercamos nuestros labios, y ambos tomamos el agua del vaso, sabiendo que algo muy especial ocurriría después de aquella comunión.
Cuando terminé de beber, me paré y muy dentro de mí sentí que no estaba solo, que aquella sonriente imagen estaba adentro de mí, y sentí, que él estaba contento, muy contento al saber, descubrir que al fin nos habíamos hallado... Cerré los ojos, y le vi. Le pregunté muchas cosas, por el hombre de cabellos plateados, por mi puesto de trabajo, por toda mi familia, hermanos y hermanas, y él, mi imagen, sonrió diciéndome que todo estaba correcto, perfecto, en armonía, que no debería vivir preocupado por el devenir de las cosas, que muchas veces son buenas, otras malas, pero siempre vendrán nuevas cosas. Me alegré al escucharme y entender la vida de esa manera, y cuando abrí los ojos vi frente a mí al extraño señor de cabellos plateados sonriéndome de oreja a oreja... y no sé por qué, le sentí muy parecido a mi querida imagen interior...
San isidro, septiembre del 2005
El niño dios
San isidro, septiembre del 2005
Saturday, September 03, 2005
Cuéntame una canción
No sabía qué hacer con la guitarra así que decidí dejarla en el parque cuando escuché que de ella brotaban bellos sonidos, sintiéndome encantado, por su melodía. Me olvidé del trabajo, de todo, cuando vi que un ave de muchos colores se puso cerca de la guitarra, que no dejaba de sonar, empezando a silbar y silbar haciendo que mis ojos se abrieran, mis oídos se destaparan y sintiera que todo el mundo estaba en armonía.
No supe cuanto tiempo pasó pero allí me quedé sentado en el parque, escuchando y escuchando, sintiéndome tan feliz como un niño, cuando empecé a darme cuenta que muchos niños se acercaron hacia la mágica guitarra a escuchar su bella melodía y el dulce canto del ave de colores... De pronto el pájaro dejó de silbar, y bailoteando por los aires, hizo que los niños empezaran a reír y reír, y luego, sin saber cómo ni cuándo todos los niños a mi lado empezaron a cantar y cantar la misma melodía de la mágica guitarra y el dulce pájaro de colores como el arco iris... Y luego, vinieron más y más niños, y todos continuaron cantando y cantando hasta que sentí que estaban todos los niños de mundo en aquel parque rodeado de inmensos árboles, cantando y cantando sin parar... como si fueran los ángeles del cielo…
Sentí que estaba en el paraíso cuando una inmensa sombra llegó al lugar en que todos los niños del mundo, la guitarra, el ave de colores y yo estábamos... Y cuando quise ver de quién era esa sombra, noté que era la señora vestida de negro que se acercaba en medio de todos los niños del mundo, que al verla, callaron, haciéndose a un lado, para luego retornar a sus lugares de donde habían provenido. Y cuando quedamos la señora, la guitarra, el pájaro y yo, escuché a la dama de traje de negro preguntarme si ya sabía cantar, le dije que no, que aún no. Entonces, la guitarra dejó de sonar, el ave comenzó a volar hasta perderse por los cielos y vi que la señora de negro colocaba la mágica guitarra en su oscura maleta..., para luego desaparecer de mi vista por el medio del parque que estaba poblado de árboles inmensos.
Cuando estuve solo, me levanté y continué mi camino, y cuando estaba por llegar a mi trabajo sentí deseos de cantar, y canté... y canté y no dejé de cantar hasta que sentí que eso era todo lo que yo quería hacer durante el resto de mi vida... Me volví hacia el parque y para mi gran alegría, encontré a la señora vestida de negro, esperándome, y cuando estuve frente a ella, le pedí si podía escuchar nuevamente a la mágica guitarra. Ella abrió la maleta, y no había nada de nada, la oscura maleta estaba vacía, pero algo dentro de mí salió como si fuera un volcán, y aquella fuerza era una canción que salía de mi corazón, y canté y canté y mientras cantaba observé que todos los niños del mundo volvían al parque poblado de árboles, para escucharme cantar. Nuevamente vi al ave de colores, lo escuché silbar y era hermoso… y luego, cuando dejé de cantar, todos los niños del mundo cantaron y cantaron, mientras la señora de oscuro traje me cogía del brazo y, como si yo fuera un instrumento, me metía adentro de su vieja maleta… Y adentro sentí que, por la primera vez, podía descansar en total armonía y paz...
San isidro, septiembre del 2005
Friday, September 02, 2005
Es posible la paz...
Hablé con mucha gente hoy día y fui feliz con cada uno de ellos, ya sé que estoy muy enfermo, pero qué importa si tienes el corazón contento, y el alma lleno de paz... Puede ser que la enfermedad te sea dolorosa, que a tu alrededor todo sea gritos y llantos, pero, cierra los ojos y respira y respira y respira y siente en cada uno de esos alientos que es dios quien pasa a través de ti...
Mi camino se hace mas lindo cuando puedo cantar el amor que tengo por mi maestro, cuando empiezo a sentir la dicha de ayudarlo en su viaje por la vida, cuando miro al lugar hacia donde mira... Es hermoso tener a alguien que te ayuda sin pedirte nada a cambio, tan solo que disfrutes del regalo del aliento y de la santa respiración, es muy hermoso, se los juro...
Mi vida ya se está apagando, y mis alas está creciendo, y ya siento que mi vuelo va a empezar, que los aires que me esperan son puros y aromáticos, ya es tiempo de volar....
No creas que todo es del color de la realidad, pues hay magia, bella magia que está latiendo una y mil veces pues hay un maestro vivo que tiene el don de mostrarte la paz que reside en tu interior, y eso es pura magia, la magia de la vida, de ser feliz con tan solo el requisito de estar vivo y querer vivir a plenitud.
Ese no es mi mensaje, es el suyo, que la paz es posible, y es posible porque hay tanta paz adentro de cada ser humano que si no disfruta de ella, pude reventar...
Es posible vivir en paz si hay un contacto con ella adentro de cada ser humano, es posible...