es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Sunday, February 19, 2006
Puro ego
Lince, febrero 2006
¿felicidad?
San isidro, febrero del 2006
Estilo
Lince, febrero del 2006
Tuesday, February 07, 2006
La pollada
Soñó con su viejo que hubo conocido con apenas con dos años de edad. Muy poco tiempo para conocerlo, pero qué importaba el tiempo para un niño sin madre siquiera. Al menos tuvo padre reconocido, algo que pocos, en su pueblo y miseria tenían tamaña suerte. Claro que ahora el viejo debiera de estar hecho polvo, pues bajo cemento era muy difícil, el problema siempre fue la plata y la ignorancia del pueblo. El dinero era algo que escaseaba tanto como la suerte, algo que el viejo nunca gozó, sobre todo eso de morir en un retrete, cagando y cagando hasta hacerse mierda pura, quedando tan solo sus huesos y el pellejo, y, claro, sus harapos… Dicen que fue hechicería, puede ser, pues aquella zona estaba inundada de gente que no sabía morir en paz. Unos llegaban hasta más allá de los cien años, y eso porque se alimentaban de esa mierda de culebras, gusanos, hongos y ranas, y esas raras hierbas extrañas de los montes… Cierto, era un pueblo olvidado y maldito, pero uno que siempre vive por allí se acostumbra hasta a las desgracias en la vida.
Despertó asustado, pues sus sueños con su padre siempre fueron agradables, pero este último no lo fue… En el sueño se hallaba caminando por un parque de hojas plateadas sin un solo árbol, lleno de personas enfermas, sin brazos, sin ojos, medios locos, cuerpos desangrados y, en medio de ellos, su viejo calato, con tan solo un tapa rabos a lo Tarzán, acercándose como si flotara con un puñal en la mano, clavándosela una y otra vez en su estómago, para luego gritar y gritar, saliéndole chorros de mierda rojiza por su boca, y en sus manos las manchas de sangre de su hijo. De todo, creyó escuchar que muy pronto estarían muy juntos.
Se movió de su catre y vio a su mujer. Aún dormía como una cerda, ocupando el espacio de toda la cama. La vieja roncaba, balbuceaba, mentaba sonidos como lenguajes perdidos, no lo sabía ni entendía muy bien… Siempre pensó que su mujer era bruja. Le temía, pero la quería porque cocinaba como nadie en el pueblo. Suspiró de su suerte y se dispuso a sacudirse como los perros de la calle ante toda su pesadumbre y realidad. Saltó de la cama sin que se diera cuenta la gorda, y cuando estaba alejándose fuera del cuarto un dolor en el pecho le hizo doblarse como la caía de un viejo árbol cortado por un leñador… Se tapó la boca, pues no quiso hacer ruido, para qué, si a nadie le importaba su vida ni salud.
Sesenta años tenía, al menos eso es lo que aún recordaba, quizás fueran muchos mas, no estaba seguro, pero qué importaba. El dolor, se dijo, era constante y periódico. Recordó el sueño de su padre. Podría morir ahorita mismo si el diablo lo quisiera, pero guardaba un anhelo, quizá un sueño: el de ver por TV el último mundial de fútbol. Sabía que iba a morir. El doctor del pueblo le dijo lo del cáncer, que era fatal, maldito y que le quedaba poco tiempo de vida... Sonrió cuando recordó la pregunta que le hizo: ¿Doctor, el cáncer tiene que ver con la mierda…? No, le dijo. Salió del hospital y no le contó a nadie, excepto a su padre, su bendito padre que estaba hecho polvo… Era su único receptor y amigo, con quien dialogaba de día, tarde o de noche desde que el mundo lo escupiera a la soledad de los miserables. Por suerte el dolor se le fue así como picadura de muela que se agota cuando le da la gana. Respiró profundo y pensó en la receta que el doctor para el dolor y, si existían los milagros, para salvarle la vida…
Metió las manos en los bolsillos y vio que no tenía un solo mango. Que miseria, que miseria…, pensaba. Que desgracia, que desgracia, ni siquiera tengo dinero para adormecer mi dolor… Sí mi padre existiera. Si hubiera comprado la huerta, pero… mejor no soñar, jamás llegaré a ver el mundial. Salió a la calle con su ropa que le quedaba demasiado grande. Estoy flaco, parezco una momia, un deshecho de pellejo y hueso de pollo… ¡Qué desgracia dios mío, qué desgracia dios mío…! Caminó hacia una esquina del pueblo y vio a los muchachos que llegaban de una fiesta, borrachos, con las camisas en los brazos y los cabellos apelmazados como engrudo… Pobres, pensó, no saben lo que hacen con sus cuerpos, pronto lo sabrán…
Uno de ellos, a quien reconoció como su hijo, se le acercó, diciéndole que venía de la pollada. ¡¿Qué pollada?! El muchacho le explicó que el barrio se había juntado para hacer una pollada, y, con el resultado, es decir, con la ganancia, comprarse los uniformes de fútbol. ¿Y…? ¿Les alcanzó? ¡¡Nos sobró viejo, nos sobró!! Sino, ¿de dónde salieron las chelas?... Empezó a reírse como un títere y entró hacia el interior del callejón, hacia su casa.
Una pollada, pensaba, una pollada, pero… ¿con cuánto se puede hacer una pollada? La ganancia, la ganancia, eso de la ganancia me puede servir para comprarme la medicina, claro, puede ser… Para mí, con que la vida me alcance para ver el mundial. Una pollada, puede ser, puede ser… Ver el mundial antes que me junten con mi viejo, ¿qué más se puede pedir?
Regresó a su casa, cogió un pedazo de papel y se puso hace cálculos: ¿Cuántos pollos se necesita para una pollada? ¿Cuánta verdura, papa, ají, servilletas, salsa, cerveza, vasos descartables, platos de lo mismo… se necesita?, pensaba. Hizo sus cuentas y sumo, necesitaba bastante… Empezó a desilusionarse. De pronto se dio cuenta que podría vender tarjetas, vales por una porción de pollada. Su alma se iluminó. Todo comenzó a verse mas claro que una hoja en blanco.
Salió de la casa y fue donde su amigo que tenía una imprenta. Le dijo que necesitaba cien tarjetitas para hacer una pollada y que el dinero se lo devolvería cuando vendiera las tarjetas. ¡Ayúdame hermano! Necesito comprarme la medicina, le dijo a su amigo. Le mostró la receta, su amigo lo leyó y le dijo que bueno, que estaba bien y que confiaba en él, y que desde ya le separase una porción de la pollada.
Contento regreso a su casa para hablar con su gorda. Le explicó lo de la pollada, la manera en que buscaría la financiación, y que ella se encargaría de cocinar todos los pollos. Qué, y, ¿cuánto para mí?, le dijo su mujer. Toda la diferencia, toda, lo único que quiero es una poca de plata para comprarme unas cositas, ¿ya? Ta bueno flaco. Y así, una vez ordenado la preparación fue a conversar con toda la gente que conocía, hablándole acerca de la pollada que estaba haciendo su mujer y él. ¿Para qué?, le preguntaron. Para llegar al mundial, para eso nada más…
Al día siguiente ya estaban las tarjetas. Salió como un periodiquero a ofrecer uno por uno, y uno por uno le pagó su tarjeta. Juntó más de lo necesario. Compró los pollos y todo lo demás. Llevó todo a su casa y su mujer empezó a preparar la pollada. Llegó la noche. Puso un potente equipo de música y la gente empezó a entrar en su casa y en la plaza que había adaptado para colocar una pequeña mesita, llenesita de botellas de cerveza al polo que había conseguido en calidad de concesión a la tienda de la esquina del pueblo. Todo estaba bien. La gente estaba tomando, comiendo, bailando, hablando, riendo, chismeando cuando uno de ellos comenzó a doblarse de dolor. Fue corriendo hacia el baño y no salió… Se hizo un silencio. Apagaron el equipo de música y se acercaron hacia el baño… Horror de horror, el pobre hombre estaba bañado de mierda por todos lados. Recordó a su viejo, su sueño y, sin esperar ni un instante, salió corriendo hacia la salida del pueblo. Vio el bus que salía y sin dudar un instante subió. Pagó y se sentó al fondo como para que nadie lo reconociera. Cuando el bus empezó a rodar, sacó la cabeza un instante y vio a mucha gente doblándose de dolor… Extrañamente vio a su mujer mirando a través del callejón, media descubierta, media irónica, y pensó: Es una bruja, una bendita bruja. Metió sus manos en los bolsillos y sintió un manojo de papeles, papeles, verdes papelitos, dinero, dinero contante y sonante de la bendita pollada… Voy a llegar al mundial, sí, sí, claro que sí… Gracias viejo, gracias viejito, gracias…, pensaba mientras veía el dinero para comprarse la medicina...
Lince, febrero de 2006
Thursday, February 02, 2006
Algo importante que contar
Fui a la imprenta y le entregué el dinero al impresor, e instantáneamente se pusieron a trabajar. Era gracioso, casi de ensueño, ver mi cara en la portada de mi libro con unas notas que pude recoger de unos amigos escritores ya consagrados, luego vi lentamente mi novela, cada una de las páginas de los dos millares de libros. Me sentí tan contento de apreciar aquel milagro que me olvidé por completo del dinero que necesitaba para pagarles el saldo a los maquinistas y compaginadores... Luego de tres días de compaginación y encolado, el libro estuvo listo. Fue hermoso contemplarlo. Lindo, le dije al dueño de la imprenta. Si, muy lindo pero necesito que me pague la diferencia... No se preocupe, le dije, que vuelvo en un instante. Cogí diez de los libros, y salí a la calle desbordando alegría, éxtasis, o algo por estilo. Me puse en la plaza principal de la ciudad y empecé a vender los libros a toda la gente que pasaba por allí... Fue lindo, muy hermoso cuando me compraban, y al cabo de tres o cuatro horas terminé de venderlos.
Retorné a la imprenta y les di todo el dinero de la venta. Todos los operarios y el mismo dueño se rieron de mi locura, y mientras se burlaban, aproveché para sacar veinte libros mas, luego salí a las calles hecho un tornado. Y así la pasé durante los cinco o siete días posteriores, en donde pude vender cerca de cien de mis libros, con lo que pude pagar la mitad de todo el trabajo. El dueño al verme la cara me dijo que me llevara todo y que volviera con su dinero. Me alegré por su confianza.
Salí con todos los libros y al cabo de dos meses, parado en todas las esquinas por donde se detenían los autos, pude venderlos casi todos, por lo que pude pagarle a mi hermana y al impresor. Y con lo que me restó fui a la librería y compré una resma de hojas en blanco. Sin dudar un instante, fui hacia mi cuarto para escribir mi segunda novela... es que, tenía algo de mucha importancia que contar...
Lince, febrero del 2006
Saturday, January 28, 2006
Doce de la tarde
Son las doce de la tarde y me siento desnudo, y estoy desnudo en mi cuarto repleto de libros, papeles, discos de música y ropa, mucha ropa. Mi familia piensa que no existo, que soy nulidad, que aún me meo como un niño, y puede que tengan mucha razón pero no es verdad... Vivo, respiro, solo, totalmente solo y me agrada que sea así, pues así puedo empezar a envolverme con el disfraz que el dios me ha guardado por todos estos años... ¡Soy humano! Y aunque no soy el primero que lo dice, soy el primero en saberlo...
Son aún las doce y aún continúo desnudo como estos pensamientos, me agrada escribir tanto como respirar con tranquilidad. Recuerdo las pocas veces en que fui feliz, pero no voy a escribirla pues la verdad es que ahora soy tan feliz cuando puedo cerrar los ojos y sentir que ese aliento que exhalo e inhalo es todo lo que quiero.
Podría contar las cosas que me han pasado antes de las doce de la tarde pero para qué, a quién le importaría, ¿a ti?, ¿a mí? por supuesto, a nadie mas que a mí. Este es un secreto a gritos en la noche, o en la sima de la loma más alta, o en el silencio de una casa sin dueño. Soy el mas grande escritor que he conocido... ¿por que? Porque me gusta mucho cuando leo lo que escribo luego de mucho tiempo de dejarlo en una caja con todos mis escritos. Pueda que esté loco, y, en verdad, es así, estoy tan loco como esas aves que pasan por los árboles de mis casa, cagando, durmiendo y follando en una de sus ramas... Quién sino una animal, un loco puede tener la libertad de hacer lo que ellas y yo hacemos...
Aún son las doce de la tarde, y serán así hasta que me dé la gana, pues soy el dios que escribe este mensaje, un dios de verdad, que destruye y construye, uno que ama y odia, crea y construye lo que le venga en gana... Y aún mas porque puedo detener el tiempo en este papel, mientras lees mis escritos y yo, me atraganto de alientos que son lo único que anhelo que ocurra mientras escribo...
Recuerdo las veces en que estuve con esa mujer... casi puedo verla echada, doblada, cortándose las uñas, riéndose de mí, de ella. Puedo verle su vientre colgado como esos canguros, ese ombligo sin sentido, y sus ojos verdes que no dejan de entornarse mientras se mira y frota sus senos que son como bolsas llenas de agua, de sangre con la punta llena de puntillas que dicen que son la fuente de su leche, no lo sé, pero me agrada verla así, recordarla así mientras detengo con mis brazos el tiempo, mirándole la curva de sus piernas, los vellos de su pubis, la rebelde pelambre sobre su cara... es bella como esas palomas que diariamente se cagan sobre el árbol de mi casa...
Son las doce de la tarde y ya es demasiado tarde para escribirte. Todo está consumado mientras escribo y vuelvo a escribir y así para siempre mientras inhalo y exhalo este diáfano aliento que no sé de dónde viene ni adónde va, pero seguro que me llevará a su matriz, a su fuente así como las gotas de un río rumbo a la mar...
Lince, enero del 2006
Monday, January 23, 2006
El mensaje
Tengo algo que contarte... Aún estoy vivo, así como el sueño que tengo desde hace dos días en que no duermo. Me mantengo en vela esperando el mensaje que dicen llegaría en cualquier momento, instante de mi vida, y, la verdad, no me gustaría perdérmelo. Imagínense que este mensaje fuera el que estuve esperando a lo largo de mi vida… Como aquel que tuve cuando niño y mi padre me decía que algún día mi ángel guardián vendría a dejarme el regalo más hermoso y sería el chico mas feliz de toda la tierra, pues aprendería el significado de todas las cosas como el amor, el perdón, la verdad, el odio, la pasión… O aquel que me contó mi abuelo mientras agonizaba en su lecho, diciéndome que de las paredes de su casa escucharía la voz del silencio, de la verdad, y, al fin podría entender el sentido de la existencia de todas las civilizaciones, así como el de mi propia vida… O cuando esperé a que mi novia volviera a buscarme luego de retornar a su país, y este fuera el mensaje de ella para mi: una pasaje de ida al otro mundo, al viejo mundo, a su lado... Y ya junto a ella recorrer sus piernas con mis manos, sus brazos con mis pies, sus ojos con mis ojos, sus vellos con mis dedos, su lengua con mi aliento... ¿Cual de todos los mensajes podría ser? No me imagino pero no puedo pestañear un instante. Y quien lo diría que hace dos días mientras regresaba de mi trabajo encontré una carta con mi nombre y sin remitente en donde decía que esperara el mensaje, el mensaje que tanto había esperado… No sé si me volví loco, pero algo ocurrió pues boté a toda mi familia de la casa. Me encerré con llave y tan solo dejé abierta la ventana en donde podía observar a quien llegara… Fue ridículo que nadie de mi familia me entendiera pues llamaron al sanatorio de la ciudad y a la fuerza me llevaron al loquero. Por supuesto que no hablé con nadie, tan solo les dije que estaba esperando el mensaje que decía en mi carta que llegaría en cualquier momento. Mis hermanos me miraban con pena, por supuesto que ellos no entendían ¡Qué iban a entender! ¡Nada de nada! … Ya viene el tercer día, y aunque estoy en un cuarto cerrado puedo ver el cielo, las luces de la ciudad, los sonidos de la gente, los campos que son sacudidos por los autos de esta civilización… y yo, aún continuo esperando mi mensaje que parece que está por llegar en cualquier momento pues noto que mi cuerpo está haciéndose mas liviano, mis ojos ya no ven como antes, están cerrados pero he podido mantenerme conciente mientras cruzo el umbral de la casa de los sueños y le he dicho que no deseo dormirme pues tengo un mensaje que esperar, y esperar conciente pues puede cambiar el resto de mi vida para siempre, así como les cambió a todos aquellos que nunca mas volvieron a dormir… ¡Cómo podrían dormir con semejante mensaje, noticia! Entender, gozar, disfrutar, y, al fin de todos los finales, encontrarme cara a cara con el final de todos las ilusiones y dar ese paso que sólo dan los que han amado profundamente el verdadero amor de la vida, es decir, aquel momento en que uno sintió que estaba empapado de eternidad, libertad, amor, o algo de aquello que suele estar vestido de cosas como una chica, un ángel, un instante de misticismo, o algo mas que ya no recuerdo… Pero no lo duden, esperaré el mensaje… ¿Quizás sea el tuyo? Quizás seas tu quien venga y me regale el mensaje, el mensaje, el mensaje….
Lince, enero del 2006
Sunday, January 22, 2006
El peregrino
Piedras sobre piedras... eso es lo único que encontró luego de veinte meses de peregrinaje en búsqueda de su nombre verdadero. Era extraño para él, pero aún así, se puso a meditar en toda esta ruma de piedras que habitaban la casa de sus primeros ancestros.
Bajó todos sus bártulos y luego de liberar a todos los esclavos que el Sahir le había obsequiado comenzó a sacar todas las piedras de aquella casa que, según la historia que le contara su abuelo, econtraría la respuesta a todas sus inquietudes.
Pasaron meses hasta que la casa que era bastante pequeña y de paredes de barro quedó algo limpia, vacía, sin vida y sin sonido... ni siquiera pasaba la brisa que frisaba aquel páramo. Puso su colcha sobre un rincón de la casa y esperó a que algo ocurriera. Estaba agotado así que no le fue difícil dormir. Cuando abrió los ojos aún estaba allí, en aquella casa, llena de tierra, bichos y un hilillo de agua que como una sierpe se arrastraba por aquel cuarto que era toda la casa... Se paró y con sus dedos tocó el líquido. La probó. Estaba dulce y se preguntó de dónde provenía. Se paró y comenzó a buscar la fuente.
Salió de la casa y vio no muy lejos que había una roca pegada a otras rocas, y entre sus intercesiones brotaba el hilillo de agua. Cogió una taza que tenía en su bolso y la llenó de aquel líquido. La bebió. Estaba dulce, muy dulce y parecía que aumentaba la presión del agua entre las piedras. Era verdad, lentamente se fue haciendo un pequeño lago en la mitad de aquella casa, y al cabo de algunos días se hizo un pequeño río que fluía sin parar hasta perderse por las lomas de aquel páramo...
No dudo en servirse del agua pero siempre se preguntaba acerca de su nombre verdadero o el de sus antepasados. Recordó a sus abuelos y aquellas historias sin sentido pero que lo hechizaron para siempre... Antes de su peregrinaje había estudiado antropología, y luego de juntar una pequeña fortuna fue en búsqueda de su pasado, de su nombre, de aquella casa que encontró lleno de piedras, y que ahora era un río que no terminaba de aumentar su caudal...
Podría haberse quedado para siempre, pues había agua y aquel páramo comenzó a verdear, como si fuera una alfombra natural. Podría haberlo hecho pero no lo hizo, y luego de guardar todas sus cosas se dispuso a retornar a su hogar... Pero antes sintió que debía de guardar la mayor cantidad de agua en sus bolsas para el viaje. Lo hizo y comenzó su camino de retorno, siempre pensando en el sentido de esta aventura sin sentido y sin resultados pues retornaba con mayor cantidad de preguntas...
Al cabo de algún tiempo consiguió llegar al primer pueblo. Habló con algunos paisanos del lugar, preguntando por el Sahir, y estos le dijeron que hacía más de doscientos años que el gran señor había muerto. "¿Doscientos años?", se preguntó. Toda la noche se estuvo preguntado acerca de este fenómeno... sin poder encontrar la respuesta, y sin pegar un instante los ojos.
Al día siguiente tomó el tren que lo llevaría a su país. Y cuando llegó a su pueblo, vio que todo había cambiado... Sus padres no existían. Su familia había desaparecido. Fue a su casa, a aquel lugar en donde había crecido, pero solo encontró un lugar totalmente desolado. Aún así, entró y la encontró totalmente lleno de piedras, piedras, piedras por todos lados... Aquella visión le hizo ver con claridad que todas sus preguntas se habían disuelto como si fueran las piedras en un río...
Sacó todas las piedras de su desolada casa y nuevamente un hilillo de agua empezó a serpentear la casa… Cogió una de las piedras y la puso en su bolsa. Se paró sin dudar un instante y salió de la casa, mientras veía que un río arrastraba todo el pueblo en donde había crecido… Construyó en su orilla otra casa a base de piedras, ante un mundo de cambios y sorpresas, en donde él era un simple espectador, un apreciador de todo cuanto sucedía y cuanto no entendía… y sintió no volver a pensar más… Fue entonces que escuchó el palpitar de su nombre verdadero, repitiéndose entre el choque de las piedras que fluían con el agua y con la tierra del gran río…
Lince, enero del 2006
Saturday, January 21, 2006
Sentimientos peligrosos
Al rato llegaron un grupo de personas amigas que me cargaron y llevaron al centro de salud mas cercano. Allí, todo era blanco: las luces, las paredes, los uniformes de los enfermeros y doctores; lo demás, apestaba a podrido y a remedio. Cerca de mí estaba otro joven... tenía las manos y el rostro carbonizado, y a pesar que aún se movía, le sentía como carne quemada, muerta, inanimada. Cerré los ojos y quedé consoladamente dormido. De pronto, aquel precioso silencio se rompió como un cristal por los gritos de mi madre y la nerviosa voz de mi padre tratando de calmarla...
Los doctores nos dijeron que no volvería a caminar ni mover ni una extremidad jamás, sin embargo, cuando uno tiene quince años no entiende el valor ni la gravedad de las cosas, así que, según el resto del mundo, viviría el resto de mi vida como un vegetal parlante... Y todo gracias a querer hacerme el valiente, enfrentándome al muchacho mas bravo de todo el vecindario, cuando éste estaba rodeado de sus amigotes, a los cuales también insulté... contándoles mentiras y verdades, como que sus hermanas y madres y tías y amigas habían pasado por mis brazos, lo cual era parcialmente cierto, pero no tanto, pues a lo sumo las conocía de vista, o de saludo, nada mas... pero si a través de mis letras.
Vivir el resto de mi vida así... ¿Quién podría aceptarme, quererme, cuidarme?
Me llevaron a mi casa, y luego, a un lugar especial en donde mi padre tuvo que pagar hasta que su bolsillo aguantara. En aquel lugar, todos eran como yo, o lisiados. Es raro, muy raro que, a los quince años uno no pueda valorar nada de esto...
Pasaron años y años y años y años... Me pasaron de hospital en hospital hasta llegar a esta casa en donde vive una extraña mujer que diariamente recibe a diferentes tipos de hombres. Es una puta, y una puta fina, pues los hombres que recibe y atiende son elegantes, finos, adinerados, viejos, jóvenes inexpertos... Se veía que a todos ellos, el mundo los ha tratado muy bien. De mis padres perdí el contacto en uno de los tantos hospitales en que pasaba como si fuera una madeja desenrollándose, sabiendo que en algún punto terminará todo el rollo, en mi caso, mi vida... Los perdí, pero qué importaba sino los veía ni sentía casi nunca. Y bueno, por ¿suerte? caí allí, en un fino y delicado prostíbulo, echado en una cama con una ventana que me mostraba un bello paraje, poblado de árboles y casas muy elegantes. Me preguntaba siempre cómo es que esta mujer tuvo la gentileza de cargar con los restos de mi existencia, llevarme a su lado, ponerme a mi servicio a una linda muchacha, pero, ¿qué sentido todo esto?
Supe la respuesta a todas mis preguntas cuando me enteré que aquella mujer había sido hermana de uno de los muchachos que me dejaron como una planta, y que, eso también me informé por la linda muchacha, que, élla admiraba todos los poemas que escribía y que mandaba a todas las chicas y señoras del barrio en que vivía cuando muchacho. Me reí de mi suerte y de las cosas que ocurren en la vida de uno, pero más reí cuando me llegó una grabadora por encargo de la puta fina, pidiéndome que le declamara o creara poemas, mis poemas. Nunca me había reído de esa manera pero sentí que debía pagar su cortesía, así que le declamé un bello poema de amor entre un animal que hablaba y un hombre estúpido que solía golpear al animal. Parece que le gustó mucho pues aquella misma noche se puso al borde de mi cama y se puso a escribirlo en un pequeño cuadernillo. Esto ocurrió durante mucho tiempo, es decir, yo recitaba o contaba cuentos, y esta mujer se ponía a escribirlos, esta vez, en un grueso cuaderno.
El tiempo continuó y una bella tarde observé que dejaron de llegar los autos elegantes, los hombres adinerados, no venía nadie... "¿Y ahora?", pensé... No terminé de pensar cuando esta mujer me trajo un libro de poemas en donde estaba escrito su nombre pero con todos mis poemas y cuentos. "Es lo mismo", me dijo. Volví a sonreír. Y pensé que había valido la pena tanto dolor para que mis sentimientos estuvieran respirando, vivos sobre el papel, en un mundo en constante movimiento pero muerto, sin luz, sin brillo... Animado tan solo cuando la luz del primer sentimiento lanzase sus cálidos destellos sobre los ojos del lector, en la forma de un cuento o un poema... Reí sin parar de contento y continué riendo hasta el momento en que sentí que mi vida empezaba a apagarse, y recordé aquella primera y última golpiza, cada una de mis mentiras, poemas, cuentos y... aquel sueño llamado vida...
Lince, enero del 2005
Friday, January 13, 2006
Luna
San isidro, enero de 2006
Wednesday, January 11, 2006
Pasado
Caminando por la noche vi a lo lejos una única ventana iluminada. Aquella luz brotaba de un pequeño edificio, no tan sucio pero parecía estar bastante abandonado. Volví a mirarla y pude apreciar que la sombra de alguien pintó la luz del marco de la ventana como si fuera una mancha de brea. Me acerqué un poco más. Era una persona llamándome, agitando sus brazos para que subiera a su piso. Sentí confianza y entré en el oscuro edificio. Adentro parecía que no viviera nadie, pero de vez en cuando escuchaba el sonido de susurros, de pasos de gente que supuestamente moraban en aquella total oscuridad de puertas y cuartos malolientes.
Al final de pasillo encontré la escalera, era de madera y la subí con cierto temor. Cada peldaño que escalaba parecía a punto de deshacerse como arena... Con suerte llegué al piso del extraño sujeto, y pude ver la luz que se escapaba a través de los bordes de su puerta. La toqué con suavidad y esta se abrió como si no tuviera cerrojo. Entré a la pieza y vi a un muchacho apoyado sobre una de las paredes del cuarto. Nunca lo había visto pero algo dentro de mí sintió una gran confianza, como si en un sueño o en otra vida nos hubiéramos conocido. Me acerqué y hubo algo en su remota mirada que me impidió decir palabra alguna. Me detuve y empecé a observarle detenidamente y al fin pude reconocerle... ¡Era yo! ¡Yo mismo!... Yo, cuando decidí meterme de lleno al arte y dedicarme a pintar; pude verle y notar su inmensa y espacial soledad que parecía poseerle como si fuera una estrella en el universo. Su piel era tan blanca, pálida como si nunca hubiese conocido el Sol...
Me senté en el piso y le pregunté cómo le había ido. Sonrió con ironía y pude notar sus dientes escariados, amarillos... Se apartó de la pared y caminó arrastrando sus descalzos pies hacia su otro cuarto de donde sacó una caja muy grande. La dejó en el suelo y luego la abrió. Estaba lleno de lienzos, de pinturas, de cuadros... Me acerqué como un sediento de sueños realizados y pude apreciar cada uno de ellos… Eran todas las obras que alguna vez soñé y visualicé pero que jamás pude pintarlos pues en una parte de mi pasado decidí consagrarme a laborar en la empresa de toda mi familia. Le miré nuevamente y supe que debía de alejarme. El me miró con una sonrisa apenada, segura, y sin pronunciar una sola palabra me dejó ir...
Mientras me alejaba del viejo edificio sentí como una angustia por no ser lo que siempre anhelé ser: un artista. Mi corazón quiso volver al pasado, y gritar a todos mis padres que no, que no deseaba ser como ellos, pero ya todo estaba enterrado en el valle de las sombras... Me detuve un momento y volví a mirar el viejo edificio pero no pude ver la ventana iluminada.
Continué mi viejo paseo hasta llegar a mi casa. Mi familia me esperaba. Era mi cumpleaños. Mis nietos, hijos y amigos estaban esperándome. Allí todo sería colores de plástico, sonrisas cansadas, pálidas palabras, como esos juguetes que sabes que en algún momento te dejarán de encantar y serán un fastidio… Y mientras me acercaba sentía mi corazón alejarse, errando hacia atrás, hacia aquel viejo edificio, viviendo como un miserable artista, como un lobo solitario, pero con una existencia poblada de lunas brillantes, fantasías de colores y anhelos sin final... Lleno de perfume, de magia, de la luminosa rosa que florece en el jardín de todos los sueños, alumbrando la existencia de todos los vivos y todos los muertos...
San isidro, enero del 2006
Sunday, January 08, 2006
Claro de Luz
La oscuridad del lugar no me detuvo. Tenía la luz en mi mano, era una bola que cabía en mi palma y a pesar de emitir una potente luminosidad, no quemaba.
Desde que la luz llegó a mi cuarto nunca más tuve sueño ni cansancio, y nunca tuve ganas de dormir. Era como un día que no acaba...
Y allí estaba, caminando en medio de un extraño desierto, en una larga y embreada noche con una luz en forma de bola en la mano sin rumbo ni meta fija. Tan solo escuchaba el silencio y el arrastre de mis pies libando la arena cuando no lejos del lugar noté seis lucecillas acercándose. No me detuve y apuré mis pasos pensando que ellas podrían darme todo el entendimiento que buscaba acerca del sentido de la luz. Conté seis luces y empecé a correr hacia ellas cuando me di cuenta que eran seis lucecillas en las palmas de las manos de seis extraños personajes.
Cuando estuvimos bastante cerca unos de otros nos miramos con mucha calma. Intuitivamente hicimos una ronda, luego nos sentamos en la forma de indios y dejamos nuestras luces cerca a nuestros pies... De pronto uno de los seis personajes empezó a hablar pero en una lengua extraña. No pude entenderle pero cuando cogí la bola de luz, apuntándosela hacia su rostro pude entenderle totalmente, pues pude ver aquello que está más allá de las palabras... Nos contaba su nombre y el lugar de donde procedía. Había caminado durante mucho tiempo a través del mundo hasta el día de hoy, buscando entender el sentido de la llegada de aquella bola de luz, hace ya mas de cien años... No pude creerlo pues su rostro parecía no tener edad. Luego habló otro, y luego todos los demás, y cada uno contaba singulares caracteres y estilos de vidas mostrando una falta de conocimiento acerca del sentido de la vida… Y por último hablé, y les dije mi verdad: que tenía ojos pero no veía lo esencial, tenía orejas y no escuchaba la verdad, manos y no podía sentirme a mí mismo... Callamos, callamos, creo que por un instante o una eternidad, no lo supe bien, pero callamos…
Miraba la tierra en mis pies cuando noté que la lucecilla parecía brillar un poco más. Miré hacia el cielo y noté que no había una sola estrella. De pronto vi que nuestras lucecillas empezaban a elevarse como si no existiera gravedad, y luego, salieron disparadas hacia el negro cielo en forma paralela hasta unirse después de un instante o quizás una eternidad en un luminoso punto en el infinito, brillando mas y mas como un Sol. Cerré los ojos un instante o una eternidad y cuando los abrí, un nuevo día lleno de cantos angelicales, colores celestiales y un arco iris en forma de promesa empezaron a revelarse ante mis sorprendidos ojos...
Miré a mí alrededor y no encontré a nadie... Estaba sentado en un desierto sentado en posición india, solo como un gusano. Desconcertado cerré mis ojos un instante o una eternidad y aprecié mi oscuridad interior. De pronto, alguien empezó a acercárseme, como un amigable personaje y vi que era mí propia respiración, que paso a paso, aliento tras aliento, aliento tras aliento se acercaba mas y mas, como si durante toda la existencia nos hubiéramos buscado, hasta este instante o esta eternidad, y cuando estuvimos frente a frente noté con gran alegría que ella tenía en la palma de sus manos otra luz, otro Sol, otra claridad que empezaba a iluminar mi oscuridad interior a través de cada uno de sus pasos, de sus alientos…
Abrí los ojos y vi todo… Me paré como un iluminado y empecé a caminar hacia el mundo, cogido de la palma del santo y generoso aliento... Estaba agotado, muy agotado pero tenía una importante y luminosa verdad que contar en la palma de mi mano...
San isidro, enero del 2006
Friday, January 06, 2006
Frente al último de los Sueños
Y bueno, allí estaba este sueño que no tardo en contarles.
El personaje principal, como siempre: yo. Y los demás: los seres creados por los miedos caprichosos, anhelos escondidos, alegrías golondrinas, húmedas tristezas, o, como dicen muchos: mis legiones interiores.
Uno cuando ve su propia sombra que se esparce gracias a la luz que la mantiene, siente como que es su mejor perfil, su parte escondida y, ocultamente, querida... En mi caso personal les contaré esta historia que es germinada de un sueño, y uno de esos en que no desearía volverle a soñar, pues uno puede observar muchas cosas, recordarlas también, pero en esta ocasión, el solo hecho de cualquiera de aquellas posibilidades puede hacer que uno, que vive en la realidad y entre el espacio de los sueños, pierda el orden y secuencia entre los valores de los vivos y los seres imaginados, o soñados…
Y bueno, aún era muy joven y en mis manos tenía una de aquellas navajas que brillaban como si fueran fabricadas de fuego. La adoraba. Sobre todo cuando tenía que cortar una fruta, un pedazo de cartón, o incluso el cuello de un pato, un pollo, una rata, o cualquier insecto. ¡Ah! Qué navaja... Hasta dormía con ella. Quizás por eso es que pareció germinar entre la noche y el cansancio uno de esos hechos que marcan para la eternidad la vida de un ser humano. Y eso fue lo que me ocurrió. Tuve un sueño, uno de esos en que uno se ve frente a frente a un grupo de animales, todos bellos y de ojos alegres, diciéndome, pidiéndome, alargándome sus largos cuellos para que se los cercenase, cortase. Y eso es lo que hacía en mis sueños con sumo placer. Luego, sueltos las cabezas de los cuerpos, los oníricos animalillos se postraban ante mí, y me ofrecían sus cabezas que, con gran alegría empezaban a hablar, reír, liberados de ser bestias y revivir como seres humanos...
Yo, despertaba con extraños sentimientos, y desde que, con frecuencia, me llovían estos sueños, dejé de cortar el cuello a todo tipo de bestiecillas, pero había algo en mí que florecía oscuramente como si fuera un germen nacido de las sombras interiores. Y también sentí que hambreaba por nuevas experiencias, por nuevas luces, rayos que iluminaran un espacio, una visión nacida de una resucitada necesidad…
No podía estar en paz, en tranquilidad, si no realizaba otro tipo de experiencia que sacudiera la cotidianidad de mi marcha por la vida. Y fue en uno de esos encuentros casuales, y nunca buscados, en que me encontré frente a frente con una bella joven, alta, rubia, de ojos celestes, y esos rostros que nos recuerdan que en el cielo navegan ángeles y querubines en los bosques de los cuentos... ¡Oh, Dios! Qué hermosa era, pero, lo que mas me agradó fue ese largo cuello de cisne, era en verdad largo, muy largo, pero no tanto como una jirafa, pero sí como esas asas que tienen los pocillos de la China elaborados por esos ancestrales orfebres de dinastías perdidas en el tiempo o en los libros de los abuelos, o, algo de ese tipo de oscuridades enterradas. Lo cierto es que sentí que la calma, o aburrimiento empezó a ahogarse, sintiendo que todo el universo tenía sentido en ese largo y hermoso cuello de la bella joven.
Aún recuerdo lo mucho que conversamos la primera vez, y luego, sin dudar un instante, la besé como si fueran los pies del creador, es decir, con ese sentimiento que gozan los ascetas que se arrastran tras el fulgor de la iluminación, cuando se hallan frente al ser que tiene el cerillo que nunca por nunca se apaga, como si fuera la luz de toda estrella...
¡Oh! Qué hermoso fue cuando le toqué el cuello con mis dedos, como si fuera una joya de marfil, una joya de esas que uno cuando se acuestan tan solo desea soñar y soñar, y jamás despertar. Y, no me creerán. ¡Soñé! Y soñé con mi daga preciosa, con ese cuello que se abría y abría y en vez de salir sangre brotaban miles de gusanillos que no eran tal, sino personillas con el rostro de aquella hermosa mujer, y que conforme pasaba ¿el tiempo? crecían hasta quedar del tamaño de mí. Me agradaba estar con ellas y bailar y bailar con sus miembros que se les caían y se los volvían a poner como si fueran seres de papel. Y cuando despertaba me sentía como esos seres que han encontrado la razón de su camino por la vida. Sí, me decía, soy un verdugo en potencia, uno de esos que gozan de su labor sin más placer que el de su propia realización, o, ensoñación...
Pero, y allí vienen esas zancadillas que nacen de las oscuridades de la inconciencia, y que le dan a uno con palo, cayendo a las mazmorras de la estupidez, o quizás, de algo más bajo...
Una de esas mañanas en que despertaba y salía de mi sueño, encontré a la chica en mi cuarto, sentada en el borde de mi cama. Sí, la misma chica hermosa y alta, con ese cuello que durante tantas noches soñaba cortándosela, diciéndome: ¿Por qué no la dejo de soñar…? Electrocutado por los rayos de semejante realidad, salté como un perro de mi cama, y corrí con la cola entre las patas hasta llegar a mi baño. Me di una fría duchada. Me sequé, perfume, y luego, entré a mi cuarto, pero, aún estaba la bella muchacha, extrañamente aun estaba sentada sobre mi cama y con mi dorada daga en sus manos, colocándosela en su largo y hermoso cuello, riéndose como una niña demoníaca, y luego, llorando como un angelito expulsado de las nubes celestiales... Me le acerqué y cuando la quise tocar, ella, así como el humo de un cigarro, empezó a borrarse ante mis ojos, como si mis manos estuvieran limpiando un espejo empañado de vapor y me viera a mí, tan solo a mí sentado frente a un sueño, uno de esos que suelen ser los últimos...
Me volví a echar sobre mi cama y soñé, y soñé con ella, con su cuello, con sus bellos gusanillos arrastrándose por el suelo, creciendo y creciendo como siempre, y riéndose como una niña, como un pérfido angelito. Salté de mi cama y vi nuevamente a mi último sueño. Le dije que deseaba hacer las paces... El sueño frente a mí, que cambiaba de constantemente de personajes, de formas, comenzó a flotar hacia mí, hasta rodearme como si estuviera preso por una legión extraños y bellos personajes, y todos con el cuello largo y hermoso como un dios de marfil... Cogí mi daga dorada y supe que debía cortar el último de todos mis sueños. Me puse la daga sobre mi cuello y me arranqué la cabeza, y luego, desperté... Aún estaba yo allí, echado sobre mi cama con un viejo cuchillo bajo mi almohada, y con las paredes de mi cuarto llenas de dibujos de personas sin cabezas, y sin ninguna puerta en ningún lado de las paredes...
San isidro, enero del 2006
Tuesday, January 03, 2006
Paloma
No sé como empezar a escribir, pero todo sucedió así, tal como este momento, este instante en que estoy respirando a través de este relato…
Una blanca paloma entró volando a mi cuarto a través de mi ventana. Me causo gracia y sorpresa cuando aterrizó cerca de mí. Empezó a caminar de un lado hacia otro como un juguete de cuerda hasta detenerse frente a mí. Cerraba y abría sus ojos, mirándome por uno de ellos como preguntándose lo qué hacía yo allí.
- Tengo sed – me dijo la paloma - ¿Tienes agua…?
Quise responder pero de mis labios brotaron insólitos graznidos, toscos así como una persona con la garganta lesionada.
- ¡Oh! – Me dijo la paloma - ¡No hablas!... Agua, necesito un poco de agua - volvió a repetir, mostrando una lengua como un gusano tratando de salir de su vientre. Luego empezó a limpiarse el pico con sus patas y plumas.
Pensé que soñaba, que estaba navegando en un hermoso sueño. Fui hacia la cocina, cogí una taza y la llené con un poco de agua. Lleve la taza lo mas cerca del ave pensando que podría asustarse de mí, pero no fue así, mas bien élla saltó ágilmente posándose sobre mi hombro ante mi susto y sorpresa.
- No temas… - me dijo - Deseo beber en tus propias tus manos.
Me agradó su confianza y eché una poca de agua en la palma de mi mano. Comenzó a beber como si fuera un ángel, un ser divino, y a medida que bebía su cuerpo empezó a irradiar una blanca luz... Luego saltó de mi brazo y se puso a volar por todos los rincones de mi cuarto como si fuera una estrella fugaz. De pronto se detuvo en el borde de la ventana de mi cuarto, y a través de uno de sus ojos me miró con un brillo terrible, y dijo:
- ¡Necesito que alguien me hable! ¡Requiero respuestas precisas!... Encuentra a alguien que hable conmigo.
Asentí. Salí a la calle y la encontré llena de gente caminando de un lado hacia otro. Cogí a una persona cualquiera y traté de decirle lo que pedía la paloma, pero, como antes, de mis labios brotaron graznidos. El tipo me miró de arriba hacia abajo, y antes de alejarse me gritó algo, pero no pude entenderle pues de sus labios también brotaron extraños graznidos... No le di importancia a este fenómeno y continué mi extraña búsqueda.
En un parque encontré a un anciano sentado en una banca echando trozos de panecillos a los animalillos del bosque. Sentí que era el hombre que buscaba. Me acerqué a su lado, y traté de decirle lo mismo pero volví a expresarme a través de graznidos... El anciano me miró, sonrió y movió su cabeza de arriba hacia abajo. Me alegré mucho y le pedí que me acompañara. Y cuando ambos estuvimos frente a la blanca paloma, ella le miró con sus ojos brillantes de arriba hacia abajo y le dijo:
- Anciano, noto que no puedes hablar, eres mudo, pero eres buena persona. Ven a mi lado. Necesito compañía... Y tú - me dijo mirándome con uno de sus ojos que abría y cerraba como si fuera una cámara fotográfica -, continúa buscando.
Salí nuevamente a la calle y de nuevo encontré a la gente caminando como si no supieran que en mi casa había una hermosa paloma que necesitaba respuestas precisas… Volví a preguntar a otro señor, y luego a otro, y otro, y otro, y todos me miraron y de todos sus labios brotaron extraños graznidos… De pronto vi a niños y niñas jugando en la calle, y a todos les hice la misma pregunta, con mis propios graznidos, y todos ellos, sin parar, empezaron a burlarse de mí... Vi a familias enteras saliendo de sus hogares, y a ellos les hice la misma pregunta, pero fue inútil... No pude más y me eché a llorar como un tonto en mitad de la calle… y luego de haber descargado toda mi amargura, mi impotencia, grité como nunca antes había gritado... De pronto, ante mi sorpresa, todo el gentío se detuvo como si nunca hubieran escuchado un grito verdadero… Les miré a los ojos, y todos parecían estar enjaulados tras máscaras animadas por hilos de carne y de sangre…Y cuando iba a continuar mi camino, mi búsqueda, vi a un perro muy grande y viejo acercándose hacia mí, ante el asombro de aquellas personas que de sus labios tan solo emitían murmullos, susurros de graznidos...
- Puedo ayudarte... – me dijo el perro - ¿En dónde está tu paloma?
¡Un perro hablando! pensé. Cogí al enorme perro y lo llevé hacia mi casa en medio de toda la gente que empezaron apartarse de nosotros como si fuéramos llamaradas errantes. Cuando llegamos a mi casa encontré a la blanca paloma y al anciano jugando como niños por todas partes de mi cuarto.
- ¡Oh! Pero no es humano, es un perro... – Dijo la paloma.
El enorme perro se le acercó y ambos comenzaron a hablar con familiaridad y cariño… Me quedé observándoles y pude notar que del ojo de la paloma brotaban lágrimas, que cuando caían al piso parecían cristales de luz… Noté que el anciano y el perro trataban de consolarla, y pude entender que aún debía continuar mi búsqueda.
Volví a la calle. Quise gritar pero sentí que sería inútil. Miré hacia el cielo y vi que el Sol brillaba en lo alto, era tan hermoso que me sentí tranquilo… Bajé mis ojos para ver a la gente y noté que empezaban a disolverse ante los rayos del Sol como si fueran espejismos… hasta dejar toda la calle vacía. Quedamos el cielo, las calles vacías, el Sol y yo. En ese momento sentí como si hubiera encontrado algo importante, y con aquel sentimiento retorné a mi casa. Y cuando entré vi que el enorme perro empezaba a ladrar, a mover la cola, mientras el anciano reía como si un niño, y vi a la blanca paloma mirándome a los ojos, como si fuera el amor hecho plumas… Iba a decirle algo pero ella izó sus alas y me dijo:
- No digas nada… Tienes que escucharme…
Apenas terminó de hablar, empezó a volar hacia mí, como un rayo de blanca luz, hasta disolverse en el centro de mi corazón. No pude entenderlo, pero pude sentirlo. Cerré los ojos un instante, y cuando los abrí, todas mis dudas se habían esfumado como el alborear de una mañana…
Salí a la calle, y vi a toda la gente que iba y venía como si fueran hormigas sin rey ni reina por primera vez, y sentí que tenía algo que contar. Abrí mi corazón y hablé, y hablé a toda la gente que se arrastraban por las calles, y mientras hablaba de mis labios brotaban palabras, bellas palabras, perfumadas palabras, llenas claridad, de encanto, poesía… Y cuando terminé vi que todas las gentes me observaban como si fuera una blanca paloma. Empecé a caminar, a volar lejos, muy lejos… allí donde el aire y la vida es libertad, paz…
Lince, diciembre del 2005
Sunday, January 01, 2006
Feliz Año Nuevo...
Poco antes de la media noche del treinta y uno de Diciembre mi estomago y cabeza habían estado haciendo estragos con mi existencia. Había planeado dormir largo y tendido hasta el día siguiente pero el exceso de comida y licor arrastraron mis planes hacia el retrete de lo imposible. Faltaban diez minutos para que el año nuevo llegue. Me paré y decidí darme una vuelta por las calles de mi barrio. Me puse un sobre todo y salí a la calle para olvidar todo el calvario que masticaba mi cuerpo cuando no lejos de mi casa vi que mi sobrina de diez años y su madre, (mi hermana) estaban junto a cinco familias cargando un muñeco relleno de paja y cartón... Me acerqué a ellos y les pregunté lo que harían con dicho muñeco. Lo vamos a quemar, me dijeron. Fue extraño. Allí estaban aquellas felices familias con sus nietos, hijos, perros, muñecos, maletas, uvas, etc., listos para recibir el año nuevo, mientras yo les imaginaba como inquisidoras personas sacrificando un objeto, una cosa, una representación, o algo por estilo, no sé, al fuego divino para limpiar, depurar sus propias creencias, suertes, sueños o pesadillas... Y allí estaba el muñeco friéndose como un cerdo, recordándome el albino grupo de los del ku-klux-can. De pronto, llegó la media noche y todas las familias empezaron a abrazarse y desearse un feliz año, una mejor suerte y otras cosas por el estilo. Yo, tan solo deseaba que se me pasara la terrible indigestión y el dolor de cabeza... Luego llegaron los fuegos artificiales, las llantas quemadas, los niños corriendo y reventando cuetecillos por toda las calles, cuando vi que uno de los perros de una de las familias salió disparado como una rata mojada, gimiendo como si fuera parte del muñeco sacrificado, luego, todos los perros de las demás familias actuaron de la misma manera, pero no corrieron en la misma dirección sino en otras. Vi como cada una de las familias fueron tras sus perros que parecían estar presos de un terror de supervivencia. Fue increíble, muy increíble este fin de año pues allí estaba yo, frente a un muñeco tamaño gigante, es decir, el doble de mi tamaño, chamuscándose sin ninguna expresión, con una humildad y entrega total. Veía sus brazos, pies y cabeza haciéndose cenizas, cayendo como hojas secas de un árbol… y yo allí con mis festivos dolores que, para mi sorpresa, empezaron a esfumarse como el humo de un fuego, a hacerse cenizas en un año extraño y lleno de aullidos y aullidos por los perros de las cinco familias que parecían estar ocultos en algún lugar del bosque que estaba cerca del barrio... Sonreí. Volví a mirar al muñeco, que ya no era eso, más bien era una cruz chamuscada… Le di las gracias y fui caminando hacia mi casa mientras escuchaba el llanto de los niños que llamaban y llamaban a sus perros sin poderlos encontrar, al menos durante la noche... Llegué a mi cuarto mas tranquilo, y cuando estaba por dormirme, aún escuchaba aullidos y los llantos de los niños. Apreté mis párpados, taponé mis orejas con algodoncitos y les deseé a todos los niños, perros y familias en general que tuvieran un feliz año y, sino encontraban lo que perdieron, un perro nuevo...
San isidro, diciembre del 2006
¡Desgracia!
Vinieron hacia mí una manada de personas de todas las edades, diciéndome: ¡Desgracia, desgracia, desgracia…! una y otra vez. Era extraño que vinieran hacia mí pues yo qué podría hacer por sus desgraciadas vidas... Aún así les pregunté qué es lo que les ocurría, y ellos voltearon sus fijas miradas en dirección opuesta en donde estaba yo, luego, apuntaron con sus brazos y manos, diciendo: ¡Desgracia!... Miré al lugar que estaban señalando y vi a un hombre tirado en mitad de la calle. Está muerto, pensé. Me abrí paso entre la muchedumbre y sentí el calor de sus cuerpos, sus intensas miradas y hasta uno que otro murmullo que brotaba de aquel amasijo de carnes. Y cuando estuve frente al cuerpo tirado me di cuenta que estaba manchado de sangre, como si fuera un globo rojo reventado... Volví la mirada hacia la muchedumbre y noté que todos retrocedieron como si al tocar al tipejo fuera a destapar una caja llena de seres terribles. Toqué al hombre, y de pronto este abrió los ojos de una manera terrible como si yo fuera un demonio. Asustado por esto, lo solté, y el tipo ante mi sorpresa se paró como si hubiera estado adormecido y empezó a retroceder... Se limpió sus desgajadas ropas y un brazo se le cayó del cuerpo, luego se le cayeron los ojos como si fueran dos canicas de vidrio, y de sus cuencos vacíos brotaron extraños gusanos de color amarillo. Sorprendentemente, el hombre cogió sus ojos con una de sus manos, los limpió con sus manchadas ropas de sangre y volvió a ponérselos en sus cuencos vacíos, luego, hizo lo mismo con su brazo, acomodándoselo como si fuera un muñeco desarmable. Me miró nuevamente a los ojos y noté que se alejaba con temor, diciendo: ¡Desgracia, desgracia, desgracia...! Lo vi marcharse hasta perderse en una de las esquinas de mi pueblo. Confundido por el suceso me volví hacia donde estaba la muchedumbre que me avisara de este incidente para que me explicaran este fenómeno, pero ya todos habían desparecido como si fueran de humo, o como si fueran fantasmas... Me sentí extraño, muy extraño, pensando en que quizás podría estar yo muerto, pero aún así, y sin pensar en nada mas, decidí irme a mi casa. Y cuando entré vi que todas las cosas de mi cuarto parecían estar observándome con frío pavor, como si vieran a un demonio, y les escuché murmurar: Desgracia, desgracia, desgracia,... Agotado de tanta chifladura fui hacia mi cama y me tiré a dormir para despertar de esta realidad llena de incoherencias, que parecía ser un sueño, pesadilla, o al revés...
San isidro, diciembre del 2005
Sunday, December 25, 2005
La rosa
Mi vida es muy buena,
rodeada de libros, poemas y cantos…
y un espacio que se abre como una rosa
ante los rayos de una estrella que nunca se apaga.
Esa rosa soy yo
y la verdad es mi estrella.
Soy una persona que día y noche
se le caen las máscaras,
tal como los dientes a un anciano.
Soy uno de tantos y tantos
que ha conseguido ubicar
el oasis de una simpleza.
Soy de uno esos
que tontamente sonríen por cosas
que no sea la estupidez
de un mundo tan bello.
Soy uno de tantos y tantos…
Y te cuento que vivo,
muero y respiro
cada noche y cada día
en un valle de paz y mucha armonía...
San isidro, diciembre de 2005
Wednesday, December 21, 2005
Sopa de caracoles
Tengo bastante trabajo, sin embargo, me gusta estar ocupado. Me hace olvidarme de mí mismo. Tenía la esperanza como una corbata sobre el cuello, adornando mi mejor camisa de sueños cuando una ruma de moscas con ojos brillantes y angustiados comenzó, en su vuelo alrededor de mí, a cagarse encima de mi sobrero elaborado de gran dignidad marcial. Me detuve frente a ellos y con una trampa para sueños inciertos, dudosos, machuqué el botón que activaba dicha maquiavélica máquina. Uno a uno las moscas cayeron por todos lados del piso del taller para deshacerse como cenizas de cigarro. Luego, cogí una escoba hecha de fibra de arena con aleación de pelos de conejo y empecé a barrer todo aquella mierda que ante mis ojos llenos de cansancio se presentaban como un amasijo de chocolate de color parduzco… Observé casi sin inmutarme a bichos de todo tamaño con tres patitas, dos ojos, cinco especies de cuernillos, colillas cartilaginosas parecidas a esos penes alienígenas y un montón de confites de extremidades y sentidos extraños hechos de glandulillas así como las malaguas de mar. Y luego de barrerlas y juntarlas las eché sobre el mar de todas mis pesadillas y crueles pensamientos imaginados contra mi voluntad... Mientras me alejaba noté que millones de ojos redondos como billas blancas con puntillos rojos, negros, azules aparecían por la superficie de aquel océano de barro líquido y residuos o polvillos metalúrgicos, mezclados con petróleo renegro, sucio, viejo... Me di media vuelta para continuar con mi labor. Estaba agotado, muy cansado pero continué trabajando. Había mucho que hacer, muchos pedidos por entregar, sobre todo aquella mujer de cincuenta hijos que mandaba a llamarnos a través del teléfono con sus cincuenta hijos a cada momento. Era para enloquecer escuchar sus vocecillas, parecía escuchar a una granja llena de pollos, gallinas y cerdos mugiendo la misma canción, el mismo pedido una y otra vez: su sopa de caracoles enlatada. Prendí la máquina una vez mas ya le eché a la velocidad máxima... Me relajé un instante al ver como cientos y cientos de latitas de hojalata de color negro salían rumbo hacia las cajas de despacho. Sonreí estúpidamente un instante y cerré un instante los ojos así como los gallos, y cuando los abrí ya estaba amaneciendo, ya llegaba el otro turno a laborar. Dejé mi puesto. Me saqué el uniforme negro de faena y salí rumbo a mi hueco a dormir un momento. Apenas llegué a mi hueco me eché y tuve una larga y tediosa pesadilla, una larga, pero muy larga pesadilla... Se trataba de una sierpe de color negro y con ojillos oblicuos en cada parte de su largo y aceitoso cuerpo, y con dedos y dedos en cada parte de sus lados laterales como si fueran gusanillos; inclusive los tenía en los bordes de sus ojillos como si fueran espesas pestañas... Fue un extraño y largo, pero muy largo sueño del que aún no puedo despertar. Dicen que cuando uno no despierta es que está bien muerto. No lo sé con precisión, pero, en cuanto a mi trabajo, no sé si ya he despertado pues continuo laborando diariamente. Veo las mismas moscas. Escucho los mismos pedidos y veo con gran alegría la salida de cientos y cientos de latitas rellenas de sopa de caracoles...
San isidro, diciembre del 2005
Tuesday, December 20, 2005
El Efecto Mariposa
Toda la noche no pude dormir pensando en lo mismo, es decir en mi publicación. Pasaron días, semanas, meses, años y años, pero no recibí ninguna llamada, carta ni ningún tipo de respuesta. Llamaba y llamaba a la casa editorial pero nunca me dieron una cita, una nueva señal, nada de nada. Y cuando ya me sentía como los cientos y cientos de escritores que duermen ignorados bajo el escritorio de una de los miles de principales editores del mundo, sentí que debía volver a escribir para apagar mi dolor y olvidarme de aquella primera novela. Eso hice y me sentí mucho mejor pues sentí que todo volvía a nacer. Sí, allí estaban los hechos vividos u observados, personajes conocidos o visionados o alter egos, ideas guardadas por noches y días, sueños luminosos que no se apagaban aún en mis noches de insomnio, estudios de lugares históricos vistos en libros, estructuras pensadas para un escenario que fuera verosímil, imágenes imborrables que hirieron mi existencia, visitas a mi vieja libreta de apuntes con citas importantes, y luego de saborear todo aquello, empecé una nueva novela que, tal como la otra decidí enviarla a todas las editoriales de todo el mundo hispano hablante una vez terminada, corregida, y, sobre todo disfrutada por mi propio juicio y lectura.
Pasaron muchos años desde que terminé esta última novela, y ya ha pasado el tiempo necesario despues de haberla presentado a la mayor cantidad de editoriales, pero nada de nada, no recibo respuesta... y en esos momentos creo que no sirvo para nada, para absolutamente nada mas que soñar tal como me gritaban mis padres, amigos, familiares y profesores de mi centro de estudios... Cuando percibo en ese preciso instante, en mi diminuto cuartucho una imagen que arruga e inflama mi corazón: es una mariposa de colores vivos y claros revoloteando bajo la lumbre del sol que atraviesa mi única ventana. Me agrada observarla por la primera vez. La noto jugando, volando impulsada por cosas como el aire, su sed, su curiosidad o yo qué sé, pero siento que tiene que ver con la magia, con la pureza de toda existencia... Lo cierto es que me quedé observándola por varios minutos y me identifiqué con ella tal cual había sido; es decir me sentí como una oruga que se arrastra con su grueso capullo buscando un sueño, un brillar que no puede entender pero que lo impulsa a continuar su sueño, su destino… hasta morir. Y en aquel impulso se encuentra a sí mismo, pues renace dentro se sí convertido en una linda mariposa que vuela en torno al sol, a su destino, a su sueño, cumpliendo uno de los sentidos de su propia existencia. Así me sentí. Y cuardé esta escena en mi corazón, y continué tejiendo el capullo de mi propia vida, con la esperanza que en un día de sol, todo aquel amasijo de hilos, de letras, de puntos, comas, murieran rumbo hacia su sueño, hacia su destino: el lector. Hacia ese corazón dorado que brilla en cada persona, y en donde cada existencia podría ver el color de mi alma, escuchar el canto de mi propia voz, el vuelo de mis viajes imaginarios, que siempre buscan la claridad, el entendimiento, y la paz verdadera...
San isidro, diciembre de 2005
Sunday, December 18, 2005
El Paraiso Escondido
Estoy en el corazón del mundo
y me siento tan bien
a pesar de tener el cuerpo lleno de llagas,
la mente sepultada por recuerdos,
y anhelos de arena…
Y estoy bien
porque guardo un sentimiento muy lindo
que cada vez que me inunda,
me exilia hacia el paraíso escondido.
Un lugar en donde los niños sonríen,
los ancianos suspiran en paz,
y donde agoniza la muerte…
Un canto es lo único que vibra.
Un aliento sin principio ni fin a todo da vida.
Una calma, como frazada sin bordes ni peso,
abriga todo del frío y dolor…
Y allí siempre se vive
desde que un sueño escondido
me arrastró hacia el único día.
Y allí todo anhelo y recuerdo
se hace añicos brillantes,
lluvia de néctar,
pues nace el despertar de la larga mañana,
de una vida que nunca se acaba,
y que me hace escribirte
respirando una Paz absoluta…
San isidro, diciembre del 2005
Thursday, December 15, 2005
MURMULLOS
He recibido tantos regalos
que no puedo agradecer
a quien todo me dio.
Pero no importa,
la vida es lo único que importa,
a través de ella uno puede sentir,
sufrir, reír, llorar, todo…
Uno puede vivir todo en esta vida
que es en verdad el gran regalo
que el Creador nos ha dado.
Sobre todo,
nos ha dado un espejo perfecto
en donde uno puede mirarse a sí mismo
y encontrar lo que somos...
¡Gotas entre gotas!
Gotas de paz…
Es lo que somos en este viejo universo
repleto de infinitos puntos brillantes,
apelmazados en un punto gigante,
guardando silencio y armonía total…
Y al mismo tiempo,
pronunciando el viejo murmullo,
murmullos de paz,
tan solo de paz....
San isidro, diciembre del 2005
Wednesday, December 14, 2005
La señora que no conocí
Antes de morir miraba a toda su gente, y en verdad aún no se decidía si irse para siempre de aquellos seres que tanto amaba, pero cuando notó que toda su gente se puso en su entorno, cerraban los ojos y cantaban aquella vieja canción que por primera vez escuchara en el día de su primera comunión, supo que el tren de la noche sin inicio ni final estaba por arrancar.
- “Sí – escuchó una voz conocida que palpitaba con el canto -, es hora de partir…”
Parpadeó los ojos una vez mas, y con una amplia sonrisa, mostrando gratitud a la vida misma, soltó aquel cordón umbilical que la ataba a la tierra de los que no entienden que la vida y la muerte son como los pétalos de una rosa infinita, como el aliento que viene por un espacio de tiempo, por una dulce eternidad, y se va, y vuelve a venir, por otro tiempo, por otra eternidad…
Cerró los ojos y murió a los noventa y dos años, viendo que la luz que dejara de ver a través de sus ojos empezaba a brillar más, y más, y más, y más, y más....
San isidro, diciembre del 2005
Sunday, December 11, 2005
El días mas hermoso...
Tengo la impresión de que todo esta correctamente dispuesto para que hoy sea el día más hermoso de mi vida… Alzo la vista un momento buscando lleno de ansiedad el rostro de la belleza y la veo, la veo retratada, enmarcada por los bordes de mis ojos, mostrando todo el escenario de un universo que no se detiene, que continúa produciendo más y más perfección. Salgo a caminar por las calles de mi pueblo y veo a la gente caminando, días tras día, buscando, buscando lo mismo que tu, que yo, sin saber en verdad si algún día encontrarán lo que buscan. Mi destino continúa caminando hacia mí, en medio de ellos, y presiento en el alma que hoy es el día más hermoso para cada partícula de este universo… Escucho la armonía de cada latido de mi corazón, y luego, siento el impulso de mi alma fluyendo como gotas de tormenta que van como un río rumbo a la mar, y es tan bello que siento que hoy es el día más hermoso de toda mi vida…
Mi destino se detiene frente a mí en la forma de un auto. Abre una de sus puertas. Observo el color del auto, es negro. Observo el color de los asientos interiores del auto, y son blancos así como el mármol. Amablemente se abre la puerta un poco más como si fuera una mecánica mano enguantada de blanco ofreciéndome su interior, su propósito, su destino y el mío. Entro y noto que no hay nadie en su interior. La puerta enguantada de blanco se cierra y un aroma a flores, geranios, amapola, a fresca humedad penetra mis sentidos y es hermoso. El auto es amplio pero aún no se mueve. Miro hacia adelante para conocer al chofer pero no veo a nadie. De pronto escucho el Quinto Concierto para piano y orquesta de Beethoven en su segundo movimiento, y el sonido de sus teclados me encantan, me cuentan que hoy es el día más hermoso de toda mi vida… y es verdad. Entonces cierro mis ojos y me echo a descansar un momento sobre los blancos asientos del auto negro, y siento que estoy en el lugar más cómodo; quizás sea éste el lugar que tanto buscaba, por ello quedo totalmente dormido. Y cuando despierto trato de abrir los ojos nuevamente pero no puedo y no quiero pues siento que hoy estoy muerto, inmóvil, viajando rumbo a mi destino. Y así, sin abrir los ojos puedo percibir el llanto de toda la gente del mundo, y me alegro por ellos y por mí, pues siento, y sé, que hoy fue el día más hermoso de mi vida…
San isidro, diciembre del 2005
Saturday, December 10, 2005
La soledad de un impulso
Me hallo en mi cuarto, rodeado de música del siglo XVI y de cientos de libros, muchos de los cuales apenas he ojeado, sin embargo me hallo en mi cuarto escribiendo una carta a mi madre, padre, hermano, a todos aquellos que suelen pasar por mis pensamientos, y el presente que tanto me esfuerzo por escarbar para encontrar aquello tan dorado llamado felicidad, paz, o algo que purifique mi instante en que me hallo en mi cuarto. Los sueños que vienen y van durante las noches son muchas veces repetidos, con personajes que he conocido o que nunca conoceré, y en aquellos sueños soy el más grande de todos los observadores, escribiendo cada una de esas escenas en mi negro cuaderno llamado memoria... Cuando despierto en mi cama muchas veces no me dan ganas de salir a las calles, es que, son tan grises las calles cuando el amor, la paz no ha mojado cada partícula de mi existencia. Por ello no me gusta salir a la calle, es mejor estar en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI. Cuando llega la noche me gusta mirar la ventana que está en una de las paredes de mi cuarto y veo a la gente que camina rumbo a no se sabe dónde, que piensa no se sabe qué, pero como esas hormigas caminan y caminan con sus terrones de recuerdos, vivencias sobre sus etéreas gibas. Me gusta cuando llega la noche y estoy mirando a la gente, a los gatos, a las sombras de las casas y árboles; me agrada sobre todo cuando uno de aquellos personajes detiene su mirada sobre la mía, me agrada pues siento que estoy vivo, mas vivo que nunca... y ellos también, eso me gusta tanto que cuando sucede, cierro los ojos y me echo sobre mi mesa y cuando los abro me pongo a escribir todo aquello que siento, que vibro, que recuerdo, que sueño, que leo sobre aquel cuaderno negro de mi memoria... Y cuando llega el día me gusta mirar los cientos de libros que están en cada rincón de mi cuarto, escuchando la música del siglo XVI; algunas veces cojo uno de ellos y empiezo a leerlos, y algunas veces puedo escuchar la voz del viejo poeta que desde cada una de sus garabatos me dice constantemente cada uno de sus mas hondos secretos, es una experiencia que no puedo describir, pero si tratar de contar, pues además de escuchar sus voces, hay veces en que puedo sumergirme en los bellos, terribles escenarios dibujados por los garabatos del poeta... Es hermoso cuando sucede y muchas veces me gustaría morirme sobre mis libros, en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI.
San isidro, diciembre del 2005.