Monday, July 31, 2006

Séneca

Salí de mi casa, no tenía muchas ganas de salir, pero, uno tiene que hacer lo que tiene que hacer para vivir con las justas, si es el caso en que uno es un artista y le gusta ser un vago de media suela que va para allá sin pedir permiso a nadie porque le da la gana de ser uno que va a la calle por un trabajo sencillo que le de al menos para pagar la comida, el correo, y esas cosas de la moda actual. Tengo padres que no son como quisiera pero eso es lo malo sobre todo cuando los amas, pues es sabido que el dolor proviene de la gente que uno mas ama. Llegué a mi trabajo y encontré todo de media vuelta, con los chicos que esperaban a que yo abriera el corral. Ya adentro vino uno que estaba muy enfermo, me dijo que su madre estaba en cuarentena y su padre y hermanos no tenían hace mucho qué comer. Cuánto, le dije. Extendió la dos manos y supe que ya el día estaba oscurecido. Le di su billete y este dijo gracias y continuó laborando, pelando pollos para que mostrarlos a la gente del mercado.

Trabajamos en un muertero de gallinazos. Les cortamos le garganta, les casamos su sangrita, los metemos a la olla hervida y los pelamos toditito. Ya enfriao, los colgamos en un gancho, les ponemos un buen precio por el kilo y esperamos con los cuchillos, el mandil, y la sonrisa en la boca, pues eso gusta mucho a la gente que es mendiga de sonrisas y de ojos alegrones y clarones como huevos doraditos. Así pasé la tarde, vendimos algo, no mucho, pero para pagar la renta, comida y algo mas como para comprarme un buen libro, sobre todo los de Séneca que me tiene loco hace más de un año sin poderlo encontrar, respirar. Pero todo viene cuando uno tiene el pensamiento fijo, parado como cuando una hembra está frente a uno con sus nalgas redonditas, y esa pelambrera negra como serpientes negras en canastilla... Eso mismo. Es pasión de lector viejo, eso es lo que tengo, y sólo sirvo para eso, para contar lo que leo a quien tienes orejas y ojos que escucharme la pasión que llevo desde que antes de nacer... Eso contaba mi abuelo que, desde niño, le leía hasta el pensamiento con sus cuecas, sus pecados apolillados y toda esa porquería... Y así, con el sobrante de la venta, fui a la librería y encontré al buen Séneca, pagué lo que pedía y allí mismito me puse a leerlo. No es extraño ni abusivo el buen heleno cuando dice que "el camino más trillado y más conocido es el que más nos engaña... puesto que todos... prefieren creer a juzgar", y "el error [...] de mano en mano [...] lleva al precipicio", o ese de que dice "Si podéis, alabad a los Dioses buenos; si no podéis, al menos pasad de largo. Cuando os enfurecéis contra el cielo no os digo que cometéis sacrilegio, sino que perdéis el tiempo"... Es sabio el dialoguero de Séneca y allí tuve que cerrar su libraco luego de hojear su XXI Dialogo De la felicidad. Luego, fui a tomarme un cafecito pero mi bolsillo estaba seco como mi garganta. Hasta ni para el micro tenía billete. Tuve que volverme a la casa caminando con el libro que leía en la mano sin parar...

Nada es completo, y lo que amas tiene un precio grande que no es dinero sino es como el jugo fermentado del amor. Ya en mi casa, padre y madre preguntaron por los pollos. Va bien, va bien, les dije. ¿Y cuánto has ganado?, preguntaron. Les miré a los ojos y les mostré a Seneca, y les dije mas que el oro es un viaje con el dialoguero de hace dos mil años fenecido. Por supuesto que pegaron su gemido cotidiano. Cogieron mis libros que guardaba en mi hueco, echándolos como pica-pica por la calle. Tuve que salir vuelta a la calle, recogerlos y buscar una luna clara para leer a mi Séneca. Sabía que el mañana tiene eso de bueno, todo, todito pasa... como el buen Séneca y hasta yo...


Lince, julio 2006

Saturday, July 29, 2006

El poeta

Sentado en una silla,
esperaba al poeta...

Le vi llegar,
a su lado cargaba una maleta,
negra como el color de sus letras...

Me acerqué,
le dije gracias por venir poeta...

Me miró a los ojos y me dijo todo

Subió a una mesa
y empezó a contar su saber,
su ignorancia
y la sencillez de toda su literatura...

Eso me hizo apreciar
el significado del poeta,
que no es mas que un hombre solo,
de esos que no van por el mundo
sino que se han ido
hace mucho,
hacia el mar de la belleza,
de la paz calcada en olas generosas,
humildes como el canto
que no cesa de vibrar
en la oscuridad de mi inconciencia...

Ya terminada su presencia,
me acerqué nuevamente
y le dije muchas gracias poeta...

Me miró a los ojos
y me dijo no sé que cosas,
grabando sobre el cuaderno del alma,
un poema con su desnuda sonrisa...



Lima, julio de 2006

dedicado al poeta mejicano, José Emilio Pacheco.

espartako

espartako

Thursday, July 27, 2006

Las puertas

Tanta gente, tantos ojos, colores, tantas cosas... ¿Para qué? Mejor no pensar en cosas simples, y dejar que la escoba del silencio sacuda toda existencia... En aquellas meditaciones me encontraba cuando vi en mi camino diario por las mañanas los ojos sorprendidos de un hombre, las manos abiertas de una madre, el techo oscuro de un cuarto que es el mío, y en aquellas imágenes, tuve una visión, el de apagar mis pensamientos para que el cristal de la realidad se transforme en líquido bebible. También vi aquel día, una tarde colorida, las sonrisas partidas de un borracho y muchos perros buscando alimento sobre un tacho de basura. Tuve que cerrar los ojos y correr hacia mi hogar y cuando llegué, encontré todas las puertas de cada cuarto cerradas con llaves de oro. Toqué con vergüenza una de ellas, y, para mi sorpresa, todas se abrieron al mismo tiempo. Quise entrar para siempre en uno de los cuartos, pero las personas que la habitaban me dijeron que no, que yo no tenía corazón... Cabizbajo empecé a caminar hacia la salida de la casa cuando sentí que todo mi pecho palpitaba como si tuviera a un niño asustado... Le pregunté a mi pecho si era el corazón. Dijo que no, que yo no tenía corazón... Enséñame por favor, le dije. De pronto una cosa gorda y roja reventó de mi pecho como un chupo, cayendo sobre mis manos... Me asusté al verme lleno de sangre y vísceras que no cesaban de saltar como serpientes en canasto sobre mis manos... Era como si tuviera a un niño. Entonces, decidí volver a tocar las puertas de la casa. Apenas las toqué, estas volvieron a abrirse. Iba a entrar pero, no pude acercarme, y ante mi asombro, la cosa ensangrentada saltó de mis manos, arrastrándose hasta entrar a uno de los cuartos de la casa, dejándome solo, perdido y sin saber qué hacer ni adónde ir. Salí nuevamente a la calle y percibí el cielo rojo, así como la sangre que había quedado en mis manos. Asustado, fui caminando con los ojos perdidos hasta llegar al abismo. Me gustó ver aquella oquedad. Sentí deseos de tirarme, acabar con todo lo que me hacía mal. Me arranqué los pensamientos, los sueños, anhelos, mis carnes, huesos, todo, todo lo aventé al abismo, quedándome vacío, desnudo. Volví a la casa y entré, pero esta vez no había puertas cerradas, no había nada, todo estaba desolado sobre un cielo rojo, mientras escuchaba un gong una y otra vez así como un corazón vibrando en todo el universo...


Lince, julio de 2006

Tuesday, July 25, 2006

Especialmente para no leer

Si me vieran sentado, escribiendo en una computadora, seguro pensarían que estoy loco, y es verdad, no me agrada hacer lo que hacen los demás, es como mascar un chicle mentolado que es rico hasta que se esfuma el sabor. Estoy dentro de un centro comercial, escondido en una computadora, pago unos centavos por hora y como no tengo nada que hacer mas que esperar a que me paguen la mercadería que dejé, me he sentado a escribir mis pasos por la vida. Temprano estuve con dios, me dijo muchas cosas pero ya las he olvidado, sobre todo después que salí a vender la mercadería al centro comercial, en que estoy sentado esperando a que me paguen y toda mi conciencia está en la plata que estoy esperando, y que me va a servir para pagar todas mis deudas, esas que no me dejan tranquilo mientras escribo, duermo, respiro, o escucho los consejos de dios, así como esta mañana pero que ya no me acuerdo. Todas las mañanas me reúno con dios, es bueno el dios, no es como esos viejos que reniegan cuando uno comete errores, no, el no es así, mas bien le agrada que uno sea original y que vaya por el mundo haciendo diferencias, de esas que escandalizan a medio mundo, como lo que hice después de que estuve con dios... Puedo contarles lo que hice pero no me atrevo, es entre dios y yo, pero, ¿por qué no? Es diferente ser chismoso y contar las cosas de dios. Les diré que después de escuchar sus consejos salí hacia mi centro de labores. Recogí las llaves del auto, cargué la mercadería que tengo que llevar al centro comercial y antes de entrar, decidí hacer algo diferente. Vi a una anciana cruzando la pista con gran dificultad. Me detuve y bajé del auto en medio de todas las bocinas de los autos que estaban detrás de mí. Me acerqué a la vieja y la ayudé a cruzar la pista. La hice sentar en una banca y le di un beso en la frente. Me di media vuelta y corrí hacia mi auto cuando vi como cinco policías alrededor. Me pusieron papeletas. Gracias, les dije a los polis. Y luego seguí mi camino hacia el centro comercial. Y, ya en la puerta, vi un hermoso trasero entrado en la tienda comercial. Busqué un estacionamiento y entré. Bajé toda la mercadería, les di el recibo de cobranza y busqué ese hermoso trasero. Lo encontré. Era hermoso y grande y lleno de carne rosada. Lo supe porque me le acerqué y le peñisqué el poto. La mujer saltó como un gato. Luego me dio un puñete en la cara, me aplastó los testículos y me gritó a todo pulmón de que era un degenerado. Al rato vino la poli. Me pusieron entre la puerta y me golpearon duro, dejándome como un trapo mojado en el suelo. Fue terrible, pero, lo hice. Y valió la pena. Era un trasero extraordinario, rozadito y durito. A duras penas me paré y fui a cobrar mis recibos y ¿saben con quién me encontré en la puerta del centro comercial? Con dios, diciéndome que había hecho muy bien. Me sentí muy bien, lo extraño fue que dios empezó a metamorfosearse ante mis ojos, y lo extraño era que nadie se daba cuenta de su presencia. Le vi alejarse estornudando si parar, y por cada estornudo le brotaba puntitos plateados que salían volando hasta perderse en el cielo. Que bonito, me dije. Me paré y fui a cobrar mis recibos. Y aquí estoy, escribiendo para olvidarme de las deudas que tengo que pagar, pero que de todas formas pagaré apenas me paguen en el centro comercial... Espero que cuando salga me encuentre con dios para que me dé mas consejos, me gustan sus consejos porque los olvido apenas dios desaparece. Me agrada verle y saber que siempre viene para recordarme lo importante que es existir siendo singular, cometiendo todos los errores posibles para saber lo que soy, algo especial en un mundo especial, con un dios especial dentro de un centro comercial especial. Todo, todo, todo es muy especial, ustedes que leen esto, también ¿por qué no?...

Lima, julio de 2006

Monday, July 24, 2006

No sé qué hacer

No sabía adónde ir. Aun tenía plata en los bolsillos y unas cuantas horas para hacer cualquier cosa que me entretuviera. Subí al auto y lo encendí. Miré el tanque de gasolina y estaba casi vacío. Tengo que llenarlo, me dije. Pero si le hecho gasolina no me queda dinero para nada... Respiré hondo y fui a echarle gasolina al auto. Ya en la pista, manejando el auto a cualquier lado, recordé que una amiga me debía dinero. No lo pensé y fui hacia su casa. Las luces estaban prendidas. Toqué la puerta, pregunté por mi amiga. Salió, estaba muy bonita. Le iba a decir lo del préstamo pero ella me dio una sonrisa muy picarona que me sedujo. ¿Vamos?, me pidió. Vamos, le dije. Subimos al auto y fuimos, pero, adónde íbamos a ir si no tenía dinero. Me fijé en mi amiga, tenía unas piernas gruesas y bonitas, y sus senos estaban enhiestos como conos. Subí mis ojos hasta sus ojos y cruzamos miradas sin tiempo y centellantes. Me detuve en un parquecito. Encendí la radio. Me le acerqué. Ella no dijo nada. Le toqué las piernas, con las mías, lo mismo. Bajé mi mano derecha como una serpiente hasta tocar sus bragas, y ella me la apresó con sus piernas. Seguí serpenteando mi mano hasta tocar sus vellos. Estaba mojadita. Le metí el índice en su vagina, y ella se soltó a la pasión, desparramó su cuerpo como leche hirviendo, mientras yo metía y metía mi índice derecho. Su cuerpo se tragaba mi mano, mi brazo, mientras mi cuerpo sudaba a chorros... Me bajé la bragueta y saqué mi pene, estaba duro y a punto de reventar. Me la meneé con mi mano izquierda, mientras mi brazo derecho había desparecido en el cuerpo de mi amiga. Todo fue terriblemente delicioso, un fogonazo de placer hasta que otro tipo de fogonazo nos llegó a los ojos, mientras una vos salida de algún lado del infierno nos pedía documentos. Era la policía. Nos quedamos como estatuas de sal, e inmediatamente nos pusimos en orden. Salimos del auto, mostramos nuestros documentos, acompañamos al policía, nos detuvieron por delito contra el orden público. Y luego, llamaron a los padres de mi amiga. Yo no tenía padres. Me encerraron por intento de violación, no había mas excusa. Estuve diez días detenido sino fuera porque un amigo me consiguió un abogado, dinero, y una buena tarjeta política. Salí y en la puerta estaba un tipazo que apenas me vio me dio un trancazo con sus zapatos, era su novio. Casi me mata. Estuve en el hospital. Y cuando me preguntaron el por qué había hecho todo eso, les dije que no tenía nada que hacer... y que la chica me debía un dinero. No me creyeron. Pero sí creyeron que estaba loco. Puede ser, puede ser...

San isidro, julio de 2006

Saturday, July 22, 2006

Sombra

Caminando por la calle, en una esquina de mi barrio me choqué con mi sombra. La miré y ella me miró a mí. Le pregunté porque era así. ¿Cómo?, me dijo. Negra. Soy la sombra, y todas las sombras somos así, seguimos a las personas por la noche, nos alargamos, encogemos, desaparecemos cuando llega la luz... Le miré, me le acerqué hasta tocarla con mi dedo, estaba fría, aburrida, como yo, y no quise saber más… Continué caminando y en otra esquina vi la sombra de otra persona. Volteé para ver a la persona pero no vi a nadie, tan solo la sombra. ¿De quien eres la sombra?, le pregunté. De uno que aun no llega a esta esquina. Y, ¿es buena persona?, pregunté. Si, es buena persona. Miré a mi sombra y me le acerqué hasta pegar mis labios a su oído. Quiero que juguemos, le dije. ¿Cual juego?, preguntó. Juntar, coleccionar sombras, y guardarlas en un saco, así puedes cambiar de formas cuando quieras y no me aburres ni te aburres de verte siempre igual ¿no? Me miró y asintió. Le vi acercándosele a la sombra del hombre bueno y le cogió del cuello, metiéndole dentro del saco que tenía en su brazo. Ya, me dijo. Y así la pasamos juntando sombras durante toda la noche. Teníamos de todo, hombres, mujeres, niños, postes, carros, todo, todo... hasta que llegó el alborear y retorné hacia mi casa. Busqué un lugar oscuro y le pedí a mi sombra que me mostrase nuestro motín. Me las mostró y me dieron pena, parecían asustadas, aglutinadas en una masa negra. Suéltalas, le dije. Ya, respondió. Cogió una vela y la metió en su sacó haciendo que todas se disolvieran como cenizas por el aire… Miré a mi sombra, me le acerqué y le di un beso en la frente. Estaba helado, prendí la luz del cuarto y se fue…


San isidro, julio de 2006

Thursday, July 13, 2006

Vuelos imaginarios

No cesaba de joderme, a pesar que innumerables veces la he matado, pero siempre vuelven. Quizá sean sus parientes que una y otra vez viene a joderme la tranquilidad que necesito para avanzar mi novela. No vallan a creer que esto es cuento, no, no es cuento, estoy hablando de una negra, sucia y pesada mosca que pulula sobre la luz de mi escritorio y que una y otra vez la mato, pero esta, retorna, claro que no sé si ha resucitado, o es, como dije, otra mosca, pero, me pregunto, ¿por qué siempre viene a la misma hora, volando por el mismo lugar, y, con tal desfachatez, se pone sobre mi cara, mano, lámpara, en cualquier lado que me rodee todas las noche... Y, como les dije, allí está la maldecida, caminando con su alas prestas a salir disparadas apenas coja el matamoscas. Mejor no le hago caso y la dejo ser, puede que se canse, o se sancoche en el foco de la lámpara que uso mientras escribo. Estaba pensando en las ideas que uno tiene cuando se pone a escribir, sobre todo cuando empieza la primera palabra, por supuesto que debe de haber tenido una idea de lo que va a escribir. A mí, para avanzar mi novela, diariamente me pongo a masticar la idea a seguir... ¡Carajo! La maldita mosca de nuevo, no sé qué hacer dios mío. Bueno, como les decía, eso de avanzar tiene sus dominios, sus zonas de transito, como el lobby de un avión, pero, eso es una idea... En mi caso, simplemente aparece una palabra en mi cerebro y la jalo, poniéndola en la página en blanco y así continúo, y cuando notó que mis dedos se deslizan por el hielo, me digo que ya estoy avanzando... Y sobre todo cuando acabo de matar a la maldita mosca, con la punta de un periódico. Allí está, aplastada, llena de sangre, con su negro cuerpo apelmazado. Me da asco y la echo en el tacho para continuar definiendo el cómo avanzar en esto de mi novela... pero, uno tiene que doblegarse ante lo natural como el cansancio, la mosca, la responsabilidad del trabajo, las llamadas del teléfono y muchas cosas mas para seguir en este fluido que es el escribir de algo que no lo entiendo a cabalidad. La otra noche, mientras recordaba un sueño, me dije si era capaz de saltar de mi cama y escribir todas esas lindas ideas que fluyen a través de los sueños, pero no puedo, ni creo que podré. Es mejor hacerlo mientras los dedos y las ideas han hecho un puente entre ellos, y yo y mis dudas quedamos de espectadores, de matamoscas. Secretario interno de no manchar lo que fluye entre la creatividad y la máquina... Es lindo, sobre todo cuando sientes que todo deseo, anhelo se han hecho humo, polvo, ceniza, y ves que el tren de las palabras continúa avanzando mas y mas, aunque no tenga que ver nada acerca de la novela que intento avanzar. Creo que voy a detenerme pero no puedo, hay algo que me dice que sigua y sigua, como si estuviera esperando un orgasmo de letras, o ideas, qué diablos será, pero, es mejor hacerle caso y escribir, dejarse ser, como estar enchufado a algo que no logro entender... que me dice tantas cosas como que el hijo de dios está en los dedos de mi mano, y que las reglas de la mujeres son los signos zodiacales de la luna cuando se pone en bola... De pronto, me siento como en medio de una selva de indios, y yo con mis lentes, mi papel, mi lápiz trato de decirles que no sé cómo he llegado aquí, que esperen un poco y que no se acerquen como la mosca que acabo de matar con un pedazo de papel... No creo que se acerquen, pero será mejor continuar adelante como si esto fuera una máquina del tiempo, de las figuras e imágenes... Me veo como esos bichos que se limpian sus manos antes de entrar a la cena, con tanta hambre y tantas ganas de sentirme satisfecho que me detengo y pienso que soy una mosca, una cochina mosca que se ha metido dentro de mis ideas y no me deja por nada, no, no me deja... Habrá que parar, detenerme, romper el lápiz, quemar los papeles y decirme que todo esto no es mas que otro juego mas por querer ser algo como escritor, cuando la verdad es que no soy mas que otro intento por saber para qué diablos soy bueno, y qué es lo que me gustaría hacer el resto de mis días y noches mientras aparece otra mosca, silbando como siempre, rodeándome los ojos, sientiendo que ella es mas importante que yo, y puede que sea verdad porque al menos ella vuela y lo hace bien, y parece que le gusta, en cambio yo, ¿que? No vuelo, no escribo, no, no... sí, no soy una mosca, pero, tampoco sé lo que soy ni lo que hago esta noche sentado en mí escritorio, dibujando imágenes a través de las palabras, sientiendo que voy a morir así como la mosca en su intento por volar a través de un mundo sin sentido, sin razón, pero, bello, eso sí, muy bello, así como la mosca aplastada por un papel mientras absorbía mi atención creativa, y mis dedos diligentes...

San isidro, julio de 2006

Wednesday, July 12, 2006

Mi hermana me soñó

No imagino lo que he escrito hace poco, pues tuve un intervalo de tiempo en que dejé de escribir, y en ese lapso, he muerto... ¿Muerto? ¿Y, cómo es que escribe? Se preguntarán ustedes. La verdad es que no tengo la respuesta pero si puedo contarles el cómo llegué hasta aquí, a este lugar, cuarto, escritorio, papel. Imagino que impulsado por el espíritu inmortal del artista ¿Es una mentira? ¿Producto de una sincopada de pensamientos? No. He muerto hace poco cuando mi hermana mayor me llamó por teléfono para contarme que había soñado conmigo, y que en el sueño, yo moría estrellado en mi auto, y que cuando fue a buscarme me encontró tirado en la pista, lleno de rayas por todos lados, moribundo. Fue tan real y sentido su sueño que cuando élla calló, le dije que era verdad, que hace poco me he estrellado con mi auto en una esquina de la ciudad, mientras pensaba en miles de problemas, como el alquiler atrasado, la falta de sexo, de dinero, las responsabilidades, mis dolores corporales... En esas me encontraba cuando un camión enorme me chocó, aventándome como un juguete de niño por los aires, empotrándome contra la esquina de una extraña casa de color celestial... Agregué que la vi llorando mientras continuaba sangrando hasta dejar mi último aliento con un susurro amable hacia todos, que decía, adiós... El teléfono se cortó, y yo, ya muerto en el sueño de mi hermana, salí a la calle, y como curioso que soy, fui hacia el lugar del accidente. No encontré a nadie, pero vi la casa de color celestial totalmente averiada en una esquina de la calle. Vi a un señor que estaba parado en un lado de la acera. Me le acerqué y le hice una pregunta acerca del accidente. Este me dijo que sí, que hacía poco había ocurrido algo terrible con un muerto, heridos... ¿Y el muerto?, le pregunté. El hombre me miró a los ojos, ya estaba por decirme algo cuando se detuvo a media palabra. Volvió a mirarme, se restregó los ojos y empezó a retroceder como si viera a un espectro, quedándose pálido como el papel. Dándose media vuelta en cámara lenta, y luego, empezó a correr con los pelos en punta... ¡Qué imaginación! Exclamarán ustedes. Eso mismo pensé yo, pero antes, traté de investigar un poco más. Recordé el origen de todo y fui directo a la casa de mi hermana mayor, la que había soñado con mi muerte. Apenas llegué a su casa, me hizo pasar, me invitó un desayuno y luego de sentarse frente a mí, me contó las mismas cosas de siempre, o sea, los chismes familiares, su escasez de dinero, la falta de trabajo de su marido, su falta de tiempo, sus hijitas, etc... De repente, en mitad de su perorata, sonó el teléfono. Mi hermana mayor se levantó y fue hacia el aparato, lo cogió y se puso a hablar. Me sentí ignorado, hastiado de tantas cosas muertas pronunciadas por los labios de mi hermana que pensé que estaba dentro de otro de sus sueños, y que no terminaría jamás de soñar. Me levanté sin que se diera cuenta y salí de su casa sin despedirme de mi hermana mayor, rumbo hacia la mía, mientras aún existía... Y aquí estoy, sentado en este escritorio, muerto, pero, como siempre, escribiendo acerca de las infinitas realidades del ser, una de ellas, la de mi muerte...


San isidro, julio 2006

Saturday, July 08, 2006

Conversando con la gente

Hacía mucho frío, y las calles estaban casi vacías. Vi en una esquina una panadería llena de gente haciendo una cola. Me acerqué y vi que todos deseaban comprar el pan. No sé por qué me puse detrás de una señora gorda de más o menos cincuenta años. Éramos como veinte personas y aún el pan no salía del horno, pero todos estábamos oliéndolo, y casi lo saboreábamos. Y cuando salió, todos levantaron sus manos, gritando que deseaban pan. Poco a poco nos fueron atendiendo, y cuando llegó mi turno, pedí veinte panes. Pagué y me envolvieron los panes en una bolsa de papel. El pan olía rico y estaba crocante. Me comí uno y empecé a salir a la calle. No tenía nada que hacer. Mi esposa e hijos me habían abandonado hacía más de cinco años y yo estaba aún medio sonado, ido, volado pero no loco, aún. Me habían botado del trabajo, por llegar siempre tarde y vivía de un dinero que unos familiares me mandaban desde lejos. Eso, alcanzaba para pagar el cuarto y la comida. Vivía para sobrevivir y para pensar todo el día. No tenía amigos, no creía en la amistad, quizá porque mi mujer se metió con uno de mis amigos. Si alguna costumbre tenía, esa era la de sentarme en cualquier lugar a mirar a la gente caminar, correr, o mirar los parques, escuchar música en mi cuarto. Otra cosa era la de buscar conversación con extraños a quienes jamás había tratado. Por eso es que me gustaba sentarme en la banca y buscar conversación con los indigentes, las señoras con sus hijos, los ancianos, los borrachos, etc. Los niños un poco, no mucho, es que, me hacían recordar a mis hijos y eso desgarraba mi corazón. Y fue en esa simple costumbre en que mi vida cambió para siempre.

Aún recuerdo ese momento, ese lugar, esa misma banca en que un hombre me dijo que debería ser un hombre y ser libre del todo. Me habló de las aves, de la esclavitud de los trabajadores, de los esposos y sus mujeres, de los hijos, de todo aquello íconoizado. Me agradaba escucharle, y mas aún seguir sus consejos que me convirtieron en un hombre, en un hombre solo y dueño de sus sentimientos, sueños, y de su tiempo... Pero eso acarreó mi ruptura familiar, y el dolor de ver a mi mujer en los brazos de un amigo. Eso, ya lo presentía pues uno cuando ama de veras, siente cuando es traicionado. Lo que vi con mis ojos, sólo corroboró lo que sentía. Quizá por ello es que no le dije nada a mi mujer, pero, al verla abandonarme, eso sí me zarandeó. Y aquí estoy, sentado en una banca. Escuchando a cualquier persona que tenga algo que contar. Sí, aquí estoy en esta banca que parece conocer más de mí que yo mismo.

Pero todo lo bueno o malo, tiene su final, y eso fue lo que ocurrió cuando volví a ver a este hombrecito que fue el que me inspiró a cambiar de estilo de vida. Apenas me vio, me abrazó, diciéndome que me veía bastante bien. Le dije que había escuchado sus consejos, los había llevado a cabo y le estaba muy agradecido a pesar de mi soledad. ¿Cuál consejo?, preguntó. Le hice recordar, y este hombre me dijo que hacía mucho no hablaba de aquella forma. Ahora laboraba en una fábrica, tenía dos hijos y esposa, y muchas responsabilidades como para dedicarse a pensar y vagar a la deriva por el mundo, como un hombre condenado a la nada y sin conciencia de sí mismo. Le escuché atentamente hasta que luego de algunas horas vino una hermosa mujer con dos niños. Era su familia. Se paró, me los presentó y se alejó de mi vida, dejándome extrañamente abandonado.

Motivado por la bella escena, hice esfuerzos por volver con mi mujer, pero ésta no deseaba nada de mí. Ni mis hijos se antojaban verme. Estaba demasiado lejos de aquella realidad, y aprendí aceptar el destino y la suerte... Decidí buscar otra mujer, otra familia, cuando, sentado en la misma banca en que me sentaba, vi a un sujeto con la cabeza gacha, la mirada a la nada, que parecía sufrir una enormidad. Me dio pena, mucha pena, quizá porque me vi retratado en el hombre, no lo sé con exactitud. Me le acerqué y le pregunté lo que le sucedía. Alzó el rostro y tenía la cara llena de mocos y lágrimas. Me sentí conmovido y me senté a su lado como si fuera su padre. Este me abrazó como quien se coge de un salvavidas para no ahogarse y me contó toda su desgracia. Le escuché horas y horas. Tuve que cogerle con fuerza para que no se abandonara a su desventura... Su madre acababa de morir, vivía solo con ella, la cuidaba. Y ahora que estaba muerta, sentía que no tenía nada que hacer en el mundo. Deseaba morirse de una vez e irse con su madre. De pronto, algo explotó en mi y le dije que no debería pensar de esa manera, que todos somos hombres y deberíamos valorarnos como eso. No le dije más, y el resultado fue extraño. Este detuvo su llanto, se arregló su ropa y me dijo gracias. De nada, le dije, y le vi alejarse con la mirada de frente, como quien mira ya no el pasado ni el futuro, tan solo el presente, y lo que ve es una tarde de frío, de invierno, de sosiego y a un hombre que le ha hecho recordar que es un residente del presente, de la eternidad del aquí y del ahora... Me sentí como dios. Me paré y vi aquel presente frente a mí. Era hermoso, como un cuadro de colores, de personas, y todo vivo, vivo, mientras daba un paso, y luego otro, otro, por un sendero que me llevaba a una realidad impensada...


San isidro, julio del 2006

Sunday, July 02, 2006

La parte importante

Podría ser un error, pero no dudó en decidirse. El negro tocó la puerta del infierno, y algo se abrió, mostrando una de las infinitas cabezas de los condenados a través de uno de los poros de la inmensa puerta de oro, advirtiéndole que si entraba podría encontrar lo que buscaba, la felicidad, la dicha de la muerte. El negro se asustó de tan pesada verdad y dijo que gustaba del sentimiento del miedo, lo excitaba, lo zarandeaba como una araña asaltada por los colmillos de un hormiguero. Volvió a tocarla y la puerta se abrió como si fuera una tela empujada por el viento, y todo a su alrededor cambió de colores como una pintura abstracta con fondo negro... Dio un paso al vacío, luego otro, y otro, y no caía, flotaba como una pluma, y advirtió que su negro cuerpo cambiaba por los colores del infierno, mientras las infinitas cabezas se le acercaban como espermatozoides a un ovario, a su cuerpo, lamiéndole, penetrándole infinitas veces. Me gusta esto, se dijo el hombre de colores, quiero ver a dios o al demonio, a quien sea, concluyó. El fondo negro se hizo nada, las infinitas cabecillas se hicieron cenizas brillantes como en los fuegos artificiales, y una voz en todo aquel espacio tomó forma, un garabato abstracto, y luego, comenzó a pronunciarse ante el hombre de colores, pero éste no pudo entenderle, y dijo eso: No te entiendo dios o quien seas, ¿por qué no me hablas o escribes en mi cuerpo?, le pidió. Y el dios, o el demonio, se plasmaron en un espejo sin marco, sin límites por ningún lado. De pronto, el hombre se vio a sí mismo, se sintió tan extrañamente feliz que se tiró sobre el espejo como si fuera una piscina, y luego todo explotó en infinitos trocillos, en estrellas distraídas por todo el oscuro universo, y cada una ellas silbaba un poema, un verbo que nadie podía entenderlo, sólo el dios o el demonio, sólo ellos, nadie mas…

San isidro, junio del 2006

Thursday, June 29, 2006

El innombrable


Cómo podría ponerme un nombre si hasta a mis padres los he olvidado, no es que se hayan muerto, simplemente no deseo verlos mas, de solo recordar sus caras, sus voces me dan ganas de vomitar. Nunca dejé de odiarles, pues la poca atención y cariño que me brindaron lo entregaba a la gente que tenía cerca, es decir, a los empleados, a los bichos, a todo aquel que tuviera ganas de recibir lo que tenía, y a quienes llegué a querer mientras me dieran gusto a cuanto deseaba, y que luego dejé de quererlos tal como los juguetes que pasaron por mi niñez. Cuando uno de mis padres preguntaba qué era lo que deseaba ser mas tarde, respondía que nada, que no quería ser nada de nada, tan solo estar en mi cuarto, mirar la televisión, masturbarme dos o tres veces a la semana y salir por la noche. Eso les dije, y por ello uno de mis padres me puso frente a un doctor que me recetó pastillas por mi falta de motivación, conformismo, y por mis deseos de no ser nada. Me gustaba las pastillitas de colores que me recetó el doctorsuelo, tanto me gustaban que una vez hice un cocktail con ellas. Las tomé con un poco de pisco puro, y de pronto, advertí que las paredes de mi cuarto se movían como una sábana agitada por el viento, y escuché un grito desde algún extraño cielo que parecía ser una especie de ambulancia estridente porque sonaba: ¡iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihhhhhhhhhhhiiiiiiii...!, y que no cesó hasta senti que el techo de mi cuarto tambaleaba como si fuera la pezuña de un gigante de cemento, aplastando todo a mi alrededor, hasta volverse todo negro como el color de la nada, nada, así como quería sería ver siempre. Cuando abrí los ojos vi que todo mi cuerpo estaba lleno de vómito. Traté de levantarme y no pude, mi cuerpo pesaba como el plomo. Me arrastre como un gusano y llegué hasta mi cama. La escalé con esfuerzo, abrí el cubrecama y entré bajo ella. Fue lindo después... Dormí sin un solo sueño ni pesadilla, como un muerto, y cuando estaba sintiéndome livianito sentí que alguien entraba a mi cuarto. Eran mis padres, y con ellos todo se hizo gris así como una tarde de domingo en invierno. Luego,todo fue rápido. Al día siguiente estaba internado en un hospital junto a varios chicos con instintos suicidas. Le dije al doctor que yo no quería matarme, tan solo jugaba con los colores de la pastillas, pero no creyó... Viví en aquel lugar por cerca de tres años. Mis padres no frecuentaban sus visitas hacia mí, esto me alegró, pensé que estaban muertos o se habían olvidado de mí para siempre. Una tarde me puse a jugar con un muchacho del hospital con quien hablaba siempre de películas, de mujeres, de sueños, de todo, de pronto, una noche el pendejo se metió en mi cama y quiso que se lo enchufara por atrás, no sé por qué le di gusto, pero cuando quiso hacérmelo a mí, le dije que ni hablar, que no soy así, que tengo el culo, pero sólo para cagar. El mierda insistió y me metió el dedo en el culo. Eso me puso león, como un salvaje. Arranqué un madero de la cama y le golpeé por todos lados, hasta por el culo se lo metí… Me gustó pegarle, desahogarme de toda esta mierda de mundo, y sentí como una especie de placer ver su sangre chorreándole por todas sus partes mientras el madero se hundía en sus carnes... Por ese brutal motivo me encerraron aparte de todos ellos en un loquero, decían que era peligroso, y la verdad, ese lugar, oscuro como mis sueños y pensamientos, me gustó mas que nada… tan solo recibía la comida cada tarde, no deseaba bañarme ni cambiarme de ropa, era libre de todo ruído. Cagaba en un rincón del cuarto que olía a podrido pero, uno se acostumbra a todo… Había una linda ventana con cuatro barrotes de acero en una de las paredes, me gustaba treparme desnudo hasta la ventana y mirar hacia la calle, pues ésta, era una de las pocas que apuntaba hacia la calle, en donde habían casas, ventanas, gente, palomas, árboles, todo, me gustó eso de ver las cosas a la distancia, y decidí mirarlo todo desde la ventana, sobre todo por las mañanas en que había aguzado mi vista y podía ver clarito a la gente que cruzaba por las ventanas de sus casas… En una de ellas vi a una inmensa mujer de mas de treinta años que gustaba pasearse desnuda por su ventana, y, desde que amanecía, yo la miraba desnudo desde mi ventana de barrotes de acero. Mientras la esperaba, me masturbaba hasta que la veía, y cuando me venía, gritaba con todas mis fuerzas lo mucho que la amaba. Fue muy hermoso esos tiempos, aunque nunca supe quién fue ella, y nunca lo sabré, pero al cabo de un tiempo posterior, debido a los reclamos de la gente vecina al sanatorio, me encerraron en otro lugar por mis gritos que escuchaban por las mañanas, sin ventanas, con tan solo una luz en aquel cuarto, la cerradura de una puerta de madera… Uno a todo se llega a acostumbrar, hasta a morir lentamente, y eso hice. No comía, no respiraba mucho, no hablaba nada, no cagaba no orinaba hasta que ya no aguantaba, y me cagaba allí no mas, encima de mi cuerpo… me embarraba todo con mis excrementos, y no sé por qué. Esto duró poco tiempo, cuando volvieron a encerrarme en otro lugar, en otro loquero. Pueden creer que por más de diez años la pasé de cuarto en cuarto, de sanatorio en sanatorio, de ventana en ventana, de cama en cama… Lo único que no cambiaba era yo, siempre estaba yo con mi anhelo de no ser nada, de vivir tranquilo sin que nadie me jodiera, y creo que lentamente lo estaba consiguiendo… Una tarde, luego de no sé cuántos años, entró una linda señorita, me habló suavemente, me dijo cosas bonitas, como eso de los niños que son tan inocentes, de las aves con su vuela que inspira libertad, de las plantas y gran sabiduría, del amor entre la tierra y el universo, de la bondad de algo superior por no reventar este mundo que se mata a sí mismo… de muchas cosas mas habló, pero yo no le podía seguir hasta el final de sus historias, tan solo le miraba los ojos, me gustaban sus ojos, quería ver siempre sus ojos, que acariciaban algo dentro de mí que nadie podía tocar. Y no sé por qué, cuando, emocionado de tanta paz, se escapó de mi boca una paloma, era muy linda la paloma, era blanca así como las nubes, como aquellos sueños que tuve cuando miraba unos ojos enormes de color blanco sin iris ni retina, blancos así como los muertos. Y desde esa fecha hablé, volví a hablar a través de la paloma. Cuando alguien me preguntaba cualquier cosa, le decía que voy a consultar con la paloma. Todos me observaban y casi podía palpitar sus pensamientos y sentimientos, y esto podía hacerlo por mi paloma que me murmuraba cuando se metía dentro de mi, a través de mi boca, como si fuera su palomar. La doctora me hizo llevar a otro lugar, escuché a mi paloma que ese lugar era un lugar muy especial. Me gustó ese ambiente, silencioso, con parquecitos, con poca gente, y con esa gente de blanco por todos lados, paseándose como almas muertas esperando el purgatorio… Todos eran así, menos la doctora que tenía esos ojos luminosos que acariciaban mi palomita… Y así estuve por unos años mas hasta que una tarde mi paloma murió, sí, murió, la vi salir desde mi boca y caer por una pedrada que un loco le había tirado… Fui corriendo a salvarla pero ésta, ya no abrió más los ojos. Sus plumas empezaron a ensombrecerse hasta volverse de color rojo, como la sangre que veía cuando me cortaba las manos. Iba a llorar pero no lo hice, no quería sufrir hacia afuera. Tuve mucha cólera e iba a matar al maldito loco, pero tampoco lo hice, quería que desapareciera así como la gente de afuera... Miré a mi alrededor y sentí que nadie se fijaba en mi persona, como si no existiera, como si no fuera nada. Me alegré por aquel puro sentimiento. Primero caminé hasta llegar al borde del lugar, y vi que había un muro. No ví a ningún paseante de blanco, subí el muro y escapé. Corrí con todas mis fuerzas hasta llegar a la ciudad. Era de noche y nadie se daba cuenta de mí. No soy nada, me decía, de pronto, vi que uno hombrotes se acercaron hasta donde estaba yo y me preguntaron cosas, extrañas cosas que hacían pinchar todo mi cerebro. No miraban como la doctora, no. Miraban como aquel sueño que tuve cuando un gigante me cogía del cuello y arrancaba mi cabeza del cuerpo. Yo gritaba pero este me ponía a la altura de su carota y me miraba con sus ojos de color gris, así como los ojos de esos sujetos. Ya estaba marchándome cuando uno de ellos me cogió de los brazos y me empujó al piso, y luego, sentí por todas partes del cuerpo los pies de estos sujetos… Me gustó mucho que ellos me molieran el cuerpo, odiaba el dolor de mi cuerpo, quería ser nada, no sentir nada, pero no pude lograrlo… entonces quise morir, pero, eso, tampoco lo logré. Cuando abrí los ojos vi que muchos niños me observaban, unos llamaban a sus padres y otros me miraban así como la señorita que acariciaba con sus ojos. Luego, escuché un griterío… Todo despues fue rápido. Vino la ambulancia, mientras la gente murmuraba que me había asaltado, golpeado y abandonado sin nada de ropa ni papeles, y que quizá había había quedado amnésico. Me gustó la idea y les dije que sí, que no recordaba nada, y que yo no soy nada. Estuve en esa posta médica unos días, y apenas me sentí mejor, escapé con una chica que vestía de blanco, y que era la que cuidaba mi cuerpo… Me llevó hasta su cuarto en una casa muy vieja y grande. Apenas entramos me enseñó su cama, luego se quitó la ropa y quedó desnuda, y a mí me desnudó. Puso su cuerpo hermoso encima de mí, se puso a cantar, y me mostró el amor entre los cuerpos mientras cantaba y cantaba como un ángel de dios, fue un éxtasis divino… Viví tan solo una noche con ella, al día siguiente me fui de su cuarto. Caminé por todos lados hasta llegar a la casa en que había nacido, la casa de mis padres. Quise entrar pero estaba con llave. Se vende, decía en la pared y en la puerta, pero yo conocía una entrada secreta, y entré. No había nada, me gustó eso y decidí vivir el mayor tiempo posible allí. No había un solo mueble. Subí a mi cuarto y encontré varios libros tirados por todos lados. Los cogí y me dediqué a leerlos de día y de noche. Para comer, salía a la calle y mendigaba un rato, lo suficiente para sobrevivir. No recuerdo cuantos libros leí, pero cuando hice un cerrito para contarlos noté que eran muchísimos, no soportaban estar tantos unos encima de otros... perdían el equilibrio. Creo que los libros eran de mis padres… Cuandp los terminé de leer, volví a releerlos varias veces hasta el día de hoy en que he encontrado a unas personas que entran y salen de la casa y siento que ya debo de irme lejos. Eso hice y ahora estoy viviendo en la calle, en un lugar en las afueras de la ciudad. Los muchachos me llaman loco, porque me ven sucio, con los pelos pegados a la piel, como culebras… En fin, como un loco, y no me importó nada… Lo único que deseaba saber era qué es lo que hacía aquí en este cuerpo tan extraño, rodeado de gente mas extraña aún. Deseaba saber si hay sentido para mí ignorancia, si la noche tienen sentido para el día, si la muerte para la vida, si un niño que nace sabe que morirá como esos juguetes a pilas. Pero, pasa el tiempo y no escucho respuesta, no siento nada, de mis labios no salen mas palomas ni ranas, ni cuentos ni gritos, nada, no sale nada, y creo que he llegado a comprender que nada tiene sentido para uno como yo que durante toda su vida ha querido saber, comprender y comprenderlos, entender y entederlos, quererme y quererlos, poco, pero querer a uno al menos, pero nada… Y parece que esto ha fallado con todos los que veo por esta ciudad, y por todas las ciudades que he conocido hasta ahora, en que estoy agotado de caminar y caminar, girar y girar... No hay nada, eso es lo que sé, y, eso, es suficiente para saber, al menos por este día. Quién sabe si mañana sea diferente, pues si algo he sabido es que no existe día ni persona que sean iguales, nadie es igual a nadie… Quién sabe si exista respuesta para uno como yo que quiso saber algo mínimo, y aunque quiso ser nada, nunca fue nada…

San isidro, junio de 2006

Tuesday, June 27, 2006

Memorias de un juego

Nunca le gustó perder, tampoco ganar, por ello, era un gran incomprendido. A todos lados iba solo, con su especial amigo, una pelota de fútbol, que lo mostraba a todos los chicos del colegio para jugar un mach de fútbol pero bajo sus reglas, que tan solo era una y esa era que él debía siempre ganar, sea como sea, porque si empezaba a perder, cogía su pelota y se alejaba de todos los chicos, por ello es que al poco tiempo se quedó sin un solo amigo, todos le miraban con asco, o cólera, a lo que él se iba a su casa, buscaba un lado de la pared y empezaba a patear la pelota una y otra vez contra la buena pared. Todo seguiría igual sino fuera que en una de esas peloteadas contra la pared, la pelota se metió dentro de una de las casas vecinas. Carambas, pensó, el muchachito. Vio la casa y sintió que nunca la había visto antes. Le pareció extraño ver esta inmensa casa rodeada de árboles y ramas que impedían ver su interior. Pero, si deseaba recuperar su pelota tenía que buscarla dentro de la casa. Cogió una escalera que su padre tenía en la casa y la puso sobre el muro cubierto por ramas. Subió la escalera y vio que al otro lado estaba su pelota de fútbol. Se alegró, pero eso duró poco al ver que muchos niños le miraban del otro lado. Uno de ellos fue hacia la pelota, la cogió y se puso a jugar con los demás chicos que vivían dentro de aquella inmensa y lujosa casa. ¡¡No jueguen, no jueguen, nooo…!! No dejaba de gritar el niño. ¡¡Es mi pelota, dénmela, es mía, solo es mía, mía...!!, repetía el niño mientras los demás chicos se burlaban de él. Uno de ellos al ver que este estaba a punto de llorar, cogió la pelota y la pateó con una fuerza sobrenatural, haciendo que esta saliera hacia la calle, en donde estaba el dueño de esta pelota. Este dejó de llorar y bajó a buscarla. Y cuando la tuvo en las manos se puso muy contento, pero muy contento, tanto que apenas vio a unos chicos del barrio les dijo si podían jugar un rato con él, y que no se preocuparan pues ya no se iba a molestar si él perdía el partido... Y así fue como desde aquel día todos los chicos del barrio no dejaron un solo día de jugar a la pelota hasta que los años pasaron, y todos crecieron, pero este niño del cuento nuca dejó de serlo, es decir, creció pero jamás dejó de jugar a la pelota. Había aprendido una lección que solo la vida puede enseñar, y esta era que no importaba si ganaba o perdía una cosa en la vida, siempre y cuando hubiera un amor, un amigo con quien compartir, un lugar en donde pudiera vivir una bondad, una alegría…


San isidro, junio de 2006

Friday, June 23, 2006

El portero

He notado que la gente que se cruza en mi camino cuando me dirijo hacia mi trabajo no acostumbra mirar de frente, la mayoría acostumbra a mirar hacia el piso como si estuvieran buscando algo, o tiene la mirada hacia algo que casi pueden tocarlo con los ojos, es extraño, pero es así, al menos para mí cuando voy rumbo hacia mi centro laboral.

Trabajo de día en un almacén gigantesco en donde diariamente llegan camiones y traileres a dejar toneladas mercaderías y de containeres. Soy el portero de la mañana, aunque hay veces laboro de noche. La vigilia me agrada porque puedo cabecear un poquito mientras me pongo a escuchar música que sale de mi pequeño radio portable. Trabajo junto a cinco perros negros de razas desconocidas. También hay uno que otro bicho que gusta picar la comida de los perros y la mía. Es una rata, bastante graciosa e inteligente. Cuentan de ella que hace mucho que está viviendo en el almacén, que tiene cría y que es bien pillo. Han probado de todo para matarla sin conseguirlo. Incluso trajeron a gente de otro país pero igual, todos quedaron sorprendidos por este roedor… Con el tiempo le tuvimos respeto; era verdad que era una rata ladrona pero, no era desmesurada como otras que he conocido a lo largo de mi vida en donde en mi propia cara salen a pasear y hasta se ponen a chillar, eso, sí que es provocador. Por esa razón fui el único portero que le daba atención y cuidado especial. A los perros, al igual que a la rata y su comunidad, les daba su alimentación. Es bueno que los bichos que a uno le rodean se encuentren contentos, y ya que no tengo parentela, ellos llegaron a ser eso, es decir, mi única familia. Cuando llegaba parecían estar esperándome. Los perros movían la cola y sus ojos parecían alumbrarme toda la cara, y el bicho salía hasta llegar a mi silla, mirándome a mí y a mi aposento. Es bonito llegar a un lugar y sentirse querido, extrañado, esperado, tal como veía en las casas de las demás personas, aunque en mi caso no había peleas, yo era el varón de la casa, sí señor, siempre que llegaba, el silencio y el respeto eran acogedor y sólido…

Todo iba normal hasta que una noche vino el dueño del taller para comunicarnos que este mes era el último para mí. Le pregunté el por qué, y este hombre, que no era malo ni bueno, era normal como todos los que miraban por la calle hacia abajo, pero sí bastante fácil de convencer, no respondió, pero mientras se iba parecía querer decirme que ni él lo sabía, pero que lo lamentaba mucho, mucho, mucho…. Mas tarde, con ayuda del personal de día me enteré que habían vendido el almacén a una constructora. Lo entendí y al día siguiente, pedí mi renuncia. Me pagaron hasta el último centavo, me abrazaron todos los compañeros de más de treinta años de labores, y cuando estaba por salir recordé a mis perros y mi rata… Muy despacio, sin que nadie se diera cuenta, fui caminando como un gato hacia el viejo almacén. Entré y vi a los perros que parecían ya saber nuestro destino porque no movieron la cola y sus ojos estaban así como los de la gente que me cruzaba cuando venía al trabajo. No sé por qué los abracé a uno por uno, como por última vez, luego, saqué un gran pedazo de queso podrido y lo puse cerca de donde habitaba mi rata… Ya estaba saliendo del almacén cuando, pegado al borde de la puerta, vi a mi rata, parecía estar esperándome. Le pregunté lo qué quería. Y este bicho se me acercó hasta rozar su piquito en mi zapato, como rogándome querer irse conmigo. Le dije que no, pero, si se pasaba por allí, me sentiría muy feliz de volvernos a encontrar. Me le acerqué y le pasé unas palmaditas sobre si mofletudo y apestoso húmedo cuerpillo. No me daba asco, no, era algo diferente, mas fuerte que mis sentidos. Lo cogí en mis manos y me lo puse cerca de mis ojos y sus ojos parecían querer llorar, sentí como sus bigotes se movían como la cola de mis perros cuando llegaba al almacén. Nos quedamos así un instante y sentí que muy pronto volveríamos a vernos…

Han pasado más de diez años y no he vuelto a ver a mis perros ni a la rata. Es mas, en el antiguo local en donde trabajé está orlada por un muro de color naranja, llena de alambres y vidrios partidos en su sima. Pedí entrar a un viejo portero y para mi suerte me dejó entrar. Y mientras este señor me hablaba desde la caseta de control, sentí una fuerza que me arrastraba hacia el antiguo galpón en donde había trabajado durante tantos años. Recordé a mis perros y a la rata. Pero cuando entré vi que todo había cambiado. Mi pesadilla se había vuelto realidad. Era imposible que los animales vivieran tanto tiempo, pero uno siempre tiene la esperanza de que su familia viva para siempre y no es verdad. Todo aquel lugar era una especie de edificios en donde habitaban familias y familias, también habían perros, niños, gatos, avecillas, árboles… Todo era diferente. Lo extraño de todo era que sus miradas eran como la gente que miraba como tratando de coger algo que no se podía tocar ni ver. Ya estaba por irme cuando este tipo, el guardián de la caseta, me dijo si tenía trabajo. Le dije que no, que no hacía nada más que vivir con mi pequeña jubilación. Me dijo que el dueño de este lugar buscaba a un guarda de noche. Me dio el teléfono y se fue. No perdí más tiempo y lo llamé. Me aceptaron, y desde aquel día he vuelto al mismo puesto pero ahora tengo una televisión, una radio y otros perros, mas mansitos, pero lindos perros, sobre todo cuando llego por la noche y me miran a los ojos como si llevaran linternas en los suyos, moviendo la cola sin parar, lamiéndome la cara y las manos como si fuera un manjar, es lindo volver a una familia, tener alguien que lo espera y le mira con tanto respeto y afecto… A mi rata no la he vuelto a ver jamás, pero sí he visto a uno que otro bicho que me miran a lo lejos, como preguntándose si soy el mismo u otra persona. Dentro de mí sabía que deseaban un poco de amistad. Le puse un poco de queso podrido y desde aquella noche me hice su amigo. Lo extraño es que, esta vez eran muchos, es decir, muchas ratas que me miran con sus largos bigotes, sus narices que parecen un lunar mojado y esos ojillos que son como pelotitas negras a punto de salírseles de la cara… Sí, en verdad he vuelto a sentirme tranquilo mientras escucho la radio o veo la televisión junto a mis perros y ratas que parecen tener los mismos gustos que yo, al menos por las noches…

Los días pasan, las noches también, y yo y mis bichos y todos los que estamos en este lugar, también pasaremos. Y hoy, que estoy escribiendo esta historia, me pregunto, hasta cuándo la gente mirará hacia el piso o mirara tratando de coger con los ojos aquello que no existe. Es como caminar entre sonámbulos, que no saben apreciar lo poco a mucho que tienen a su alrededor…

San isidro, junio del 2006

Thursday, June 22, 2006

Monstruo

El agotamiento de ser un creador es infinito, no puede terminarse, sobre todo si se está cansado. Me recuesto, cierro los ojos, y puedo ver con los ojos cerrados... aunque lo que se presenta ante mi negro universo es un ser extraño, hermoso y terrible que no cesa de mirarme mientras le observo tras mis ojos ciegos a pesar de un gran agotamiento, de una noche en que no he soltado a la deriva mi conciencia…

Sería mas allá del ensueño cuando, en ese espacio en donde antes de entrar a los sueños se siente uno deslizándose por la casa del terror, con imágenes que aún no existen mas que en nosotros mismos… cuando vi a un ser de color morado, enroscado en si mismo, cubierto por una piel llena de pelos brillantes y sedosos, mostrando pliegues de mucha grasa, descansando en la forma de un monte, y por ello no pude ver sus facciones, pero en aquel instante pude advertir sus muchas extremidades que parecen no tener dependencia con aquel monstruo de piel brillante, pues son como sierpes, delicadas lombrices de la misma piel que se mueven como los rizos de una enorme cabeza bajo el agua… y esta bestia tiene en la punta de cada extremidad un rostro de ojos brillantes, pequeños, una nariz embreada, un hoyo en el centro de esa carilla que hace notar sus fauces, mostrando delicados dientes en forma de púas. Advierten mi presencia como un cáncer en el cuerpo, algo sucio y terrible… Me le acerco y esta bestia se para ante mí, y veo que es inmenso mientras todas sus sierpes parecen tocarme, morderme con dulzura y sensualidad, pero no pueden pues chocan contra el vidrio de mi inconciencia… Me alegro ante esto y le hago una pregunta con mis pensamientos: Temo que soy parte de ti, que eres mi demonio, mi ángel negro del dolor... El monstruo se comienza a alejar de mi conciencia como las olas en la arena de la mar. Le ruego que no se valla, pero no escucha, mientras sus sierpes que al fin descubro que son sus hijos, que como hienas, hermafroditas, me observan y se burlan sin piedad. Me arden sus filosas risas pues las siento como parte de mi ser, de mis visiones, creación de un artista…

Abro los ojos un instante y noto que mi cuerpo está lleno de picaduras. Las observo mejor y noto que he tenido una verdadera pesadilla. Me levanto y llamo a un doctor. Y cuando viene le cuento mi sueño con el monstruo. Me escucha, me mira. Le siento lejos, muy lejos casi en la otra orilla de la vida y la muerte. Le digo que no deseo verle más. Le pago y este se va, y mientas se aleja, un aliento precioso me dice una gran verdad, que no hay mas que alientos en mi constante cambio por la vida, que es mi bastón, mi único amigo…

Camino hacia la ventana de mi cuarto y recuerdo aquel ser. Cojo un papel y empiezo a dibujarle, y cuado termino, noto que sus sierpes, lentamente empiezan a bailar para mí como las ghopis ante Krishna… Cuelgo el dibujo en la pared. Le pongo un nombre, y luego, salgo a la calle, y mientras camino me parece ver en cada persona las sierpes de mis suenos, con sus rostros burlándose de mí, como el monstruo recogido en mi mundo interior…

Los ruidos de la calle no cesan, les pido un minuto de silencio, parándome en la pista, arrodillándome y clamando a los cielos que se abra el mundo del ensueño para mí, que entre y coja todos los secretos de la vida, de la muerte, del dolor, de los sueños de todos, de esos que pueden hacerme entrar a un sanatorio para no salir jamás… Ya es tarde, nadie se percata de mi presencia, de mis gritos, y siento que mi cama me llama. Me levanto y corro hacia mi casa, hacia mi cama, y me zambullo en ella bajo las olas de mi aliento, cierro los ojos y me pierdo lejos, cuando veo el cuerpo escarlata de un ser que no cesa de mostrarme todos sus ojos atados en cada una de sus extremidades…. Me miro en un espejo irreal y veo que mis cabellos empiezan a flotar como si estuviera dentro de un estanque. Me siento especial, pero continúo caminando, escribiendo, cerrando mi conciencia para ver más de cerca, la telaraña de los sueños…



San isidro, junio del 2006

Wednesday, June 21, 2006

¡Rebelión de palabras!

Acababa de terminar de leer un cuento maravilloso cuando me fijé en la hora y ya era demasiado tarde para escribirte. Sentí pena, pero, aun así, quise escribir un texto, cualquiera que sea, aunque en el fondo no tenga nada que contar ni qué decir… aunque lo único importante sea decirte que te quiero, y mucho… Nuestras vidas yacen distanciadas por el espacio, y atadas a nuestras letras que es lo mas hermoso y terrible que sale de nosotros. Me pregunto cómo serás, si eres realmente como te imagino, y disculpa que te tutee, pero lo hago en forma amigable, como un hermano, como lo que somos… amantes de la vida. Seguro que estarás sorprendido de esta carta que no me atrevía a dártela, pero esta es, y es que, me agrada escribirte y decirte que te quiero, y creo que eso es lo más importante que decir… el recordarse que se tiene un lazo y que no está roto, mas que una sola cosa, un sentimiento, un poema escrito en un punto.

Ya despierto, y con la luz de un nuevo día me presto a escribir acerca de lo que mas amo, y eso es lo que tengo dentro de mí, como si fuera gestadora de alegrías, un cántaro que guarda la lluvia de los cielos para aquellos que tienen sed, esa sed que causa el mar de la mediocridad. Amo la vida, y espero que mi carne vuelva a ser polvo, que venga la dama oscura y me arranque este disfraz y vuele lejos, hacia ti, hacia el amor que da calidez y abrigo ante todo lo que se acaba… Es seguro que en mis pasos deje huellas, de esas que son garrapatos, que cuentan cuentos, para unos cuantos, y para ese corazón que busca su nido, su arroyo en donde saciar su larga sed de paz y tranquilidad… Vivo para eso, para escribirte día y noche por qué no, si la vida es un poema lindo, corto, alegre y triste como todo lado bueno y malo. Y mi vida es así de despierta pues no desea volver atrás en donde la sal de mi sombra me espera con las argollas de la duda… No, no deseo esperar a que la vida caiga como lluvia, anhelo siempre jugar a su regazo, como un tortolín, como un beso de una novia que permuta de rostro como el camaleón… Soy solo eso, un pedazo de polvo animado, que gusta mover sus sueños y poemas en busca de ser una sombra que pesa y hace un hoyo al infinito. Sí, eso soy en esta mañana de un día cualquiera en donde mis líneas son largas y sin final, como ese político que inmenso, miente a multitudes con palabras llenas de sangre negra que arranca los sueños de quienes creen en mentiras y sueños hechos una voz, cuando la verdad está bajo su conciencia, esperando su vuelta atrás, adentro, siempre cerca para que no escuche mas que una voz, una sola, la de este poema que no termino de escribir mientras la mañana me aplasta como una pared de ensueños…

Saldré como diariamente, y miraré a mi madre, padre, hermanos, a todos y les diré que soy feliz una vez mas, porque me da la gana de serlo a pesar que el dolor hierve en mis entrañas, y el mundo gira contra el tiempo, chupando todas las sangres de los que aun se animan a voltearse y sentir un poco los ojos de un niño, un siervo, un poema, un canto que fluye del corazón… Algo así haré esta mañana en que la vida me arrastra como esos colegiales en su primer día de clase, llorando ante los pies de su madre, rogando por no romper el cristal de la fantasía, pero, es así, saldré y seré feliz a pesar de esta mañana en que no ceso de mentirle al mundo que lloro a pesar que soy tan feliz…

San isidro, junio del 2006

Monday, June 19, 2006

El hombrecillo

Era un tipo bajito, de mediana edad y solitario, y siempre, como pocos, con una mirada clara, amigable, con una sonrisa tímida y alegre, que inspiraba a otros hombres a no dejar de sentir que muy dentro de ellos, todos somos niños… Una tarde, me le acerqué y le vi sentado en una banca, con un cuadernillo en las manos, escribiendo algo que, parecía, ser una especie de confesión, o comunión... Cuando se percató de mi presencia, dejó de escribir, y, con su sencilla sonrisa, me invitó a sentarme junto a él. Me extendió la mano y me dio su nombre; yo le di el mío, y luego calló. Continuó escribiendo en su especial cuadernillo de color azul como si estuviera totalmente extasiado. Me sentí incómodo y me dispuse a retirarme cuando detuvo su quehacer y dijo que tenía algo para mí. Me sentí extrañado porque jamás, antes, le había hablado. Le he escrito un cuento... ¿Desea que se lo lea? Sonreí, crucé mis brazos y le dije que sí, que con mucho gusto. Fue hermoso lo que contaba, aunque no logré entenderle nada pues hablaba bajito, casi como si leyera para él. Le iba a decir que alzara la voz un poco que no le escuchaba pero, de pronto, sentí como si de su voz saliera como un aroma, un perfume que me inundaba de paz, de mucho sosiego, era como si una ola, una nube me hubiera besado... Cuando terminó, aun quedé prendado de lo que había sentido. Este hombrecito me dijo si me había gustado. Le dije que mas que eso. Gracias, muchas gracias, me dijo... Se levantó de la banca, arrancó la hojita de su cuadernillo, lo dobló en dos, y, me lo ofreció como si fuera un ser vivo, como un ave a punto de despegar... Lo cogí medio anonadado. Le agradecí, y le vi caminar en medio del parque vacío mientras saludaba a los árboles, a las aves, al aire. Luego, creí que debía reposar y me senté. Desdoblé la hoja en mis manos y me dispuse a leerlo... pero, la hojita, estaba totalmente garabateada con rayas y dibujitos y una firma con, creí, su pseudónimo. La iba a echar, pero no lo hice. La guardé, y aun hasta el día de hoy la guardo en mi billetera, porque, cada vez que deseo sentir ese sosiego, la abro, y siempre, siempre, siento esa paz preciosa, ese aire que limpia y alivia mi existencia... Al hombrecito no volví a verle. Fui, casi diariamente, a encontrarme con él, hasta que una indigente me contó que el singular hombrecillo había fallecido hacía unos meses de un ataque al corazón, justo el día en que me le había acercado, dijo, además, que lo hallaron abrazado a un viejo y reseco árbol con un cuadernillo en las manos... Le iba a preguntar por el cuadernillo, pero ya el vagabundo se había alejado de mi presencia. Desde aquel día, me pareció verle y sentirle por todo el parque, me pareció que aún paseaba y escribía por las calles. Fue entonces que empecé a escribir. Quizá fue ese legado, esa vivencia lo que me hizo escribir historias increíbles y este relato que mientras lo garrapateo siento que no soy yo el que lo hace sino el extraño hombrecillo que me parece escucharle y verle reír dentro de mí, como quien escucha una flauta mágica y llena de bondad para quien lo puede escuchar, y, en este caso, leer...


San isidro, junio del 2006

Sunday, June 18, 2006

Alguien toca el timbre de la casa

De un lado hacia otro... Me paraba, sentaba. Prendía la televisión, la apagaba. Ponía un cd y lo veía hasta la mitad. Era uno de esos días en que no sabes lo que quieres y si no me hubiera pasado lo que me pasó no sé que hubiera ocurrido conmigo un domingo como hoy...

Resulta que tocaron la puerta y cuando salí no había nadie... Un fastidioso, pensé. Pero, esa curiosidad por saber quién era el que me fastidiaba me puso a pensar, y pensé durante toda la tarde en quién podría haber sido. Imaginé que era los hijos de mi vecino, el que tiene mas de doce años y le gusta matar a los perros de la calle, envenenándolos, o coger esos gatos y enjaularlos para juntarlos con perros y ver peleas hasta que uno de ellos quede; pero, en verdad eso era raro, a pesar que era un chico raro; su padre era militar y su madre trabajaba en un Banco y salía con su jefe, eso lo sé porque en todo el barrio se sabía, sobre todo cuando llegaba un auto todo de lujo y ella bajaba con la cara pálida... pero no lo creía. O, podría ser esos indigentes que diariamente les gusta tocar la puerta para pedirme dinero o comida, pero, por qué no se habrían quedado en la puerta... O, de repente sería un alma perdida, una piedra caída del cielo y que cayó justito en el timbre de mi casa, un pajarito que quiso descansar en un lugar y se posó en el timbre de la puerta, o un cartero que se equivocó a última hora y se fue a otro lado por error... Tuve que coger un pedazo de papel y escribir todas las posibilidades de la persona que había tocado el timbre de la casa. Creo que estuve en esa situación por cerca de cinco horas, tan solo interrumpida cuando sonaba el teléfono de la telefónica avisando que ya estaba cerca del corte total de la línea por falta de pago, y, también, mi hermana menor que quería invitarme a irnos al campo con toda su familia, al mismo tiempo que me avisaba que la próxima semana era el bautismos de su hija menor. Pero yo, aun seguía escribiendo las posibilidades hasta que nuevamente sonó el timbre de la casa. Dejé de escribir y antes de abrir la puerta, me asomé por la ventana para ver a la persona, y vi que era un señor que llevaba un caja medianamente grande. Fui hacia la puerta y la abrí. Le pregunté lo que deseaba, y este señor me dijo si yo me llamaba fulano de tal. Era mi nombre pero le dije que "este señor" había salido hacía más de un año de la casa y que yo, su amigo, me había quedado para cuidarla y recibir todos sus encargos. Si usted gusta puede dejarme el encargo, le dije. Oh no, me dijo, ud. no es fulano de tal, no es cierto, me dijo. Volví a repetir lo mismo, y luego, este señor me dijo que era vendedor y que deseaba hacer una demostración de una aspiradora-lustradora-enceradora. Le dije que estaba muy ocupado, pero este insistió, e insistió tanto que me convenció para encerar la casa, al menos la parte de abajo. Cuando entró noté que era un tipo bastante grande, vestía un traje barato pero, no le quedaba muy mal... Olía a cebo, y eso quería decir que había caminado durante horas y horas. Mientras aspiraba la salita de entrada ya se había quitado su saco y en verdad, me sorprendió su cuerpo, estaba lleno de pelos, tanto como un gorila, hasta tenía cara de mono. Será un hijo de hombre con mono, pensé. Yo me fui hacia mi mesa de trabajo y continué mi escrito acerca de todas las otras posibilidades acerca de la persona que había tocado la puerta de mi casa y no había aparecido en la puerta nadie. Antes de empezar a escribir le pregunté al gorila si había tocado la puerta unas horas antes. Me dijo que no, y yo continué mi extraño pasatiempo mientras el tipo hablaba y hablaba al mismo tiempo que ya estaba encerando la salita de casa... Creo que ya había pasado cerca de una hora cuando terminó. Le pregunté si ya había acabado. Me miró, me volvió a preguntar si yo no era fulano de tal, le dije que no, y este empezó a guardar todos sus materiales, me pidió un poco de agua, se la di. Se puso su saco de lana color café, su sombrero que era del mismo color y se sentó frente a mí. Le dije que estaba por salir de la casa, y este me dijo que ya se iba a ir. Un momento, por favor, hace mucho calor, y, aun, tengo que trabajar un poco más; esta es mi última máquina, ¿no es una maravilla?, me dijo. Le dije que sí, pero yo no podía comprarla, no era mi casa. Oh, claro, claro, respondió. De pronto, sonó el teléfono. Ambos lo miramos. Como estaba cerca a su mano, lo cogió, y habló. Me puse a sudar, y, no sabía por qué. Podría haber sido mi hermana, mi madre, mi sobrina, mi amigo, podría haber sido tantas personas, y este tipo estaba con el fono en la oreja mientras me miraba y yo continuaba sudando a chorros. Luego, colgó. Le pregunté quién había hablado. Me dijo que era para fulano de tal. ¿Y, qué dijo?, pregunté. Es ud. fulano de tal. No, no lo soy, respondí. Me miró y cogiendo su aparato salió de la casa, se sacó el sombrero y cerró la puerta... Volví a mi mesa y cuando iba a continuar trabajando, sonó nuevamente el timbre de la casa. Esta vez no quise abrir. Me tapé los oídos y no volví a escuchar más el timbre de la casa...




San isidro, junio del 2006

Tuesday, May 30, 2006

Inmortal herido

Me iban a cortar las piernas, estaba en medio de la guerra y el enfermero junto al doctor hablaron que después de tomar un café me las cortarían... Les vi alejarse y levanté la cabeza con gran dolor, hacía un calor infernal, sudaba por todo el cuerpo, y por las piernas sangraba. Me levanté con todas las fuerzas que pude y salí arrastrándome hacia afuera, en donde aún se escuchaba el filo mortal de las balas de nosotros y de nuestros enemigos. Llegué junto a un muchacho que estaba pegado a la tierra, tenía su arma y disparaba una y otra vez, como esas películas que veía en la tele. Me paré con todo el dolor y le dije al muchacho en dónde estaban los enemigos. Este me miró y dijo que me agachase... No le hice caso y me arrastré hasta salir de nuestro escondite. Vi un caballo hermoso, mirándome, esperándome, y fui a montarlo. Ya en el bello animal, miré a los enemigos y me lancé hacia ellos. Cerré los ojos, abrí los brazos y esperé a que todas las balas apagaran el dolor que tenía en las piernas... Fue hermoso cabalgar en medio de las balas en aquella hermosa tarde de sol, campo arenado, y todos los ojos abiertos, sorprendidos, de la gente que peleaba, hasta que una bala atravesó mi pecho y caí junto al caballo, no sentí nada, mientras el caballo seguía corriendo hasta llegar a la banda rival. Me cogieron y ya agonizando me escupieron y dijeron que estaba loco. Les pedí que me mataran, y ellos rieron, luego, ya sin dolor ni nada, me cortaron las piernas, me las mostraron y me enchufaron un balazo en la cabeza... Dicen que morí, dicen eso, pero no lo recuerdo ni deseo saber nada de ello, mientras siento que aún corro sobre el bello animal sin detenernos ante nada, viajando hacia el sol, sobre un campo celestial… Es bello viajar hacia el sol, es como deshacerse en dicha total...

San isidro, mayo del 2006

Sunday, May 21, 2006

Un domingo por la tarde

Estaba sentado en la silla de la cocina. Ya todos en la familia habían terminado de comer. Ya todos estaban descansando, ya sea mirando la TV, o sentados en la Web. Tenía un libro en sus manos. Lo había robado de la Biblioteca del colegio. Lo abrió y empezó a leerlo. Trataba de un muchacho de quince años que gusta observar todo echado en su cama, pues es semi-parapléjico. Ve la tele, y gusta leer en demasía. También gusta de escribir con su mano izquierda, y dibuja también. Continúa leyendo el libro, y se pasa hasta las últimas páginas, y ve que el muchacho ha comenzado a caminar y escribe y hace un viaje al viejo continente buscando algo mas en la vida... Cierra el libro y siente que el autor es un soñador, relleno de fantasía y gusta mentirse y mentir a los demás. Se para y camina hacia la ventana de su casa, le gusta observar a través de las ventanas. Voltéa y ve las escaleras de su casa que van hasta el tercer piso. Sube las escaleras y va hacia la ventana mas grande del tercer piso. Siente que desea saltar. Siente que todo es aburrido como las moscas que se pasean por los platos vacíos del almuerzo. ¿Y si salto?, piensa. Su cuerpo empieza a sudar, luego, siente escalofríos. De pronto escucha la voz de su madre diciéndole que no se olvide de ir a la Iglesia por la noche. Ya mamá, responde. ¿Y si salto?, vuelve a pensar. Su hermano menor se le acerca y lo ve parado en el borde de la ventana grande del tercer piso y piensa en jugar, en asustarle. Se le acerca con pasos de tigre, sin respirar. Ya casi a su lado, lo empuja suavemente y ve que su hermano se deja llevar por sus brazos y cae, cae... como un fantasma, un trozo de papel, hasta llegar al piso, rompiéndose el cráneo como una calabaza, abriéndose el pecho como una bolsa de papel... Ya agonizando, el muchacho vuelve a pensar: ¿Y ahora… adónde iré?... Era un domingo por la tarde cuando un muchacho de quince años agoniza con una inusual sonrisa en los labios, chorreándole sangre por todas partes como pinceladas del artista de la muerte, dejándole el cuerpo como un muñeco dislocado, tirado sobre una vieja vereda, ante los sórdidos gritos de todo el vecindario, en un día extraño, y, a la vez, precioso, pero, inusualmente aburrido...

San isidro, mayo de 2006

Thursday, May 11, 2006

Ladrón de papel

Fue a la librería más nutrida de la ciudad y vio toda una selva de libros besando todas las paredes del local. Se excitó, no lo pudo soportar y cogió el primer libro que estuvo a su alcance. Le pasó sus dedos por el lomo del libro, luego, lo abrió y empezó a oler la celulosa de las páginas. Revisó el tipo de letra. Miró la cantidad de páginas que tenía. Leyó el nombre del autor, la fecha de su nacimiento y su muerte. ¡Dios!, se dijo. Aún vive..., pensó. Lo cerró y lo dejó en su lugar como si hubiese perturbado un instante de ajena intimidad. Se acercó a uno de los libreros y preguntó por obras de autores del siglo XIX. Cómo no señor, sígame por favor, le dijo el joven vendedor. Lo llevó a uno de los espacios que estaban en el sub-nivel del local. ¿Algún autor en especial, señor?. Todos, los quiero a todos..., respondió. El joven librero sintió como un sinsabor al ver a este señor vestido con simpleza pero con los ojos puestos en los libros como si fuera un cazador de bestias salvajes, o, en este caso, de muertos vivos... Como no, señor, lo dejo a solas... y, me llama cuando me necesite. El joven se dio media vuelta y subió al segundo piso en donde entraban nuevos clientes en busca de algún libro de moda, de esos que se venden por moda, snob, y, que quizá, nadie lo lea... Nuestro personaje sintió que estaba solo y ya frente a los libros del siglo XIX se sintió más excitado que nunca. Cogió uno de ellos. Lo abrió. Era de Conrad, editada y traducida al español en el año de 2006. Olió las tapas, rozó sus dedos sobre las hojas escritas de papel y sonrió de alegría. Son míos, se dijo. Abrió su bolsa de libros y los llenó con más de una veintena de libros. Miró la salida de la librería. Vio que estaba llena de gente y, sin pensarlo, salió raudo hacia la salida. No bien cruzó la puerta, todas las alarmas del local empezaron a sonar. Más esto no lo detuvo y corrió rumbo hacia la oscuridad de la noche. Dos hombres de seguridad de la librería empezaron a seguirle. Nuestro hombre llegó a la esquina y paró un taxi. Lléveme lejos de aquí, le dijo. El auto partió con los chicos de seguridad arañando las ventanas del auto... ¿Qué ha hecho señor?, le dijo el taxista. Nada, nada, no se preocupe, dijo nuestro hombre. Por favor, lléveme a la librería de la zona norte, inmediatamente... Y mientras viajaba, miraba los libros que tenía en sus manos. Míos, míos, nuevamente míos, pensó nuestro extraño personaje. Señor taxista, dijo, por favor, espéreme unos minutos en este mismo lugar, le pago por adelantado... espéreme que no demoro ¿sí? Como no señor, respondió. Sucedió lo mismo. Tras los pasos de nuestro personaje venían tres chicos corriendo, sin lograr alcanzarlo. Ya lejos del lugar, le pidió al taxista que lo llevara a su domicilio. Ya en su casa, abrió la puerta y dejó todo su botín sobre una mesa llena de libros... Prendió una hoguera que tenía en el fondo de su casa y comenzó a quemar todos los libros que estaban tirados por todo el piso de su casa, uno por uno, hasta que no quedó ni uno, salvo los libros que había robado y que estaban sobre la mesa. Durante toda la noche la pasó leyéndolos. Llegó el día y continuó, tan solo se detuvo para comer un poco. Luego, siguió para adelante. Todo se prolongó así hasta cerca de dos semanas en donde ya había terminado de leer todos los libros que tenía sobre la mesa... Se cambió y fue a buscar trabajo, pues, no tenía un centavo para vivir ni comer. Encontró uno y trabajó por un par de meses. Luego de cobrar, renunció... Aquella tarde, miró todos los libros que había robado, los puso sobre la mesa, encendió la fogata de su casa y salió a otra librería, una en que no lo recordaran demasiado... Se disfrazó de mujer y salió a la calle. Tomó un taxi y se dirigió hacia la librería más importante de la ciudad...

San isidro, mayo de 2006

Wednesday, May 10, 2006

a la media noche

Uno si está vivo, o tiene cualquier tipo de problemas, siente que tiene algo que decir... Es gracioso ver cómo cada escritor de cierto prestigio ganado, merecidamente o no, dice o cuenta la misma cosa. La otra vez leí un comentario en el periódico de mi ciudad en donde un escritor, ganador de un premio importante, decía o repetía las mismas frases que grandes autores dijeron en su momento, como por ejemplo: "era una idea que no me dejaba dormir hasta que me puse a escribirla", o "diariamente escribo por la mañana", o, "nunca veo quien ha ganado el novel", etc. Es gracioso pues lo he escuchado, leído en muchas oportunidades, es mas, cuando me hicieron una entrevista unos niños de nueve años, yo, respondí de la misma manera, eso lo hice porque lo había leído en un texto de entrevista que le hicieron a Boch, Carver, Calvino, Faulkner, Nabokov, etc... Hay veces en que me pregunto sino escribo para saber si soy bueno en ello. Cuando eso sucede me tengo que poner a escribir para no enloquecer... Creo conocer pocos escritores que, aparte de ser reconocidos, tienen una importante figuración en los ámbitos intelectuales. Tengo un amigo que es un escritor reconocido de más de ochenta años, y que cada cierto fin de semana me invitaba a escucharle en su casa los textos inéditos que guarda tan solo para sus amigos. Fue gracioso, pues, las nueve veces en que he acudido a su domicilio, siempre declamaba los mismos textos. Nunca le dije nada, pues, además de leer sus letras este octogenario, le gustaba escucharme declamar mis textos... Tuve que dejar de verle porque no me gustaba participar en un lugar que me hacía sentir como una oveja que sigue al pastor. Por otro lado, me he dado cuenta, si es que muchos no lo han hecho ya, que escribir en la Web es algo extraño, como mendigar sentimientos... Si llega un comentario, uno se siente alegre, por malo o bueno que sea, pero si no llega nada, uno siente que está perdiendo el tiempo y que no hay nadie que valore sus textos... En ese lugar me encontraba hasta que hace poco me di cuenta que esto de escribir es como meditar, o concentrarme, o identificarme con aquel individuo que está dentro de mí. Me ayuda mucho, bastante. Me hace bien, como sentirme menos solo de lo que estoy. Es bueno escribir, es como mirarse al espejo y ver que hay belleza, sentimiento, integridad, sinceridad, valores que a uno lo integran en un todo bonito, un universo antiséptico a todo, pero, divertido y nutritivo para el alma que anhela expresarse... pues las letras es un canto que el alma celebra.

A la media noche vi que la luna iluminaba la vereda de la puerta de mi casa. Un sonido a los lejos avisaba que aún existía gente anhelante de vivir íntegramente. A la media noche he descubierto que escribir es una manera de vivir. No todo es así, sobre todo cuando a la media noche el silencio se vuelve como un silbido que llena de paz el aire que respiro. A la media noche los pasos de las sombras hacen su estadía en absoluta tranquilidad mientras los autos ruedan rumbo a sus casas o destinos. A la media noche veo a mi perro durmiendo a mi lado mientras una cucaracha trata de salvar su vida por las paredes de mi cuarto, por supuesto que no lo logrará ya que mi mano y un pedazo de papel han puesto su firma de muerte en un lugar de la pared. A la media noche el sueño tiende su frazada y hace un espacio a mi cuerpo mientras aún mis dedos teclean esta máquina de escribir una y otra vez hasta que mis párpados empiecen a colgarse de mis ojos como si fueran bolsas de arena...

San isidro, mayo del 2006

Saturday, May 06, 2006

El camino de los ciegos

Tenía una cita con un oculista, todo fue a petición de mi madre que acababa de llegar de París con una montura de titanio para unos lentes progresivos que costaban una fortuna. Y bueno, fui al oculista por las razones mencionadas y en la puerta vi una cola de cinco personas, todos ellos eran ciegos, y todos usaban gafas negras, pero el hecho de verlos juntos con esa presencia de muertos vivos me hizo sentirme extraño, como fuera de este mundo... Me puse detrás de ellos como era la cola de entrada al consultorio del oculista cuando sentí que uno de ellos me preguntaba mi nombre. Se lo di con cierta inseguridad, y no lo entendí, porque, qué daño, que miedo tendría que tener por estos cieguitos, nada por supuesto, pero allí estaba, tras ellos y con mi nombre que parecían estárselos saboreando en sus silenciosas bocas... Luego, otro de los cinco me dijo si deseaba escucharlo. Callé, y no sé cómo, de mis labios salieron como temblorosas maripositas, una palabra: si. De pronto, todos ellos se tocaron las manos y el que me pidió escucharlo me dijo lo siguiente:

"Cuando entendí que toda mi familia querían ser felices, me puse a llorar, pues, ¿cómo diablos podría hacerlos felices si yo no lo era?... Eso fue lo que les dije y ellos me escupieron a la cara, y luego, me lanzaron a la calle para que les solucione sus problemas inmediatos como ropa, comida, dinero, etc... Quiero decir que yo era el sostén de mi familia compuesta por mi madre, padre, un hermano lisiado, mi esposa y un hijo pequeño. Salí a la calle y mientras me alejaba de ellos sentí que no debería volver a verlos nunca mas... Mis sueños se cumplieron porque no pasó un minuto cuando un auto se subió a la vereda en donde caminaba yo, y me atropelló como si fuera un juego de palitroques. Fue terrible, para ellos, pues, quedé ciego para el resto de mi vida. Cierto que estuve en coma por varios meses, pero cuando salí, y abrí los ojos, vi que todo estaba aún negro, mas negro que la noche... Era terrible, pero, no sé cómo, escuché, olí a toda mi familia alrededor mío, preocupados, asustados, llorando por su suerte, seguramente. Y así la pasé por meses hasta que me mandaron a mi casa y allí si fue terrible pues nadie deseaba ocuparse de mi, nadie, ni siquiera mi perro, nadie... Así que, después de estar en plena oscuridad por meses, en uno de esas decidí que debía salir de mi casa y no volver jamás, quería morirme, no ser una carga para nadie. Lo pensé por días y días hasta que sentí que en aquel momento debía salir y no volver. Me vestí como pude y, le diré algo increíble, pude desarrollar ver a la gente, pero no como algo de color, sino como si todo fuera en negativo, como si estuviera viendo un canal invertido, algo así... Salí a la calle y no necesité ver, nada de eso, sentía que estaba protegido por algo que me hacía ver el brillo de todas las cosas, su eco, su aroma todo... Y así fue como me fui a la calle, luego, a otra ciudad, otro pueblo, hasta llegar a otro país... Y en el camino encontré a estos chicos que usted ve aquí, que también llegaron al mismo lugar pero por diferentes caminos y formas. Unos nacieron ciegos, otros no... Podría seguir contando, pero, creo que ya ha sido suficiente... "

Le iba a preguntar el por qué me había confiado su historia, y él, como si escuchara mis pensamiento, me dijo que porque muy pronto llegaría al mismo camino, el camino de los ciegos... No se equivocó pues cuando apareció el oculista me dijo que en unos cuantos meses perdería la vista por completo. No sé por qué lo tomé con calma, era como si siempre lo había esperado. Y cuando salí a la calle, vi a los cinco ciegos esperándome. Les tomé de la mano y les seguí para siempre. Nunca mas volví a ver a mi familia, y a pesar que pude ver por algo más de un año, al final pude quedarme tan ciego como los cinco ciegos que estaban esperando su cola, en su camino de ciegos... No me quejo, tengo tiempo para hacer lo que mas he amado que era escuchar música clásica, es mas, tuve tiempo de aprender a tocar el piano que tenía uno de los cinco ciegos en una casa... Hay veces en que salgo a la calle solo, eso ocurrió cuando perdí el miedo a la muerte, cuando entendí que la muerte y la vida ya no importaban a uno que ya no cuenta para este mundo lleno de obligaciones y deseos por encontrar la felicidad, algo que, como después lo supe, estaba tras la cortina del fondo de mis ojos ciegos... Era un camino especial que, al igual a todos los caminos verdaderos, se abre cada vez más y más y más....

San isidro, mayo del 2006

Friday, May 05, 2006

¡No lo cuentes, escríbelo!

Me he puesto a pensar antes de sentarme sobre la máquina de escribir y me sentí tan sucio que me dieron ganas de bañarme muchas veces. Tuve tantas ganas de que mi vida se iniciara nuevamente, que todos los errores se diluyeran con la luz de un nuevo día, de eso tuve ganas que sucediera mientras miraba en la televisión porquerías que ensuciaban mi mente, mi torpe mente que no sé exactamente para que sirve, si pudiera ser dios seguro que me lo extirparía como una muela picada, o una uña, o la vesícula que nadie sabe para qué existe, quizá sólo dios, pero mejor dejarlo a dios tranquilo dentro de todos nosotros, pues donde estamos es muy lejos del corazón que es su verdadero hogar de residencia, o al menos su espacio en donde no se mancha de nosotros, seres llenos de migrañas y porquerías acumuladas desde que tenemos el aliento. Mejor dejo de pensar en cosas tan extrañas que lo único que provocan es pena, esa pena o conmiseración de la gente que me rodea o me lee, mejor pienso en todo lo que me ha pasado en el día que no es nada especial, una que otra variedad, errores, multas, aciertos, dinero, y ese tipo de cosas que lo entretienen a uno tan torpe como yo que anhela ser feliz en el lugar equivocado, es así, siempre erramos, y eso es bueno para los que no se equivocan, y eso mismo le alegra porque le da un bienestar a uno, al menos hay un sentido el ser pisado por otro mas suertudo que uno mismo, quién sabe, puede que dios, pero dios no sabe nada o sabe todo, o mas de lo que imagino, puede que esté sentado en la televisión mirando porquerías así como estuve un momento antes de sentarme a escribir de todo aquello que se me ocurría en mi mente que es tan torpe como un niño de medio año al sentarse a cenar con las manos, pues se pone la comida en el cachete, o en la oreja, o la bota en el piso pues ignora por donde entra la comida, así es como me sentía antes de sentarme a escribir sin pensar en nada mas que en lo que imagino, y eso que imagino es saludable, me hace remontar a un lugar en donde pueda ser feliz como dios, seguramente, y quizá mas, o un poco mas, pero dios no creo que sea feliz, pues dicen, o he escuchado de los curas en la iglesia cada domingo cuando iba a misa, con siete años de edad y al lado de mi tía pues deseaba que sea un buen cristiano, y que esté cerca de dios, pero eso no fue posible, era imposible, cómo iba a ser bueno a los ojos de dios si uno no hace mas que meter la pata una y otra vez, y ese dios ni siquiera se inmuta, o puede que sí, pues cada vez que hago, o cometo pecadillos al momento me siento cochino, o pesado, o culpable de ser tan sucio, y me viene todo un alud de mala suerte, por ejemplo, hoy, hoy me metieron una multa sentado en mi auto mientras leía la Biblia, y pensaba en dios sentado en una banca muy cómoda y en la sala de corazón, pues es allí de donde todos los que oran o le rezan dicen que mora, puede que sea así, puede, puede que sea cierto, pero yo no lo creo tan cierto... ¡Carambas! ¡Qué diablos he escrito! No me imagino qué he puesto, pero debe de haber sido algo muy original y loco, así como soy, o como me llaman las personas que viven o trabajan al lado mío. Es mejor continuar viviendo en esta casa para luego ir a mi trabajo, para luego ir y venir, como un yoyo, como un tonto que no sabe para qué está viviendo, aunque, pensándolo mejor, al menos un poco, para qué puede importar descubrí esa gran verdad si al final nada, uno no se lleva nada a la otra orilla, nada, puedes creerme... al menos eso lo he visto cuando vi a mis tíos muertos en su caja de madera, pude verles el rostro y parecían ser un pedazo mas de la caja de madera, eso era lo que parecía, cáscara de lo que fue un hermoso árbol, un bello ser humano, con sus cosas buenas y malas, pero con ese brillo, esa animosidad al verles, recordarles mientras el aliento de vida circulaba por cada uno de sus células, sí, eso era lo que pensaba cuando veía sus cuerpos sin vida, es decir, muertos, muertos como los trozo de madera que los cubrían… Es mejor dejar de escribir cosas sin sentido, pero, pensando un poco, qué tiene sentido en la vida si todos, cada uno de nosotros va a perder la guerra contra la eternidad, no seremos testigos mas que de nuestros recuerdos y sueños y anhelos, nada mas… Es una batalla sin sentido, quizá por ello es que recuerdo a los suicidas en este instante, quizá estén mas cuerdos que uno, o quién sabe, mas curiosos que millones de personas, quizá sean los Colones de nuevas tierras… nada mas.

San isidro, mayo del 2006

Thursday, May 04, 2006

Moscas

Sentando en la mesa, pensaba en la mosca que pasaba por mi plato de sopa. Cogí un matamoscas y la maté. Levanté el arma asesina y lo dejé sobre un lado de la silla. Volví a mirar mi plato de sopa y empecé a cenar. No bien estaba por la octava cucharada cuando mis ojos se volvieron hacia un lado de la mesa. Y allí, sobre el mantel había un trozo del cuerpo de una mosca. Me dio asco y dejé de tomar mi sopa. Cogí un secador de platos y empecé a limpiar el mantel, pero, la mancha, no se deshacía, mas bien crecía hasta tomar la forma de una manito. La miré mejor y, efectivamente, era una especie de estrella, rojinegra. Me dio más asco y saqué el mantel y lo eché a la bolsa de la ropa sucia. Luego, prendí la radio y me puse a escuchar un poco de música... y no sé cómo es que me quedé dormido, y soñé, y fue un sueño terrible, claro, era un sueño de moscas, miles de moscas nadando sobre un mar del color de mi plato de sopa, y todas ellas tenían la cara de demonios, de seres extraños, pero, sin embargo, no me decían nada... ellos seguían jugando en aquel mar del color de mi sopa. De pronto, vi que una de ellas salía del mar y con una toalla del color del mantel de mi mesa, empezó a secarse la cara, y era una cara horripilante, parecía una máscara... y en verdad era eso, una máscara, pues, al tiempo de secarse, se arranchaba su faz y quedaba el rostro de una mujer, luego, se arrancó todo el cuerpo, quedando una mujer desnuda... No lo podía creer, y, como estaba en estos tiempos sin novia, me le acerqué para jugar con ella, y cuando la estaba besando, desperté, y desperté con una mosca en mi boca... La escupí y fui hacia el baño a lavarme los dientes y la boca. Hasta vomité mientras recordaba el sabor de la lengua de la mosca de mi sueño. Casi enloquezco sino fuera porque tenía que irme a trabajar. Me bañé y salí a la calle hacia mi trabajo. Subí al bus y en una ventana vi otra mosca, parecía ser mas grande que la que matara la noche pasada, pero esta vez tan solo la miré tranquilo, sin desearle nada, y observé que trataba de cruzar la ventana del bus, impotente e ignorante de su falta de visión. Sonreí y me le acerqué y le abrí la ventana... La vi salir hacia la calle sin agradecerme siquiera, eso es lo que estuve pensando hasta que vi a una linda chica, mirándome a los ojos como si tuviera una mosca en la pupila de los ojos... Los cerré, y no los abrí hasta llegar a la bajada que me llevara a mi trabajo. Bajé del bus y noté que la chica bajó tras de mí. Apuré mis pasos y ella hizo lo mismo. Corrí y ella también. Me detuve y ella se detuvo. ¿Qué quieres?, pregunté. Sonrió y le miré a los ojos, y vi que en sus mismas pupilas parecían tener dos moscas tratando de escapar de aquel cristal... Me le acerqué con una sonrisa y con una destreza desconocida por mí, le arranqué los ojos... Pero, para mi extrañeza, no salió una sola mosca, tan solo escuché los gritos de la bella muchacha que lloraba gotas de sangre a través de las ventanas vacías de sus ojos...



San isidro, mayo de 2006

Monday, May 01, 2006

Mirón

Lo vi entrando en la casa de al costado. Era un conocido que no es lo mismo que un amigo, esas son palabras mayores, de esas que salen en los catecismos morales de una ciudad tercer mundista. Mis amigos pensaban que era gay, pero yo, una noche, mientras miraba televisión hasta pasadas la media noche le vi calato, con una cámara en la mano, en su cuarto lleno de luz y con las cortinas abiertas de par a par con una hermosa chica de cabellos dorados y un cuerpo bronceado y unos senos que parecían dos peritas en dulce color carne... y una piernas largas como sus cabellos pero tan entornadas y armoniosas como la guitarra de un criollo. Vi su vello que los volvía hacia mí, al menos eso me pareció, pues puso su vagina pegada a la ventana, abriendo sus piernas y mostrando algo tan bello como los labios de un ser del infierno y del cielo al mismo tiempo, luego, vi a mi vecino hacerla bailar como si fuera esas culebras de la india, aunque no tenía flauta, pero sí un equipo de música que sonaba suave pero dulce e intenso... Van a follar, pensé. Apagué las luces de mi cuarto, cerré las cortinas y me eché en mi cama con el pene más erecto que el Gibraltar, ya me iba a jalar la tripa cuando decidí irme a dar una baño de agua fría. Eso me aquietó, pero luego que me puse en la cama no dejé de soñar con culebras con la cara de mujer, luego soñé con mi vecino que como un perro se orinaba en cada esquina de su casa y luego se hacía la caca en su cama... era algo muy sucio, pero dicen que cuando uno sueña con caca, el dinero le está esperando. Desperté muy temprano y lo primero que hice fue ir a ver por la ventana, pero nada. Todo estaba tranquilo y cerrado. Salí de mi casa y cuando estaba por subir al autobús me encontré cara a cara con mi vecino. Qué buena te la echaste ayer, le dije. Pero este me miró y, sin decirme nada, se bajó del bus. Pensé que era más raro que yo, por lo que fui a la universidad y les conté a mis amigos todo cuanto había visto durante la noche... Para qué lo conté, pues por la noche ya tenía a media docena de amigos en mi cuarto, esperando la función. No hubo nada, mas bien vimos a uno que otro gato, pero a mi vecino no, ni su sombra. Mis amigos me llamaron mentiroso. Los eché de la casa. Luego, me eché en la cama y me dormí, soñando, sí, soñando nuevamente con la chica de la noche, pero esta vez, ella era una diosa llena de joyas en su cuello, piernas y brazos, pero totalmente desnuda, no sé por qué me dieron ganas de tocarla, y cuando lo hice, la chica se transformó en caca, un trozazo de caca... Desperté. Y con esos trastornos salí a pasear por el resto de la noche. De pronto, vi a mi vecino paseándose al igual que yo. Hola, le dije. Alzó la mano y vi que tras de él estaba la misma chica que viera en aquella mágica y sensual noche. Ya estaba por irme cuando mi vecino me llamó. Me le acerqué y él me preguntó si deseaba hacer una filmación con su amiga. ¿De qué tipo? Le pregunté. Se rieron, y luego, se pararon y me dijeron que yo, ya lo imaginaba. Les seguí y entramos a su casa. De pronto, escuché la misma música, y ella empezó a bailar mientras se desnudaba, mi vecino también. No supe qué hacer cuando ella se acercó, arrancándome con sus dientes toda mi ropa... Bueno, fue el cielo, infierno, no lo recuerdo, pero cuando desperté, estaba echado en la puerta de casa de mi vecino. Me han drogado estos malditos, pensé. Me levanté y fui hacia mi casa, aún estaba oscuro... Entré y fui directo a dormir, estaba agotado, pensando en el sueño que tendría, pero, esta vez, extrañamente no soñé nada, nada de nada...

San isidro, mayo del 2006