es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Friday, February 23, 2007
Franco y Sincero
San isidro, febrero del 2007
Tuesday, February 13, 2007
Una mañana fría y deliciosa
Ya en la acerca, busqué un auto que me llevara a mi centro de trabajo. Vi el auto y alce la mano para que este se detuviera. No se detuvo, siguió raudo. Me llamó la atención y me pregunté si todo esto no era más que un sueño, o aún no despertaba. Miré mi ropa y esta había cambiado de color, ahora todo era de color naranja. ¿Que me ha ocurrido?, pensaba y cuestionaba. De pronto, un auto se detuvo, era del mismo color de mi ropa. Miré al conductor y no pude reconocerlo. ¡Sube!, me dijo. No iba a hacerle caso, pero, me daba igual, hoy era un día esplendido para mí, había amanecido tan bien que no podría malograr aquel sentimiento. Subí.
Fue extraño pues en ningún momento quise mirar al conductor. Pero este hablaba y hablaba sin parar, y yo le respondía sí o no, nada más.
- ¿Por que no me miras los ojos, es que acaso te eres mentiroso?
- No
- ¿Eres tímido?
- Si
- Entiendo, eres un pobre tonto que gusta soñar y viajar en un día tan frío como hoy, y es seguro que crees que todo esto es un sueño, o una invención de tu imaginación, ¿no es verdad?
- Si
Seguimos viajando y vi que llegábamos a mi centro de labores. El tipo me dijo que baje. Le iba a pagar, pero este me dijo que no era necesario. Bajé y al frente estaba mi trabajo. Entré y saludé a todos mis compañeros. Ellos no me miraron ni respondieron mi saludo. Llegué a mi oficina y en mi escritorio había una nota con un sello que decía: Urgente. Lo leí, estaba despedido. Iba a preguntar al dueño de mi trabajo el porqué, pero, en verdad, era un día tan lindo, tan frío y tan especial que simplemente salí del trabajo y me fui a pasear por la calle. Adiós, les dije a todos mis excompañeros, pero estos no respondieron. Me dio igual, boté la carta al piso y seguí caminando hasta llegar a la salida.
Ya en la calle, no me dio la gana de subir a ningún auto. Quise caminar rumbo a un lindo parque que quedaba no muy lejos de donde me encontraba. Llegué al parque y vi muchos niños con sus madres. Me les acerqué y ellos rieron conmigo. Sus madres no dijeron nada. Era como si yo no existiera más que para esos niños de dos y cinco años. No me importó y seguí jugando y mirando a estos niños que me miraban con tanto amor que sentí que era un día muy especial. De pronto, el frío empezó a cambiar. El Sol salió poderosamente y todas las madres empezaron a sonreír. Que hermoso es ver a la gente feliz, me dije. Hubo tanto calor que quise quitarme la camisa y el pantalón, pero, ya mi ropa había vuelto a cambiar de color, ahora era blanca. De todas formas me quité la ropa hasta quedar en ropa interior. Y en ese instante, todas las madres me miraron y gritaron: Loco, loco, loco... Luego, cogieron a todos los niños y salieron corriendo del parque. Al poco rato llegó la policia y me llevaron a la fuerza, aunque no me resistí.
Ya frente al comisario, me preguntó el porqué estaba desnudo en la calle. Le dije que sentí mucho calor. Se rió y todos los otros policías también. Está bien, es usted un gracioso, pero, si quiere salir a la calle, por favor vístase, ¿ok? Si, le respondí. Salí de la comisaría y me fui hacia mi casa, pero recordé a mi madre, hermana, etc., y no quise entrar. Seguí de largo y alce la mano para ir de nuevo a mi centro laboral. Antes miré la ropa que vestía y era del mismo color de cuando me vestí por la mañana. El bus paró y entré. Toda la gente que me miraba, me saludaba. Yo les respondí con un gracias. Todo el viaje la pasé al lado de una anciana que me hablaba de sus nietas malcriadas y de sus hijos malagradecidos. Me hizo sentir mal. Pero ya estaba llegando a mi centro de trabajo y pedí disculpas a la anciana y bajé.
Iba a entrar pero dudé. Me paré frente a la entrada y vi que en ese momento salía el dueño de mi extrabajo. Me le acerqué y le saludé.
- Hola, ¿qué pasa, por que no ha entrado a su trabajo?
- Si
- Bueno, pues entre o, quiere que lo despida...
- Si
- ¿Qué le ocurre? ¿Se siente mal? Está con la cara de idiota, sonriente, qué le ocurre, ¿ha tomado porquerías?
- No
- Bueno, mejor vaya a su casa y descanse, se le ve muy extraño, y, mañana venga muy temprano, ¿ok?
- Si
Le vi alejarse y sentí que el mundo era muy extraño para mí. Me di media vuelta y fui de nuevo al parque. No había un solo niño, pero el frío era hermoso. Miré mi ropa y esta, estaba cambiando de color. Ahora era brillante, así como el Sol. Me sentí muy contento y me eché sobre el pasto a descansar. No quería despertar a otra realidad diferente... No, no deseaba despertar nunca mas, nunca mas....
San isidro, febrero de 2007
Thursday, November 30, 2006
TIGRES
Luego de caminar tan lejos, me senté a meditar un instante. Estaba aún en la carretera, los autos pasaban poco a poco, cada vez menos. Miré fuera de esta serpiente embreada y sentí ganas de desenroscarme de ella, me ataba a mi pasado. Vi no lejos una piedra de color rojo, me gustó su color. Dejé de meditar y me dirigí hacia la piedra. Cuando llegué noté que esta empezaba a cambiar de color, cada vez se hacía mas amarilla. Y cuando estuve cerca a ella me di cuenta de que no era una roca, no, no era una cosa inanimada, era un animal de color amarillo con rayas de color marrón. Era enorme, quizá porque no entendía estar frente a una bestia más allá de mi imaginación. Iba a alejarme pero la bestia empezó a moverse. Me quedé quieto, sin respirar, totalmente concentrado en la bestia que era un tigre. Este se paró sobre sus patas y comenzó a caminar sin darse cuenta de mi presencia. Era tan extraño todo esto que sentí que tenía que seguir al tigre hasta el final del camino. Le seguí no lejos de su presencia. Pasamos por valles hermosos, montañas enormes llenos de arbustos, animales que se alejaban apenas el tigre se acercaba. Continué siguiéndole. Llegamos a un pueblo, no había nadie y si había algo, eran las puertas que parecían estar podridas, abandonadas... Continuamos caminado, siempre con paso lento. De cuando en vez el tigre se paraba, volteaba, me miraba y yo le veía sus enormes ojos negros, su pelambre dorada con rayas marrones y sin hacer ni un gesto continuaba su marcha. No sabía si se fijaba en que aún resistía su marcha o no, pero eso hacía de cuando en vez. Llegamos a una cueva y el tigre entró, también entré. Todo estaba oscuro menos el brillo de sus ojos que iluminaban con antorchas aquel lugar. Era una cueva muchos esqueletos, apestaba a podrido y recién empecé a oler a la bestia. Era nauseabundo, olía a excremento, orina, ha guardado. En ese instante iba a irme de aquel lugar cuando escuché su voz:
- ¿Por qué me has seguido?
- No sabía adónde ir, contesté.
- ¿Sabes quién soy?
- No, le respondí.
- ¿Sabes quién eres?
- No
- ¿Quieres saber lo que eres?
En ese instante empecé a sentir que todo mi cuerpo temblaba. Empecé a retroceder lentamente, sintiendo el fulgor de su mirada.
- ¿Quieres saber quién eres?
Volvió a preguntar. Iba a decirle que no, pero continué retrocediendo hasta salir afuera de la cueva. Una vez la luz bañó todo mis ser, empecé a correr hasta llegar nuevamente a la pista... Vi que un auto pasaba por la carretera y alcé mi mano para que parara. Se detuvo. Corrí para subir. Era una familia completa. Padre, madre, hijos, un perrito y mucha comida por todos lados. Les pedí si podían llevarme. Sube, dijeron. Subí y empecé alejarme del tigre y de toda mi extraña soledad... Ya estábamos llegando a la ciudad. La noche estaba sobre nosotros. Las luces de los postes iluminaban aquella ciudad. El ruido de los autos, los griteríos de la gente que pululaba la ciudad jadeaban mi soledad.
- Me quedó aquí por favor, les pedí
El auto se detuvo y bajé. No lejos de mí vi a un grupo de personas que estaban alrededor de algo. Sentí curiosidad y fui hacia ellos. Penetré entre ellos y vi que un hombre estaba tirado en la vereda. Era un anciano. Le miré y en ese instante éste abrió los ojos, mirándome un instante. Todos se asustaron, menos yo. Dejó de mirarme, se paró y empezó a caminar. No sé por qué le seguí, simplemente le seguí, no sabía hacia donde iba ni cuándo pararía, pero sólo sabía que tenía que seguirle hasta el final del camino...
San isidro, diciembre del 2006
Thursday, October 26, 2006
Cruces
San isidro, octubre de 2006
Friday, October 13, 2006
Girasoles
Te leo siempre
con ojos de niño eterno
Busco un espejo en tus letras,
que diluya soledades,
sombras elegantes y chismosas
Aún escucho la caída de nuestras piedras
Nunca llegan al final
Todo es silencio metafórico
Silbido de agonías fosilizadas
Huyo como sombra ante verdades matinales
En mis trancos
encuentro valles fraternales
Me detengo un instante
Observo que todo universo se congela
Todo se detiene
mientras ojos me miran como siempre…
Tengo que morir mientras te leo
Es que
Todo llega a su final
cuando tuvo un inicio
Este es mi poema
Uno que no dice nada
pero dice lo que siento
que es casi nada
y casi todo para mí...
San isidro, octubre de 2006
Thursday, October 12, 2006
El Nóbel
Acabo de leer el mensaje de Nóbel, la verdad es que me había olvidado de ese premio. En esta parte del camino se me hace agria la boca cuando veo a cientos de lectores buscando los libros del Nóbel de año. Eso ya pasó para mi, casi no voy a las librerías. Voy y paseo por los libreros viejos y si veo algo interesante como libros de la editorial Aguilar, Obras de Griegos, los compro. Acabo de comprar a Plutarco y a Diógenes, dos Biógrafos, entre cuatro libros que ya compré. Los voy a leer, se ven deliciosos.
También he conseguido un libro de Fresan, "A la velocidad de las cosas", un libro de cuentos muy interesante; a Kawabata, "Historias en la palma de una mano", algo tan especial como el mismo autor japonés; pero, Borges me atrae mas. Los dejé sobre mi escritorio, con un separador en la página en que me quedé, y continué con el Tercer tomo de Obras Completas de Borges, mientras miraba de reojo los cuatro tomos de Aguilar de Los Griegos, y ellos me miraban a mí, al menos eso empecé a sentir...
De pronto recordé a Macedonio Fernández, a Sócrates, a Pitágoras, etc., personajes que no deseaban ser editados por nadie pues creían que las letras iban a desmejorar la memoria de cada ser humano. Puede ser, pero es un paso hacia atrás, un volver a nuestra raíces, a escuchar al vecino, a uno mismo y ver que cada uno de nosotros es o no, una página llena o no, letras bailando al compás de un tono, signos de un libro eterno, o, del Diccionario Secreto de Dios. Puede ser, ¿no les parece?
Cerré los ojos un momento y decidí una vez más que todo es una maravilla galopante cuando puedes aun respirar en este nuevo y anciano instante de lluvias de existencias. Existencias que encierran eternidades imposibles de encasillar, pero sí apreciar como cuando vemos la cola de un cometa fugaz… O como ese perro que se escapó de casa por una hora y que la fue a perseguir la empleada que no conocía muy bien la casa donde trabajaba. Fue gracioso ver que quien se perdió fue la empleada y no el perro que guiado por su instinto, volvió a su hogar. ¿La empleada? Volvió a su casa, lejos, muy lejos del lugar a donde trabajaba, en fin, también volvió a su hogar...
San isidro, octubre de 2006
Monday, October 09, 2006
aquel ser
qué puedo escribir
cuando todo ha sido dicho
uno siembra y cosecha
al compás de la armonía de esta vida
los pasos que uno da
van como olas de un océano de paz
somos gotas de una lluvia
que cae en los corazones de toda existencia
veremos algún día
rostros hermosos
bañados de paz,
de dicha
gozando en un mundo real
claro como una tarde,
una noche estrellada...
no sé qué mas contar
cuando me siento lleno
de gratitud
de un mensaje de esperanza
cuando escucho la voz
de la realidad
así como las gotas
de una lluvia de amor,
de paz...
mirando
ocultando la realidad
que cubre la fantasía
siento que todo es un sueño
perdido
sobre frazadas de temor
habrá un despertar
una mañana inocente
un grito amoroso
un día de vida intensa...
y allí
sólo allí
anhela navegar
este ser que aún desconozco...
san isidro, octubre de 2006
Tuesday, October 03, 2006
Cartas personales
Qué será de mi vida en estos tiempos, mi querida compañera. Podría leer todos los libros del mundo, escupir desde la azotea de mi vida y sentir que nada vale tanto como el instante en que vivo de la manera que sea...
He clavado un cuadro en la pared de un cuarto imaginario, es una foto, la foto de mi vida. Tiene muchos ojos, caras. Tiene todo lo que uno pueda soñar, sin embargo, está en la pared de un cuarto imaginario...
Luego he salido de mi cuarto de carne y sangre y he sentido que viajaba tras el velo de un sueño. He conocido el canto de la noche, el grito de un nacimiento, el dolor de un amor, el aleteo de mi alma... Ya en la cima de la eternidad, he mirado hacia todos lados y he visto espejos y todos ellos reflejaban muchos rostros, y todos sonreían, y todos me llamaban por mi nombre, pero, ahora que estoy sentado en la mesa, escribiendo, no recuerdo aquel nombre tan querido y viejo como la eternidad...
He bajado como un Moisés de la montaña de la vida y con todos mis rostros he visto sombras enroscándose entre ellos. Les he dicho que todo es vanidad, que las sombras tienen ganas de existir, que los sueños de las almas son las nubes del cielo. Eso les he dicho pero todos se han esfumado como pompas de jabón...
Ya de nuevo en mi cuerpo de carne y sangre me he puesto a pensar y visionar y he visto a un hombre muy contento, tenía una hoja en las manos, me lo ha entregado en las manos y luego ha desparecido. Leí la hoja y era un poema escrito en un idioma desconocido. Lo estuve mirando por horas hasta que sentí las ganas de tragármelo. Ya en mi estómago, digeriéndole, tuve un sentimiento, extraño, misterioso, pero con candencia. Me senté en la mesa de escribir y puse mi nombre muchas veces, luego los borré todos y me eché a dormir en la misma sala de mi escritorio... Desperté y vi nuevamente el papel escrito por mí. Lo leí con gran ansiedad y en todos lados estaba escrito tu nombre muchas veces, muchas veces, muchas veces...
San isidro, octubre de 2006
Monday, October 02, 2006
Un día de mañana...
Salí a la calle por la primera vez, no recuerdo cuántos años tenía, pero mis carnes estaban flácidas, amarillas, secas como las hojas de un árbol sin agua. Me fascinaron los colores que vi, la luz que no cesaba de deshojar las escamas de mis ojos. Estuve muerto, ahora no, andaba, salía en medio de cuerpos inanimados, en medio de tierra y sangre, de ratas, piedras, muerte en general. No tenía ropa, estaba desnudo, pero no tenía frío ni calor, no sentía nada más que las ganas de volver a mi hogar. Corrí en medio de todo ese páramo y no vi más que cuerpos destrozados. Ni plantas ni nada. Todo era humo, cenizas. La muerte tenía ojos en medio de esa neblina que serpenteaba mis ojos. Llegué a un alcázar. Vi todo el valle hecho un forado. Mas allá, un cielo azul, un sol dorado, una tarde hermosa. Tenía ganas de ir hacia allá. Bajé de aquel lugar y no me detuve hasta llegar a un riachuelo. Me tiré para beber un poco pero no era agua, era sangre, roja como el grito del dolor. Me paré y continué corriendo. Llegué a un pueblo. Había casas destrozadas. Entré en una de ellas y vi insectos, ratas, trozos de seres humanos, nada más. Entré en todas las casas y todas estaban igual. Salí de aquel lugar y me sentí que volvía a respirar. Caminé y caminé siempre desnudo hasta que se hizo la noche. Busqué un lugar para dormir. Empecé a temblar. Llegué a una cueva oscura. Entré y vi una fogata. Sutilmente me acerqué y escuché voces humanas. Iba a gritar cuando vi sus sombras... Era hombre mutilado que estaban comiéndose unos a otros, sin decir un gemido de dolor, nada... Era extraño verse arrancarse los dedos de la mano como si fuera un pollo al horno. Trozos de cadera, etc. Salí de aquel infierno y llegué a un lugar en donde sentí un calor hermoso. Me arrastré y escuché gemidos de animales, todos diferentes. Llegué a estar tras una roca y vi a extraños animales. Unos era perros, ratas, leones, puercos, aves, etc. y todos parecían conversar entre ellos, como si el instinto por vivir les hubiese hablado y los hubiese unificado. Me les acerqué y ni se inmutaron. Entendí lo que conversaban y me hice a su grupo. Pasó el tiempo y todos los animales empezaron a engendrar mas animales, todos menos yo que no tenía pareja. Me sentí solo en un mundo lleno de animales y plantas que lentamente empezaban a germinar. Vi a lo lejos en ruido de un río. Corrí hacia el sonido y era el río. Me zambullí en él y me dejé arrastrar hasta llegar a un valle lleno de vegetación. Salí a la las arenas y plantas y vi a una manada de mujeres de todas las edades. Les hablé pero todas callaron. Me cogieron con brusquedad y me ataron. Luego me llevaron hacia un cajón de maderas, como una jaula. Me alimentaron por varios días. Luego me llevaron hacia una poza y me dejaron allí, desnudo, junto a una mujer desnuda. Me cogió a la fuerza y me hizo el amor. Luego me volvieron a encerrar. Ha pasado mucho tiempo y veo que a los niños los encierran aparte, los alimentan y los guardan. Es extraño porque la mayoría viven poco tiempo. Sólo unos cuantos se vuelven unos mocitos, luego hombres, y después sementales, como yo... He querido hablarles pero ellas no me escuchan. Tuve suerte al ver un pedazo de hoja de papel tirado por el piso. Cogí un poco de carbón y escribí. Les dije que estoy vivo y que escribo. Todas ellas me han mirado y me ha traído miles y miles de libros. Se los he leído y todas me han mirado con ternura infinita. Luego me han llevado a una mujer mayor, gorda como un cerdo y esta me ha hablado cosas que no entiendo. Me ha traído un cuaderno y me ha dado una pluma. He escrito y dibujado, y todas ellas se han puesto contentas. El tiempo ha pasado, ya soy un anciano y aun continúo escribiendo. Me hacen sentir el patriarca, puede ser, pero, no recuerdo el ayer, mi pasado, pero, cuando escribo y dibujo, pongo extrañas palabras llenas de dolor, alegría, vivencias que me han pasado pero no sé cuando ni dónde... Estoy vivo y es lo que importa. Vivo, escribo, vivo, escribo… no sé mas qué hacer.
San isidro, Octubre de 2006
Thursday, September 28, 2006
Extractos de vidas
Tengo un dolor en mi garganta, una espina de pescado, un dolor que viene del ser amado, no lo sé con certeza pero duele tanto que sangro de pena y me hace recordar todo un pasado como película en blanco y gris, tenue como esas sombras a media tarde.
Mis manos están llenas de llagas, hay sangre por todos lados. No sé si he golpeado a alguien, o si lo he matado a golpes, no lo sé con certeza, pero me duele el alma, el pasado pesa como dos estacas en mis pies, todo duele, todo, pero tengo certeza que todo pasa delante de mis sueños, pasados como la respiración.
He llegado a mi casa, y he visto a mi perro, hermano, madre, pero los he visto muertos en vida. No siento pena ni alegría, no siento nada, tan solo los veo como quien ve una foto vieja colgada en una pared vieja de adobe.
He pagado todas mis deudas y me he quedado sin un centavo; no entiendo porqué me siento feliz. Quizá sea que mi condición de miserable es la mejor, que sólo sirvo para mendigar, entregar lo que debo, hablar lo que puedo, callar cuando quiero, no sé, pero he pagado todo y no tengo nada mas que una ganas enormes de dormir para siempre y despertar en otro valle, uno que sea límpido, alegre y lleno de eso que no tiene palabra.
Ya no sé que decir ni que escribir. ¿Quizá sea por eso que me siento más vivo, y menos vacío? No lo sé, pero ya no escribo como antes, ya no hablo de fantasmas ni de sombras ni de nada de nada, ahora escribo y no sé de qué ni de quién escribo...
He decido salir a la calle, irme a un parque de noche y buscar un árbol para orinarle, vaciarle todo lo que puedo. Espero que pueda vaciar todo lo que sobra dentro de este cuerpo tan viejo, enfermo y tonto. Espero, en verdad espero que todo sea como un sueño...
San isidro, septiembre de 2006
Sunday, August 27, 2006
Gente Normal
"Cuando vino la guerra, nuestros padres fueron apoltronados en un gueto de Polonia. Se estilaba separarles de sus hijos para que murieran de pena, o se suicidaran o fueran a los campos de limpieza. Somos hermanos, tan solo por parte de padre, diferente madre. La madre de mi esposo era polaca, y mi madre era judía-polaca. Nuestros tíos que nos tenían escondidos, nos miraron y nos vieron bastante grandes para nuestra edad. Nos casaron para salvar de llevarnos a los campos. Luego, de separarnos por un par de años, y ya cuando nuestros tíos hubieran sido llevados a los campos, ambos escapamos. Mostramos nuestros certificados de matrimonio y pudimos huir, juntos, a la América. Primero llegamos a Uruguay, allí, nació nuestro primer hijo. Yo tenía trece años, y mi esposo, catorce. La vida era difícil, para ambos. Nuestro hijo murió de pobreza y nos viajamos a Perú. Encontramos a unos paisanos, le ofrecieron a mi esposo trabajo en una joyería un nació nuestra primera hija, yo contaba con 16 años. Luego todo nos fue bien. Vivimos bien, pero con gran austeridad, pusimos un negocio de muebles por muchos años, tuvimos cuatro hijos más, y con el tiempo, ellos nos ayudaron en el negocio. La gente pensaba que todos éramos hermanos, pero, nunca mentimos. Son nuestros hijos, decaímos… Pasó el tiempo y una tarde, cuando ya teníamos cuarenta años de casados, vinieron de Polonia unos parientes. Nos buscaron y dijeron que ¿cómo nos había podido casar? Tuve que llamar a mi esposo y en su presencia les dije que nuestros antepasados lo quisieron de esa manera… querían vivir, y aún viven en nosotros, en nuestros recuerdos… Nos miraron y se pusieron a llorar. Los consolamos. Le llevamos a un hotel, les paseamos por todo Lima y al día siguiente, se marcharon. Antes de irse, nos dejaron algo que aún guardamos con gran devoción”.
La anciana tenía los ojos brillantes, se le vía bastante agotada por hablarme. Pidió que me acercara y me dijo que era nuestra partida de nacimiento, en donde estaban escritos nuestros nombres, y nuestras edades… Éramos, dos años menores. Les vi a ambos reírse como si hubieran cometido una travesura. Gracias, les dije. Se pararon y salieron de la tienda, dejándome un sentimiento de alegría al verlos andar, uno al lado del otro, como dos niños caídos del cielo…
Estaba por cerrar la tienda cuando entró un travestí. Hola, me dijo, préstame plata, o invítame un pastel, please... No, le dije. Se acercó al mostrador y susurró: ¿Quieres una chupadita? No, gracias, le dije, pero, me puso nervioso. Cómo te llamas, preguntó. Le dije mi nombre. Eres bueno, dijo. Le invité un pastel. Me lo agradeció y yo aproveché para preguntarle el cómo había llegado a ser lo que era. Nací así, me dijo.
“Recuerdo que desde que era un niñito, mi madre me ponía vestidos de mujer. Pintó todo mi cuarto de rosado y me llenó de muñecas. Pero mi padre era diferente. Militar. Le paraba pegando a mi madre hasta que se la llevaron a un manicomio. A mí, me puso en un colegio de puros hombre. Era un chiste. Muchos abusaron de mí, pero no como piensas. Me pegaban, insultaban y me hacían estar con una chica a la fuerza. En verdad traté de ser como todos, pero no pude. Todo empezó con un amigo de barrio. Este era peor que yo, es decir, le encantaba los chicos y los viejos. Una tarde me llevó a una fiesta en donde todos eran gente normal, es decir, todos mayores. Había parejas de casados, viejos ricachones, gordos inmensos, mujerzuelas casi desnudas, etc. Una fiesta de degenerados. Allí fui mujer. Fue hermoso. Figúrate hacer el amor con tres hombres al mismo tiempo. Me colgaron como Tupac Amaru, y luego, me llenaron el cuerpo de grasa. Vino un hombre con un pene precioso. Pinto, le decían. Ya te imaginas por qué. Tenía un lindo lunar en el glande. Estuve con él, luego con un gordo lleno de pelos, y por último, perdí la cuenta, jajajajaja… Recuerdo que salí de allí con un trabajo. Me llevaron a una boat y allí desfilaba en bikini. Ay, no te imaginas el mundo en que vivimos. Llegaban personaje ilustres, gente normal, pero, cuando les entraba la pasión, eran todas unas señoritas… Y allí, nos sodomizábamos. Ya tengo veinte tres años y pronto seré ya toda una señora. Tengo mi marido. Mi chiquillo, tengo todo, pero cuando se llevan toda mi plata… así me quedo, sin nada, sin un centavo, ni para comprarme una galletita… Por eso tengo que ganarme las calles…”
Le di unas galletas y le vi alejarse en la oscuridad de las calles. Nunca mas he vuelto a verle. Dicen que ya es una mujer. Y si es así, nunca más se ha aparecido. Debe de ser que ha conseguido lo que cualquier persona normal busca: la tranquilidad.
Ya estaba cerrando la tienda cuando llegó una señora que gustaba mucho cómo yo escribía poemas. Escríbame un poema joven. Es para mi hijo que mañana tiene examen y su padre no entiende de estas cosas. Sea buenito, por favor… Le iba decir que no, pero, puso sus bellos senos sobre mi hombro y me puso caliente. Le dije que esperara un momento. Cerré el negocio y le pedí que fuéramos a un café, que allí le escribiría el texto que me pide. Asintió. Subimos al auto y puse música romántica. Me puse cachondo. Le toqué la pierna. Estaba durita y tibia. Avancé debajo de la falda hasta el cruce de piernas. Ya estaba metiéndome en ella cuando sentí sus manitas en mi mano salvaje y le escuché que antes deseaba el poema. Me enfrió. Cogí un papel. Escribí mi sentir acerca de toda la gente normal que veía todos los días y se lo di. Gracias, me dijo. Pero yo estaba frío. Otro día mamita, le dije. Sonrió y bajó del auto. No arranqué el auto porque quería verla alejarse así como toda la gente que entraba y salía de mi tienda, como cualquier persona normal…
San isideo, agosto de 2006
Thursday, August 24, 2006
La hermandad
El sentimiento que cargaba se iba diluyendo a medida que me alejaba, paso a paso, del nudo de tareas sin terminar en el trabajo. Llegué a un café, y vi a lindas personas. Eso me relajó un poco. Vi a una chica y le di una tímida sonrisa, ella me devolvió su media luna... Me alegré. Pedí un café mientras abría uno de los libros que guardaba en mi mochila. Era Borges, una recopilación de sus clases de Historia de la Literatura Inglesa. Lo leí con entusiasmo, olvidándome de la chica de la media sonrisa, del café en mi mesa, de todo. En el libro hablaba de tanto que me sentí un enano en las fauces del sabio. Cuando leo concentrado, me inunda la emoción y salgo a tomar aire, un respiro, antes de ahogarme en el asombro. Pagué la cuenta y salí del café, mientras la chica me miraba de reojo. Muy joven para mí, pensé.
Caminaba por la calle con la mirada gacha. Me gusta mirar los cuadrados de la acera alumbrados por los faroles de las calles, no me gusta pisarlos, recordé la película: “Mejor Imposible”, con Jack Nickolson. Vi una moneda grande tirada en la acera. La pateé como una pelotilla. Brillaba. La seguí empujando hasta llegar al bus que me llevaría a casa. La cogí. La iba a mirar pero no, me dije que no era necesario. Era una moneda solitaria, perdida, sin uso ni dueño. No aguanté y la miré: Era bien antigua, pesada y, como yo, vieja y sin mucho uso. Decidí guardarla, cuidarla en mis manos. Subí al bus y cuando tuve que pagar sentí entregar la moneda, pero mis manos no la soltaban, ni ella quería dejarme... No le pagué al conductor y bajé del bus. Decidí caminar hasta casa. No era tan lejos. Caminé y caminé hasta llegar mientras la luna, las sombras y la acera jugaban con mi soledad.
Llegué a casa, entré. Saludé a mi madre, hermana, cuñado y sobrinas. Me senté en el comedor. Mientras cenaba les conté la historia de la moneda. Estás cada día más loco, dijo mamá, mi cuñado sonrió. En vez de estar juntando porquerías que guardadas en tu cuarto cochino, deberías dedicarte a buscar otro trabajo en vez de ese que no te alcanza ni para pagar el alquiler de casa, dijo mí hermana mientras mis sobrinas me miraban con sus ojos asombrados, esperando que algo respondiese. Tenían razón, callé. Me paré sin terminar mi cena y fui hacia mi cuarto. Ya solo, y sin prender la luz, saqué la moneda y le empecé a hablar. Estoy loco, pensé, pero la moneda parecía escuchar, brillaba a medida que le hablaba. Está viva, sentí. Prendí las luces de mi cuarto y empecé a limpiarla... Cuando terminé, estaba amaneciendo. La miré nuevamente y la puse junto a todas las otras cosillas que había encontrado en la calle, tan perdidas como la moneda, como yo... pero ahora, ya no mas. Vivíamos juntos, éramos una hermandad... Miré la moneda junto a una ruma ordenada de papeles, libros viejos, piedrecillas, maderitas, plantitas secas, fotos, etc, y vi que todas empezaban a brillar... Están contentas, pensé.
San isidro, agosto de 2006
Saturday, August 12, 2006
Siempre bien
San isidro, agosto de 2006
El Chango
San isidro, agosto de 2006
Monday, August 07, 2006
El primer beso
Al día siguiente le hice la guardia. Vi que sus padres y hermanos salían y la esperé. A eso de medio día la vi salir a regar el jardín. El corazón quería salírseme del pecho. Estaba fuera de mí. Todo mi ser quería ese cuerpo, plancharme en el suyo... Cada paso que daba era como si subiera a que me cuelguen, me crucifiquen, mi muerte, pero qué importaba si ella estaba allí, miándome a los ojos, a los labios, a mi cuerpo de un chico de quince años. Hola, le dije. Bajó la mirada. Noté que se sobaba las piernas. Sus ojos eran negros pero estaban llenos de luz... Estaba totalmente hipnotizado. Ya no era yo, era una mano de la pasión. Me acerqué por instinto animal. Escuché los latidos de su vida, los míos, los del universo... Abrí la boca, ella también. Di un paso mas cerca, ella alzó la cara. Nos miramos, sonreímos, y luego, me aspiró la vida a través de sus labios... y, me robó la vida, toda la vida. Luego, de una eternidad o un instante, me empujó y se metió en su casa. Y allí estaba, echado en la puerta de su casa, loco, enamorado, besado por la lujuria... Estaba lleno de pasión. Mi corazón me levantó del suelo y vio una de las ventanas del cuarto. Soy un león, me dije. Vi un árbol bastante cerca y la trepé. Era un león. Vi su cuarto con la terraza abierta y salté como un felino. Ya estaba dentro. Abrí la puerta. Podría estar su padre, su hermano, la empleada, su abuelo, cualquier persona, pero no había nadie más que ella mirándome a los ojos con el rostro totalmente rojo, dorado, con sus labios quemados por los míos. Me acerqué y ella se hizo un ovillo, un puntito en toda la casa, en un rincón. La levanté y le puse mis labios, que ya eran suyos, y fuimos bendecidos por la lujuria, la pasión, el amor hecho una sola carne... No recuerdo qué pasó después... Veía mi ropa salir de mi cuerpo, su ropa salir por el aire. Vi su cuerpo respirándome el mío. Y luego, nuestros labios hablaron en silencio. Se dijeron todo en un instante, en una eternidad... Nos penetramos, nos hicimos uno con el universo hasta que gemimos de éxtasis... Luego, vino la paz, la tranquilidad, hasta que sentí que alguien me cogía de los pelos y me daba patadas, puñetes, de todo... para salir volando por la ventana... Caí por suerte cerca del árbol, desnudo, pero luego vi mi ropa salir tras de mí... Volví a mi casa con un extraño y nuevo sentimiento. Había sido mi primer beso, pero no el último...
San isidro, agosto de 2006
La bienvenida
San isidro, agosto de 2006
Sunday, August 06, 2006
Mi lado oscuro
San isidro, Agosto 2006
La caída
San isidro, agosto 2006
Wednesday, August 02, 2006
Visitas
No tenía nada que contar cuando escuché en el pozo de mi inconciencia el nombre de mi padre, pronunciándose como el eco en un abismo... Cerré los ojos esperando ver su imagen cuando vi sombríos rostros moviendo los labios sin poderse detener y sin dejar escapar un sonido... Traté de entender pero fue imposible, inútil. Abrí los ojos y continué tratando escribir, de contarles algo... De pronto, escuché el ruido de unos pasos acercándose a mi puerta. La tocaron. Me acerqué hasta la puerta y vi a mi padre. La abrí y le recibí, bastante extrañado por cierto. Le dije qué milagro lo ha traído hasta aquí. Sonrió. Le invité a pasar, a tomar asiento, no quiso. Deseaba contarle la visión que tuve, pero él se dio la media vuelta y se alejó de mi presencia sin decirme adiós, nada. Cerré la puerta, me sentí raro. Cogí el teléfono y llamé curiosamente a su casa. Respondió su mujer, diciendo que este se hallaba muy enfermo... Va a morir muy pronto, dijo. Colgué, y salí corriendo tras la imagen de mi padre. Le vi no lejos, estaba caminando en medio del gentío por las viejas calles de la ciudad. Traté de acercármele pero hubo algo más fuerte y grande que yo, impidiéndomelo. Era como si tuviera plomo en el alma, en el cuerpo. Era como si mi padre fuera una montaña moviéndose y yo, aire… Estoy desvariando, pensé. Aún así, le seguí hasta llegar a su casa. Entró, y yo entré tras él. No había nadie en la casa cuando entré. Le vi subir las viejas escaleras hasta llegar a su cuarto de toda la vida. Subí y le vi. Había dos cuerpos de mi padre. Uno estaba echado en la cama, y el otro, nos miraba… Luego, miró al cuerpo echado y le dijo que se levantara. Este se paró y caminó hacia la imagen que fue a buscarme. Se abrazaron, y luego, se hicieron uno solo. Me miraron y sonrieron. Me dijeron que estaban contentos de que haya venido a despedirse. Volvió a sonreír y fue a echarse a su cama. Cerró los ojos y sentí que debía aproximarme. Me acerqué y me quedé sentado a su diestra, en silencio, esperando, esperando simplemente… y mientras veía como respiraba, no me percaté que toda su familia estaba en la puerta del cuarto, mirándonos, como si vieran un milagro. Les miré, sonreí. Ellos sonrieron en silencio. Miré a mi padre y le dije adiós. Respiraba, tenía los ojos cerrados y esbozó una tenue sonrisa. Me levanté, y me fui en silencio. Cuando llegué a mi casa sonó el teléfono, pero no contesté, ya sabía todo… Me acosté. Y apenas cerré los ojos volví a ver los rostros sombríos de mi padre que empezaron a crecer hasta aplastarme como a una cucaracha… ¿Dónde estoy?, me pregunté. No encontré respuesta. Por suerte desperté gracias al sonido del teléfono que no cesaba. Me paré, caminé hasta el teléfono y lo tiré por la ventana… Ya sabía de quien era la llamada…
San isidro, agosto de 2006
Monday, July 31, 2006
Séneca
Salí de mi casa, no tenía muchas ganas de salir, pero, uno tiene que hacer lo que tiene que hacer para vivir con las justas, si es el caso en que uno es un artista y le gusta ser un vago de media suela que va para allá sin pedir permiso a nadie porque le da la gana de ser uno que va a la calle por un trabajo sencillo que le de al menos para pagar la comida, el correo, y esas cosas de la moda actual. Tengo padres que no son como quisiera pero eso es lo malo sobre todo cuando los amas, pues es sabido que el dolor proviene de la gente que uno mas ama. Llegué a mi trabajo y encontré todo de media vuelta, con los chicos que esperaban a que yo abriera el corral. Ya adentro vino uno que estaba muy enfermo, me dijo que su madre estaba en cuarentena y su padre y hermanos no tenían hace mucho qué comer. Cuánto, le dije. Extendió la dos manos y supe que ya el día estaba oscurecido. Le di su billete y este dijo gracias y continuó laborando, pelando pollos para que mostrarlos a la gente del mercado.
Trabajamos en un muertero de gallinazos. Les cortamos le garganta, les casamos su sangrita, los metemos a la olla hervida y los pelamos toditito. Ya enfriao, los colgamos en un gancho, les ponemos un buen precio por el kilo y esperamos con los cuchillos, el mandil, y la sonrisa en la boca, pues eso gusta mucho a la gente que es mendiga de sonrisas y de ojos alegrones y clarones como huevos doraditos. Así pasé la tarde, vendimos algo, no mucho, pero para pagar la renta, comida y algo mas como para comprarme un buen libro, sobre todo los de Séneca que me tiene loco hace más de un año sin poderlo encontrar, respirar. Pero todo viene cuando uno tiene el pensamiento fijo, parado como cuando una hembra está frente a uno con sus nalgas redonditas, y esa pelambrera negra como serpientes negras en canastilla... Eso mismo. Es pasión de lector viejo, eso es lo que tengo, y sólo sirvo para eso, para contar lo que leo a quien tienes orejas y ojos que escucharme la pasión que llevo desde que antes de nacer... Eso contaba mi abuelo que, desde niño, le leía hasta el pensamiento con sus cuecas, sus pecados apolillados y toda esa porquería... Y así, con el sobrante de la venta, fui a la librería y encontré al buen Séneca, pagué lo que pedía y allí mismito me puse a leerlo. No es extraño ni abusivo el buen heleno cuando dice que "el camino más trillado y más conocido es el que más nos engaña... puesto que todos... prefieren creer a juzgar", y "el error [...] de mano en mano [...] lleva al precipicio", o ese de que dice "Si podéis, alabad a los Dioses buenos; si no podéis, al menos pasad de largo. Cuando os enfurecéis contra el cielo no os digo que cometéis sacrilegio, sino que perdéis el tiempo"... Es sabio el dialoguero de Séneca y allí tuve que cerrar su libraco luego de hojear su XXI Dialogo De la felicidad. Luego, fui a tomarme un cafecito pero mi bolsillo estaba seco como mi garganta. Hasta ni para el micro tenía billete. Tuve que volverme a la casa caminando con el libro que leía en la mano sin parar...
Nada es completo, y lo que amas tiene un precio grande que no es dinero sino es como el jugo fermentado del amor. Ya en mi casa, padre y madre preguntaron por los pollos. Va bien, va bien, les dije. ¿Y cuánto has ganado?, preguntaron. Les miré a los ojos y les mostré a Seneca, y les dije mas que el oro es un viaje con el dialoguero de hace dos mil años fenecido. Por supuesto que pegaron su gemido cotidiano. Cogieron mis libros que guardaba en mi hueco, echándolos como pica-pica por la calle. Tuve que salir vuelta a la calle, recogerlos y buscar una luna clara para leer a mi Séneca. Sabía que el mañana tiene eso de bueno, todo, todito pasa... como el buen Séneca y hasta yo...
Lince, julio 2006
Saturday, July 29, 2006
El poeta
esperaba al poeta...
Le vi llegar,
a su lado cargaba una maleta,
negra como el color de sus letras...
Me acerqué,
le dije gracias por venir poeta...
Me miró a los ojos y me dijo todo
Subió a una mesa
y empezó a contar su saber,
su ignorancia
y la sencillez de toda su literatura...
Eso me hizo apreciar
el significado del poeta,
que no es mas que un hombre solo,
de esos que no van por el mundo
sino que se han ido
hace mucho,
hacia el mar de la belleza,
de la paz calcada en olas generosas,
humildes como el canto
que no cesa de vibrar
en la oscuridad de mi inconciencia...
Ya terminada su presencia,
me acerqué nuevamente
y le dije muchas gracias poeta...
Me miró a los ojos
y me dijo no sé que cosas,
grabando sobre el cuaderno del alma,
un poema con su desnuda sonrisa...
Lima, julio de 2006
dedicado al poeta mejicano, José Emilio Pacheco.
Thursday, July 27, 2006
Las puertas
Lince, julio de 2006
Tuesday, July 25, 2006
Especialmente para no leer
Lima, julio de 2006
Monday, July 24, 2006
No sé qué hacer
No sabía adónde ir. Aun tenía plata en los bolsillos y unas cuantas horas para hacer cualquier cosa que me entretuviera. Subí al auto y lo encendí. Miré el tanque de gasolina y estaba casi vacío. Tengo que llenarlo, me dije. Pero si le hecho gasolina no me queda dinero para nada... Respiré hondo y fui a echarle gasolina al auto. Ya en la pista, manejando el auto a cualquier lado, recordé que una amiga me debía dinero. No lo pensé y fui hacia su casa. Las luces estaban prendidas. Toqué la puerta, pregunté por mi amiga. Salió, estaba muy bonita. Le iba a decir lo del préstamo pero ella me dio una sonrisa muy picarona que me sedujo. ¿Vamos?, me pidió. Vamos, le dije. Subimos al auto y fuimos, pero, adónde íbamos a ir si no tenía dinero. Me fijé en mi amiga, tenía unas piernas gruesas y bonitas, y sus senos estaban enhiestos como conos. Subí mis ojos hasta sus ojos y cruzamos miradas sin tiempo y centellantes. Me detuve en un parquecito. Encendí la radio. Me le acerqué. Ella no dijo nada. Le toqué las piernas, con las mías, lo mismo. Bajé mi mano derecha como una serpiente hasta tocar sus bragas, y ella me la apresó con sus piernas. Seguí serpenteando mi mano hasta tocar sus vellos. Estaba mojadita. Le metí el índice en su vagina, y ella se soltó a la pasión, desparramó su cuerpo como leche hirviendo, mientras yo metía y metía mi índice derecho. Su cuerpo se tragaba mi mano, mi brazo, mientras mi cuerpo sudaba a chorros... Me bajé la bragueta y saqué mi pene, estaba duro y a punto de reventar. Me la meneé con mi mano izquierda, mientras mi brazo derecho había desparecido en el cuerpo de mi amiga. Todo fue terriblemente delicioso, un fogonazo de placer hasta que otro tipo de fogonazo nos llegó a los ojos, mientras una vos salida de algún lado del infierno nos pedía documentos. Era la policía. Nos quedamos como estatuas de sal, e inmediatamente nos pusimos en orden. Salimos del auto, mostramos nuestros documentos, acompañamos al policía, nos detuvieron por delito contra el orden público. Y luego, llamaron a los padres de mi amiga. Yo no tenía padres. Me encerraron por intento de violación, no había mas excusa. Estuve diez días detenido sino fuera porque un amigo me consiguió un abogado, dinero, y una buena tarjeta política. Salí y en la puerta estaba un tipazo que apenas me vio me dio un trancazo con sus zapatos, era su novio. Casi me mata. Estuve en el hospital. Y cuando me preguntaron el por qué había hecho todo eso, les dije que no tenía nada que hacer... y que la chica me debía un dinero. No me creyeron. Pero sí creyeron que estaba loco. Puede ser, puede ser...
San isidro, julio de 2006
Saturday, July 22, 2006
Sombra
San isidro, julio de 2006
Thursday, July 13, 2006
Vuelos imaginarios
San isidro, julio de 2006
Wednesday, July 12, 2006
Mi hermana me soñó
San isidro, julio 2006
Saturday, July 08, 2006
Conversando con la gente
Aún recuerdo ese momento, ese lugar, esa misma banca en que un hombre me dijo que debería ser un hombre y ser libre del todo. Me habló de las aves, de la esclavitud de los trabajadores, de los esposos y sus mujeres, de los hijos, de todo aquello íconoizado. Me agradaba escucharle, y mas aún seguir sus consejos que me convirtieron en un hombre, en un hombre solo y dueño de sus sentimientos, sueños, y de su tiempo... Pero eso acarreó mi ruptura familiar, y el dolor de ver a mi mujer en los brazos de un amigo. Eso, ya lo presentía pues uno cuando ama de veras, siente cuando es traicionado. Lo que vi con mis ojos, sólo corroboró lo que sentía. Quizá por ello es que no le dije nada a mi mujer, pero, al verla abandonarme, eso sí me zarandeó. Y aquí estoy, sentado en una banca. Escuchando a cualquier persona que tenga algo que contar. Sí, aquí estoy en esta banca que parece conocer más de mí que yo mismo.
Pero todo lo bueno o malo, tiene su final, y eso fue lo que ocurrió cuando volví a ver a este hombrecito que fue el que me inspiró a cambiar de estilo de vida. Apenas me vio, me abrazó, diciéndome que me veía bastante bien. Le dije que había escuchado sus consejos, los había llevado a cabo y le estaba muy agradecido a pesar de mi soledad. ¿Cuál consejo?, preguntó. Le hice recordar, y este hombre me dijo que hacía mucho no hablaba de aquella forma. Ahora laboraba en una fábrica, tenía dos hijos y esposa, y muchas responsabilidades como para dedicarse a pensar y vagar a la deriva por el mundo, como un hombre condenado a la nada y sin conciencia de sí mismo. Le escuché atentamente hasta que luego de algunas horas vino una hermosa mujer con dos niños. Era su familia. Se paró, me los presentó y se alejó de mi vida, dejándome extrañamente abandonado.
Motivado por la bella escena, hice esfuerzos por volver con mi mujer, pero ésta no deseaba nada de mí. Ni mis hijos se antojaban verme. Estaba demasiado lejos de aquella realidad, y aprendí aceptar el destino y la suerte... Decidí buscar otra mujer, otra familia, cuando, sentado en la misma banca en que me sentaba, vi a un sujeto con la cabeza gacha, la mirada a la nada, que parecía sufrir una enormidad. Me dio pena, mucha pena, quizá porque me vi retratado en el hombre, no lo sé con exactitud. Me le acerqué y le pregunté lo que le sucedía. Alzó el rostro y tenía la cara llena de mocos y lágrimas. Me sentí conmovido y me senté a su lado como si fuera su padre. Este me abrazó como quien se coge de un salvavidas para no ahogarse y me contó toda su desgracia. Le escuché horas y horas. Tuve que cogerle con fuerza para que no se abandonara a su desventura... Su madre acababa de morir, vivía solo con ella, la cuidaba. Y ahora que estaba muerta, sentía que no tenía nada que hacer en el mundo. Deseaba morirse de una vez e irse con su madre. De pronto, algo explotó en mi y le dije que no debería pensar de esa manera, que todos somos hombres y deberíamos valorarnos como eso. No le dije más, y el resultado fue extraño. Este detuvo su llanto, se arregló su ropa y me dijo gracias. De nada, le dije, y le vi alejarse con la mirada de frente, como quien mira ya no el pasado ni el futuro, tan solo el presente, y lo que ve es una tarde de frío, de invierno, de sosiego y a un hombre que le ha hecho recordar que es un residente del presente, de la eternidad del aquí y del ahora... Me sentí como dios. Me paré y vi aquel presente frente a mí. Era hermoso, como un cuadro de colores, de personas, y todo vivo, vivo, mientras daba un paso, y luego otro, otro, por un sendero que me llevaba a una realidad impensada...
San isidro, julio del 2006
Sunday, July 02, 2006
La parte importante
Podría ser un error, pero no dudó en decidirse. El negro tocó la puerta del infierno, y algo se abrió, mostrando una de las infinitas cabezas de los condenados a través de uno de los poros de la inmensa puerta de oro, advirtiéndole que si entraba podría encontrar lo que buscaba, la felicidad, la dicha de la muerte. El negro se asustó de tan pesada verdad y dijo que gustaba del sentimiento del miedo, lo excitaba, lo zarandeaba como una araña asaltada por los colmillos de un hormiguero. Volvió a tocarla y la puerta se abrió como si fuera una tela empujada por el viento, y todo a su alrededor cambió de colores como una pintura abstracta con fondo negro... Dio un paso al vacío, luego otro, y otro, y no caía, flotaba como una pluma, y advirtió que su negro cuerpo cambiaba por los colores del infierno, mientras las infinitas cabezas se le acercaban como espermatozoides a un ovario, a su cuerpo, lamiéndole, penetrándole infinitas veces. Me gusta esto, se dijo el hombre de colores, quiero ver a dios o al demonio, a quien sea, concluyó. El fondo negro se hizo nada, las infinitas cabecillas se hicieron cenizas brillantes como en los fuegos artificiales, y una voz en todo aquel espacio tomó forma, un garabato abstracto, y luego, comenzó a pronunciarse ante el hombre de colores, pero éste no pudo entenderle, y dijo eso: No te entiendo dios o quien seas, ¿por qué no me hablas o escribes en mi cuerpo?, le pidió. Y el dios, o el demonio, se plasmaron en un espejo sin marco, sin límites por ningún lado. De pronto, el hombre se vio a sí mismo, se sintió tan extrañamente feliz que se tiró sobre el espejo como si fuera una piscina, y luego todo explotó en infinitos trocillos, en estrellas distraídas por todo el oscuro universo, y cada una ellas silbaba un poema, un verbo que nadie podía entenderlo, sólo el dios o el demonio, sólo ellos, nadie mas…
San isidro, junio del 2006