
es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Tuesday, August 28, 2007
No te conozco

Inesperado

Y esta foto la tomo un amigo, bastante aburrido en una noche mágica para mí que, por cierto, estaba contento como pocas veces.
Dicen que la alegría es el estado natural de la cosas. Cuando se recibe un regalo inesperado, bello, anhelado y esperado, uno se siente especial. Ese fue mi caso. Volvía de la calle con cuatro libros imprescindibles. Los consiguió un amigo en Buenos Aires a un precio de cuatro por uno. Una bendición.
La noche me agrada, me llena de magia, de eso que escucho cuando Mahler toca su Décima Sinfonía. Algo en la oscuridad que brilla a escondidas y que toca partes perdidas de mi mismo. Un regalo, inesperado de Mahler para mí. Escucho los gritos de esta noche, es decir, el silencio de los soñadores, es espantoso, mágico. Podría relatar una historia, se me está permitido. Así que...
Un ave se detuvo frente a un espejo cuando, sin saber cómo, entró en un cuarto, el mío precisamente. Se acercó al espejo y le miró, picó, aleteó, encrespó su lomo... Era un juego verlo, inpotente ante su agresiva imagen, sin embargo, a su lado, no lejos del ave, se acercaba un gato, negro como mis visiones. Le vi alargar sus uñas y arquear su lomo, cola y encresparse, listo para un juego sangriento mas. La paloma se miraba de costado entre el espejo. Voló hacia lo alto del cuarto. Olió el peligro, por supuesto. El gato empezó a mirarle con sus ojos negros y sus parabólicos bigotes. Vi todo esto cuando sentí coger el espejo mientras ambos animalillos, me miraron, preguntándose: ¿Adonde se lleva a mi amigo? Sus miradas me hincaron. Me detuve y di la vuelta al espejo. Me miré. Si, era yo. Viejo, enfermo, medio tonto y con mucho frío y sin ganas de trabajar... El perfecto vago. Dejé el espejo a un lado y fui hacia la paloma. Antes saqué al gato negro. Lo encerré en mi baño. Cogí la paloma que no cesaba de picotearme la mano hasta dejarla libre en la salida de mi cuarto, con la ventana abierta. La solté y se fue volando sin decir un gracias ni un hasta luego. Luego fui donde mi gato. Lo solté y este fue corriendo hacia el espejo. Lo miraba, arañaba, gemía y luego, se fue por la ventana de mi cuarto, posiblemente libre pero no tanto pues sabía que volvería por una dádiva mía. Iba a salir al trabajo pero me dije que hoy día no, hoy sería diferente. Sería una paloma, un gato, un vago mirando por la ventana de su cuarto, esperando salvar una vida... Tuve suerte, una cucaracha que estaba patas arriba peleaba on su suerte. La volteé y le vi alejarse por la ventana de mi cuarto, caminar por la pared hasta llegar al piso, para, seguir con su desconocida ruta, pero muy sabida por este bicho. Pensé que se iba a mirar al espejo pero este bicho sabía muy bien lo que deseaba. Quería morir o vivir para siempre, y murió aplastada por los pies de un vecino del costado de mi cuarto. Bajé de mi psio y recogí los restos del insecto y los tiré a la basura. Luego, subí a mi cuarto y fui a mirarme al espejo. No sé por qué, pero vi algo diferente en mí, como un intento de copiar algo digno que viera en ese insecto que ya no poseía la vida... Sonó el teléfono, rompiendo mis pensamientos. Mi jefe. Le dije que iría en un momento, no sé cuantos momentos, pero iría. Salí de casa al cabo de un rato y de tapar todo el espejo con pintura negra, y luego, fui a laborar, como siempre, y mas tranquilo...
San Isidro, Agosto del 2007
Monday, August 27, 2007
mi madre

La veo y no la veo. Bella de alma. Dura en su expresión. Enferma de tanto amor sin medida. La veo día a día y siento que no soy yo quien la mira, sino, el otro, aquel que se busca y se pierde mientras la escucha día a día...
La veo de noche mientras llego temprano, y cuando la encuentro adormecida sentada en la silla de la mesa de diario, siento que no soy yo a quien espera, que es al otro, aquel que aún no llega a su casa ni llegará...
La saludo y le digo gracias en silencio, porque ella habla en ese santo idioma.
La veo subir a su cuarto y siento que el cuerpo le pesa. Los años le cuelgan en los ojos y en su espalda como un cristo subiendo al cadalso. La noche se le hace su hermana esperada, y espero, siempre espero que, algún día, venga el otro, aquel que le dice tantas cosas, en su mismo idioma, el silencio del amor sin medida...
San Isidro, Agosto del 2007
AMIGOS
Nadie podría entender lo que es la amistad, pero es como una mirada abierta, sin disimulo. Un compromiso sin compromiso. Un vaso lleno de agua, transparente, pero, llena el alma.Un amigo es esta foto. Un muchacho que ve la vida como nadie nunca la ha visto, con sus ojos. Es así, una escuela en donde aprendemos a decir que no, que sí, que puede ser, pero siempre se encuentra esa mirada abierta y llena de sinceridad.
Si algo uno aprende a valorar, es el tiempo, el tiempo que uno pasa con un ser humano que al igual a uno, espera ser escuchado y amado sin compromiso.
Dios hizo el milagro del uno al otro. La amistad es ese regalo que hay que cuidar y venerar cuando el tiempo se lleve toda imagen que ha sellado nuestra alma.
San Isidro, Agosto del 2007
Mis amores...
Desde que las vi nacer, sentí que el amor y la belleza estarían de sus lados. Hijas de mi hermana. Hijas del amor, de dos amigos andando por la vida. Podría hablar de ellas pero no es posible. Ver sus rostros de niñas, sus ojos llenos de inocencia y afecto me hacen sentir que es pura vida adornada de inocencia.Mi madre no opina lo mismo que yo, es normal. Existen diferencias, algo de que hablar y expresar si es de su gusto o no. Mi madre es un ángel sin alas. Ve el mundo así como una santa, como esos seres que cuidan el reino de Dios. La amo y la admiro mas.
Es necesario que el tiempo pase, pero dejo estas imágenes que muestran el premio que me dio la vida por estar cerca a tanta inocencia, tanta bondad del creador.
Ilusión de un viejo decente

La foto de una amiga de un amigo, es joven y como se ve, bastante expresiva y sonriente de la vida. Chilena, creo. De estos tiempos me gusta mas. No sé por qué la he posteado pero allí está. Cuenta con no mas de veinte años y ya se ofrece al mundo, al mejor estilo de las divas.
En mi caso, ya hombre de mas de la media edad, por no decir cincuenta y cuatro años, no tengo aspiraciones al respecto, pero, ustedes, al igual que yo, pueden imaginar estar en la playa, preguntando al menos su nombre.
Puedo acabar diciendo que la vida me ha llevado al rincón de los hermitaños. En ese lugar no hay mas que soledad, mucha soledad y es saludable para un especimen aburrido como quien les escribe. Vivo en un rincón de este mundo y me gusta la belleza, en especial, la mujer. Esta de la foto, es bella, pero algo sucia de expresión. Podría no haberla puesto, pero recién estoy aprendiendo con esto de colocar fotos en la web.
Hace mucho que soñaba que tenía familia, hijos, dinero, y ese tipo de cosas. Jamás imaginé que sería un fracaso mas para el mundo. Al menos eso me gritan mis amigos y hermanos. Me ven, saludan y sonrién como quien se despide de un perrito domesticado. Les veo y les saludo y salgo a mi hueco, o cueva, aunque es mas bien un bello cuartillo, lleno de libros y DVDs. Me gusta ese rincón del mundo. Encuentro muchas historias que salen de mis visiones y de mis sueños y también de mis observaciones y vivencias personales. Espero que algún día me llegue a la vida un mesenas y pueda ofrecerme dinero para poder publicar todo aquello cuanto he escrito, que es bastante, aunque lo haya hecho en no mas de seis años.
Y bueno, mis queridos lectores. Los dejo. Tengo que buscarme el pan de todos los días. Es bueno tener contacto con la gente, sobre todo cuando se trata de trabajo y de historias que serían interesantes de contar y de escribir...
Sunday, August 26, 2007
VAGANDO

está mañana me levanté bastante temprano, contento de sentirme bien con mi sombra, alma y recuerdos, quizá sea que no tengo deudas en la puerta de casa. como dije, el contento me había poseído y ante el pedido filial, fui a llevar a mis padres a la iglesia evangélica. los subí al auto y encendí la radio, como siempre mis padres se quejaban de la vida, de los hijos, de su salud, de la iglesia al cual iban, y, por último, de mí. los dejé en la puerta, había una señora vestida de azul y con cara de aspirante a la santidad, al menos se notaba en su tono de voz y en el esfuerzo de su plástica sonrisa de paz. mis padres son bastante ancianos, pero, ellos aún no lo saben concientemente pues siempre tienen algo que hacer, ya sea irse a la iglesia en busca del pasaporte al paraíso o ayudar a la gente mas necesitada como los indigentes que pasan por la TV, etcétera, etcétera...
vivo en su casa, soy el menor de todos los hijos y no deseo casarme nunca. mucha gente maldita piensan que soy gay. no es verdad. odio atarme a nada ni a nadie, excepto a mi mismo, aunque muchas veces soy insoportable conmigo mismo, y por ello busco escaparme de aquel mal sentimiento. me veo viendo una película que he visto demasiadas veces, o comiendo cosas que me hacen daño, es decir, soy el esperma de la gran inconciencia.
llegué a casa y sentí que nada tenía que hacer sino fuere el de esperar a recoger a mis padres de la iglesia. vi a mi perro, atado a su jaula y decidí salir a la calle con él mientras esperaba que el tiempo pasara. lo llevé a un parque y con su collarín en mis manos, lo solté un poco y le vi comer la mierda de otros perros. iba a regañarlo pero decidí que no. es un animal, pensé, y se parece a mí cuando repito las películas que veo. seguimos caminado y llegamos a una bodega. un hombre bastante mayor estaba atendiendo. tenía canas hasta el los ojos, sus bigotes, sus cejas, su cara en general y esos lentes gruesos de carey gruesos como el poto de botella. aún así, le saludé. todos somos iguales, al menos todos llegaremos a serlo. esperaba su respuesta a mi saludo con risita y todo, pero parece que no me escuchaba, pero si me miraba con cierto temor, quizá fuera por el perro. le grité un poco para que escuchara que deseaba una lata de cerveza. no grité por favor, me dijo. saqué una moneda y se la puse en la mesa de atención, y este viejuco me dio la lata. no quise pensar mas y seguimos con mi perro hasta llegar al parque de mi barrio. tomé mi cerveza y solté al perrito. deseaba que corriera por ese inmenso parque. corrió de un lado a otro, es un bello animal. me miraba como certificando que aun estuviera tomando mi lata. salud, le dije. el perro levantó sus orejas y se acercó, poniéndose a oler la lata. ¿quieres?, pregunté. no le gustó su aroma y seguí tomando solo como mi perro. miré mi reloj y vi que ya era hora de meter al perro a la casa para recoger a mis padres.
salí con el auto y llegué en punto. mis padres estaban en la puerta. subieron llenos de frío y cierta paz en sus caras, y luego, les llevé a almorzar a un restaurante. me invitaron, pero les dije que deseaba estar solo. como quieras, dijo mi padre. vendré tarde, les dije. está bien, dijo mi padre ante la mirada angustiada de mi madre que es seguro que deseaba quedarse conmigo para poder joder a alguien conocido o contar los chimes agrios que siempre guardaba en su alma. los quería, pero mas quería mi soledad. me despedí de ellos con un beso en la frente y fui con mi auto rumbo hacia el campo, en las afueras de la ciudad que estaba a más de dos horas de camino en auto.
cuando llegué no vi a un solo ser humano y menos un alma. salí del auto y tuve la suerte de encontrarme con una bodega, pequeña pero bodeguita al final. entré y pedí una lata de cerveza. salió una mujer andrajosa y vieja con una cara colorada y regordeta. era grande como un tonel de vino. Debe ser extranjera y borracha y puta, seguro, pensé mientras le pagaba y esta me daba la lata en las manos, hasta llegar a rozar sus dedos con los míos. me miró con sus ojos azules y vidriosos y sacó la lengua haciendo un signo obsceno con sus labios y sus rojizos ojillos azules. iba a subir al auto pero no. le pregunté a la tipa su nombre. me llamo Brunilda, dijo. fue terrible, tenía un aroma a esperma. chau Brunilda, le dije. subí a mi auto y seguí metiéndome mas adentro de ese lugar, desconocido por mí. me detuve en una pendiente. y decidí caminar por esos lugares tan solitarios como yo. caminé y caminé hasta llegar a un río. me puse en su orilla y me puse a orinar, cuando vi a cinco mujeres del lugar, provincianas, que estaban lavando ropa, mucha ropa y dejaban todo el detergente por todo el río como una mancha blanca, parecida a una nube de agua. eran bastante mayores, por no decir viejas y feas. las saludé y ellas rieron entre ellas. sonreí y les dije fuerte salud con mi lata de cerveza. rieron aún mas. me paré y ante ese espectáculo decidí alejarme un poco mas adentro de ese lugar y alejarme de todo tipo de personas. penetré en el bosque hasta sentir que el bosque y sus habitantes, me observaban con no buenas intenciones. ¡¿en dónde estoy?!, grité. el eco me dijo lo mismo y sentí un frío en todo el espinazo. miré hacia el cielo y ya estaba por oscurecer, o los brazos del bosque empezaban a cerrarse, como si fuera una olla y empezaban a tapar su pieza, su presa... por suerte escuché el sonido del río como si fuese la voz de Dios y supe que podría salvarme. llegué al río, corriendo y asustado, y vi un poco mas lejos mi auto pegado a la orilla del río. corrí y ya, ya estaba en mi lugar, seguro como si la vida que me esperaba fuera el paraíso.
subí al auto y volví a la ciudad. llegué a casa y vi las luces encendidas y los ladridos de mi perro. entré y saludé a mis padres. mi perro me esperaba, quería jugar. subí a mi cuarto y encendí la TV. cerré los ojos y recordé que era un día domingo, un día mas, un día en que pude encontrarme conmigo pero el miedo me jalo a la misma cotidianidad de los días y las noches en mi cuarto.
san isidro, agosto del 2007
Saturday, August 25, 2007
EL JUEZ

las veces en que me hube sentido mal siempre he buscado un placer efímero, y cuando lo he hecho, me ha caído como una pared encima de mí. es así esto de los sentimiento de culpa. mi madre, es decir mi madre, la única que tengo y que se encuentra descansando con sus más de ochenta años en su cuarto acaba de comprarse una máquina de cocer. la veo distrayéndose, y luego, se echa a dormir, como siempre, pensando si quizá mañana despertará. la veo y siento lo mismo en mi vida.
esto que escribo está mal, muy mal, pero es así, no es una manera de gustar a nadie ni a mi mismo. es como si me esforzara en volar y salto y salto y salto tratando de elevarme y viajar lejos, ni siquiera, si es que lo consiguiese, sabría adónde. escribir es así para mí, un viaje, uno de esos del cual jamás volverás...
hace poco he releído muchos de mis textos y son muy buenos, me gustan, casi todos. me gusta sobre todo aquellos que pude sentirlos crecer lentamente mientras abrían sus pétalos como una rosa.
ya para terminar, decido no seguir escribiendo, me hace daño. pero, esa historia de un juez, de esos jueces que tienen que decidir entre uno y otro, como un Salomón. y este hombre se encuentra entre dos hermanos que quieren justicia y ambos le lloran y parece ser que tienen la verdad en sus manos. ¡justicia!, gritan al juez.
este se lava las manos y coge a uno y le dice que mate a su hermano, y así se librará. le da un puñal y le dice que lo haga. este suelta la daga y espera, espera un rato, luego la coge y se lo clava a si mismo. muere, cae como un trapo. el juez se lava nuevamente las manos y le dice al otro hermano: ya tienes lo que buscabas, puedes irte. el hermano coge a su otro hermano y se lo lleva, diciendo: no quiero nada, nada, tan solo deseo ver a mi hermano vivo, nada mas... de pronto, el juez le pide que se detenga y este se detiene. coge al hermano muerto y le pasa la mano en su herida, haciéndole resucitar al igual a Lázaro. este despierta y ve a su hermano llorando y ambos se abrazan y se van del palacio del juez. nuevamente el juez se lava las manos y se sienta en su silla y espera al siguiente hombre.
esta vez es una mujer totalmente desnuda y llena de marcas, tatuajes en todos lados. ¿qué deseas de mí?, le dice el juez. tu alma, responde la mujer. el juez baja la mirada y cierra los ojos, y espera un momento que se hace días, meses, años, una eternidad... y cuando abre los ojos, allí está la mujer, con las manos abiertas, mostrando su desnudez. ten, le dice el juez, y le entrega una planta con una flor. allí está mi alma, puedes quedártela. la mujer coge la bella planta y se la traga... el juez cambia de color toda su piel. el cielo se hace rojo, el palacio se vuelve negro y tan solo brilla el cuerpo de la mujer que empieza a reír como una demente. luego, detiene su loca risa y calla. ¡no!, grita y en ese instante las luces empiezan a despertar y su cuerpo se deshace como la arena, y un viento la recoge y la lleva a un desierto...
hay un hombre sentado, meditando en el desierto. coge un puñado de arena y la guarda en una bolsa. le echa una poca de agua y brota una planta con una flor. este hombre es nuestro juez. se levanta y levanta las manos hacia el cielo. todo cambia de color. las arenas se hacen su palacio y todo se llena de paz y canción. el juez se echa a descansar y cierra los ojos, y espera a que entre otro ser humano en la búsqueda de algo mas, sin saber que ya todo lo tienen. esto lo sabe muy dentro de ellos mismos, pero nuestro juez es como un espejo limpio que solo existe para eso, para mostrar a quien lo desea, quién en verdad es...
un lindo texto. lo he terminado o lo han terminado, no sé. es para ti, aunque no sé quién eres.
san isidro, agosto del 2007
Tuesday, August 21, 2007
estrellas

san isidro, agosto del 2007
Monday, August 20, 2007
poesía sentimental
la luz se hizo negritud
las hojas de un viejo árbol
cayeron a la tierra
soy hijo de un hijo, dijo la hoja vieja
me siento bien
en paz
en silencio
he de ser un ser humano
que gusta hervir sus deseos
bajo el fulgor de la olla verdadera...
la noche es negra
y no deja de ser hermosa
como los ojos tiernos de mamá
puedo cerrar la puerta de este instante
y abrirme el pecho
es seguro que brote sangre negra
del color de toda noche
y el silencio ponga huellas
sobre el manto de las sombras
y como en este momento
que termina un tierno texto
te juro que no sé aún
si soy un día
o una vieja noche...
san isidro, agosto de 2007
Sunday, August 19, 2007
feliz
san isidro, agosto del 2007
Monday, August 06, 2007
¡Dios, tienes mucha razón!
- alo
- ¿si?
- hola papa, soy yo, tu hijo...
- ¿cual de todos?
- el que mas te quiere...
- ¡ah!, pero ese está muerto... ¿has resucitado?
- si
- que bueno... oye, hazme un favor, dile a tu madre que no me tire el teléfono toda la vida
- ok
- oye, ¿cuándo voy a morir?
- pronto
- y, ¿duele?
- no recuerdo
- entiendo, pero, cuándo vienes a verme... perdón, pero estás muerto, jajajajaja... disculpa hijo, anda ve y gracias por llamar
- te quiero papá, y un beso para ti
- g-r-a-c-i-a-s
colgó. iba a ponerme a pensar en el pobre anciano, pero qué diablos, tiene 97 años, vive en el loquero y me llama todos los días... es seguro que muy solo se siente... iba a visitarlo pero recordé la última visita. me dijo que el nunca había tenido hijos y menos un mono feo como yo. le dejé hablando y me di media vuelta, llorando delante de él como para que se sienta mal, pero fue todo lo contrario, pues me dijo mujercita... desde aquella vez, que fue la única vez, no he vuelto a visitarle, pero siempre le llamo, eso es mejor, hay veces en que le digo otras barbaridades como que he salido presidente, o que soy un gran novelista, etcétera... pero, su mal es incurable: demencia senil.
apagué las luces y me puse a sentir la oscuridad y el silencio total. es posible, sobre todo cuando te pones una venda en los ojos y unos tapones en las orejas y cierras todo huequito de tu cuarto. un silencio y una total oscuridad.
debo de estar medio loco con esto de mis experiencias nocturnas. una vez, vi que un puntillo de luz se puso en mi frente. me asusté un poco, pero luego, quise saber qué era eso. el punto se puso frente a mi a menos de unos centímetros.
- ¿eres dios?
- si
- ¿y yo?
- ¿tu?
- si, yo...
- eres un polvo que piensa que es dios
- entiendo, perdón, pero ¿qué es lo que desea?
- nada, solo te observaba y me preguntaba el por qué gusto de pensar tanto, si no hay nada que pensar, todo está dado para que viva una temporada y que sienta en cada aliento que es como si fuera el último que tengo... ¿entiendes?
- entiendo
- adiós
- si, y muchas gracias y adiós
la lucecilla se esfumó como si estuviera diluyéndose en mi oscuridad y yo me quedé contento con tamaña sacra experiencia.
a la mañana siguiente le conté a mi madre todo. me respondió que estaba loco igual que mi padre, y luego se puso a renegar de que cuándo le voy a pagar la cuenta que le debo y que soy un tonto si continúo manteniendo en el negocio a tanto vago, etcétera, etcétera...
salí a la calle y fui hacia mi laburo y mientras manejaba, recordaba cada aliento que entraba y salía de mi vida, y, la verdad, era como si agua fresca lavara mi alma... por mi madre, ¡dios tiene mucha razón!
san isidro, agosto del 2007
Sunday, August 05, 2007
Un mensaje a un buen Dios...
San Isidro, agosto del 2007
Thursday, August 02, 2007
Manía
Tengo la terrible manía de escribir sin dejar un solo día de hacerlo, ya se que puede caer pesado q quien encuentre estas letras pero son letras que me salen de bien adentro, o de una parte que no en donde se encuentra, dicen que eso se llama musa pero no entiendo cómo una cosa de esas, tenga un nombre femenino y no es que sea machista, no, nada de eso, soy una persona común y corriente que le gusta decir una que otra cosa porque si no lo dice se siente recontra mal porque es como tener cientos de kilos de plátanos en un almacén sin que sea consumido, por supuesto, llega en momento en que huele mal, a podrido, a plátano malogrado, y eso es lo que me ocurre cuando no escribo, es como si tuviera a una persona que dibujara sobre un plano de mi visión una seria inagotable de imágenes pasadas, futuras, actuales, es así, se los juro, debe de ser que dentro de mí hay un artista que pinta y pinta con esa pluma de la vida y me deja ciego ante la realidad que tengo delante y que no me permite apreciar la vida que está frente a mi en ese instante, es así pero qué se le va hacer cuando uno es una especie de maniático de la escritura, de contar cosas que nunca han sucedido ni sucederán, aunque esto no es tan verdad porque una vez le conté un cuento a un amigo que venía de suiza, y cuando terminé de contársela me dijo que eso le había ocurrido a su mejor amigo y que había salido en los diarios de hacía unos años atrás, se los juro que fue así, mi amigo no me dejó hablar por espacio de tres horas hasta que lo dejé en su hotel y vi que uno amigo que es gay lo venía a recoger, posiblemente para invitarlo a cenar o a contarse cosas así como mi cuento, y quizá el amigo gay también tenía otra historia que contar porque cada ser humano sobre la tierra tiene algo que decir, excepto los muertos, porque aún los minusválidos, locos, ciegos, en otras palabras, los desgraciados siempre tienen algo que contar, como aquel tipo que está totalmente contrahecho y que diariamente va a la misma tienda que yo voy cuando quiero o deseo comprarme un cigarro y me mira y me saluda así como los osos, monos, etc, pero que yo como soy una persona hiper sensible puedo sentir que desea hablarme y le entiendo y le siento y le escucho en ese idioma de gestos y manos ya abrazos y besos y besos en las manos, y, se los juro, les entiendo, y entiendo que necesitan sentirse amados, o, escuchados que es lo mismo que amar, porque el amor es un reflejo de la paciencia de detenerse ante esa vida en cualquiera de sus formas, como la de eso pobre hombre contrahecho y que habla y se mueve como un oso a pesar de que no tiene dedos en las manos, tan solo un muñoncito como si fuera un ombligo o punto final de cocimiento, o algo por el estilo y es así como le entiendo y entiendo que me gusta escribir como ese hombre y escribo cuentos e historias que han ocurrido o van a ocurrir porque uno es también como una especie de profeta, porque uno escribe cosas que van a suceder, se los juro, como esa vez en que mi hermana estaba a punto de parir y feliz de la vida me dijo si deseaba ser el padrino, le dije que encantado, que sería todo un honor para mí, pero que antes deseaba escribirle un poema o una historia a la que le pondría un nombre hermoso, el mas hermoso de todos los nombres porque yo iba a ser el padrino y aquella misma noche me puse a escribir una historia y la escribí sin parar durante mas de cinco horas pero lo extraño de este cuento o narración, es que, el niño jamás llega a nacer, es decir muere y se vuelve un angelito de esos que vuelan por todo el valle de los vivos con sus alitas como una mariposa o una libélula pero con su cuerpecillo de Campanita, la del cuento de Peter Pan, de J. M. Barrie, aunque en verdad no era un cuento si no una obra de teatro que hizo desgraciado a quien representó dicho personaje y a su propio autor que nunca pudo tener hijos, aunque se cuenta que adoptó a tres niños sin padres que le sirvieron y mucho, aunque después todos murieron antes que el mismo autor, espero que a mí no me suceda como a Barrie, es decir, que no me salgan alas ni mis hijos se mueran antes de que nazcan, aunque aún no tengo hijos ni novia ni nada que se le paresca porque paro laborando o cuidando al perro y gato de mi madre, y también la cuido a ella que tiene mas de noventa años y se para meando, y olvidando hasta de quién soy yo porque así le pasan a la gente mayor, se olvidan hasta de sí mismos, espero que eso me pase a mí porque esto de escribir es una arma mortal, de esas que no sabes cuando y ya, ya fuiste, o eres famoso o simplemente no eres mas que uno de esos que escribe en un cuarto oscuro, lleno de libros y sin nadie mas que los pericotes quien los vea, si es que es una casa sucia, cosa que no es mi caso, en mi caso serían cucarachas, y pequeñas cucarachas, de esas que no son mas grandes de un alfiler, pero qué diablos estoy escribiendo, y que diablos leen ustedes estas letras de un maniático que no puede dejar de escribir porque es una manera de salvarse de ser una existencia normal, aunque eso de normal es algo que no es muy normal en estos tiempos, basta con ver los periódicos para darse cuenta de que todo esta normalmente anormal, uno ve que la gente se besa entre hombres, entre mujeres, se matan entre niños, se aman entre animales y hombres, es algo espantoso que lo normal se haya convertido en algo tan extraño a lo natural de la vida como sería un bello cuento de Barrie, o mío, por qué no, pero mejor no, porque me vaya a ocurrir algo de los profeta que pude ser o fui o seré, porque según mis hermanos yo he sido potencialmente un gran artista, un músico, y eso pude que sea verdad pues tengo la extraña costumbre de que apenas llego a mi casa que está ocupada por mi madre y por mí, de tocar el piano tal como lo hiciera Chopin, es decir, a oscuras, o, en otras palabras, toco mis Nocturnos, que no son nada como los de Chopin, sino simplemente notas que me gusta escuchar a oscuras, a eso de la media noche cuando medio mundo está totalmente conectado a su sagrada respiración, y algo mas que eso, porque cuando roncan es como un tornado, largo y profundo, quizá como la respiración de una ballena, no lo sé con certeza, pero no, esto no tiene nada que ver con nada, lo mío es una manía, una bella manía de escribir historias o simplemente esto, letras, letras, letras y mas letras que serán devoradas o selladas en una que otra conciencia, quizás las de los mas brutos, o, al revés, no tengo la certeza, pero, qué importa, uno lo hace desde ese lugar en donde no existe sonido ni palabra ni idioma, y, en verdad, siento que algún día cruzaré esta orilla y supongo que no volveré jamás… ya lo verán…
San isidro, agosto de 2007
Tuesday, July 31, 2007
confesiones
la otra vez te vi salir de tu cuarto. estabas apurado(a). querías leerme. te vi sentado(a), y me dije que sería muy bueno que nos conociéramos. me presento, soy un dios de letras y líneas que vive entre tus ojos y ensueños, y visiones de recuerdos hermosos o terribles, pero siempre perfectos. te cuento que hace mucho he muerto, en verdad, siempre muero, soy la muerte andando y cargo este saco lleno de semillas de vida, cayendo sobre este mundo de letras y palabras ya dichas hace mucho. te confieso que día a día, noche a noche mi carga se hace mas y mas suave. veo mi bolsa de semillas de vida y quedan tan pocas que sé a ciencia cierta el fin de mis pasos por este ahora en movimiento. te confieso que soy tan feliz cuando veo esas semillas hechas árboles, flores, ramas, monte en general... ¡que gusto saber que dejo tanto a mis pasos!. veo y veo todos los días y por las noches te juro que veo mucho mas, por eso acostumbro a viajar a través de estas cartas, a esta luz de oscuridades afables y diáfanas al mismo tiempo.
soy un ser tan libre cuando siento alegría, cuando escucho la voz de la vida en todo el universo. camino o corro y siento tanto que tengo que dejar mi bolso de semillas y oírte, pues, sí, oírte, pues, todo es uno, y uno es todo, sonando como un canto sin inicio ni final. tan solo cierra esos ojos y esos oídos y verás tanta verdad que borra toda la oscuridad de un mundo de signos y sellos a punto de borrarse... cierto, somos uno y somos uno en un todo atado en un ramo de criaturas de un dios de infinitos nombres y cantos....
te diré que tengo un secreto a gritos. soy una muerte andante que respira y respira hasta que el cielo me lleve sin peso ni semillas de vida, viajando así como este canto que suena por las noches, junto a las estrellas de este hermano cielo...
la paz en un privilegio de todos nosotros. es la puerta hacia aquel paraíso perdido. somos el adán perdido, escondido tras su propia desnudez, y, al mismo tiempo, somos eva que tan solo busca amar y ser amada... es vida tan perfectamente hecha y deshecha, instante a instante... tienes derecho a sentirte en la paz, ella es tu eva... te busca y te ama... no la olvides, es tu sed verdadera, tu lado mas hermoso...
san isidro, julio del 2007
Sunday, July 29, 2007
Dios mío
San isidro, Julio de 2007
Saturday, July 28, 2007
BERNARDO Y BERNARDA
la vida de amos, cambió, a pesar que siempre se pensaban, soñaban, y, conversaban todas la noches, en plena oscuridad. ella, mientras caminaba por una acera, mirando hacia el cielo. veía un ave volando por la noche y sentía que era su hermano. le hablaba, le contaba todo, que estaba muy bien, que la habían ascendido, y que estaba casada, esperando un bebé. el padre era un doctor americano y deseaba llevársela a su país... mientras que él, miraba por las noches, a través de los barrotes, ese cielo negro, poderoso, húmedo, pero, tan como un teléfono, su mas leal amigo... pues, escuchaba a su hermana. le decía que estaba bien, que aunque el hambre era terrible, pronto saldría de su celda, pronto, y que deseaba conocer a su marido, y que sería muy bueno que fuera a otro país.
ella se fue con su marido, dejando a su hermano encerrado en los campos enemigos. por suerte la guerra terminó, y nuestro bernardo pudo salir. estaba débil, enfermo y con grandes esperanzas. a todo el que le preguntaba qué haría, este les contestaba que américa sería su próxima parada. bernardo se curó, y trabajó mucho para juntar pasaje y viajara a la américa. luego de un tiempo, escuchó la voz de su hermana, bernarda. esta le decía que a pesar de sentirse amada y de tener un hijo cuyo nombre era bernardo, se sentía sola... no, no te sientas así, siempre estaré a tu lado, tan solo hay miles de kilómetros que nos separaba pero estamos unidos, unidos hasta el fin de tus días, y muy pronto, podré conocer al pequeño bernardo.
ella enfermó, y bernardo lo supo en el mismo instante. pudo viajar y llegó a la américa. siguiendo su instinto encontró a su hermana. estaba gravemente enferma. apenas se vieron, hubo un gran silencio en todo el cuarto. todos se apartaron. los hermanos volvían a estar uno al lado del otro. ella murió, llena de amor pero murió.
bernardo regresó a su tierra y mientras viajaba en el barco, veía una estrella en el cielo, y le hablaba: bernarda, vuelvo a nuestra tierra, vuelvo a llevarte a mi lado... pasaron un mes y el barco llegó a su tierra natal. apenas llegó, bernardo contrató a una persona para que lo matase, y luego, lo enterrase en un hueco al lado del bosque. consiguió ayuda y bernardo murió.
cada noche, cuando pasan por la calle de los hermanos, se escuchan pasos, y risas, y una mano como quien quiere llevarte de nuevo a casa... yo no creía esta historia hasta que pude ver en el cielo el rostro de dos muchachos. uno era de hombre y la otra de mujer. no me quedó duda. eran los hermanos... unidos mas allá de la vida y la muerte. supe que el silencio es poderoso, se escuchan todas las verdades...
san isidro, julio del 2007
Tuesday, July 24, 2007
EL JARDINERO
la tarde estaba fría. la gente no cesaba de andar con prisa, frotándose las manos, apurando sus pasos, sus mentes gritaban desde lejos, yo, creo, solo yo podía escucharles... la tarde estaba fría y un susurro me hizo dejar de mirar a la gente desde el asiento al cual no me movía por mas de cinco años. era una voz, un llamado. volteé la vista y vi que era un perro que me miraba y decía que si estaba bien. le dije que sí, que jamás había estaba tan bien como ahora si no fuera por el frío. el perro se me acercó y pidió pegarse a mis pies, por el frío. le dije que sí, que si por supuesto que si, que no faltaba mas, que esta banca, pegada al río, era de el tanto como de los demás, aunque ni usted ni yo paguemos impuesto, pero, una vez escuché que las cosas son de quienes las necesitan, y esa fue idea por la cual, desde que me echaron de mi casa mis dos hijas de cincuenta años, me senté en esta banca. le conté al perro que tenía noventa años, que los dientes se me caen lentamente, pero, cuando uno que otro está por salírseme, me lo arranco, nunca he tenido paciencia para nada... y aquí estoy, sentado frente al río. me gustaría estar en mi casa, pero, mis hijas viven allí, y no desean estar a mi lado. ellas no me lo han dicho, pero, eso se siente. basta con ver que ni me sirven la comida, ni nada, ni ropa, nada de nada para sentir que debía largarme de ese lugar que fue una vez mi casa, la mía y la de mi difunta esposa... pero, así es la vida, solo espero que una noche la muerte me cargue con todo y encuentre, eso espero, que mi mujer esté allá, esperándome como siempre me esperaba cuando viajaba lejos, al otro lado del continente, porque, sépalo bien, amigo perro, fui un gran personaje cuando fuerte y joven. construí muchas casas y edificios, etc. tuve dinero, mujeres, etc, pero, también tuve errores por mi exceso de confianza en la amistad, esa maldita amistad que llevó a tantos sinsabores en la vida... ¡malditos!, y ahora, aquí, solo, viejo, lleno de recuerdos cortos, tan solo los de la gente que amo, nada mas... y usted señor perro que me da su calor, su amistad, esa amistad sincera de bestia, de animal que no tiene el privilegio de pensar ni dudar. ¡gracias!, le dije. la noche se acercaba, el frío aumentaba, y ya era la hora de cenar. pedí a un señor que me diera unas monedas para comer el el centro de indigentes. me dio unas monedas. entré y el perro entró a mi lado. compré una sopa y un segundo y un tesito con pan. el pan se lo di al perro. se lo devoró, y lo demás me lo comí con gran fruición. la noche estaba cruda. ¿salimos?, le pregunté al perro. vamos, me dijo. salimos y buscamos un espacio dentro de la casa de indigentes, pero había tanta gente haciendo cola que tuve que olvidarlo. vamos bajo un auto grande, le dije al perro. mejor vamos al basural, allí hay unos trapos llenos de calor y jebes quemados que nos calentará mejor, dijo el perro. nunca había dormido en un basural, pero, quizá sería mejor... fuimos y la luz de las calles, desapreció, tan solo veía los ojos del perro... llegamos al basural y oía a mierda, entramos. aquí, me dijo el perro. no supe qué era, pero olía a llanta, a moho, pero no a humedad... vamos, le dije. nos sentamos y el perro se echó a mi lado. apenas cerré los ojos, quedé seco como una tabla... tuve lindos sueños. mi mujer me abrazaba, mis hijos dejaban de pelear, era el paraíso. el día era cálido y estábamos junto a mucha gente llena de vestidos de verano y de colores llamativos... es lindo, pensaba. un auto se detuvo frente a nosotros y nos dijo que subamos, en mi sueño. subí y me senté frente al chofer. le vi la cara y era un tipo extraño, de color negro, sus ojos eran blancos con negro, era fuerte pero sonreía y su sonrisa era cálida como el día... es el cielo, pensé. de pronto, la luz de día llegó como un balde de agua fría. abrí los ojos y estaba echado en un basural, lleno de restos de comida y trapos viejos y perros, muchos perros. vi a mi amigo el perro y este había desaparecido. me levanté y caminé con gran dificultad. hacía frío y anduve sin parar hasta llegar al río y al lado estaba mi banca. lamentablemente estaba ocupada. había una mujer vieja con mi amigo el perro. iba a decirle algo pero decidí no hacerlo. seguí caminando hasta que llegué a un parque inmenso. sus gigantescos árboles me dieron un shock. me acerqué y puse mi mano al árbol. este, como asustado, me dijo, ¿qué me tocas?. nada, nada, solo que me trae recuerdos gratos, le dije. por supuesto, si fuiste tu con otro chicos quienes me plantaron... ¿cómo va jardinero?, me dijo. le conté que no tan bien como a él, y le conté el resto de lo que recordaba. ¡quédate conmigo! ¡yo te acompañaré y te diré qué comer y dónde dormir!, gritó. está bien, le dije. me senté al lado del árbol y este me dijo que le contara mi vida, se la conté y me sentí muy contento porque sólo recordaba las cosas lindas de chico, de joven y de mayor. el árbol también tenía historias, me las dijo una por una. me contó de esas avecillas que se posas en sus ramas, que el frío es su amigo que comulga con sus raíces, que los bichos viene y se van como toda la humanidad... le pregunté si tenía amigos. me dijo que no, pero, si gustaba podría volver a ser mi amigo. le dije que sí me gustaría, y me eché a su lado... este dejó caer ramas y hojas secas que me cubrieron del frío, luego, me dormí. cuando abrí los ojos, vi muchas avecillas paseándose por todo su cuerpo. vi gusanos que bajaban y subía por su tronco. fue bello... le dije que daría un paseo y me despedí de mi amigo el árbol. cuando llegué a la acera vi a mucha gente normal que no cesaba de pensar en sus cosas, parecían gritar asustadas de todo cuanto pensaban. eran como su mejor amigo, y, eran seres que vivían con una bomba de tiempo dentro de sus mentes llamado miedo a todo. escupí al suelo y seguí caminando por la acera. pedí unas monedas y las recibí. fui a cenar y en la puerta estaba el perro esperándome. ven, le dije y entramos. le di un pan este se lo lo tragó todo. yo comí el resto. tenía una buena vida a mis mas de noventa años... miré a toda la gente y todos, a pesar que había un poco de sol, temblaban de miedo, del devenir de todo, de la muerte que parecía estar cerca de uno de nosotros. de pronto, la muerte entró y la vi. estaba vestida de negro, no se le veía la cara, era como una santa de negro... ¿me buscas?, le pregunté. sí, me dijo. ¿eres el jardinero?. sí, ¿porqué?. ¿has cosechado bien?, volvió a preguntar. sí, le dije, tengo un par de amigos y mucha gente a mi alrededor que no saben que existo... haces bien jardinero, pero, ¿te gustaría quedarte un poco mas?. sí, un poco mas, desearía un día mas, tan solo un día mas... ¿para qué?, preguntó. quiero ver mi jardín señora... ¿puedo?, pregunté. me miró y dijo con sus ojos: mañana antes del alba... la miré y vi que salía al lado de toda la gente indigente que, temblaban de no sé qué... el perro había estaba aullando y solo yo no me había dado cuenta, salimos del comedor y este dejó de aullar. iba a pedirle que me acompañara hasta mi jardín pero, el perro me dijo que no, que mejor vaya solo... le dije que estaba bien, y, por si cambiaba de opinión, mi jardín estaba junto al árbol de parque. ok, respondió, pero, no te prometo nada. ok, le dije. le vi irse corriendo tras una perra que pasaba por la calle junto a una manada de perros... animales, les dije. alcé los hombros y caminé hasta mi jardín. allí estaba, todo estaba igual, aunque mis ojos veían una acequia, yo veía a toda mi familia, mis hermanos, mis amigos, mis padres, todos estaba allí, sentado en un momento de tranquilidad. cogí un poco de agua y se lo eché al árbol. amas tu jardín, jardinero, me dijo el árbol. si, respondí y continué hasta regar todo ese espacio vacío pero lleno de tantos sentimientos y recuerdos que brotaban como mariposas de mi corazón... terminé y me eché bajo el árbol. fue hermoso, muy hermoso hasta que vino la noche y luego las estrellas que alumbraban todo mi jardín que en esos instante estaba poblado de zancudos y bichos pero, seguían mis sentimientos y recuerdos en ese mismo fulgor... cerré los ojos y cuando los abrí, la señora muerte estaba acariciándome la mejilla... me paré y ella me cogió de la mano. caminamos, aun no aparecía el alba. ¿es lindo mi jardín no?, le dije. muy hermoso, muy hermoso, me dijo la señora, y luego, llego el primer brillo del día y con ese brillo, todos mis sentidos se diluyeron en su brillantes... fue algo sin letras ni ideas ni palabras. mientras esto sentía, escuché una voz: ¿te gusta?. era la señora muerte. sí, respondí, muchas gracias, estaba muy agotado y tenía un gran sueño, gracias, agregué. de nada, respondió...
san isidro, julio del 2007
Sunday, July 22, 2007
Torta de cerezas
San isidro, Julio de 2007
Wednesday, June 06, 2007
REY
Desde que vino al mundo, escuchó una palabra que marcó su vida para siempre: Rey. Ya sea su madre, padre, tíos, amigas de la familia, así lo llamaban, Rey. Quien sabe si las palabras pueden marcar a las personas para siempre, eso es algo que hay que meditarlo mucho, aunque, la palabra merece su respeto. Cuando uno escucha: tonto, esa palabra lo llena de vergüenza, aunque no sea cierta. En mi caso personal, me llamaban dejado, y eso me marcó hasta mis días. Siempre que tengo que hacer algo, usualmente lo dejo para el final. Costumbres que vienen desde muy lejos en el tiempo, quien sabe si fueron las primeras palabras que pude entender. Pero, volvamos a la historia de nuestro amigo que sintió ser un rey de verdad. Y uno de esos con su reinado, poder y súbditos, pero, real, actual.
Nuestro amigo y vecino, nació a pocas cuadras de mi casa. Yo le veía siempre que pasaba por la puerta de mi casa rumbo hacia el colegio en el que ambos estudiábamos. La primera vez que le vi, estaba entrando detrás de mí. Yo hacía esfuerzo inconmensurables para no entra el mi primer día de colegio, y lloraba, me agarraba de las faldas de mi madre. No, no, no, no por favor, gritaba, y lloraba. De pronto, le vi. Era un chico de rostro amplio, cabellos negros y ojos saltones, y aunque iba bien vestido, eso no era lo mas llamativo de su personas. Sí lo era su porte, su mirada y su voz que sonaba a la realeza... Me miró y sentí que debía parar de llorar, y no sé por qué, paré de berrear. Quizá por la vergüenza al ver que otro niño entraba sin llorar, o porque sentí en su mirada un encanto.
Nunca hablaba con nadie en el colegio, sin embargo, nunca salía bien en las clases, pero aún así, nunca perdía ese porte de realeza. Y por ello, todos en el colegio le llamábamos: Rey. En tiempo de la primaria pasó, y muchos amigos de la vecindad, le veíamos encerrado en su casa. Nunca salía si no fuera con su padre, madre o la empleada. Y jamás me dio un saludo, pero una que otra vez, me miraba a los ojos. Le vi tratar de conquistar a las chicas mas lindas del salón, fracaso. Bailar en las reuniones y conciertos del colegio, pero nadie deseaba bailar con él. Las chicas le decían que era un creído. Una tarde me le acerqué y traté de hablarle. Me sorprendió mucho al hablarme como si ya nos conociéramos desde siempre. Me dijo que no gustaba de reuniones y que quería hacer un largo viaje a su reino. Eso me llamó la atención y le pregunté en dónde quedaba su reinado. Me miró a los ojos y me dijo algo que nunca olvidaré. Lo estoy creando, y vendrá sin que me avisen. Me despedí de él. Las siguientes veces en que le vi, tan solo le saludaba.
El tiempo continuó su marcha y ya por salir del colegio, observé que en todo aquello en que se metía, como deporte, artes, literatura, conducta, nada le salió bien. Era un bueno para nada, pero ni con esas perdía su altiva mirada y su caminar majestuoso. Yo ingresé a la universidad y estudié literatura pura. Y Rey, por más que intentó ingresar a la universidad, jamás pudo conseguirlo. Le vi intentarlo cuatro años seguidos. Y siempre era lo mismo, nada. Y cuando se iba de ver los resultados, se escuchaba de su boca: quizá aquí no esté mi reino.
Terminé mis estudios y me puse a laborar en una editorial como corrector y crítico literario para una revista. Me casé y tuve una linda nena a la que llamé, Sofía. Mi mujer también se llamaba así. Una tarde en que iba a dejar a mi hija en el colegio, le volví a ver a mi amigo Rey. Le saludé y este me devolvió el saludo. Me estacioné y bajé del auto con mi hija para saludarle. Me contó que estaba casado y que tenía tres hijos, ya jovencitos. Le pregunté a qué se dedicaba. A nada, aún a nada, respondió. ¿Cómo haces para mantener a tu familia?, le pregunté. Respondió que cuidaba un condominio cerca de la playa todas las noches. Agregó que su esposa trabajaba como visitadora médica. Iba a invitarle a mi casa pero vi en su mirada que no lo deseaba. Nos despedimos y le vi alejarse. Aún conservaba su elegante andar, y esa mirada altiva y visceral.
Una noche en que estaba muy agotado, sentado frente a un libro en las manos, tuve una visión de él. Era así:
Todas esas preguntas se hacía mi amigo y decidió caminar hasta meterse en las profundidades del mar, si no recibía una contestación, una lumbre que le diera sentido a su vida... Pero continuó caminando hasta meterse al fondo. Ya sin poder respirar, tuvo un sentimiento. ¿Existes o no? ¿Existo o no? ¿Y si no soy y nunca lo he sido, por qué guardo este sentimiento en mi alma, como una costra sagrada?. Ya con los pulmones a punto de reventar, soltó su respiración... Y nuestro amigo, comenzó a hundirse en las profundidades del mar. De pronto, mientras se hundía, volvió a escuchar voces... Abrió los ojos más y pudo ver que miles de peces de fosforescentes colores se le acercaban, vitoreando: ¡Nuestro Rey ha llegado! Vio a todos estos seres, y también observó que la arena del mar brillaba como estrellas en el cielo. De pronto, realizó que podía respirar dentro del mar. Nuestro amigo sonrió, y sintiendo el respeto de todos los seres del mar, se arrancó el resto de sus ropas y comenzó a navegar hacia las profundidades del océano, y mientras más profundizaba, sentía que volvía de vuelta a su reino. Tras de él, miles de seres del océano le seguían... Y todos vitoreaban lo mismo: ¡Nuestro Rey ha vuelto al hogar!...
Me gustó mucho esta visión y quise escribirla para editarla en el periódico como una historia original. Y eso fue lo que hice al día siguiente. La presenté al Director y le gustó la historia del hombre que siempre supo que era un rey. Me dijo que la iba a publicar el mismo día y que me daría un buen premio si la historia producía mayores ingresos a la empresa... Agradecí a mi Director y salí de su oficina henchido de dicha y alegría. Era tanta la emoción que quise compartirla con algunos de mis amigos y compañeros. De repente, cuando llegué a mi sala de trabajo, noté la mirada y un silencio total en todos mis amigos, frente a la televisión. Se trataba de un reportaje de último momento. Hablaban del cuerpo desnudo de un hombre ahogado en la orilla del mar. Sentí un hielo en todo el espinazo. Me fijé de quién hablaba, y pude ver, a través de la pantalla, el cuerpo hinchado, desnudo y largo de mi amigo de la infancia, el Rey. Lo mas extraño de todo es que, en sus manos, tenía cogido un báculo relleno de brillantes conchitas de mar...
San Isidro, junio de 2007