Monday, September 19, 2005

Cuadros imaginarios

Mi nombre no importa, mi edad tampoco, quizás tú si te importes. Recuerdo cada vez en que de puro cansancio cerraba los ojos y poco antes de entrar a perder toda conexión con lo real llegaban hacia mí una serie de imágenes como fotos en movimiento, pedazos de película...

Uno

“Veo a muchos niños que no saben hablar, que están desnudos en una isla llena de árboles de coco. Son muchos niños y niñas que con una especie de báculo se cuidan ante fuerzas superiores a ellos... Me les acerco y todos me rodean y me abrazan. Siento tanto afecto, tanto calor humano que desearía estar así el resto de mi vida, pegado a una masita de enanos, con esos ojos brillantes, esos cuerpos que aún no terminan de crecer, como esos tallos que brotan verdes de la tierra y que en su silencio perfecto me dicen todo, y eso es lo único que anhelo saber...

Y cuando abro los ojos me encuentro sentado en mi silla, con una pluma azul, un cuaderno de páginas cuadriculadas y a toda la gente que pasa encima de mí mientras continúo tratando de escuchar a la gente, leerles sus labios pues sólo así puedo escucharles, sólo así puedo creer que soy como ellos que escuchan los cantos variados, los entre silencios, aquellos aires fuertes que pasan por sus pieles, pero sólo puedo leerles sus labios...”

Dos

“Veo a toda mi familia que están reunidos al borde de una mesa, y en ella, en la parte mas angulosa está mi padre, y en la otra está mi madre, y todos los hijos estamos sentados a su lado, en silencio, pues a mis padres no les gusta escucharnos, ellos sólo desean escucharse a sí mismos a través de nuestras existencias... como si fueran monjes, con votos de total sumisión, entrega, y una gran obligación a ser una pieza del gran reloj que rige la vida de todos los seres humanos...”

Tres

“Estoy sentado en un parque con un perro, trato de decirle algo pero de mi boca salen aullidos de perro... Y mi perro al escucharme me habla, y me habla así como yo cuando juego con él, y veo que se sube a la silla, me lame la mano, la cara, todo el cuerpo y me habla, me dice que soy lindo, que pronto me llevará a pasear por el parque pues ahora tiene que trabajar... Yo intento hablar pero sólo me salen angustiosos aullidos...”

Cuatro

“Todo el mundo está en total oscuridad, no hay electricidad en el mundo entero, y me agrada mucho, puedo escuchar mis propios pensamientos, veo las sombras y siento que algo me dicen al producirse por la fogata encendida, me dicen que es malo ver, oír, hablar demasiado... Es mejor esperar el día que se acerca con sus rayos, tocando toda la oscuridad en que vivo y haciendo que todo encuentre claridad, su propio mensaje, su poema de amor...”

Cinco

“He leído a tantos artistas, y en cada uno de ellos noto que la soledad es su más leal compañero, que la tristeza es el lenguaje de su musa escondida... Si, he leído a tantos y en cada uno de ellos encuentro un pedazo de mí, escondido entre las miles de letras sobre el papel en blanco, así como mi identidad que yace tatuada en alguna parte de mi íntima oscuridad...”

Seis

“Cada día voy a trabajar, y diariamente veo a mis compañeros. Les temo, pero en el fondo les quiero, por ello les temo, puede que rompan mi corazón y ya no quede en la vida nada que pueda unir ese corazón con el resto de sus miembros...”

Siete

“Me gusta cuando veo una playa enfurecida, con esas olas gigantescas que no tiene piedad al coger a todos mis seres queridos, y me gusta pues nunca me llega a tocar, es que yo hace mucho que he dejado de creer en un solo sueño y en una sola realidad...”

Ocho

“Cuando veo a personajes importantes me causa gracia pues siempre los imaginé gigantescos, y ahora que están frente a mis ojos los veo del tamaño de un sueño escondido, soterrado en la intimidad de mi mundo misterioso…”



San isidro, septiembre del 2005

Sunday, September 18, 2005

Los libros

Hoy trabajé hasta eso del medio día, podía haber hecho más horas pero tenía algo en la cabeza que absorbía mi atención. Se trataba de la feria de libros que empezaría justo a medio día del día de hoy... Apenas mi reloj marcó las doce, cerré el local en donde trabajo, tomé un taxi y me dirigí a la feria del libro.

Mientras viajaba en el taxi recordaba la última de las ferias en que estuve, si, fue muy lindo. Pude conocer a varios autores de diferentes países, como: Alan Pauls, Maestreta, Fuguet, Thais, Hinostroza, Gardinelly y otros más. También recordaba la montaña de libros que me había comprado con casi todo mi sueldo de dos meses y que aún no había terminado de leer... en verdad eso de comprar libros es una especie de vicio secreto pues tengo muchos que tan solo he leído la parte posterior, la biografía del autor, unas cuantas páginas y nada mas, es en verdad muy extraño. Muchas veces me pregunto si podré leerlos a lo largo de mi vida pues aparte de amar la literatura, amo el buen cine y los DVDs clásicos que encuentro en el mercado negro de mi vieja ciudad, también amo el deporte y me gusta mi trabajo que me ocupa casi de ocho a nueve horas al día. Y lo mas extraño es que también escribo, y no poco sino mucho, lo digo por mi hermano que me pregunta cómo le hago para leer, escribir, trabajar, ver buenas películas y, gozar de una linda mujer... La verdad es que no lo sé, tan solo me engancho a todo lo que se me presenta y le doy mi prioridad. En este caso, tengo primero que trabajar para comer, vestirme, comprarme buenos libros, y los DVDs clásicos.

En verdad iba a esta feria no tan solo por los libros, que ya tenía muchos por leer, sino porque me distraería ver uno que otro libro nuevo que quizás no lo valla a comprar jamás, pero si leer una que otra página, y también, porque había una bella chica que trabajaba en una importante editorial, y que, ella sabía, yo iría a comprar un viejo pedido de la última feria en donde la conocí, que era la obra de Houllebeq, "Partículas elementales", y otra de JG Ballard, "La sequía"...

Llegué a la feria en medio de muchos pensamientos cruzados, y, antes de entrar pensé en que quizás me estaba volviendo un poco loco. Bajé del auto y vi en los bordes de la feria a un tipo bastante miserable que con una bolsa de golosinas se acercaba a cada uno de las personas que entraba a la feria para ofrecerles sus productos. Cuando estuve frente a él, le acepté una golosina y cuando vi que tenía una sortija en la mano, bastante singular pues era de plata y tenía como una calavera pero con barba y cabello largo, así como los piratas. Me gustó y le pedí si podía vendérmela, se rió y me dijo que no podía venderla pues era de un amigo que había muerto no hace mucho. Me intrigó su historia y le pedí si podía contármela. Rió mas, seguro que pensaba que estaba loco. Estoy loco, le dije, y él hizo algo que me sorprendió, se quitó la sortija y me la regaló... Le quise ofrecer un billete pero no aceptó, tan solo me dijo que lo escuchara. Lo escuché, y después de media hora supe que este hombre tenía tanto que contar que casi le digo porque no se dedica a escritor, pero no le dije nada y me despedí de él...

Entré en la feria y como siempre gasté casi el sueldo de mis dos meses de trabajo en libros. Encontré a la chica y le pedí si podía conseguirme otras obras más. De qué autor y qué obra, preguntó. Callé, no sé por qué callé... Recordé al hombrecillo que vendía golosinas, el anillo que tenía en mi dedo, los libros, mi trabajo, y callé, callé... Me di media vuelta y empecé a caminar hacia la salida de la feria sin darme cuenta que la chica me seguía con un lápiz y papel para anotar los libros que deseaba... Le dije que yo la llamaría y le daría mi pedido. Me dejó y yo salí a la calle con una bolsa repleta de libros sin saber si algún día los leería.

Mientras tomaba el auto que me llevaría a mi casa vi nuevamente al hombrecillo de las golosinas y noté que en su dedo tenía otro anillo igual al que me había regalado... Miré el anillo en mi dedo y me pareció que la figura se mofaba de mí; los quince libros que compré y los escuché susurrando acerca de mi desenfrenada y vacía obsesión… y entendí que tras la simpleza o lo complejo se halla lo inesperado y sorprendente, las eternas dualidad que nos depara la vida cuando perdemos el camino que nos lleva hacia la autenticidad...



San isidro, septiembre del 2005

Friday, September 16, 2005

CAMILA

Frente a mí estaba una muñeca de ojos redondos, cabello negro, y piel rosada como el salmón. Luego vi a otras muñecas, me gustaron pero no tanto, así que decidí por comprar las tres muñecas que eran casi idénticas a la primera que vi. Cogí una bolsa grande y fui hacia la caja de ventas. Pagué, me dieron un recibo, y antes de irme del centro comercial le dije a la vendedora, que era muy linda y hermosa, el lugar en donde podrían envolverme las tres muñecas en papel de regalo. Muy gentil la bella señorita de ojos y cabellos negros, me indicó el lugar.

Y así fue como compré las tres bonitas muñecas tamaño casi normal de niñas de tres años. Tomé un auto y le indiqué la dirección en donde estaban mis tres pequeñas sobrinas de tres años para quienes eran dichas muñecas. Yo, soy tío de tres lindas sobrinas que, increíblemente, cumplen años el mismo día, tienen el mismo nombre, y las quiero por igual. Y justamente aquel día era el día de sus cumpleaños, y hacia allí iba yo con el auto... Mientras viajaba comencé a pensar el por qué yo no tenía hijos, ni siquiera esposa ni pareja. Pensé que quizás no todos tenemos la misma suerte, o que unos han nacido con un destino solitario, como es mi caso, o que no le gustan las mujeres, en fin, en esos pensamientos estaba cuando el auto en que viajaba sufrió un terrible accidente, tan terrible fue que el auto quedó echo una lata de sardinas, el chofer quedó sin cabeza y con el cuerpo trozado, y yo, bueno yo, quedé completo pero parapléjico por el resto de mi vida. Sin embargo, en aquel momento mientras sentía que el auto daba vueltas y vueltas como un trompo, lo único que pensaba era en las tres muñecas que había comprado para mis tres sobrinas.

Y aquí estoy, y ya hace muchos años, siempre recordando el día en que visitaba a las pequeñas Camila's, echado en una cama, atendido por una enfermera que me baña y ejercita mis miembros, me cuenta las últimas noticias y el tipo de clima que estamos pasando, etc. También, pero no siempre, vienen mis tres sobrinas Camilas que ahora ya tiene mas de veinte años, pero ahora, y luego de tantas desgracias, las veo tan lejos, tan lejanas al sentimiento que tenía cuando iba hacia la casa de una de ellas para regalarles sus muñecas que tanto me pidieron, tan lejos me sentía que muchas veces me dieron ganas de morir, en verdad, de morir, por ello es que a través de la enfermera le rogué a una de mis tres hermanas que deseaba que me trajeran las tres muñecas que había comprado hacía mas de veinte años. Ellas, muy contrariadas pero comprensivas, aceptaron. Y eso, las lindas muñecas, fue algo que cambió el resto de mi vida pues cada vez que las veo me hace recordar en las miles de posibilidades que hubiese tenido si hubiese escogido otro tipo de muñecas, por ejemplo, aquella que tenía los ojos azules y el cabello rubio, o la negrita de trenzas, o aquella que era toda de tela de colores tipo peluche gigante y que tenía los ojos mas bellos y grandes que nunca antes había conocido, en verdad, esa experiencia de imaginar me hace viajar y viajar… y me remonto a otro lugar, como si yo fuera el director de una verdadera obra de teatro, y creo escenarios, espacios, climas, tiendas de juguetes, autos modernos y seguros, y también imagino personajes, como la señorita de la caja de aquella antigua tienda comercial. En mi viaje creativo la veo sonriendo de oreja a oreja, de tal forma que yo, como actor principal, no puedo resistir y sonrío con ella, y ambos, conocemos el amor a primera vista, aquel que te hace sentirte tan feliz… y conversamos ante la protesta de toda la gente que hace su cola para pagar, pero los dos no hacemos mucho caso, y quedamos en que yo la esperaré a la salida, que tengo una linda sorpresa para ella, y allí, mientras la espero y espero, junto con mis tres muñecas bien envueltas con papel de regalo, la invito a ir conmigo a la casa de una de mis hermanas para celebrar el cumpleaños de mis tres sobrinas llamadas Camila’s. Y es allí cuando observo que la linda señorita de ojos y cabellos negros se queda boquiabierta, y toda sonrojada me dice que ella también se llama Camila, y su muda y exquisita mirada, y su clara y abierta sonrisa me abre el corazón, el ensueño, y me veo subiendo a un auto bien cuidado, pequeño quizás pero seguro, y viajamos rumbo a la casa de mis tres sobrinas, y noto que este auto es conducido por un chofer bastante gentil que con una sola mirada descubre que yo y Camila estamos perdidamente enamorados...

Y yo, mientras miro a las tres muñecas, siempre viajo, y viajo mucho, y en ese viaje, en esa creación de ensueños tengo una esposa, una hija y ambas se llaman Camila’s, pues es en verdad, un precioso nombre, así como el nombre de mis tres lindas muñecas, y de mis tres lindas sobrinas...


San isidro, septiembre del 2005

Thursday, September 15, 2005

El hombre de piedra

Caminaba por la calle sin casi nadie se de cuenta de mi gran alegría, sin embargo, sabía que aquella joya que guardaba en mi bolsa y que costaba mucho dinero, me hacía sentir como estar en dentro de un vaso con aceite y agua. Entré con mucha cautela a mi departamento y nuevamente me puse a mirar la joya que había recibido de aquel hombre que encontré en la puerta de mi trabajo cuando yo acababa de salir. Toma esto, me dijo, es tuyo, solo tuyo, y, diciendo esto, subió a un lujoso auto que parecía haberle estado esperando y se fue. Todo fue tan rápido que no pude responderle al señor... pero cuando abrí la bolsa encontré aquel pedazo de oro y plata, no sé, era tan brillante que tuve que buscar un rincón para verlo nuevamente.

Yo conocía muy bien de metales preciosos pues mis padres que fueron judíos me enseñaron todo al respecto pues durante años trabajaron en una joyería hasta que fueron asesinados por unos delincuentes, dejándome solo en el mundo cuando tan solo contaba con quince años, pero nunca me olvidé de apreciar una joya, en especial el oro. Desde la muerte de mis padres viví con un tío, y este haragán terminó de matar todas las pertenencias de mis padres, dejándome, además de solo, en la miseria. Luego que mi tío me abandonó, tuve que irme a trabajar en el mercado como tendero. Dejé de estudiar pues no tenía tiempo ni dinero para comer, vestirme ni pagar un cuarto. Estaba solo en el mundo y tan solo el recuerdo de mi vida anterior me llenaba de alegría...

Y es allí en que, mientras trabajaba en una tienda en donde vendía antigüedades me encontré con este regalo caído del cielo y que ahora tenía en mi cuarto y frente a mis ojos. Lo primero que tenía que hacer era buscar un comprador, pero como no tenía factura tendría que venderlo en el mercado negro. Lo miré y no sé por qué apagué las luces, quizás porque podría verme alguien a través de mi ventana, no lo sé, pero cuando estuve con las ventanas apagadas pude apreciar que esta piedra dorada y plateada brillaba de una manera muy especial... Me acerqué a la piedra y pude apreciar como una especie de calor mientras la tenía en las manos pues brillaba cada vez más. Me asusté mucho, pues había leído muchos libros de HG Wells, y justo acerca de una bola de vidrio en donde el dueño de esta bola pudo distinguir en esa bola una entrada hacia otro mundo, un lugar fantástico... Pero esto no era una bola de vidrio, sino una piedra, y fue entonces en que recién me pregunté el por qué aquel extraño señor había decidido entregarme aquella joya sin haberme visto jamás. Por supuesto, me di cuenta que había caído en una especie de trampa o desgracia, no lo sabía pero mientras miraba la piedra que aumentaba su brillo, y cambiaba de color, es decir del oro, al plateado, como si fuera una de esas luces que están en las discotecas. Cogí una manta y la puse encima, temía que alguien se hubiera dado cuenta de la piedra que tenía en mi poder... Luego, me fui directo a dormir, estaba tan cansado que apenas me tumbé en mi cama quedé como un muerto.

A la mañana siguiente, apenas desperté fui a ver la piedra de oro y plata. Allí estaba, cubierta con una casaca que usaba siempre. Saqué la casaca y allí estaba, pero, extrañamente, parecía haber aumentado de tamaño y de forma... Ahora era como un grueso gusano de un color como el cobre. La cogí en la mano y sentí que aún estaba cálida, pero no tanto como el día anterior, pero, comencé a pensar que si esto no era oro ni plata de nada me serviría si fuera un trozo de cobre, así que decidí botarla en un tacho de basura. Así que salí de mi casa con la extraña piedra en mi mano y fui caminando hasta llegar a un río, la miré por última vez y me pareció como si tuviera un par de ojos oscuros y me rogase que no hiciera eso, pues sería inútil, pero igual la eché...

Mas tranquilo fui a mi trabajo en el puesto de antigüedades y trabajé duro y parejo hasta la hora de mi salida. Antes de salir me fijé bien si había alguien que estuviera esperándome en la calle. No había nadie, ý salí rumbo a mi casa. Cuan grande fue mi sorpresa cuando en medio de mi cuarto vi a la misma piedra que parecía estar esperándome, pero ahora tenía el color de una gema de color verde, era hermosa, pero, su forma había cambiado y crecido, era como un perro dormido, con sigilo la cogí y sentí que pesaba igual a la piedra de oro que tuve desde el principio. No tuve mucho que pensar para darme cuenta que nunca podría deshacerme de ella, por lo que tuve que entender en darle una utilidad. Durante toda la noche estuve pesando en qué hacer, y qué no hacer, y lo único que se me ocurrió fue hacer los mismo que hizo el extraño señor cuando me la entregó, pero, él me la dio cuando era tan solo un trocito de piedra, y ahora había crecido, por lo tanto, sería imposible entregársela a alguien tan iluso como yo.

Me dormí y tuve muchas pesadillas, en una de ella soñé que la piedra se había transformado en mí mismo, y que yo era el trozo de oro y plata. Asustado, desperté a media noche y me puse a observarla... Su brillo oscilaba tenuemente con la oscuridad, y notaba que despedía un líquido dorado que como una serpiente iba reptando hasta cruzar la ventana de mi cuarto. Luego, aquel mismo líquido dorado y plateado volvía trayendo extrañas piedrecillas que parecían alimentarla, como si la piedra fuera un ser vivo... Y allí me di cuenta que aquella piedra era un extraño ser de otro espacio. Prendí las luces y me puse a contemplarla, ahora había crecido hasta volverse del tamaño de un niño, y vi que aquel líquido dorado parecía ser un cincel que esculpía aquella piedra que había sido su alimento y que la había hecho crecer...

- Así que de eso te alimentas, le dije.

De pronto, la piedra que ahora parecía ser una inmensa perla con la forma de un niño se movió y me dijo que él era una piedra que había caído de otro lugar hacía mucho tiempo, y que gracias a diferentes personajes, había existido desde hace milenios, y que le gustaría mucho experimentar el cómo es una persona, así como yo. Le pregunté si me haría daño, me dijo que no. Le dije el por qué aquel extraño señor me lo había entregado; y la piedra me dijo que muchos años había servido a la gente de poder, y que les dio mucho dinero, poder, y que se había dado cuenta que aquella gente usaba muy mal todos sus poderes, así que una mañana se puso en movimiento y le dijo a uno de los hombres mas ricos del mundo que debía dejarlo libre o sino usaría todo su poder para destruirle, y fue así como cayó en mis manos...

Durante muchos días fui testigo de cómo aquel ser de piedra se transformaba en un cuerpo humano y cuando estuvo casi terminado me di cuenta que había adoptado mi forma, todo mi cuerpo, en verdad, éramos como dos gotas de agua con la diferencia de que yo era yo, y él era piedra, blanda quizás, pero dentro de sí era una piedra. Aun recuerdo cuando salimos por la primera vez, todos creyeron nuestra hermandad, pero él era muy inocente y callado que gustaba observar todo aquello que le llamaba la atención. Una de las cosas que observé en él, era que gustaba observar el Sol durante el día, y la Luna por la noche. Una noche le pregunté por cuánto tiempo se quedaría en este mundo, o a mi lado, y él me respondió que para siempre… Es que te gusta estar a mi lado, le pregunté. Si, me dijo, me agrada estar a tu lado, pues tu eres igual a mucha gente que he visto pero eres el único de tu especie, y, aunque yo soy tu copia, jamás seré lo mismo que tu. Te gustaría ser lo mismo que yo, le pregunté. Si, respondió. No sé por qué le vi los ojos y vi que ellos eran como si tuviera dos lunas, y su rostro emanaba como una aureola dorada, como si tuviera el sol tras su espalda. Me le acerqué y le di un abrazo con tanta ternura que casi sentí que el hombre de piedra empezaba a temblar de emoción… De pronto, sentí que sus brazos, que eran poderosos, me abrazaban con tanta fuerza que me dejó sin respiración, y luego, caí desmayado…

Cuando abrí los ojos vi que todo mi cuerpo era un amasijo de sangre que me brotaba por mi boca, y muchas partes de mi cuerpo. Cierto, me estaba muriendo. Ya casi agonizando alcé la vista y le vi. Sí, allí estaba el hombre de piedra que me miraba con una dorada sonrisa mientras veía que unas lágrimas doradas brotaban de sus ojos y reptaban por las sangrantes sábanas en que estaba hasta llegar a penetrar en mi interior. Sentí que todo a mi alrededor se volvía dorado, era como estar al frente del sol, y luego, una paz me cubrió como una paloma blanca, quedando en la total oscuridad, y en ella pude ver la Luna, era preciosa. Y de pronto, escuché la voz del hombre de piedra diciéndome que si me gustaría quedarme brillando como una piedra encendida, le dije que sí, y como por arte de magia sentí que algo dentro de mi se encendía y salía como si fuera una estrella hacia manto oscuro del espacio sin fin, y ya, al lado de la luna, y unas cuantas de las tantas estrellas del cielo, sentí que todo era único, armonioso así como el hombre de piedra…



San isidro, septiembre del 2005

Wednesday, September 14, 2005

Piedras de colores

Si alguien me preguntara: ¿cómo es que llegué hasta aquí? Le manifestaría que todo podría ser, o un sueño muy extraño y singular, o una de aquellas visiones que suelen tener personas de una gran imaginación. En verdad sería muy confuso responder con certeza el cómo llegué a la sima de este inmenso edificio de mármol blanco. Es agradable estar aquí, sin tratar de entender el cómo ni desde cuándo. El hambre y el sueño parecen haberse tomado un buen descanso, pues ni dolor ni ansiedad percibo, tan solo paz, mucha paz… Es hermoso cuando miro hacia el cielo, su color es celeste, y es el celeste más intenso que jamás haya visto, sin una sola nube. Observo al Sol brillando a lo lejos, dándole aquellas pinceladas doradas a todo aquello que uno alcanza a distinguir o imaginar.

Muchas veces me he puesto a pensar que estaba en el umbral del cielo y a punto de ser recogido por un ángel o algún ser divino, no tenía mucha certeza en mis pensamiento, sin embargo, aquella espera se hacía muy dulce y agradable, pues me llenaba apreciando el azul del cielo y los bordes de este edificio, e imaginando que muy pronto conocería el paraiso. Además, respirar el aire más puro que jamás había inhalado, era algo maravilloso. Todo era fantástico hasta que me nació el deseo de mirar los bordes de aquel edificio de mármol. El lugar en que me hallaba, que era el centro, era como estar sobre un gran disco blanco, con sus bordes tan alejados que parecían perderse en el horizonte azul del cielo, era como un islote blanco, pero desde que me nació aquel deseo, quise conocer sus bordes, y eso hice, es decir, me trasladé hasta el extremo del blanco edificio, y cuando llegué me puse a observar lo que había abajo… Era increíble, había una masa infinita de personas de todo tipo, es decir, hombres, mujeres, niños, ancianos de casi todas las razas del mundo, como un jardín de caras, ojos, cabellos, que ataviaban el gran edificio de mármol en que estaba. Agudicé mi mirada y pude notar que todos trataban de escalarlo, pero este coso no tenía puertas ni ventanas de acceso, por lo cual, cualquier esfuerzo era totalmente inútil. De pronto, una de los miles de personas se percató de mi presencia, me apuntó con su mano y luego todos comenzaron a señalarme y a gritar cosas que no pude entender, era como si quisieran saber quién era yo, y cómo había llegado a la sima. Traté de decirles que yo tampoco sabía el cómo, cuando noté que uno de ellos cogía una piedra y me la tiraba con todas sus fuerzas hacia la sima en donde me encontraba, luego, todos los demás seres de abajo hicieron lo mismo, y allí estaba yo, viendo cómo llovía una infinita cantidad de piedrecillas que, increíblemente, eran de colores, unos eran verdes, rojos, amarillos, grises, mezclados también, sin embargo, en vez de molestarme y sentirme agredido fue todo lo contrario, pues veía cómo la sima de mármol blanco se llenaba de piedrecillas de colores, hasta parecerse a una especie de cielo de colores, un paraíso de vivos matices, pues todas las piedrecillas que caían sobre el mármol empezaban a cobrar vida y brillo propio. Les observé acercarse hacia mí rodando y cuando estaban por tocarme me di cuenta que yo no tenía pies, pues flotaba sobre el piso cubierto por un manto del color del cielo, entonces me di cuenta que yo era, o un fantasma, o un ser divino. Sonreí, y mirando hacia las piedras de colores que parecían ser duendes rodantes comencé a volar por el cielo azul, buscando encontrarme con el gran Sol, y volé, y volé hasta estar frente a frente a él. Me detuve, y le hice una simple pregunta: ¿Quién era yo…? El Sol me miró y como si fuera una mujer avergonzada bajó su mirada, y todo empezó a oscurecerse hasta quedarse de noche... Miré hacia un lado y pude observar a la Luna que parecía brillar tan solo para mí. Me le acerqué, y le pregunté lo mismo. Ella se quedó mirándome, mirándome fijamente como si tratara de consolarme, hasta transformarse en un bello espejo en donde, gracias a Dios, pude verme reflejado, y pude saber quién era yo… No lo podía creer, y sin saber cómo ni cuando, y con el gran secreto frente a mí, viajé hacia la vida de abajo...

Bajé hasta la tierra, hasta el lugar en donde estaban todos los hombres del mundo. Les dije quién era yo, y quiénes eran ellos, pero todos me miraron y continuaron su inútil esfuerzo por escalar el blanco edificio de mármol sin ventanas ni puertas de acceso. No pude entenderlos, y por más que traté de explicarles, todo fue inútil… Entonces, me di media vuelta y fui a perderme por los bosques de toda la tierra que estaba poblada de esas piedras de brillantes colores, de esos pequeños enanitos de forma redonda… Y cuando estuvimos frente a frente, les dije quién era yo, y ellos me contaron su secreto, diciéndome quiénes eran ellos. Estallamos de alegría, pues entendimos que todos éramos una misma cosa, una sola unidad, un sentimiento puro…



San isidro, septiembre del 2005

Monday, September 12, 2005

Palabras prohibidas

No sé quién seas tu pero aun así no importa, yo, soy éste, este instante en que lees estas letras, cierto, digo cosas sin sentido y sin razón, pero, qué hay de lógico y razonable en este mundo de constante movimiento y cambalache. Si te miras al espejo verás una imagen, la misma que crees ver, pero te diré que eso no es más que una cosa razonable, un instante en movimiento, algo que no puedes entender a plenitud, pero sí sentir en cada miembro de tu conciencia. Si miras el cielo, la noche estrellada, la tierra en que vives y pisas sabrás que no hay nada que tenga sentido cuando No hay un sentido para tus pasos en la vida… Tienes derecho de dejar de leer este estúpido escrito, lo entiendo, pero no tienes derecho a creer que hay lago que no es razonable ni muerto. La muerte no existe, sólo la vida existe y tu, yo, todo, no es mas que una constante mutación de la armonía de la vida, de aquella flor que se abre y no deja de abrirse mostrando sus infinitos pétalos, sus sutiles aromas y colores que van cambiando conforme la luz y la oscuridad empiezan a rotar en torno a tus sentidos y tu entorno razonable.

Estoy bien despierto, tanto como para contarte un cuento, un poema, una canción pero no sé si tenga importancia, pero es algo que me nace y que no deja de abrir sus ojos propios, menear sus extremidades y ver, ver, ver aquello que solo una criatura, un bebé puede expresar cuando da su primer llanto de dolor, de alegría, de vida… Eso es todo, un poema, un canto, un cuento que nunca existió pero tiene eso que acaricia de notable, y eso es que mana de nuestra gran oscuridad hacia la evaluación de nuestros sentidos, y, si es posible hacia aquello que es el equilibrio de la vida, es decir, tu centro, tu punto, unidad, tu absoluta nada… y te toca, es decir, nos tocamos, nos sentimos en estas letras prohibidas…


Cuando recién empecé a percibir fue aquel instante en que recordaba las bajezas de todo lo que me rodeaba pero no fue por gusto, fue porque era el producto de todo lo que rodeaba mi existir. Mi nombre no importa, mi aire si, y si es así, aire es lo que soy, lo que me hace vivir, es decir, soy el aliento, el que se va y el otro que se viene, sabiendo que en uno de ellos segaré la cinta de todo aquello racional, y existiré más allá del punto de equilibrio, de nuestras figuras condenadas… Si me preguntas qué te quiero decir, te diré que no lo sé, pero puedo mentir diciéndote que vivo, que vivo, que vivo y no para siempre mientras pueda escribirte y contarte otra historia, otra mentira verdadera…


San isidro, septiembre del 2005

Saturday, September 10, 2005

Los niños perdidos

Mi madre siempre me dijo que no confiara en nada ni nadie, pero yo nunca le hice caso y no sé si tuvo ella razón pero casi todo en la vida me fue más o menos... Nunca he logrado riquezas, conquistas de grandes mujeres, y, ni casa pude obtener a lo largo de mis más de cincuenta años, sin embargo hay algo que como una mala hierba sin cortar continúa manteniéndose sólido, y eso es mi sentir de niño que llevo escondido muy dentro de mí. En verdad, soy un niño que no sabe ni desea madurar en el cuerpo de un hombre adulto. Me encantan los niños de lejos, me hacen recordar muy bien lo que soy. Me gusta disfrutar de todo aquello que está impregnado de una bondad y gran sencillez... así como esos ancianos sentados en una banca echando semillas a las aves que vuelan por los parques.

He vivido siempre al revés, así me grita mi madre, pues cuando pude ser un gran ingeniero decidí abandonarlo todo y esparcir mis conocimientos al viento y dedicarme a vagar, y ser una especie de buscador de la verdad, filósofo de libros, soñador empedernido, y gran enamorador de ideales escondidos, e inéditos ensueños. Cuando conseguí el amor de mis sueños, embarré aquel romance, aquel sentimiento casto, puro, virginal, con torpes palabras de conquistador, como si ella fuera una presa a la que pocos pudieran obtener... Cierto, siempre al revés, y ahora me río de todo ello pues siempre hubo en aquella actitud ese niño ingenuo y fácil de auto engañarse.

Ahora que mi vida se halla cuesta abajo, y me siento tranquilo de no ser nada de nada, de sentirme siempre aquel niño que no sabe ser otra cosa que ser un niño, me siento en paz... Puede que sea una bendición, no lo sé, pero, hay veces en que la soledad parece ser el único lugar que me queda, y en esos momentos me doy cuenta que la soledad es un sentimiento, un vacío, una necesidad de estar con alguien y poder compartir todas aquellas riquezas, alegrías, desgracias, vivencias que a uno le ha tocado... y por ello, cuando abrazo a aquel niño escondido, cuando le escucho, le doy gusto en cualquier caprichillo, siento que nuestras existencias se llenan de algo así como la hermandad y especial compañía. En verdad, uno siempre es un ser afortunado y lleno de riquezas escondidas, si pudiera entender que en cada uno de sus errores se hallan aquellas diferencias entre una y otra persona, haciéndole un ser especial, singular, único en su género y único en todo el universo, y en su universo…

Creo haberlo dicho todo, me siento un ser muy afortunado por saber que la vida era algo mas que momentos acumulados, recuerdos, experiencias en los instantes que nos toca, en verdad, la vida era un sentimiento, una gran necesidad, era… el sueño de un niño que nunca ha dejado de serlo…


San isidro, septiembre del 2005

Wednesday, September 07, 2005

El final

Estaba por ponerle punto final a mi historia cuando se me terminó la tinta de mi último lapicero que tenía en todo mi cuarto. Pensé en dejarlo así, es decir, dejar el texto para después cuando recordé un viejo refrán que decía que no debo dejar para mañana lo que pueda hacer ahora. Me quedé con la mirada frente a todas las miles de hojas escritas, y supe que debía, en ese momento, terminar la historia, mi última novela... Ya serían pasadas la media noche, y yo vivía solo en un cuarto, en el último piso de un edificio ocupado por no más de ocho familias, cuando tuve que vestirme y salir hacia afuera y tocar, de puerta en puerta, las casas de todos viejos vecinos. No tuve suerte pues, todos me dijeron casi, casi lo mismo: que no era hora para despertarlos, que mañana me buscarían mil lapiceros, en fin... me dijeron que no y no y no. Miré la puerta de salida del edificio y, dudando y dudando y dudando como respirando, no sé si mucho o poco, pero decidí salir a la calle en busca de un bendito lapicero cargado de tinta con el que pudiera terminar mi última novela...Era extraño caminar por la calle sin mucha gente y con la noche mas oscura que había percibido en mi vida, pero allí estaba, forrado con dos chompas, chalina, zapatillas y unos billetes como para comprarme mil lapiceros. Fue curioso pues al primero que vi en la calle fue a un tipo que estaba corriendo por el parque, es decir, estaba haciendo ejercicios, le seguí, y casi con el corazón que se me salía le dije, estúpidamente por supuesto, si tenía por gran casualidad un lapicero, un lápiz, una tiza, lo que sea para escribir... No, me dijo. Paré, pero no me di por vencido, y el segundo personaje que encontré fue un policía, le pedí un lapicero, es más, le rogué si podía venderme su lapicero, pues, para suerte mía tenía uno, justo, justo prendido en la orejota derecha, pues el tombo sí que era grande y orejón como un elefante, para mi desgraciada suerte me dijo que no, que aquel material era el único que tenía, y, que me imaginase si pasaba un atentando, un accidente, una desgracia… con qué escribiría la hora y el lugar del delictivo suceso. Tenía razón, y, mal que bien, me di la vuelta en busca de otro personaje... Me encontré con ladrones, prostitutas, fumones, niños delincuentes, mendigos, gatos, perros, basura andante, etc. Y, a cada uno le pedí lo mismo, y todos respondieron lo mismo, es decir, que no. Ya casi amanecía cuando casi, casi me daba por vencido y pensaba en irme a la casa a dormir y... dejar para mas tarde la conclusión de mi último texto, aquella palabra, aquella palabrota comenzó a sonar como si fueran esas campanas provenientes de alguna iglesia perdida, diciéndome que no dejara para mañana lo que pudie.... Me sentí arrinconado como si tuviera el filo de una espada en la garganta, así que pensé y pensé y decidí ir hacia la tienda más cercana y esperar a que abriera para comprar mil benditos lapiceros. Mientras esperaba, pensaba en lo tonto que fui al no comprarme una máquina de escribir, una computadora, y pensé en lo tonto que fui en comprarme durante toda mi vida de escritor lapiceros y lapiceros de la misma marca y del mismo color. No se imaginan la cantidad de lapiceros que he terminado, pero no crean, pues yo siempre fui un hombre precavido, lo malo es que no calculé que esta maravillosa historia que estaba por concluir fuera la mas larga de toda mi vida, imagínense, dos mil quinientas páginas escritas a lo largo de quince meses, catorce días, veinte tres horas, cincuenta dos minutos y cinco segundos, imagínense, y, justo, justo, el lapicero fallido, el duro refrán... en fin, pero todo esto terminaría apenas abrieran la vendita tienda del judío de la esquina. Miré mi reloj y aun faltaba como tres horas para que abriera, pero yo no me movería de aquel lugar sucio y solitario. Claro que sí. De pronto, no sé si fue una casualidad, o que estaba desvariando cuando vi, desde el lugar en que estaba, que desde el cielo llovían hojas y hojas, luego, llovió lapiceros y lapiceros... Es maravilloso, me dije lleno de felicidad. Cogí una cajita de metal que tenía en el bolsillo y lo llené de aquellos increíbles lapiceros que, increíblemente, llovían del cielo... Ya estaba por correr hacia mi casa cuando cesó de llover, y observé tirado por todos lados de la calle a miles de hojas escritas. Cogí una de ella y leí algo que me dejó atónito... Tenía escrita cientos de veces el final de la oración que estaba por escribir en mi última novela. No sé por qué me sentí defraudado, como que alguien ya sabía todo aquello que estaba escribiendo. Miré hacia el cielo y vi que alguien, muy arriba y detrás de todas la algodonadas nubes, se burlaba de toda mi estúpida vida…

Caminé hacia mi cuarto, cogí todas las hojas de mi última novela y las tiré a través de la ventana del último piso del edificio en que vivía… Y no sé por qué sentí que ese era el mejor de todos los finales de todas mis novelas. Miré hacia el cielo y empecé a reírme como un loco…



San isidro, septiembre del 2005

Sunday, September 04, 2005

Gatito negro

Hace unos días encontré en la calle a un pequeño gatito, era tan chiquito que me pareció una especie de mota de pelitos Y bueno, después de coger al gatito de color negro, lo llevé al trabajo.

Cuando llegué todos los empleados comenzaron a acariciarle pues era tan chiquito y bonito, y muy lindo cuando decía: "Miau". Pero cuando vino el jefe me dijo que estaba prohibido traer animales al trabajo, y yo le respondí que era la última vez que traía a mi gato.

Pero, cada vez que salía de mi casa al trabajo el pobre gatito se ponía a llorar por lo que nunca más pude volver al trabajo y siempre la pasé junto al pequeño gatito que a medida que crecía se iba poniendo mas lindo y mas cariñoso.

Y cuando mis ahorros se estaban terminando tuve que buscar otro trabajo que por suerte encontré que era en un cabaret en donde las horas de trabajo eran de noche y, lo mas importante, me permitían llevar a mi lindo gato negro. Desde que llegamos al cabaret no hubo una sola noche en que la gente abarrotara el local, y todos, apenas llegaban, saludaba a mi lindo gato negro que estaba sentado al lado de la caja en donde yo estaba sentado. El no se movía, y fue gracias a él que mi nuevo jefe me aumento el sueldo con lo que pude comprarme una casa mas grande y darle un cuarto especial a mi gato negro… Todo seguiría normal si no fuera porque una noche vino una extraña mujer vestida toda de negro, usaba lentes negros, guantes, zapatos y medias también del mis color y cuando vio a mi gato me lo quiso comprar, le dije que no, que aquel gato era mi amigo, y los amigos no se pueden vender. Ella insistió pero no fue necesario pues el mismo gato se puso en su regazo y sin mirarme un instante se fue caminando al lado de la extraña mujer. Yo pensé que era una bruja, o algo por estilo pero, lo cierto es que mi lindo gato se fue con la extraña mujer.

Desde esa fecha, el cabaret bajó brutalmente sus ventas por lo que fui despedido. No me importó pues yo extrañaba a mi gato, y, así deprimido me encerré en mi cuarto hasta que la dueña de la casa me botó por falta de pago, así que me echaron a la calle, pero no me importó… Pasó el tiempo y tuve que tratar de levantarme, traté de olvidarme de mi amigo y lo conseguí. Busqué un trabajo y por suerte lo conseguí. Era un trabajo en donde durante el día tenía que limpiar toda una oficina de abogados, la paga era buena y me alcanzaba para alquilarme un cuarto…

Y así la pasé el resto de mi vida, hiendo de mi cuarto al trabajo, y cuando veía a un extraño paquete trataba de no mirar, vaya a ser que sea un lindo gatito y mi vida vaya a subir hasta el cielo para caer hasta el fondo del infierno, y eso es la experiencia mas horrible que he tenido… al menos hasta ahora, pueda que mi vida sea aburrida, solitaria, pero es tranquila y callada así como la tierna mirada del gatito negro…

San isidro, septiembre del 2005

Mi imagen

Vi a un hombre de cabellos plateados, ojos grandes y vivos así como dos rosas abiertas. Era tan alto como un dios. Me le acerqué y le pregunté si él era un dios, un ángel o un hombre... No soy nada de eso, yo, simplemente no sé lo que soy, respondió. Se dio media vuelta no sin antes regalarme una bella y amistosa sonrisa, alejándose del puesto de libros que tenía en el centro de la ciudad. No sé por qué sentí el impulso por dejar todo y seguirle, fuera adonde fuera, pues una especie de explosión, emoción, rebelde sentimiento me arrastraba tras sus huellas. Le seguí.


Le vi caminar por todas la viejas calles del centro de la ciudad. Le vi entrar a un viejo café y le escuché pedir un vaso de agua. Se sentó en una de la mesas del salón y cuando le llegó el vaso con agua se puso a contemplarlo por varios minutos...

Yo siempre fui una persona muy atrevida, así que entré en el café y con el mayor de todos los cuidados me senté en su mesa, frente a frente, cara a cara al hombre de plateados cabellos, interrumpiendo su concentración con el vaso con agua. Disculpe mi intromisión, le dije. El me miró y nuevamente sonrió de aquella manera tan amistosa. Ante mi sorpresa, se paró, y antes de salir del salón me invitó su vaso con agua... Como un autómata cogí el vaso (iba a beberlo), mientras le observaba alejarse del café, y cuando sentí el impulso por continuar tras sus huellas, me detuve un instante a contemplar el vaso lleno de agua...

No sé si fue una alucinación, o no sé qué, pero me vi reflejado en la capa de agua que cubría el vaso, como si fuera un espejo. Me vi con mucha atención, y lo que vi fue algo hermoso. Sonreí, y la imagen también sonrió. Luego, acerqué el vaso con agua, acercamos nuestros labios, y ambos tomamos el agua del vaso, sabiendo que algo muy especial ocurriría después de aquella comunión.

Cuando terminé de beber, me paré y muy dentro de mí sentí que no estaba solo, que aquella sonriente imagen estaba adentro de mí, y sentí, que él estaba contento, muy contento al saber, descubrir que al fin nos habíamos hallado... Cerré los ojos, y le vi. Le pregunté muchas cosas, por el hombre de cabellos plateados, por mi puesto de trabajo, por toda mi familia, hermanos y hermanas, y él, mi imagen, sonrió diciéndome que todo estaba correcto, perfecto, en armonía, que no debería vivir preocupado por el devenir de las cosas, que muchas veces son buenas, otras malas, pero siempre vendrán nuevas cosas. Me alegré al escucharme y entender la vida de esa manera, y cuando abrí los ojos vi frente a mí al extraño señor de cabellos plateados sonriéndome de oreja a oreja... y no sé por qué, le sentí muy parecido a mi querida imagen interior...



San isidro, septiembre del 2005

El niño dios

Había venido dios a la tierra y yo, con veinte años a cuestas, creí en todo lo que decía el diario más importante de la ciudad en su página central, así que, cómo si fuera un pescador, un postulante para apóstol, dejé mis libros de estudios y fui a la dirección en donde decía el periódico que encontraría al dios.Mientras el auto me llevaba a la casa donde estaba dios toda una montaña de ilusiones caían sobre mi cabeza, y yo, estaba lleno y feliz al entender que podría llegar a encontrar la santidad una vez que estuviera frente a frente con dios. Cuando llegué a la dirección que estaba en el periódico, vi que era una casa de familia, muy grande, pero era una casa. Encontré en su entrada a una serie de personas vestidas con ropas de colores, con los cabellos largos y pintados de color dorado, y todos, hombres y mujeres sonreían como niños. ¿Es aquí donde está dios?, pregunté. Todos me miraron y afirmaron que, efectivamente, aquel era el lugar en donde estaba dios. Me hicieron pasar, pero antes me pidieron que me quitara los zapatos, me los quité y entré. Ya adentro vi a un manantial de gente muy joven que cantaban, bailaban y sonreían sin parar... era como estar en una fiesta o carnaval cuando de pronto todo se hizo silencio. Vi que todos miraban la escalera de la casa. De allí bajará dios, pensé. De pronto, un niño de rostro carnoso y moreno, vestido de blanco, bajaba por la escalera haciendo que todo el aire que ya estaba viciado por los aromas y sudores del pequeño y encerrado lugar cambiara por unos aires puros y nuevos, era como respirar rosas. Caminó por el medio de todas las personas y se sentó en una silla que estaba en la parte mas alta de la sala.De pronto, todas las personas comenzaron a cantar, unos, mientras cantaban lloraban, otros estaban éxtasis, y uno que otro, así como yo, mirábamos a todos... Cuando la música terminó en niño dios cerró los ojos y el silencio se hizo mayor, vi que todas las personas cerraban los ojos y como si entraran en trance noté que sus rostros parecían encenderse como si tuvieran un foco dentro de sus cuerpos. Y cuando el dios abrió los ojos, todas las personas también abrieron los ojos y con una bella sonrisa esperaron a que el niño dios hablara...Recuerdo que hablo acerca de la respiración, de la paz que existe en nuestro interior, y que en el centro de nosotros, justo el centro estaba la paz, y su tarea era la de mostrarnos el centro de nuestro oscuro interior... Mientras nos hablaba sentí que mi cuerpo empezaba a cobrar como una bella fuerza, energía y sentí que desde aquel momento mi vida cambiaría para siempre. Cuando terminó de hablar, me miró a los ojos, yo le miré también y sentí que me miraba a mi mismo, como si fuera un espejo, y lo que vi fue algo así como si yo estuviera dentro de él, y dios dentro de mí. Me sonrió y luego se paró, subió las escaleras y luego una de las persona encargadas nos dijo que ya era hora que nos fueramos a casa hasta el día siguiente. Vi como todos salían, lentamente, así como si hubieran escuchado al mismo Jesús en la montaña. Yo me quedé hasta que todos se fueron, hice como que me iba a ir, pero me escondí en un rincón de la casa, y lo hice porque deseaba saber un poco mas de aquel niño dios... Pasaron horas y horas, y cuando vi que ya no había nadie en la casa excepto los que cuidaban al dios, subí las escaleras y traté de buscar el cuarto de dios... De pronto le vi que salía de su cuarto y entraba en el baño con un cepillo de dientes y una toalla y un jabón... Traté de ocultarme pero él me vio, y en vez de asustarse me quiñó un ojo como sabiendo acerca de mi intrépida curiosidad, y sin palabras decirme que él era como una persona normal, pero que tenía una tarea, la de expresar tal cual artista, en palabras, la belleza del mundo interior, la paz, y todas esas cosas que siempre escuché en los libros sagrados pero que nunca vivencié. Entró al baño y yo supe que debía de irme.Al día siguiente llegué temprano y pedí una audiencia con el niño dios. Me pidieron que esperara y luego de esperar unos minutos me hicieron pasar a su cuarto. Cuando entré le vi que estaba sentado mirando la televisión, apenas me sintió entrar, la pagó. Siéntate por favor, me dijo señalando una silla. Me senté y el se sentó frente a mí. ¿Qué deseas saber?, preguntó. ¿Eres dios?, le dije. Me dijo que no, que era una persona que podía mostrarme a dios dentro de mí y que si yo tenía un sincero deseo podía mostrármelo. Le dije que si, que si deseaba conocer a dios dentro de mí. Me dijo que le escuchara atentamente. Asentí. Me habló del compromiso de practicar unas técnicas para experimentar a dios dentro de mí por el resto de mi vida durante una hora al día. Le di mi palabra, y él, me reveló unas simples técnicas para sumergirme en mi interior... Practicamos juntos por una hora, y luego me dijo que debía volver a mi casa. Yo le dijo, cargado de agradecimiento que deseaba estar cerca de él, pero él me dijo que no era necesario, que a través de la práctica y de recordarle, él estaría a mi lado... Le agradecí y con el alma llena de alegría, me fui a mi casa...Durante una semana fui a visitarlo, y siempre era hermoso, y aunque repetía lo mismo, siempre era nuevo para mi corazón... pues, él, hablaba con el corazón hacia mi corazón... Luego se fue y yo me quedé, pero esta vez ya no estaba mas solo, tenía esas simples técnicas que me hacían sentir que dios no era una palabra, era algo bondadoso dentro de mí, como si fuera un mar de pureza que mientras practicaba las simples técnicas me sentía cerca de él, de dios...Han pasado muchos años, y aún continúo en su camino, y aunque lo he visto pocas veces cada día siento que hay un espejo dentro de mí que me dice que hay belleza, bondad, pureza, un niño dios dentro de mí...



San isidro, septiembre del 2005

Saturday, September 03, 2005

Cuéntame una canción

Salí de mi casa temprano, dirigiéndome hacia mi trabajo cuando en la mitad del camino vi a una señora vestida toda de negro, usaba un pañuelo negro, gafas oscuras y una gran maleta negra también... Cuando estaba por cruzarme con ella me cogió del brazo y, con una sonrisa, me pidió que la escuchara un instante de mi tiempo. Yo estaba apurado, pero al ver su sonrisa de oreja a oreja, me cautivó, y le dije que sí. ¿Sabes cantar?, me preguntó. No, le dije. De pronto abrió su maleta y sacó una linda guitarra, me la dio y me dijo que élla me ayudaría. Luego se fue caminando por el medio del parque en que estábamos hasta perderse entre todos los árboles.

No sabía qué hacer con la guitarra así que decidí dejarla en el parque cuando escuché que de ella brotaban bellos sonidos, sintiéndome encantado, por su melodía. Me olvidé del trabajo, de todo, cuando vi que un ave de muchos colores se puso cerca de la guitarra, que no dejaba de sonar, empezando a silbar y silbar haciendo que mis ojos se abrieran, mis oídos se destaparan y sintiera que todo el mundo estaba en armonía.

No supe cuanto tiempo pasó pero allí me quedé sentado en el parque, escuchando y escuchando, sintiéndome tan feliz como un niño, cuando empecé a darme cuenta que muchos niños se acercaron hacia la mágica guitarra a escuchar su bella melodía y el dulce canto del ave de colores... De pronto el pájaro dejó de silbar, y bailoteando por los aires, hizo que los niños empezaran a reír y reír, y luego, sin saber cómo ni cuándo todos los niños a mi lado empezaron a cantar y cantar la misma melodía de la mágica guitarra y el dulce pájaro de colores como el arco iris... Y luego, vinieron más y más niños, y todos continuaron cantando y cantando hasta que sentí que estaban todos los niños de mundo en aquel parque rodeado de inmensos árboles, cantando y cantando sin parar... como si fueran los ángeles del cielo…

Sentí que estaba en el paraíso cuando una inmensa sombra llegó al lugar en que todos los niños del mundo, la guitarra, el ave de colores y yo estábamos... Y cuando quise ver de quién era esa sombra, noté que era la señora vestida de negro que se acercaba en medio de todos los niños del mundo, que al verla, callaron, haciéndose a un lado, para luego retornar a sus lugares de donde habían provenido. Y cuando quedamos la señora, la guitarra, el pájaro y yo, escuché a la dama de traje de negro preguntarme si ya sabía cantar, le dije que no, que aún no. Entonces, la guitarra dejó de sonar, el ave comenzó a volar hasta perderse por los cielos y vi que la señora de negro colocaba la mágica guitarra en su oscura maleta..., para luego desaparecer de mi vista por el medio del parque que estaba poblado de árboles inmensos.

Cuando estuve solo, me levanté y continué mi camino, y cuando estaba por llegar a mi trabajo sentí deseos de cantar, y canté... y canté y no dejé de cantar hasta que sentí que eso era todo lo que yo quería hacer durante el resto de mi vida... Me volví hacia el parque y para mi gran alegría, encontré a la señora vestida de negro, esperándome, y cuando estuve frente a ella, le pedí si podía escuchar nuevamente a la mágica guitarra. Ella abrió la maleta, y no había nada de nada, la oscura maleta estaba vacía, pero algo dentro de mí salió como si fuera un volcán, y aquella fuerza era una canción que salía de mi corazón, y canté y canté y mientras cantaba observé que todos los niños del mundo volvían al parque poblado de árboles, para escucharme cantar. Nuevamente vi al ave de colores, lo escuché silbar y era hermoso… y luego, cuando dejé de cantar, todos los niños del mundo cantaron y cantaron, mientras la señora de oscuro traje me cogía del brazo y, como si yo fuera un instrumento, me metía adentro de su vieja maleta… Y adentro sentí que, por la primera vez, podía descansar en total armonía y paz...



San isidro, septiembre del 2005

Friday, September 02, 2005

Es posible la paz...

Hoy fue un día de esos que todo es nuevo, de esos en que respiras y sientes que todo ha sido hecho para ti, para la gente que amas, y para todas aquellas personas que aún no encuentran la paz en sí mismos.

Hablé con mucha gente hoy día y fui feliz con cada uno de ellos, ya sé que estoy muy enfermo, pero qué importa si tienes el corazón contento, y el alma lleno de paz... Puede ser que la enfermedad te sea dolorosa, que a tu alrededor todo sea gritos y llantos, pero, cierra los ojos y respira y respira y respira y siente en cada uno de esos alientos que es dios quien pasa a través de ti...

Mi camino se hace mas lindo cuando puedo cantar el amor que tengo por mi maestro, cuando empiezo a sentir la dicha de ayudarlo en su viaje por la vida, cuando miro al lugar hacia donde mira... Es hermoso tener a alguien que te ayuda sin pedirte nada a cambio, tan solo que disfrutes del regalo del aliento y de la santa respiración, es muy hermoso, se los juro...

Mi vida ya se está apagando, y mis alas está creciendo, y ya siento que mi vuelo va a empezar, que los aires que me esperan son puros y aromáticos, ya es tiempo de volar....


No creas que todo es del color de la realidad, pues hay magia, bella magia que está latiendo una y mil veces pues hay un maestro vivo que tiene el don de mostrarte la paz que reside en tu interior, y eso es pura magia, la magia de la vida, de ser feliz con tan solo el requisito de estar vivo y querer vivir a plenitud.


Ese no es mi mensaje, es el suyo, que la paz es posible, y es posible porque hay tanta paz adentro de cada ser humano que si no disfruta de ella, pude reventar...

Es posible vivir en paz si hay un contacto con ella adentro de cada ser humano, es posible...

Thursday, September 01, 2005

El Adivino

Entramos a una vieja casa, alumbrada totalmente de grandes velas color marfil. Una gruesa morena nos esperaba en la puerta de entrada, nos pidió nuestros sacos y zapatos y entramos a uno de los cuartos más pequeños que nunca he visto jamás... Para avanzar tuvimos que gatear. Nos sentamos cruzando las piernas y luego nos pusimos a esperar al adivinador. Mi amigo me había dicho que era uno de los más grandes de todo el pueblo y yo que estaba lleno de inseguridades y ansiedades me dejé arrastrar por la inercia de la curiosidad. Pensaba que había cometido una estupidez, por haber gastado casi la mitad de mi sueldo por saber mi futuro, pero ya todo era inútil, allí estaba, sentado junto a mi amigo esperando al adivino...

No pasó mucho tiempo cuando entró un viejecillo de más o menos cien años, se acercó hasta el lugar en que estábamos y le acercó a mi amigo y, en su oído, le dijo algo. Sí, es él, le escuché a mi amigo. El viejecillo me miró y pude ver que tenías dos cuencos secos y vacíos en los ojos. Está ciego, pensé. Su rostro estaba lleno de arrugas y cicatrices que dude en que fuera un ser humano. De pronto, el adivino me tomó la manos y me dijo si tenía fe, le dije que sí. Sonrió y mostró los pocos dientes que tenía en esa grieta llamada boca. Acércate un poco más, deseo tocar tus manos y tu cara, me dijo. Obedecí. Mientras tocaba con sus dedos mi rostro sentí como si una serpiente estuviera arrastrándose por mi cara, luego, cogió mis manos con sus manos. Acercó su boca hasta tocar la palma de mis manos y con su lengua empezó a lamerme, una y otra vez como si mi mano fuera una pila de agua bendita... De pronto, mientras me lamía sentí como si todo el cuartillo empezara a iluminarse de rojo, verde, amarillo, para al final quedar todo de color blanco, como si estuviera en la nada, en un lugar extraño, sin sonido, sintiendo como si yo estuviera a dentro de un corazón pues escuchaba y sentía sus latidos... Traté de ver mi cuerpo y vi que estaba a dentro del cuerpo gigantesco de una persona, y esa persona era yo. Me gustó todo esto, cuando sentí que una especie de serpiente del color de la lengua empezaba a libarme una y otra vez. Me sentí calmo, cada vez más calmo hasta que pude ver que el lugar blanco en que estaba cambiaba de colores verde, amarillo, azul, celeste hasta hacerse una mezcla increíble y sentir que empezaba a dormirme... De pronto sentí las manos callosas del viejecillo despertándome. Abrí los ojos y allí estaba, sentado frente a mi amigo con el viejecillo anotando en un pedazo de papel mi nombre, edad, y, mis tres futuros... Me entregó el papel y decidí no abrirlo hasta que llegara a mi casa.

Ya en mi casa abrí el papel y leí que decía que iba a tener tres vidas y en cualquiera que escogiera en ninguna iba a tener éxito, pues yo, jamás confiaría en mí mismo. Sería ingeniero, escritor, drogadicto o ladrón o vago, pero no saldría de esos tres cuartos a no ser que encuentre la llave del entendimiento y abra la puerta del pasado y del futuro y entre al valle del presente. Difícil tarea, decía el viejecillo, pero, yo era uno de esos que intuyen, sienten el devenir, conocen sin conocer, y por ese don puedo tener en tres puertas, y tan solo en una de ella podré salir al valle del presente en donde podré verme y saber quién soy en verdad... Cogí el papel, y lo guardé en un cajón. No quise decir nada a mis padres pero sentía que mi vida cambiaría muy pronto, y fue cierto pues una tarde en que regresaba a mi casa de la universidad, vi que mi padre me esperaba en a puerta para decirme que se separaba de mi madre, y que le perdonara a ambos...

Han pasado muchos años, mis padres han muerto, soy periodista y me gusta escribir poemas y relatos en un viejo cuaderno. Me he vuelto incrédulo, aunque no siempre… sin embargo, aún guardo aquel papelillo del viejo adivino, y si en algo tiene razón es que no soy nada, no conozco el éxito y, ni siquiera lo busco, es mas, no me interesa la vida ni el mundo en que vivo, lo único que me atrae es el de saber cómo salir de este lugar en que me hallo y que es mi realidad... Quizás este sea el lugar en donde encuentre la llave y pueda salir de toda esta mediocridad que respiro diariamente, no lo sé, pero muy dentro de mí, en un lugar en donde nadie me toca, siento que hay como un claro de luna que cada noche mientras estoy encerrado en mi cuarto parece esperarme... Y si esa es la puerta de salida, entonces, la llave será: ¿mi atención, concentración hacia algo muy quieto?, ¿mi respiración larga y profunda?, ¿el saber de dónde el aliento viene y hacia adónde va?, ¿el amor, devoción por algo divino?... No lo sé, pero siento que estoy cerca muy cerca, muy cerca, muy cerca... cuando cierro los ojos y estoy en un lugar donde nadie me toca… Casi hasta puedo ver aquel lugar blanquecino; casi puedo sentir los ojos secos de adivino, su lengua en la palma de mi mano; casi puedo respirar otros aires de celestiales aromas...




San isidro, agosto del 2005

Wednesday, August 31, 2005

El pescador

Había caminado durante todo el día buscando trabajo sin suerte. Miré mi reloj y ya era la hora de ir a la reunión. Tomé el carro que me llevaba y con una sonrisa olvidé la buena o mala suerte que había tenido el día de hoy. Una que otra vez los malos pensamiento venían como zancudos a inyectar su veneno de angustia, pero yo estaba enfocado en el sentimiento que guardaba en mi corazón, que me decía que no hay días malos ni buenos, sino hay días vividos y aceptados. Como un niño sonreí de oreja a oreja por aquel claro sentimiento sin darme cuenta que una señora me estaba mirando con gran curiosidad. "¿De qué sonríe joven?", preguntó. Le dije que hoy siento plenamente que estoy vivo. La señora también sonrió y me dijo cual era mi secreto, le dije que es simple, que hace muchos años conocí a una persona que me mostró mi corazón y la forma de escucharlo constantemente. "¿Es usted feliz?, volvió a preguntar. Le sonreí, y ella me dijo que no era necesario que le diga nada pues notaba en todo mi rostro un sano contentamiento. La miré de frente y sin dudar un instante la invité a la reunión en donde se hablaría un poco mas de esta cosa tan hermosa que es la manera práctica de conocer su ser interior, su corazón... Ella me dijo que no podía ir en estos momentos pero que después, si le invitaba, podría ir. Le di una tarjeta de invitación y nos despedimos con una sonrisa que sentí, era de corazón a corazón...

Bajé del auto y mientras me acercaba a la reunión sentí que había hecho algo muy hermoso... Quizás no había tenido suerte en conseguir trabajo pero sí había conseguido encender un corazón con un atisbo de alegría y de paz... Entré a la reunión y escuché al maestro hablar siempre de lo mismo, pero para el corazón, era siempre algo nuevo, algo que nutría todo mi ser de algo así como dicha y felicidad, y eso, es todo lo que un ser humano anhela sentir, al menos en un día como hoy en donde las cosas salen bien, mal, pero por la gracia de la apreciación son siempre bien recibidas, así como se recibe el regalo de este aliento, y de esta vida...



San isidro, agosto del 2005

El conformista

Me dijo que no, que todo había terminando para siempre... Yo, callaba, así como esas prsonas que se les viene una ola del tamaño del universo y siente que valla donde valla no escapará. ¿Por qué?, pregunté. Mírate, me dijo, mírate, cómo esperas que alguien te pueda querer si lo único que te importa es leer, escribir, visitar tus óperas, el cine en blanco y negro, y estar sentado en ese café durante toda la noche, ese bndito café lleno de borrachos y prostitutas, nada mas... Y a mí me dejas como si fuera tu sombrero, tu adorno, y yo no soy algo que uno usa y lo deja bien colgado en su percha, por eso, es que todo se acabó, ahora amo a otra persona: es bueno, me lleva a pasear, me habla, me compra lindos regalos, visita a mi familia, le gusta ir a las fiestas y bailar, en fin, es totalmente diferente a ti. ¿Y, cómo se llama?, le pregunté. No es importante que lo sepas, basta decirte que no lo conoces y que no deseo presentártelo. Tu sabes que detesto las peleas, las disputas, y ese tipo de cosas, así que... adios, todo ha terminado entre nosotros.
Me cerró a puerta y me quedé como un perro mojado, sin saber adónde ir. Pensé en ir a mi escritorio y escribir mis sentimientos, pero había algo en mi alma que me ardía, y pesaba tanto como si tuviera plomo en el corazón. También pensé en sucidarme, pero yo era demasiado cobarde para llevar a cabo tremenda acción... por lo tanto lo único que me quedaba era recordarla, vivirla nuvamente, verla en mi pasado, ir a los lugares en donde sentía haber ido muy feliz con ella, (aunque habiéndola escuchado no fuera cierto) o al menos era cierto para mí. Y eso hice, visité cada lugar en donde los dos habíamos caminado: al teatro, a las librerías, al cine mudo, a las playas deshabitadas, a mi cuarto, al hotel en donde le recité mi primer poema de amor, al vejo café que diariamente iba a esperar... y escribir, y, la verdad, sentí que recordarla me llenaba más que si estaba a su lado en vivo. Pensé también en las cosas que siempre quise hacer con ella, como visitar los museos, ir a los cementerios los fines de semana, etc. ¡Ah, sentí y pensé, nuca podrás dejarme mi amor...! Y sintiendo esto, sentí que el amor era mas grande para mí si yo le daba libertad al sentir verdadero...
Me sentí tan contento que le escribí un poema y en vez de dárselo lo guardé en un cajón, junto a todos los textos que guardaba para cuando algún editor descubriera mi talento. Ya eran pasada la media noche y decidí salir, como siempre, a buscar mi inspiración, es decir, ir al viejo café a esperarla, a esperar la llegada de la musa, esperar a que se sentara en la misma mesa que yo. Como siempre, vino ella, sombría, callada, vestida de negro, sentándose frente de mí. Me saludó con un gesto de cabeza, y yo la saludé, mientras toda la gente que estaba a mi alrededor se burlaba de mí, pues sólo yo podía ver a aquella bendita imagen, solo yo tenía aquella suerte, solo yo podía escuchar sus palabras que salía a traves del sonido de silencio, solo yo y nadie mas...


Lince, agosto del 2005

Tuesday, August 30, 2005

Jaulas

No recuerdo cómo llegué, pero allí estaba... Siete o nueve personas dentro de una jaula, encerrados como animales peligrosos. Me senté en el suelo pues no había una sola banca, nada, tan solo las siete o nueve personas que comencé a revisar con mis ojos, uno por uno... Me llamó la atención el primero pues estaba vestido todo de blanco, sin zapatos ni medias, era calvo o se rapaba, no lo supe, y eso fue todo lo que vi de él pues tenía la cabeza colgada como si fuera un mango a punto de caer por estar maduro. El otro parecía ser un niño, pero no lo era, estaba en calzoncillos, pero usaba zapatos y medias, y tenía el cabello negro y muy largo, aunque parecía no haberse bañado por mucho tiempo, a este tampoco le pude ver la cara pues el gorro le cubría... Otro era un tipo bastante bajo y gordo, usaba una especie de túnica de color azafrán, era muy velludo pues sus manos y pecho rebozaban sus vellos, su cabeza estaba cubierta por una capucha al estilo monje, estaba de rodillas con las manos juntas y con la mirada hacia la reja que era la única ventana, oraba en un idioma que no pude entender... Luego habían dos que parecían ser hermanos, estaban vestidos con el mismo color de ropa, zapatos y usaban unos lentes oscuros, lo extraños de ellos es que se miraban las caras, casi pegados como si estuvieran frente a un espejo... Por último habían cuatro enanos, todos vestidos de negro y cuidaba a un hombre muy grande que parecía estar totalmente dormido, cubierto totalmente por unos trapos de varios colores, sus pies eran como los de un gorila, pero tenía cinco dedos, los conté, y vi que sus uñas parecían ser la coraza de una tortuga....

Esos eran todos, y parecían no darse cuenta de mi presencia ni ellos de cada uno de todos los demás. De pronto escuché una voz que salía de alguna parte de la cárcel que decía que ya era la hora de salir a comer. Yo pensé que nos iban a traer siete o nueve platos con comida pero no fue así. Desde la parte más alta del techo cayó una masa gigante de algo de color verde. Todos, como perros furiosos se tiraron sobre aquella cosa, yo no pude, y aunque quisiera, el ver cómo se peleaban cada uno de ellos me hizo sentir que yo sería igual a esa cosa verde... Cuando terminaron de comer esa cosa, todos, volvieron a hacer lo que estaba haciendo desde que entré en la jaula.

Ya habían pasado cinco tres días y cada día era igual, y yo, sin haber probado un solo bocado... Al cuarto día me sentí como si fuera una bestia salvaje, y vi que el animal que llevaba dentro salía dentro de mí como si fuera un gato... pues apenas cayó aquel amasijo de comida verde salté mas rápido que todos y cogí con mis manos todo aquello que cabía... y luego, casi sin respirar, salté hasta llegar a cogerme de la ventana que estaba en la parte mas alta de la jaula. Vi, por primera vez los ojos de cada uno de ellos, eran unos ojos redondos, brillantes y negros, así como los del perro. Parecían ladrarme, lanzar aullidos, querer comerme, pero no pudieron, y cuando asumieron su impotencia se lanzaron sobre las sobras de la comida verde...

Así estuve viviendo por cerca de meses y meses... Mis ropas se volvieron oscuras, mis manos se transformaron en garras, y mis ojos parecían ver todo brumoso, misterioso, casi podía palpitar los pensamientos de las siete o nueve personajes que estaba en la jaula. Eso fue bueno para mí, y con el tiempo me acostumbré a vivir pegado a la ventana de la jaula. Al principio veía como los enanos querían treparse al lugar en que yo estaba, el gigante los miraba y lanzaba una sonora carcajada que parecía a los gruñidos de un elefante, los demás me miraban por horas y horas así como los perros que miran la luz de la luna... y yo, empezaba a mirarlos ojo a ojo y reía como esos malignos demonios que se saben inalcanzables...

Todo seguiría igual sino fuera que un día entro un nuevo inquilino, era una hermosa mujer, desnuda totalmente, parecía ser una perra, pero no lo era, era una mujer, salvaje, pero mujer. Tenía unos senos preciosos, un pubis maligno y misterioso, sus piernas y brazos eran fuertes y limpios de toda vellosidad, era hermosa, sino fuera que cuando se sacó el cabello de los ojos tenía los ojos igual a los perros...

Los primeros en lanzarse fueron los enanos que salieron volando gracias al gigante que la deseaba para ella, y cuando la cogió en sus brazos, ella, empezó a besarlo... De pronto, el gigante velludo lanzó un fuerte aullido de dolor porque la mujerzuela le había arrancado la lengua... La quiso matar pero el gordo vestido de túnica se le abalanzó y se la quitó de los brazos, lo mismo hicieron el calvo vestido de blanco, y el niño de cabellos negros y largos... Ellos la cubrieron y la cuidaron como si fuera su reina... El gigante lanzó un gemido, escupió sangre al suelo mientras todos los enanos le jalaban de sus ropas, lo echaban al suelo para que volviera a descansar. Miré a la mujerzuela y noté que estaba masticando la lengua del gigante como si fuera una presa sabrosa.

Estoy en el infierno, pensé. De pronto vi que mi cuerpo había adelgazado tanto que podía cruzar los barrotes de la jaula. Eso hice, y con mucha suerte escapé, bajando por las paredes gracias a las uñas y a la gran agilidad que había cultivado mientras viví en aquel lugar...

Ya en la calle, y libre de nuevo, comencé a alejarme a través del bosque, y mientras huía, vi cientos de jaulas gigantes, iguales a las que yo habitaba momentos antes, pobladas de todo tipo de gente. Con gran asombro vi a extraños seres de otro planeta cuidando a toda una raza en total extinción... Cerré los ojos, y sentí ganas de vomitar. Mi mundo, estaba acabado, pero algo dentro de mí decía que todo esto podía cambiar, y por ese sentir huí, y huí hasta llegar a una montaña para tratar de sobrevivir como un ermitaño. Cerré los ojos nuevamente, y me puse a meditar, y mientras meditaba una bella luminosidad se acercó hasta casi tocarme el alma, y sentí que estaba mas vivo que nunca, que eso era lo mas hermoso, importante y que había una esperanza en que todo iba a cambiar, pues, la vida de un insecto no podría ser tan mala, reparé…



San isidro, agosto del 2005

Monday, August 29, 2005

Pureza

Me senté sobre mi escritorio y decidí escribir cualquier cosa que hubiera pasado por mi existencia... Recordé a mi madre aconsejándome que cuidara mi salud y los negocios, a mi hermano que aun no podía trabajar por no tener papales en un país extranjero, a mi perra que la había sacado de la casa para dar una vuelta por el parque de la ciudad, y, luego, recordé el aliento que pasaba por mi pecho, y sentí que eso era lo más importante recordar, el aliento, el aliento que pasa una y otra vez como olas que mojan las arenas secas de mi existencia, dándoles una y otra vez vida, y nada mas que vida...

Ya mas tranquilo y con la claridad en el alma decidí escribir un poema de amor...


"Tu eres mi mejor poema de amor,
mi primera y última canción,
la luz que viene y alumbra
toda mi existencia de claridad,
la fuerza que no deja de jalarme
hacia el valle del amor..."

"Tu eres el sol que brilla
en mi corazón...
Por favor,
no me dejes
que todo mi ser
está sediento de tu calor..."

"Tu eres mi noche y mi día,
mi ser y mi sombra,
mi canto y silencio...
Eres lo mas hermoso
que ha llegado a mi vida..."


Luego de terminar de escribir este poema me sentí como si todo fuera nuevo, como un niño que llega a los brazos de su madre y comienza a mirarle los ojos para siempre...

Hace unos días un señor leyó mis textos y me dijo que eran muy buenos y que debía publicarlos. Le dije que hace meses que voy de editorial en editorial y siempre me rechazan mis textos. Insiste, me dijo. Está bien, insistiré, le respondí. Nos dimos la mano y lo vi alejarse de mi presencia no sin antes repetirme que algún día yo sería reconocido. "Está loco", pensé.

Uno no sabe por qué escribe, tan solo lo hace porque es lindo contar sus cosas a nadie en especial, por eso escribo en la Web sabiendo que unos ojos y conciencia tocarán mis líneas, y yo tocaré su corazón...

Miré mi reloj y vi que ya eran mas de media noche, recordé todo lo que tenía que hacer al día siguiente y decidí apagar la computadora y dejar de escribir hasta el día siguiente, puede que tenga mas suerte y pueda escribir algo tan hermoso como esa luz que vi por la mañana mientras me preparaba para ir a mi trabajo. Era tan bella y se manifestaba frente a la realidad que tuve que dejar de hacer lo que hacía y cerrar los ojos, pues sentí que, o era la muerte, o era dios... Y allí estaba, hermosa, luminosa, parecida a un feto, un embrión de luz que pareciera navegar en el centro del universo interior... Le pedí que no se alejara, que me ayudara en todos mis oscuros pasos que doy en este presente que nadie lo puede coger ni apreciar... pero ella se fue así como si se sumergiera en las profundidades de un océano de una brillante oscuridad... Cuando abrí los ojos supe que había estado frente a algo tan puro y divino que me sentí afortunado de estar vivo y de poder apreciar algo tan puro y hermoso dentro de mi...



San isidro, agosto del 2005

Sunday, August 28, 2005

Luminosa Oscuridad

Mejor no escribas, me dijo mi conciencia, pero yo, fiel a mi ignorancia, escribí un texto que lo llamé luminosa oscuridad...

Allí estábamos, como dos perros sin dueño, jugando con mi conciencia en medio de la calle cuando dos gigantescas personas con palos en los brazos nos llenaron de patadas y garrotazos... Con la justa pude huir, pero mi amigo, quedó tirado en medio de la calle, sobre un charco de sangre, mientras los tipos continuaban machacando su cuerpo como un bistec apanado... Antes de irme, volví a mirarlo... Ahora era un amasijo de sangre, carne, mostrando los huesos del cráneo que brillaban por las luces artificiales de la noche. No quise seguir observando y partí corriendo con la oscuridad de la noche cubriéndome... Llegué a una taberna, y pedí un poco de alcohol, el cantinero me pidió que pague por adelantado pero no tenía dinero. Me echó. Cuando estaba por irme vi de nuevo a los dos enormes personajes que habían masacrado a mi conciencia. Me senté como un gato y busqué con los ojos un lugar en donde pudiera esconderme. A la mitad de una cuadra vi una hermosa casa, cubierta por un enorme muro en todo su entorno. Caminé como un gato hasta llegar al muro y, sin saber cómo ni cuando, me trepé por sus muros como una araña hasta entrar en aquella casa y meterme hacia el interior a través de una de las ventanas... Tuve mucha suerte puesto que nadie habría captado mi presencia...

Me quedé mirando por la ventana de la inmensa casa hasta que esos gigantescos locos desaparecieran. Allí estaban, jamás los había visto, pero allí estaban, esperándome, y yo, no sabía el por qué, no sabía nada de nada ni siquiera recordaba mi nombre, ni el día o la noche en que estaba. De pronto, todas las luces de aquella inmensa casa se encendieron y reparé que había una gran cantidad de personas, bien vestidas, mirándome con los rostros llenos de júbilo y alegría, manifestándome que al fin había retornado a mi hogar.

Cantaron todos, ante mi gran sorpresa, y luego, trajeron abundantes regalos, colocándolos cerca de mis pies, y lo último que me puso anonadado fue que vino toda una familia, con sus niños y ancianos, mujeres y hombres, diciendo que yo, su familia, al fin estaba a su lado...

No les hice caso, pero les seguí la corriente, así que durante toda aquella noche me alimenté, bailé, conversé con toda la gente que veía por la primera vez, aunque ellos juraran conocerme... "Están locos", pensaba. Y cuando toda la gente empezó a retirarse de la casa, me quedé con unos niños y una linda mujer que decía ser mi adorada y paciente esposa, era tan bella que no dude en aceptar mi nueva u olvidada realidad. Me acosté con ella, y luego, me quedé profundamente dormido.

A la mañana siguiente, apenas abrí los ojos, vi que todo el lugar en que me hallaba era blanco y frío como la leche de cabra... quise moverme pero no pude, estaba enyesado, y me dolía todo el cuerpo. Cerré los ojos, buscando dormirme, con la esperanza de despertar en aquella hermosa casa, acompañado de aquella linda gente que decían ser mi propia familia, pero no, no tuve aquella suerte, pues no pude volver a despertar a voluntad... Tan solo comencé a ver todas las cosas, mis sueños como formas que parecían desvanecerse como si todo fuera de vapor... Quise salir de aquel sueño, pesadilla, pero, no pude... Vi que mi cuerpo lentamente empezaba a secarse hasta quedar como un árbol sin hojas ni aire, ni agua. Vi a cientos de personas con los rostros bellos pero tristes que pasaban por mi mente. Vi a esa mala gente golpeándome, y no a mi conciencia, y vi, por último, que mi conciencia me miraba con un oscuro rostro lleno de luminosas y oscuras lágrimas y pesar... Luego, no vi nada mas, tan solo sentí que algo que no era ni conciencia ni yo, flotaba y flotaba hasta diluirse como un respiro en medio de una tormenta de alientos que flotaban por todo un mar lleno de ignorancia y luminosa oscuridad...


San isidro, agosto del 2005.

Las siete vidas del gato

Hace unos días fui invitado al colegio de una de mis dos sobrinas de nueve y diez años a declamar un cuento para niños. La mayor de mis dos sobrinas me pidió que contara el texto llamado "El gato", que es uno de los textos que escribí ya hacía dos años... Le dije que sí.

Esa fue uno de las dos invitaciones que tuve para ir a un colegio de niños. La primera, que fue el año pasado y fue muy hermoso, y esta vez, fue muy especial. Llegué temprano y una de las profesoras del salón de una de mis sobrinas me dijo que disponía de media hora, así que me fui corriendo hasta llegar al salón de clases. No bien los niños me vieron, aplaudieron, se sentaron, y luego yo saqué mi texto para empezar a declamar... Una vez terminado, los niños comenzaron a hacer todo tipo de preguntas, y pude responder cada una de ellas no sin una dulce dificultad, pero, de pronto, una de las profesoras, que estaba sentada y pegada a los treinta niños, y que no la había visto llegar, me hizo esta pregunta: ¿Por qué ha escogido la historia del gato?. Respondí que fue mi sobrina quien me dijo que contara aquel cuento, pues bien podía haber declamado otro, pero, fue ella, y de una manera simple. Luego, no satisfecha por la respuesta, la profesora me volvió a preguntar: ¿Por qué dice usted que los gatos tienen siete vidas? No supe qué responder, cuando de pronto los niños comenzaron a decir que se debía a su gran agilidad, la manera tan individual en que viven, etcétera., o, que es tan solo un refrán, algo mítico. Luego de terminar y pasarme más de una hora, que disfruté tanto como los niños, me despedí de cada uno de ellos con un gigantesco abrazo y muchos besitos... Por supuesto que me acerqué hacia la profesora para agradecerle el tiempo que le había robado, cuando noté que sus ojos tenían la forma y el brillo de un gato. Me dio la mano y vi que sus uñas eran largas y muy delicadas, vestía toda de negro... No quise mirar mas, vaya a ser que viera la cola y allí si que quedaba demostrado que la fantasía era más fuerte que la realidad... Ya estaba en la puerta cuando escuché un pequeño maullido, volteé con temor, y vi que en el jardín que estaba al lado de la puerta del salón había un gato negro que entraba y se ponía en el regazo de la profesora de una de mis dos sobrinas...



San isidro, agosto del 2005.