Tuesday, October 18, 2005

Heridas profundas

Iba a abrir la puerta de mi casa cuando vi que todas las luces estaban prendidas. Me asusté, y me asusté porque sabía que nadie podría estar adentro, pues las llaves de la casa en donde vivía desde la muerte de mis padres las tenía en mis manos... Revisé mi maleta y saqué el revolver que era para casos como este, aunque no la había usado nunca y ni siquiera había hecho un solo disparo aún, a pesar que la tenía por más de dos meses.

Puse la llave en la puerta, la doble en sentido horario y la puerta se abrió apenas la empujé un poquito. Las luces se apagaron. Ratas, pensé. Entré como un gato con el arma en mi mano y cuando cerré la puerta escuché que una ruma de sombras salía por la ventana de la casa...

- ¡Alto! - grité, pero igual continuaron diluyéndose a través de todas las ventanas de la casa.

Prendí las luces y vi que la casa estaba intacta, como si nada hubiera ocurrido. Me acerqué a la ventana y estaba con seguro. Habré alucinado, pensé. Podría ser cierto pues acababa de salir de una reunión con mis empleados y habíamos tomado bastante licor antes de terminar con el próximo objetivo. Claro... el licor, me dije. Caminé hacia mi cuarto mientras dejaba regado por todo el piso mi saco, mi maleta, la pistola... hasta quedar en pantalón y camiseta. Llegué a mi cuarto y me tumbé en mi cama, luego, perdí la noción de todo...

No supe cuanto tiempo había dormido, pero cuando abrí los ojos, producto de que alguien había prendido las luces, vi que una media docena de muchachos y chicas estaban observándome, riéndose en silencio. Están drogados, pensé. Iba a moverme pero no pude, estaba atado como un gusano. Iba a hablar y me di cuenta que tenía un parche en la boca, mientras todos los chicos se reían en total silencio de mi. De pronto, noté que un sujeto un poco mayor que todos ellos, y que tenía algo en su mirada que se me hacía familiar, les dijo que ya era el momento. ¿Qué momento?, me pregunté. No tuve que esperar mucho para ver que unas bellas muchachitas, totalmente desnudas, se me acercaban con unas barras de acero al rojo vivo...

- ¡Quémenle las manos, el pecho y al final los ojos...! - dijo el muchacho un poco mayor que por su manera de mandar y de mirarme se me hacía tan familiar.

Por más que me rascaba la cabeza no supe de dónde lo había visto, pero de qué importaba saberlo si las malditas muchachas me iban a lacerar... Las vi acercarse hacia mí como en cámara lenta, con las barras al rojo vivo que parecía el umbral del infierno… y cuando las malditas estaban a punto de sancocharme las manos, grité con todas mis fuerzas. De pronto, me vi echado en mi cama con una lámpara del velador pegada a mi mano que empezaba a quemarme. Sí, fue un maldito sueño. Me paré y empecé a caminar por mi cuarto cuando en un rincón del cuarto vi una foto en donde estaba el maldito muchacho de mi pesadilla. Sí, era yo, era yo cuando contaba con quince años... Cogí la foto y la tiré al piso. Cogí el teléfono y llamé a uno de mis empleados preguntando si el trabajo estaba concluido. Me dijeron que sí, que el pobre viejo había firmado todos los documentos antes de que le sancocharan las manos... pero, igual le perforaron el pecho, pues, decían, valla el madito a contar lo que no debe... Colgaron, pero no pude volver a dormir desde aquella vez en que sentí que mis ojos, mis manos, y mi corazón estaban totalmente negros, carbonizados...





San isidro, octubre del 2005

Monday, October 17, 2005

La chalina celeste

Miré la bolsa que acababa de llegarme de Israel. La abrí como un niño y dentro encontré una carta y una bolsa de plastico que guardaba una chalina de color celeste... Leí la carta, era mi madre en donde me acensejaba que me abrigara para el invierno y que ella oraba todos los días para que Dios me diera una linda pareja, una sierva de Dios... Cogí la chalina celeste y me la puse al cuello. Era muy pequeña. Estoy gordo y viejo, pensé. La puse en mi bolsón, junto con la carta y me diridí hacia mi cuarto.

En el camión que tomé vi a una linda chiquilla de no mas de ocho años que me miraba como esos gatitos que ven un ovillo para jugar. Será mi cara, mi cabello, pensé. Alcé la mano, saludándola, pero la niña arrugó su frente y me sacó la lengua, luego, se dio la vuelta y se pegó a su madre que estaba a su lado, y que era una señora gordisima y rubia... La mujer volteó para ver el por qué su hija había tomado tal actitud, y al verme, me miró a los ojos y arrugó la frente como diciéndome que ya estaba demasiado viejo para jugar como un niño.

Bajé de camión justo a cuatro cuadras de mi cuarto cuando repentinamente empezó a llover. Maldije mi suerte mientras veía como el camión se alejaba de mí, y pude ver a la niña que nuevamente me sacaba la lengua y atinaba a lanzarme un golpe de puño. Me reí. Me di media vuelta y, totalmente mijado, caminé hacia mi cuarto. La lluvia y la brisa eran terribles cuando recordé la chalina celeste que mi madre me había mandada desde Israel. La saqué de mi bolso y traté de cubrirme la cabeza y la cara. Lo logré. Aquella chalina era gruesa y de fibra sintética. Abrigaba como si llevara una estufa en el cuello. Lo alargué hasta cubrirme toda la cabeza, y me fue exelente... Mas tranquilo, caminé despacio y me dije que gracias a la chalina podría pasar un rato por la bodega cercana a mi cuarto para comprarme un poco de café para pasar...

Llegué a la bodega y compré lo que necesitaba y cuando iba a salir vi que no lejos del lugar el camión en que viajaba había chocado contra un auto... Desgracia, pensé. Recordé a la niña malcriada, a la madre, el conductor y una que otra cara. Corrí hasta llegar al lugar del accidente. Y cuando llegué vi a una señora gordísima, rubia, llorando desconsoladamente, pues tenía a su pequeña hija en las manos, privada... Mientras el chofer tenía la cabeza metida entre las lunas... Un chorro de sangre me escarapeló el esqueleto. Me acerqué y vi que el pobre no tenía cabeza... Iba a alejarme cuando comencé a escuchar los quejidos de las demás personas que iban en el mismo camión... Me acerqué cuando volví a ver a la señora gorda. Me le acerqué y la vi de cerca. Estaba temblando de frío, con la lluvia que parecía lacerarla y con sus manos llenas de sangre. Miré a la niña y, en verdad, parecía dormida. Instintivamente me saqué la chalina y se la entregué a la señora. Ella no pudo verme, por la lluvia, luego, empecé a alejarme pues escuché el canto de la ambulancia, y el correteo de la gente curiosa...

Volví sobre mis pasos y cuando vi que la ambulancia se llevaba a la niña y a la mujer, retorné para preguntar a los doctores por la salud de ellas dos. Me dijeron que no era muy grave, tan solo un fuerte golpe y quizás un fuerte resfriado debido a la lluvia y la brisa, en cuando al chofer, había muerto al instante... La vi entrar en el auto y la vi alejarse a ambas... La niña tenía mi chalina celeste en su cuello.

Llegué a mi casa y escribí una carta a mi madre diciéndole que le agradecía mucho por la chalina celeste que me sirvió muchisimo, sobre todo que pude volver a escribir, contando la historia de la chalina celeste...

Sunday, October 16, 2005

La Biblioteca personal

Miraba los miles y miles de libros que estaban en aquella inmensa y lujosa Biblioteca, pegados a sus cuatro paredes, y me preguntaba si alguna vez llegaría a limpiarlos y a leerlos. El dueño de esta Biblioteca, que era un anciano que estaba atrás de mi, me dijo que todos aquellos libros eran para mi, y que me los daba porque no sabía a quién dejárselos antes que muriera. Sorprendido, acepté su generoso regalo pero le dije que no tenía un lugar en donde colocar tantos libros. Esta casa será tuya, respondió. Pensé que estaba loco, pero su mirada apacible y al mismo tiempo misteriosa me hizo sentir un escalofrío, pero cuando nuevamente observé los miles y miles de libros pensando que podrían se todos para mi, me sentí mas tranquilo.

- Acepto - le dije – y, ¿desde cuando puedo mudarme?, o sea, ordenar mis cosas, que no son muchas, avisar a mis parientes, ordenar mi vida a partir de un lugar nuevo en donde vivir.

El anciano, soltó las manos como si yo no comprendiese, y casi susurrando me dijo que yo no volvería a salir de su casa jamás... Me puse helado, y como si fuera un perro a quien van a degollar corrí hacia la puerta de salida de la inmensa y antigua casa. La abrí, y salí despedido, buscando la salida pero por más que corrí y corrí, no la encontré. Era una casa de esas llenas de escaleras por todas partes, y cuartos llenos de libros en sus cuatro paredes con puertas que daban a otros cuartos con mayor o menor cantidad de libros en ellos. Me perdí, y empecé a gritar para salir de aquella pesadilla, pero tan solo escuché el eco de mi propia voz. Nadie más contestó.

Ya oscurecía cuando una luz empezó a limpiar toda la oscuridad que me angustiaba, dándome al mismo tiempo un extraño calor. Agotado, me tiré al suelo y maldije el día en que había leído el anuncio en donde pedían a una persona que pueda encargarse de dar mantenimiento a una Biblioteca personal. Yo amaba los libros, pero no al extremo a convivir para siempre con ellos, pero, como un ratón absorbido por el olor de un trozo de queso, caí en la trampa.

De pronto escuché la voz del anciano de no sé que parte de la casa que decía que no debía temerle a los libros y que en cualquiera de ellos encontraría la salida, la única y verdadera salida. Apenas terminé de escucharlo, una puerta se abrió y como si todo estuviera embrujado me di cara a cara con la gran Biblioteca. Entré, y allí estaba el anciano, sentado en su silla de ruedas, y con esos ojos tan apacibles y misteriosos, así como el sol y la luna. El vejo tenía un libro en las manos, me lo ofreció. Lo cogí, y empecé a leer...

No sé cuanto tiempo ha pasado, pero, cada vez que termino un libro veo que mis manos se quedan temblando, como si ellos absorbieran mi vida... El anciano ha desaparecido. Veo que día a día, alguien, que nunca supe de dónde venía me deja mis alimentos. Cuando me siento con sueño, me echo sobre la alfombra de la Biblioteca, otras veces me voy a otro cuarto y cojo otro libro, y también me quedo dormido con un libro en la mano…

Y, era verdad, después de leer una pequeña parte de los libros he encontrado no una salida sino miles de salidas de esta casa, pero, no sé por qué no deseo salir, siento que una vez que termino uno de ellos hay algo que me impulsa a coger el siguiente… ¿Será que leyendo he roto todos los cristales fríos de mi antigua soledad, de mi apagada pasión, de esperar a que algo ocurriera cuando nunca me sucedió nada de nada…? No lo sé, pero el tiempo parece haberse escondido para siempre mientras leo, la luz no tiene sentido más que cuando tengo un libro delante de mis ojos, y el silencio, ¡oh, el silencio!..., es mi más leal compañero, el placentero trono donde me siento delante de su profundo teatro. Esta Biblioteca parece darme todo lo que yo necesito… en verdad, casi todo…

San isidro, octubre del 2005

Friday, October 14, 2005

Bailando con dios

Nunca me sentí digno, ni siquiera de mi propia vida... uno viene al mundo y recibe y recibe modos de conducta, formas de hablar, límites de los sentimientos y muchas cosas mas... y uno está allí, fluyendo como esas gotas del río que van rumbo hacia uno de los grandes océanos, en verdad, no me sentía digno de nada. Me sentía prestado, usando una ropa que no era mía, era toda una mentira que no encontraba la manera de desgarrarla pues si la gente en mi entorno escuchara mi sentir verdadero seguro que no podrían reconocerme, y es seguro que viviría marginado o en un loquero.

Así era mi manera de vivir hasta que conocí a dios. Puede que cause risa pero en verdad lo conocí, o mejor dicho, pude verle cara a cara, y, en verdad, era tan impensado, tan real, como si toda la vida hubiera estado frente a mí y yo no me habría dado cuenta sino fuera porque me dio unos anteojos y con ellos pude verle, y, sobre todo, sentirle, fue hermoso.

Recuerdo aquel día en que anduve navegando en medio de mis olas de dudas y ansiedades, cuando una persona me preguntó por un nombre que nunca antes había escuchado, pero que creí haberlo conocido, era un sentimiento extraño. Le dije que no, y este fulano se dio media vuelta y fue a la persona que estaba a mi lado y le hizo la misma pregunta. El tipo le dijo que no. Le vi alejarse, acercándose a cada persona, haciéndole, (eso creí) la misma pregunta. Aquella imagen no pude dejar que se escapara de mi vida así que, le seguí. Cuando estuve a su lado le dije que aquella persona que estaba buscando era yo. El tipo sonrió y me dijo que lo siguiera. Le seguí.

Tuve que dejar a mi familia, amigos, todo por seguir a este señor que parecía ser como un lindo loco pero cuando me atrevía a preguntarle todo tipo de cosas, él respondía con tal gracia y simpleza que supe que era un ser muy especial. Y cuando le pregunté quién era él, me respondió que dios. Casi me río, pero el se rió primero que yo, luego, ambos reímos juntos... Y así fue como empezó todo esta historia de nosotros... Pudimos conseguir a cientos de adeptos que, como yo, estaban perdidos en sus máscaras, personalidades, en fin, en todo eso que uno carga desde que llega al mundo. Y cada noche nos poníamos a escucharle, y él nos hablaba acerca de algo muy hermoso...

"Uno no debe de olvidar que lleva la divinidad en su propia vida, y que es en el olvido de esta belleza en que olvida su propósito, el de apreciar cada momento, instante de esta existencia... Uno es como ese polvo a quien se le da el habla, el movimiento, el pensamiento, y entonces, el polvo se dice: no soy polvo... Es bueno dejar que las cosas se resuelvan por si mismas, pues el ser humano no ha sido creado para resolver problemas sino para existir sin problemas... La vida es como un poema sin inicio y sin final, pues todo es como el silencio que está siempre aunque no lo podamos percibir... Hay tanto fuego en nuestras vidas que una sola chispa de ella puede encender las vidas de toda criatura que existe con los ojos tapados por la ignorancia de uno mismo. El hombre ha jugado como un niño con el tiempo, y ha creído ser un dios cuando siempre ha sido un niño sin nombre ni apellido..."

Todo esto nos decía y siempre repetía lo mismo, sin embargo, había algo en sus palabras, en su sencillez que nos ahogaba de alegría.

Nuestra familia creció tanto como era necesario, sin embargo, él siempre iba de persona en persona preguntando por el mismo nombre que me había preguntado a mí. Muchos le escuchaban, pero muchos no. Hubo veces en que la soledad me ahogaba y en aquellos momentos él bailaba para nosotros. Era muy hermoso verle bailar, era como si las estrellas se volvieran locas y la Luna riera, en verdad, yo sentí que era dios quien bailaba...

Hubo chicas lindas a quien también preguntó por el mismo nombre, y también muchas chicas le siguieron. Y cuando él bailaba en nuestras reuniones, hubo veces en que yo bailaba con las chicas y soñaba, y soñaba, y creaba una ilusión, en hacer una familia, hijos, es decir, ser como cualquier persona... Y en ese deseo me cegué, creé una isla, un espacio en donde yo tendría que esperar que se materializara… Hasta que en uno de sus bailes, él se acercó con una linda muchacha de ojos luminosos, mientras yo bailaba con una linda morena, y cuando yo pensé que él me la iba a dar a mí, pasó algo que cambió mi vida para siempre. El me tomo de las manos y bailó conmigo, y dejó a las dos chicas bailando... Nunca antes había sentido nada igual, me sentí extraño, pues sentí que ya no tenía espacios en mi vida, pues todos los cubría él con su presencia… Y fue entonces que recordé, sí recordé mi nombre verdadero, el mismo nombre que él preguntaba a cada persona que se le cruzaba, y lo recordé pues lo sentí en cada nota que vibraba en mi entorno, en cada partícula que tomaba yo conciencia… Entendí que no había diferencias ni distancias ni errores, que todo era perfecto, que todos éramos una sola unidad, atados por ese tono, ese nombre que ahora podía percibir y vibrar mientras bailaba con dios, con aquel que no era mas que el nombre verdadero hecho ser humano…

San isidro, octubre del 2005


Thursday, October 13, 2005

Vidas ejemplares

Me miré al espejo y creí que aún las cosas podrían cambiar. Les dije a mi mujer e hijos que mi jefe me daría un aumento, pero todos continuaron desayunando, en silencio y, al igual que yo, navegando como un submarino en las cosas más importantes que harían... Me senté como si mirara un teatro en una silla que estaba a unos pasos de la mesa del desayuno, y, en verdad, empecé a preguntarme si valía la pena continuar viviendo bajo el mismo techo...

Aun sentía el dolor en la cara por los golpes que recibí de mi mujer y las patadas de mis dos hijos hombres y las uñas en mis manos y cara de mis tres hijas cuando cogí a mi mujer y la quise aventar por las escaleras de la casa. Por supuesto que hubo una razón, y esa fue que estaba bebido y me había gastado todo el dinero de la quincena, también había comprado un collar de plata a mi mujer, y varios regalos a mis cinco hijos, pero, mi mujer al verme, olerme, ebrio, no hizo mas que empujarme al piso mientras me buscaba en el saco el dinero de mi sueldo que serviría para pagar la cuota mensual de los estudios de mis cinco hijos...

Es raro sentirse incomprendido, golpeado por la gente que uno lucha y ama, y es doloroso ver que ninguno de ellos me tiene respeto y atención, no, no sienten nada por mi, eso es lo que sentí sentado frente a ellos mientras desayunaban con los ojos clavados en la leche, el pan, la mantequilla y, sobre todo, en sus sueños... Y fue allí en que recordé el espejo en donde me había visto tan bien, a pesar de estar con el rostro arañado, los brazos y hombros moreteados, pero recordé el espejo y me vi tan especial, casi como si yo no fuera aquella imagen que irradiaba tanto optimismo, pues sentía que mi jefe me daría un aumento y un adelanto. Por eso, me paré y sin probar bocado, aunque me moría de hambre, salí de la casa diciendo a toda mi familia que tuvieran unos buenos días...

Ojalá te mueras..., escuché el grito de uno de mis hijos, pero, no podía ser, pues, pensaba, ¿cómo uno de mis hijos desearía mi muerte?, ¿es que acaso no corre la misma sangre por sus venas?. No quise pensar más, respiré hondo y con una sonrisa me lancé a las calles, lleno de entusiasmo, esperanza, alegría, pues el día sonaba tan maravilloso... Allí nuestra vecina, el perro del bodeguero, la viejecilla vestida toda de negro y con ese grueso abrigo de invierno y sus canas tan celestiales que parece que estuvieran siendo iluminadas por un ángel, esperándolas en una especie de salita de espera antes de presentarse al mismísimo dios... Sí, era un día hermoso, pero, en verdad, tenía hambre, iba a volver a mi casa pero al sentir mis brazos adoloridos, rehusé.

Caminé hasta llegar al trabajo y en la puerta me esperaba un aviso en donde se me prohibía la entrada, y también que podía pasar por caja por mi liquidación. La firma del jefe y nada más. Fui hasta la caja, medio anonadado y mientras contaba el dinero vi una nota firmada por el jefe. La leí y vi que mi mujer había declarado que yo le había golpeado, que me había gastado todo el dinero en licor y muchas realidades y tuberculosas mentirillas...

Cogí el dinero y, sin dudar un instante fui hacia mi hogar para que me explicaran todo esto, pero, cuando puse la llave en la puerta me di cuenta que habían cambiado la chapa, y vi que un policía se me acercaba con una carta notarial en donde se me impedía volver a entrar a mi casa hasta que terminara la demanda de mi familia completa. No sé por qué me sentí mal, muy mal. Esperaba una explicación familiar, un nuevo perdón, pero esto, algo tan duro, me hizo sentir que no tenía nada en el mundo.

Pateé la puerta y vi por la ventana de mi casa como mi ropa caía como lluvia de carnavales al piso... Me sentí más chato que el mismo suelo. Cogí un par de trapos y decidí ir a buscar un lugar en donde vivir.

Caminé por horas y solo encontré un espacio anónimo bajo el puente que cruzaba el río de la ciudad. Me eché en el piso y casi me pongo a llorar por mi suerte, pero, de pronto, sentí como que una aguja me hincaba el trasero. Me levanté y vi que era un pequeño trozo de espejo. Lo cogí y me miré. Me gustó lo que vi y empecé a sonreír. Sí, un día precioso estaba llamándome, esperándome... Me sacudí de todos los bichos de mis depresiones y fui caminando hacia el primer bar. Tenía que celebrar, pues, un día así, merece la pena ser totalmente vivida, aunque la lluvia de desgracias y desentendidos traten de apagar las velas de la gran torta de esta, mi existencia…





San isidro, octubre del 2005

Monday, October 10, 2005

La Visita

Salí temprano del trabajo... Tenía un compromiso familiar. Ya estaba por prender el auto cuando vino un hombre con una botella de vino bajo los brazos, queriendo saludarme. Lo miré bien y pensé que se trataba de un amigo que hacía años que no veía, por la única razón que hacía mas de quince años que pensé que estaba muerto...

Mi primera reacción fue la de creer que era una persona muy parecida a mi amigo, pues los años habían cincelado sus carnes haciéndole verse mas autentico que antes... Luego supuse que era un error, que estaba alucinando, pero al ver que este personaje se puso al lado de mi ventana y pronunciar mi nombre, y sobre todo, ver sus mismos ojos, los mismos que goce hacía tantos años atrás, tuve que reconocer que mi amigo estaba mas vivo que yo, y que todas aquellas noticias de su muerte no fueron mas que un grave mal entendido.

Nos abrazamos, y luego, olvidando mi cita familiar, fui con él hacia un bar cercano al trabajo. Entramos, pedimos dos copas y un poco de queso y hablamos y hablamos por horas y horas, hasta que el dueño del bar tuvo que pedirnos que saliéramos de su local pues ya era la hora del cierre. Salimos casi ebrios y le dije a mi amigo que lo llevaría al lugar en donde dormía. No tengo un lugar donde dormir, me dijo. Le pregunté de sus padres, esposa, hermanos, y él me dijo que era mejor no ir, pues cuando fue a visitarlos ellos no pudieron reconocerle, es más, no lo deseaban... ya habían hechos sus vidas, y no era bueno desenterrar a los muertos.

Subimos a mi auto y le dije que lo llevaría a un hotel y que si él no tenía dinero yo le pagaría su estadía hasta que encontrara una nueva vida. Pero él me dijo que no, pues ya tenía otra vida y era muy hermosa. Me contó que tenía una esposa y cinco hijos, que conoció en otro país, y es allí en donde él iba a volver. Le pregunté si algún día volvería y me dijo que jamás, pero que su largo viaje había tenido sentido tan solo por mí, pues había encontrado lo que en verdad buscaba, despedirse de un verdadero amigo, de mí...

Lo dejé en su hotel, y lo vi entrar. Luego fui a mi casa en donde encontré a todos mis familiares que extrañados por mi ausencia, habían decidido irme a buscar a través de la policía. Pero todo volvió a la calma cuando les dije que me había encontrado con un viejo amigo que había estado muerto... ¡Para qué dije esto! Todos quedaron en silencio, mi esposa me dijo si estaba ebrio, mis hermanos me miraron y me sentí como si yo fuera un fantasma... ¿Qué les pasa?, les dije. Y todos empezaron a reír, pues pensaban que era una broma. Para no dar más problemas, dejé a mi amigo bien muerto para aprovechar la reunión con mis familiares...

A la mañana siguiente, antes de ir a mi trabajo, fui al hotel de mi amigo, pero no lo encontré. Pregunté por él al recepcionista y me dijo que no sabía de quién estaba hablando, pues su turno era diurno y empezaba muy temprano. Pensé que quizás mi amigo se había anotado con otro nombre y le pedí si podía verificar si una persona se había registrado a la media noche del día anterior. Revisamos los libros y vi algo que me llamó la atención, pues vi que mi nombre y apellido estaban escritos en el libro. Me fijé en la firma y vi que era igual a la mía. No puede ser, no puede ser..., pensé.

Salí del hotel y fui hacia mi trabajo y cuando traté de entrar a mi auto vi que no estaba, o sea, se lo habían robado. Angustiado por aquella desgracia y aquellos sentimientos extraños busqué un auto que me llevara al trabajo, pero por desgracia ningún auto quiso parar... Tuve que caminar hasta llegar al taller, y cuando estuve en el umbral, vi a mi amigo sentado en la misma silla en donde yo atendía a todos mis clientes durante más de quince años... Iba a gritarle pero cuando vi que mis clientes, y luego uno de mis hermanos entraban, saludándole como si fuera yo, quedé pálido... Me detuve, y no supe qué hacer ni qué decir.

Tímidamente, y con un frío en el alma, me les acerqué, y cuando quise hablar, de mi boca brotó la aguardentosa voz de un borracho... Todos mis clientes y familiares me miraron con desprecio. Me iban a echar, pero mi amigo empezó a acercárseme, llevaba algo en las manos. Cuando estuvo frente a mí, me miró a los ojos y pude sentir que era el viejo amigo que la noche anterior había tomado unas copas con él. Tocó mi cabeza y con gran bondad me entregó unas monedas... Anda compadre, valla a su casa y descanse, me dijo; pero yo no recordaba más que la vida que él me había robado, y nada más...

Con gran pesar, me di media vuelta y con las monedas en la mano fui al primer bar que encontré, y mientras tomaba, empecé a recordar una extraña vida, en otro país, con cinco hijos y con toda una lejana familia que deseaba verme muerto...




San isidro, octubre del 2005

Carta a una joven poeta

Son las once de la noche aquí en mi escritorio y estoy tan solo como aquel perro que escucho ladrar en algún lugar cercano o lejano a mi cuarto. Muchas veces me he preguntado acerca de la tristeza, soledad, angustia y el dolor, también acerca de la muerte, pero hoy que estoy solo en mi cuarto debo de ser sincero, al menos conmigo, y debo decir que todo es hermoso cuando hay respuestas para las preguntas en que uno vive sumergido. He aprendido que cada cual es dueño de sus propias huellas, destino, pero, debo decir que hay algo en común en cada persona que veo o imagino, y ese algo es que estamos vivos, y que todos vamos a morir... Eso, es una verdad, una realidad y es la respuesta a muchas preguntas que guardaba a lo largo de mi vida.

Debo decir que la muerte es un misterio y como tal no hay una respuesta, así como sabemos que el día deviene de la noche y la noche del día, así la vida y la muerte están atadas por algo que está dentro de cada persona que respira sobre la tierra, y ese algo es el aliento. He descubierto que nuestra verdadera naturaleza es aquella fuerza que mueve nuestra respiración, y el momento en que se va de la carne, del pensamiento que pulula dentro de nosotros, iremos todos con aquel aliento, fuerza, vida eterna... ¿Adónde? No lo sé, y me alegro de no saberlo pues sé que todo cuanto vivo es hermoso cuando dejo de afanarme, cuando es agradable o no, pues tiene el mudo mensaje de que todo es un constante cambio y movimiento... todo está vivo y muerto, así como tú, como yo.

Mi vida es simple así como el jugo de naranja que tomé está mañana, así como aquel hombre que vino a pedirme unas monedas para comprarse un poco de droga. Mi vida es una constante sorpresa. Y mi muerte es aquello que mis ojos no pueden alcanzar a entender ni ver pues no es de este mundo ni de nuestros sentidos, es de otra naturaleza, por ello es que vivo sumergido en mi mundo interior, en mi naturaleza verdadera pues sé que allí están cada una de las respuestas. Allí está aquel sentimiento que mueve al universo, allí está la bondad...

No sé qué decir de mi vida, de lo que hago en mi día a día, pero te diré que respiro el mismo aire que mucha gente a mi alrededor, que miro el mismo cielo, las mismas nubes, los mismos ojos en cada persona con que me cruzo, y en cada uno de ellos veo vida y muerte, pues sé, como dije, que no hay nada que no esté en cambio y movimiento...

Tuyo,

Joe

Saturday, October 08, 2005

Narración de una Narración

La noche estaba fría, podría afirmar que todo aquel pueblo estaba dormido pero... una de aquellas casitas tenía un leve resplandor. Curiosamente nos acercamos como si fuéramos personajes de un sueño y nos damos cuenta que hay una vela encendida tras aquella casita. Entramos a través de las paredes, y vemos en uno de los cuartos a un niño de no mas de once años sentado en una silla, con un lápiz en la mano derecha anotando sobre un papel algo que parece tener vida propia pues hace que seamos atraídos por aquellas líneas que como sierpes parecen danzar sobre aquel canasto de papel hipnotizando nuestra identidad...

Entramos en el papel y nos hayamos en un lugar lleno de arena, olas, sol y grandes palmeras que nos hablan y cuentan la historia del nacimiento del narrador de cuentos...

Fue hermoso escuchar, primero, a las plantas, y luego, como si atildaran su puesto y tono de voz cada uno de los seres que vivían en aquella isla creada por el niño de no más de once años... Uno de ellos me contaba que venía de una familia de grandes colores y que un dios de oro le dio su imagen y la dejó brillando en torno a la bola celeste, otro me contó que las viejas olas no dejaban de pronunciar todos los nombres de las criaturas que dios había hecho y que la arena no era mas que los infinitos números que tienen los nombres de dios, y así, cada una de las criaturas del cuento me cantaban sus bellas historias, llenas de música y bondad... hasta que una luz más grande que todas las luces hizo que toda aquella visión despareciera como si jamás hubiera existido.

Y allí estaba, flotando sobre aquel cuarto de un niño que sobre una vieja mesa de madera había quedado dormido sobre una ruma de papeles escritos... La magia de su propia creación parecía haberse apagado, pero vi que de cada uno de los papeles aparecían miles de ojos que cuidaba al niño narrador.

Tuve que alejarme de aquel cuarto pues el alborear me jalaba hacia mi morada que estaba no lejos de allí, en un lugar cálido, tranquilo y lleno de encanto... Dejé mi máquina de escribir y, satisfecho por lo imaginado y escrito, sonreí. Me paré, me vestí y bajé a tomar el desayuno mientras leía el texto, antes de ir al trabajo...



San isidro, octubre del 2005

Wednesday, October 05, 2005

Anhelos verdaderos...

Uno

"Es hermoso cuando cierras los ojos y puedes ser conciente de que hay algo mas que un cuerpo, pensamientos de los cuales has estado conciente durante toda tu vida... Y lo que ves es lo mismo pero ahora puedes beber de unos aires que te llena de paz y contento".

Dos

"Mi camino diario al trabajo es monótono pero es hermoso cuando dejo las puertas abiertas a la alegría, a la paz, a aquel sentimiento que explota cuando sientes cada aliento de vida que frota todo tu ser".

Tres

"Cuando llega una buena noticia me alegro, y cuando llega después otra mala, me duele pero sé que como esas vacunas contra toda enfermedad, ese dolor limpiara toda aquella ilusión que suele impregnarse en mi alma".

Cuatro

"La vida y el mundo parecieran alegrarse cuando uno toma su existencia con firmeza y cariño, pareciera a esas mujeres que suelen amar cuando el amante le entrega su vida en la mano".

Cinco

"No tengo hermanos, ni perro ni gato. No tengo casa ni cuarto ni cama. No tengo nada de nada, sin embargo, cuando me veo reflejado en un niño en la calle me siento que todo es para mi".

Seis

"Cuando estuve frente a dios me puse a llorar de tantas cosas y cuando el comenzó a consolarme sentí que tenía un lugar en donde reposar, alguien a quien contarle toda mi vida... Pero cuando vi que estaba agotado sentí tantas ganas de ayudarle, y fue allí en que me sentí el ser mas feliz de toda la creación"...

Siete

"Elige una sola cosa, me dijo mi hermano, el éxito en la vida o la verdad de la vida... En uno recibirás muchos aplausos, abrazos, alegrías... Y en el otro encontrarás mucha soledad... Nos abrazamos y lo vi alejarse con su esposa e hijo, con su auto lujoso hacia su nueva casa con la bendición de mis padres y de todos mis hermanos y todos los hombres... Y cuando se fue vi que todos mis hermanos, padres, amigos, y todos los hombres me miraban esperando mi decisión. Me paré y me fui caminando hasta perderme en mi mundo interior, buscando mi única verdad... Caminé hasta el último día de mi vida y cuando hube visto que la luz se apagaba pude apreciar que mi vela interior no se apagaba y me alumbraba una estela que parecía llevarme hacia mi hogar interior"...



San isidro, octubre del 2005

Hablando de la muerte...

Siempre escuché a mi padre decir que no es bueno hablar de Dios, de política ni de uno mismo. Durante los años de mi vida no le hice caso, y aun hoy no le hago caso pues entiendo que nadie puede ver con mis ojos ni soñar con mis sueños... y aunque ahora tengo tanto que expresar, dudo que halla persona capaz de escucharme, leerme, pues cada uno tiene su propia vida que conocer y apreciar…

Esta noche escuché a un hombre decir que deseaba que su vida fuera una sorpresa, pues desde que supo que la muerte tocaba su existencia todo cambió de color y de calor... Es terrible el dolor y la muerte, me dijo. Cómo anhelo que la vida me sorprenda, que llegue a conocer el cielo, el paraíso mientras vivo... pero dentro de mí ahora brilla un sol gris, frío como las nubes de una tormenta, anunciando que la muerte viene por mí aunque no la quiera aún. Le temo, agregó.

Le dije que no es bueno temer al dolor y a la muerte, pues es algo irremediable, es mejor aceptarla, no esperarla pero tampoco ignorarla, es mejor vivir cada momento como si fuera el último... Es sano jugar esta vida como un niño pues así todo se vuelve más luminoso, mas lleno de calor, haciendo que las nubes que ocultan los rayos del sol se dispersen... Eso le dije sabiendo que yo tenía poco tiempo para vivir, tengo cáncer…

El me miró y me dijo que si yo pretendía ser un sabio. Temblé ante la fuerza de su voz y la firmeza de sus ojos, temblé pero no quise mirar el gris de su sol, no quise sentir que la muerte era mala, el infierno de la vida. No, no quise... Así que le dije que yo también temía a la muerte porque no la conozco, pero tampoco conozco bien a la vida, por ello anhelo volver a ser un niño para libar cada momento que me queda para disfrutarla, aunque jamás la entienda… sin temerla.

Nos miramos y callamos. Me extendió la mano derecha y yo le di la mía. Apenas tuve contacto con su palma sentí el frío de un sol gris y me encogí como esos niños abandonados por sus padres al borde de un río. Le solté la mano y luego de librarme de su cruda mirada se dio la vuelta, perdiéndose por el viejo edificio en que cada noche dormía. Yo me quedé parado en mitad de la vereda sin saber si ir a mi casa o quedarme paseando por la noche con mi soledad en los hombros sobre esta larga vereda llamado mundo...



San isidro, octubre del 2005

Monday, October 03, 2005

Bajas Visiones

Prendí el coche y no arrancó. Maldije mi suerte, ya eran pasadas la media noche y el auto así, casi sin vida... No supe por qué pero no tuve ganas de salir del coche así que cogí un buen libro y me puse a leerlo hasta que amaneciera... De pronto, extraños deseos trataban de asfixiar mi momento constructivo, y pensé en todas las chicas con las cuales había hecho el amor. Recordé a muchas de ellas, y mientras las recordaba se me vino a la cabeza las palabras de mi difunto padre, "me gusta revivir viejas experiencias, revivirlas paso a paso y esta vez hacer o tomar la decisión correcta"... Eso me dijo poco antes de morir a través de un infarto, seguramente estaba reviviendo una parte de su pasado así como esos personajes que gustan armar rompecabezas durante semanas y semanas... Mi padre, me dije, cómo será estar muerto, ser nada y que uno como yo lo sienta a su lado mientras lo recuerda. Diablos, pensé, ¿estaré divariando? No lo sé, pero el solo hecho de recordar a mi padre fue como una luz que disipó ideas de tipo destructivo.

A través de mi coche me puse a observar a la gente que circulaba como fantasmas por la noche. Vi a un gato pararse en medio de la pista, mirarme, mover la cola como si tuviera atada una serpiente, mientras sus ojos no dejaban de mirarme. Luego, se dio media vuelta y despareció por las negras calles de la ciudad. También vi el rostro de una anciana a través de su ventana. Pude verla y reconocerla porque diariamente, al menos durante el día, pasaba sentada en la ventana de su cuarto... Aquella mujer tendría mas de noventa años, su rostro era apergaminado, pequeña de estatura, de rostro cálido, lentes, y un cabello gris como las calles de la ciudad. Parecía que se había encogido por el tiempo, al menos eso me pareció pues cuando por el día se cruzaba ante mí la veía mas y mas encogida, doblada, casi como que el cuerpo era atraído por la tierra, pero sus ojos cubiertos por lentes parecía siempre alegres y atentos... Quizás no desea dormir, o quizás desee ver más tiempo la realidad que es una especie de sueño materializado, no lo sé, pero me agradó ver a la anciana mujer mirando las calles, y mirándome el auto que estaba aparcado en la puerta de mi trabajo...

No sé si fue agotamiento, modorra, locura, pero tuve ganas de pegar una dormida. Cerré los ojos pero el sueño desapareció. Abrí los ojos y vi a mi padre a mi lado, con un cigarro en los labios, pensando... ¿Qué haces aquí papá?, le dije. Estoy reviviendo mi vida, me dijo, y cuando iba a tocarlo se esfumó así como el humo de un cigarro. Tuve miedo de cerrar los ojos así que traté de continuar mi lectura pero no pude, y cuando miré nuevamente la calle vi a la nonagenaria caminando con un bastón junto al gato negro... Ambos parecían dirigirse hacia la salida de la ciudad. De pronto, la anciana se detuvo y volvió su vista a mis ojos, luego, levanta la mano pidiéndome que la siguiera... Me paré y empecé a seguirla, y cuando estuve a su lado quise tocarla pero ella también se esfumó. Lo único que quedó a mi lado fue el extraño gato negro que no dejaba de mirarme y de ondular su cola…

Volví a mi auto, ya estaba por dormir pero recordé que quizás podría tener pesadillas, así que decidí irme a mi hogar sin el auto, pero antes de partir, le di una oportunidad al coche. Doblé la llave y arrancó. No paré hasta llegar a mi casa…



San isidro, octubre del 2005

Sunday, October 02, 2005

A las nueve de la noche...

Estoy escuchando las sonatas de Mozart, es bello. Siempre quise ser músico, la suerte no estuvo de mi parte, no tuve dinero ni pasión por encontrarme con un guía. Recuerdo, cuando niño, íbamos a escuchar a un gran violinista en el colegio... Se iba a presentar en el auditorio principal, yo nunca antes había escuchado un violín pero desde que entró aquel señor de cabellos negros, hirsutos, con un peinado todo para atrás y esa cara amarillenta resplandecida por la media luz que tenía nuestro destartalado auditorio, me pareció ver a un fantasma, una sombra, un sueño que emitía una bella melodía que mi alma se inyectaba a su naturaleza perdida... Le escuché y escuché y nunca pude olvidar aquellas danzas húngaras de Brahms... fueron exquisitas. Tenía once años.

Y hoy que siempre gusto de escuchar a Mozart, me siento en mis once años, en aquel auditorio comulgando con aquella sombra del artista y viajo con la música hacia el valle de la belleza, el lugar en donde todo es perdonado, inclusive a uno como yo que lo único que ha aprendido en la vida es a escribir.

Últimamente he leído mucho, no recuerdo a cuantos pero muchos, me agrada leer, me siento no tan solo. No escribo como antes, puede que sea una especie de aridez del alma, no lo sé. También debo de reconocer que jamás mis sueños de realización como escritor se realizarán, eso, es una bendición, quedaré como aquellos que escriben su música a quien quiera escucharle...

Diariamente salgo a mi trabajo, algunas veces escucho que un amigo se ha muerto, eso me apena, pero yo continúo viviendo, sigo para adelante. Trabajo como todo el mundo y poco a poco voy conociendo mi mundo interior, es poco lo que conozco pero suficiente como para encontrar algo dentro de mí que me llena el vacío que siempre me ataca en mi soledad. Eso, es una bendición. Estoy vivo y entiendo que debo conocer mi mundo interior.

¿Cómo será cuando mucha gente conozca su interior?

Creo que será un mundo mas bueno, la gente aprenderá a perdonarse a sí mismos. Se verá la cara y no encontrará más que diferencias, sintiéndose único, especial. Saldrá a la calle con los ojos de frente, mirando la eternidad que es su presente, respirando aquel aire que nunca mas lo volverá a sentir. Vivirá y puede que se encuentre en su mundo interior, puede que sienta que todo es lo mismo, entes girando en torno a la fuerza vital, aquella que late una y otra vez entre cada aliento...

Y bien, es bueno contar un poco de mi, eso me agrada y me cura, sobre todo si es auténtico, sincero y con amor o sentimiento.

Suyo,

Yo

La Novela

Recién llegaba de la feria del libro con cerca de dieciocho libros usados bajo mi bolsa cuando una guapa y elegante señora estaba esperándome en la puerta del edificio en donde alquilaba un cuarto.

- Hola.

- Si, puedo servirla en algo señora...

- Eres un buen lector, me han dicho, y también sé que escribes muy bien, eso, también lo he escuchado.

- ...

- ¿Callas, no debieras...? ¿Te gustaría publicar aquella novela que tienes escondida bajo llaves en tu escritorio de mesa?

Iba a preguntarle el cómo se había enterado de mi novela puesto que a nadie se lo había confiado. Me preguntaba muchas cosas más pero mis labios no podían moverse, tan solo mis ojos escrutaban a la hermosa dama vestida toda de rojo y cubierta por un lujosísimo saco de piel de oso negro.

- Noto que te intimido, no debería ser así puesto que soy una amiga, una admiradora... ¿Me invitas a entrar a tu cuarto…?

Iba a decirle que no pero ella ante mi total asombro cogió las llaves que guardaba en mi bolsillo derecho, y como si fuera un fantasma empezó a ascender por las escaleras del viejo edificio. Yo, me quedé como una estatua, con mis libros en los brazos, recibiendo un aire frío que empezaba a congelar mis orejas, manos… Una fuerte lluvia explotó en el cielo empezando a mojar mi existencia y todos mis libros, aún así sentí que no podía moverme... ¿Estaré soñando?, me pregunté. De pronto, el ruido de una ventana que se abría rompió el hechizo. Alcé la vista hacia mi cuarto y observé que las luces estaban prendidas, viendo a través de la ventana que la hermosa señora tenía en sus manos mi inédita novela... Ante esto, solté los libros y como un loco subí hasta llegar al piso de mi cuarto pero cuando entré no encontré a nadie... Fui a buscar mi novela bajo el cajón de mi viejo escritorio pero no la encontré, así que como un poseso salí a las calles buscando a la dama de rojo y saco negro. A cada persona con quien me cruzaba en la calle les preguntaba por ella, pero todos me miraban con temor y sorpresa. Y cuando no había nadie en las calles sentí que todo esfuerzo sería inútil...

Regresé sobre mis pasos hasta llegar a la entrada del edificio en donde alquilaba un cuarto, y con gran suerte encontré mis dieciocho libros tirados en mitad de la vereda. Estaban húmedos. Subí a mi pieza y con una toalla empecé a secarlos con gran cuidado, por suerte tan solo las pastas estaban mojadas. De pronto, me detuve en la carátula de uno de ellos en donde pude reconocer a la bella señora vestida de rojo y lujosísimo saco negro. Leí el título: "El beso de la mujer araña". Lo abrí y empecé a leerlo... y en esos momentos me imaginaba escribir mi primera novela, fantaseaba en que no se la mostraría a nadie y que la guardaría en mi viejo escritorio de madera. Sería una hermosa obra literaria en donde tatuaría mis pensamientos, sentimientos y parte de mi vida en este extraño y mágico mundo. Sí, eso haría... aunque a nadie nunca jamás lo contaría...





San isidro, octubre del 2005

Saturday, October 01, 2005

El camino perdido

Escuchaba los pequeños ruidos que morían en mitad de la noche mientras miraba desde la ventana de mi cuarto las casas con sus luces prendidas, las sombras en sus paredes en movimiento y el sonido de una melodía que animaba aquellas manchas. Apagué las luces de mi cuarto, me senté sobre un sillón, prendí la radio y con un cigarro encendido me puse a escuchar a Mahler. Me agrada la música clásica. Yo sé que es un gusto secreto y frecuentada por gente intelectual o de sensibilidad singular, pero yo no pertenezco a ningún grupo de esas personas, soy un tipo solitario así como la música clásica que es para uno y nadie más que uno.

No sé en que momento quedé dormido, tampoco recuerdo exactamente el sueño que tuve, pero si recuerdo haber visto y sentido a través del sueño, algo parecido al paraíso. Aquellas calles empedradas, el pasto tan verde y natural que parecía peinarse con las uñas de un suave viento, el cielo tan celeste, las nubes tan puras como el algodón, y el aire que respiraba era tan rico, dulce e inspirador que quise entrar en aquella visión pero no pude, traté pero fue imposible pues descubrí que yo no sabía lo que era… Sabía que estaba en un sueño, pero esto que estaba frente a mí era algo más real que la realidad, entendiendo al mismo tiempo la pregunta que me ataba a ser un espectador de aquel paraíso…

Desperté y por más que traté de dormir y entrar en el mismo sueño fue imposible. Salté de mi cama y observé que la radio aun continuaba funcionando, escuchaba a Prokofief, “Romeo y Julieta” para sonatas de piano, hermoso… pero aún así, mi momento estaba vacío. Me paré, prendí las luces y caminé hasta llegar a la ventana, aún continuaba la fiesta de los vecinos. Yo nunca fui de tirarme a la nada sin saber lo que me espera, pero desde aquel sueño algo ocurrió pues me vestí, salí de mi casa y fui directo al lugar en donde ocurría la fiesta. Toqué el timbre y salió una chica totalmente ebria, con una botella de cerveza y con los ojos que parecían querérsele salir de sus órbitas. Me preguntó quién era yo, y qué es lo que deseaba. Incómodo, ya estaba por darme la vuelta e irme cuando otra chica que estaba en el mismo estado, me cogió del brazo y le dijo a su amiga que yo era su amante. Todos rieron, menos yo que no sabía lo que hacía.

La seguí como un autómata hasta sentarnos en uno de los sillones. De pronto ella sacó otra botella con dos copas tal como esos magos caseros. Las llenó y me dio una de ellas mientras se embutía su copa para luego pararse y llenarla de nuevo e irse a bailar con otro fulano… Aquel espectáculo era tan feo que me dio ganas de vomitar, pero me contuve y en ese momento empecé a preguntarme lo que hacía en aquel lugar. Vacié mi copa, miré por la ventana de mi casa y vi que las luces estaban encendidas. Me paré y salí de aquella casa sin despedirme ni mirar a todo aquel grupo de gente.

Estaba caminando rumbo hacia mi casa cuando vi que en mi ventana había una sombra. Me acerqué un poco más y noté que aquella sombra era yo, mirando a la casa que yo acababa de salir. Me detuve y decidí no ir a mi casa jamás, pues estaba ocupada por una parte de mí, la otra, estaba aquí, a mi lado, libre como esas estrellas que se apagaban y encendían sin razón. De pronto, vi en la oscuridad de las calles un pasaje que parecía brillar un poco más que todos los otros caminos, y sentí muy adentro de mí que aquello era la entrada hacia todos mis sueños…

Lleno de alegría empecé a caminar, a correr y a medida que me acercaba a la vía luminosa, todo mi ser empezaba a respirar aires tan puros como si estuviera en el paraíso. De pronto, un impulso me hizo parar mi carrera, y sentí que debía voltear un instante para observar hacia atrás, y vi que la ventana de mi cuarto estaba con todas las luces apagadas…




San isidro, octubre del 2005

Friday, September 30, 2005

Aire

Es un día tranquilo, hay nubes, una pequeña llovizna, y yo, el poeta, estoy sentado frente a una mesa, pensando y sintiendo bocanadas de aire que pasa por mi pecho...

Me siento en paz y es hermoso estar así, es simple, como ver a la gente que abrigadas o cubiertas por un sobretodo deambulan por la acera; me gusta aquel panorama, es hermoso, hay magia, encanto, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...

Ayer escuché a Dios y me dijo tantas cosas que no puedo recordarlas todas, pero algo me quedó pues habló del poeta, diciendo que el poema más hermoso es la alegría, aquella que yace entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...

He sabido que hay personas que han muerto. Unos en forma penosa; otros, de una manera bella y natural, pero en aquellos momentos siento que mi partida no está lejana, que las calles que camino empiezan a gastarse, arrugarse, así como un trozo de papel, y aunque debiera de asustarme, no es así. ¿Me alegra? ¿Cómo es?... En verdad, es algo misterioso, como conocer algo que no tiene nombre ni palabras para expresarse, por ello, me debo de alegrar pues entiendo que no hay nada que pueda remediar, es así, mientras tanto, admiro el paisaje que pasa por mi vida, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...

En el mundo en que vio hay muchos que han alcanzado la gloria, el poder, el dinero... Y hay otros que tan solo han alcanzado la miseria, el dolor y la ignorancia... Y entre todos ellos están aquellos que han conocido el camino hacia sí mismos, y en aquel encuentro han bebido del las aguas que calman todas las sedes, entre cada bocanada de aire que pasa por mi pecho...


San isidro, septiembre del 2005

Separado

Tenía ganas de escribir pero no sabía que cosa decir... Podría hablar de mi vida, del pasado, del anhelo congelado pero eso no tiene sentido pues no es algo vivo, caliente como este instante en que el cáncer de la mediocridad arruina toda inspiración. Por ello decidí callar y dejar que el otro escribiese, aquel que me hace a un lado y escribe de cosas que ignoro pero que siempre sentí como propias... No trato de ser como Borges, eso sería demasiada vanidad, tan solo deseaba escribir pero las letras pesaban demasiado...

"Mi vida (le escucho y escribo) empezó cuando fumaba marihuana junto a un par de amigos, les contaba que la muerte es el camino mas certero, que la noche el lugar donde esconder sus mas humildes deseos y en un instante de furor empecé a cantar la vieja melodía entre la luna y la existencia... Les dije que para mi no existen fronteras, que soy como el aire que viaja sin visa ni dinero, que soy como la eternidad del instante pues muero y empiezo a nacer... Si, todo eso les dije hasta dejarlos dormidos, muertos, arrastrados por los brazos del sueño, aquel cargador de energía... Me paré sobre mis pies y sin darme la vuelta empecé a viajar por la noche hacia mi Luna. La miraba cara a cara mientras su luz irradiaba toda mi belleza escondida y cuando fuimos un solo brillo nació una nueva vida en donde el poeta abría los ojos y el sentimiento usaba sus manos, pintando sus instantes de eso llamado belleza... Sí, eso pasó hasta el día y la noche de hoy en que vivo enterrado bajo toneladas del barro llamado pasado, pero vivo, siempre vivo pues el aire es mi verdadera naturaleza..."

La luz del nuevo día empezaba a gemir con sus golondrinas que movían el pico y sus alas, con los perros que doblaban el espinazo, mientras el poeta cogía su pluma y viajaba al lugar en donde yo no podía entrar pero sí sentir...



San isidro, septiembre del 2005

Wednesday, September 28, 2005

Reclamo al final de una Vida

Yo, ya no soy yo

quien me vea por la calle

o quizá en la puerta de mi hogar

verá un cuerpo adherido a sentimientos,

jugando la inercia de la grupa

que a todos lleva al lugar tradicional

llamado dormir sin soñar

ni poder despertar…


Unos días antes,

bajo una manta sentí

las gélidas palmas de

la dama del imperio final…


Asustado me puse

y en silencio empecé a implorar,

no el Padre Nuestro

ni la Virgen Maria

sino

a la misma vida que tanto me ama

que recuerda el beso ensoñado…


No me lleves, le dije

Aun tengo unos pasos que dar

y los días aun no brillan para mí

como es la promesa del buen dios

que nos creo a su imagen…


Tras un breve y apagado silencio

sus uñas cesaron de gastar

mi traje de carne

y el velo de mis íntimos sueños…


Volví los ojos para verla

pero solo su sombra,

que se expandía con la noche,

me advertía que pronto

tendría yo que salir

con su guadaña de mi vida,

andando por las noche sin sombras…


Cerré los ojos un momento,

mientras el día arrastraba

su manto que

libaba todas las vidas…


Le narré mi canto secreto

Y él me dijo que así como él

todo tiene su inicio

y un final sorpresivo…

Salí de mi casa

y con una sonrisa

continué respirando…


San isidro, septiembre del 2005

Sunday, September 25, 2005

La carta en blanco

He recibido una carta de mi madre, en ella no decía nada, todo estaba en blanco pero allí estaba su firma, clara, pura, así como sus ojos… Me preguntaba lo que deseaba expresarme, pero no pude comprenderla, y por ello decidí visitarla.

Hace muchos años que ella no vive conmigo. Mamá, hace años que está muerta pero yo siempre la recuerdo, y diariamente por las noches me gusta rezarle y escribirle. Le pregunto siempre cómo es más allá de la vida, si hay uno o mas dioses, si hay almas y ángeles, si hay paz y felicidad, todo eso y muchas cosas más le escribo, y ahora que ya soy un anciano, que está muy cerca de la muerte, esperando por tanto tiempo su respuesta, por fin he recibido una carta firmada por ella pero en blanco...

En verdad, creo entender un poco su mensaje y por ello decidí, como dije, irla a visitar al cementerio. Le estoy llevando un poema, y en él le expreso que la quiero, que muy pronto nos encontraremos en aquel lugar en donde no hay palabras para expresar, ni existe idioma para traducir y escribir...

He llegado a su tumba, le he dejado mi poema y una rosas, le he rezado, y luego, más tranquilo, he decidido irme hacia mi casa. Mientras caminaba me he sentido muy agotado. He buscado una banca para sentarme pero no he visto ni una sola, por ello me he sentado en la acerca de la calle pues mis pies ya no tienen fuerzas...

De pronto, veo a un perro acercándose hacia mí con cierta timidez. Cuando está casi a mi lado ha extendido su hocico y empieza a olfatearme, sus ojos redondos se le han iluminado, ha dado unos pasos hacia atrás y noto que su pelaje se le ha erizado... El perro ha comenzado a aullar pero yo no puedo escucharle pues todo lo que veo frente a mí empieza aclararse más y más hasta volverse de color blanco, blanco, blanco, totalmente blanco así como la carta de mi madre. Es hermoso, y me ha dado ganas de escribir pero entiendo que no tengo nada que decir, tan solo me queda apreciar aquel blanco y puro lugar, esperando que mi madre me haga comprender, pues todo es como dice el color de su carta...




San isidro, septiembre del 2005

Saturday, September 24, 2005

Desconocido

Acabo de llegar a mi casa y no he encontrado a nadie. Están los muebles, cocina, mi cama, escritorio, pero los cuartos de mis padres y hermanos están vacíos...

Me he puesto a buscar por todos lados una carta que me indique la razón de su ausencia, de esta locura que no me deja de angustiar, pero nada. Ya han pasado varios minutos que estoy tirado en el suelo de sus cuartos. Miro las paredes y están llenas de moho, manchas de sombras, telarañas espesas así como el cabello de un moreno, y me he puesto a pensar y pensar, y en esos pensamientos he pescado una idea brillante, así que la he cogido con mi alma y he decidido llamar a toda la gente, parientes, vecinos que he conocido a lo largo de mi vida...

Cojo el teléfono y empiezo a marcar pero a mitad del discado me detengo porque me doy cuenta que no recuerdo a la persona a quien deseo llamar ni mucho menos el número telefónico. ¿Estaré loco?, pensé con frío temor. Dejé el teléfono, me erguí sacudiéndome de toda duda gris y me dije que puede que sí. Y si es así, entonces, ¿dónde está la libertad desprejuiciada?, ¿las voces que aterrizan de lejanas dimensiones?, ¿y, los monstruos que desde siempre temí... dónde están, y por qué no me persiguen?....

Veo que no hay nada, que estoy en blanco, tan solo recuerdo tener una familia con padres y hermanos, pero... ¿será que lo habré imaginado, o soñado?

¡Diablos!, ¡Ya sé la solución!

Si es cierto está extraña aventura en que vivo solo en una casa de cinco ambientes con un cuarto con una cama y un escritorio, una cocina, muebles pequeños pero limpios y dos piezas vacías, entonces habrá que salir al mundo de afuera, ver la calle en que vivo, y mirar a la gente, y esperar que me miren a la cara y me hablen como suelen hablar las personas conocidas. Si eso ocurre les preguntaré si recuerdan a mis padres y hermanos, y, también mi nombre y apellido pues parece que también lo he olvidado...

Es hermoso abrir la puerta de esta casa, salir, caminar por las calles sin recordar nada de este o de otro pasado. Veo gente que me cruza lado a lado. Me miran, sonríen pero siguen sus singulares destinos… Es bueno cruzarse con gente que sonríe con uno…

Veo una tienda pequeña, y por suerte tengo un poco de dinero para saciar mi hambre. Entro y veo que todo está en orden e iluminado, hay lindas mesitas, un gran exhibidor llena de deliciosos pasteles, y todo tan limpio que enciende mi existir. Tras el exhibidor observo a una agradable señora que me habla, y me habla en un lenguaje que no puedo comprender ni entender… ¿Qué me ocurrirá? ¿Estaré en otro país, y he dormido, y he despertado, olvidando que estoy en otro lugar?... ¡Oh!, por suerte aparece una linda y pequeña jovencita de ojos negros y cabellos mas negros aún que me habla, y por suerte la puedo entender. La linda chiquilla me pide disculpas y me pregunta qué es lo que deseo. Le digo lo que quiero, le pago con unas monedas y ella me entrega el delicioso pastel con un vaso de agua mineral. Miro el pastelillo y lo devoro en un solo instante junto con el agua mineral. Luego salgo de aquella luminosa tienda y empiezo a caminar y caminar, sin rumbo ni meta ni destino, así como las hojas empujadas por la fuerza del viento. Es hermoso dejarse llevar. Y sin saber cómo, he llegado a un inmenso parque lleno de árboles, plantas, bancas de madera iluminadas por un día precioso de Sol, quizás estemos en la primavera, no sé… pero es indudable que es un día maravilloso…

He decidido descansar, dormir sobre una de las simpáticas bancas que están libres y solitarias así como yo, no veo a nadie que pueda observarme, y tampoco creo que provoque un problema al echarme sobre una de las bancas. Me echo en una de ellas, cierro los ojos, y me he quedado dormido, es lindo dormir para luego volver a despertar…

Abro los ojos e increíblemente estoy en un oscuro bosque, es ya muy tarde y la noche está sobre mi existencia. Observo a los vagos que caminan con los rostros sin cara. Es espantoso. Salto de la banca y decido irme a mi casa, deseo refugiarme en un lugar cálido pues tiemblo de frío y temo a la oscuridad…

Camino y camino, y noto que estoy perdido pues no recuerdo si tengo casa, si tengo algo; en verdad, no recuerdo nada de nada… Estoy aquí, en el centro de la calle, caminando y caminando sin rumbo ni meta ni destino, tan solo camino hasta llegar al borde de un gracioso río, plateado por la luna que brilla y que parece observarme como si fuera el ojo de un buen dios. Es un río muy lindo, me encanta escucharle; quizás él pueda contarme de dónde he venido; o quizás la luna que brilla en lo alto abra sus parpados y señale el camino perdido… eso espero tan solo de ellos, pues la gente que camina sin rostro la siento ajena, extraña, fría, así como la oscuridad de la noche… No son como el río que no deja de murmurarme y fluir sin parar, o como la luna que brilla, o el buen día que tímidamente empieza abrirse como los pétalos de una flor…




San isidro, septiembre del 2005

Wednesday, September 21, 2005

Despertando al Soñar

Estoy agotado, con hambre, sed y lleno de profundas heridas... por eso te ruego que me escuches, o leas un instante...

Hace mucho que escribo y no sé cómo parar, dicen por allí que es un regalo de los dioses, otros que es una descarga de amor y del alma, pero, perdona mi objeción, escribo porque no sé cómo parar, es como un tren que cae y cae, desbocado de sus rieles, y cae, pero sabe que solo parará cuando el tiempo se detenga una eternidad, y los vientos huyan del cajón ceniciento... Así dicen muchos que saben cómo sentir el último instante.

Mis padres han dejado una carta, y en ella me dicen lo que es real, y no un sueño. Lo leo y me asusta, tanto que no puedo dormir sin soñar. En ella me cuenta que no tengo padre ni madre ni hermanos ni amigos ni enemigos, no tengo nada, soy un ser que llegó como un meteoro, reluciente, lleno de luz, pero que ahora estoy apagándome, así como este instante en que estoy agotado, con los párpados así como nubes densas y oscuras como el barro.

Hoy dejé una mano en la casa de un camarada, mis ojos a una señora que no sabía lo que hacía, mi alma a un perro que no tenía dueño ni hogar, luego, sin nada de nada, salí como esos vapores y sentí expandirme en toda la humedad del universo… Y allí, como un absoluto, empecé a soñar, y soñé que existía, que mis piernas eran razonables, y mi voz era atormentada, tranquila, alegre así como el clima del tiempo… Y vi que todo era bueno, mientras lo malo me seguía como una sombra ante el sol del desierto.

Salí de mi sueño y empecé a vivir aquello que llaman real, verdad, instante, no sé, pero a todo le ponen un nombre, y así me encarné luego del sueño y sentí los dolores, cansancio, amor así como todos los bichos que marchan hacia el final de todos los sueños, y supe que todo era un viaje, un movimiento sin rozamiento, una melodía escondida tras todas las melodías… Luego, callé y volví a respirar una y otra vez, una y otra vez, y mientras sentía aquella santidad me puse en dos pies y empecé a escribir y cantar…




San isidro, septiembre del 2005