Tuesday, June 27, 2006

Memorias de un juego

Nunca le gustó perder, tampoco ganar, por ello, era un gran incomprendido. A todos lados iba solo, con su especial amigo, una pelota de fútbol, que lo mostraba a todos los chicos del colegio para jugar un mach de fútbol pero bajo sus reglas, que tan solo era una y esa era que él debía siempre ganar, sea como sea, porque si empezaba a perder, cogía su pelota y se alejaba de todos los chicos, por ello es que al poco tiempo se quedó sin un solo amigo, todos le miraban con asco, o cólera, a lo que él se iba a su casa, buscaba un lado de la pared y empezaba a patear la pelota una y otra vez contra la buena pared. Todo seguiría igual sino fuera que en una de esas peloteadas contra la pared, la pelota se metió dentro de una de las casas vecinas. Carambas, pensó, el muchachito. Vio la casa y sintió que nunca la había visto antes. Le pareció extraño ver esta inmensa casa rodeada de árboles y ramas que impedían ver su interior. Pero, si deseaba recuperar su pelota tenía que buscarla dentro de la casa. Cogió una escalera que su padre tenía en la casa y la puso sobre el muro cubierto por ramas. Subió la escalera y vio que al otro lado estaba su pelota de fútbol. Se alegró, pero eso duró poco al ver que muchos niños le miraban del otro lado. Uno de ellos fue hacia la pelota, la cogió y se puso a jugar con los demás chicos que vivían dentro de aquella inmensa y lujosa casa. ¡¡No jueguen, no jueguen, nooo…!! No dejaba de gritar el niño. ¡¡Es mi pelota, dénmela, es mía, solo es mía, mía...!!, repetía el niño mientras los demás chicos se burlaban de él. Uno de ellos al ver que este estaba a punto de llorar, cogió la pelota y la pateó con una fuerza sobrenatural, haciendo que esta saliera hacia la calle, en donde estaba el dueño de esta pelota. Este dejó de llorar y bajó a buscarla. Y cuando la tuvo en las manos se puso muy contento, pero muy contento, tanto que apenas vio a unos chicos del barrio les dijo si podían jugar un rato con él, y que no se preocuparan pues ya no se iba a molestar si él perdía el partido... Y así fue como desde aquel día todos los chicos del barrio no dejaron un solo día de jugar a la pelota hasta que los años pasaron, y todos crecieron, pero este niño del cuento nuca dejó de serlo, es decir, creció pero jamás dejó de jugar a la pelota. Había aprendido una lección que solo la vida puede enseñar, y esta era que no importaba si ganaba o perdía una cosa en la vida, siempre y cuando hubiera un amor, un amigo con quien compartir, un lugar en donde pudiera vivir una bondad, una alegría…


San isidro, junio de 2006

Friday, June 23, 2006

El portero

He notado que la gente que se cruza en mi camino cuando me dirijo hacia mi trabajo no acostumbra mirar de frente, la mayoría acostumbra a mirar hacia el piso como si estuvieran buscando algo, o tiene la mirada hacia algo que casi pueden tocarlo con los ojos, es extraño, pero es así, al menos para mí cuando voy rumbo hacia mi centro laboral.

Trabajo de día en un almacén gigantesco en donde diariamente llegan camiones y traileres a dejar toneladas mercaderías y de containeres. Soy el portero de la mañana, aunque hay veces laboro de noche. La vigilia me agrada porque puedo cabecear un poquito mientras me pongo a escuchar música que sale de mi pequeño radio portable. Trabajo junto a cinco perros negros de razas desconocidas. También hay uno que otro bicho que gusta picar la comida de los perros y la mía. Es una rata, bastante graciosa e inteligente. Cuentan de ella que hace mucho que está viviendo en el almacén, que tiene cría y que es bien pillo. Han probado de todo para matarla sin conseguirlo. Incluso trajeron a gente de otro país pero igual, todos quedaron sorprendidos por este roedor… Con el tiempo le tuvimos respeto; era verdad que era una rata ladrona pero, no era desmesurada como otras que he conocido a lo largo de mi vida en donde en mi propia cara salen a pasear y hasta se ponen a chillar, eso, sí que es provocador. Por esa razón fui el único portero que le daba atención y cuidado especial. A los perros, al igual que a la rata y su comunidad, les daba su alimentación. Es bueno que los bichos que a uno le rodean se encuentren contentos, y ya que no tengo parentela, ellos llegaron a ser eso, es decir, mi única familia. Cuando llegaba parecían estar esperándome. Los perros movían la cola y sus ojos parecían alumbrarme toda la cara, y el bicho salía hasta llegar a mi silla, mirándome a mí y a mi aposento. Es bonito llegar a un lugar y sentirse querido, extrañado, esperado, tal como veía en las casas de las demás personas, aunque en mi caso no había peleas, yo era el varón de la casa, sí señor, siempre que llegaba, el silencio y el respeto eran acogedor y sólido…

Todo iba normal hasta que una noche vino el dueño del taller para comunicarnos que este mes era el último para mí. Le pregunté el por qué, y este hombre, que no era malo ni bueno, era normal como todos los que miraban por la calle hacia abajo, pero sí bastante fácil de convencer, no respondió, pero mientras se iba parecía querer decirme que ni él lo sabía, pero que lo lamentaba mucho, mucho, mucho…. Mas tarde, con ayuda del personal de día me enteré que habían vendido el almacén a una constructora. Lo entendí y al día siguiente, pedí mi renuncia. Me pagaron hasta el último centavo, me abrazaron todos los compañeros de más de treinta años de labores, y cuando estaba por salir recordé a mis perros y mi rata… Muy despacio, sin que nadie se diera cuenta, fui caminando como un gato hacia el viejo almacén. Entré y vi a los perros que parecían ya saber nuestro destino porque no movieron la cola y sus ojos estaban así como los de la gente que me cruzaba cuando venía al trabajo. No sé por qué los abracé a uno por uno, como por última vez, luego, saqué un gran pedazo de queso podrido y lo puse cerca de donde habitaba mi rata… Ya estaba saliendo del almacén cuando, pegado al borde de la puerta, vi a mi rata, parecía estar esperándome. Le pregunté lo qué quería. Y este bicho se me acercó hasta rozar su piquito en mi zapato, como rogándome querer irse conmigo. Le dije que no, pero, si se pasaba por allí, me sentiría muy feliz de volvernos a encontrar. Me le acerqué y le pasé unas palmaditas sobre si mofletudo y apestoso húmedo cuerpillo. No me daba asco, no, era algo diferente, mas fuerte que mis sentidos. Lo cogí en mis manos y me lo puse cerca de mis ojos y sus ojos parecían querer llorar, sentí como sus bigotes se movían como la cola de mis perros cuando llegaba al almacén. Nos quedamos así un instante y sentí que muy pronto volveríamos a vernos…

Han pasado más de diez años y no he vuelto a ver a mis perros ni a la rata. Es mas, en el antiguo local en donde trabajé está orlada por un muro de color naranja, llena de alambres y vidrios partidos en su sima. Pedí entrar a un viejo portero y para mi suerte me dejó entrar. Y mientras este señor me hablaba desde la caseta de control, sentí una fuerza que me arrastraba hacia el antiguo galpón en donde había trabajado durante tantos años. Recordé a mis perros y a la rata. Pero cuando entré vi que todo había cambiado. Mi pesadilla se había vuelto realidad. Era imposible que los animales vivieran tanto tiempo, pero uno siempre tiene la esperanza de que su familia viva para siempre y no es verdad. Todo aquel lugar era una especie de edificios en donde habitaban familias y familias, también habían perros, niños, gatos, avecillas, árboles… Todo era diferente. Lo extraño de todo era que sus miradas eran como la gente que miraba como tratando de coger algo que no se podía tocar ni ver. Ya estaba por irme cuando este tipo, el guardián de la caseta, me dijo si tenía trabajo. Le dije que no, que no hacía nada más que vivir con mi pequeña jubilación. Me dijo que el dueño de este lugar buscaba a un guarda de noche. Me dio el teléfono y se fue. No perdí más tiempo y lo llamé. Me aceptaron, y desde aquel día he vuelto al mismo puesto pero ahora tengo una televisión, una radio y otros perros, mas mansitos, pero lindos perros, sobre todo cuando llego por la noche y me miran a los ojos como si llevaran linternas en los suyos, moviendo la cola sin parar, lamiéndome la cara y las manos como si fuera un manjar, es lindo volver a una familia, tener alguien que lo espera y le mira con tanto respeto y afecto… A mi rata no la he vuelto a ver jamás, pero sí he visto a uno que otro bicho que me miran a lo lejos, como preguntándose si soy el mismo u otra persona. Dentro de mí sabía que deseaban un poco de amistad. Le puse un poco de queso podrido y desde aquella noche me hice su amigo. Lo extraño es que, esta vez eran muchos, es decir, muchas ratas que me miran con sus largos bigotes, sus narices que parecen un lunar mojado y esos ojillos que son como pelotitas negras a punto de salírseles de la cara… Sí, en verdad he vuelto a sentirme tranquilo mientras escucho la radio o veo la televisión junto a mis perros y ratas que parecen tener los mismos gustos que yo, al menos por las noches…

Los días pasan, las noches también, y yo y mis bichos y todos los que estamos en este lugar, también pasaremos. Y hoy, que estoy escribiendo esta historia, me pregunto, hasta cuándo la gente mirará hacia el piso o mirara tratando de coger con los ojos aquello que no existe. Es como caminar entre sonámbulos, que no saben apreciar lo poco a mucho que tienen a su alrededor…

San isidro, junio del 2006

Thursday, June 22, 2006

Monstruo

El agotamiento de ser un creador es infinito, no puede terminarse, sobre todo si se está cansado. Me recuesto, cierro los ojos, y puedo ver con los ojos cerrados... aunque lo que se presenta ante mi negro universo es un ser extraño, hermoso y terrible que no cesa de mirarme mientras le observo tras mis ojos ciegos a pesar de un gran agotamiento, de una noche en que no he soltado a la deriva mi conciencia…

Sería mas allá del ensueño cuando, en ese espacio en donde antes de entrar a los sueños se siente uno deslizándose por la casa del terror, con imágenes que aún no existen mas que en nosotros mismos… cuando vi a un ser de color morado, enroscado en si mismo, cubierto por una piel llena de pelos brillantes y sedosos, mostrando pliegues de mucha grasa, descansando en la forma de un monte, y por ello no pude ver sus facciones, pero en aquel instante pude advertir sus muchas extremidades que parecen no tener dependencia con aquel monstruo de piel brillante, pues son como sierpes, delicadas lombrices de la misma piel que se mueven como los rizos de una enorme cabeza bajo el agua… y esta bestia tiene en la punta de cada extremidad un rostro de ojos brillantes, pequeños, una nariz embreada, un hoyo en el centro de esa carilla que hace notar sus fauces, mostrando delicados dientes en forma de púas. Advierten mi presencia como un cáncer en el cuerpo, algo sucio y terrible… Me le acerco y esta bestia se para ante mí, y veo que es inmenso mientras todas sus sierpes parecen tocarme, morderme con dulzura y sensualidad, pero no pueden pues chocan contra el vidrio de mi inconciencia… Me alegro ante esto y le hago una pregunta con mis pensamientos: Temo que soy parte de ti, que eres mi demonio, mi ángel negro del dolor... El monstruo se comienza a alejar de mi conciencia como las olas en la arena de la mar. Le ruego que no se valla, pero no escucha, mientras sus sierpes que al fin descubro que son sus hijos, que como hienas, hermafroditas, me observan y se burlan sin piedad. Me arden sus filosas risas pues las siento como parte de mi ser, de mis visiones, creación de un artista…

Abro los ojos un instante y noto que mi cuerpo está lleno de picaduras. Las observo mejor y noto que he tenido una verdadera pesadilla. Me levanto y llamo a un doctor. Y cuando viene le cuento mi sueño con el monstruo. Me escucha, me mira. Le siento lejos, muy lejos casi en la otra orilla de la vida y la muerte. Le digo que no deseo verle más. Le pago y este se va, y mientas se aleja, un aliento precioso me dice una gran verdad, que no hay mas que alientos en mi constante cambio por la vida, que es mi bastón, mi único amigo…

Camino hacia la ventana de mi cuarto y recuerdo aquel ser. Cojo un papel y empiezo a dibujarle, y cuado termino, noto que sus sierpes, lentamente empiezan a bailar para mí como las ghopis ante Krishna… Cuelgo el dibujo en la pared. Le pongo un nombre, y luego, salgo a la calle, y mientras camino me parece ver en cada persona las sierpes de mis suenos, con sus rostros burlándose de mí, como el monstruo recogido en mi mundo interior…

Los ruidos de la calle no cesan, les pido un minuto de silencio, parándome en la pista, arrodillándome y clamando a los cielos que se abra el mundo del ensueño para mí, que entre y coja todos los secretos de la vida, de la muerte, del dolor, de los sueños de todos, de esos que pueden hacerme entrar a un sanatorio para no salir jamás… Ya es tarde, nadie se percata de mi presencia, de mis gritos, y siento que mi cama me llama. Me levanto y corro hacia mi casa, hacia mi cama, y me zambullo en ella bajo las olas de mi aliento, cierro los ojos y me pierdo lejos, cuando veo el cuerpo escarlata de un ser que no cesa de mostrarme todos sus ojos atados en cada una de sus extremidades…. Me miro en un espejo irreal y veo que mis cabellos empiezan a flotar como si estuviera dentro de un estanque. Me siento especial, pero continúo caminando, escribiendo, cerrando mi conciencia para ver más de cerca, la telaraña de los sueños…



San isidro, junio del 2006

Wednesday, June 21, 2006

¡Rebelión de palabras!

Acababa de terminar de leer un cuento maravilloso cuando me fijé en la hora y ya era demasiado tarde para escribirte. Sentí pena, pero, aun así, quise escribir un texto, cualquiera que sea, aunque en el fondo no tenga nada que contar ni qué decir… aunque lo único importante sea decirte que te quiero, y mucho… Nuestras vidas yacen distanciadas por el espacio, y atadas a nuestras letras que es lo mas hermoso y terrible que sale de nosotros. Me pregunto cómo serás, si eres realmente como te imagino, y disculpa que te tutee, pero lo hago en forma amigable, como un hermano, como lo que somos… amantes de la vida. Seguro que estarás sorprendido de esta carta que no me atrevía a dártela, pero esta es, y es que, me agrada escribirte y decirte que te quiero, y creo que eso es lo más importante que decir… el recordarse que se tiene un lazo y que no está roto, mas que una sola cosa, un sentimiento, un poema escrito en un punto.

Ya despierto, y con la luz de un nuevo día me presto a escribir acerca de lo que mas amo, y eso es lo que tengo dentro de mí, como si fuera gestadora de alegrías, un cántaro que guarda la lluvia de los cielos para aquellos que tienen sed, esa sed que causa el mar de la mediocridad. Amo la vida, y espero que mi carne vuelva a ser polvo, que venga la dama oscura y me arranque este disfraz y vuele lejos, hacia ti, hacia el amor que da calidez y abrigo ante todo lo que se acaba… Es seguro que en mis pasos deje huellas, de esas que son garrapatos, que cuentan cuentos, para unos cuantos, y para ese corazón que busca su nido, su arroyo en donde saciar su larga sed de paz y tranquilidad… Vivo para eso, para escribirte día y noche por qué no, si la vida es un poema lindo, corto, alegre y triste como todo lado bueno y malo. Y mi vida es así de despierta pues no desea volver atrás en donde la sal de mi sombra me espera con las argollas de la duda… No, no deseo esperar a que la vida caiga como lluvia, anhelo siempre jugar a su regazo, como un tortolín, como un beso de una novia que permuta de rostro como el camaleón… Soy solo eso, un pedazo de polvo animado, que gusta mover sus sueños y poemas en busca de ser una sombra que pesa y hace un hoyo al infinito. Sí, eso soy en esta mañana de un día cualquiera en donde mis líneas son largas y sin final, como ese político que inmenso, miente a multitudes con palabras llenas de sangre negra que arranca los sueños de quienes creen en mentiras y sueños hechos una voz, cuando la verdad está bajo su conciencia, esperando su vuelta atrás, adentro, siempre cerca para que no escuche mas que una voz, una sola, la de este poema que no termino de escribir mientras la mañana me aplasta como una pared de ensueños…

Saldré como diariamente, y miraré a mi madre, padre, hermanos, a todos y les diré que soy feliz una vez mas, porque me da la gana de serlo a pesar que el dolor hierve en mis entrañas, y el mundo gira contra el tiempo, chupando todas las sangres de los que aun se animan a voltearse y sentir un poco los ojos de un niño, un siervo, un poema, un canto que fluye del corazón… Algo así haré esta mañana en que la vida me arrastra como esos colegiales en su primer día de clase, llorando ante los pies de su madre, rogando por no romper el cristal de la fantasía, pero, es así, saldré y seré feliz a pesar de esta mañana en que no ceso de mentirle al mundo que lloro a pesar que soy tan feliz…

San isidro, junio del 2006

Monday, June 19, 2006

El hombrecillo

Era un tipo bajito, de mediana edad y solitario, y siempre, como pocos, con una mirada clara, amigable, con una sonrisa tímida y alegre, que inspiraba a otros hombres a no dejar de sentir que muy dentro de ellos, todos somos niños… Una tarde, me le acerqué y le vi sentado en una banca, con un cuadernillo en las manos, escribiendo algo que, parecía, ser una especie de confesión, o comunión... Cuando se percató de mi presencia, dejó de escribir, y, con su sencilla sonrisa, me invitó a sentarme junto a él. Me extendió la mano y me dio su nombre; yo le di el mío, y luego calló. Continuó escribiendo en su especial cuadernillo de color azul como si estuviera totalmente extasiado. Me sentí incómodo y me dispuse a retirarme cuando detuvo su quehacer y dijo que tenía algo para mí. Me sentí extrañado porque jamás, antes, le había hablado. Le he escrito un cuento... ¿Desea que se lo lea? Sonreí, crucé mis brazos y le dije que sí, que con mucho gusto. Fue hermoso lo que contaba, aunque no logré entenderle nada pues hablaba bajito, casi como si leyera para él. Le iba a decir que alzara la voz un poco que no le escuchaba pero, de pronto, sentí como si de su voz saliera como un aroma, un perfume que me inundaba de paz, de mucho sosiego, era como si una ola, una nube me hubiera besado... Cuando terminó, aun quedé prendado de lo que había sentido. Este hombrecito me dijo si me había gustado. Le dije que mas que eso. Gracias, muchas gracias, me dijo... Se levantó de la banca, arrancó la hojita de su cuadernillo, lo dobló en dos, y, me lo ofreció como si fuera un ser vivo, como un ave a punto de despegar... Lo cogí medio anonadado. Le agradecí, y le vi caminar en medio del parque vacío mientras saludaba a los árboles, a las aves, al aire. Luego, creí que debía reposar y me senté. Desdoblé la hoja en mis manos y me dispuse a leerlo... pero, la hojita, estaba totalmente garabateada con rayas y dibujitos y una firma con, creí, su pseudónimo. La iba a echar, pero no lo hice. La guardé, y aun hasta el día de hoy la guardo en mi billetera, porque, cada vez que deseo sentir ese sosiego, la abro, y siempre, siempre, siento esa paz preciosa, ese aire que limpia y alivia mi existencia... Al hombrecito no volví a verle. Fui, casi diariamente, a encontrarme con él, hasta que una indigente me contó que el singular hombrecillo había fallecido hacía unos meses de un ataque al corazón, justo el día en que me le había acercado, dijo, además, que lo hallaron abrazado a un viejo y reseco árbol con un cuadernillo en las manos... Le iba a preguntar por el cuadernillo, pero ya el vagabundo se había alejado de mi presencia. Desde aquel día, me pareció verle y sentirle por todo el parque, me pareció que aún paseaba y escribía por las calles. Fue entonces que empecé a escribir. Quizá fue ese legado, esa vivencia lo que me hizo escribir historias increíbles y este relato que mientras lo garrapateo siento que no soy yo el que lo hace sino el extraño hombrecillo que me parece escucharle y verle reír dentro de mí, como quien escucha una flauta mágica y llena de bondad para quien lo puede escuchar, y, en este caso, leer...


San isidro, junio del 2006

Sunday, June 18, 2006

Alguien toca el timbre de la casa

De un lado hacia otro... Me paraba, sentaba. Prendía la televisión, la apagaba. Ponía un cd y lo veía hasta la mitad. Era uno de esos días en que no sabes lo que quieres y si no me hubiera pasado lo que me pasó no sé que hubiera ocurrido conmigo un domingo como hoy...

Resulta que tocaron la puerta y cuando salí no había nadie... Un fastidioso, pensé. Pero, esa curiosidad por saber quién era el que me fastidiaba me puso a pensar, y pensé durante toda la tarde en quién podría haber sido. Imaginé que era los hijos de mi vecino, el que tiene mas de doce años y le gusta matar a los perros de la calle, envenenándolos, o coger esos gatos y enjaularlos para juntarlos con perros y ver peleas hasta que uno de ellos quede; pero, en verdad eso era raro, a pesar que era un chico raro; su padre era militar y su madre trabajaba en un Banco y salía con su jefe, eso lo sé porque en todo el barrio se sabía, sobre todo cuando llegaba un auto todo de lujo y ella bajaba con la cara pálida... pero no lo creía. O, podría ser esos indigentes que diariamente les gusta tocar la puerta para pedirme dinero o comida, pero, por qué no se habrían quedado en la puerta... O, de repente sería un alma perdida, una piedra caída del cielo y que cayó justito en el timbre de mi casa, un pajarito que quiso descansar en un lugar y se posó en el timbre de la puerta, o un cartero que se equivocó a última hora y se fue a otro lado por error... Tuve que coger un pedazo de papel y escribir todas las posibilidades de la persona que había tocado el timbre de la casa. Creo que estuve en esa situación por cerca de cinco horas, tan solo interrumpida cuando sonaba el teléfono de la telefónica avisando que ya estaba cerca del corte total de la línea por falta de pago, y, también, mi hermana menor que quería invitarme a irnos al campo con toda su familia, al mismo tiempo que me avisaba que la próxima semana era el bautismos de su hija menor. Pero yo, aun seguía escribiendo las posibilidades hasta que nuevamente sonó el timbre de la casa. Dejé de escribir y antes de abrir la puerta, me asomé por la ventana para ver a la persona, y vi que era un señor que llevaba un caja medianamente grande. Fui hacia la puerta y la abrí. Le pregunté lo que deseaba, y este señor me dijo si yo me llamaba fulano de tal. Era mi nombre pero le dije que "este señor" había salido hacía más de un año de la casa y que yo, su amigo, me había quedado para cuidarla y recibir todos sus encargos. Si usted gusta puede dejarme el encargo, le dije. Oh no, me dijo, ud. no es fulano de tal, no es cierto, me dijo. Volví a repetir lo mismo, y luego, este señor me dijo que era vendedor y que deseaba hacer una demostración de una aspiradora-lustradora-enceradora. Le dije que estaba muy ocupado, pero este insistió, e insistió tanto que me convenció para encerar la casa, al menos la parte de abajo. Cuando entró noté que era un tipo bastante grande, vestía un traje barato pero, no le quedaba muy mal... Olía a cebo, y eso quería decir que había caminado durante horas y horas. Mientras aspiraba la salita de entrada ya se había quitado su saco y en verdad, me sorprendió su cuerpo, estaba lleno de pelos, tanto como un gorila, hasta tenía cara de mono. Será un hijo de hombre con mono, pensé. Yo me fui hacia mi mesa de trabajo y continué mi escrito acerca de todas las otras posibilidades acerca de la persona que había tocado la puerta de mi casa y no había aparecido en la puerta nadie. Antes de empezar a escribir le pregunté al gorila si había tocado la puerta unas horas antes. Me dijo que no, y yo continué mi extraño pasatiempo mientras el tipo hablaba y hablaba al mismo tiempo que ya estaba encerando la salita de casa... Creo que ya había pasado cerca de una hora cuando terminó. Le pregunté si ya había acabado. Me miró, me volvió a preguntar si yo no era fulano de tal, le dije que no, y este empezó a guardar todos sus materiales, me pidió un poco de agua, se la di. Se puso su saco de lana color café, su sombrero que era del mismo color y se sentó frente a mí. Le dije que estaba por salir de la casa, y este me dijo que ya se iba a ir. Un momento, por favor, hace mucho calor, y, aun, tengo que trabajar un poco más; esta es mi última máquina, ¿no es una maravilla?, me dijo. Le dije que sí, pero yo no podía comprarla, no era mi casa. Oh, claro, claro, respondió. De pronto, sonó el teléfono. Ambos lo miramos. Como estaba cerca a su mano, lo cogió, y habló. Me puse a sudar, y, no sabía por qué. Podría haber sido mi hermana, mi madre, mi sobrina, mi amigo, podría haber sido tantas personas, y este tipo estaba con el fono en la oreja mientras me miraba y yo continuaba sudando a chorros. Luego, colgó. Le pregunté quién había hablado. Me dijo que era para fulano de tal. ¿Y, qué dijo?, pregunté. Es ud. fulano de tal. No, no lo soy, respondí. Me miró y cogiendo su aparato salió de la casa, se sacó el sombrero y cerró la puerta... Volví a mi mesa y cuando iba a continuar trabajando, sonó nuevamente el timbre de la casa. Esta vez no quise abrir. Me tapé los oídos y no volví a escuchar más el timbre de la casa...




San isidro, junio del 2006

Tuesday, May 30, 2006

Inmortal herido

Me iban a cortar las piernas, estaba en medio de la guerra y el enfermero junto al doctor hablaron que después de tomar un café me las cortarían... Les vi alejarse y levanté la cabeza con gran dolor, hacía un calor infernal, sudaba por todo el cuerpo, y por las piernas sangraba. Me levanté con todas las fuerzas que pude y salí arrastrándome hacia afuera, en donde aún se escuchaba el filo mortal de las balas de nosotros y de nuestros enemigos. Llegué junto a un muchacho que estaba pegado a la tierra, tenía su arma y disparaba una y otra vez, como esas películas que veía en la tele. Me paré con todo el dolor y le dije al muchacho en dónde estaban los enemigos. Este me miró y dijo que me agachase... No le hice caso y me arrastré hasta salir de nuestro escondite. Vi un caballo hermoso, mirándome, esperándome, y fui a montarlo. Ya en el bello animal, miré a los enemigos y me lancé hacia ellos. Cerré los ojos, abrí los brazos y esperé a que todas las balas apagaran el dolor que tenía en las piernas... Fue hermoso cabalgar en medio de las balas en aquella hermosa tarde de sol, campo arenado, y todos los ojos abiertos, sorprendidos, de la gente que peleaba, hasta que una bala atravesó mi pecho y caí junto al caballo, no sentí nada, mientras el caballo seguía corriendo hasta llegar a la banda rival. Me cogieron y ya agonizando me escupieron y dijeron que estaba loco. Les pedí que me mataran, y ellos rieron, luego, ya sin dolor ni nada, me cortaron las piernas, me las mostraron y me enchufaron un balazo en la cabeza... Dicen que morí, dicen eso, pero no lo recuerdo ni deseo saber nada de ello, mientras siento que aún corro sobre el bello animal sin detenernos ante nada, viajando hacia el sol, sobre un campo celestial… Es bello viajar hacia el sol, es como deshacerse en dicha total...

San isidro, mayo del 2006

Sunday, May 21, 2006

Un domingo por la tarde

Estaba sentado en la silla de la cocina. Ya todos en la familia habían terminado de comer. Ya todos estaban descansando, ya sea mirando la TV, o sentados en la Web. Tenía un libro en sus manos. Lo había robado de la Biblioteca del colegio. Lo abrió y empezó a leerlo. Trataba de un muchacho de quince años que gusta observar todo echado en su cama, pues es semi-parapléjico. Ve la tele, y gusta leer en demasía. También gusta de escribir con su mano izquierda, y dibuja también. Continúa leyendo el libro, y se pasa hasta las últimas páginas, y ve que el muchacho ha comenzado a caminar y escribe y hace un viaje al viejo continente buscando algo mas en la vida... Cierra el libro y siente que el autor es un soñador, relleno de fantasía y gusta mentirse y mentir a los demás. Se para y camina hacia la ventana de su casa, le gusta observar a través de las ventanas. Voltéa y ve las escaleras de su casa que van hasta el tercer piso. Sube las escaleras y va hacia la ventana mas grande del tercer piso. Siente que desea saltar. Siente que todo es aburrido como las moscas que se pasean por los platos vacíos del almuerzo. ¿Y si salto?, piensa. Su cuerpo empieza a sudar, luego, siente escalofríos. De pronto escucha la voz de su madre diciéndole que no se olvide de ir a la Iglesia por la noche. Ya mamá, responde. ¿Y si salto?, vuelve a pensar. Su hermano menor se le acerca y lo ve parado en el borde de la ventana grande del tercer piso y piensa en jugar, en asustarle. Se le acerca con pasos de tigre, sin respirar. Ya casi a su lado, lo empuja suavemente y ve que su hermano se deja llevar por sus brazos y cae, cae... como un fantasma, un trozo de papel, hasta llegar al piso, rompiéndose el cráneo como una calabaza, abriéndose el pecho como una bolsa de papel... Ya agonizando, el muchacho vuelve a pensar: ¿Y ahora… adónde iré?... Era un domingo por la tarde cuando un muchacho de quince años agoniza con una inusual sonrisa en los labios, chorreándole sangre por todas partes como pinceladas del artista de la muerte, dejándole el cuerpo como un muñeco dislocado, tirado sobre una vieja vereda, ante los sórdidos gritos de todo el vecindario, en un día extraño, y, a la vez, precioso, pero, inusualmente aburrido...

San isidro, mayo de 2006

Thursday, May 11, 2006

Ladrón de papel

Fue a la librería más nutrida de la ciudad y vio toda una selva de libros besando todas las paredes del local. Se excitó, no lo pudo soportar y cogió el primer libro que estuvo a su alcance. Le pasó sus dedos por el lomo del libro, luego, lo abrió y empezó a oler la celulosa de las páginas. Revisó el tipo de letra. Miró la cantidad de páginas que tenía. Leyó el nombre del autor, la fecha de su nacimiento y su muerte. ¡Dios!, se dijo. Aún vive..., pensó. Lo cerró y lo dejó en su lugar como si hubiese perturbado un instante de ajena intimidad. Se acercó a uno de los libreros y preguntó por obras de autores del siglo XIX. Cómo no señor, sígame por favor, le dijo el joven vendedor. Lo llevó a uno de los espacios que estaban en el sub-nivel del local. ¿Algún autor en especial, señor?. Todos, los quiero a todos..., respondió. El joven librero sintió como un sinsabor al ver a este señor vestido con simpleza pero con los ojos puestos en los libros como si fuera un cazador de bestias salvajes, o, en este caso, de muertos vivos... Como no, señor, lo dejo a solas... y, me llama cuando me necesite. El joven se dio media vuelta y subió al segundo piso en donde entraban nuevos clientes en busca de algún libro de moda, de esos que se venden por moda, snob, y, que quizá, nadie lo lea... Nuestro personaje sintió que estaba solo y ya frente a los libros del siglo XIX se sintió más excitado que nunca. Cogió uno de ellos. Lo abrió. Era de Conrad, editada y traducida al español en el año de 2006. Olió las tapas, rozó sus dedos sobre las hojas escritas de papel y sonrió de alegría. Son míos, se dijo. Abrió su bolsa de libros y los llenó con más de una veintena de libros. Miró la salida de la librería. Vio que estaba llena de gente y, sin pensarlo, salió raudo hacia la salida. No bien cruzó la puerta, todas las alarmas del local empezaron a sonar. Más esto no lo detuvo y corrió rumbo hacia la oscuridad de la noche. Dos hombres de seguridad de la librería empezaron a seguirle. Nuestro hombre llegó a la esquina y paró un taxi. Lléveme lejos de aquí, le dijo. El auto partió con los chicos de seguridad arañando las ventanas del auto... ¿Qué ha hecho señor?, le dijo el taxista. Nada, nada, no se preocupe, dijo nuestro hombre. Por favor, lléveme a la librería de la zona norte, inmediatamente... Y mientras viajaba, miraba los libros que tenía en sus manos. Míos, míos, nuevamente míos, pensó nuestro extraño personaje. Señor taxista, dijo, por favor, espéreme unos minutos en este mismo lugar, le pago por adelantado... espéreme que no demoro ¿sí? Como no señor, respondió. Sucedió lo mismo. Tras los pasos de nuestro personaje venían tres chicos corriendo, sin lograr alcanzarlo. Ya lejos del lugar, le pidió al taxista que lo llevara a su domicilio. Ya en su casa, abrió la puerta y dejó todo su botín sobre una mesa llena de libros... Prendió una hoguera que tenía en el fondo de su casa y comenzó a quemar todos los libros que estaban tirados por todo el piso de su casa, uno por uno, hasta que no quedó ni uno, salvo los libros que había robado y que estaban sobre la mesa. Durante toda la noche la pasó leyéndolos. Llegó el día y continuó, tan solo se detuvo para comer un poco. Luego, siguió para adelante. Todo se prolongó así hasta cerca de dos semanas en donde ya había terminado de leer todos los libros que tenía sobre la mesa... Se cambió y fue a buscar trabajo, pues, no tenía un centavo para vivir ni comer. Encontró uno y trabajó por un par de meses. Luego de cobrar, renunció... Aquella tarde, miró todos los libros que había robado, los puso sobre la mesa, encendió la fogata de su casa y salió a otra librería, una en que no lo recordaran demasiado... Se disfrazó de mujer y salió a la calle. Tomó un taxi y se dirigió hacia la librería más importante de la ciudad...

San isidro, mayo de 2006

Wednesday, May 10, 2006

a la media noche

Uno si está vivo, o tiene cualquier tipo de problemas, siente que tiene algo que decir... Es gracioso ver cómo cada escritor de cierto prestigio ganado, merecidamente o no, dice o cuenta la misma cosa. La otra vez leí un comentario en el periódico de mi ciudad en donde un escritor, ganador de un premio importante, decía o repetía las mismas frases que grandes autores dijeron en su momento, como por ejemplo: "era una idea que no me dejaba dormir hasta que me puse a escribirla", o "diariamente escribo por la mañana", o, "nunca veo quien ha ganado el novel", etc. Es gracioso pues lo he escuchado, leído en muchas oportunidades, es mas, cuando me hicieron una entrevista unos niños de nueve años, yo, respondí de la misma manera, eso lo hice porque lo había leído en un texto de entrevista que le hicieron a Boch, Carver, Calvino, Faulkner, Nabokov, etc... Hay veces en que me pregunto sino escribo para saber si soy bueno en ello. Cuando eso sucede me tengo que poner a escribir para no enloquecer... Creo conocer pocos escritores que, aparte de ser reconocidos, tienen una importante figuración en los ámbitos intelectuales. Tengo un amigo que es un escritor reconocido de más de ochenta años, y que cada cierto fin de semana me invitaba a escucharle en su casa los textos inéditos que guarda tan solo para sus amigos. Fue gracioso, pues, las nueve veces en que he acudido a su domicilio, siempre declamaba los mismos textos. Nunca le dije nada, pues, además de leer sus letras este octogenario, le gustaba escucharme declamar mis textos... Tuve que dejar de verle porque no me gustaba participar en un lugar que me hacía sentir como una oveja que sigue al pastor. Por otro lado, me he dado cuenta, si es que muchos no lo han hecho ya, que escribir en la Web es algo extraño, como mendigar sentimientos... Si llega un comentario, uno se siente alegre, por malo o bueno que sea, pero si no llega nada, uno siente que está perdiendo el tiempo y que no hay nadie que valore sus textos... En ese lugar me encontraba hasta que hace poco me di cuenta que esto de escribir es como meditar, o concentrarme, o identificarme con aquel individuo que está dentro de mí. Me ayuda mucho, bastante. Me hace bien, como sentirme menos solo de lo que estoy. Es bueno escribir, es como mirarse al espejo y ver que hay belleza, sentimiento, integridad, sinceridad, valores que a uno lo integran en un todo bonito, un universo antiséptico a todo, pero, divertido y nutritivo para el alma que anhela expresarse... pues las letras es un canto que el alma celebra.

A la media noche vi que la luna iluminaba la vereda de la puerta de mi casa. Un sonido a los lejos avisaba que aún existía gente anhelante de vivir íntegramente. A la media noche he descubierto que escribir es una manera de vivir. No todo es así, sobre todo cuando a la media noche el silencio se vuelve como un silbido que llena de paz el aire que respiro. A la media noche los pasos de las sombras hacen su estadía en absoluta tranquilidad mientras los autos ruedan rumbo a sus casas o destinos. A la media noche veo a mi perro durmiendo a mi lado mientras una cucaracha trata de salvar su vida por las paredes de mi cuarto, por supuesto que no lo logrará ya que mi mano y un pedazo de papel han puesto su firma de muerte en un lugar de la pared. A la media noche el sueño tiende su frazada y hace un espacio a mi cuerpo mientras aún mis dedos teclean esta máquina de escribir una y otra vez hasta que mis párpados empiecen a colgarse de mis ojos como si fueran bolsas de arena...

San isidro, mayo del 2006

Saturday, May 06, 2006

El camino de los ciegos

Tenía una cita con un oculista, todo fue a petición de mi madre que acababa de llegar de París con una montura de titanio para unos lentes progresivos que costaban una fortuna. Y bueno, fui al oculista por las razones mencionadas y en la puerta vi una cola de cinco personas, todos ellos eran ciegos, y todos usaban gafas negras, pero el hecho de verlos juntos con esa presencia de muertos vivos me hizo sentirme extraño, como fuera de este mundo... Me puse detrás de ellos como era la cola de entrada al consultorio del oculista cuando sentí que uno de ellos me preguntaba mi nombre. Se lo di con cierta inseguridad, y no lo entendí, porque, qué daño, que miedo tendría que tener por estos cieguitos, nada por supuesto, pero allí estaba, tras ellos y con mi nombre que parecían estárselos saboreando en sus silenciosas bocas... Luego, otro de los cinco me dijo si deseaba escucharlo. Callé, y no sé cómo, de mis labios salieron como temblorosas maripositas, una palabra: si. De pronto, todos ellos se tocaron las manos y el que me pidió escucharlo me dijo lo siguiente:

"Cuando entendí que toda mi familia querían ser felices, me puse a llorar, pues, ¿cómo diablos podría hacerlos felices si yo no lo era?... Eso fue lo que les dije y ellos me escupieron a la cara, y luego, me lanzaron a la calle para que les solucione sus problemas inmediatos como ropa, comida, dinero, etc... Quiero decir que yo era el sostén de mi familia compuesta por mi madre, padre, un hermano lisiado, mi esposa y un hijo pequeño. Salí a la calle y mientras me alejaba de ellos sentí que no debería volver a verlos nunca mas... Mis sueños se cumplieron porque no pasó un minuto cuando un auto se subió a la vereda en donde caminaba yo, y me atropelló como si fuera un juego de palitroques. Fue terrible, para ellos, pues, quedé ciego para el resto de mi vida. Cierto que estuve en coma por varios meses, pero cuando salí, y abrí los ojos, vi que todo estaba aún negro, mas negro que la noche... Era terrible, pero, no sé cómo, escuché, olí a toda mi familia alrededor mío, preocupados, asustados, llorando por su suerte, seguramente. Y así la pasé por meses hasta que me mandaron a mi casa y allí si fue terrible pues nadie deseaba ocuparse de mi, nadie, ni siquiera mi perro, nadie... Así que, después de estar en plena oscuridad por meses, en uno de esas decidí que debía salir de mi casa y no volver jamás, quería morirme, no ser una carga para nadie. Lo pensé por días y días hasta que sentí que en aquel momento debía salir y no volver. Me vestí como pude y, le diré algo increíble, pude desarrollar ver a la gente, pero no como algo de color, sino como si todo fuera en negativo, como si estuviera viendo un canal invertido, algo así... Salí a la calle y no necesité ver, nada de eso, sentía que estaba protegido por algo que me hacía ver el brillo de todas las cosas, su eco, su aroma todo... Y así fue como me fui a la calle, luego, a otra ciudad, otro pueblo, hasta llegar a otro país... Y en el camino encontré a estos chicos que usted ve aquí, que también llegaron al mismo lugar pero por diferentes caminos y formas. Unos nacieron ciegos, otros no... Podría seguir contando, pero, creo que ya ha sido suficiente... "

Le iba a preguntar el por qué me había confiado su historia, y él, como si escuchara mis pensamiento, me dijo que porque muy pronto llegaría al mismo camino, el camino de los ciegos... No se equivocó pues cuando apareció el oculista me dijo que en unos cuantos meses perdería la vista por completo. No sé por qué lo tomé con calma, era como si siempre lo había esperado. Y cuando salí a la calle, vi a los cinco ciegos esperándome. Les tomé de la mano y les seguí para siempre. Nunca mas volví a ver a mi familia, y a pesar que pude ver por algo más de un año, al final pude quedarme tan ciego como los cinco ciegos que estaban esperando su cola, en su camino de ciegos... No me quejo, tengo tiempo para hacer lo que mas he amado que era escuchar música clásica, es mas, tuve tiempo de aprender a tocar el piano que tenía uno de los cinco ciegos en una casa... Hay veces en que salgo a la calle solo, eso ocurrió cuando perdí el miedo a la muerte, cuando entendí que la muerte y la vida ya no importaban a uno que ya no cuenta para este mundo lleno de obligaciones y deseos por encontrar la felicidad, algo que, como después lo supe, estaba tras la cortina del fondo de mis ojos ciegos... Era un camino especial que, al igual a todos los caminos verdaderos, se abre cada vez más y más y más....

San isidro, mayo del 2006

Friday, May 05, 2006

¡No lo cuentes, escríbelo!

Me he puesto a pensar antes de sentarme sobre la máquina de escribir y me sentí tan sucio que me dieron ganas de bañarme muchas veces. Tuve tantas ganas de que mi vida se iniciara nuevamente, que todos los errores se diluyeran con la luz de un nuevo día, de eso tuve ganas que sucediera mientras miraba en la televisión porquerías que ensuciaban mi mente, mi torpe mente que no sé exactamente para que sirve, si pudiera ser dios seguro que me lo extirparía como una muela picada, o una uña, o la vesícula que nadie sabe para qué existe, quizá sólo dios, pero mejor dejarlo a dios tranquilo dentro de todos nosotros, pues donde estamos es muy lejos del corazón que es su verdadero hogar de residencia, o al menos su espacio en donde no se mancha de nosotros, seres llenos de migrañas y porquerías acumuladas desde que tenemos el aliento. Mejor dejo de pensar en cosas tan extrañas que lo único que provocan es pena, esa pena o conmiseración de la gente que me rodea o me lee, mejor pienso en todo lo que me ha pasado en el día que no es nada especial, una que otra variedad, errores, multas, aciertos, dinero, y ese tipo de cosas que lo entretienen a uno tan torpe como yo que anhela ser feliz en el lugar equivocado, es así, siempre erramos, y eso es bueno para los que no se equivocan, y eso mismo le alegra porque le da un bienestar a uno, al menos hay un sentido el ser pisado por otro mas suertudo que uno mismo, quién sabe, puede que dios, pero dios no sabe nada o sabe todo, o mas de lo que imagino, puede que esté sentado en la televisión mirando porquerías así como estuve un momento antes de sentarme a escribir de todo aquello que se me ocurría en mi mente que es tan torpe como un niño de medio año al sentarse a cenar con las manos, pues se pone la comida en el cachete, o en la oreja, o la bota en el piso pues ignora por donde entra la comida, así es como me sentía antes de sentarme a escribir sin pensar en nada mas que en lo que imagino, y eso que imagino es saludable, me hace remontar a un lugar en donde pueda ser feliz como dios, seguramente, y quizá mas, o un poco mas, pero dios no creo que sea feliz, pues dicen, o he escuchado de los curas en la iglesia cada domingo cuando iba a misa, con siete años de edad y al lado de mi tía pues deseaba que sea un buen cristiano, y que esté cerca de dios, pero eso no fue posible, era imposible, cómo iba a ser bueno a los ojos de dios si uno no hace mas que meter la pata una y otra vez, y ese dios ni siquiera se inmuta, o puede que sí, pues cada vez que hago, o cometo pecadillos al momento me siento cochino, o pesado, o culpable de ser tan sucio, y me viene todo un alud de mala suerte, por ejemplo, hoy, hoy me metieron una multa sentado en mi auto mientras leía la Biblia, y pensaba en dios sentado en una banca muy cómoda y en la sala de corazón, pues es allí de donde todos los que oran o le rezan dicen que mora, puede que sea así, puede, puede que sea cierto, pero yo no lo creo tan cierto... ¡Carambas! ¡Qué diablos he escrito! No me imagino qué he puesto, pero debe de haber sido algo muy original y loco, así como soy, o como me llaman las personas que viven o trabajan al lado mío. Es mejor continuar viviendo en esta casa para luego ir a mi trabajo, para luego ir y venir, como un yoyo, como un tonto que no sabe para qué está viviendo, aunque, pensándolo mejor, al menos un poco, para qué puede importar descubrí esa gran verdad si al final nada, uno no se lleva nada a la otra orilla, nada, puedes creerme... al menos eso lo he visto cuando vi a mis tíos muertos en su caja de madera, pude verles el rostro y parecían ser un pedazo mas de la caja de madera, eso era lo que parecía, cáscara de lo que fue un hermoso árbol, un bello ser humano, con sus cosas buenas y malas, pero con ese brillo, esa animosidad al verles, recordarles mientras el aliento de vida circulaba por cada uno de sus células, sí, eso era lo que pensaba cuando veía sus cuerpos sin vida, es decir, muertos, muertos como los trozo de madera que los cubrían… Es mejor dejar de escribir cosas sin sentido, pero, pensando un poco, qué tiene sentido en la vida si todos, cada uno de nosotros va a perder la guerra contra la eternidad, no seremos testigos mas que de nuestros recuerdos y sueños y anhelos, nada mas… Es una batalla sin sentido, quizá por ello es que recuerdo a los suicidas en este instante, quizá estén mas cuerdos que uno, o quién sabe, mas curiosos que millones de personas, quizá sean los Colones de nuevas tierras… nada mas.

San isidro, mayo del 2006

Thursday, May 04, 2006

Moscas

Sentando en la mesa, pensaba en la mosca que pasaba por mi plato de sopa. Cogí un matamoscas y la maté. Levanté el arma asesina y lo dejé sobre un lado de la silla. Volví a mirar mi plato de sopa y empecé a cenar. No bien estaba por la octava cucharada cuando mis ojos se volvieron hacia un lado de la mesa. Y allí, sobre el mantel había un trozo del cuerpo de una mosca. Me dio asco y dejé de tomar mi sopa. Cogí un secador de platos y empecé a limpiar el mantel, pero, la mancha, no se deshacía, mas bien crecía hasta tomar la forma de una manito. La miré mejor y, efectivamente, era una especie de estrella, rojinegra. Me dio más asco y saqué el mantel y lo eché a la bolsa de la ropa sucia. Luego, prendí la radio y me puse a escuchar un poco de música... y no sé cómo es que me quedé dormido, y soñé, y fue un sueño terrible, claro, era un sueño de moscas, miles de moscas nadando sobre un mar del color de mi plato de sopa, y todas ellas tenían la cara de demonios, de seres extraños, pero, sin embargo, no me decían nada... ellos seguían jugando en aquel mar del color de mi sopa. De pronto, vi que una de ellas salía del mar y con una toalla del color del mantel de mi mesa, empezó a secarse la cara, y era una cara horripilante, parecía una máscara... y en verdad era eso, una máscara, pues, al tiempo de secarse, se arranchaba su faz y quedaba el rostro de una mujer, luego, se arrancó todo el cuerpo, quedando una mujer desnuda... No lo podía creer, y, como estaba en estos tiempos sin novia, me le acerqué para jugar con ella, y cuando la estaba besando, desperté, y desperté con una mosca en mi boca... La escupí y fui hacia el baño a lavarme los dientes y la boca. Hasta vomité mientras recordaba el sabor de la lengua de la mosca de mi sueño. Casi enloquezco sino fuera porque tenía que irme a trabajar. Me bañé y salí a la calle hacia mi trabajo. Subí al bus y en una ventana vi otra mosca, parecía ser mas grande que la que matara la noche pasada, pero esta vez tan solo la miré tranquilo, sin desearle nada, y observé que trataba de cruzar la ventana del bus, impotente e ignorante de su falta de visión. Sonreí y me le acerqué y le abrí la ventana... La vi salir hacia la calle sin agradecerme siquiera, eso es lo que estuve pensando hasta que vi a una linda chica, mirándome a los ojos como si tuviera una mosca en la pupila de los ojos... Los cerré, y no los abrí hasta llegar a la bajada que me llevara a mi trabajo. Bajé del bus y noté que la chica bajó tras de mí. Apuré mis pasos y ella hizo lo mismo. Corrí y ella también. Me detuve y ella se detuvo. ¿Qué quieres?, pregunté. Sonrió y le miré a los ojos, y vi que en sus mismas pupilas parecían tener dos moscas tratando de escapar de aquel cristal... Me le acerqué con una sonrisa y con una destreza desconocida por mí, le arranqué los ojos... Pero, para mi extrañeza, no salió una sola mosca, tan solo escuché los gritos de la bella muchacha que lloraba gotas de sangre a través de las ventanas vacías de sus ojos...



San isidro, mayo de 2006

Monday, May 01, 2006

Mirón

Lo vi entrando en la casa de al costado. Era un conocido que no es lo mismo que un amigo, esas son palabras mayores, de esas que salen en los catecismos morales de una ciudad tercer mundista. Mis amigos pensaban que era gay, pero yo, una noche, mientras miraba televisión hasta pasadas la media noche le vi calato, con una cámara en la mano, en su cuarto lleno de luz y con las cortinas abiertas de par a par con una hermosa chica de cabellos dorados y un cuerpo bronceado y unos senos que parecían dos peritas en dulce color carne... y una piernas largas como sus cabellos pero tan entornadas y armoniosas como la guitarra de un criollo. Vi su vello que los volvía hacia mí, al menos eso me pareció, pues puso su vagina pegada a la ventana, abriendo sus piernas y mostrando algo tan bello como los labios de un ser del infierno y del cielo al mismo tiempo, luego, vi a mi vecino hacerla bailar como si fuera esas culebras de la india, aunque no tenía flauta, pero sí un equipo de música que sonaba suave pero dulce e intenso... Van a follar, pensé. Apagué las luces de mi cuarto, cerré las cortinas y me eché en mi cama con el pene más erecto que el Gibraltar, ya me iba a jalar la tripa cuando decidí irme a dar una baño de agua fría. Eso me aquietó, pero luego que me puse en la cama no dejé de soñar con culebras con la cara de mujer, luego soñé con mi vecino que como un perro se orinaba en cada esquina de su casa y luego se hacía la caca en su cama... era algo muy sucio, pero dicen que cuando uno sueña con caca, el dinero le está esperando. Desperté muy temprano y lo primero que hice fue ir a ver por la ventana, pero nada. Todo estaba tranquilo y cerrado. Salí de mi casa y cuando estaba por subir al autobús me encontré cara a cara con mi vecino. Qué buena te la echaste ayer, le dije. Pero este me miró y, sin decirme nada, se bajó del bus. Pensé que era más raro que yo, por lo que fui a la universidad y les conté a mis amigos todo cuanto había visto durante la noche... Para qué lo conté, pues por la noche ya tenía a media docena de amigos en mi cuarto, esperando la función. No hubo nada, mas bien vimos a uno que otro gato, pero a mi vecino no, ni su sombra. Mis amigos me llamaron mentiroso. Los eché de la casa. Luego, me eché en la cama y me dormí, soñando, sí, soñando nuevamente con la chica de la noche, pero esta vez, ella era una diosa llena de joyas en su cuello, piernas y brazos, pero totalmente desnuda, no sé por qué me dieron ganas de tocarla, y cuando lo hice, la chica se transformó en caca, un trozazo de caca... Desperté. Y con esos trastornos salí a pasear por el resto de la noche. De pronto, vi a mi vecino paseándose al igual que yo. Hola, le dije. Alzó la mano y vi que tras de él estaba la misma chica que viera en aquella mágica y sensual noche. Ya estaba por irme cuando mi vecino me llamó. Me le acerqué y él me preguntó si deseaba hacer una filmación con su amiga. ¿De qué tipo? Le pregunté. Se rieron, y luego, se pararon y me dijeron que yo, ya lo imaginaba. Les seguí y entramos a su casa. De pronto, escuché la misma música, y ella empezó a bailar mientras se desnudaba, mi vecino también. No supe qué hacer cuando ella se acercó, arrancándome con sus dientes toda mi ropa... Bueno, fue el cielo, infierno, no lo recuerdo, pero cuando desperté, estaba echado en la puerta de casa de mi vecino. Me han drogado estos malditos, pensé. Me levanté y fui hacia mi casa, aún estaba oscuro... Entré y fui directo a dormir, estaba agotado, pensando en el sueño que tendría, pero, esta vez, extrañamente no soñé nada, nada de nada...

San isidro, mayo del 2006

Saturday, April 29, 2006

Estela, estela, estela...

Amigo, viejo compañero, blanco amigo, sábana de magia, sabes que me he enamorado de una chica joven y preciosa. Hace una semana la conocí por la noche, su nombre es Estela. Tiene un cuerpo de negra, es pequeñita, qué importa... Yo también soy enano. Sabes viejo amigo, espero que ella responda mis llamadas que hago cada cinco minutos, pero siempre que la llamo para ocupado, quizá me haya dado un teléfono errado, o quizá lo haya apuntado mal, no lo sé con exactitud. Por eso es que desde aquel día, o sea desde hace una semana, paro en la misma esquina en donde la vi por la primera vez, justo cuando se le cayó el teléfono y yo se lo recogí, rogándole acompañarla un momento hasta que subiera a su bus. Y fue allí en que mientras nos despedíamos le dije que la amaba, que era la chica mas hermosa que había visto jamás, que la deseaba en mi cama toda la vida, eso le dije, te lo juro, pero ella me miró con los ojos mas sorprendidos que jamás he visto y me cogió de los hombros y me besó en los labios. No sé cuánto duró ese instante, creo que fue una eternidad, pues cada vez que toco mis labios, la siento aún caliente, y con el mismo sabor de su boca. Estoy loco por ella, amigo, pero no contesta mis llamadas… y, aún no la he vuelto a ver en la esquina en que paro. Hay veces en que sentado en la esquina, al borde de la vereda me pongo a pensar sin todo no fue mas que un sueño, un regalo de los dioses debido a mi soledad, debido a todas las tristezas que he vivido, no lo sé… pero, cuando ello ocurre, me sacudo de todos aquellos pensamientos y me toco mis labios, saco el papel que ella me escribió con su mano y leo una y otra vez su número de teléfono, y eso, te le juro amigo, me hace tener esperanza de que algún día la vuelva a encontrar… Te cuento que ya he decidido que vamos a casarnos, eso se lo diré cuando ella se me aparezca. No sé cómo lo tomará, espero que bien… hay veces en que imagino, o alucino que está caminando a mi espalda, me toca el hombro, luego, con sus delicadas manos me tapa los ojos y me dice en mi oído: ¿sabes quién soy? Y yo me volteo y la abrazo y me pongo a llorar, le beso las manos, los pies, toda ella la beso para que no vuelva a desaparecer nunca mas, sí eso haría, pero, aún no se me aparece, tan solo en mi fecunda imaginación y en esta hoja que escribo para ti que eres mi único compañero, mi amigo del alma, si pluma de magia… Ya sé que no te gusta que te alabe, ya lo sé, no te preocupes… Mejor la sigo esperando y apenas la vea te vuelvo a escribir, sí, eso haré… Sabes lo que me pasó la otra noche en que dormía en una bolsa de dormir aquí, en esta esquina, soñé con ella. ¡Te lo juro! Ella estaba caminando sin zapatos por un parque lleno de plantas de color naranja, y de todas partes se escuchaban voces, y eran unas voces conocidas, y todas repetían su nombre… Estela, Estela, Estela… una y otra vez, pero, era tan dulce escuchar esa voz, pues, era su propia voz, la misma que escuché mientras ella se despedía de mí subiendo al bus, para luego desparecer por la vieja pista llena de autos apurados… malditos autos, por culpa de ellos es que no pude verla mas rato, tan solo un momento mas pude observarla, verla cómo me miraba a través de la ventana de atrás del bus, alzando su mano en señal de un adiós, o un hasta pronto… ¿Qué por qué no subí al mismo bus que ella? ¡No lo sé! Miles de veces me pregunto el por qué no lo hice. Me arrepiento de haberle hecho caso, pues si no lo hacía, hubiese conocido su casa y en estos momentos hubiese estado en la puerta de su casa y no aquí, echado en la vereda, en la misma esquina en donde la vi por última vez, y, aunque tan solo han pasado una semana me parece como si hubiese pasado toda una vida, pues siento que envejezco, que la vida me está chupando mis sentimientos, me siento como abandonado, perdido en un mundo lleno de gente que no sabe lo importante que es amar, eso es lo que me pasa pero a quién le importa un comino lo que siento, sólo a ella, eso espero, en verdad eso espero mientras espero en esta bendita esquina, cubierto por una bolsa de dormir, y, escribiéndote un poco mas. Sí, aún no aparece, pero siento que se aparecerá, lo siento así como si sintiera su respiración, su aliento dentro de mi boca, el calor de sus labios pegados a los míos, sí, eso es lo que siento, siento que estoy totalmente embrujado, como un loco, pero un loco enamorado, pues ya nada de este mundo loco me importa, y aunque todos los que me ven me llaman loco, no me importa, prefiero estar así que vivir como antes de amarla, es decir, caminar como la hormigas, de mi casa al trabajo, del baño a mi cuarto, es decir, ver como nada ocurre, nada, todo es lo mismo, una muerte encima de otra muerte, y no es como ahora, que aunque no la tengo en mis brazos, la sigo amando como hace una semana, o como desde toda la vida, pues siento que la conozco de toda la vida, eso es lo que dicen cuando es un amor a primera vista, y yo les creo, es más, lo siento en cada respiración que doy mientras la recuerdo y sueño con ella, con ese sueño que se repite en un parque de color naranja y con todas esas voces que repiten una y otra vez su nombre: Estela, Estela…

San isidro, abril del 2006

Friday, April 28, 2006

En el camino

He escuchado tantas voces y todas repiten lo mismo: mi nombre, una y otra ves, y lo repiten cada vez que me ven pasar por sus pueblos. Por ello tuve que alejarme en busca de un lugar en donde nadie me conociera, pero veo que es en vano. Tengo más de cien años, quizá muchos más, la verdad es que no recuerdo ni me importa recordarlo. Vagaba por el mundo de pueblo en pueblo y, como les cuento, todos me reconocen, y eso, con el tiempo, es inaguantable...

En mi camino tuve que buscar los mares, desiertos, bosques, y siempre buscando lo mismo, un poco de paz, reposo... pero siempre uno es preso de sí mismo, sobre todo cuando miras al cielo y te encuentras con lo mismo que llevas dentro, es decir, una negra pizarra sin marco, adornada muy de cuando en vez con estrellas, con una luna, que, al igual a uno no saben su edad ni les importa un comino... tan solo buscan su destino, el brillar y brillar hasta que su mecha se apague. ¿Será aquel el mensaje de toda criatura? ¿Será el sentido de todo un espacio de luz sobre esta negra pizarra sin marco? Puede que así sea. En mi caso, me siento hermanado cuando, sentado sobre una roca, las contemplo, sintiendo que soy una estrella, y una de las viejas, que va y va, de un lado hacia otro, hasta apagarse, y ser una mancha mas sobre la negra pizarra sin marco...

Una noche en que miraba una estrella me dije si todo podría cambiar, si las estrellas podrían romper su silencio y ponerse a conversar conmigo un instante... En eso meditaba, cuando escuché mi nombre pronunciándose en todo el espacio, y pude entender que éllas, también me conocían. Me paré y me propuse caminar sin parar hasta quedar enterrado sobre toda esta tierra, y así lo hice, y así lo estaba haciendo, sino fuera porque me encontré, en una zona llena de árboles y plantas, con miles de aves que se cercaban como si yo fuera el patriarca de la vida... Me les acerqué, pero todos ellos retrocedieron como registrando su distancia. Luego, ante mi asombro, todas juntas pronunciaron mi nombre. Aquello fue demasiado. Cogí muchas piedras, y se las tiré con toda mi rabia una y otra vez hasta presenciar que todas desaparecieron como el polvo en un tornado. Ante esto, estuve a punto de quebrarme y llorar cuando sentí que la piedra que tenía en la mano palpitaba. La miré y ella tenía cientos de ojos, y cada uno de ellos cerrados, pero palpitaba como mi corazón, y luego, pude escuchar un susurro, un suspiro, era mi nombre repitiéndose como un mantra, una y otra vez… Solté la piedra y entendí que debía alejarme lo más rápido posible de todo… y de todos…

En mi larga carrera escuché al viento, al mar, a la ovación de las hojas de cada árbol pronunciando mi nombre, y fue allí en que decidí arrancarme los oídos, pero fue tonto e inútil, pues dentro de mí escuché el mismo pálpito, el mismo susurro, el mismo nombre… Estaba condenado. Mutilado en vida cuando vi a lo lejos mí destino... Era una cueva. Era mi cueva. Negra como una embreada noche. Fría como el sueño de un muerto. Iba a entrar corriendo cuando sentí que mis fuerzas se apagaban como las llamas de una vela ante el soplo del viento. Caí al suelo, pero me arrastré como un gusano y, con gran suerte, pude llegar a ella... Que hermoso fue llegar, era como si todas las fuerzas me abrazaran, alzaran… Me volvió el oído, mis piernas, todo retorno a mí. Me paré y a medida que penetraba en la cueva, todo empezaba a clarificarse como si dentro estuviera el centro de la vida... No me detuve y continué mi camino, y en este caminar escuché un coro de ángeles, y todos pronunciando mi nombre, de una manera tan bella y armoniosa que sentí mi corazón palpitar al mismo ritmo... Y cuando estuve frente a frente al centro de ellos... vi una sombra que se acercaba más y más hacia mí, volviéndose en una especie de ser dorado. Luego, no pude creer lo que veía. Allí, frente a mis ojos, estaba yo... yo, yo, yo, yo... Sí, era yo, pero no con las mismas carnes, era otro, como un hombre sin nombre, sin dualidad ni sexo... Fue entonces en que me eché a sus pies a llorar sin parar, y luego, pude encontrar el reposo, el descanso que tanto rogaba a la vida y a la muerte...



San isidro, abril del 2006

Tuesday, April 25, 2006

La casa del perdedor

Fui a dar mi examen, me jalaron... No es tan malo ser un perdedor, tiene sus regalías, por ejemplo ya tienes una fuerte motivación por mandar todo al infierno y hacer lo que te da la gana, sin pensar en consecuencias. Además uno llega a sentirse como la mayoría se siente, pero, los disfruta, como si se hubiese escapado de la cárcel por delito de cadena perpetua. Así me sentí luego de mi examen... Cogí el celular y llamé a mi chica, le dije la verdad y ella trató de consolarme. Qué estúpida, pensé. Le tiré le teléfono y llamé a mi hermano, también le dije lo del examen, me regañó diciéndome que no había hecho el esfuerzo necesario, también le colgué. Cogí mi celular y lo tiré al centro de la pista, lo mismo hice con mi reloj, y con todos mis libros de preparación del examen. Me sentí mejor y fui a caminar por la ciudad. En una esquina, parado como una estatua vi a un anciano, estaba vestido todo de negro, usaba lentes negros... su piel era negra... Lo sentí patético, pero sentí el impulso por hablarle. Me senté a su lado y le pregunté su nombre, pareció que no me escuchaba. Insistí sin darme cuenta que el negro era ciego, sordo y mudo. Lo supe cuando llegó una mujer diciéndome lo que era el negro ese. Vi como se lo llevaba de las manos hasta hacerlo subir a un auto que también era de color negro. Debe de ser rico el tipo ese, pensé. El auto arrancó y lo vi desaparecer por las pista de la ciudad... Miré el lugar en que estaba sentado y observé que en la parte superior de la banca había un inmenso árbol, cubierto de hojas verdes, y cientos de aves que parecían haber estado observándome... Me paré y con una piedra las espanté de las ramas del árbol. Era bello verlas salir disparadas como si fuera una erupción volcánica. Extrañamente, ellas, las aves, volvieron al mismo árbol, y, como antes, volvieron a mirarme, no todas, pero si la mayoría... Iba a tirarle otra piedra pero me contuve al ver a un guardián que parecía no gustarle mi actitud. Me alejé del lugar y no me detuve hasta que llegué a una casa inmensa, cubierta por unas enormes barras de color negro. La casa era una mansión de color gris. Vi por lo menos como una veintena de autos, todos negros, y cuando estaba por irme vi al mismo negro que estuvo sentado en la misma banca que yo, caminar como si no fuera ni ciego, sordo, ni mucho menos mudo. Me sentí burlado por aquel excéntrico personaje. Ya estaba por irme cuando escuché que uno de los guardianes de la mansión gris, me llamó. Me dijo que su patrón deseaba conversar conmigo un instante. Le dije que no había problema y entramos, y caminamos bastante hasta llegar al umbral de la entrada de aquella mansión... Iba a decirle gracias al guardián cuando el negro volvió a estar a mi lado. Esta vez me miraba directo, y luego me habló. ¿Te gustaría tener lo que tengo?, preguntó. Le dije que sí... De pronto, el caballero negro empezó a reírse como a nadie había escuchado... Ten, me dijo, estas son las llaves, puedes quedarte con todo. Y como un autómata, le recibí las llaves... Gracias, le dije. Y luego, le vi coger unos harapos y salir por la entrada de la mansión con el rostro mas alegre que jamás hubiera visto en mi vida. Recordé mi mala suerte en mi examen, la voz de mi novia, las quejas de mi hermano, y luego, empecé a reírme como un loco.... No se imaginan lo que había dentro de la casa. Exactamente, todo. Todo de todo, excepto, personas... Subí y bajé por todos lados pero a nadie encontré. Recordé al guardián, que era al mismo tiempo el chofer que vi guiar al negro. Salí de la casa y fui corriendo hasta encontrar al guardián. Le pedí que me explicara toda esta locura, pero solo atinó a esbozar una extraña sonrisa. ¿Puedo salir?, pregunté. Me dijo que solo podía salir con él y en auto. Ok, le dije. Pero antes, por favor, mi señor, debiera usted mudarse de ropas. Le acompañé por la casa hasta llegar a una de las piezas en donde había todo tipo de trajes y zapatos. Cogí cualquiera, y le dije al guardián que ya estaba listo para salir de paseo. El guardián me ofreció unos lentes oscuros, para sol, y salimos alegremente por las calles... Era extraño, muy extraño, pues, apenas salí de la casa pareció que no saliera a ningún lado, y pasease por un páramo, como si todo hubiese desparecido... ¿Oiga, dónde está la ciudad?, pensé. El guardián se volvió ante mí, como si hubiera adivinado mis pensamientos, y me dijo que nunca había existido ciudad alguna por el entorno. Me asusté y cuando bajé del auto, todo me pareció arderme. Mis ojos, mis sentidos, todo. Traté de hablarle pero de mi boca salió un escuálido gemido, como una rata infectada... Me volví en el auto hacia la casa y supe que estaba atrapado. Estaba en una hermosa casa, pero solo, solo, tan solo como un dios aburrido en la tierra... Recordé al negro y supe que mis días serían más negros que su piel... Me senté en el borde de la casa y me puse a esperar, a esperar que llegara otro feliz perdedor, otro ser sin esperanza ni destino... que no supiera valorar su presente…



San isidro, abril del 2006

Saturday, April 22, 2006

El escobero

Es difícil ser humilde. Uno puede entregarse a la voluntad de alguien que ama pero eso no significa mas que vanidad, tal como declamaba el Rey Salomón. Uno puede escribir la obra de su vida, entregar todos sus bienes, pero eso no es nada, no lo hace nada especial, mas bien, es el resultado de muchas lecturas de los libros sagrados, o el ensimismamiento de una visión de total desprendimiento. Eso es lo que pensaba cuando vino un señor al medio día a mi centro laboral a ofrecerme, como todos los sábados a la misma hora y durante mas de veinte años, una escoba, un recogedor y artículos para la limpieza. Nunca le había comprado, pero esta vez le hice pasar, estaba con ganas de hacer algo fuera de lo cotidiano, así que lo llamé y le hice algunas preguntas acerca del tiempo en que trabajaba, el motivo por el cual lo hacía, etc. Extrañamente no respondió una sola de mis preguntas, mas bien me preguntó si iba a comprarle una escoba. Le dije que sí. Me dio su escoba, le pagué, y luego, salió por la puerta de mi local vociferando su rutinario canto de cada fin de semana, a la misma hora. Y allí estaba la escoba que durante mas de veinte años estuvo esperándome. Le miré: sus hebras eran negras, su bastión era de madera blanca, y estaba pintada o recubierta con pintura amarilla. La volví a mirar y me sentí con ganas de barrer todo mi local. Y así la pasé durante el resto de la tarde. Luego, cerré mi local y no sé por qué, me llevé la escoba en la mano, rumbo hacia mi casita. Apenas entré, vi que toda mi casa estaba sucia. Me puse a barrerla durante toda la noche hasta que quedó limpia. Extrañamente no tenía sueño, así que, salí a la calle y me puse a barre la vereda de la entrada de mi casa, y luego, sentí ganas de barrer el resto de las veredas de todas las casas vecinas... Todos los vecinos me miraban, preguntándose qué era lo que me ocurría. Dentro de mi, mientras barría, me reía de ellos. Lo hacía porque lo hacía. No había razón. Y así la pasé, barriendo casi todo el barrio de mi casa, luego, vi que las demás calles estaban mas sucias que las mías. Y decidí barrerlas. Han pasado los meses, luego los años, los días, las escobas, y yo, aún continuo barriendo las calles... Nunca he retornado a mi casa, mas bien, me he alejado de mi ciudad, pues mientras barro, recibo como propina unas monedas que me sirven para alimentarme. Duermo en un auspicio de indigentes, y no paso grande problemas... Me he alejado tanto de mi ciudad que no sé en dónde estoy, y eso me alegra, pues me he olvidado de mi nombre, de quien era, de todo... Tan solo barro las calles por un poco de comida y un lugar para dormir. Puede que esté loco, pero puede que al fin halla entendido que no hay un sentido en la vida mas que el que sientes que es el tuyo, en mi caso, la escoba y la suciedad de todo este planeta...


San isidro, abril del 2006

El pasajero

Junto a la puerta de aquella casa, se puso a pensar en si debería o no debería tocar la puerta. Retrocedió unos pasos y sintió ganas de volver al inicio de esta historia…

Fue en el trayecto hacia su oficina cuando, sentado en la misma banca del bus con una joven madre, ella se puso a conversarle acerca del precio de la vida, de lo difícil que era educar a su hijo cuando se es divorciada y joven, de las miradas que tiene que soportar cuando entra a la guardería y deja a su hijo, de los ojos de los compañeros de trabajo cuando llega y cuando sale, como si ser divorciada y joven fuera sinónimo de mujerzuela. Todas estas cosas y más en el transcurso del viaje que le llevaba a su trabajo. Y cuando faltaba poco para bajar del bus, la joven mujer tuvo un pequeño desvarío. Luego, la mujer se desmayó en los brazos del joven. Los ojos de todos los que estaban sentados y parados en el bus le miraron como si él hubiera sido el causante de aquel accidente. ¡Llévela a la ambulancia!, ¡Chofer, deténgase que hay una mujer desmayada!, se escuchó en todo el bus. Y el no podía creer lo que sucedía, peor aún, pues tuvo que coger al bebé y tomarlo en sus brazos, al mismo tiempo que cogía a la joven madre. El bus se detuvo y, casi a la fuerza, todos los viajantes lo hicieron bajar. Ya en la vereda, con la mujer sentada en una banca y el bebé en sus brazos, pidió ayuda a una señora para que llamara a una ambulancia. Tuvo suerte, pero, aún tenía al niño. Cuando llegó la ambulancia les explicó que él no era nada de la señora ni del bebé. Así que por favor háganse cargo de la mujer y del bebé, dijo. Lo siento señor, pero, esta señora está en coma, y quizá pueda morir, tiene que acompañarnos, es imprescindible que usted, como testigo del accidente, esté un momento con nosotros, y peor aún hoy día en que hay huelga de todos los doctores de la ciudad… El hombre se resignó y acompañó a la mujer y al niño dentro de la ambulancia. Cuando llegaron tuvo que llenar un informe en donde él explicaba con detalle y puntos, todo lo que le había ocurrido. Ya estaba por irse cuando le explicaron que la mujer había fallecido, y el bebé estaba con una fiebre altísima, y quizá, le sigua los pasos a su madre. Pero, dijo el hombre, ¿no tiene algún documento, un dato para llamar a sus familiares? Si, hemos encontrado unos documentos, pero, no tenemos más que una dirección, ni siquiera sabemos el nombre de la señora ni el bebé. El hombre miró su reloj, y pensó en que ya era demasiado tarde para ir, así que, pensó que, como había conocido al menos unos minutos a esta mujer, debería ayudarla en encontrar a sus familiares. Está bien, les dijo a los enfermeros, iré a buscar a sus familiares en aquella dirección. Los tres chicos sonrieron, y, casi como un mago, uno de ellos le entregó una carta en donde estaba escrito un nombre de un tal J. X. Borja y familia, nada más. Abrió la carta y leyó su contenido, era ella, la muerta parecía haber escrito a esta persona que se iba a matar, se iba a envenenar ella y su bebé. El hombre pudo entender mejor. Puso la carta en su bolsillo y fue rumbo hacia aquella dirección que no estaba tan lejos como imaginaba… Salió de la posta médica y tomó un bus que lo llevaría a la dirección que decía la carta. Mientras viajaba se puso a pensar en las locuras que ocurren en la vida de las personas, lo frágiles que somos como para no ver más allá de nuestros problemas. La muerta era joven y bella, y no se lo explicaba, pero, una mujer es así de sorprendente. Recordó una novela de Joseph Roth, titulado: “El triunfo de la belleza”, y pudo entender mas ese fenómeno que es una mujer. Miraba a todas las mujeres que estaban en el bus y tuvo miedo. No vaya a suceder otra cosa por el estilo, pensó. Ante este pensamiento se puso lo más lejos de todas las mujeres que a esa hora del día salían a llenar sus canastos con la comida del día. Miró su reloj y vio que aún no pasaba del medio día. Vio la zona que tenía la carta y bajó del bus. Es mejor caminar un poco, eso le hace bien a mi salud, ya que, todo el santo día la pasó sentado en la oficina esperando a que entren los estudiantes y pidan uno de los libros que administro… Nuestro hombre era el bibliotecario de la ciudad, en un puesto humilde y sencillo, pues era ayudante del bibliotecario general, además, era un puesto de tres meses, pues el verdadero, el ayudante principal, había caído enfermo y tenía permiso por tres meses. Así fue como cayó nuestro hombre en este puesto de trabajo temporal. Mientras caminaba vio una banca en el centro de un parque. El medio día estaba dorado. Las aves revoloteaban por los árboles. Una brisa cálida le abofeteó el rostro de nuestro hombre, como diciéndole que se tomara un descanso, que se relajase, y que disfrutara de lo que la naturaleza obsequiaba a quien pudiera parar, detener este tren sin descanso que todos los hombre atados a una fuerza invisible pero eficaz llamado moral. Se detuvo y fue caminando hacia la banca. Se sentó. Se quitó el saco y con los ojos cerrados se puso a mirar el Sol. Era toda una tarde hermosa. Cerró los ojos y sin saben como, se quedó dormido por horas… Cuando despertó, todo estaba oscuro. Era de noche. Los árboles parecían ser sombras de gigantes, las aves habían enmudecido y se sentía sus miradas inquisidora por nuestro hombre. Se paró y recordó la carta, la dirección. Caminó directo y raudo hacia la casa de este señor. En un instante se perdió, pues, los números de la calle no coincidían. Una y otra vez retrocedió y, efectivamente, era la calle pero no estaba el número. Lo habré soñado, pensó. Vio que un hombre sacaba la basura a la calle y se le acercó con cautela para preguntar por el nombre que estaba escrito en la carta. Le preguntó y el tipo le dijo que esa casa estaba en la otra cara de la ciudad, que existía la calle, que tenía el mismo nombre, pero esta calle estaba en otra zona. Apuntó la zona y tuvo que tomar otro bus que lo llevara. En el bus, nuevamente vio a mujeres, con sus esposos e hijos, y, no sabía por qué sentía sus miradas acusadoras… Cerró los ojos y, nuevamente, se quedó dormido. Cuando los abrió, ya se había pasado de la zona. Tuvo que bajar, pero esta vez se puso a caminar por las calles pues no estaba tan lejos. Y mientras se acercaba vio a un grupo de enanitos que parecían haber salido de un circo. Se le acercaron y le preguntaron por su nombre. Como no quiso darles su nombre, escogió el nombre del hombre de la carta. De pronto, todos los enanos callaron, y se dieron media vuelta. Quizá le conocen y es un hombre muy malo, pensó. Continuó caminando hasta llegar a la calle que estaba escrito en la carta. Vio luces encendidas y encontró la casa. Se acercó y tocó la puerta. Salió un anciano junto a una anciana. Nuestro hombre preguntó por el nombre de la carta. Es mi hijo, dijo el anciano. Y, disculpe, dijo nuestro buen hombre, ¿puedo verle, es muy importante? Bueno, eso parece difícil puesto que hace un mes que ha fallecido… Pero, si tiene algo que decirle puede decírnoslo a nosotros que somos sus padres, ¿no le parece? Nuestro hombre le contó todo, y luego de terminar, se hizo un silencio, como si hicieran homenaje de un minuto de silencio por todos los caídos. Bueno, dijo el anciano, ¿por qué, mejor no nos deja la carta a nosotros? Iba a hacerlo, pero este hombre recordó el rostro de la mujer y del niño, y dijo que no la había traído, y que mañana la traería, sin falta. Y con esto se despidió de la casa de los dos ancianos. Ya estaba por volver cuando la luz del nuevo día le llegó, volvió a escuchar el canto de la avecillas como si fuera un grito de alegría universal, vio los árboles balanceándose como gigantes sin piernas, sintió el brillo del Sol que se asomaba y bañaba su rostro de alegría y tuvo ganas de llorar, y no por él, sino por esta locura llamaba vida, algo tan extraño como esta historia…

Así que regresó sobre sus pasos y allí estaba, en la puerta de estos ancianos, con la carta en sus manos, cuando sintió no entregar la carta a nadie, guardársela, leerla mil veces como si fuera tan solo para él, como si fuera el amor que tanto estaba esperando… Retrocedió y regresó hacia su hogar. Y mientras viajaba en el bus vio a mujeres y hombres, y sintió que todos ellos asentían su decisión… Sonrió como un niño y volvió a cerrar los ojos en el asiento del bus, hasta quedar dormido con una carta en la mano…

San isidro, abril del 2006

Thursday, April 20, 2006

ángeles

Estaba con ganas de comprarme un libro, aunque presentía que algo malo me iba a ocurrir. Llegué donde el librero y le compré un libro de cuentos. No me apasionaba en demasía, pero, por comprar algo, le compré este libro de cuentos llamado: "ángeles". Estaba firmado por el autor, eso lo hacía especial. Lo abrí y vi que tenía bellas imágenes a todo color, es decir, era una edición muy especial, y el precio era cómodo. Volví a abrirlo y, después de despedirme de mi amigo el librero, me fui hacia mi auto. Era un bello libro, no había vuelta que darle, y aunque los textos no eran muy interesantes, me gustó, y pensé que había hecho una buena adquisición. A uno, cuando le sale el día todo fantástico siente que todo en la vida es maravilloso, y que todo no podría irle mejor; así que mientras leía un poco las portadas exteriores del libro llegué hacia donde había dejado mi auto, pero, no lo encontré. Se lo habían robado. No sé cómo me sentí, era extraño aquel sentimiento de fría sorpresa. Me di media vuelta, hasta volver a ver a mi amigo el librero para saber si no estaba soñando, pero cuando llegué, allí estaba el viejo, preguntándome si no deseaba comprarle otro libro. Le dije que no, que todo estaba bien, que todo esto era un extraño sueño, así que, ante la desconcertada mirada del librero, salí a la calle pero aún no aparecía mi auto. Me lo han robado de verdad, y esto no es un sueño, pensé. Iba a gritar, coger al primer tipo que se cruzaba en mi camino, pero no, no lo hice, así que, como para darle la contra a la realidad, decidí tomar un taxi e irme hacia mi casa, y mientras viajaba le contaba al chofer si él estaba soñando ahora, o todo esto que nos rodeaba era real. El tipo me miró, así como el viejo librero, y empezó a torcer la jeta, a gruñir como si fuera una bestia del zoológico. No le dije nada mas... más bien vi en una de las calles de la ciudad, no lejos de donde vivía, un grupo de negros con pinta de ladrones. Alto, me quedo aquí, le dije al chofer. Le pagué y bajé del taxi. Caminé hacia los negros y les pregunté si ellos se habían robado mi auto. Me miraron, y luego, empezaron a burlarse de mí. Está loco, murmuraban entre ellos, pero todos continuaron riendo. Les miré nuevamente y no me moví. No me muevo hasta que me digan si estoy soñando que me han robado mi auto, o estoy despierto y nunca he tenido auto. Todos callaron, pero uno de ellos, el más feo y más grande de todos, se acercó hasta mí, y me tiró un empujón, diciéndome: estás en el cielo y nosotros somos tus ángeles... Luego, no recuerdo mas... tan solo que me llovían patadas, puñetes, escupitajos, las uñas amarillas y gruesas como leones, de esos negros, arrancándome todo el dinero que me quedaba... Perdí la conciencia ante aquella tempestad, producto de esta pesadilla, hasta quedar tirado, casi muerto, en aquel callejón. Cuando desperté, estaba con la cara que me dolía, era como si tuviera muelas picadas en cada parte del cerebro. Traté de levantarme y con la justa pude moverme. Mi libro, pensé, y, allí estaba, a mi lado: “los ángeles”, leí. Lo abrí, así tirado en la vereda y, a la luz de la luna, y luego, empecé a leerlo. Trataba de ángeles y demonios, de reyes, de magos, de seres extraños, me gustó. Estoy leyendo, me dije, y estoy bien, aunque el cuerpo lo tengo más tieso y ensangrentado que buey de camal... Continué leyendo el libro hasta quedarme nuevamente dormido. La luz del día me arrancó de aquella pesadilla, y, con el dolor en cada partecita del cuerpo, me levanté, era como si tuviera un remolcador automático en el alma. Caminé despacio, cargando todo el dolor en mi alma. Alcé la mano apenas vi un auto y cogí otro taxi. Llegué a mi casa e inexplicablemente, mi auto, aquel, aquel que yo pensaba que me lo había robado, estaba en la puerta de mi casa... Ha sido un sueño, un extraño sueño, pero sueño al fin, pensé. Aliviado, como quien la vida le sonríe, abrí la puerta de la casa, y, para mi gran asombro, vi echados por todo el interior de mi casa a puros ángeles de piel negra... Retrocedí y, sin despertarlos, escapé de aquella casa. Miré el auto y me hice la idea de que nunca había sido mío. Esto es el cielo, y no lo siento merecer, pensé... Miré mi libro por última vez. Volví a leer el título: “ángeles”. Luego, lo dejé bajo la puerta de la casa y me fui de puntillas, para siempre, aunque, en verdad, no sabía hacia adónde ir, pero, pensé que si despertaba de este sueño, podría volver a mi aburrida realidad…


San isidro, abril del 2006