es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Sunday, August 06, 2006
Mi lado oscuro
San isidro, Agosto 2006
La caída
San isidro, agosto 2006
Wednesday, August 02, 2006
Visitas
No tenía nada que contar cuando escuché en el pozo de mi inconciencia el nombre de mi padre, pronunciándose como el eco en un abismo... Cerré los ojos esperando ver su imagen cuando vi sombríos rostros moviendo los labios sin poderse detener y sin dejar escapar un sonido... Traté de entender pero fue imposible, inútil. Abrí los ojos y continué tratando escribir, de contarles algo... De pronto, escuché el ruido de unos pasos acercándose a mi puerta. La tocaron. Me acerqué hasta la puerta y vi a mi padre. La abrí y le recibí, bastante extrañado por cierto. Le dije qué milagro lo ha traído hasta aquí. Sonrió. Le invité a pasar, a tomar asiento, no quiso. Deseaba contarle la visión que tuve, pero él se dio la media vuelta y se alejó de mi presencia sin decirme adiós, nada. Cerré la puerta, me sentí raro. Cogí el teléfono y llamé curiosamente a su casa. Respondió su mujer, diciendo que este se hallaba muy enfermo... Va a morir muy pronto, dijo. Colgué, y salí corriendo tras la imagen de mi padre. Le vi no lejos, estaba caminando en medio del gentío por las viejas calles de la ciudad. Traté de acercármele pero hubo algo más fuerte y grande que yo, impidiéndomelo. Era como si tuviera plomo en el alma, en el cuerpo. Era como si mi padre fuera una montaña moviéndose y yo, aire… Estoy desvariando, pensé. Aún así, le seguí hasta llegar a su casa. Entró, y yo entré tras él. No había nadie en la casa cuando entré. Le vi subir las viejas escaleras hasta llegar a su cuarto de toda la vida. Subí y le vi. Había dos cuerpos de mi padre. Uno estaba echado en la cama, y el otro, nos miraba… Luego, miró al cuerpo echado y le dijo que se levantara. Este se paró y caminó hacia la imagen que fue a buscarme. Se abrazaron, y luego, se hicieron uno solo. Me miraron y sonrieron. Me dijeron que estaban contentos de que haya venido a despedirse. Volvió a sonreír y fue a echarse a su cama. Cerró los ojos y sentí que debía aproximarme. Me acerqué y me quedé sentado a su diestra, en silencio, esperando, esperando simplemente… y mientras veía como respiraba, no me percaté que toda su familia estaba en la puerta del cuarto, mirándonos, como si vieran un milagro. Les miré, sonreí. Ellos sonrieron en silencio. Miré a mi padre y le dije adiós. Respiraba, tenía los ojos cerrados y esbozó una tenue sonrisa. Me levanté, y me fui en silencio. Cuando llegué a mi casa sonó el teléfono, pero no contesté, ya sabía todo… Me acosté. Y apenas cerré los ojos volví a ver los rostros sombríos de mi padre que empezaron a crecer hasta aplastarme como a una cucaracha… ¿Dónde estoy?, me pregunté. No encontré respuesta. Por suerte desperté gracias al sonido del teléfono que no cesaba. Me paré, caminé hasta el teléfono y lo tiré por la ventana… Ya sabía de quien era la llamada…
San isidro, agosto de 2006
Monday, July 31, 2006
Séneca
Salí de mi casa, no tenía muchas ganas de salir, pero, uno tiene que hacer lo que tiene que hacer para vivir con las justas, si es el caso en que uno es un artista y le gusta ser un vago de media suela que va para allá sin pedir permiso a nadie porque le da la gana de ser uno que va a la calle por un trabajo sencillo que le de al menos para pagar la comida, el correo, y esas cosas de la moda actual. Tengo padres que no son como quisiera pero eso es lo malo sobre todo cuando los amas, pues es sabido que el dolor proviene de la gente que uno mas ama. Llegué a mi trabajo y encontré todo de media vuelta, con los chicos que esperaban a que yo abriera el corral. Ya adentro vino uno que estaba muy enfermo, me dijo que su madre estaba en cuarentena y su padre y hermanos no tenían hace mucho qué comer. Cuánto, le dije. Extendió la dos manos y supe que ya el día estaba oscurecido. Le di su billete y este dijo gracias y continuó laborando, pelando pollos para que mostrarlos a la gente del mercado.
Trabajamos en un muertero de gallinazos. Les cortamos le garganta, les casamos su sangrita, los metemos a la olla hervida y los pelamos toditito. Ya enfriao, los colgamos en un gancho, les ponemos un buen precio por el kilo y esperamos con los cuchillos, el mandil, y la sonrisa en la boca, pues eso gusta mucho a la gente que es mendiga de sonrisas y de ojos alegrones y clarones como huevos doraditos. Así pasé la tarde, vendimos algo, no mucho, pero para pagar la renta, comida y algo mas como para comprarme un buen libro, sobre todo los de Séneca que me tiene loco hace más de un año sin poderlo encontrar, respirar. Pero todo viene cuando uno tiene el pensamiento fijo, parado como cuando una hembra está frente a uno con sus nalgas redonditas, y esa pelambrera negra como serpientes negras en canastilla... Eso mismo. Es pasión de lector viejo, eso es lo que tengo, y sólo sirvo para eso, para contar lo que leo a quien tienes orejas y ojos que escucharme la pasión que llevo desde que antes de nacer... Eso contaba mi abuelo que, desde niño, le leía hasta el pensamiento con sus cuecas, sus pecados apolillados y toda esa porquería... Y así, con el sobrante de la venta, fui a la librería y encontré al buen Séneca, pagué lo que pedía y allí mismito me puse a leerlo. No es extraño ni abusivo el buen heleno cuando dice que "el camino más trillado y más conocido es el que más nos engaña... puesto que todos... prefieren creer a juzgar", y "el error [...] de mano en mano [...] lleva al precipicio", o ese de que dice "Si podéis, alabad a los Dioses buenos; si no podéis, al menos pasad de largo. Cuando os enfurecéis contra el cielo no os digo que cometéis sacrilegio, sino que perdéis el tiempo"... Es sabio el dialoguero de Séneca y allí tuve que cerrar su libraco luego de hojear su XXI Dialogo De la felicidad. Luego, fui a tomarme un cafecito pero mi bolsillo estaba seco como mi garganta. Hasta ni para el micro tenía billete. Tuve que volverme a la casa caminando con el libro que leía en la mano sin parar...
Nada es completo, y lo que amas tiene un precio grande que no es dinero sino es como el jugo fermentado del amor. Ya en mi casa, padre y madre preguntaron por los pollos. Va bien, va bien, les dije. ¿Y cuánto has ganado?, preguntaron. Les miré a los ojos y les mostré a Seneca, y les dije mas que el oro es un viaje con el dialoguero de hace dos mil años fenecido. Por supuesto que pegaron su gemido cotidiano. Cogieron mis libros que guardaba en mi hueco, echándolos como pica-pica por la calle. Tuve que salir vuelta a la calle, recogerlos y buscar una luna clara para leer a mi Séneca. Sabía que el mañana tiene eso de bueno, todo, todito pasa... como el buen Séneca y hasta yo...
Lince, julio 2006
Saturday, July 29, 2006
El poeta
esperaba al poeta...
Le vi llegar,
a su lado cargaba una maleta,
negra como el color de sus letras...
Me acerqué,
le dije gracias por venir poeta...
Me miró a los ojos y me dijo todo
Subió a una mesa
y empezó a contar su saber,
su ignorancia
y la sencillez de toda su literatura...
Eso me hizo apreciar
el significado del poeta,
que no es mas que un hombre solo,
de esos que no van por el mundo
sino que se han ido
hace mucho,
hacia el mar de la belleza,
de la paz calcada en olas generosas,
humildes como el canto
que no cesa de vibrar
en la oscuridad de mi inconciencia...
Ya terminada su presencia,
me acerqué nuevamente
y le dije muchas gracias poeta...
Me miró a los ojos
y me dijo no sé que cosas,
grabando sobre el cuaderno del alma,
un poema con su desnuda sonrisa...
Lima, julio de 2006
dedicado al poeta mejicano, José Emilio Pacheco.
Thursday, July 27, 2006
Las puertas
Lince, julio de 2006
Tuesday, July 25, 2006
Especialmente para no leer
Lima, julio de 2006
Monday, July 24, 2006
No sé qué hacer
No sabía adónde ir. Aun tenía plata en los bolsillos y unas cuantas horas para hacer cualquier cosa que me entretuviera. Subí al auto y lo encendí. Miré el tanque de gasolina y estaba casi vacío. Tengo que llenarlo, me dije. Pero si le hecho gasolina no me queda dinero para nada... Respiré hondo y fui a echarle gasolina al auto. Ya en la pista, manejando el auto a cualquier lado, recordé que una amiga me debía dinero. No lo pensé y fui hacia su casa. Las luces estaban prendidas. Toqué la puerta, pregunté por mi amiga. Salió, estaba muy bonita. Le iba a decir lo del préstamo pero ella me dio una sonrisa muy picarona que me sedujo. ¿Vamos?, me pidió. Vamos, le dije. Subimos al auto y fuimos, pero, adónde íbamos a ir si no tenía dinero. Me fijé en mi amiga, tenía unas piernas gruesas y bonitas, y sus senos estaban enhiestos como conos. Subí mis ojos hasta sus ojos y cruzamos miradas sin tiempo y centellantes. Me detuve en un parquecito. Encendí la radio. Me le acerqué. Ella no dijo nada. Le toqué las piernas, con las mías, lo mismo. Bajé mi mano derecha como una serpiente hasta tocar sus bragas, y ella me la apresó con sus piernas. Seguí serpenteando mi mano hasta tocar sus vellos. Estaba mojadita. Le metí el índice en su vagina, y ella se soltó a la pasión, desparramó su cuerpo como leche hirviendo, mientras yo metía y metía mi índice derecho. Su cuerpo se tragaba mi mano, mi brazo, mientras mi cuerpo sudaba a chorros... Me bajé la bragueta y saqué mi pene, estaba duro y a punto de reventar. Me la meneé con mi mano izquierda, mientras mi brazo derecho había desparecido en el cuerpo de mi amiga. Todo fue terriblemente delicioso, un fogonazo de placer hasta que otro tipo de fogonazo nos llegó a los ojos, mientras una vos salida de algún lado del infierno nos pedía documentos. Era la policía. Nos quedamos como estatuas de sal, e inmediatamente nos pusimos en orden. Salimos del auto, mostramos nuestros documentos, acompañamos al policía, nos detuvieron por delito contra el orden público. Y luego, llamaron a los padres de mi amiga. Yo no tenía padres. Me encerraron por intento de violación, no había mas excusa. Estuve diez días detenido sino fuera porque un amigo me consiguió un abogado, dinero, y una buena tarjeta política. Salí y en la puerta estaba un tipazo que apenas me vio me dio un trancazo con sus zapatos, era su novio. Casi me mata. Estuve en el hospital. Y cuando me preguntaron el por qué había hecho todo eso, les dije que no tenía nada que hacer... y que la chica me debía un dinero. No me creyeron. Pero sí creyeron que estaba loco. Puede ser, puede ser...
San isidro, julio de 2006
Saturday, July 22, 2006
Sombra
San isidro, julio de 2006
Thursday, July 13, 2006
Vuelos imaginarios
San isidro, julio de 2006
Wednesday, July 12, 2006
Mi hermana me soñó
San isidro, julio 2006
Saturday, July 08, 2006
Conversando con la gente
Aún recuerdo ese momento, ese lugar, esa misma banca en que un hombre me dijo que debería ser un hombre y ser libre del todo. Me habló de las aves, de la esclavitud de los trabajadores, de los esposos y sus mujeres, de los hijos, de todo aquello íconoizado. Me agradaba escucharle, y mas aún seguir sus consejos que me convirtieron en un hombre, en un hombre solo y dueño de sus sentimientos, sueños, y de su tiempo... Pero eso acarreó mi ruptura familiar, y el dolor de ver a mi mujer en los brazos de un amigo. Eso, ya lo presentía pues uno cuando ama de veras, siente cuando es traicionado. Lo que vi con mis ojos, sólo corroboró lo que sentía. Quizá por ello es que no le dije nada a mi mujer, pero, al verla abandonarme, eso sí me zarandeó. Y aquí estoy, sentado en una banca. Escuchando a cualquier persona que tenga algo que contar. Sí, aquí estoy en esta banca que parece conocer más de mí que yo mismo.
Pero todo lo bueno o malo, tiene su final, y eso fue lo que ocurrió cuando volví a ver a este hombrecito que fue el que me inspiró a cambiar de estilo de vida. Apenas me vio, me abrazó, diciéndome que me veía bastante bien. Le dije que había escuchado sus consejos, los había llevado a cabo y le estaba muy agradecido a pesar de mi soledad. ¿Cuál consejo?, preguntó. Le hice recordar, y este hombre me dijo que hacía mucho no hablaba de aquella forma. Ahora laboraba en una fábrica, tenía dos hijos y esposa, y muchas responsabilidades como para dedicarse a pensar y vagar a la deriva por el mundo, como un hombre condenado a la nada y sin conciencia de sí mismo. Le escuché atentamente hasta que luego de algunas horas vino una hermosa mujer con dos niños. Era su familia. Se paró, me los presentó y se alejó de mi vida, dejándome extrañamente abandonado.
Motivado por la bella escena, hice esfuerzos por volver con mi mujer, pero ésta no deseaba nada de mí. Ni mis hijos se antojaban verme. Estaba demasiado lejos de aquella realidad, y aprendí aceptar el destino y la suerte... Decidí buscar otra mujer, otra familia, cuando, sentado en la misma banca en que me sentaba, vi a un sujeto con la cabeza gacha, la mirada a la nada, que parecía sufrir una enormidad. Me dio pena, mucha pena, quizá porque me vi retratado en el hombre, no lo sé con exactitud. Me le acerqué y le pregunté lo que le sucedía. Alzó el rostro y tenía la cara llena de mocos y lágrimas. Me sentí conmovido y me senté a su lado como si fuera su padre. Este me abrazó como quien se coge de un salvavidas para no ahogarse y me contó toda su desgracia. Le escuché horas y horas. Tuve que cogerle con fuerza para que no se abandonara a su desventura... Su madre acababa de morir, vivía solo con ella, la cuidaba. Y ahora que estaba muerta, sentía que no tenía nada que hacer en el mundo. Deseaba morirse de una vez e irse con su madre. De pronto, algo explotó en mi y le dije que no debería pensar de esa manera, que todos somos hombres y deberíamos valorarnos como eso. No le dije más, y el resultado fue extraño. Este detuvo su llanto, se arregló su ropa y me dijo gracias. De nada, le dije, y le vi alejarse con la mirada de frente, como quien mira ya no el pasado ni el futuro, tan solo el presente, y lo que ve es una tarde de frío, de invierno, de sosiego y a un hombre que le ha hecho recordar que es un residente del presente, de la eternidad del aquí y del ahora... Me sentí como dios. Me paré y vi aquel presente frente a mí. Era hermoso, como un cuadro de colores, de personas, y todo vivo, vivo, mientras daba un paso, y luego otro, otro, por un sendero que me llevaba a una realidad impensada...
San isidro, julio del 2006
Sunday, July 02, 2006
La parte importante
Podría ser un error, pero no dudó en decidirse. El negro tocó la puerta del infierno, y algo se abrió, mostrando una de las infinitas cabezas de los condenados a través de uno de los poros de la inmensa puerta de oro, advirtiéndole que si entraba podría encontrar lo que buscaba, la felicidad, la dicha de la muerte. El negro se asustó de tan pesada verdad y dijo que gustaba del sentimiento del miedo, lo excitaba, lo zarandeaba como una araña asaltada por los colmillos de un hormiguero. Volvió a tocarla y la puerta se abrió como si fuera una tela empujada por el viento, y todo a su alrededor cambió de colores como una pintura abstracta con fondo negro... Dio un paso al vacío, luego otro, y otro, y no caía, flotaba como una pluma, y advirtió que su negro cuerpo cambiaba por los colores del infierno, mientras las infinitas cabezas se le acercaban como espermatozoides a un ovario, a su cuerpo, lamiéndole, penetrándole infinitas veces. Me gusta esto, se dijo el hombre de colores, quiero ver a dios o al demonio, a quien sea, concluyó. El fondo negro se hizo nada, las infinitas cabecillas se hicieron cenizas brillantes como en los fuegos artificiales, y una voz en todo aquel espacio tomó forma, un garabato abstracto, y luego, comenzó a pronunciarse ante el hombre de colores, pero éste no pudo entenderle, y dijo eso: No te entiendo dios o quien seas, ¿por qué no me hablas o escribes en mi cuerpo?, le pidió. Y el dios, o el demonio, se plasmaron en un espejo sin marco, sin límites por ningún lado. De pronto, el hombre se vio a sí mismo, se sintió tan extrañamente feliz que se tiró sobre el espejo como si fuera una piscina, y luego todo explotó en infinitos trocillos, en estrellas distraídas por todo el oscuro universo, y cada una ellas silbaba un poema, un verbo que nadie podía entenderlo, sólo el dios o el demonio, sólo ellos, nadie mas…
San isidro, junio del 2006
Thursday, June 29, 2006
El innombrable

Cómo podría ponerme un nombre si hasta a mis padres los he olvidado, no es que se hayan muerto, simplemente no deseo verlos mas, de solo recordar sus caras, sus voces me dan ganas de vomitar. Nunca dejé de odiarles, pues la poca atención y cariño que me brindaron lo entregaba a la gente que tenía cerca, es decir, a los empleados, a los bichos, a todo aquel que tuviera ganas de recibir lo que tenía, y a quienes llegué a querer mientras me dieran gusto a cuanto deseaba, y que luego dejé de quererlos tal como los juguetes que pasaron por mi niñez. Cuando uno de mis padres preguntaba qué era lo que deseaba ser mas tarde, respondía que nada, que no quería ser nada de nada, tan solo estar en mi cuarto, mirar la televisión, masturbarme dos o tres veces a la semana y salir por la noche. Eso les dije, y por ello uno de mis padres me puso frente a un doctor que me recetó pastillas por mi falta de motivación, conformismo, y por mis deseos de no ser nada. Me gustaba las pastillitas de colores que me recetó el doctorsuelo, tanto me gustaban que una vez hice un cocktail con ellas. Las tomé con un poco de pisco puro, y de pronto, advertí que las paredes de mi cuarto se movían como una sábana agitada por el viento, y escuché un grito desde algún extraño cielo que parecía ser una especie de ambulancia estridente porque sonaba: ¡iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihhhhhhhhhhhiiiiiiii...!, y que no cesó hasta senti que el techo de mi cuarto tambaleaba como si fuera la pezuña de un gigante de cemento, aplastando todo a mi alrededor, hasta volverse todo negro como el color de la nada, nada, así como quería sería ver siempre. Cuando abrí los ojos vi que todo mi cuerpo estaba lleno de vómito. Traté de levantarme y no pude, mi cuerpo pesaba como el plomo. Me arrastre como un gusano y llegué hasta mi cama. La escalé con esfuerzo, abrí el cubrecama y entré bajo ella. Fue lindo después... Dormí sin un solo sueño ni pesadilla, como un muerto, y cuando estaba sintiéndome livianito sentí que alguien entraba a mi cuarto. Eran mis padres, y con ellos todo se hizo gris así como una tarde de domingo en invierno. Luego,todo fue rápido. Al día siguiente estaba internado en un hospital junto a varios chicos con instintos suicidas. Le dije al doctor que yo no quería matarme, tan solo jugaba con los colores de la pastillas, pero no creyó... Viví en aquel lugar por cerca de tres años. Mis padres no frecuentaban sus visitas hacia mí, esto me alegró, pensé que estaban muertos o se habían olvidado de mí para siempre. Una tarde me puse a jugar con un muchacho del hospital con quien hablaba siempre de películas, de mujeres, de sueños, de todo, de pronto, una noche el pendejo se metió en mi cama y quiso que se lo enchufara por atrás, no sé por qué le di gusto, pero cuando quiso hacérmelo a mí, le dije que ni hablar, que no soy así, que tengo el culo, pero sólo para cagar. El mierda insistió y me metió el dedo en el culo. Eso me puso león, como un salvaje. Arranqué un madero de la cama y le golpeé por todos lados, hasta por el culo se lo metí… Me gustó pegarle, desahogarme de toda esta mierda de mundo, y sentí como una especie de placer ver su sangre chorreándole por todas sus partes mientras el madero se hundía en sus carnes... Por ese brutal motivo me encerraron aparte de todos ellos en un loquero, decían que era peligroso, y la verdad, ese lugar, oscuro como mis sueños y pensamientos, me gustó mas que nada… tan solo recibía la comida cada tarde, no deseaba bañarme ni cambiarme de ropa, era libre de todo ruído. Cagaba en un rincón del cuarto que olía a podrido pero, uno se acostumbra a todo… Había una linda ventana con cuatro barrotes de acero en una de las paredes, me gustaba treparme desnudo hasta la ventana y mirar hacia la calle, pues ésta, era una de las pocas que apuntaba hacia la calle, en donde habían casas, ventanas, gente, palomas, árboles, todo, me gustó eso de ver las cosas a la distancia, y decidí mirarlo todo desde la ventana, sobre todo por las mañanas en que había aguzado mi vista y podía ver clarito a la gente que cruzaba por las ventanas de sus casas… En una de ellas vi a una inmensa mujer de mas de treinta años que gustaba pasearse desnuda por su ventana, y, desde que amanecía, yo la miraba desnudo desde mi ventana de barrotes de acero. Mientras la esperaba, me masturbaba hasta que la veía, y cuando me venía, gritaba con todas mis fuerzas lo mucho que la amaba. Fue muy hermoso esos tiempos, aunque nunca supe quién fue ella, y nunca lo sabré, pero al cabo de un tiempo posterior, debido a los reclamos de la gente vecina al sanatorio, me encerraron en otro lugar por mis gritos que escuchaban por las mañanas, sin ventanas, con tan solo una luz en aquel cuarto, la cerradura de una puerta de madera… Uno a todo se llega a acostumbrar, hasta a morir lentamente, y eso hice. No comía, no respiraba mucho, no hablaba nada, no cagaba no orinaba hasta que ya no aguantaba, y me cagaba allí no mas, encima de mi cuerpo… me embarraba todo con mis excrementos, y no sé por qué. Esto duró poco tiempo, cuando volvieron a encerrarme en otro lugar, en otro loquero. Pueden creer que por más de diez años la pasé de cuarto en cuarto, de sanatorio en sanatorio, de ventana en ventana, de cama en cama… Lo único que no cambiaba era yo, siempre estaba yo con mi anhelo de no ser nada, de vivir tranquilo sin que nadie me jodiera, y creo que lentamente lo estaba consiguiendo… Una tarde, luego de no sé cuántos años, entró una linda señorita, me habló suavemente, me dijo cosas bonitas, como eso de los niños que son tan inocentes, de las aves con su vuela que inspira libertad, de las plantas y gran sabiduría, del amor entre la tierra y el universo, de la bondad de algo superior por no reventar este mundo que se mata a sí mismo… de muchas cosas mas habló, pero yo no le podía seguir hasta el final de sus historias, tan solo le miraba los ojos, me gustaban sus ojos, quería ver siempre sus ojos, que acariciaban algo dentro de mí que nadie podía tocar. Y no sé por qué, cuando, emocionado de tanta paz, se escapó de mi boca una paloma, era muy linda la paloma, era blanca así como las nubes, como aquellos sueños que tuve cuando miraba unos ojos enormes de color blanco sin iris ni retina, blancos así como los muertos. Y desde esa fecha hablé, volví a hablar a través de la paloma. Cuando alguien me preguntaba cualquier cosa, le decía que voy a consultar con la paloma. Todos me observaban y casi podía palpitar sus pensamientos y sentimientos, y esto podía hacerlo por mi paloma que me murmuraba cuando se metía dentro de mi, a través de mi boca, como si fuera su palomar. La doctora me hizo llevar a otro lugar, escuché a mi paloma que ese lugar era un lugar muy especial. Me gustó ese ambiente, silencioso, con parquecitos, con poca gente, y con esa gente de blanco por todos lados, paseándose como almas muertas esperando el purgatorio… Todos eran así, menos la doctora que tenía esos ojos luminosos que acariciaban mi palomita… Y así estuve por unos años mas hasta que una tarde mi paloma murió, sí, murió, la vi salir desde mi boca y caer por una pedrada que un loco le había tirado… Fui corriendo a salvarla pero ésta, ya no abrió más los ojos. Sus plumas empezaron a ensombrecerse hasta volverse de color rojo, como la sangre que veía cuando me cortaba las manos. Iba a llorar pero no lo hice, no quería sufrir hacia afuera. Tuve mucha cólera e iba a matar al maldito loco, pero tampoco lo hice, quería que desapareciera así como la gente de afuera... Miré a mi alrededor y sentí que nadie se fijaba en mi persona, como si no existiera, como si no fuera nada. Me alegré por aquel puro sentimiento. Primero caminé hasta llegar al borde del lugar, y vi que había un muro. No ví a ningún paseante de blanco, subí el muro y escapé. Corrí con todas mis fuerzas hasta llegar a la ciudad. Era de noche y nadie se daba cuenta de mí. No soy nada, me decía, de pronto, vi que uno hombrotes se acercaron hasta donde estaba yo y me preguntaron cosas, extrañas cosas que hacían pinchar todo mi cerebro. No miraban como la doctora, no. Miraban como aquel sueño que tuve cuando un gigante me cogía del cuello y arrancaba mi cabeza del cuerpo. Yo gritaba pero este me ponía a la altura de su carota y me miraba con sus ojos de color gris, así como los ojos de esos sujetos. Ya estaba marchándome cuando uno de ellos me cogió de los brazos y me empujó al piso, y luego, sentí por todas partes del cuerpo los pies de estos sujetos… Me gustó mucho que ellos me molieran el cuerpo, odiaba el dolor de mi cuerpo, quería ser nada, no sentir nada, pero no pude lograrlo… entonces quise morir, pero, eso, tampoco lo logré. Cuando abrí los ojos vi que muchos niños me observaban, unos llamaban a sus padres y otros me miraban así como la señorita que acariciaba con sus ojos. Luego, escuché un griterío… Todo despues fue rápido. Vino la ambulancia, mientras la gente murmuraba que me había asaltado, golpeado y abandonado sin nada de ropa ni papeles, y que quizá había había quedado amnésico. Me gustó la idea y les dije que sí, que no recordaba nada, y que yo no soy nada. Estuve en esa posta médica unos días, y apenas me sentí mejor, escapé con una chica que vestía de blanco, y que era la que cuidaba mi cuerpo… Me llevó hasta su cuarto en una casa muy vieja y grande. Apenas entramos me enseñó su cama, luego se quitó la ropa y quedó desnuda, y a mí me desnudó. Puso su cuerpo hermoso encima de mí, se puso a cantar, y me mostró el amor entre los cuerpos mientras cantaba y cantaba como un ángel de dios, fue un éxtasis divino… Viví tan solo una noche con ella, al día siguiente me fui de su cuarto. Caminé por todos lados hasta llegar a la casa en que había nacido, la casa de mis padres. Quise entrar pero estaba con llave. Se vende, decía en la pared y en la puerta, pero yo conocía una entrada secreta, y entré. No había nada, me gustó eso y decidí vivir el mayor tiempo posible allí. No había un solo mueble. Subí a mi cuarto y encontré varios libros tirados por todos lados. Los cogí y me dediqué a leerlos de día y de noche. Para comer, salía a la calle y mendigaba un rato, lo suficiente para sobrevivir. No recuerdo cuantos libros leí, pero cuando hice un cerrito para contarlos noté que eran muchísimos, no soportaban estar tantos unos encima de otros... perdían el equilibrio. Creo que los libros eran de mis padres… Cuandp los terminé de leer, volví a releerlos varias veces hasta el día de hoy en que he encontrado a unas personas que entran y salen de la casa y siento que ya debo de irme lejos. Eso hice y ahora estoy viviendo en la calle, en un lugar en las afueras de la ciudad. Los muchachos me llaman loco, porque me ven sucio, con los pelos pegados a la piel, como culebras… En fin, como un loco, y no me importó nada… Lo único que deseaba saber era qué es lo que hacía aquí en este cuerpo tan extraño, rodeado de gente mas extraña aún. Deseaba saber si hay sentido para mí ignorancia, si la noche tienen sentido para el día, si la muerte para la vida, si un niño que nace sabe que morirá como esos juguetes a pilas. Pero, pasa el tiempo y no escucho respuesta, no siento nada, de mis labios no salen mas palomas ni ranas, ni cuentos ni gritos, nada, no sale nada, y creo que he llegado a comprender que nada tiene sentido para uno como yo que durante toda su vida ha querido saber, comprender y comprenderlos, entender y entederlos, quererme y quererlos, poco, pero querer a uno al menos, pero nada… Y parece que esto ha fallado con todos los que veo por esta ciudad, y por todas las ciudades que he conocido hasta ahora, en que estoy agotado de caminar y caminar, girar y girar... No hay nada, eso es lo que sé, y, eso, es suficiente para saber, al menos por este día. Quién sabe si mañana sea diferente, pues si algo he sabido es que no existe día ni persona que sean iguales, nadie es igual a nadie… Quién sabe si exista respuesta para uno como yo que quiso saber algo mínimo, y aunque quiso ser nada, nunca fue nada…
San isidro, junio de 2006
Tuesday, June 27, 2006
Memorias de un juego
San isidro, junio de 2006
Friday, June 23, 2006
El portero
He notado que la gente que se cruza en mi camino cuando me dirijo hacia mi trabajo no acostumbra mirar de frente, la mayoría acostumbra a mirar hacia el piso como si estuvieran buscando algo, o tiene la mirada hacia algo que casi pueden tocarlo con los ojos, es extraño, pero es así, al menos para mí cuando voy rumbo hacia mi centro laboral.
Trabajo de día en un almacén gigantesco en donde diariamente llegan camiones y traileres a dejar toneladas mercaderías y de containeres. Soy el portero de la mañana, aunque hay veces laboro de noche. La vigilia me agrada porque puedo cabecear un poquito mientras me pongo a escuchar música que sale de mi pequeño radio portable. Trabajo junto a cinco perros negros de razas desconocidas. También hay uno que otro bicho que gusta picar la comida de los perros y la mía. Es una rata, bastante graciosa e inteligente. Cuentan de ella que hace mucho que está viviendo en el almacén, que tiene cría y que es bien pillo. Han probado de todo para matarla sin conseguirlo. Incluso trajeron a gente de otro país pero igual, todos quedaron sorprendidos por este roedor… Con el tiempo le tuvimos respeto; era verdad que era una rata ladrona pero, no era desmesurada como otras que he conocido a lo largo de mi vida en donde en mi propia cara salen a pasear y hasta se ponen a chillar, eso, sí que es provocador. Por esa razón fui el único portero que le daba atención y cuidado especial. A los perros, al igual que a la rata y su comunidad, les daba su alimentación. Es bueno que los bichos que a uno le rodean se encuentren contentos, y ya que no tengo parentela, ellos llegaron a ser eso, es decir, mi única familia. Cuando llegaba parecían estar esperándome. Los perros movían la cola y sus ojos parecían alumbrarme toda la cara, y el bicho salía hasta llegar a mi silla, mirándome a mí y a mi aposento. Es bonito llegar a un lugar y sentirse querido, extrañado, esperado, tal como veía en las casas de las demás personas, aunque en mi caso no había peleas, yo era el varón de la casa, sí señor, siempre que llegaba, el silencio y el respeto eran acogedor y sólido…
Todo iba normal hasta que una noche vino el dueño del taller para comunicarnos que este mes era el último para mí. Le pregunté el por qué, y este hombre, que no era malo ni bueno, era normal como todos los que miraban por la calle hacia abajo, pero sí bastante fácil de convencer, no respondió, pero mientras se iba parecía querer decirme que ni él lo sabía, pero que lo lamentaba mucho, mucho, mucho…. Mas tarde, con ayuda del personal de día me enteré que habían vendido el almacén a una constructora. Lo entendí y al día siguiente, pedí mi renuncia. Me pagaron hasta el último centavo, me abrazaron todos los compañeros de más de treinta años de labores, y cuando estaba por salir recordé a mis perros y mi rata… Muy despacio, sin que nadie se diera cuenta, fui caminando como un gato hacia el viejo almacén. Entré y vi a los perros que parecían ya saber nuestro destino porque no movieron la cola y sus ojos estaban así como los de la gente que me cruzaba cuando venía al trabajo. No sé por qué los abracé a uno por uno, como por última vez, luego, saqué un gran pedazo de queso podrido y lo puse cerca de donde habitaba mi rata… Ya estaba saliendo del almacén cuando, pegado al borde de la puerta, vi a mi rata, parecía estar esperándome. Le pregunté lo qué quería. Y este bicho se me acercó hasta rozar su piquito en mi zapato, como rogándome querer irse conmigo. Le dije que no, pero, si se pasaba por allí, me sentiría muy feliz de volvernos a encontrar. Me le acerqué y le pasé unas palmaditas sobre si mofletudo y apestoso húmedo cuerpillo. No me daba asco, no, era algo diferente, mas fuerte que mis sentidos. Lo cogí en mis manos y me lo puse cerca de mis ojos y sus ojos parecían querer llorar, sentí como sus bigotes se movían como la cola de mis perros cuando llegaba al almacén. Nos quedamos así un instante y sentí que muy pronto volveríamos a vernos…
Han pasado más de diez años y no he vuelto a ver a mis perros ni a la rata. Es mas, en el antiguo local en donde trabajé está orlada por un muro de color naranja, llena de alambres y vidrios partidos en su sima. Pedí entrar a un viejo portero y para mi suerte me dejó entrar. Y mientras este señor me hablaba desde la caseta de control, sentí una fuerza que me arrastraba hacia el antiguo galpón en donde había trabajado durante tantos años. Recordé a mis perros y a la rata. Pero cuando entré vi que todo había cambiado. Mi pesadilla se había vuelto realidad. Era imposible que los animales vivieran tanto tiempo, pero uno siempre tiene la esperanza de que su familia viva para siempre y no es verdad. Todo aquel lugar era una especie de edificios en donde habitaban familias y familias, también habían perros, niños, gatos, avecillas, árboles… Todo era diferente. Lo extraño de todo era que sus miradas eran como la gente que miraba como tratando de coger algo que no se podía tocar ni ver. Ya estaba por irme cuando este tipo, el guardián de la caseta, me dijo si tenía trabajo. Le dije que no, que no hacía nada más que vivir con mi pequeña jubilación. Me dijo que el dueño de este lugar buscaba a un guarda de noche. Me dio el teléfono y se fue. No perdí más tiempo y lo llamé. Me aceptaron, y desde aquel día he vuelto al mismo puesto pero ahora tengo una televisión, una radio y otros perros, mas mansitos, pero lindos perros, sobre todo cuando llego por la noche y me miran a los ojos como si llevaran linternas en los suyos, moviendo la cola sin parar, lamiéndome la cara y las manos como si fuera un manjar, es lindo volver a una familia, tener alguien que lo espera y le mira con tanto respeto y afecto… A mi rata no la he vuelto a ver jamás, pero sí he visto a uno que otro bicho que me miran a lo lejos, como preguntándose si soy el mismo u otra persona. Dentro de mí sabía que deseaban un poco de amistad. Le puse un poco de queso podrido y desde aquella noche me hice su amigo. Lo extraño es que, esta vez eran muchos, es decir, muchas ratas que me miran con sus largos bigotes, sus narices que parecen un lunar mojado y esos ojillos que son como pelotitas negras a punto de salírseles de la cara… Sí, en verdad he vuelto a sentirme tranquilo mientras escucho la radio o veo la televisión junto a mis perros y ratas que parecen tener los mismos gustos que yo, al menos por las noches…
Los días pasan, las noches también, y yo y mis bichos y todos los que estamos en este lugar, también pasaremos. Y hoy, que estoy escribiendo esta historia, me pregunto, hasta cuándo la gente mirará hacia el piso o mirara tratando de coger con los ojos aquello que no existe. Es como caminar entre sonámbulos, que no saben apreciar lo poco a mucho que tienen a su alrededor…
San isidro, junio del 2006
Thursday, June 22, 2006
Monstruo
Sería mas allá del ensueño cuando, en ese espacio en donde antes de entrar a los sueños se siente uno deslizándose por la casa del terror, con imágenes que aún no existen mas que en nosotros mismos… cuando vi a un ser de color morado, enroscado en si mismo, cubierto por una piel llena de pelos brillantes y sedosos, mostrando pliegues de mucha grasa, descansando en la forma de un monte, y por ello no pude ver sus facciones, pero en aquel instante pude advertir sus muchas extremidades que parecen no tener dependencia con aquel monstruo de piel brillante, pues son como sierpes, delicadas lombrices de la misma piel que se mueven como los rizos de una enorme cabeza bajo el agua… y esta bestia tiene en la punta de cada extremidad un rostro de ojos brillantes, pequeños, una nariz embreada, un hoyo en el centro de esa carilla que hace notar sus fauces, mostrando delicados dientes en forma de púas. Advierten mi presencia como un cáncer en el cuerpo, algo sucio y terrible… Me le acerco y esta bestia se para ante mí, y veo que es inmenso mientras todas sus sierpes parecen tocarme, morderme con dulzura y sensualidad, pero no pueden pues chocan contra el vidrio de mi inconciencia… Me alegro ante esto y le hago una pregunta con mis pensamientos: Temo que soy parte de ti, que eres mi demonio, mi ángel negro del dolor... El monstruo se comienza a alejar de mi conciencia como las olas en la arena de la mar. Le ruego que no se valla, pero no escucha, mientras sus sierpes que al fin descubro que son sus hijos, que como hienas, hermafroditas, me observan y se burlan sin piedad. Me arden sus filosas risas pues las siento como parte de mi ser, de mis visiones, creación de un artista…
Abro los ojos un instante y noto que mi cuerpo está lleno de picaduras. Las observo mejor y noto que he tenido una verdadera pesadilla. Me levanto y llamo a un doctor. Y cuando viene le cuento mi sueño con el monstruo. Me escucha, me mira. Le siento lejos, muy lejos casi en la otra orilla de la vida y la muerte. Le digo que no deseo verle más. Le pago y este se va, y mientas se aleja, un aliento precioso me dice una gran verdad, que no hay mas que alientos en mi constante cambio por la vida, que es mi bastón, mi único amigo…
Camino hacia la ventana de mi cuarto y recuerdo aquel ser. Cojo un papel y empiezo a dibujarle, y cuado termino, noto que sus sierpes, lentamente empiezan a bailar para mí como las ghopis ante Krishna… Cuelgo el dibujo en la pared. Le pongo un nombre, y luego, salgo a la calle, y mientras camino me parece ver en cada persona las sierpes de mis suenos, con sus rostros burlándose de mí, como el monstruo recogido en mi mundo interior…
Los ruidos de la calle no cesan, les pido un minuto de silencio, parándome en la pista, arrodillándome y clamando a los cielos que se abra el mundo del ensueño para mí, que entre y coja todos los secretos de la vida, de la muerte, del dolor, de los sueños de todos, de esos que pueden hacerme entrar a un sanatorio para no salir jamás… Ya es tarde, nadie se percata de mi presencia, de mis gritos, y siento que mi cama me llama. Me levanto y corro hacia mi casa, hacia mi cama, y me zambullo en ella bajo las olas de mi aliento, cierro los ojos y me pierdo lejos, cuando veo el cuerpo escarlata de un ser que no cesa de mostrarme todos sus ojos atados en cada una de sus extremidades…. Me miro en un espejo irreal y veo que mis cabellos empiezan a flotar como si estuviera dentro de un estanque. Me siento especial, pero continúo caminando, escribiendo, cerrando mi conciencia para ver más de cerca, la telaraña de los sueños…
San isidro, junio del 2006
Wednesday, June 21, 2006
¡Rebelión de palabras!
Acababa de terminar de leer un cuento maravilloso cuando me fijé en la hora y ya era demasiado tarde para escribirte. Sentí pena, pero, aun así, quise escribir un texto, cualquiera que sea, aunque en el fondo no tenga nada que contar ni qué decir… aunque lo único importante sea decirte que te quiero, y mucho… Nuestras vidas yacen distanciadas por el espacio, y atadas a nuestras letras que es lo mas hermoso y terrible que sale de nosotros. Me pregunto cómo serás, si eres realmente como te imagino, y disculpa que te tutee, pero lo hago en forma amigable, como un hermano, como lo que somos… amantes de la vida. Seguro que estarás sorprendido de esta carta que no me atrevía a dártela, pero esta es, y es que, me agrada escribirte y decirte que te quiero, y creo que eso es lo más importante que decir… el recordarse que se tiene un lazo y que no está roto, mas que una sola cosa, un sentimiento, un poema escrito en un punto.
Ya despierto, y con la luz de un nuevo día me presto a escribir acerca de lo que mas amo, y eso es lo que tengo dentro de mí, como si fuera gestadora de alegrías, un cántaro que guarda la lluvia de los cielos para aquellos que tienen sed, esa sed que causa el mar de la mediocridad. Amo la vida, y espero que mi carne vuelva a ser polvo, que venga la dama oscura y me arranque este disfraz y vuele lejos, hacia ti, hacia el amor que da calidez y abrigo ante todo lo que se acaba… Es seguro que en mis pasos deje huellas, de esas que son garrapatos, que cuentan cuentos, para unos cuantos, y para ese corazón que busca su nido, su arroyo en donde saciar su larga sed de paz y tranquilidad… Vivo para eso, para escribirte día y noche por qué no, si la vida es un poema lindo, corto, alegre y triste como todo lado bueno y malo. Y mi vida es así de despierta pues no desea volver atrás en donde la sal de mi sombra me espera con las argollas de la duda… No, no deseo esperar a que la vida caiga como lluvia, anhelo siempre jugar a su regazo, como un tortolín, como un beso de una novia que permuta de rostro como el camaleón… Soy solo eso, un pedazo de polvo animado, que gusta mover sus sueños y poemas en busca de ser una sombra que pesa y hace un hoyo al infinito. Sí, eso soy en esta mañana de un día cualquiera en donde mis líneas son largas y sin final, como ese político que inmenso, miente a multitudes con palabras llenas de sangre negra que arranca los sueños de quienes creen en mentiras y sueños hechos una voz, cuando la verdad está bajo su conciencia, esperando su vuelta atrás, adentro, siempre cerca para que no escuche mas que una voz, una sola, la de este poema que no termino de escribir mientras la mañana me aplasta como una pared de ensueños…
Saldré como diariamente, y miraré a mi madre, padre, hermanos, a todos y les diré que soy feliz una vez mas, porque me da la gana de serlo a pesar que el dolor hierve en mis entrañas, y el mundo gira contra el tiempo, chupando todas las sangres de los que aun se animan a voltearse y sentir un poco los ojos de un niño, un siervo, un poema, un canto que fluye del corazón… Algo así haré esta mañana en que la vida me arrastra como esos colegiales en su primer día de clase, llorando ante los pies de su madre, rogando por no romper el cristal de la fantasía, pero, es así, saldré y seré feliz a pesar de esta mañana en que no ceso de mentirle al mundo que lloro a pesar que soy tan feliz…
San isidro, junio del 2006
Monday, June 19, 2006
El hombrecillo
San isidro, junio del 2006