Tuesday, July 24, 2007

EL JARDINERO

la tarde estaba fría. la gente no cesaba de andar con prisa, frotándose las manos, apurando sus pasos, sus mentes gritaban desde lejos, yo, creo, solo yo podía escucharles... la tarde estaba fría y un susurro me hizo dejar de mirar a la gente desde el asiento al cual no me movía por mas de cinco años. era una voz, un llamado. volteé la vista y vi que era un perro que me miraba y decía que si estaba bien. le dije que sí, que jamás había estaba tan bien como ahora si no fuera por el frío. el perro se me acercó y pidió pegarse a mis pies, por el frío. le dije que sí, que si por supuesto que si, que no faltaba mas, que esta banca, pegada al río, era de el tanto como de los demás, aunque ni usted ni yo paguemos impuesto, pero, una vez escuché que las cosas son de quienes las necesitan, y esa fue idea por la cual, desde que me echaron de mi casa mis dos hijas de cincuenta años, me senté en esta banca. le conté al perro que tenía noventa años, que los dientes se me caen lentamente, pero, cuando uno que otro está por salírseme, me lo arranco, nunca he tenido paciencia para nada... y aquí estoy, sentado frente al río. me gustaría estar en mi casa, pero, mis hijas viven allí, y no desean estar a mi lado. ellas no me lo han dicho, pero, eso se siente. basta con ver que ni me sirven la comida, ni nada, ni ropa, nada de nada para sentir que debía largarme de ese lugar que fue una vez mi casa, la mía y la de mi difunta esposa... pero, así es la vida, solo espero que una noche la muerte me cargue con todo y encuentre, eso espero, que mi mujer esté allá, esperándome como siempre me esperaba cuando viajaba lejos, al otro lado del continente, porque, sépalo bien, amigo perro, fui un gran personaje cuando fuerte y joven. construí muchas casas y edificios, etc. tuve dinero, mujeres, etc, pero, también tuve errores por mi exceso de confianza en la amistad, esa maldita amistad que llevó a tantos sinsabores en la vida... ¡malditos!, y ahora, aquí, solo, viejo, lleno de recuerdos cortos, tan solo los de la gente que amo, nada mas... y usted señor perro que me da su calor, su amistad, esa amistad sincera de bestia, de animal que no tiene el privilegio de pensar ni dudar. ¡gracias!, le dije. la noche se acercaba, el frío aumentaba, y ya era la hora de cenar. pedí a un señor que me diera unas monedas para comer el el centro de indigentes. me dio unas monedas. entré y el perro entró a mi lado. compré una sopa y un segundo y un tesito con pan. el pan se lo di al perro. se lo devoró, y lo demás me lo comí con gran fruición. la noche estaba cruda. ¿salimos?, le pregunté al perro. vamos, me dijo. salimos y buscamos un espacio dentro de la casa de indigentes, pero había tanta gente haciendo cola que tuve que olvidarlo. vamos bajo un auto grande, le dije al perro. mejor vamos al basural, allí hay unos trapos llenos de calor y jebes quemados que nos calentará mejor, dijo el perro. nunca había dormido en un basural, pero, quizá sería mejor... fuimos y la luz de las calles, desapreció, tan solo veía los ojos del perro... llegamos al basural y oía a mierda, entramos. aquí, me dijo el perro. no supe qué era, pero olía a llanta, a moho, pero no a humedad... vamos, le dije. nos sentamos y el perro se echó a mi lado. apenas cerré los ojos, quedé seco como una tabla... tuve lindos sueños. mi mujer me abrazaba, mis hijos dejaban de pelear, era el paraíso. el día era cálido y estábamos junto a mucha gente llena de vestidos de verano y de colores llamativos... es lindo, pensaba. un auto se detuvo frente a nosotros y nos dijo que subamos, en mi sueño. subí y me senté frente al chofer. le vi la cara y era un tipo extraño, de color negro, sus ojos eran blancos con negro, era fuerte pero sonreía y su sonrisa era cálida como el día... es el cielo, pensé. de pronto, la luz de día llegó como un balde de agua fría. abrí los ojos y estaba echado en un basural, lleno de restos de comida y trapos viejos y perros, muchos perros. vi a mi amigo el perro y este había desaparecido. me levanté y caminé con gran dificultad. hacía frío y anduve sin parar hasta llegar al río y al lado estaba mi banca. lamentablemente estaba ocupada. había una mujer vieja con mi amigo el perro. iba a decirle algo pero decidí no hacerlo. seguí caminando hasta que llegué a un parque inmenso. sus gigantescos árboles me dieron un shock. me acerqué y puse mi mano al árbol. este, como asustado, me dijo, ¿qué me tocas?. nada, nada, solo que me trae recuerdos gratos, le dije. por supuesto, si fuiste tu con otro chicos quienes me plantaron... ¿cómo va jardinero?, me dijo. le conté que no tan bien como a él, y le conté el resto de lo que recordaba. ¡quédate conmigo! ¡yo te acompañaré y te diré qué comer y dónde dormir!, gritó. está bien, le dije. me senté al lado del árbol y este me dijo que le contara mi vida, se la conté y me sentí muy contento porque sólo recordaba las cosas lindas de chico, de joven y de mayor. el árbol también tenía historias, me las dijo una por una. me contó de esas avecillas que se posas en sus ramas, que el frío es su amigo que comulga con sus raíces, que los bichos viene y se van como toda la humanidad... le pregunté si tenía amigos. me dijo que no, pero, si gustaba podría volver a ser mi amigo. le dije que sí me gustaría, y me eché a su lado... este dejó caer ramas y hojas secas que me cubrieron del frío, luego, me dormí. cuando abrí los ojos, vi muchas avecillas paseándose por todo su cuerpo. vi gusanos que bajaban y subía por su tronco. fue bello... le dije que daría un paseo y me despedí de mi amigo el árbol. cuando llegué a la acera vi a mucha gente normal que no cesaba de pensar en sus cosas, parecían gritar asustadas de todo cuanto pensaban. eran como su mejor amigo, y, eran seres que vivían con una bomba de tiempo dentro de sus mentes llamado miedo a todo. escupí al suelo y seguí caminando por la acera. pedí unas monedas y las recibí. fui a cenar y en la puerta estaba el perro esperándome. ven, le dije y entramos. le di un pan este se lo lo tragó todo. yo comí el resto. tenía una buena vida a mis mas de noventa años... miré a toda la gente y todos, a pesar que había un poco de sol, temblaban de miedo, del devenir de todo, de la muerte que parecía estar cerca de uno de nosotros. de pronto, la muerte entró y la vi. estaba vestida de negro, no se le veía la cara, era como una santa de negro... ¿me buscas?, le pregunté. sí, me dijo. ¿eres el jardinero?. sí, ¿porqué?. ¿has cosechado bien?, volvió a preguntar. sí, le dije, tengo un par de amigos y mucha gente a mi alrededor que no saben que existo... haces bien jardinero, pero, ¿te gustaría quedarte un poco mas?. sí, un poco mas, desearía un día mas, tan solo un día mas... ¿para qué?, preguntó. quiero ver mi jardín señora... ¿puedo?, pregunté. me miró y dijo con sus ojos: mañana antes del alba... la miré y vi que salía al lado de toda la gente indigente que, temblaban de no sé qué... el perro había estaba aullando y solo yo no me había dado cuenta, salimos del comedor y este dejó de aullar. iba a pedirle que me acompañara hasta mi jardín pero, el perro me dijo que no, que mejor vaya solo... le dije que estaba bien, y, por si cambiaba de opinión, mi jardín estaba junto al árbol de parque. ok, respondió, pero, no te prometo nada. ok, le dije. le vi irse corriendo tras una perra que pasaba por la calle junto a una manada de perros... animales, les dije. alcé los hombros y caminé hasta mi jardín. allí estaba, todo estaba igual, aunque mis ojos veían una acequia, yo veía a toda mi familia, mis hermanos, mis amigos, mis padres, todos estaba allí, sentado en un momento de tranquilidad. cogí un poco de agua y se lo eché al árbol. amas tu jardín, jardinero, me dijo el árbol. si, respondí y continué hasta regar todo ese espacio vacío pero lleno de tantos sentimientos y recuerdos que brotaban como mariposas de mi corazón... terminé y me eché bajo el árbol. fue hermoso, muy hermoso hasta que vino la noche y luego las estrellas que alumbraban todo mi jardín que en esos instante estaba poblado de zancudos y bichos pero, seguían mis sentimientos y recuerdos en ese mismo fulgor... cerré los ojos y cuando los abrí, la señora muerte estaba acariciándome la mejilla... me paré y ella me cogió de la mano. caminamos, aun no aparecía el alba. ¿es lindo mi jardín no?, le dije. muy hermoso, muy hermoso, me dijo la señora, y luego, llego el primer brillo del día y con ese brillo, todos mis sentidos se diluyeron en su brillantes... fue algo sin letras ni ideas ni palabras. mientras esto sentía, escuché una voz: ¿te gusta?. era la señora muerte. sí, respondí, muchas gracias, estaba muy agotado y tenía un gran sueño, gracias, agregué. de nada, respondió...


san isidro, julio del 2007

Sunday, July 22, 2007

Torta de cerezas

No sé por qué le dije que no cuando moría de ganas por verla, pasear a su lado, pero le dije algo natural: no y no y no. Ella sonrió y con un beso en el aire se fue con sus cinco amigas, tan lindas como ella. La miré hasta que subió a un auto lleno de gente joven, como ella. Bajé la mirada, estaba confuso. Pensaba en cómo una chica de diecisiete años se puede enamorar de un hombre de mas de cincuenta, pero tenía pruebas, demasiadas pruebas de esta jovencita como para dudar de su obsesión. No había día ni hora en que no dejara de tocar la puerta de mi casa. Abría la puerta y allí estaba. La saludaba, besaba en la mejilla y siempre la trataba de hacer ver que yo era demasiado viejo para ella. Ella sonreía y entraba a mi casa. Cogía cualquier cosa y se metía a mi cuarto. Había veces en que se desnudaba frente a mí para luego darse un duchazo. ¿Vienes conmigo? ¿Me jabonas la espalda?, decía. La miraba y sencillamente no le hacía demasiado caso. El colmo fue cuando mientras dormía por la noche, la sentí dentro de mi cama. Me asusté por supuesto, pero al verla no supe que decir, estaba totalmente pelada como un plátano, y en sus manos tenía una llave, la de la puerta de mi casa. La bendita y hermosa mujer había sacado una copia sin que supiera cómo ni cuando. Tuve que salir de mi casa e irme a un hotel para terminar de descansar. Ustedes se estarán preguntando el por qué la rechazaba. Era demasiado joven para mí, esa era la verdad. Había vivido demasiados dolores de cabeza y quiebres del alma con diferentes muchachitas como para volver a caer en la misma trampa. ¡Hubo una que hasta me extorsionó con casi todos mis ahorros! Quedé hecho un miserable, medio mundo me veía tan mal que tuve que dejar el trabajo, la ciudad y mudarme lo mas lejos posible de aquel hecho vergonzoso. Volviendo con esta hermosa chica, tuve que salir del hotel muy temprano, irme al trabajo y comprarme nuevas cerraduras para toda la casa. La chica insistió con llamadas seguidas. Esto tenía que parar. Llamé a sus padres pero estos paraban de viaje constantemente, por lo que decidí tomar cartas fuertes en el asunto. Me mudé y de nuevo, a buscar otro trabajo. Aunque no me costó demasiado porque era un escritor más o menos conocido por lo que eso de buscar trabajo era tan solo mudarme y avisar a la editorial mi nueva dirección. Viví por cierto tiempo tranquilo. Salía de casa y respiraba profundamente esos aires cuando te sientes libre como un pajarito. Pero, nada es perfecto en la vida, no sé cómo, la jovencita se averiguó mi nueva dirección. Y allí estaba, en la puerta de mi casa, frente a mí con esa cara de muñeca y esos ojos tan expresivos que no necesitaba hablar para decirte las cosas. La hice pasar, no sé por qué, pero eso hice siguiendo un extraño sentimiento. Me gustassss, me gustan los viejos escritores como tú, decía mientras cogía un silla y se sentaba frente a mí que sabía si hablar o callar… Veía sus ojos y me decía: no, no y no, no puede ser. Por suerte, todo lo que comienza tiene que acabar, es la ley de la naturaleza. Unos vienen al mundo y otros se van, tal como han venido, es decir, sin nada en las manos. Luego de hacer la misma escena mientras trataba de ignorarla, sentándome a escribir como si nadie estuviera cerca de mí, sentí que todo tendría que acabar. Una noche, luego de mi caminata nocturna para sosegar mis pensamientos, la encontré sentada en la puerta de mi casa. Pasa, le dije. Entró. Le iba aclarar que era inútil todo su esfuerzo, pero, de pronto vi que tenía varias bolsas de caramelos en las manos y en su bolso. ¿Qué es esto?, pregunté. Es mi cumpleaños, respondió. Sentí lástima por ella y le dije que saldría un momento para comprarle una torta con sus velas. Regresé a casa con la torta. Puse las velas y las encendí. Apagué las luces y le canté el cumpleaños feliz. Tienes que pedir un deseo antes de que las apagues, le dije. Ya lo pedí, respondió. Me dijo que deseaba que la poseyera, que no me haría ni un problema, que no tuviera miedo, que no sea una gallina, que si no le hago el amor pensará que soy gay, y lo publicará en todos los medios de difusión. Mientras hablaba sus ojos decían otra cosa. Decían que deseaba verme loco por ella, que la besara un poco, que cayera en su juego, ese que no es tan diferente que los de una niña con su muñeca o muñeco en este caso. Tuve que decirle la verdad, no pude evitarlo. Le dije que era demasiado joven para ella, y no hago el amor hace muchos años por motivos pasionales. Mi pasión está en las letras y no mas en el sexo. He reducido los riesgos y el tiempo de vivencias. Le conté que hace más de cinco años que no hago el amor con mujeres, ni siquiera me masturbo ni hablo de mujeres. Todo mi tema son los libros, el arte de las letras en general. ¿Pero, no haces nada mas? Oh, sí, le dije. Por supuesto, una que otra noche salgo de paseo y camino, y en mi largo caminar, hago cosas. ¿Qué cosas?, se puso intrigada. Me senté en el suelo y cogí una piedra tirada en un rincón de la sala. Esta piedra la conseguí luego de que un muchacho se la tirara a la cabeza de otro chico, dejándole ensangrentado y llorando. ¿Qué, llamaste a un médico?, preguntó. No, no, por favor… Cogí la piedra y me la puse en mi bolsillo. Luego, seguí caminando hasta llegar a una casa llena de luces, entré por la ventana y sin que nadie se diera cuenta, subí unas escaleras hasta llegar a uno de los cuartos de esa desconocida casa. Vi a un señor que estaba cociendo una falda. Se la ponía, y luego, se colocaba un sostén, es decir, era un fetichista. Cogí unas sandalias que había dejado por las escaleras y salí bajando por la ventana del segundo piso. También me gusta caminar descalzo por las calles, sobre todo cuando llueve, me gusta mucho y cojo un pomo y lo lleno de agua de lluvia. También me gusta ver si hay cucarachas o hormigas en mi casa. Cuando las encuentro, me gusta seguirlas… Las veo salir a la calle y las sigo hasta que se meten en un rincón. Trazo un recorrido de su paso y me esfuerzo por descubrir el idioma de sus huellas… ¡Es fantástico! De pronto, los ojos de la chica empezaron a encogerse como quien ve un gusano o una rata. Bajó la mirada y luego la levantó con fuerza como si tuviera un resorte en el cuello. Retrocedió y me escupió sin saber por qué. Luego, salió de la casa sin su torta ni sus caramelos, para no volver nunca mas… Aquella noche me comí toda la torta solo, estaba muy buena, era de cerezas, una torta de cerezas, pero, antes de cerrar la puerta, le dejé un pedazo en la entrada, con su nombre por supuesto… Cada mañana que salgo, o cada noche que salgo, o cuando regreso de mis caminatas, allí está su pedazo de torta que, poco a poco es un pedazo de mierda, ya que gatos, perros, cucarachas lo hacen pedazos… Creo que la verdad siempre ayuda a las personas, sencillamente, ayudó a mi tranquilidad y a mi soledad…

San isidro, Julio de 2007

Wednesday, June 06, 2007

REY

Desde que vino al mundo, escuchó una palabra que marcó su vida para siempre: Rey. Ya sea su madre, padre, tíos, amigas de la familia, así lo llamaban, Rey. Quien sabe si las palabras pueden marcar a las personas para siempre, eso es algo que hay que meditarlo mucho, aunque, la palabra merece su respeto. Cuando uno escucha: tonto, esa palabra lo llena de vergüenza, aunque no sea cierta. En mi caso personal, me llamaban dejado, y eso me marcó hasta mis días. Siempre que tengo que hacer algo, usualmente lo dejo para el final. Costumbres que vienen desde muy lejos en el tiempo, quien sabe si fueron las primeras palabras que pude entender. Pero, volvamos a la historia de nuestro amigo que sintió ser un rey de verdad. Y uno de esos con su reinado, poder y súbditos, pero, real, actual.

Nuestro amigo y vecino, nació a pocas cuadras de mi casa. Yo le veía siempre que pasaba por la puerta de mi casa rumbo hacia el colegio en el que ambos estudiábamos. La primera vez que le vi, estaba entrando detrás de mí. Yo hacía esfuerzo inconmensurables para no entra el mi primer día de colegio, y lloraba, me agarraba de las faldas de mi madre. No, no, no, no por favor, gritaba, y lloraba. De pronto, le vi. Era un chico de rostro amplio, cabellos negros y ojos saltones, y aunque iba bien vestido, eso no era lo mas llamativo de su personas. Sí lo era su porte, su mirada y su voz que sonaba a la realeza... Me miró y sentí que debía parar de llorar, y no sé por qué, paré de berrear. Quizá por la vergüenza al ver que otro niño entraba sin llorar, o porque sentí en su mirada un encanto.

Nunca hablaba con nadie en el colegio, sin embargo, nunca salía bien en las clases, pero aún así, nunca perdía ese porte de realeza. Y por ello, todos en el colegio le llamábamos: Rey. En tiempo de la primaria pasó, y muchos amigos de la vecindad, le veíamos encerrado en su casa. Nunca salía si no fuera con su padre, madre o la empleada. Y jamás me dio un saludo, pero una que otra vez, me miraba a los ojos. Le vi tratar de conquistar a las chicas mas lindas del salón, fracaso. Bailar en las reuniones y conciertos del colegio, pero nadie deseaba bailar con él. Las chicas le decían que era un creído. Una tarde me le acerqué y traté de hablarle. Me sorprendió mucho al hablarme como si ya nos conociéramos desde siempre. Me dijo que no gustaba de reuniones y que quería hacer un largo viaje a su reino. Eso me llamó la atención y le pregunté en dónde quedaba su reinado. Me miró a los ojos y me dijo algo que nunca olvidaré. Lo estoy creando, y vendrá sin que me avisen. Me despedí de él. Las siguientes veces en que le vi, tan solo le saludaba.

El tiempo continuó su marcha y ya por salir del colegio, observé que en todo aquello en que se metía, como deporte, artes, literatura, conducta, nada le salió bien. Era un bueno para nada, pero ni con esas perdía su altiva mirada y su caminar majestuoso. Yo ingresé a la universidad y estudié literatura pura. Y Rey, por más que intentó ingresar a la universidad, jamás pudo conseguirlo. Le vi intentarlo cuatro años seguidos. Y siempre era lo mismo, nada. Y cuando se iba de ver los resultados, se escuchaba de su boca: quizá aquí no esté mi reino.

Terminé mis estudios y me puse a laborar en una editorial como corrector y crítico literario para una revista. Me casé y tuve una linda nena a la que llamé, Sofía. Mi mujer también se llamaba así. Una tarde en que iba a dejar a mi hija en el colegio, le volví a ver a mi amigo Rey. Le saludé y este me devolvió el saludo. Me estacioné y bajé del auto con mi hija para saludarle. Me contó que estaba casado y que tenía tres hijos, ya jovencitos. Le pregunté a qué se dedicaba. A nada, aún a nada, respondió. ¿Cómo haces para mantener a tu familia?, le pregunté. Respondió que cuidaba un condominio cerca de la playa todas las noches. Agregó que su esposa trabajaba como visitadora médica. Iba a invitarle a mi casa pero vi en su mirada que no lo deseaba. Nos despedimos y le vi alejarse. Aún conservaba su elegante andar, y esa mirada altiva y visceral.

Una noche en que estaba muy agotado, sentado frente a un libro en las manos, tuve una visión de él. Era así:

Rey llegaba de su laboro, cuando a pocos metros de su casa, le pasó algo que cambiaría su vida para siempre. A unos cien metro de donde se hallaba, escucho a una pareja que conocía, hablando de él. Allí esta ese vago bueno para nada... Sí, y mira cómo camina, como un loco, como si esperara que una nave se lo llevara. Y va a entrar a su casa, y de nuevo vamos a tener el concierto de peleas caseras en donde la única voz dura, es la de su mujer... Pobre muerto de hambre y miserable. Esto fue lo que escucho muestro amigo. Este se detuvo y escuchó a la pareja que decían: El loco se ha parado, seguro que ha tomado. Mira, nos mira, seguro que desea que lo saludemos. Ellos alzaron la mano, pero Rey no lo hizo, se sintió mal, muy mal, comenzó a odiar al mundo en que pisaba y dudó si alguna vez conocería su reinado. Sacó las llaves de su casa y cuando iba a colocarla en la puerta, escuchó la voz de su mujer y de sus hijos: Allí viene ese bueno para nada de tu padre. Ya, ya salgan de la mesa que el muerto de hambre va a entrar. Y escuchó de sus hijos: Dios, es papá, y seguro que nos quiere contar esa idiotez de su reino, su sueño, su historia de seres fantásticos, mejor mamá, dile que se largue y no vuelva nunca más. Ya lo he echado tantas veces de la casa, pero siempre entra como si nadie hubiera hablado con él... Todo esto escuchó nuestro amigo. Todo. Todo pudo escuchar, allí en el mismo lugar en donde encontraría su sueño de un reinado... Retrocedió hasta salir de la entrada de su casa. Soltó las llaves de su casa y las dejó caer al piso. Luego se quitó los zapatos, la camisa y corrió si parar con los oídos tapados, pues, no podía dejar de escuchar las burlas de todo el vecindario. Era como si jamás hubiera escuchado nada y ahora, escuchaba una realidad miserable. Llegó al mar y comenzó a caminar hasta hundirse casi todo el cuerpo. Miró hacia el cielo y dijo: ¿En dónde estás? ¿Por qué siento tu presencia, siento que soy un rey, pero no puedo escuchar tu respuesta? ¿Vale la pena esta vida si no encuentro mi lugar?

Todas esas preguntas se hacía mi amigo y decidió caminar hasta meterse en las profundidades del mar, si no recibía una contestación, una lumbre que le diera sentido a su vida... Pero continuó caminando hasta meterse al fondo. Ya sin poder respirar, tuvo un sentimiento. ¿Existes o no? ¿Existo o no? ¿Y si no soy y nunca lo he sido, por qué guardo este sentimiento en mi alma, como una costra sagrada?. Ya con los pulmones a punto de reventar, soltó su respiración... Y nuestro amigo, comenzó a hundirse en las profundidades del mar. De pronto, mientras se hundía, volvió a escuchar voces... Abrió los ojos más y pudo ver que miles de peces de fosforescentes colores se le acercaban, vitoreando: ¡Nuestro Rey ha llegado! Vio a todos estos seres, y también observó que la arena del mar brillaba como estrellas en el cielo. De pronto, realizó que podía respirar dentro del mar. Nuestro amigo sonrió, y sintiendo el respeto de todos los seres del mar, se arrancó el resto de sus ropas y comenzó a navegar hacia las profundidades del océano, y mientras más profundizaba, sentía que volvía de vuelta a su reino. Tras de él, miles de seres del océano le seguían... Y todos vitoreaban lo mismo: ¡Nuestro Rey ha vuelto al hogar!...

Me gustó mucho esta visión y quise escribirla para editarla en el periódico como una historia original. Y eso fue lo que hice al día siguiente. La presenté al Director y le gustó la historia del hombre que siempre supo que era un rey. Me dijo que la iba a publicar el mismo día y que me daría un buen premio si la historia producía mayores ingresos a la empresa... Agradecí a mi Director y salí de su oficina henchido de dicha y alegría. Era tanta la emoción que quise compartirla con algunos de mis amigos y compañeros. De repente, cuando llegué a mi sala de trabajo, noté la mirada y un silencio total en todos mis amigos, frente a la televisión. Se trataba de un reportaje de último momento. Hablaban del cuerpo desnudo de un hombre ahogado en la orilla del mar. Sentí un hielo en todo el espinazo. Me fijé de quién hablaba, y pude ver, a través de la pantalla, el cuerpo hinchado, desnudo y largo de mi amigo de la infancia, el Rey. Lo mas extraño de todo es que, en sus manos, tenía cogido un báculo relleno de brillantes conchitas de mar...


San Isidro, junio de 2007

Sunday, May 27, 2007

EL YOGUI

Se levantó muy temprano, antes de las seis de la mañana. Éramos compañeros de cuarto y este tipo, era un caso extraño. Decía que era un yogui. Se sentaba en posición de loto y entraba en un viaje de paz, tal como decía. ¿Qué sientes?, le preguntaba muchas veces. Paz, respondía. Mucha paz... Es como si dejaras tu cuerpo laborando sin parar y tu, te pusieras a sentir lo que es ser libre de un cuerpo, y viajas a lugares sencillos, como al pasado, al futuro, o estás en el presente fisgoneando todo cuanto ocurre. ¿Nada mas?, pregunté. Nada más, y eso es todo. Mi compañero volvió a cerrar los ojos y se puso en trance por más de dos horas. Esto lo supe pues me había bañado, había tomado desayuno y subí a despedirme de mi compañero. Allí estaba, sentado como un buda, parecía ser que algo sucedía en este amigo. Una vez, todo el cuarto estaba oscuro. Iba a prender las luces pero mi amigo hizo un movimiento y murmuró que aún no. Me acerqué al lugar de donde provenía el sonido y pude ver que era mi amigo. ¿Eres tú? ¿Estás allí?, pregunté. No respondió, pero, de pronto, me acerqué hasta donde estaba y vi que una luz, que no era de ningún lugar ni espacio, florecía alrededor de mi compañero de cuarto. ¡Dios, eres luz!, le dije. No escuché respuesta... Salí de mi cuarto y pedí a la dueña de casa que me cambiara de cuarto. Al día siguiente, ya estaba en otro cuarto. Este era pequeño y cabía una sola cama. La mía. Viví solo y al cabo de un tiempo, olvidé a mi amigo el yogui. Una mañana, mientras salía de mi cuarto escuché esos sonidos que sabes que son problemas. Me acerqué hacia el lugar de donde provenía el ruido y vi que provenía del cuarto de mi amigo el yogui. Entré y vi que estaba la dueña de la casa, un oficial de la policía, dos estudiantes, vecinos y yo. ¿Qué ha pasado?, pregunté. Uno de ellos me contó que la noche anterior escuchó gritos como los de un mono. Se acercó y tocó la puerta. Nadie respondió. Este abrió la puerta y vio que un cuervo salía del cuarto volando y graznando sin parar. Entró y vio la ropa de mi amigo, tirada por el suelo. Desde esa mañana, mi amigo no se le ha vuelto a ver... Pero, desde aquel día, muchos de nosotros sienten, mientras duerme, un calor en el fondo de los pies. Abren sus ojos y ven un puntillo de luz en la parte izquierda superior de sus cuartos. Y esto sucedió hace unos días en que no se le ha vuelto a ver a nuestro amigo el yogui. Luego de una gran turbación, todos los asumimos como algo de nuestro amigo el yogui, y volvimos a nuestra rutina cotidiana. Sin embargo, en cuanto a mí, cada noche sentía un calor, una luz apegándose a mi rostro... Trataba de abrir los ojos, pero nunca pude hacerlo, y cuando los abría, veía nada que no fuera la oscuridad de la noche. Una noche, mientras llegaba a mi cuarto, le vi a mi amigo el yogui. Me asusté pues pensé que trataba con un fantasma. Este me miró a los ojos y como ya oscurecía, su rostro volvió a encenderse. No dije nada, tan solo le vi desparecer como si fuera una vela apagándose. Adiós, le dije y esta luminosidad pareció entenderme. ¿Por qué? Pues, porque cuando vi una luna en la noche, a través de mi ventana, pude ver el rostro del yogui entre las nubes grises de la noche, al mismo tiempo aprecié dos alas escarlatas atadas a su cuerpo, así como la cola de una estrella...


San Isidro, mayo de 2007

Sunday, May 13, 2007

un día nada mas...

estaba por salir a la calle cuando un señor se puso en su delante y le dijo que era su padre. ¿mi padre?, respondió. sí, soy tu padre, dijo el extraño hombre. nuestro amigo le miró y notó que este usaba un traje bastante grueso para la estación, tendría unos cincuenta y cuatro años, no usaba pelo, se lo rapaba, achinado, bajito, y una sonrisa medio tonta pero buena. ¿mi padre?, volvió a decirse nuestro amigo. y el extraño sujeto cogió un cuadernillo, un lápiz y se puso a escribir, y mientras lo hacía, miraba al buen muchacho que tendría algo mas de veinte años, alto, fuerte, blanco, bien vestido y con una sonrisa media burlona. dentro de sí, el extraño viejo, pensaba que todo era una ilusión, un conjunto de sueños aglutinados hasta convertirse en realidad; allí donde las cosas sucedían, era en cruce entre el sueño y la creación del gran hacedor... el muchacho, no pudo seguir parado en la puerta de su casa, le pidió permiso al extraño sujeto y siguió caminando rumbo hacia su centro de estudios... esto no le gustó al extraño sujeto. miró hacia el cielo, buscando inspiración, y luego, se puso a escribir algo diferente, y mientras lo hacía, el muchacho empezó a esfumarse, así como la niebla en el cielo, luego, continuó escribiendo y puso: "el muchacho salía de su casa, esta vez tenía quince años, un rostro delgado y triste cuando vio en la puerta de su casa a un extraño señor diciéndole que era su padre..."

san isidro, mayo de 2007

Sunday, May 06, 2007

sin corrección

bebido ante tanta sensualidad de las fotos sexuales que tenía ante mis ojos, tuve un sentimiento que subía como champaña agitada por todo mi cuerpo, entrando por mis piernas hasta llegar a mi sexo, a ese animal extraño que tengo entre las piernas y que ha veces tiene ganas de buscar su propio sosiego, aunque entiendo que todo nace en mi cerebro tal como dicen los curas o los moralistas del colegio, pero eso no importa cuando tienes al frente ese tipo de fotos, sobre todo cuando son fotos de una mujer sin cara, pero que es la que mas quieres en el mundo, que mas deseas y que mas sueñas, porque basta ver el resto de su cuerpo para darte cuenta de lo hermosa que puede haber sido sin que le veas la cara, pero así es cuando todo ocurre por desgracia para uno como yo que tengo la gracia de vivir encerrado en mis sueños de plenitud, de querer ser feliz, como si eso tuviera que ver con la carne, con los deseos humanos tan necesarios cuando uno es tan joven como lo soy en estos momentos en que estoy en mi casa sin mis padres, sin nadie y con esas fotos que llegaron esta mañana de casualidad y que llegaron para otra persona pero soy una persona demasiado curiosa como para dejar un sobre tan bonito y perfumado como el que llegó por casualidad a mi casa mientras no había nadie en ella, y que la abrí y allí sí que sentí que había cientos de ojos y invisibles presencias ante mí, aguijoneándome que lo que hacía estaba tan mal como cuando le pateé la canilla a la directora del colegio el día que se le ocurrió jalarme las orejas delante de la chica mas linda de todo el colegio, pero eso sucedió tan lejos en el tiempo que me pregunto qué será de esa señora, de la directora que tenía las piernas mas blancas y peladas de todo el vecindario, incluido las de mi madre cuando la veía en su cuarto mientras se cambiaba de ropa, o cuando se bañaba y yo la miraba desde el techo de mi casa por un huequito que había por un ladito de la ventanilla, pero así eran las piernas de esa directora, y así las de mi madre, aunque ahora no se encuentre nadie en mi casa, tan solo esas fotos de una mujer que no puedo verle la cara pero sólo eso porque lo demás se ve clarito, así como cuando el sol brilla al medio día y brilla tanto que ves demasiado y te duelen los ojos de tanto ver el sol allá arriba en el cielo, pero eso no tiene nada que ver con la foto que tengo en mis manos y que no puedo dejar de tener erecciones una y otra vez, aunque eso no es nada comparado con la vez en que tuve mi primera relación sexual con una chica mucho mayor que yo, y que era la amiga de una prima lejana, y que había venido a recoger una sillas para su fiesta de cumpleaños y que yo fui aunque no me gustaban las fiestas, pero sí sus gruesas y grandes piernas de la amiga de mi prima, aquel día en que le pidió permiso a mi madre para que ella se bañara antes de irse a bailar a la fiesta y que por casualidad yo entré en el baño y la vi totalmente pelada, sobándose sus partes llenas de vellosidades que hacían que mis ojos empezaran a quemarse de deseos por tocar esa parte tan negra y tan misteriosa, pero, tan especial para mí, por supuesto que lo fue, luego de que ella sonriera y me invitara a bañarme junto a ella y me hiciera el amor tantas veces que me quedé dormido en medio de la tina, sin darme cuenta de que la amiga de mi prima se iba con una risa mas grande que los de los tres chiflados, quedándome echado hasta que mis padres llegaron a la casa, preguntándome qué era lo que me pasaba porque tenía una cara tan relajada y seca que hubieran pensado que drácula me hubiera visitado, pero por suerte no se dieron cuenta, aunque mi padre me miraba con cierto sarcasmo, con eso que tienen los hombres que todo lo saben y que ahora siento que yo también lo sé todo, mientras miro las fotos sin cara pero tan familiares para mi que no podría dejar de pensar el resto de mi vida, así como ahora que ya he quemado las fotos, pero eso no impide que sigua pensando, y viendo ese cuerpo tan lleno de vida mientras sigo con esos pensamientos a pesar que no hay nadie en mi casa, a excepción de esos ojos y esa voz que parece que sale de mi conciencia...


san isidro, mayo de 2007

Friday, April 13, 2007

el abismo

podría contarte de un hombre que camina por la vida y que a cada paso que da, encuentra monedas de oro. Todas las guarda en su bolso, y cuando alguien, muy pobre, le pide una caridad, les da unas cuantas monedas. ellos las reciben y las guardan en su corazón, agradeciéndole con el regalo de ver unos ojos brillantes y sonrisas de esperanza. mientras el hombre continúa andando con el alma rebosante de paz. puede que caiga en un abismo y no se percate de ello, pues en su larga caiga, hacia el fondo, siente que hay muchas monedas de oro, lindas monedas, brillando en un universo lleno de estrellas... y el hombre sueña cayendo hacia el final del abismo, esperando que todo se vuelva brillante así como las monedas que le pide la gente, y que las da porque se siente mejor dando que guardando, o encontrando...


lima, abril de 2007

Tuesday, April 10, 2007

Pregunta

Sentado en la cima de una montaña tuve un sentimiento, fue bello, era como un aroma que ahogaba toda duda y ansiedad, calmando todos mis dolores, haciendo que el pasado, pasara de página, dejándome solo de frente al presente. Un ave se puso cerca de mí. Era una gaviota. La miré y ella me miró a mí. Pareció conocerme de siempre, como si toda la vida me hubiera esperado en este presente. Dime, ¿quién soy?, le pregunté. La gaviota abrió sus alas y partió por el aire, dando vueltas y vueltas, para luego, posarse en el mismo lugar en que estaba antes de partir. Pareció que iba a decirme algo, pues la vi caminar sobre sus dos patas hasta llegar a saltar encima de mis piernas. Ella comenzó a sobarse en mis ropas, mientras yo sentía mucha alegría. Todo era bonito, el viento soplaba suave y la brisa arañaba como seda las montañas y a mi piel. La gaviota alzó su cabeza y se fue volando sin volver la mirada. Ya todo empezaba a negrearse. Las nubes cambiaban de color, y un frío empañaba mi piel. Me iba a parar cuando sentí las ganas de volar. No tengo alas, me dije. Miré mis brazos y empecé a agitarlas como lo hiciera la gaviota. No podía volar, lo supe. No tenía pasado, pero el presente me gritaba que yo no era una gaviota. Comencé a descender de la montaña y cuando estuve de camino a la ciudad, a los hombres, un sentimiento me dijo la verdad: Eres un sentimiento. Sentí que era verdad, y en ese momento, todo el presente se hizo muy grande, tanto que todo pasado y futuro se hicieron presentes. Ya frente a todos los hombres, caminé sin miedo a nada, sin duda de nada, pues sabía que quien caminaba, ya sabía de donde venía y hacia donde iba. Aun estaba oscuro, mas una luz de la ciudad se puso ante mis ojos. Era una mujer con cinco niños. Tengo hambre, me dijo, y extendió sus manos para que le diera algo que comer. No tenía nada en las manos, pero le di mis ropas y todo mi dinero. Lo recibieron y me sentí totalmente pleno, lleno de algo hermoso que alimentaba mi sentimiento. Seguí caminando hasta llegar a la falda de un árbol. Tenía hambre, y le dije al árbol si tenía un fruto que darme. Una manzana cayó de sus ramas. La cogí y me sentí mejor. Gracias, le dije al árbol, y ella, atada a la tierra, no dijo una sola palabra, pero no dejó de mover todas sus ramas. Salí de aquel pueblo y desde ese lugar vi que todas las casas empezaron a encenderse. Vi que toda la gente del pueblo, niños, hombres, mujeres y ancianos, salieron y con sus manos en alto me dijeron adiós. Alcé las manos y seguí mi camino y no paré hasta llegar a mi destino, que era, un sentimiento, que día y noche crecía así como el alma de toda existencia…


San Isidro, Abril de 2007

Sunday, April 08, 2007

cosas negras


no tenía gana de comer, estaba muy enfermo. mi mujer decía que coma, que si no lo hago me voy a morir de hambre; ella seguía en su delirante monólogo y yo seguía mirando mi plato de sopa. había un trozo de pollo, fideos, agua espesa, tallarín delgadito. olí ese plato y me lo tragué de una vez por todas. mi mujer seguía hablando mientras me levantaba para irme a la cama. había estado enfermo por más de una semana. tenía diarrea, fiebre, tos, etc., prácticamente estaba podrido. esto es producto de tanto desenfreno juvenil, los tragos, amigas, mala noche, etc. cuando empecé a sentirme mal, no le dije nada a nadie. pero mi jefe me veía ir una y otra vez al baño, y cuando salía dejaba un terrible aroma en él. por reclamo de medio personal, me dijo que me fuera a casa, que estaba mal. le hice caso, porque me iba a pagar los días que faltara, eso me dijo, aunque eso decía a todo aquel que deseaba botar del trabajo, así que me sentí doblemente mal. la preocupación es como un cachiporra mental, viene una y otra vez, dejándote el cuerpo y cabeza hecho puré de papas. así pasaba la semana hasta que una noche, en que fui al baño, boté por el agujero del culo, una especie de cuerda negra, que salió después de pujar como una mujer al parir. me sentí mejor, era como si mi estómago se hubiera esfumado. miré el bedel y allí estaba esa cosa negra. la seguí mirando y, para mi asombro, empezó a moverse. dios, me dije, ¿qué es esto?. la cosa empezó a tratar de salir, desenroscándose de sí misma, por suerte, aún no había jalado el bedel. lo jalé, y esa cosa se fue con toda la mierda... me sentí doblemente mejor. volví a mi cama y vi a mi mujer dormida como una muerta. sus pelos estaban desparramados como una malagua de mar. su cara estaba húmeda y con la boca un poco abierta, y con sus ojos entreabiertos. de pronto, vi que una cosa salía por su boca. me fijé bien y era la misma cosa, o cuerda que acababa pasar por el bedel. dios, me dije. la cosa salía y salía y yo retrocedía más y más, pero, recordé la luz y la encendí, mi mujer despertó y la cosa despareció, así como cuando pasé el bedel. ¡¿que te pasa, imbécil?!, gritó mi mujer. le pedí disculpas y le dije que dormiría en el sofá de la sala, y que ya me sentía mejor. por supuesto no dormí un segundo, estuve sentado encima del bedel, por si acaso, también le dije a mi mujer que cerrara la puerta.

al día siguiente, me vestí y fui caminado hacia el trabajo, pensaba en todo lo acontecido la noche anterior. llegué al trabajo y vi a mi jefe. le dije que ya me sentía mejor, y este me dijo que ya había otro tipo en mi puesto y que regresara la próxima semana a cobrar mi salario. no respondí y decidí irme sin decir nada ni una palabra, pero antes debía vengarme. salí del trabajo y le puse barro en el tubo de escape del motor de su auto. sabía que eso lo iba a fregar. tomé el bus hacia mi casa y cuando llegué escuché unos ruidos. entré despacito y vi a mi mujer haciendo el amor con el vecino del costado mi casa. iba a decir algo, pero qué podría decir. ya había visto tantas novelas, tantos periódicos escribiendo lo mismo que sentí que era mejor irme de casa sin que nadie se diera cuenta de nada. recordé a mis dos hijos, que estudiaban en el colegio, pero, vivir un día mas, no podría soportarlo. así que, decidí irme, pero antes debía hacer algo, pero no en ese momento, mejor iba a pensarlo y cuando ya lo tuviera en claro, lo haría. dejé una nota en donde explicaba a mi mujer lo que acababa de ver y nada mas, que no preguntara por mí en ningún lado.

busqué un hotel y cuando estaba pasando la noche, me vino unas ganas de vomitar. fui hacia el baño y eché la misma cuerda negra por mi garganta. me dio temor, pero me sentí mejor, iba a jalar el bedel, pero, tuve una idea. la cogí y la puse en una bolsa. la llevé a mi casa y la puse en la puerta, con una nota: ¡eso es lo que eres, una culebra negra!. me fui y al día siguiente fui a mirar cual había sido la reacción. extrañamente vi a mi mujer limpiando toda la entrada de casa. era mierda, pura mierda. pensé que enloquecía cuando tuve una idea. me acerqué a mi mujer y apenas esta me vio empezó a hablar y de su boca salía la culebra negra, salía y salía y no tenía cuando parar. cogí una palana y se la tiré por la cabeza. estaba lleno de odio, ira y de mil cosas terribles. yo seguía clavándole la palana hasta que llegaron los vecinos y me detuvieron. y cuando lo hicieron, yo gritaba: ¡la culebra, la culebra negra!. está loco, dijeron, y cuando me enseñaron a mi mujer, vi su cara aplastada, ensangrentada como un puré de papas, rojo por supuesto...

me llevaron a la cárcel y por más que traté de contarles mi historia de la culebra, ellos me dijeron que estaba loco. y hoy, que estoy metido en un loquero, veo a gente que ve casi lo mismo que yo, pero ellos ven las cosas de diferentes colores y diferentes animales... lo más extraño de todo es que veo a gente vestida de blanco llevando en la boca la misma sierpe negra...


san isidro, abril de 2007

Friday, April 06, 2007

después de meditar...


bethoveen, siempre bethoveen, me agrada bethoveen, seguro que a todos les gusta, aunque en mi cuarto sea sólo yo quien le escucha, y siempre con las ventanas y puertas cerradas. mis amigos no entienden de estas cosas, sólo yo esoy lo suficientemente loco y solo para entender el alma de bethoveen. a lo largo de mi vida, jamás le había escuchado, pero, una tarde, mejor dicho, una mañana, una de esas desoladas mañanas, escuché al maestro, le escuché y sentí lo que quiso decir. pasión, pasión por la vida, por este aliento tan intenso, por expresar aquella morada llena de soledades, de sonidos prohibidos para mortal que vive mirando de frente, sin saber que todo se halla mas allá de lo que los ojos nos muestran. dios, le escuché y quise escucharle siempre. me volví un melómano empírico, de esos que cruzan las veredas y justo justo le cae una estrella en su alma casta, y llora de aquel fulgor que no cesa de brilla en su alma oscura, peregrina y tan sedienta de belleza...

la noche ya había llegado, había meditado. un niño jugaba en la calle, escuchaba sus giros a través de esa madera con ruedas, que suelen llamarle skype, o algo parecido. me acerqué a la ventana y le miré. era tan joven, tanto que sonreí de ver que su skype era mas grande que sus piernas. pareció que me vio. dejó de esquiar y se puso su tabla en las manos. estaba oscuro, pero siguió mirándome como quien mira a un perro aullando en la luna. dejé de mirarle y continué escuchándole, era hermoso, tan hermoso que subí el volumen. todos en la casa empezaron a protestar, miré la ventana y vi al niño parado, escuchando lo mismo que yo. había dejado su skype, y escuchaba tanto o mas que yo. cerré la ventana, bajé el volumen y me eché en la cama.

ya habían pasado tantas horas y su canto se repetía una y otra vez. estoy loco, me dije. apagué el quipo de música y me dije que tengo que escribir, esta belleza, este sentimiento, esta apreciación que tengo por todo lo bello, por aquel niño jugando en la calle. la apreciación es un regalo de esta vida, es seguro que mi estrella rompió el dique de la verdad, al menos de esta belleza.

apagué las luces de mi cuarto y encerrado, y en silencio, continué meditando. había ruido en mi interior. un mar lleno de olas, tormentas de pensamiento, pasiones perdidas en el tiempo, imágenes ya perdidas, miedos que tocaban las puertas de mi futuro, tanta bulla había dentro de mí, y todo, todo, gozaba de la misma melodía que bethoveen... hay belleza en mi vida, es un don, un regalo, algo que puedo gozar mientras cierro los ojos y escucho el mundo interior. es hermoso, me dije, tanto que puedo quedarme sin ojos, sin oídos, sin piernas y allí estará la misma pasión por aquella belleza, aquel fulgor que emana de aquella fuerza llamada pasión, y que el mundo melómano, un tiempo, le llamó, bethoveen...



san isidro, abril de 2007

Sunday, March 18, 2007

rincones

en uno de ellos estoy, o sea, en un rincón, pienso que estás en uno diferente al mío. debe tener esquinas o bordes diferentes, coloreadas esquinas, muros mas altos que los míos, seguramente hay ventanas a lo alto de todos los muros, personas viviendo en cada una de esas ventanas, ventanas limpias, con gente viviendo en ellas, y cada uno de ellas no saben que vives en un rincón parecido al mío, y ves, desde la arista en donde estás, una que otra persona circulando a través de tu rincón. es seguro que no te encuentras tan solo, como yo, que hay un ser humano a tu lado, puede que la quieras o no, pero allí está, a tu lado, en tu rincón, aunque esta no vea las cosas del mismo ángulo que tu, pero allí está, a tu lado, ese ser que te quiere o te soporta, no importa, pero está a tu lado, puede, además que tengas cría con ella, o él, no lo sé ni me debe de importarme, pero, sinceramente, me importa porque al igual que tu, estoy en un rincón, y cada persona que puebla este mundo en que vivimos, está en su propio rincón, aunque no todos se den cuenta de ello. unos van y vienen por todos lados de este espacio, pero, a la larga, terminan en su propio rincón, en una cama, agotados de tanto irse tan lejos, de haber cometido aciertos o no, pero todos vuelven a su rinconcito, ese del cual han salido desde que eran unos niños o quizá unos adolescentes, no lo sé con certeza. pero para qué vamos hablar de los demás, hablemos de nosotros, de nosotros que estamos tan solos a pesar que hay bulla de gente a nuestro alrededor, que gritan nuestro nombre, que besan nuestros labios, que muerden, hacen cosquillas, es decir, que no cesan de tocarnos para sacarnos de nuestro propio rincón. en verdad, somos tan parecidos. tienes un cuerpo y las mismas ganas de sentirte tan bien como yo, o piensas en hacer las cosas bien. y si has crecido en un ambiente miserable, tan solo esperas que el dios bueno te perdone lo único que aprendiste en hacer por la vida, que era robar lo que no tenías, para sobrevivir, pues nadie te enseñó a pedir ni a conseguir lo que tu ser necesitaba. en fin, es la historia de la gente que no tuvo mucha mas suerte que nosotros. en fin, para qué hablar de este mundo que para luchando contra sí mismo, con palos, balas, fuego, hambre, dinero, gritos, dientes, leyes, ropa, prejuicios, conceptos morales y religiosos... luchando contra sí mismos, sin saber que todos estamos en el mismo rincón, en el mismo lugar, sólo que miramos desde diferente ángulo. nadie lo sabe, o todos lo saben pero nadie lo recuerda, pero esto, tanto como yo, tu, lo sabes muy bien, y si no lo sabes es que lo has olvidado, pero para eso estamos los otros, esos que ya perdieron la ilusión en este mundo y que tan solo desean estar bien en su propio rincón, sin que nadie mas que su sombra les abrigue, y sus recuerdos sean esa lumbre que caliente su pasado, y sonríen por haber vivido tanto tiempo como un niño, un palomilla, uno de esos que aprendió que todo debía hacerse como la gente mayor, pero que nunca se comió esa historia de la gente cuadriculada, uniformada, de esas personas que miran con sospecha para ver si alguien cometió error, sin darse cuenta que nacieron de un error y viven de puros errores correctos, llenos de aplausos y diplomas y eso que suelen llamarle gloria por cierto tiempo hasta que llega eso que llaman ancianidad y dejas tu coliseo de lucha y tienes que volver a tu propio rincón, y estos siguen sin saber qué animal los pateó, no se da cuenta que la gente que le dio instrucción para vivir sólo cometen error tras error, así como los que llevan este globo de tierra y agua hacia una gran bola de fuego... pero eso ya lo intuyes muy bien, yo ya me cansé de ver ese tipo de personas y ya no salgo de mi rincón, por supuesto que salgo a la calle, me río como un tonto, trabajo y saco dinero para comer y vestirme, y comprarme un libro, pero para nada mas... ¡ah!, bueno, y si aparece uno de esos coños peludos como mi mas negro deseo, agradezco y le doy la bienvenida, también le canto su "toma chocolate y paga lo que debes", para que disfrute así como yo lo disfruto. hablo de eso que suelen llamarlo el sexo privado, el amor novelero pero intransigente, pero, eso lo sabes también, y duermes así como yo, todas las noches, soñando acerca de las cosas que mas desearías hacer, o sueñas con esos miedos que llegan en forma de patadas a tu almohada, en tu rincón, así como todas las noches en tu propio rincón... y ya creo que debo dejarte este mensaje que tanto has esperado, claro que lo sé, ya lo sabes y te parecerá que no es mas que una locura haber leído este mensaje que sólo habla de un espacio, un pequeño espacio, tan pequeño que sólo entra nuestra esencia, nuestro ser sin paredes ni ventanas, no ruidos de vecinos ni perros con orina, ni nada por estilo… pero, aún no debes perder la esperanza, aún hay gente así como tu que gusta leer cosas sin mas sentido que la vida que es como la miel cuando la lees…


san isidro, marzo de 2007

Thursday, March 15, 2007

no dudes (solo para solitarios)

frente a la puerta de mi cuarto, me puse a pensar en todo aquello que hiciera a lo largo del día. cerré los ojos, mi cabeza reventaba de tanto trajinar... obligaciones familiares, compromisos no deseados, pensamientos castrados, etc. abrí la puerta y entré a mi cuarto. la máquina de escribir me esperaba, también habían libros sin terminar de leer. dudé en hacer cualquier cosa. apagué las luces de mi cuarto y me tiré sobre la cama, vestido, sudado, no quería hacer mas que darme gusto, hacer algo para mí, y tan solo un momento. estaba echado, no pensaba en nada, en nada, cuando me puse a pensar en lo que en sería correcto hacer. en mis pensamientos, asumí que me levantaba, llamaba a la lavandería donde trabajaba y le decía al dueño que estaba hastiado de ese ambiente humoso, pegajoso de su local y toda esa gente insensible por las cosas lindas como la visita diaria de una loca pidiendo unas monedas para comer. todos la echan como basura, y yo, como un cobarde, la veo irse, día a día, como un yoyo. en ese momento, me levanto y le entrego todos los billetes de la caja a la loca, ante el asombro de los empleados y de mi jefe que con un palo, me echa a patadas de su local. me largo y antes de irme, le digo lo que siento por todo su trabajo... llego a mi cuarto, y... no se si entrar, pero entro, solo, sin trabajo y con tantas deudas que la cabeza vuelve a zarandearme. escojo otro pensamiento y deseo encontrar la santidad. estoy concentrado buscando la paz interior y me encuentro en medio de una oscuridad viva, encantada, como una río de aguas mansas pero vivas. me dejo llevar como si estuviera en una balsa y entro en otro mundo, diferente, pero mío, muy mío. me agrada ese sentimiento y siento que todo empieza a esclarecerse. veo un espacio sin límites y luminoso, lleno de tranquilidad, estoy bien, muy bien, y, agradezco a dios el hecho de estar vivo... sonrío ante este pensamiento y abro los ojos y me pongo a escribir, luego, a meditar... pues sé que seré muy feliz, o, al menos, estaré en paz, mucha paz…


san isidro, marzo de 2007

Wednesday, February 28, 2007

una vida normal

… tenía mucho calor. el día fue terrible. gané mucho dinero, mucha plata, y tuve la suerte de enamorarme y hacer el amor con una linda muchacha. es lindo estar enfermo de esa manera, tan solo deseas estar a su lado, besarla por todos lados, mirarte en sus ojos, acariciar su piel infinitas veces, verla sonreír una que otra vez... es una bella manera de vivir, aunque te sientas atado a muerte. aún continuaba el calor, y cada vez que hacíamos el amor, terminábamos mojados, así como los caballos. pero, la verdad, en medio de ese calor, todo llega a cansarte. le dije que estaba un poco cansado de estar enamorado y que me gustaría que se fuera un poco lejos, es decir, no tanto como para no verla en un par de horas, pero lejos, lo necesario, ¿me entienden?. bueno, parece que ella tampoco me entendió, pues cogió todas sus cosas y se fue a la calle. aún hace calor y la veo salir y entrar al cuarto de un hombre negro y alto. deben de estar locos de amor, así como lo estuve yo. tengo pena por ellos, y siempre que les veo entrar, les llevo una jarra llena de agua. esto de ser medio tonto, o generoso, casi es lo mismo, te da mala suerte. lo primero que hicieron fue darme las gracias, pero con el paso de los días, ambos me miraron mal, y cada vez peor. hasta que un día en que llevaba la jarra, se la tomaron allí mismo, y me tiraron la jarra vacía en la cabeza. quedé medio mareado y se me fueron las ganas de ser tan idiota. pero, en verdad, cómo sufría al verla entrar y salir del cuarto del negro. una noche la esperé escondido tras un árbol, aún hacía calor. apenas salió le pedí si podíamos hablar. está bien, me dijo. le dije que la amaba pero a la distancia, ni tan cerca ni tan lejos, pero deseaba verla una que otra vez. le dije que inclusive podía pagarle una vez por semana por cada visita que me hiciera, también si así lo deseaba, podíamos hacer el amor, eso sólo si ella lo deseaba. puse mi cara de perro que trae un hueso a su dueño, y esperé. me miró con pena y me dijo que no, que no deseaba verme jamás... lo siento, terminó diciéndome. la vi alejarse y con ella se iba mi amor, mi pasión... la vi casi desaparecer por la oscuridad, y subir a un auto mas raro aún pues tenía luces por todas partes. corrí para ver mejor qué tipo de carro era, y vi que era un carro de la ambulancia. ella y el chofer, me miraron y se rieron como si fuera un idiota. no me gustó esa mirada y empecé a odiarles con toda mis fuerzas. me di media vuelta y corrí a tocarle la puerta del negro. éste salió y gritó: ¡qué es lo que quieres!. le miré y le conté todo lo que vi. el negro me cogió del cuello y me dio un empujón. salí volando hasta caer en medio de la pista. justo en ese instante pasaba un carro. pero no pasó por encima de mí. tuve suerte. me paré y fui a darle las gracias al chofer, pero este me preguntó si estaba loco. le sonreí como un idiota, me sentí bien de sonreírle al chofer, pero a este no le gustó mi sonrisa y me escupió a la cara, luego, partió. Me fui caminando hasta llegar a mi cuarto y antes de entrar vi a chica, la misma que no deseaba verme jamás, parada en la puerta de mi cuarto. estaba tan bien vestida que sentí que me amaba. ¿me amas?, pregunté. no, dijo, no puedo amar a una persona como tu, pues estás loco… ¿acaso no te das cuenta?. le dije que no me daba cuenta, pero si a ella le parecía, eso no me molestaba. me cogió de la mano y entró a mi cuarto. se desnudó totalmente, y vi sus senos nuevamente, su pubis lleno de esa pelambrera que tanto me gustaba frotar. era ella nuevamente, pero había algo diferente. su cuerpo estaba gastado como guantes de boxeador viejo. Ya no era tan terso como cuando la besaba infinitas veces, no, ahora era la piel estirada de una perra. perra, le dije. parece que eso le gustó. me desnudó y me hizo el amor, y como una perra, me mordió en cada parte de mi cuerpo… a la mañana siguiente, se fue, dejándome todo el cuerpo con las huellas de sus dientes. dios mío, cómo me ardía el cuerpo. fui a la farmacia y me compré unas pastillas para el dolor, pero, no sé porqué, sentí deseos de suicidarme y me compré un pomo de somníferos de colores. cuando llegué a mi cuarto puse frente a mis ojos ese pomito, un vaso de agua y… dios mío, tuve deseos de dormir, aunque no sufría por nada terrible, tan solo deseaba saber cómo era eso de morir porque me daba la gana, o por curiosidad. y allí estaba, frente al pomito de colores y el vasito. de pronto, la puerta sonó. no quería ver quién era, pero siguió sonando, luego, escuché gritos. era el negro. me paré y fui a abrirle la puerta. ¿qué deseas?, le pregunté. me siento mal, la perra esta, me ha dejado, me dijo, y luego se puso a llorar como un idiota, un niño en otras palabras. de pronto, la puerta sonó de nuevo. cállate, le dije al negro. yo sabía que era élla. me paré y abrí la puerta, pero antes, escondí al negro dentro del baño. ella entró y me dijo que necesitaba plata. ¿cuánto?, le pregunté. mucha plata, quiero mucha plata, me dijo y sonreía feo, así como los diablos. está mal, pensé. ¿no quieres morderme de nuevo?, le pregunté. no, respondió, quiero plata, mucha plata… saqué todo el dinero que tenía en los bolsillos, le firme un cheque con todo lo que guardaba en el banco y se lo di. gracias, me dijo, luego, se fue. fui a mirar con quién se iba y vi de nuevo el carro de la ambulancia. ya iba a dejar de mirar cuando vi al negro que la seguía con un cuchillazo, clavándoselo infinitas veces, así como yo, cuando besaba toda su piel. luego, vi como el cuerpo de la chica manaba sangre, mucha sangre, así como la plata que le di momentos antes. sentí pena por todo y cuando iba a dejar de mirar vi al negro entrar a mi cuarto, cerrar la puerta y sentarse en la silla de mi cuarto. le vi tan cansando que le alcancé el pomito de colores, que lo iba a hacer dormir para siempre. él me miró y sus ojos se agrandaron como dos huevos, volvieron la mirada al pomito y yo aproveché para alcanzarle el vaso con agua. le sonreí y este sonrió como un niño. le puse el pomito y el vaso en la boca, y este se la tomó tranquilito. fue extraño ver su cuerpo convulsionarse como si tuviera mil demonios, hasta quiso ahorcarme el muy loco, pero le empujé y pude librarme de esos demonios… al cabo de un rato, le vi botar espuma negra por la boca… cogí una sábana y le tapé para que sigua durmiendo. miré hacia la ventana y aún hacía calor, mucho calor. sentí envidia del negro…


san isidro, febrero de 2007

Monday, February 26, 2007

una historia sin tiempo, espacio ni lugar

escribí un poema, lo borré. escribí un cuento, hice lo mismo, e igual con una novela, ensayo, biografía, autobiografía, carta, epístola, texto dadaísta, etc. todo lo borré, con el codo del tiempo, cuando escribía sobre la pizarra de la noche. no quería salir, pero todos estos escritos, aunque muertos y olvidados, me jaloneaban la conciencia... ¿por qué nos dejas?, gritaban, pero sólo yo podía escucharlas. salí de mi cuarto y saludé a mis hijos, esposa, perros, empleadas, vecinos, amigos, a todos saludé. tomé el desayuno. ya me levantaba cuando uno de mis perros me preguntó si había escrito algo. lo miré desconcertado pues jamás había visto que un perro hablase. iba a decirle qué te ocurre, o que me ocurre, pero cuando miré a toda la gente que estaba sentada en la mesa, me di cuenta que todos esperaban mi respuesta, pues, todos tenían la misma mirada expectante que uno de los perros. dejé de tomar mi desayuno y salí de mi casa ante el silencio de toda aquella gente que, por primera vez, la veía tan extraña. lo raro de todo es que aun estaba con pijama y sin zapatos, iba a volver a mi casa, pero me dije que no, que no debía volver nunca mas... sé que estoy enloqueciendo, pensé. seguí caminando y empecé a cantar muy suavecito, como para que nadie me escuchara. sin embargo, vi que toda la gente que se cruzaba en mi camino me miraba y miraba mis ropa. ¿por que no canta mas fuerte?, escuché y vi que tenían los mismos ojos que mi perro. me asusté porque ya no tenía adónde refugiarme. seguí cantando mas fuerte y ellos seguían mirándome y pidiéndome que lo hiciera mas fuerte. me detuve y al primero que volvió a cruzarse en mi camino, le escupí la cara. en ese instante, toda la gente me cogió de las manos, piernas, de todos lados y empezaron a pegarme. perdí la razón, todo se volvió como si fuera una masa de pan que está dentro de una amasadora. el tiempo pasó, o no sé, algo por el estilo, pero cuando abrí los ojos vi que no había nadie a mi alrededor. también noté que estaba desnudo. miré mi desnudez y no sentí vergüenza. tenía un cuerpo bonito. mis piernas eran rosadas y con vellosidades doradas. mi pecho estaba erguido y potente. mis brazos largos pero firmes. pero, cuando miré mis manos, no estaban, aunque no me dolían. traté de gritar, pero no salía sonido de mi boca. iba a tocarme la lengua pero no tenía manos... me paré y corrí hasta encontrar un espejo. vi en una esquina una luna de una tienda. no había una sola persona y fui hacia la luna. me miré, pero no pude verme reflejado en ella... lo extraño era que sí veía a una muchedumbre de gente que caminaba por la misma calle en que estaba yo, sin que pudiera escucharla ni verla. alce mis brazos sin manos y nada, parecían fantasmas. caminé hasta llegar a mi casa. llegué y entré por la ventana. no había nada ni nadie, ni siquiera un solo mueble. recordé el espejo y fui a buscar uno. lo puse frente a mí y me vi reflejado. en el estaba yo, vestido aún con pijama, con mis manos completas, mi lengua larga y rosada. me sentí mas calmo. busqué un rincón para dormir y me eché y enrosqué como los perros. de pronto, sentí los lamidos de un perro. abrí los ojos pero no vi a nadie. ¿soy un fantasma o la casa es fantasmal?, me pregunté. escuché de nuevo la misma pregunta: ¿porque nos dejas?, y, ¿qué has escrito?. sonreí un poquito y empecé a recordar todos los cuentos, poemas, historias, novelas, etc., que había escrito un día, y mientras recordaba, toda la casa empezó a llenarse de mis seres queridos. mis manos volvieron a salir, mi lengua también pues la toqué con mis manos. vi que estaba vestido con mi pijama, aunque estaba medio jaloneando, roto, pero cubría mi desnudez. seguí recordando mis historias hasta que toda la gente en mi casa terminaron llorando por mis historias. me paré y fui a mi cuarto. cerré la puerta y volví a escribir, a pensar en voz alta, y esta vez nada me detendría jamás...


san isidro, febrero del 2007

Friday, February 23, 2007

Franco y Sincero

Llegué a mi cuarto tarde. Había un plato de comida, una jarra llena de agua, cubiertos, servilletas, nada más. Me senté y vi una carta. Primero quería comer algo, pero la carta parecía tener más hambre que yo. La cogí y la abrí. Era una carta de mujer en donde decía que yo le gustaba desde hace mucho tiempo. Pucha, me dije, una mujer que le gusto. Nunca antes me había sucedido, jamás, pero allí estaba la carta. Me fijé en el sobre para averiguar el nombre del remitente y leí: S. M. ¿Quién será?, me pregunté, ¿Será hombre, mujer, niño, anciano, loco, o, simplemente una broma de alguien? Todas estas preguntas me hice. Volví a leer la carta y decía que me observaba desde que entraba a mi centro de labores. Que le gustaba la forma en que caminaba, corría, entraba, miraba, sonreía, escupía, me quitaba los mocos de la nariz, etc. Contaba que acababa de irse a otro lugar, muy lejos y que jamás volvería a verme y por esa razón me dejaba esta carta, que era la primera que me mandaría y que la próxima me daría su nueva dirección. Coloqué la carta en su sobre y la eché a la basura. Comí pensando en la chica. Me la imaginaba loca. Tendré que cuidarme al salir a la calle. Voy a cambiarme de ropa con más frecuencia. Llamaré a mis padres, hermanos. Saludaré a mis familiares y amigos. Voy a cambiar. Seré una buena persona. En ese preciso momento supe que estaba asustado. Miraba la ventana y me sentía observado. Terminé de comer. Me bañé y antes de echarme en la cama, prendí la televisión. No había nada nuevo ni bueno. La apagué. También apagué las luces de mi cuarto. Traté de dormir pero no pude. El sonido del motor de la refrigeradora no me dejaba en paz. Me puse una almohada sobre la cabeza, pero hacía mucho calor. Me paré y fui a desconectar la refrigeradora. Volví a mi cuarto y traté de dormir. Escuché el sonido de un zancudo. Prendí la luz y con un periódico la busqué para matarla. Tuve suerte, allí estaba la maldita, pegada al techo. Me subí sobre la mesa en que había comido y con le periódico en la mano, traté de matar al zancudo. La maldita se escapó apenas yo levantaba la mano. Pero en el intento, me caí de la mesa y me golpeé la cabeza contra la pared. Empezó a salirme un chorrito de sangre. Me levanté y fui hacia el baño. Me miré en el espejo y vi que me había salido un chichón, estaba la sangre saliendo como si fuera un dique a punto de reventar. Cogí un poco de agua y me lave la cabeza. Dolía un poco, pero me limpié la cabeza. Salí del baño y fui hacia la cama. Las luces estaban prendidas y en una esquina vi la carta que había echado a la basura. Me dio pena verla así. Me le acerqué y la puse encima de la mesa del comedor. La volví a leer. Leí nuevamente y no sé por qué, me dieron ganas de responderle, y le respondí. Por supuesto que le mentí acerca de mi vida. Le dije que estaba separado hacía más de cinco años y que me gustaría conocerla apenas ella se instale y que es buena la amistad, etc. Terminé de escribir y guardé la carta para cuando me llegara la carta con la nueva dirección. Y con esa certidumbre, me fui a dormir. Por suerte dormí muy bien. Al día siguiente salí al trabajo y me fijaba en cada persona que pasaba por mi lado. Miraba las ventanas de las casas por donde pasaba. Vi a una chica que me sonreía. Le sonreí. Me le acerqué y le pregunté su nombre. Me dio un nombre de iniciales diferentes, pero, no sé por qué, nos hicimos buenos amigos. Cada día iba a saludarla y ella me recibía hasta que una noche salimos a bailar. Bailamos y le dije que me gustaba. Ella me dijo que yo le gustaba. Le pregunté si alguna vez me había escrito una carta. Me dijo que nunca. Y no sé por que en ese preciso instante, el encanto se rompió. La dejé en su casa y nunca volví a visitarla. El tiempo pasó y dejé de esperar la carta con la dirección del remitente, y dejé de fijarme en la gente que se cruzaba conmigo... hasta que una noche en que llegué a mi cuarto, vino otra carta. La iba a abrir, pero esta vez tenía un hambre descomunal. Cogí la carta y me la tragué... Desde esa vez, nunca más volvió a llegarme cartas extrañas y anónimas. Sin embargo, noche a noche me sentía vigilado, y fastidiado por los zancudos...




San isidro, febrero del 2007

Tuesday, February 13, 2007

Una mañana fría y deliciosa

Desperté como nunca. Deseaba salir a la calle, contarle a la gente lo bien que me sentía, pero, me detuve y sentí el frío de la calle que venía a través de mi ventana. Voy a ponerme un poco de ropa, me dije. Fui hacia el ropero y vi mucha ropa. Me puse una camisa roja, un pantalón azul, zapatos blancos, medias negras, un sombrero azul y ropa blanca interior. Me miré al espejo y no me gustó la imagen que mostraba. Me iba a cambiar de ropa pero me dije que no, mejor salgo tal como me veo, total, soy como soy, y hoy me siento mejor que nunca. Bajé de mi cuarto y vi a mi hermana, madre, perro, sobrinas y la empleada. Hola, les dije. Ellos callaron, parecían estar preocupados. ¿Qué ocurre?, pregunté. Callaron, como si yo hubiese tirado una piedra al vacío y esperase que llegara a su fondo. Alcé los hombros y salí a la calle.

Ya en la acerca, busqué un auto que me llevara a mi centro de trabajo. Vi el auto y alce la mano para que este se detuviera. No se detuvo, siguió raudo. Me llamó la atención y me pregunté si todo esto no era más que un sueño, o aún no despertaba. Miré mi ropa y esta había cambiado de color, ahora todo era de color naranja. ¿Que me ha ocurrido?, pensaba y cuestionaba. De pronto, un auto se detuvo, era del mismo color de mi ropa. Miré al conductor y no pude reconocerlo. ¡Sube!, me dijo. No iba a hacerle caso, pero, me daba igual, hoy era un día esplendido para mí, había amanecido tan bien que no podría malograr aquel sentimiento. Subí.

Fue extraño pues en ningún momento quise mirar al conductor. Pero este hablaba y hablaba sin parar, y yo le respondía sí o no, nada más.

- ¿Por que no me miras los ojos, es que acaso te eres mentiroso?

- No

- ¿Eres tímido?

- Si

- Entiendo, eres un pobre tonto que gusta soñar y viajar en un día tan frío como hoy, y es seguro que crees que todo esto es un sueño, o una invención de tu imaginación, ¿no es verdad?

- Si

Seguimos viajando y vi que llegábamos a mi centro de labores. El tipo me dijo que baje. Le iba a pagar, pero este me dijo que no era necesario. Bajé y al frente estaba mi trabajo. Entré y saludé a todos mis compañeros. Ellos no me miraron ni respondieron mi saludo. Llegué a mi oficina y en mi escritorio había una nota con un sello que decía: Urgente. Lo leí, estaba despedido. Iba a preguntar al dueño de mi trabajo el porqué, pero, en verdad, era un día tan lindo, tan frío y tan especial que simplemente salí del trabajo y me fui a pasear por la calle. Adiós, les dije a todos mis excompañeros, pero estos no respondieron. Me dio igual, boté la carta al piso y seguí caminando hasta llegar a la salida.

Ya en la calle, no me dio la gana de subir a ningún auto. Quise caminar rumbo a un lindo parque que quedaba no muy lejos de donde me encontraba. Llegué al parque y vi muchos niños con sus madres. Me les acerqué y ellos rieron conmigo. Sus madres no dijeron nada. Era como si yo no existiera más que para esos niños de dos y cinco años. No me importó y seguí jugando y mirando a estos niños que me miraban con tanto amor que sentí que era un día muy especial. De pronto, el frío empezó a cambiar. El Sol salió poderosamente y todas las madres empezaron a sonreír. Que hermoso es ver a la gente feliz, me dije. Hubo tanto calor que quise quitarme la camisa y el pantalón, pero, ya mi ropa había vuelto a cambiar de color, ahora era blanca. De todas formas me quité la ropa hasta quedar en ropa interior. Y en ese instante, todas las madres me miraron y gritaron: Loco, loco, loco... Luego, cogieron a todos los niños y salieron corriendo del parque. Al poco rato llegó la policia y me llevaron a la fuerza, aunque no me resistí.

Ya frente al comisario, me preguntó el porqué estaba desnudo en la calle. Le dije que sentí mucho calor. Se rió y todos los otros policías también. Está bien, es usted un gracioso, pero, si quiere salir a la calle, por favor vístase, ¿ok? Si, le respondí. Salí de la comisaría y me fui hacia mi casa, pero recordé a mi madre, hermana, etc., y no quise entrar. Seguí de largo y alce la mano para ir de nuevo a mi centro laboral. Antes miré la ropa que vestía y era del mismo color de cuando me vestí por la mañana. El bus paró y entré. Toda la gente que me miraba, me saludaba. Yo les respondí con un gracias. Todo el viaje la pasé al lado de una anciana que me hablaba de sus nietas malcriadas y de sus hijos malagradecidos. Me hizo sentir mal. Pero ya estaba llegando a mi centro de trabajo y pedí disculpas a la anciana y bajé.

Iba a entrar pero dudé. Me paré frente a la entrada y vi que en ese momento salía el dueño de mi extrabajo. Me le acerqué y le saludé.

- Hola, ¿qué pasa, por que no ha entrado a su trabajo?

- Si

- Bueno, pues entre o, quiere que lo despida...

- Si

- ¿Qué le ocurre? ¿Se siente mal? Está con la cara de idiota, sonriente, qué le ocurre, ¿ha tomado porquerías?

- No

- Bueno, mejor vaya a su casa y descanse, se le ve muy extraño, y, mañana venga muy temprano, ¿ok?

- Si

Le vi alejarse y sentí que el mundo era muy extraño para mí. Me di media vuelta y fui de nuevo al parque. No había un solo niño, pero el frío era hermoso. Miré mi ropa y esta, estaba cambiando de color. Ahora era brillante, así como el Sol. Me sentí muy contento y me eché sobre el pasto a descansar. No quería despertar a otra realidad diferente... No, no deseaba despertar nunca mas, nunca mas....




San isidro, febrero de 2007

Thursday, November 30, 2006

TIGRES

Luego de caminar tan lejos, me senté a meditar un instante. Estaba aún en la carretera, los autos pasaban poco a poco, cada vez menos. Miré fuera de esta serpiente embreada y sentí ganas de desenroscarme de ella, me ataba a mi pasado. Vi no lejos una piedra de color rojo, me gustó su color. Dejé de meditar y me dirigí hacia la piedra. Cuando llegué noté que esta empezaba a cambiar de color, cada vez se hacía mas amarilla. Y cuando estuve cerca a ella me di cuenta de que no era una roca, no, no era una cosa inanimada, era un animal de color amarillo con rayas de color marrón. Era enorme, quizá porque no entendía estar frente a una bestia más allá de mi imaginación. Iba a alejarme pero la bestia empezó a moverse. Me quedé quieto, sin respirar, totalmente concentrado en la bestia que era un tigre. Este se paró sobre sus patas y comenzó a caminar sin darse cuenta de mi presencia. Era tan extraño todo esto que sentí que tenía que seguir al tigre hasta el final del camino. Le seguí no lejos de su presencia. Pasamos por valles hermosos, montañas enormes llenos de arbustos, animales que se alejaban apenas el tigre se acercaba. Continué siguiéndole. Llegamos a un pueblo, no había nadie y si había algo, eran las puertas que parecían estar podridas, abandonadas... Continuamos caminado, siempre con paso lento. De cuando en vez el tigre se paraba, volteaba, me miraba y yo le veía sus enormes ojos negros, su pelambre dorada con rayas marrones y sin hacer ni un gesto continuaba su marcha. No sabía si se fijaba en que aún resistía su marcha o no, pero eso hacía de cuando en vez. Llegamos a una cueva y el tigre entró, también entré. Todo estaba oscuro menos el brillo de sus ojos que iluminaban con antorchas aquel lugar. Era una cueva muchos esqueletos, apestaba a podrido y recién empecé a oler a la bestia. Era nauseabundo, olía a excremento, orina, ha guardado. En ese instante iba a irme de aquel lugar cuando escuché su voz:

- ¿Por qué me has seguido?

- No sabía adónde ir, contesté.

- ¿Sabes quién soy?

- No, le respondí.

- ¿Sabes quién eres?

- No

- ¿Quieres saber lo que eres?

En ese instante empecé a sentir que todo mi cuerpo temblaba. Empecé a retroceder lentamente, sintiendo el fulgor de su mirada.

- ¿Quieres saber quién eres?

Volvió a preguntar. Iba a decirle que no, pero continué retrocediendo hasta salir afuera de la cueva. Una vez la luz bañó todo mis ser, empecé a correr hasta llegar nuevamente a la pista... Vi que un auto pasaba por la carretera y alcé mi mano para que parara. Se detuvo. Corrí para subir. Era una familia completa. Padre, madre, hijos, un perrito y mucha comida por todos lados. Les pedí si podían llevarme. Sube, dijeron. Subí y empecé alejarme del tigre y de toda mi extraña soledad... Ya estábamos llegando a la ciudad. La noche estaba sobre nosotros. Las luces de los postes iluminaban aquella ciudad. El ruido de los autos, los griteríos de la gente que pululaba la ciudad jadeaban mi soledad.

- Me quedó aquí por favor, les pedí

El auto se detuvo y bajé. No lejos de mí vi a un grupo de personas que estaban alrededor de algo. Sentí curiosidad y fui hacia ellos. Penetré entre ellos y vi que un hombre estaba tirado en la vereda. Era un anciano. Le miré y en ese instante éste abrió los ojos, mirándome un instante. Todos se asustaron, menos yo. Dejó de mirarme, se paró y empezó a caminar. No sé por qué le seguí, simplemente le seguí, no sabía hacia donde iba ni cuándo pararía, pero sólo sabía que tenía que seguirle hasta el final del camino...


San isidro, diciembre del 2006

Thursday, October 26, 2006

Cruces

Había tanta mugre en mi ropa que decidí botarla todo a la basura. Miré lo que tenía de ropa y era muy poco, tan poco que me dio vergüenza salir con eso a la calle. El teléfono sonó. Era la llamada de una mujer desconocida, me dijo que era mi vecina y que diariamente me observaba a través de su ventana. Le pedí su nombre. No quiso dármelo. Le di el mío. Es muy bonito, me dijo, ¿deseas salir un rato a caminar? Le dije que no tenía ropa adecuada para salir a la calle. Si gustas, ¿por qué no te vienes a mi cuarto y conversamos y así nos conocemos un poco mas? Calló. ¿Alo? ¿Aún estás allí?, pregunté. Sentí su respiración y luego me dijo que fuera al suyo, que ella tenía ropa como para mí. Ok, le dije. Me puse una sabana y salí de mi cuarto. Felizmente no había nadie en todo el corredor. Bajé todas las escaleras del edificio en que moraba y llegué a la calle. Vi a un mendigo, unos negros, un grupito musical y varios autos que rodaban por la avenida. Crucé la pista y entré en el edificio en donde presumí que vivía la chica que me miraba a través de su ventana. Ya estaba llegando (eso creí) cuando me pregunté si todo no sería una farsa, una broma, me detuve. Miré cuantos escalones faltaban para llegar, pero no sabía el piso en que la chica vivía, peor aún, no sabía si era el edificio correcto. Conté los escalones. Eran cinco escalones para saber la posible verdad. De pronto escuché que alguien abría una puerta. Es ella, pensé. Me escondí bajo las escaleras para verla. No lo conseguí, tan solo veía una sombra y era enorme, como un fantasma. ¿Eres tu?, escuché la voz de una mujer. Anda, no seas tímido y sube, sube que falta poquito para que llegues. Me escondí aún mas y decidí no salir jamás, como una tortuga, un caracol. ¿Vas a salir o no?, preguntó. No respondí y continué esperando. Ella también esperó. Pasaron muchos minutos. La chica empezó a fumar, escuché el cerillo cayendo al piso. Vi el humo mezclándose con su enorme sombra, temblaba por la incertidumbre cuando me cuestioné: ¿qué hacía escondido como un caracol?. El sonido de la puerta cerrándose me sacó de mis cavilaciones. Pude salir y empecé a bajar de aquel edificio. Crucé la avenida y aún estaba el mendigo, los negros, los músicos, y aún los autos circulaban por la avenida en medio de una noche llena de luces de neón. Llegué a mi edificio y subí los escalones, los corredores, por suerte nadie me vio. Entré en mi cuarto y sentí que todo había sido una alucinación, un sueño. Nuevamente sonó el teléfono. Lo alce. Era ella, no hablé, quería escucharle su voz, pero ella tampoco habló. Pasaron muchos minutos hasta sentirme el ser más estúpido del mundo, y en ese mismo instante, colgó quien llamó. Me senté sobre mi cama y miré la ventana. Las luces de mi cuarto aun estaban apagadas. Me arrastré hasta llegar a la ventana. Me fijé si había alguna ventana en el edificio de enfrente prendida, pero no, no había ni una. Encendí las luces y continué buscando algo con que vestirme, pero no encontré nada decente. Miré mi cama y me acosté, era lo único que me quedaba, lo único... Con suerte dormí, y cuando estaba casi en un cielo sin concreto ni autos ni gente extraña, el teléfono sonó y desperté... Me levanté, cogí el teléfono y lo aventé por la ventana. Lo vi caer al piso haciéndose trizas, luego, miré si había alguna luz encendida en el edificio de enfrente, pero no, no había ni una sola luz, ni una, nada, pero sentí que alguien subía los escalones de mi cuarto hasta llegar a mi puerta... Escuché una respiración. No me moví, temblaba. Pasaron varios minutos y siguieron pasando hasta que escuché que alguien bajaba los escalones de mi edificio. Cerré los ojos y dormí en paz...


San isidro, octubre de 2006

Friday, October 13, 2006

Girasoles

Te leo siempre
con ojos de niño eterno

Busco un espejo en tus letras,
que diluya soledades,
sombras elegantes y chismosas

Aún escucho la caída de nuestras piedras
Nunca llegan al final
Todo es silencio metafórico
Silbido de agonías fosilizadas

Huyo como sombra ante verdades matinales
En mis trancos
encuentro valles fraternales
Me detengo un instante
Observo que todo universo se congela
Todo se detiene
mientras ojos me miran como siempre…

Tengo que morir mientras te leo
Es que
Todo llega a su final
cuando tuvo un inicio

Este es mi poema
Uno que no dice nada
pero dice lo que siento
que es casi nada
y casi todo para mí...

San isidro, octubre de 2006

Thursday, October 12, 2006

El Nóbel

Acabo de leer el mensaje de Nóbel, la verdad es que me había olvidado de ese premio. En esta parte del camino se me hace agria la boca cuando veo a cientos de lectores buscando los libros del Nóbel de año. Eso ya pasó para mi, casi no voy a las librerías. Voy y paseo por los libreros viejos y si veo algo interesante como libros de la editorial Aguilar, Obras de Griegos, los compro. Acabo de comprar a Plutarco y a Diógenes, dos Biógrafos, entre cuatro libros que ya compré. Los voy a leer, se ven deliciosos.

También he conseguido un libro de Fresan, "A la velocidad de las cosas", un libro de cuentos muy interesante; a Kawabata, "Historias en la palma de una mano", algo tan especial como el mismo autor japonés; pero, Borges me atrae mas. Los dejé sobre mi escritorio, con un separador en la página en que me quedé, y continué con el Tercer tomo de Obras Completas de Borges, mientras miraba de reojo los cuatro tomos de Aguilar de Los Griegos, y ellos me miraban a mí, al menos eso empecé a sentir...

De pronto recordé a Macedonio Fernández, a Sócrates, a Pitágoras, etc., personajes que no deseaban ser editados por nadie pues creían que las letras iban a desmejorar la memoria de cada ser humano. Puede ser, pero es un paso hacia atrás, un volver a nuestra raíces, a escuchar al vecino, a uno mismo y ver que cada uno de nosotros es o no, una página llena o no, letras bailando al compás de un tono, signos de un libro eterno, o, del Diccionario Secreto de Dios. Puede ser, ¿no les parece?

Cerré los ojos un momento y decidí una vez más que todo es una maravilla galopante cuando puedes aun respirar en este nuevo y anciano instante de lluvias de existencias. Existencias que encierran eternidades imposibles de encasillar, pero sí apreciar como cuando vemos la cola de un cometa fugaz… O como ese perro que se escapó de casa por una hora y que la fue a perseguir la empleada que no conocía muy bien la casa donde trabajaba. Fue gracioso ver que quien se perdió fue la empleada y no el perro que guiado por su instinto, volvió a su hogar. ¿La empleada? Volvió a su casa, lejos, muy lejos del lugar a donde trabajaba, en fin, también volvió a su hogar...

San isidro, octubre de 2006