Saturday, August 27, 2005

Simulacros

Aun continúo con el cuerpo adolorido y siento que me demoro en curarme. Espero que muy pronto me cure. Hay tanto que contar como por ejemplo la niña que está frente a mí, pegada a su madre, comprando figuras, juguetes que quien sabe para qué servirán… Imagino que la madre está divorciada, viste de oscuro, se cubre con una chompa de franela de color verde perico, tiene el cabello parcialmente teñido de amarillo oro que deja escapar algún manojo de hebras oscuras, negras como el color de los ojos de ella y su hija. Las veo alejarse cruzando la pista cuando un auto que parece estar apurado llega a embestir a la niña que sale volando junto a todos sus juguetes que su madre de pelo mal pintado y de cara llena de marcas de cansancio, aburrimiento y mucha resignación, le había comprado quizás para su tarea de colegio de fin semana…

Veo a la madre gritar como una bestia herida a la cual le han partido, arrancado la mitad de su vida. Parece un ser endemoniado, arrancándose sus pelambres de oro mal pintado, alzando sus brazos al cielo como si quisiera romper la cortina fría de mi fantasía. La veo coger a la niña que tiene los ojos en blanco, el cráneo abierto mezclado con su cabello, mientras la madre trata de sujetar los sesos y la sangre que brota de aquella cabeza que parece una calabaza reventada, metiendo todo aquello adentro del cráneo de la niña como si fuera una caja de plástico. La madre coge a la niña y se la lleva apachurrada en sus brazos. Todos están en silencio, uno de esos que enfrían hasta la sangre. Todos tienen la boca dura y abierta como si quisieran probar el sabor del sentimiento de aquella mujer de pelo mal pintado de oro que no termina de expresar a través de cada uno de sus movimientos. Todos la cuelgan en sus mentes como un cuadro de la última cena, todos menos yo, que dejo lanzar un suspiro y termino de escribir esta mentira pensando en que todo vaya a ocurrir algún día mientras veo a la señora de cabello de oro mal pintado cruzando la pista junto a su hija que deja escapar una muñeca que un auto apurado aplasta su cabeza sin ningún gramo de piedad que no sea las ganas de roda y rodar por esta pista en donde me hallo yo sentado en un auto, sintiendo el cuerpo adolorido, demorándome en curarme, quizás porque ya sea el tiempo de los achaques de la carne, pero no de la imaginación y observación como para escribir una mentira fea, linda… no importa, con tal que sea algo que sale de mí mismo…

San isidro, agosto del 2005

Posesiones Naturales

Son las doce de la noche y no sé si contarles lo que me ha pasado durante el día... Disculpen, pero, no puedo controlar la fuerza que sale de dentro de mí, y me dice que me haga hacia un lado y le deje ser, escribir...

"Mi nombre no importa, soy el hijo de alguien que hace mucho no existe, tuve cinco hijos, tres mujeres, servidumbre, y muchos caballos. Mi padre abandonó a mi madre, y mi madre me dejó en la puerta de una extraña casa que, en el futuro, fue mi triste y doloroso hogar. Allí tuve cinco hermanos mayores que yo, un padre terrible y alcohólico, y una madre que no dejaba de buscar amante tras amante lo que hizo que fuéramos todos diferentes. Nunca fui al colegio pero siempre me gusto observar a mi padre, era un tipo desagradable cuando estaba sobrio pero agradable cuando no lo estaba. Gustaba llevarnos a todos los hermanos al prostíbulo... Aún recuerdo a la primera mujer que tuve diciéndome: ¡ennntrrra chiiico! Y yo, como un coderito entré a las fauces de la loba, pues así la llamaban. Conocí el sexo, el amor, el odio y muchas enfermedades venérea, pero, como buen animal, siempre me curaba y muy rápidamente. Cuando cumplí los dieciocho años me escapé de la casa de mis padres prestados y con una meretriz me escapé de mi casa. Fue gracias a ella que comencé a leer, estudiar, hacer buenos negocios y, aprendí a matar... Es difícil la primera vez pero luego se te hace costumbre, sobre todo si te pagan por hacerlo. Tenía veinte años y ya era todo un asesino a sueldo. Me hice un experto, gané dinero y mucho temor de la gente. Me casé con la prostituta, tuve cinco hijos como ya les dije y, una mañana en que vi a toda mis cría durmiendo, a mi esposa desnuda tirada sobre la cama, me dio nauseas, una terribles nauseas que no se me pasaron durante toda la semana. Fui al médico pero no supo lo que tenía. Pero dentro de mi yo sabía que tenía que ver con el estilo de vida que llevaba... Luego de algunos meses decidí abandonar a mi familia no sin antes dejar una buena cantidad de dinero, exactamente la mitad. Tomé mi auto y me largué rumbo a la ciudad. En esos tiempos ya tenía poco más de treinta años cuando la luz de neón de los centros nocturnos me embriagó, haciéndome sentir que estaba en el verdadero infierno. Alquilé un cuarto y me compré una guitarra, eso era algo con lo que había soñado desde chico, y empecé a tocar, noche tras noche tocaba, y luego, inventé una canción que narraba parte de mi pasado... Increíblemente, una mañana un hombre que pasaba por la puerta de mi cuarto me escuchó y me pidió si podía cantar en su teatro. Acepté. Me volví en un canta autor. Me hice famoso y a los cuarenta y cinco años tuve mucho dinero, mujeres pero ni un solo hijo mas. En una de aquellas juergas sentí nuevamente las nauseas, yo ya sabía de donde provenían, era por la vida que llevaba, así que, nuevamente decidí irme a otro lugar. ¿Pero, adónde?, me pregunté, vaya donde vaya siempre encontraría los mismo, con colores diferentes, formas, olores, climas, pero yo sabía que las nauseas volverían a mi vida... Así que tuve que hacer un cambio radical. Me metí a un convento como voluntario, quise ser un santo, o, algo por estilo, quería sentirme, al menos, el resto de mi vida bien, en paz... o algo que se le asemeje. Viví en aquel lugar por cerca de diez años y, en verdad, la austeridad es un disfraz que esconde toda la montaña de nuestras pasiones, pero nada mas... Por mas que oré, me castigué, nada de nada... las nauseas venía y venían, hasta que tuve que salir de aquel apacible convento y largarme a vivir dentro de una cueva tal como un ermitaño. Allí, en el vientre de aquella montaña perdí la razón, me llevaron al sanatorio y me quedé hasta mi último aliento... Por suerte conocí a un tipo que gustaba ver el cine y junto, en el sanatorio las pasábamos mirando todas las películas que daban. Yo, ya era un anciano, tan solo esperaba la muerte, el dormir en paz, nada mas... Pero, una noche de insomnio salí a la terraza a caminar y levanté la vista al cielo y pude mirar la vastedad del universo, eso, me cautivó para siempre... Desde aquella noche no hubo momento en que no dejase de hablar de las estrellas, de la luna, del sol, de los puntos que veía, o creía apreciar en la oscuridad total del universo. Eso hizo el milagro de darme un sentido pues no hubo noche en que no me pusiera a escribirle a la luna, las estrellas, los cometas, el silencio, los pensamientos que parecían materializarse como pescados y pulular a través de mi sensible conciencia... Mi vida cambió, y, una noche sentí un llamado especial que me decía que valla, que valla... y así que salí del sanatorio a mis ochenta años y tal como un lobo en la oscuridad empecé a correr siguiendo las voces que escuchaba desde el fondo del universo... Caminé y caminé hasta llegar a un bosque, un lago, un sendero que parecía querer llevarme como si fuera una alfombra movediza. Y caminé y caminé durante toda la noche hasta llegar a un abismo... Miré el fondo y estaba tan negro como una noche sin luna, y escuché que vuele. Lo sentí tan claro que sin dudar me tiré al abismo y, para mi suerte, empecé a flotar, y mejor, volar así como las nubes hasta enrumbarme a la luna y diluirme en su plateada belleza. Mientras me acercaba, la luna se hacia mas grande y mas grande y mas grande hasta que todo se volvió luz.... Y bueno, cómo he llegado a contarles mi vida, es simple, soy uno de los hijos de la noche que navegan como puntos brillante por todos los espacios que tiene el universo, y en este caso, he llegado hasta el corazón de este fulano que se le ve tiene muchas ganas de escribir aunque no sabe de qué, por ello es que en estos lugares fuera del tiempo, yo, existo a través de su total aquiescencia, belleza y paz..."

Milagros como este no son frecuentes en mi vida. Ya no me pregunto si fue un fantasma quien escribió este texto, no, ahora uno lo deja ser, como si se tratara de un juego nocturno, como cuando uno era un niño y puede apreciar la presencia de brujas, gnomos, y seres que tan solo existen en nuestra imaginación, y en nuestros sueños mas extraños… Uno aprende a conducirse a través de la existencia como si tan solo pudiera saber el paso, la huella mas próxima a dar, de pronto, es testigo que tras la cortina del silencio, la noche, respiran existencias en una dimensión que jamás se podrá entender, pero sí sentir cuando alimento el corazón de eso llamado amor, belleza, paz…

San isidro, agosto del 2005.

Thursday, August 25, 2005

Exterminador de sueños

En cuanto a mi salud, estoy mucho mejor, espero que los dioses me den de sus gracias y bendiciones… Ahora tengo que salir al campo de batalla donde miles de hombres y mujeres del otro bando lucharán por sus tierras que son sus vidas… Y yo, y mis hombres lucharemos por expandir nuestra gloria y poder por los siglos de los siglos.

Hace ya cerca de veinte años que continúo luchando, hemos vencido a casi todos los pueblos del mundo, y estos, los que están al frente de nosotros son los últimos que quedan. Los puedo mirar a través de mi tienda que se halla en la parte más alta del campo de batalla, los puedo ver: hombres, mujeres, niños, ancianos cogidos de garrotes, cuchillos, palos, ollas… Son millones, y nosotros, somos el triple de ellos, sin embargo, cada momento antes de cada batalla me gusta observarlos, aún vivos, mirarlos a los ojos, sus cuerpos sanos o heridos, sus ropas, escuchar sus gritos por eso que llaman libertad…

¡Qué estupidez! Libertad, libertad, palabra estúpida, sueño de poetas, esperanza de hombres que no se conocen ni a sí mismos, de gente imberbe, que piensan en que una vez que nos venzan encontrarán el significado de aquella palabra, maldita palabra… La misma que me hizo ser lo que soy, un exterminador de los sueños, de la gente que cree en las palabras que existen en los libros… Insensatos, pero, es divertido verles después de cada victoria, ver sus cuerpos destrozados, sus ojos sin brillo, sus niños llorando sobre las montañas de carne sin vida… Todo es siempre lo mismo, y todo por la misma palabra: libertad, la misma que escuché a mi padre decirle a mi madre mientras le arrancaba el corazón con una daga para luego mostrármela en la palma de sus manos, y decirme mirándome a los ojos:

- Esta es la libertad, un corazón sin alas, sin vida…

Mis hombres se están alistando y un sabor en el alma me hace más fuerte, me siento un coloso y veo al mundo del color de la sangre del corazón de mi madre. Me agrada sentir que todo es así al principio para luego volverse todo cenizo, gris, seco como los ojos de un niño muerto con una bandera blanca ensangrentada en su pecho…

¡Qué estupidez! Libertad, libertad, libertad, libertad… mi sueño rojo, mi callejón sin final, que no terminará hasta que las fauces de la noche consuman toda mi salud y toda mi vida…

San isidro, agosto del 2005.

Wednesday, August 24, 2005

Descargas

Estaba muerto, totalmente muerto, y yo lo había matado. Era la primera vez que le veía, sin embargo, verlo así, echado como un pedazo de tronco seco me daba una extraña sensación de familiaridad... Me le acerqué cautelosamente pensando en que quizás todo fuera una broma, uno de esos juegos de simulacro, o de cine mal hecho, así que lo zarandeé, le di una patadita al cuerpo, luego otra y otra, pero nada, cada vez se ponía mas tieso y pálido. Está en verdad muerto, pensé.

Salí del departamento en que había lo había encontrado y regresé a mi casa, no sin antes tirar el arma homicida al río. Cuando llegué a mi cuarto aún permanecía el señor de rostro oscuro y bella sonrisa mirando la televisión, comiendo un par de salchichas y listo para salir e irse no sé hacia adonde. Apenas estuve frente a él me preguntó si ya lo había matado. Sí, le dije. Muy bien, ahora sí, ahora ya estás listo para despertar y comenzar una nueva vida... Pero, le dije, qué hago con el muerto, qué va a pasar cuando descubran que fui yo, bajo su pedido y consejo, quien lo mató. No te preocupes por él, me respondió, pues aquel hombre jamás ha existido, ahora, ya se ha esfumado, así como el humo, y tú, ya puedes empezar a vivir de nuevo... Se puso su saco blanco, cogió su maletín de cuero, me dio la mano con una sonrisa de oreja a oreja y salió de mi cuarto. A través de mi ventana lo vi alejarse, subir a un auto oscuro y perderse entre todas las luces artificiales de la noche...

Y ahora qué hago, pensé, qué voy hacer con mi conciencia, por qué le hice caso a aquel extraño señor que vino a mi cuarto como si siempre me hubiera conocido, por qué me dejé convencer por sus palabras cargadas de sabiduría, encanto y elocuencia... Quizás yo siempre fui un asesino y nunca lo supe hasta que él me aconsejó que matara, que matara a cualquier persona que se me ocurriera para desahogar el vacío que cargaba en mi existencia, quizás fue eso lo que me indujo a buscar a cualquier persona que jamás hubiera visto, y meterle cinco plomazos en el pecho, con una almohada para que no hiciera ruido... Estaba confundido, muy confundido y fue por eso que decidí ir a la policía y entregarme.

Entre en la oficina de la policía y me senté. Me preguntaron qué era lo que deseaba a estas horas de la noche y le dije que había matado a una persona. Me miraron como si yo estuviera drogado, loco, o idiota. Luego, empezaron a burlarse de mí. Tuve que pedirles que me acompañaran al lugar en donde encontré al señor y lo maté. Mientras caminábamos los policías me advirtieron que si bromeaba me iban a meter adentro por faltar el respeto a las autoridades.

Llegamos, subimos las escaleras, empujé la puerta y, antes de entrar les pedí que fueran ellos quienes entraran, yo, les seguiría. Luego de prender las luces y buscar por todos lados al muerto, no encontramos nada. Tocamos la puerta de unos vecinos y preguntamos si conocía a la persona que vivía al costado de ellos; y los vecinos respondieron que hacía años que aquel departamento está desocupado...

Estuve metido en la cárcel por una noche. Iba a quedarme por tres noches pero vino aquel extraño señor con la misma sonrisa, el mismo que me había pedido que matara a la primera persona que no conociera, para luego, pagar la fianza y sacarme de la cárcel. Mientras salíamos, él comenzó a cantar una bella melodía como si se tratara de un santo. Le pregunté el por qué estaba tan contento... No me respondió, pero me acompañó hasta mi cuarto y me dijo que no debería sentirme culpable por haber hecho lo que hice, que todo esto que vivía era como una ilusión, un juego, un enigma que yo debía descubrir si actuaba con simpleza, tal como un niño que juega siendo conciente mas que de su juego. Me dio la mano y se alejó nuevamente de mí, no sin antes decirme que debería volver a empezar otra nueva vida.

Ya estaba por llegar a mi cuarto cuando decidí no entrar, vaya a ser que encuentre a otro extraño señor y me pida otro tipo de cosas mas extrañas aún. Así que cogí todo el dinero que tenía en el bolsillo y me fui al puerto de buses más cercano. Compré un boleto y subí, esperando partir y alejarme de aquella ciudad en que viví desde que había nacido. Cuando el bus empezó a alejarse de la ciudad sentí como si un gran peso estuviera soltándome… Miré al señor que me acompañaba y vi, con sorpresa, que era la misma persona que yo había matado… Iba a bajarme pero recordé las palabras de señor de rostro oscuro y hermosa sonrisa: aquel señor, nunca ha existido. Extendí mi mano, y me presenté al señor que en algún extraño momento de mi otra vida le había metido cinco plomazos con una almohada para que no hiciera ruido.



San Isidro, agosto del 2005

Tuesday, August 23, 2005

Dudas Internas

¿Puede uno vivir sin dejar de escribir? Eso es lo que me preguntaba mientras pensaba camino hacia mi casa y me dije que sí era posible, e imaginé las cosas que podría hacer en su reemplazo, por ejemplo: me dedicaría a ver la televisión, visitaría a mis amigos y amigas, iría al cine, al teatro, a la ópera, me dedicaría a estudiar un curso de computación, trabajaría mas horas de las que trabajo, tomaría licor con mayor continuidad, leería mas libros de los que leo, me metería a un gimnasio, iría los fines de semana a cualquier lugar en donde halla sol, arreglaría mi moto que no la uso desde que escribo, meditaría mayor cantidad de tiempo, caminaría con un walkman escuchando música clásica o jazz, llamaría con mayor continuidad a mis parientes lejanos y cercanos, llevaría todas la noches a mi perra durante dos horas, conversaría con mis parientes con mayor alegría, bueno, creo que haría muchas cosas, quizás demasiadas, pero... ¿dejaría de escribir?, no.

Hoy fui a escuchar a un señor de la india, hablaba acerca de la paz interior, de la felicidad, y, de todo lo que dijo se me quedó grabado una parte que dice mas o menos así: “... Cada vez que estoy en Milano me paro frente a unos niños y les pregunto que es mas importante, la vida o el dinero, y los niños me responden que la vida; y cuando voy a Barcelona estuve frente a dos chicas muy guapas y majas y les hice la misma pregunta, pero ellas respondieron que las dos, les exigí una sola respuesta y respondieron que la vida... Luego les dije qué harían con su vida, y ellas respondieron que ser felices...” Me quedé pensando en su manera de declamar con una sonrisa que parecía ser la de un niño. Me agradó aquel tipo pero tuve que salir e irme a otro lado, preguntándome qué haría en esos momentos con mi vida... y me respondí que me gustaría ser totalmente feliz, y cómo, me dije, y me respondí que escribiendo aquello que siento dentro de mí, eso me hace muy feliz, entonces, ¿puedo renunciar a escribir si eso me hace tan feliz?... No.

Aun recuerdo las primeras letras que escribí hace ya tantos años cuando mis padres me llevaron a un psicólogo para que traté mi depresión, diciéndole al doctor que yo tenía todo pero que no era un tipo insatisfecho. Conversando con el doctor que era una mujer, me dijo qué era lo que quería ser; le dije que no lo sabía y que si ella me pudiera decir se lo agradecería eternamente. Ella me pidió que escribiera, dibujara, sobre aquello que yo sentía para la siguiente entrevista... Aun recuerdo lo que hice, fue un dibujo acerca de una mano unida por un reloj con otra mano, luego, un hombre que estaba enraizado con la tierra y extendía sus brazos en forma de ramas hacia el sol, y el último dibujo era una especie de oscuridad en que solo se veía en su centro un puntito blanco, eso fue mi dibujo. En cuanto a mi escrito puse muchas cosas que no recuerdo, pero de lo que sí me acuerdo fue que puse algo que sentí con real sinceridad, y eso fue: te amo doctora... Al día siguiente le entregué mis dibujos y mi texto. En cuanto a mis dibujos ella dijo que eran muy interesantes, pero cuando se puso a leer mi texto vi como lentamente bajaba su mirada reglón tras reglón hasta llegar al último en donde decía que yo la amaba... Sus ojos se abrieron mas de lo normal, su boca se puso enhiesta, sus manos parecían ser dos tenazas aferrando un pedazo de carbón al rojo vivo cuando cogió el papel y lo puso casi pegado a mis ojos preguntándome: ¿qué significa esto?... Me sentí como esas tortugas que se esconden en su concha, o capazón, y le dije que nada, no significaba nada. Le mentí, pues eso era lo único auténtico en mi texto. Ella me presionó, llamó a mis padres, les dijo lo que yo había puesto, me avergonzó delante de mis padres, y yo, como siempre, sonreí como un idiota. Han pasado muchos años, y aún me acuerdo de esas palabras y recién hace unos años sé la respuesta del por qué le escribí eso a la doctora, era porque así lo sentía, sentía que era la persona que podía ayudarme y me estaba ayudando como nadie al escucharme y darme la autoestima que necesitaba, eso fue un sentimiento hecho letras pero que ella no supo aceptar, ver, sentir... tan solo eran unas líneas y eso fue lo que me ayudó a salir de mi depresión, escribir acerca de lo que sentía, pues me ayudaba a expresarme de la mejor manera...

¿Podré dejar de escribir? No, no lo creo. Es bello escribir, es como bailar sobre una pista de hielo como si fuera una bailarina rusa con patines de hielo, es bello escribir con la tinta del corazón y la presión del sentimiento, dejarse llevar como si fuera una vela que va hacia la mar, hacia el sol, al lugar en donde el amor es dorado, tierno como el rostro de dios...

Saturday, August 20, 2005

El señor Borges

Nunca imaginé que me llegaría una invitación al aula principal en donde el gran escritor argentino Jorge Luís Borges iba a escuchar, pero no ver, a lo noveles escritores del colegio. La invitación era para el día de hoy por la noche. Miré todos mis escritos y no sabía cual de ellos podría gustar a Borges así que me senté en suelo al estilo del "pequeño saltamontes" en la película "Kung Fu", y me puse a meditar un par de horas hasta que la conciencia se me iluminara y me hiciera ver el cuento más apropiado a declamar delante del gran maestro argentino... De pronto sentí que el tiempo se me cruzaba por la frente así como un pañuelo de seda, vi que en la oscuridad de mis ojos un pequeño claro se abría lentamente y vi que el gran Borges se me acercaba con gran curiosidad, como si yo fuera un feto dentro de una botella de vidrio y me dijo con sus ojos secos y esa sonrisa medio torcida que escupen los ciegos...

- Agradable es la nuez cuando empieza con ayuda de dientes naturales a caer trozado sobre un amasijo de hebras de roble con agua y con hilillos del tiempo empieza a germinar algo verduzco y frágil, feo y tierno un extraño y original feto que tengo ante mis secos ojos... Es lo opuesto a la belleza pero es auténticamente bello...

Abrí los ojos y sin dudar un segundo fui sobre mi escritorio y escribí un texto que mas o menos hablaba acerca de un hombre que a la mediana edad se encuentra con un hombre sin ojos que le pide sin pude trocar su vida por el hombre exitoso y de mediana edad. "Pero qué gano yo con todo esto", preguntó el hombre exitoso. "Toda la piedad de los hombres y una oscuridad que te llevará la camino mas corto hacia tu propia naturaleza", respondió el ciego. El hombre exitoso se puso a ver su pasado, lo sacó de su conciencia y lo puso sobre una balanza... y vio que no tenía peso, era nada, puro humo... Bajó la cabeza y cuando la levantó vio al ciego con las manos extendidas, mendigando un par de ojos. Sonrió y sin dudar y con gran delicadeza se arrancó ambos ojos y se los dio al ciego. Se dieron la mano y cada uno se fue por caminos diferentes prometiéndose que algún día en la noche última volverían a hacer otro tipo de negocios...

Lo firmé y fui directo a la sala de audiencia en donde todos los alumnos esperaban la presencia de Borges. No bien llegó todos empezaron a aplaudirles sin parar, y él, esbozando una sonrisa muy fea y temblorosa alzaba las manos como diciendo: "Muchas gracias, soy ciego pero no sordo"... Se paró el director del colegio y seguidamente empezaron a desfilar los primeros alumnos con su poemas y cuentos que declamaban en el centro del auditorio principal... Noté que todo el mundo miraba a Borges, sus gestos, sus labios, sus piernas, cualquier temblor que surgiera en su cuerpo, pero, nada... Noté que a medida que los alumnos pasaban, Borges bostezaba mas y mas como diciendo a qué hora termina el circo. Cuando me llegó la hora, las piernas me temblaban, la voz no quería salir, tuve que pedir un poco de agua provocando que todo el auditorio se pusiera a reír, menos Borges que parecía estar agarrotado en su asiento esperando que todo concluyera. Hablé y a medida que avanzaba noté que el gran maestro argentino empezaba a enderezarse así como si fuera un títere y cuando estaba por concluir, con sorpresa vi que el gran escritor argentino se paraba y con ayuda de su secretaria salía del auditorio sin decir una sola palabra... De pronto, se detuvo cuando yo había terminado de contar mi texto, y el, le dijo a su secretaria algo que ella copió en un papel, luego, salió ante el efusivo aplauso de todo el público asistente.

Y allí estaba yo, solo en el centro de la sala sin nadie que me diga nada cuando una suave mano me tocó la espalda. Era la secretaria de Borges. Y con una bondadosa sonrisa extendió su mano para entregarme una nota con la firma de Borges. La cogí y muy agradecido por la misiva salí corriendo hasta llegar a mi cuarto. Prendí las luces, abrí el sobre y leí: "Es la historia mas estúpida que he escuchado esta noche, pero, es lo más auténtica que le escuchado desde que soy ciego... Sigua así”, y la firmaba Borges.

No supe cómo interpretar el texto, pero continué escribiendo a lo largo de mi vida, sin entender muchas veces lo que escribía... pero siempre supe que cada letra era mía, solamente mía y de nadie mas...




San Isidro, agosto del 2005

Friday, August 19, 2005

Juegos de Vida

Me gusta escuchar a Mozart, no sé por qué a mucha gente no le gusta pero ya me he cansado de entenderles. No todos tenemos los gustos iguales, ni siquiera la cara ni las ganas de vivir. Unos desean comerse la vida a través de sus ojos, en mi caso es diferente... miro al mundo, a la gente que me cruza por la calle y sigo de largo como si yo fuera un fantasma. Siento que no pertenezco a su mundo ni siquiera se dan cuenta que en medio de todo su entorno hay algo tan simple que puede cautivar al ser mas confundido que es su propia respiración, yo lo hago. Cada vez que vienen las tormentas, nubes, rayos, es decir los problemas en sus diferentes grados de calor y forma me gusta buscar el centro de la tormenta, aquello que es el origen de todo lo creado y eso es la respiración. Una respiración, luego otra y otra y otra y de nuevo viene la calma, la claridad, la alegría, es mágico y simple vivir de acuerdo a aquel regalo que uno lleva consigo desde que vino a este mundo.

Hoy fui al cine, solo como siempre, pasaron una película futurista en donde los clones encuentran su propia vida y se ve que son más simples, puros, sanos que los seres verdaderos... Uno de ellos se escapa y encuentra al ser humano del cual es copia y se ve reflejado pero no identificado, se sabe dueño de su propia vida y vive su propia vida. Me hizo pensar en el mundo del futuro... ¿Cómo será? ¿Tendrá el ser humano las ganas de vivir para siempre? En mi caso quisiera vivir no mas de noventa años, creo que es suficiente para mí, ya no habría nada que saber de uno mismo pues sino no lo la encontrado antes es imposible que lo haga cuando ya no tenga mas que ganas de descansar como un vegetal, aunque pueda obtener un cuerpo nuevo. ¿Qué hará? ¿Hará las mismas cosas que antes? ¿Buscará los mismos amigos? Yo siento que es suficiente con los años que el cuerpo puede aguantar... ¿más? no es necesario... ¿Qué habrás mas allá del abismo negro, de la muerte? ¿Habrá otro tipo de vida?, no lo sé pero ni deseo saberlo, lo único que anhelo saber es quien soy ahora, nada mas... En ello, siento yo, encontraré toda la felicidad del universo. Seré un hombre pleno y sin necesidad de nada más...

¿Seré un dios, un demonio, un ángel, un hombre?...

¡Qué misterio, qué enigma, qué bendito juego!


San isidro, agosto del 2005

Tuesday, August 16, 2005

Aquella sonrisa

Tengo la pierna podrida... La miro y me da nauseas. Me gustaría tomarle una foto y sacarla y enviarla a cada persona que ve la Web, pero no creo que sea posible. ¿Cómo llegué a esta posición? No lo sé. Así como muchos yo navegaba en el mar de la mediocridad y creí, firmemente, en las palabras de las personas, pero, como todas las cosas, las palabras se esfumaron como pompas de jabón. Mi vida es triste, demasiado como para contarla. Tengo cuarenta y nueve años y hace diez años que he muerto y enterrado en un pozo donde colocan a los locos o personas que no se les conoce su nombre ni nada de nada... Si no fuera por mi amigo que estos momentos escribe este texto yo quedaría en la nada, pero su recuerdo de alguna manera me salva, me hace revivir. Aún me acuerdo cuando lo vi por la primera vez. Estábamos buscando trabajo en el norte del país. Yo era karateca y fácilmente conseguí trabajo en una sala de baile. El, se quedó como ayudante de cafetería. Los primeros días eran lindos, nos encontrábamos a la salida del trabajo y nos íbamos a un café a contarnos todas nuestras peripecias, él era un tipo tranquilo y tenía una sonrisa que daba gusto, uno le podía tirar bromas pesadas pero siempre las tomaba con esa sonrisa que nunca pude olvidar, quizá por eso es que siempre le comparé con el amigo, compañero, hermano que siempre deseé tener... pero, como dije, las palabras, las malditas palabras... Una tarde vino al trabajo el dueño con su hijo, y, ambos me miraron mal como si fuera un marciano, o un leproso, yo, no pude callarme y les dije que a quien miraban, ellos se miraron y me dijeron que estaba despedido, así de fácil. Me fui con rabia y le metí una pateadura al hijo del patrón, ¡para qué hice eso! Me costó una pierna rota, y la cabeza hecha puré de sangría. Estuve en el hospital, mejor dicho, en una posta médica que no es lo mismo pues no hay cama más que por horas, luego, te mandan al suelo... y, a ver quién te ayuda. Era horrible, el dolor, la gente, la indiferencia de las enfermeras... no existía piedad, nada, estaba en el infierno y recién me había dado cuenta... Después de cinco días de estar en el suelo y sin medicinas, me echaron, como un perro, creo que peor...

No se imaginan la cara que tenía... enrollado de gasa, los dientes rotos, la pata... en fin, yo era una momia pobre pero aun respiraba. Así fue como me volví en mendigo, sin amigos, enemigos, nada. La gente me tiraba una que otra moneda, y yo empecé a volverme loco de rabia y lloraba como un perro y la gente se asustaba y me echaban barro y agua hasta que una tarde vino un camión y me llevaron hasta las afueras de aquel infierno. Me quedé en la carretera, cojo, con hambre, y con el rostro desfigurado. No sé cómo es que llegué a mi ciudad, pero fue para peor. Mi pierna estaba podrida y los enfermeros querían cortármela. No quise y como si fuera un gusano, me escapé y volví a mendigar por la calle. Vi que la mejor manera de recibir algo de comida era acurrucarme a la basura, eso hice. Miraba como la gente me observaba como si yo fuera esas bestias salvajes a las que miran a través de las rejas y les avientan comida y algo con que cobijarse. Me acostumbré a vivir en los basurales y un día, un hermoso día volví a ver a mi amigo, sí, aquel amigo que había conocido en aquella ciudad del norte. Me miró, yo, no pude mirarle. Escuché que me llamaba, pero no quise escucharle. Cogí una piedra y se la tiré... Todos se asustaron menos él que, para suerte mía, mostró aquello que hacía muchos años no veía... esa sonrisa buena, ese candor que uno necesita para suavizar sus penas en el mundo. Lo vi alejarse y cuando me estaba por arrastrar para saludarle vi que un auto se me montaba encima de mí haciendo de mi cuerpo como un trapo que se intenta exprimir, luego, no vi más, pero... esa sonrisa, esa sonrisa no pudieron arrancármela, exprimírmela, ni siquiera la muerte... ¿La prueba? No ven que soy yo quien les escribe contándoles una partecita de mi desgraciada vida. Sí, aquel muchacho de la sonrisa generosa se volvió escritor, y yo, gracias a sus recuerdos, imaginación, he vuelto a su vida y a la mía, en verdad, una sonrisa puede darte la vida, o, la eternidad...



San isidro, agosto del 2005

Sunday, August 14, 2005

El pájaro azul

Estaba totalmente escondido tras montañas de basura cuando una hermosa ave de color azul oscuro se posó muy cerca del lugar en donde me escondía... De pronto, empezó a cantar, era hermoso ver su garganta elevarse hacia el cielo y lanzar como un dragoncito largos fuegos transparentes de belleza y melodioso sonido. Me enamoré de su canto y, como un resucitado salí del pozo de trapos en que me hallaba, acercándome lo más que podía... Y cuando estuve a unos pasos, calló, me miró de lado y abriendo sus largas alitas azules y blancas como la nieve empezó a volar hasta llegar a un lugar en donde no la pudieran tocar. Me encaminé hacia ella y cuando estuve bajo el inmenso árbol en que se hallaba le clamé que cantara su hermosa canción... Me miró nuevamente de lado, y con total indiferencia, tal como una mujer, se fue a otro árbol mas grande y más lejos.

Y así la pasé durante toda la mañana hasta llegar a un abismo negro como la noche. Ella se detuvo en el filo del abismo, y como despidiéndose de mi, empezó a cantar la mas bella melodía que nunca antes había escuchado. Cerré los ojos ante tanto éxtasis y en mi abismo interior, anhelé ser como ella, un ser que expresara belleza, y expresarla a todo el universo con total libertad...

Cuando abrí los ojos, el pájaro azul estaba frente de mí...

- Sígueme - me dijo

- Pero... yo... no tengo alas...

- Sígueme - volvió a decir y, sin esperar a que yo respondiera se lanzó al vacío, volando en forma caprichosa, cantando en su vuelo, haciendo que todos los seres cerca de ella y el negro abismo cobraran belleza y encanto...

No pude resistirme más y me lancé al abismo, y caí, caí, caí... Era tan profundo el hoyo que llegó un punto en mi caída en que todo se hizo más y más negro que la misma noche, y mientras continuaba mi caída volví a escucharla decir que la siguiera... Abrí mis brazos y piernas tratando de volar, y vi que mis dos extremidades se salían de mi ser como si fuera un pedazo de ropa, luego, vi que mi cuerpo empezaba a desintegrarse como un árbol sacudido por el viento hasta quedarse sin hojas... y cuando vi que yo, ya no era nada, empecé a flotar como una pequeña pompa de jabón, y flote y floté hasta que la pompa reventó, saliendo una chispa, luego otra y otra hasta que me hice miles de chispas, y allí sentí que todo era armonioso, hasta la misma oscuridad se hizo como un bello y calmo océano, y me di cuenta que yo era como una estrella que viajaba de un lugar hacia otro iluminando todo lo que había a mi alrededor.. Mostrando belleza y más belleza, y todo, en total armonía... como el canto del pájaro azul...



San isidro, agosto del 2005

Pensamientos impropios

"Cuando veo a los ciegos, con una mano cogiendo su bastón, y con la otra mendigando con una tacita azul, entre la acera y la pista… Y cuando veo a los locos alzando sus dos brazos, tratando de abrazar, besar, amar el aire que respiran... me pregunto: si soy yo quien está ciego, quien o está loco..."

"Cuando veo a un perro callejero cruzando la pista llena de autos, me pregunto si no desearan morirse, o tan solo gustan de arriesgar su vida sin razón... Le miro con pesar, quizás yo sea quien camina por la vida arriesgando mi atención, mi tiempo en cosas sin gran importancia y sin razón..."

“Qué será de mi cuando llegue a ser anciano y no pueda comer por mi mismo ni dormir sin tomar pastillas… Habrá una mano que me de de comer, y un lugar donde pueda descansar… No lo sé. Por eso, me causa pena aquellos que se cogen de aquello que se gasta, como la carne y los pensamiento… cuando es el corazón lo que hay que cuidar y querer como si fuera un amigo, una planta, un niño…”

“Nunca llegaré a ser rico ni pobre, pero siempre miraré el cielo y pisaré la tierra en que vivo, y ya sin cargas ni pesares podré sonreír con verdadera libertad…”

“Mis padres siempre me observan como si fuera un niño, es verdad, yo soy un niño… Y yo veo a mis padres como niños, y eso también es verdad, aunque continúen querer jugando a ser mis padres…”

“Tengo tantos libros en mi casa, tantos amigos en la calle, tanto trabajo en mi vida, tantos amores vividos intensamente que… me pregunto: por qué algunas veces me siento tan triste y solitario…”

“El primer recuerdo que me viene desde que nací es aquel en que estoy mirando, desde algún cuarto y a través de dos tubos negros… y veo gigantes, manos, y siento un dolor incontrolable, luces, sonidos irritantes; un lugar totalmente insoportable, cubierto de una tela almidonada, frazadas con pelos molestando mis ojos y nariz, y un ahogo constante por respirar… y siento que estoy cada instante muriendo y volviendo a nacer… hasta que me veo pasar solo, caminando tras esas manos gigantescas y poderosas, cayéndome una y otra vez, para luego gritar en por qué no puedo dejar de sentir dolor… ¿por qué? Y así continúo, hasta que salgo a una calle rodeando de la gente de manos poderosas y no entiendo lo que veo… Todos son colores, sonidos, fríos, calores, sudores y nuevamente siento que muero y vuelvo a nacer… Hasta que me veo correr como si flotara en el aire y es hermoso, siento libertad, ir de un lado hacia otro, es bello… Me veo escapar de las manos poderosas y corro sin parar hasta sentir que el lugar que me rodea tiene otro olor, sonido, color, y siento que más allá hay otro mundo, un lugar misterioso y, quizás, más adelante lo pueda conocer…

Eso es lo que pensaba cuando repasaba mis primeros recuerdos, y ahora que veo a un niño, no le digo nada, el mundo es muy duro, lleno de decisiones y acciones y reacciones… quizás él llegue a agradar a la mayoría, y reciba la gloria de los hombres, pero nada mas…

Uno tiene que vivir como se debe, aprendiendo a valorar lo importante que es la respiración, pues, sólo ella nos acompañará el resto del camino… así como lo ha hecho desde que puedo recordar…”

San Isidro, agosto del 2005

Accidentes

Había vendido casi toda la mercadería que subí al auto pero mi cabeza estaba por reventar de agotamiento, o quizás a punto de sufrir un derrame pues no había tenido tiempo ni siquiera de comer ni pensar... Y cuando estaba por llegar al taller vi un auto volteado en mitad de la pista con pedazos de vidrios regados por toda la calle. La gente, como sedientos de eso llamado morbosidad de sucesos sangrientos comenzó a aglomerarse como buitres. No me gusta ser curioso ni ver sangre de un ser humano ni mucho menos, a un muerto, pues, note un cuerpo echado en la pista y cubierto por cartones y papeles empapados por mucha sangre... Seguí de largo. Decidí mirarlo por el retrovisor. El auto de la misma marca que el mío, del mismo color y, al contrario de mi suerte, estaba lleno de una mercadería que, noté, era de una de las tantas competencias que tenían mis productos...

No sé si fue curiosidad por averiguar el tipo de marca, el nombre del dueño, pero, me detuve. Bajé del auto y caminé hasta llegar al tumulto de gente, curiosos y policías que empezaban a llegar al fatal suceso. Pregunté a uno de los curiosos, que me pareció el hombre mas tranquilo y honesto de todo el universo, acerca del accidente. Me dijo que el auto tuvo que desviarse para no atropellar a un perro, chocando contra el poste que estaba en una esquina de la calle, para luego, empotrarse contra un container, haciendo que el chofer saliera disparado por los aires... "¿Y el chofer?", pregunté. "No le ocurrió nada", respondió. “¿Cómo lo sabe?”, le pregunté; y me dijo que el chofer era él, que su cuerpo, por suerte divina, cayó sobre un gramado de hierbas que se hallaba justo detrás del poste donde ocurrió la primera colisión... y que el muerto era un curioso que pasaba casualmente por allí. "Mi auto, y la mercadería, que no pude vender durante todo el día, están asegurados...", agregó. Me pidió disculpas, y se alejó de mí, rumbo hacia el grupo de policías y curiosos con gran tranquilidad. Mostró sus documentos, y trató de sosegar a toda la gente con la placidez que él rebozaba…

Mientras me manejaba rumbo hacia el taller, pensé en la suerte y su significado, en la vida y en la muerte y, sobre todo, en el sentido efímero de todo tipo de éxito... Uno puede tener todo el oro del planeta, pero… la calma, la paz… ¿será producto, formula del esfuerzo acumulado por un día de ardua suerte y labor…? Recordando el rostro apacible del hombre me di cuenta que había algo en él que yo ignoraba, y fue por esa razón que antes de que él se alejara, le pedí su teléfono para conversar de acerca de este tipo de cosas…

Lince, agosto del 2005