Wednesday, January 11, 2006

Pasado

Caminando por la noche vi a lo lejos una única ventana iluminada. Aquella luz brotaba de un pequeño edificio, no tan sucio pero parecía estar bastante abandonado. Volví a mirarla y pude apreciar que la sombra de alguien pintó la luz del marco de la ventana como si fuera una mancha de brea. Me acerqué un poco más. Era una persona llamándome, agitando sus brazos para que subiera a su piso. Sentí confianza y entré en el oscuro edificio. Adentro parecía que no viviera nadie, pero de vez en cuando escuchaba el sonido de susurros, de pasos de gente que supuestamente moraban en aquella total oscuridad de puertas y cuartos malolientes.

Al final de pasillo encontré la escalera, era de madera y la subí con cierto temor. Cada peldaño que escalaba parecía a punto de deshacerse como arena... Con suerte llegué al piso del extraño sujeto, y pude ver la luz que se escapaba a través de los bordes de su puerta. La toqué con suavidad y esta se abrió como si no tuviera cerrojo. Entré a la pieza y vi a un muchacho apoyado sobre una de las paredes del cuarto. Nunca lo había visto pero algo dentro de mí sintió una gran confianza, como si en un sueño o en otra vida nos hubiéramos conocido. Me acerqué y hubo algo en su remota mirada que me impidió decir palabra alguna. Me detuve y empecé a observarle detenidamente y al fin pude reconocerle... ¡Era yo! ¡Yo mismo!... Yo, cuando decidí meterme de lleno al arte y dedicarme a pintar; pude verle y notar su inmensa y espacial soledad que parecía poseerle como si fuera una estrella en el universo. Su piel era tan blanca, pálida como si nunca hubiese conocido el Sol...

Me senté en el piso y le pregunté cómo le había ido. Sonrió con ironía y pude notar sus dientes escariados, amarillos... Se apartó de la pared y caminó arrastrando sus descalzos pies hacia su otro cuarto de donde sacó una caja muy grande. La dejó en el suelo y luego la abrió. Estaba lleno de lienzos, de pinturas, de cuadros... Me acerqué como un sediento de sueños realizados y pude apreciar cada uno de ellos… Eran todas las obras que alguna vez soñé y visualicé pero que jamás pude pintarlos pues en una parte de mi pasado decidí consagrarme a laborar en la empresa de toda mi familia. Le miré nuevamente y supe que debía de alejarme. El me miró con una sonrisa apenada, segura, y sin pronunciar una sola palabra me dejó ir...

Mientras me alejaba del viejo edificio sentí como una angustia por no ser lo que siempre anhelé ser: un artista. Mi corazón quiso volver al pasado, y gritar a todos mis padres que no, que no deseaba ser como ellos, pero ya todo estaba enterrado en el valle de las sombras... Me detuve un momento y volví a mirar el viejo edificio pero no pude ver la ventana iluminada.

Continué mi viejo paseo hasta llegar a mi casa. Mi familia me esperaba. Era mi cumpleaños. Mis nietos, hijos y amigos estaban esperándome. Allí todo sería colores de plástico, sonrisas cansadas, pálidas palabras, como esos juguetes que sabes que en algún momento te dejarán de encantar y serán un fastidio… Y mientras me acercaba sentía mi corazón alejarse, errando hacia atrás, hacia aquel viejo edificio, viviendo como un miserable artista, como un lobo solitario, pero con una existencia poblada de lunas brillantes, fantasías de colores y anhelos sin final... Lleno de perfume, de magia, de la luminosa rosa que florece en el jardín de todos los sueños, alumbrando la existencia de todos los vivos y todos los muertos...

San isidro, enero del 2006

Sunday, January 08, 2006

Claro de Luz

La oscuridad del lugar no me detuvo. Tenía la luz en mi mano, era una bola que cabía en mi palma y a pesar de emitir una potente luminosidad, no quemaba.

Desde que la luz llegó a mi cuarto nunca más tuve sueño ni cansancio, y nunca tuve ganas de dormir. Era como un día que no acaba...

Y allí estaba, caminando en medio de un extraño desierto, en una larga y embreada noche con una luz en forma de bola en la mano sin rumbo ni meta fija. Tan solo escuchaba el silencio y el arrastre de mis pies libando la arena cuando no lejos del lugar noté seis lucecillas acercándose. No me detuve y apuré mis pasos pensando que ellas podrían darme todo el entendimiento que buscaba acerca del sentido de la luz. Conté seis luces y empecé a correr hacia ellas cuando me di cuenta que eran seis lucecillas en las palmas de las manos de seis extraños personajes.

Cuando estuvimos bastante cerca unos de otros nos miramos con mucha calma. Intuitivamente hicimos una ronda, luego nos sentamos en la forma de indios y dejamos nuestras luces cerca a nuestros pies... De pronto uno de los seis personajes empezó a hablar pero en una lengua extraña. No pude entenderle pero cuando cogí la bola de luz, apuntándosela hacia su rostro pude entenderle totalmente, pues pude ver aquello que está más allá de las palabras... Nos contaba su nombre y el lugar de donde procedía. Había caminado durante mucho tiempo a través del mundo hasta el día de hoy, buscando entender el sentido de la llegada de aquella bola de luz, hace ya mas de cien años... No pude creerlo pues su rostro parecía no tener edad. Luego habló otro, y luego todos los demás, y cada uno contaba singulares caracteres y estilos de vidas mostrando una falta de conocimiento acerca del sentido de la vida… Y por último hablé, y les dije mi verdad: que tenía ojos pero no veía lo esencial, tenía orejas y no escuchaba la verdad, manos y no podía sentirme a mí mismo... Callamos, callamos, creo que por un instante o una eternidad, no lo supe bien, pero callamos…

Miraba la tierra en mis pies cuando noté que la lucecilla parecía brillar un poco más. Miré hacia el cielo y noté que no había una sola estrella. De pronto vi que nuestras lucecillas empezaban a elevarse como si no existiera gravedad, y luego, salieron disparadas hacia el negro cielo en forma paralela hasta unirse después de un instante o quizás una eternidad en un luminoso punto en el infinito, brillando mas y mas como un Sol. Cerré los ojos un instante o una eternidad y cuando los abrí, un nuevo día lleno de cantos angelicales, colores celestiales y un arco iris en forma de promesa empezaron a revelarse ante mis sorprendidos ojos...

Miré a mí alrededor y no encontré a nadie... Estaba sentado en un desierto sentado en posición india, solo como un gusano. Desconcertado cerré mis ojos un instante o una eternidad y aprecié mi oscuridad interior. De pronto, alguien empezó a acercárseme, como un amigable personaje y vi que era mí propia respiración, que paso a paso, aliento tras aliento, aliento tras aliento se acercaba mas y mas, como si durante toda la existencia nos hubiéramos buscado, hasta este instante o esta eternidad, y cuando estuvimos frente a frente noté con gran alegría que ella tenía en la palma de sus manos otra luz, otro Sol, otra claridad que empezaba a iluminar mi oscuridad interior a través de cada uno de sus pasos, de sus alientos…

Abrí los ojos y vi todo… Me paré como un iluminado y empecé a caminar hacia el mundo, cogido de la palma del santo y generoso aliento... Estaba agotado, muy agotado pero tenía una importante y luminosa verdad que contar en la palma de mi mano...

San isidro, enero del 2006

Friday, January 06, 2006

Frente al último de los Sueños

Sentado frente al último de mis sueños pensaba en lo largo que había sido hasta el día de hoy, mi vida. Una de aquellas existencias, como la de muchos, cargada de recuerdos, vivencias y sueños, eso sí, muchos sueños que a lo largo de mi marcha cotidiana me marcaron con sus huellas y huellas y huellas que tuve que borrar, gracias a ustedes, mis amantes lectores, que a través de mis escritos que son y serán la tinta ensombrecida de mi vida, descargué sobre el papel en blanco toneladas y toneladas de todos los seres imaginados, soñados que pasaron sobre el teatro de la vida…

Y bueno, allí estaba este sueño que no tardo en contarles.

El personaje principal, como siempre: yo. Y los demás: los seres creados por los miedos caprichosos, anhelos escondidos, alegrías golondrinas, húmedas tristezas, o, como dicen muchos: mis legiones interiores.

Uno cuando ve su propia sombra que se esparce gracias a la luz que la mantiene, siente como que es su mejor perfil, su parte escondida y, ocultamente, querida... En mi caso personal les contaré esta historia que es germinada de un sueño, y uno de esos en que no desearía volverle a soñar, pues uno puede observar muchas cosas, recordarlas también, pero en esta ocasión, el solo hecho de cualquiera de aquellas posibilidades puede hacer que uno, que vive en la realidad y entre el espacio de los sueños, pierda el orden y secuencia entre los valores de los vivos y los seres imaginados, o soñados…

Y bueno, aún era muy joven y en mis manos tenía una de aquellas navajas que brillaban como si fueran fabricadas de fuego. La adoraba. Sobre todo cuando tenía que cortar una fruta, un pedazo de cartón, o incluso el cuello de un pato, un pollo, una rata, o cualquier insecto. ¡Ah! Qué navaja... Hasta dormía con ella. Quizás por eso es que pareció germinar entre la noche y el cansancio uno de esos hechos que marcan para la eternidad la vida de un ser humano. Y eso fue lo que me ocurrió. Tuve un sueño, uno de esos en que uno se ve frente a frente a un grupo de animales, todos bellos y de ojos alegres, diciéndome, pidiéndome, alargándome sus largos cuellos para que se los cercenase, cortase. Y eso es lo que hacía en mis sueños con sumo placer. Luego, sueltos las cabezas de los cuerpos, los oníricos animalillos se postraban ante mí, y me ofrecían sus cabezas que, con gran alegría empezaban a hablar, reír, liberados de ser bestias y revivir como seres humanos...

Yo, despertaba con extraños sentimientos, y desde que, con frecuencia, me llovían estos sueños, dejé de cortar el cuello a todo tipo de bestiecillas, pero había algo en mí que florecía oscuramente como si fuera un germen nacido de las sombras interiores. Y también sentí que hambreaba por nuevas experiencias, por nuevas luces, rayos que iluminaran un espacio, una visión nacida de una resucitada necesidad…

No podía estar en paz, en tranquilidad, si no realizaba otro tipo de experiencia que sacudiera la cotidianidad de mi marcha por la vida. Y fue en uno de esos encuentros casuales, y nunca buscados, en que me encontré frente a frente con una bella joven, alta, rubia, de ojos celestes, y esos rostros que nos recuerdan que en el cielo navegan ángeles y querubines en los bosques de los cuentos... ¡Oh, Dios! Qué hermosa era, pero, lo que mas me agradó fue ese largo cuello de cisne, era en verdad largo, muy largo, pero no tanto como una jirafa, pero sí como esas asas que tienen los pocillos de la China elaborados por esos ancestrales orfebres de dinastías perdidas en el tiempo o en los libros de los abuelos, o, algo de ese tipo de oscuridades enterradas. Lo cierto es que sentí que la calma, o aburrimiento empezó a ahogarse, sintiendo que todo el universo tenía sentido en ese largo y hermoso cuello de la bella joven.

Aún recuerdo lo mucho que conversamos la primera vez, y luego, sin dudar un instante, la besé como si fueran los pies del creador, es decir, con ese sentimiento que gozan los ascetas que se arrastran tras el fulgor de la iluminación, cuando se hallan frente al ser que tiene el cerillo que nunca por nunca se apaga, como si fuera la luz de toda estrella...

¡Oh! Qué hermoso fue cuando le toqué el cuello con mis dedos, como si fuera una joya de marfil, una joya de esas que uno cuando se acuestan tan solo desea soñar y soñar, y jamás despertar. Y, no me creerán. ¡Soñé! Y soñé con mi daga preciosa, con ese cuello que se abría y abría y en vez de salir sangre brotaban miles de gusanillos que no eran tal, sino personillas con el rostro de aquella hermosa mujer, y que conforme pasaba ¿el tiempo? crecían hasta quedar del tamaño de mí. Me agradaba estar con ellas y bailar y bailar con sus miembros que se les caían y se los volvían a poner como si fueran seres de papel. Y cuando despertaba me sentía como esos seres que han encontrado la razón de su camino por la vida. Sí, me decía, soy un verdugo en potencia, uno de esos que gozan de su labor sin más placer que el de su propia realización, o, ensoñación...

Pero, y allí vienen esas zancadillas que nacen de las oscuridades de la inconciencia, y que le dan a uno con palo, cayendo a las mazmorras de la estupidez, o quizás, de algo más bajo...

Una de esas mañanas en que despertaba y salía de mi sueño, encontré a la chica en mi cuarto, sentada en el borde de mi cama. Sí, la misma chica hermosa y alta, con ese cuello que durante tantas noches soñaba cortándosela, diciéndome: ¿Por qué no la dejo de soñar…? Electrocutado por los rayos de semejante realidad, salté como un perro de mi cama, y corrí con la cola entre las patas hasta llegar a mi baño. Me di una fría duchada. Me sequé, perfume, y luego, entré a mi cuarto, pero, aún estaba la bella muchacha, extrañamente aun estaba sentada sobre mi cama y con mi dorada daga en sus manos, colocándosela en su largo y hermoso cuello, riéndose como una niña demoníaca, y luego, llorando como un angelito expulsado de las nubes celestiales... Me le acerqué y cuando la quise tocar, ella, así como el humo de un cigarro, empezó a borrarse ante mis ojos, como si mis manos estuvieran limpiando un espejo empañado de vapor y me viera a mí, tan solo a mí sentado frente a un sueño, uno de esos que suelen ser los últimos...

Me volví a echar sobre mi cama y soñé, y soñé con ella, con su cuello, con sus bellos gusanillos arrastrándose por el suelo, creciendo y creciendo como siempre, y riéndose como una niña, como un pérfido angelito. Salté de mi cama y vi nuevamente a mi último sueño. Le dije que deseaba hacer las paces... El sueño frente a mí, que cambiaba de constantemente de personajes, de formas, comenzó a flotar hacia mí, hasta rodearme como si estuviera preso por una legión extraños y bellos personajes, y todos con el cuello largo y hermoso como un dios de marfil... Cogí mi daga dorada y supe que debía cortar el último de todos mis sueños. Me puse la daga sobre mi cuello y me arranqué la cabeza, y luego, desperté... Aún estaba yo allí, echado sobre mi cama con un viejo cuchillo bajo mi almohada, y con las paredes de mi cuarto llenas de dibujos de personas sin cabezas, y sin ninguna puerta en ningún lado de las paredes...




San isidro, enero del 2006

Tuesday, January 03, 2006

Paloma

No sé como empezar a escribir, pero todo sucedió así, tal como este momento, este instante en que estoy respirando a través de este relato…

Una blanca paloma entró volando a mi cuarto a través de mi ventana. Me causo gracia y sorpresa cuando aterrizó cerca de mí. Empezó a caminar de un lado hacia otro como un juguete de cuerda hasta detenerse frente a mí. Cerraba y abría sus ojos, mirándome por uno de ellos como preguntándose lo qué hacía yo allí.

- Tengo sed – me dijo la paloma - ¿Tienes agua…?

Quise responder pero de mis labios brotaron insólitos graznidos, toscos así como una persona con la garganta lesionada.

- ¡Oh! – Me dijo la paloma - ¡No hablas!... Agua, necesito un poco de agua - volvió a repetir, mostrando una lengua como un gusano tratando de salir de su vientre. Luego empezó a limpiarse el pico con sus patas y plumas.

Pensé que soñaba, que estaba navegando en un hermoso sueño. Fui hacia la cocina, cogí una taza y la llené con un poco de agua. Lleve la taza lo mas cerca del ave pensando que podría asustarse de mí, pero no fue así, mas bien élla saltó ágilmente posándose sobre mi hombro ante mi susto y sorpresa.

- No temas… - me dijo - Deseo beber en tus propias tus manos.

Me agradó su confianza y eché una poca de agua en la palma de mi mano. Comenzó a beber como si fuera un ángel, un ser divino, y a medida que bebía su cuerpo empezó a irradiar una blanca luz... Luego saltó de mi brazo y se puso a volar por todos los rincones de mi cuarto como si fuera una estrella fugaz. De pronto se detuvo en el borde de la ventana de mi cuarto, y a través de uno de sus ojos me miró con un brillo terrible, y dijo:

- ¡Necesito que alguien me hable! ¡Requiero respuestas precisas!... Encuentra a alguien que hable conmigo.

Asentí. Salí a la calle y la encontré llena de gente caminando de un lado hacia otro. Cogí a una persona cualquiera y traté de decirle lo que pedía la paloma, pero, como antes, de mis labios brotaron graznidos. El tipo me miró de arriba hacia abajo, y antes de alejarse me gritó algo, pero no pude entenderle pues de sus labios también brotaron extraños graznidos... No le di importancia a este fenómeno y continué mi extraña búsqueda.

En un parque encontré a un anciano sentado en una banca echando trozos de panecillos a los animalillos del bosque. Sentí que era el hombre que buscaba. Me acerqué a su lado, y traté de decirle lo mismo pero volví a expresarme a través de graznidos... El anciano me miró, sonrió y movió su cabeza de arriba hacia abajo. Me alegré mucho y le pedí que me acompañara. Y cuando ambos estuvimos frente a la blanca paloma, ella le miró con sus ojos brillantes de arriba hacia abajo y le dijo:

- Anciano, noto que no puedes hablar, eres mudo, pero eres buena persona. Ven a mi lado. Necesito compañía... Y tú - me dijo mirándome con uno de sus ojos que abría y cerraba como si fuera una cámara fotográfica -, continúa buscando.

Salí nuevamente a la calle y de nuevo encontré a la gente caminando como si no supieran que en mi casa había una hermosa paloma que necesitaba respuestas precisas… Volví a preguntar a otro señor, y luego a otro, y otro, y otro, y todos me miraron y de todos sus labios brotaron extraños graznidos… De pronto vi a niños y niñas jugando en la calle, y a todos les hice la misma pregunta, con mis propios graznidos, y todos ellos, sin parar, empezaron a burlarse de mí... Vi a familias enteras saliendo de sus hogares, y a ellos les hice la misma pregunta, pero fue inútil... No pude más y me eché a llorar como un tonto en mitad de la calle… y luego de haber descargado toda mi amargura, mi impotencia, grité como nunca antes había gritado... De pronto, ante mi sorpresa, todo el gentío se detuvo como si nunca hubieran escuchado un grito verdadero… Les miré a los ojos, y todos parecían estar enjaulados tras máscaras animadas por hilos de carne y de sangre…Y cuando iba a continuar mi camino, mi búsqueda, vi a un perro muy grande y viejo acercándose hacia mí, ante el asombro de aquellas personas que de sus labios tan solo emitían murmullos, susurros de graznidos...

- Puedo ayudarte... – me dijo el perro - ¿En dónde está tu paloma?

¡Un perro hablando! pensé. Cogí al enorme perro y lo llevé hacia mi casa en medio de toda la gente que empezaron apartarse de nosotros como si fuéramos llamaradas errantes. Cuando llegamos a mi casa encontré a la blanca paloma y al anciano jugando como niños por todas partes de mi cuarto.

- ¡Oh! Pero no es humano, es un perro... – Dijo la paloma.

El enorme perro se le acercó y ambos comenzaron a hablar con familiaridad y cariño… Me quedé observándoles y pude notar que del ojo de la paloma brotaban lágrimas, que cuando caían al piso parecían cristales de luz… Noté que el anciano y el perro trataban de consolarla, y pude entender que aún debía continuar mi búsqueda.

Volví a la calle. Quise gritar pero sentí que sería inútil. Miré hacia el cielo y vi que el Sol brillaba en lo alto, era tan hermoso que me sentí tranquilo… Bajé mis ojos para ver a la gente y noté que empezaban a disolverse ante los rayos del Sol como si fueran espejismos… hasta dejar toda la calle vacía. Quedamos el cielo, las calles vacías, el Sol y yo. En ese momento sentí como si hubiera encontrado algo importante, y con aquel sentimiento retorné a mi casa. Y cuando entré vi que el enorme perro empezaba a ladrar, a mover la cola, mientras el anciano reía como si un niño, y vi a la blanca paloma mirándome a los ojos, como si fuera el amor hecho plumas… Iba a decirle algo pero ella izó sus alas y me dijo:

- No digas nada… Tienes que escucharme…

Apenas terminó de hablar, empezó a volar hacia mí, como un rayo de blanca luz, hasta disolverse en el centro de mi corazón. No pude entenderlo, pero pude sentirlo. Cerré los ojos un instante, y cuando los abrí, todas mis dudas se habían esfumado como el alborear de una mañana…

Salí a la calle, y vi a toda la gente que iba y venía como si fueran hormigas sin rey ni reina por primera vez, y sentí que tenía algo que contar. Abrí mi corazón y hablé, y hablé a toda la gente que se arrastraban por las calles, y mientras hablaba de mis labios brotaban palabras, bellas palabras, perfumadas palabras, llenas claridad, de encanto, poesía… Y cuando terminé vi que todas las gentes me observaban como si fuera una blanca paloma. Empecé a caminar, a volar lejos, muy lejos… allí donde el aire y la vida es libertad, paz…

Lince, diciembre del 2005

Sunday, January 01, 2006

Feliz Año Nuevo...

Poco antes de la media noche del treinta y uno de Diciembre mi estomago y cabeza habían estado haciendo estragos con mi existencia. Había planeado dormir largo y tendido hasta el día siguiente pero el exceso de comida y licor arrastraron mis planes hacia el retrete de lo imposible. Faltaban diez minutos para que el año nuevo llegue. Me paré y decidí darme una vuelta por las calles de mi barrio. Me puse un sobre todo y salí a la calle para olvidar todo el calvario que masticaba mi cuerpo cuando no lejos de mi casa vi que mi sobrina de diez años y su madre, (mi hermana) estaban junto a cinco familias cargando un muñeco relleno de paja y cartón... Me acerqué a ellos y les pregunté lo que harían con dicho muñeco. Lo vamos a quemar, me dijeron. Fue extraño. Allí estaban aquellas felices familias con sus nietos, hijos, perros, muñecos, maletas, uvas, etc., listos para recibir el año nuevo, mientras yo les imaginaba como inquisidoras personas sacrificando un objeto, una cosa, una representación, o algo por estilo, no sé, al fuego divino para limpiar, depurar sus propias creencias, suertes, sueños o pesadillas... Y allí estaba el muñeco friéndose como un cerdo, recordándome el albino grupo de los del ku-klux-can. De pronto, llegó la media noche y todas las familias empezaron a abrazarse y desearse un feliz año, una mejor suerte y otras cosas por el estilo. Yo, tan solo deseaba que se me pasara la terrible indigestión y el dolor de cabeza... Luego llegaron los fuegos artificiales, las llantas quemadas, los niños corriendo y reventando cuetecillos por toda las calles, cuando vi que uno de los perros de una de las familias salió disparado como una rata mojada, gimiendo como si fuera parte del muñeco sacrificado, luego, todos los perros de las demás familias actuaron de la misma manera, pero no corrieron en la misma dirección sino en otras. Vi como cada una de las familias fueron tras sus perros que parecían estar presos de un terror de supervivencia. Fue increíble, muy increíble este fin de año pues allí estaba yo, frente a un muñeco tamaño gigante, es decir, el doble de mi tamaño, chamuscándose sin ninguna expresión, con una humildad y entrega total. Veía sus brazos, pies y cabeza haciéndose cenizas, cayendo como hojas secas de un árbol… y yo allí con mis festivos dolores que, para mi sorpresa, empezaron a esfumarse como el humo de un fuego, a hacerse cenizas en un año extraño y lleno de aullidos y aullidos por los perros de las cinco familias que parecían estar ocultos en algún lugar del bosque que estaba cerca del barrio... Sonreí. Volví a mirar al muñeco, que ya no era eso, más bien era una cruz chamuscada… Le di las gracias y fui caminando hacia mi casa mientras escuchaba el llanto de los niños que llamaban y llamaban a sus perros sin poderlos encontrar, al menos durante la noche... Llegué a mi cuarto mas tranquilo, y cuando estaba por dormirme, aún escuchaba aullidos y los llantos de los niños. Apreté mis párpados, taponé mis orejas con algodoncitos y les deseé a todos los niños, perros y familias en general que tuvieran un feliz año y, sino encontraban lo que perdieron, un perro nuevo...

San isidro, diciembre del 2006

¡Desgracia!

Vinieron hacia mí una manada de personas de todas las edades, diciéndome: ¡Desgracia, desgracia, desgracia…! una y otra vez. Era extraño que vinieran hacia mí pues yo qué podría hacer por sus desgraciadas vidas... Aún así les pregunté qué es lo que les ocurría, y ellos voltearon sus fijas miradas en dirección opuesta en donde estaba yo, luego, apuntaron con sus brazos y manos, diciendo: ¡Desgracia!... Miré al lugar que estaban señalando y vi a un hombre tirado en mitad de la calle. Está muerto, pensé. Me abrí paso entre la muchedumbre y sentí el calor de sus cuerpos, sus intensas miradas y hasta uno que otro murmullo que brotaba de aquel amasijo de carnes. Y cuando estuve frente al cuerpo tirado me di cuenta que estaba manchado de sangre, como si fuera un globo rojo reventado... Volví la mirada hacia la muchedumbre y noté que todos retrocedieron como si al tocar al tipejo fuera a destapar una caja llena de seres terribles. Toqué al hombre, y de pronto este abrió los ojos de una manera terrible como si yo fuera un demonio. Asustado por esto, lo solté, y el tipo ante mi sorpresa se paró como si hubiera estado adormecido y empezó a retroceder... Se limpió sus desgajadas ropas y un brazo se le cayó del cuerpo, luego se le cayeron los ojos como si fueran dos canicas de vidrio, y de sus cuencos vacíos brotaron extraños gusanos de color amarillo. Sorprendentemente, el hombre cogió sus ojos con una de sus manos, los limpió con sus manchadas ropas de sangre y volvió a ponérselos en sus cuencos vacíos, luego, hizo lo mismo con su brazo, acomodándoselo como si fuera un muñeco desarmable. Me miró nuevamente a los ojos y noté que se alejaba con temor, diciendo: ¡Desgracia, desgracia, desgracia...! Lo vi marcharse hasta perderse en una de las esquinas de mi pueblo. Confundido por el suceso me volví hacia donde estaba la muchedumbre que me avisara de este incidente para que me explicaran este fenómeno, pero ya todos habían desparecido como si fueran de humo, o como si fueran fantasmas... Me sentí extraño, muy extraño, pensando en que quizás podría estar yo muerto, pero aún así, y sin pensar en nada mas, decidí irme a mi casa. Y cuando entré vi que todas las cosas de mi cuarto parecían estar observándome con frío pavor, como si vieran a un demonio, y les escuché murmurar: Desgracia, desgracia, desgracia,... Agotado de tanta chifladura fui hacia mi cama y me tiré a dormir para despertar de esta realidad llena de incoherencias, que parecía ser un sueño, pesadilla, o al revés...

San isidro, diciembre del 2005

Sunday, December 25, 2005

La rosa

Mi vida es muy buena,

rodeada de libros, poemas y cantos…

y un espacio que se abre como una rosa

ante los rayos de una estrella que nunca se apaga.


Esa rosa soy yo

y la verdad es mi estrella.


Soy una persona que día y noche

se le caen las máscaras,

tal como los dientes a un anciano.


Soy uno de tantos y tantos

que ha conseguido ubicar

el oasis de una simpleza.


Soy de uno esos

que tontamente sonríen por cosas

que no sea la estupidez

de un mundo tan bello.


Soy uno de tantos y tantos…


Y te cuento que vivo,

muero y respiro

cada noche y cada día

en un valle de paz y mucha armonía...


San isidro, diciembre de 2005

Wednesday, December 21, 2005

Sopa de caracoles

Tengo bastante trabajo, sin embargo, me gusta estar ocupado. Me hace olvidarme de mí mismo. Tenía la esperanza como una corbata sobre el cuello, adornando mi mejor camisa de sueños cuando una ruma de moscas con ojos brillantes y angustiados comenzó, en su vuelo alrededor de mí, a cagarse encima de mi sobrero elaborado de gran dignidad marcial. Me detuve frente a ellos y con una trampa para sueños inciertos, dudosos, machuqué el botón que activaba dicha maquiavélica máquina. Uno a uno las moscas cayeron por todos lados del piso del taller para deshacerse como cenizas de cigarro. Luego, cogí una escoba hecha de fibra de arena con aleación de pelos de conejo y empecé a barrer todo aquella mierda que ante mis ojos llenos de cansancio se presentaban como un amasijo de chocolate de color parduzco… Observé casi sin inmutarme a bichos de todo tamaño con tres patitas, dos ojos, cinco especies de cuernillos, colillas cartilaginosas parecidas a esos penes alienígenas y un montón de confites de extremidades y sentidos extraños hechos de glandulillas así como las malaguas de mar. Y luego de barrerlas y juntarlas las eché sobre el mar de todas mis pesadillas y crueles pensamientos imaginados contra mi voluntad... Mientras me alejaba noté que millones de ojos redondos como billas blancas con puntillos rojos, negros, azules aparecían por la superficie de aquel océano de barro líquido y residuos o polvillos metalúrgicos, mezclados con petróleo renegro, sucio, viejo... Me di media vuelta para continuar con mi labor. Estaba agotado, muy cansado pero continué trabajando. Había mucho que hacer, muchos pedidos por entregar, sobre todo aquella mujer de cincuenta hijos que mandaba a llamarnos a través del teléfono con sus cincuenta hijos a cada momento. Era para enloquecer escuchar sus vocecillas, parecía escuchar a una granja llena de pollos, gallinas y cerdos mugiendo la misma canción, el mismo pedido una y otra vez: su sopa de caracoles enlatada. Prendí la máquina una vez mas ya le eché a la velocidad máxima... Me relajé un instante al ver como cientos y cientos de latitas de hojalata de color negro salían rumbo hacia las cajas de despacho. Sonreí estúpidamente un instante y cerré un instante los ojos así como los gallos, y cuando los abrí ya estaba amaneciendo, ya llegaba el otro turno a laborar. Dejé mi puesto. Me saqué el uniforme negro de faena y salí rumbo a mi hueco a dormir un momento. Apenas llegué a mi hueco me eché y tuve una larga y tediosa pesadilla, una larga, pero muy larga pesadilla... Se trataba de una sierpe de color negro y con ojillos oblicuos en cada parte de su largo y aceitoso cuerpo, y con dedos y dedos en cada parte de sus lados laterales como si fueran gusanillos; inclusive los tenía en los bordes de sus ojillos como si fueran espesas pestañas... Fue un extraño y largo, pero muy largo sueño del que aún no puedo despertar. Dicen que cuando uno no despierta es que está bien muerto. No lo sé con precisión, pero, en cuanto a mi trabajo, no sé si ya he despertado pues continuo laborando diariamente. Veo las mismas moscas. Escucho los mismos pedidos y veo con gran alegría la salida de cientos y cientos de latitas rellenas de sopa de caracoles...

San isidro, diciembre del 2005

Tuesday, December 20, 2005

El Efecto Mariposa

Recibí la noticia como todas las grandes noticias, es decir, sin esperarlo, de una casualidad. Vamos a editar su novela, me dijeron de una de las tantas editoriales a las que mandé una de las tantas copias que hice de mi inédita novela. Les pregunté para cuándo. Si necesitaban de mi asistencia y otras cosas parecidas, pero lo único que recibí por respuesta era que debía continuar esperando. Cuánto, les dije. Paciencia joven escritor, todo con paciencia, todo, jovencito... pero, despreocúpese que le avisaremos nuevamente cuando estemos por publicar su novela. Les pregunté cuántas ediciones serían por la primera vez. Me dijeron que no más de diez mil, y luego colgaron.

Toda la noche no pude dormir pensando en lo mismo, es decir en mi publicación. Pasaron días, semanas, meses, años y años, pero no recibí ninguna llamada, carta ni ningún tipo de respuesta. Llamaba y llamaba a la casa editorial pero nunca me dieron una cita, una nueva señal, nada de nada. Y cuando ya me sentía como los cientos y cientos de escritores que duermen ignorados bajo el escritorio de una de los miles de principales editores del mundo, sentí que debía volver a escribir para apagar mi dolor y olvidarme de aquella primera novela. Eso hice y me sentí mucho mejor pues sentí que todo volvía a nacer. Sí, allí estaban los hechos vividos u observados, personajes conocidos o visionados o alter egos, ideas guardadas por noches y días, sueños luminosos que no se apagaban aún en mis noches de insomnio, estudios de lugares históricos vistos en libros, estructuras pensadas para un escenario que fuera verosímil, imágenes imborrables que hirieron mi existencia, visitas a mi vieja libreta de apuntes con citas importantes, y luego de saborear todo aquello, empecé una nueva novela que, tal como la otra decidí enviarla a todas las editoriales de todo el mundo hispano hablante una vez terminada, corregida, y, sobre todo disfrutada por mi propio juicio y lectura.

Pasaron muchos años desde que terminé esta última novela, y ya ha pasado el tiempo necesario despues de haberla presentado a la mayor cantidad de editoriales, pero nada de nada, no recibo respuesta... y en esos momentos creo que no sirvo para nada, para absolutamente nada mas que soñar tal como me gritaban mis padres, amigos, familiares y profesores de mi centro de estudios... Cuando percibo en ese preciso instante, en mi diminuto cuartucho una imagen que arruga e inflama mi corazón: es una mariposa de colores vivos y claros revoloteando bajo la lumbre del sol que atraviesa mi única ventana. Me agrada observarla por la primera vez. La noto jugando, volando impulsada por cosas como el aire, su sed, su curiosidad o yo qué sé, pero siento que tiene que ver con la magia, con la pureza de toda existencia... Lo cierto es que me quedé observándola por varios minutos y me identifiqué con ella tal cual había sido; es decir me sentí como una oruga que se arrastra con su grueso capullo buscando un sueño, un brillar que no puede entender pero que lo impulsa a continuar su sueño, su destino… hasta morir. Y en aquel impulso se encuentra a sí mismo, pues renace dentro se sí convertido en una linda mariposa que vuela en torno al sol, a su destino, a su sueño, cumpliendo uno de los sentidos de su propia existencia. Así me sentí. Y cuardé esta escena en mi corazón, y continué tejiendo el capullo de mi propia vida, con la esperanza que en un día de sol, todo aquel amasijo de hilos, de letras, de puntos, comas, murieran rumbo hacia su sueño, hacia su destino: el lector. Hacia ese corazón dorado que brilla en cada persona, y en donde cada existencia podría ver el color de mi alma, escuchar el canto de mi propia voz, el vuelo de mis viajes imaginarios, que siempre buscan la claridad, el entendimiento, y la paz verdadera...


San isidro, diciembre de 2005

Sunday, December 18, 2005

El Paraiso Escondido

Estoy en el corazón del mundo

y me siento tan bien

a pesar de tener el cuerpo lleno de llagas,

la mente sepultada por recuerdos,

y anhelos de arena…


Y estoy bien

porque guardo un sentimiento muy lindo

que cada vez que me inunda,

me exilia hacia el paraíso escondido.


Un lugar en donde los niños sonríen,

los ancianos suspiran en paz,

y donde agoniza la muerte…


Un canto es lo único que vibra.

Un aliento sin principio ni fin a todo da vida.

Una calma, como frazada sin bordes ni peso,

abriga todo del frío y dolor…


Y allí siempre se vive

desde que un sueño escondido

me arrastró hacia el único día.


Y allí todo anhelo y recuerdo

se hace añicos brillantes,

lluvia de néctar,

pues nace el despertar de la larga mañana,

de una vida que nunca se acaba,

y que me hace escribirte

respirando una Paz absoluta…



San isidro, diciembre del 2005

Thursday, December 15, 2005

MURMULLOS

He recibido tantos regalos

que no puedo agradecer

a quien todo me dio.


Pero no importa,

la vida es lo único que importa,

a través de ella uno puede sentir,

sufrir, reír, llorar, todo…


Uno puede vivir todo en esta vida

que es en verdad el gran regalo

que el Creador nos ha dado.


Sobre todo,

nos ha dado un espejo perfecto

en donde uno puede mirarse a sí mismo

y encontrar lo que somos...


¡Gotas entre gotas!


Gotas de paz…


Es lo que somos en este viejo universo

repleto de infinitos puntos brillantes,

apelmazados en un punto gigante,

guardando silencio y armonía total…


Y al mismo tiempo,

pronunciando el viejo murmullo,

murmullos de paz,

tan solo de paz....



San isidro, diciembre del 2005

Wednesday, December 14, 2005

La señora que no conocí

Murió a los noventa y dos años rodeada de sus doce hijos, veinticuatro nietos, treinta y dos bisnietos, un perro, un loro y toda la gente amiga que la conoció.

Antes de morir miraba a toda su gente, y en verdad aún no se decidía si irse para siempre de aquellos seres que tanto amaba, pero cuando notó que toda su gente se puso en su entorno, cerraban los ojos y cantaban aquella vieja canción que por primera vez escuchara en el día de su primera comunión, supo que el tren de la noche sin inicio ni final estaba por arrancar.

- “Sí – escuchó una voz conocida que palpitaba con el canto -, es hora de partir…”

Parpadeó los ojos una vez mas, y con una amplia sonrisa, mostrando gratitud a la vida misma, soltó aquel cordón umbilical que la ataba a la tierra de los que no entienden que la vida y la muerte son como los pétalos de una rosa infinita, como el aliento que viene por un espacio de tiempo, por una dulce eternidad, y se va, y vuelve a venir, por otro tiempo, por otra eternidad…

Cerró los ojos y murió a los noventa y dos años, viendo que la luz que dejara de ver a través de sus ojos empezaba a brillar más, y más, y más, y más, y más....



San isidro, diciembre del 2005

Sunday, December 11, 2005

El días mas hermoso...

Tengo la impresión de que todo esta correctamente dispuesto para que hoy sea el día más hermoso de mi vida… Alzo la vista un momento buscando lleno de ansiedad el rostro de la belleza y la veo, la veo retratada, enmarcada por los bordes de mis ojos, mostrando todo el escenario de un universo que no se detiene, que continúa produciendo más y más perfección. Salgo a caminar por las calles de mi pueblo y veo a la gente caminando, días tras día, buscando, buscando lo mismo que tu, que yo, sin saber en verdad si algún día encontrarán lo que buscan. Mi destino continúa caminando hacia mí, en medio de ellos, y presiento en el alma que hoy es el día más hermoso para cada partícula de este universo… Escucho la armonía de cada latido de mi corazón, y luego, siento el impulso de mi alma fluyendo como gotas de tormenta que van como un río rumbo a la mar, y es tan bello que siento que hoy es el día más hermoso de toda mi vida…

Mi destino se detiene frente a mí en la forma de un auto. Abre una de sus puertas. Observo el color del auto, es negro. Observo el color de los asientos interiores del auto, y son blancos así como el mármol. Amablemente se abre la puerta un poco más como si fuera una mecánica mano enguantada de blanco ofreciéndome su interior, su propósito, su destino y el mío. Entro y noto que no hay nadie en su interior. La puerta enguantada de blanco se cierra y un aroma a flores, geranios, amapola, a fresca humedad penetra mis sentidos y es hermoso. El auto es amplio pero aún no se mueve. Miro hacia adelante para conocer al chofer pero no veo a nadie. De pronto escucho el Quinto Concierto para piano y orquesta de Beethoven en su segundo movimiento, y el sonido de sus teclados me encantan, me cuentan que hoy es el día más hermoso de toda mi vida… y es verdad. Entonces cierro mis ojos y me echo a descansar un momento sobre los blancos asientos del auto negro, y siento que estoy en el lugar más cómodo; quizás sea éste el lugar que tanto buscaba, por ello quedo totalmente dormido. Y cuando despierto trato de abrir los ojos nuevamente pero no puedo y no quiero pues siento que hoy estoy muerto, inmóvil, viajando rumbo a mi destino. Y así, sin abrir los ojos puedo percibir el llanto de toda la gente del mundo, y me alegro por ellos y por mí, pues siento, y sé, que hoy fue el día más hermoso de mi vida…

San isidro, diciembre del 2005

Saturday, December 10, 2005

La soledad de un impulso

Me hallo en mi cuarto, rodeado de música del siglo XVI y de cientos de libros, muchos de los cuales apenas he ojeado, sin embargo me hallo en mi cuarto escribiendo una carta a mi madre, padre, hermano, a todos aquellos que suelen pasar por mis pensamientos, y el presente que tanto me esfuerzo por escarbar para encontrar aquello tan dorado llamado felicidad, paz, o algo que purifique mi instante en que me hallo en mi cuarto. Los sueños que vienen y van durante las noches son muchas veces repetidos, con personajes que he conocido o que nunca conoceré, y en aquellos sueños soy el más grande de todos los observadores, escribiendo cada una de esas escenas en mi negro cuaderno llamado memoria... Cuando despierto en mi cama muchas veces no me dan ganas de salir a las calles, es que, son tan grises las calles cuando el amor, la paz no ha mojado cada partícula de mi existencia. Por ello no me gusta salir a la calle, es mejor estar en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI. Cuando llega la noche me gusta mirar la ventana que está en una de las paredes de mi cuarto y veo a la gente que camina rumbo a no se sabe dónde, que piensa no se sabe qué, pero como esas hormigas caminan y caminan con sus terrones de recuerdos, vivencias sobre sus etéreas gibas. Me gusta cuando llega la noche y estoy mirando a la gente, a los gatos, a las sombras de las casas y árboles; me agrada sobre todo cuando uno de aquellos personajes detiene su mirada sobre la mía, me agrada pues siento que estoy vivo, mas vivo que nunca... y ellos también, eso me gusta tanto que cuando sucede, cierro los ojos y me echo sobre mi mesa y cuando los abro me pongo a escribir todo aquello que siento, que vibro, que recuerdo, que sueño, que leo sobre aquel cuaderno negro de mi memoria... Y cuando llega el día me gusta mirar los cientos de libros que están en cada rincón de mi cuarto, escuchando la música del siglo XVI; algunas veces cojo uno de ellos y empiezo a leerlos, y algunas veces puedo escuchar la voz del viejo poeta que desde cada una de sus garabatos me dice constantemente cada uno de sus mas hondos secretos, es una experiencia que no puedo describir, pero si tratar de contar, pues además de escuchar sus voces, hay veces en que puedo sumergirme en los bellos, terribles escenarios dibujados por los garabatos del poeta... Es hermoso cuando sucede y muchas veces me gustaría morirme sobre mis libros, en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI.

San isidro, diciembre del 2005.

Sunday, December 04, 2005

La feria del libro

En la feria del libro uno puede encontrar lo que quiere siempre que ame la lectura, pues sino se verá en medio de gente fisgoneando en medio de toneladas de libros y libros de diferentes editoriales. Yo soy uno de esos amantes del libro, y hoy pude comprarme una buena cantidad de ellos, pues había conseguido lo suficiente como para obtener uno que otro libro que buscaba, o que ellos me buscaban, pues muchas veces son los libros quienes buscan a sus lectores.

Y eso me pasó a mí. Les contaré que la primera vez que fui a la feria no tenía dinero pero si las ganas de comprar, la segunda vez fui muy temprano para pedir prestado un que otro libro para leerlo lo más que pudiera para así decidirme en qué libro comprar. Uno de ellos que llamó mucho mi atención trataba de un hombre que decide escribir su primer libro, pero cuando lo termina se da cuenta de que alguien ya ha escrito un libro, sino igual, sí, con el mismo argumento... incluso se informa que el dicho escritor tiene su misma edad y su mismo seudónimo. El tipo cree que está soñando, pero no es así pues, paseando por una feria de libros, encuentra el nombre dicho escritor en las portadas de una de las paredes de sala de conferencias, anunciando la presentación de su inédito libro. Sin dudar un segundo el tipo entro, y allí estaba el sujeto con su mismo seudónimo, y con un libro en las manos. Se trataba de un tipo gordo, con lentes, una chivita negra como las que usan todos los intelectuales, y esas chalinas blancas muy de moda como las que se envuelven los turco de la calle de los musulmanes. El tipo esperó a que terminara la presentación de la obra y cuando concluyó percibió que todo el auditorio se le acercaba con un lapicero en la mano y un libro del autor en la otra, buscando una estampa del autor. El, decidió acercarse a través de la cola, y cuando estuvo frente a frente al obseso escritor con su mismo seudónimo sintió que todo su cuerpo empezaba a descolorarse, disolverse, siendo absorbido por los ojos del obeso escritor, y así sucedió hasta desparecer totalmente del escenario... Y luego, se vio así mismo en medio de una sala oscura lleno de guturales voces y gélidos aires que lo hacían sentirse como un fantasma dentro de una mansión de fantasmas...

El libro me había capturado la atención por lo que decidí que tendría que comprarlo. Y allí estaba, esperando en una de las aulas de los editoriales, haciendo mi cola para conseguir la obra que hacía unos días había ojeado… Lo compré y, contento, decidí irme a mi casa para empezar a leerlo. Por supuesto que también me compré otros libros mas, pero, especialmente clásicos. Y bueno, llegué a mi casa y empecé a leerlo. No puedo contarles lo maravilloso y fantástico que era la obra pero si puedo decirle el título de la obra, que es…. Es extraño porque no me salen las palabras, es como si quisiera hablar pero me sale un mugido, en este caso me salen puros puntos…., es decir puntos, y mas puntos, puntos, puntos, puntos, y… puntos… Bueno, como no puedo escribir el título, al menos los puedo invitar a que vallan a la feria del libro que empezó hace una semana y terminara dentro de dos semanas más. Espero que encuentren el libro que tanto buscaban, o, mejor dicho, espero que ambos, es decir, ustedes: los lectores, y, los autores.



San isidro, diciembre del 2005

Friday, December 02, 2005

Recordado útero

Le pregunté no hace mucho a un sabio acerca del primer recuerdo que hubo tenido. El sabio calló un segundo sumergiéndose en una profunda meditación para luego entreabrir los ojos y dar una honda respiración y decirme que sólo recordaba unos guantes de color transparente que lo cargaban hacia un lugar en donde sintió mucho dolor. Le pregunté el significado, pero él me dijo que era tan solo un pequeño recuerdo sin importancia, pues su vida que latía en el instante le absorbía de día y de noche.

- Pero, yo recuerdo haber estado en una tina blanca y fría como el mármol, y luego sentí unas manos muy ásperas, y un chorro de agua fría me caía por todos lados de mi cuerpo mientras yo gritaba de angustia y desesperación. Desde aquella vez le temo al agua, es decir al mar, a un lugar desbordante de agua y a la vez muy profundo.

El sabio me miró y me dijo que aquel lugar era mi bautizo. Le creí. El sabio se paró un poco acalambrado por estar sentando en su honda meditación, y sintiéndose muy agotado se dispuso a irse de mi humilde morada que estaba en medio del bosque. Le rogué si podía quedarse hasta el día siguiente. Me dijo que era imposible, pero, agregó, que era muy posible para mí, esperar una nueva compañía que cambiaría toda mi vida y todo su resto. Diciendo esto, parándose sobre sus pies y levantando su mano derecha a la altura de mis labios se despidió de mí.

Al día siguiente desperté y fui caminado hacia el río del pueblo, y en el río vi a cinco señoras del lugar lavando sus ropas totalmente desnudas. Era la primera vez que veía a una mujer así, por lo que me quedé observándolas por varios minutos hasta que una de ella se paró, cogió sus trapos mojados y empezó a caminar hacia mí. Me iba a largar pero ella me vio y me dijo que no huyera como una rata apestosa, pues si bien era curioso era natural y sincero.

Cuando llegó a mi lado me preguntó el por qué estaba mirándolas mientras lavaban las ropas de ellas y de sus familiares. Le respondí que sus cuerpos desnudos me atrajeron sobremanera. La mujer empezó a reír como si la tierra se abriera a mis pies... y luego, para todo mi asombro, abrió ambas piernas, mostrándome su vagina, sus enrrolladas y negras vellocidades y sus íntimos labios rojos, diciéndome con natural firmeza que yo había salido de allí, del hueco que estaba entre sus piernas. Luego se paró con una sonrisa escondida entre sus labios y se fue hacia el río para continuar con todas sus labores.

No supe qué hacer. Si continuar con mi paisaje de mujeres desnudas o volver a mi cuarto a continuar con mi lectura. Decidí quedarme un rato mas. De pronto todas las mujeres se pararon y se alejaron a través del bosque. Las vi desaperecer, sellándose en mi embarrada memoria aquel paisaje de las desnudas paisanas.

Caso curioso. Desde aquella vez, cada vez en que estoy con una mujer en mi cama dispuesto a hacer el amor, la imagen de la campesina, esos espesos vellos entre sus piernas y su descarnada vagina me vienen una y otra vez en mi cabecilla. Y siempre, después de haber hecho el amor me gusta mucho mirar los labios íntimos de aquellas mujeres. Las observo como si un doctor investigara casa uno de aquellos labios. A algunas les abro la piernas un poco mas y sin que lo noten, y les miro. A algunas les agrada que yo les afeite todas sus vellocidades, se rien de mis locuras, pero, para mí es cuestión de un irreprimible impulso interior. Y por último, algunas veces, me agrada dibujar por algunos minutos sus úteros. Luego de hacerlo, los guardo en una de mis mas seguras maletas. Algunas veces me gusta ponerme a contemplar estos dibujos, sin ninguna razón que no sea la curiosidad. No me masturbo como muchos se imaginan. No, nada de eso, mas bien me gusta observar, detenidamente. Muchas de las chicas se largan, otras no, otras se quedan mirándome por varios munutos... "Esta loco", escucho, o siento sus murmuraciones.

Observándolas, me alimenta un sentimiento, una inquietud por recordar el momento en que estuve en el vientre de una mujer, osea en el de mi madre... pero en aquel reflexivo instante, me vienen a la mente los recuerdos de mi propio bautismo, de las indias desnudas, y de ese tipo de cosas. Quizás por ello es que me pongo a dibujarlas.

Todo continuaría anormalmente normal sino fuera porque un grupo de personas vinieron al pueblo con armas de todo tipo, y luego uno por uno de todos mis vecinos empezaron a desparecer... Y cuando vinieron por mí les dije que era un observador de la vida humana, y que estoy tras la peregrina busqueda de mi primera memoria... Todos se burlaron al escucharme, y me soltaron por loco. Yo continué mis observaciones con cada femina que caía por mi lado, y una noche decidí que debía conocer el secreto de lo que sucede dentro de aquellos úteros durante los meses de gestación. Entendí que la gran y verdadera motivación para hacer el amor, el sexo, era conocerse, revivirse dentro de aquel útero materno, para sentir, intuír el hilo que me conduciría a saber lo que soy o he sido desde siempre...

Pasó el tiempo, y la vida en los últimos tiempos me cantaba que había otra vida en el mundo que buscaba, pero que antes debía tomar de las aguas de mi propia vida... con el entendimiento de que aquella vida sin la vida primera sería un ser como todos, es decir un mortal mas.

Hice muchas cosas pero nunca logré entender que dentro de mi estaban selladas las tres preguntas de todas las vidas y de todos los tiempos. ¿Para, por qué y cuál es el proposito de toda existencia? Sino fuera porque una claridad mas fuerte que el mismo día, que el mismo Sol me hizo conocer, entender que el solo reflejo de mí mismo me daría todas aquellas respuestas... Y supe que había algo mas que cualquier entendimiento, claridad, oscuridad. Supe que el solo mirarme sobre el espejo de carne me abría las puertas hacia un paisaje lleno de paz, amor, libertad...



San isidro, diciembre del 2005

Me detuve un momento...

Me agrada tanto escribir, mucho, mucho, mucho; pero también me agradan otras cosas como el cine, la lectura, el trabajo, un tiempo para detener mi marcha irremediable hacia la muerte y observar el destino de cada ser animado o inanimado que ruge como piedrecillas por el río de la vida rumbo hacia el océano de la muerte o vida eterna...

Me siento como un dios de momentos frescos cuando subo a una loma de bordes agradables y dulces, y me pongo a jugar con las nubes a través de mis ojos y pensamientos, con todas mis fantasías donde puedo inventar laderas de algodón, pinturas deformes, gigantescas que mueven sus miembros, sus cadáveres, y luego, se desmenuzan como el humo de un cigarro, como una porción de dulce de algodón sobre los labios de un niño engreído por sus padres.

Cuando entiendo estas cosas me gusta expresarme, escribir… ¡Libre!, libre sin mirar a los lados, a los cantos ocultos, sin escuchar las voces dudosas de cada personaje que existiera en mi vida, así como las manchas hechas de piedras del pasado. Y escribo como esas aves en el cielo que dibujan arabescos, formas que cantan su propia libertad, curvas sensuales y llenas de gritos de amor, bailes de llenas sinfonías y armonías jamás vistas y escuchadas...

Me agrada vivir sintiéndome una partícula de todo lo creado. Me agrada parar un momento en la vida y escribir acerca del instante en que tú y yo leemos estas líneas, escritas con la sangre de un dios, de una pequeña partícula de un dios de los dioses...

San isidro, diciembre del 2005

Monday, November 28, 2005

El camino del sueño

Caminó con su maleta de cuero durante toda la noche sin parar un instante. Sabía bien que no podía esperar a que llegara el amanecer para culminar su destino cuando en mitad del camino encontró el cuerpo de una señora dormida sobre una banca del bosque. También vio a un perro dormido, enroscado al lado de los pies del cuerpo de aquella mujer... Se detuvo y sintió un pequeño aguijón en la mitad de su pecho. "¿Mi corazón?", se cuestionó. Miró su maleta de cuero. La abrió. Miró lo que había en ella: una camisa muy gruesa, un pantalón de lana, un bello libro de cuentos, una bolsa de pan y un kilo de queso, y un manojo de billetes. "¿Será la madre?", pensó. No sabía qué hacer pues esto que llevaba en su maleta de cuero era todo lo que tenía y que había sentido destinarlo a un pobre muchacho con quien diariamente soñaba. Jamás lo había visto mas que en sueños, pero este sueño se repetía noche tras noche, así que por ello sintió dejar de soñar y caminar en mitad de la noche buscando al muchacho. Pero, este sentimiento que estaba envolviéndole lo hacía dudar de lo que debía o no debía de hacer... De pronto vio que la extraña mujer empezaba a moverse. La vio abrir los ojos, mover sus brazos y luego la escuchó hablar preguntándole cosas sin sentido. El chico se asustó, guardó su bolsa y decidió continuar su camino cuando notó que el perro que estaba enroscado en las piernas de la mujer empezaba gruñir, mostrando sus dientes filudos, mientras se le erizaban los pelos de su lomo como un puercoespín. El chico se detuvo, tembló y soltó su maleta. La mujer se paró, cogió la maleta y vio lo que contenía. Lo sacó todo, echándolo al piso. Cogió el dinero, la comida, la ropa, el libro de cuentos y tiró la maleta vacía al muchacho, y luego, se fue con el perro perdiéndose en la oscuridad de la noche... El chico cogió su maleta y sin saber hacia dónde ir continuó su camino a ciegas hasta llegar a una casa parecida a la casa de sus sueños. El amanecer había llegado. Tocó la puerta y escuchó los ladridos de un perro. La puerta se abrió y vio a un muchacho de su misma edad con el rostro contento, vestido con sus ropas, y en sus manos tenía un bello libro de cuentos. Y luego, vio a la mujer que había encontrado en mitad del bosque. El chico sonrió muy contento por haber encontrado su sueño, se dio media vuelta y partió a la carrera rumbo hacia su casa. Mientras la mujer no recordaba el lugar en donde había visto a aquel extraño muchacho, o en un sueño, o en uno de sus sonámbulos viajes nocturnos…

San isidro, noviembre del 2005

Sunday, November 27, 2005

La mujer que no podía tener un hijo

Ella venía de una familia muy numerosa así que desde niña siempre soñó con ser una mamá, tener muchos hijos y ser muy feliz con el hombre más bueno y bello del mundo. Así fue creciendo hasta que conoció a un bello muchacho con quien se casó y fue muy feliz hasta que supo que jamás podría tener hijos de ningún hombre sobre la tierra. Cuando supo esta verdad no supo si morir, o continuar con su vida, con su sueño de niña... pero continuó viviendo. Dejó al bueno muchacho y se volvió a casa con uno, luego con otro, pero con cada hombre sobre la tierra no pudo tener un solo hijo...

El tiempo pasaba y su sueño se apagaba así como el día y la noche... Miraba hacia el pasado y veía a todos los hombres que tuvo, a todos los hijos que pudo tener. Miró los ojos de toda su numerosa familia y sintió que la vida sin sueños no valía la pena vivirla, así que decidió buscar a dios por todos lados.

Viajo a todos los rincones de la tierra pero no lo encontró. Hasta que una noche de luna llena sintió que dios estaba mirándola. Subió al monte más alto y se puso a orar y orar por toda la noche, pidiéndole a dios una sola cosa: Un hijo. Agotada, sintió en su alma que debía volver a su casa después de su largo viaje a través de todos los rincones del mundo y cuando llegó a la puerta de su casa encontró a un hombre de más de noventa años, sucio, lleno de llagas, y con una pata de palo. La mujer le miró, preguntándose quién podría ser...

- He escuchado tus ruegos, mujer. Yo soy el hombre de tu vida... - le dijo el decrépito anciano, mostrando sus escasos y escariados dientes.

La mujer le miró y no supo qué hacer. Se tiró la suelo y lloró y lloró por horas y horas, sintiendo en su alma que esto no podría ser, que sería terrible... Y cuando levantó sus resignados ojos hacia arriba vio que el anciano mendigo había desparecido. Intrigada por todo entró en su solitaria casa, y cuando prendió la luz de su cuarto vio a un hermoso recién nacido sobre su cama que abría sus bracitos, manitas y mostraba una bella sonrisa a su soñadora mamá...



San isidro, noviembre del 2005

El último poema

Estaba frente a una señora muy vieja acompañada por su hijo de casi mi edad, o sea, de más de cincuenta años. La anciana me miró y me dijo si yo podría escribirle un poema; le dije que si, que para el día siguiente se lo entregaría. Pero ella me dijo que tendría que hacerlo ahora pues mañana se iría de viaje. La miré a los ojos. Miré los ojos de su hijo. Me decidí. Cogí un lápiz y un papel. El blanco papel me miró a los ojos con gran frialdad y no supe qué decir, qué escribir... "No puedo señora", le dije. La anciana exhaló profundamente, bajó la mirada y se alejó de mi casa del brazo de su hijo que casi tenía mi edad, robándose un pedazo de mi vida, no sabía con exactitud lo que era, pero mucho dolía... así que nuevamente miré el blanco papel y le rogué si podía darme una empujadita. Los ojos de la hoja se hicieron cálidos, y de pronto, casi sin esfuerzo, mi mano se deslizó con el lápiz a través de su blanca piel... Fue bello, hasta que hube terminado el bello poema. Iba a ir de inmediato pero decidí postergarlo para la mañana siguiente.

Al día siguiente fui a la casa de la anciana señora. Salió su hijo diciéndome que su madre acababa de partir. "¿Adónde se ha ido?", pregunté. Me miró a los ojos con metálica frialdad, y sentí como si yo fuera una hoja blanca de papel, y sus ojos fueran como un bisturí que me hería, contándome que su madre había fallecido... Luego, el hijo que casi tenía mi misma edad cerró la puerta de su casa sin decirme ni una palabra… y sentí que algo dentro de mí se había muerto con la vieja señora. Sin embargo, guardé un sentimiento, y en un sobre guardé el bello poema.

Tomé un auto hacia el cementerio en donde dormía la anciana señora y decidí dejarle mi último poema. Se lo puse sobre su blanca lápida y cuando retornaba hacia mi casa un sentimiento de liviandad recorrió toda mi alma. Todos sonreímos.


San isidro, noviembre del 2005

El hombre mas rico del mundo

El hombre más rico del mundo es un hombre que no supo lo que tenía hasta que supo donar todo lo que tenía al hombre más bueno del mundo... Sin embargo, el hombre más rico del mundo aprendió a hacer su fortuna cuando entendió que todas sus decisiones dependían tan solo de él, que no debía pedir mas que lo que necesitase, nada mas... Y desde el instante en que entendió que era mejor ahorrar sus emociones que entregarlas a sus bajas pasiones aprendió que no había nada más importante que la justicia con el mismo por sobre todas las cosas. Supo que no había nada mas honesto que compartir toda gloria y honor con el resto del mundo. Supo que nada era duradero, que todo era como el río que va hacia la mar, por ello se entregaba con serenidad y humildad a cada situación, ya sea buena o mala, pues sabía que nada le impediría llegar a su sueño, a su océano.Y por eso es que al ver al hombre mas bueno del mundo supo que no había nadie mejor que él para distribuir toda riqueza que durante toda su vida había logrado... Pero el hombre mas bueno del mundo recibió toda aquella fortuna con gran alegría, pero le dejó al hombre mas rico del mundo la décima parte de todo, pues sabía que así podría generar mayor riqueza para todos los hombres y mujeres, buenos o malos, ricos o pobres, sabios o ignorantes... del mundo.

Tuesday, November 22, 2005

Testigo de un cuento

Estaba caminando rumbo hacia el colegio que estaba a no menos de unas cuadras de mi casa cuando vi a un enorme perro blanco y negro que perseguía a un grueso gato del mismo color que su cazador… Les seguí con los ojos hasta que penetraron a uno de los callejones cerrados de mi viejo barrio, y escuché ladridos, maullidos, y luego, un horrible aullido de uno o de las dos bestias… Mis manos se helaron. Mis pies dejaron de dar un paso. Mis ojos estaban abiertos, latiendo como el corazón de las calles. Mi pecho parecía esos globos que se inflaban y desinflaban hasta que no pude resistir más, y solté mi maleta del colegio, y corrí como un tonto hacia el viejo callejón de mi barrio...

Cuando llegué no encontré nada de nada, tan solo un chorrito de sangre que parecía una serpiente roja deslizándose en mitad de la pista, pero del perro, del gato, no vi nada de nada. Me acerqué con sigilo hasta tocar aquella sangre que aun estaba caliente, y me pregunté de quién podría haber sido, de cual de las bestias... De pronto una de las ventanas que estaba en la parte superior del viejo callejón se abrió, y vi la cara gorda y sucia de un muchacho de no más de veinte años, mostrándome un arco y una flecha con la punta esmaltada de rojo sangre. Me apuntó con su arco y su flecha. Y temblé como un gato perseguido por un perro, y cuando el tipo empezó a ladrar, maullar y mugir como un demonio, salí disparado del viejo callejón de mi barrio y no paré hasta llegar al colegio. Pero cuando la profesora me preguntó por mi maleta le tuve que decir que un perro del mismo color que un gato, y un gordo que hablaba como ellos me lo habían robado... La profesora me castigo por novelero, y no salí al recreo durante todo el día de clase. Todos los chicos y chicas se burlaban de mis tontas y locas historias, pero qué podría hacer si era verdad, tan solo me quedaba esperar a que llegara el final del día de clase.

Apenas salí del colegio me puse a pensar en qué le contaría a mis padres con respecto a mi maleta, así que pensé que debía de volver al mismo lugar del callejón. Cuando llegué, no encontré la mancha de sangre, parecía que lo había limpiado o no se qué… De pronto, me quedé boquiabierto al mirar hacia arriba y ver mi maleta colgada en la ventana del obseso muchacho que en un momento pasado me había apuntado con su arco y una flecha llena de sangre. Iba a regresar a mi casa pero decidí que debía subir por el edificio y pedir mi maleta. Cuando llegué al pequeño y sucio departamento toqué la puerta una vez, pero nada de nada, luego toque tres veces más y nada… Entonces con mas rabia que nunca pateé la puerta muchas veces y, para mi asombro, escuché unos ladridos, maullidos y risas de gente. Asustado empecé a retroceder cuando noté que la puerta se abría solita… y sin que nadie salga vi mi maleta del colegio volando por el piso del viejo edificio. La cogí con susto y bajé corriendo por todas las escaleras del edificio. Ya en la calle y más tranquilo me dirigí hacia mi casa, y en el camino pensaba en contar a mis padres esta historia, este extraño cuento… acerca de la muerte, de la sangre y de un obeso chico con un arco y una flecha ensangrentada en la ventana del viejo callejón de mi barrio. Sería un cuento lleno de misterio y de sangre...

San isidro, noviembre del 2005

Monday, November 21, 2005

La isla de dios

Le vi a lo lejos
Era una isla brillante y fogosa
Bordeada de vivos colores esmeraldas
y sombrías nubes juguetonas
flotando por todo su entorno y paraje

Continué navegando
hasta que ya cerca
le vi alejarse de dudosas conciencias,
de toda inhumana atención...
quedándome solo
mas no sombrío,
pues sabía que dios
era una isla de tierra luminosa
con atenta mirada
sobre la giba del tiempo
y de todo calor encarnado...


Lince, noviembre del 2005

Sunday, November 20, 2005

Devoción

Acepta esta devoción,

por favor...

Sé que no soy digno

de acariciar tu recuerdo,

ni siquiera de pensar en ti...

pero todo lo que tengo

es este sentimiento

que ahoga

todas mis dudas y lamentos…

Por eso,

acepta este momento,

este soplo del instante

en que el mundo

aplasta mis aciertos y todos mis errores,

volviendo mis ojos hacia ti,

que claman este sentimiento,

este mágico soplo ...

Acepta esta devoción,

te lo ruego…

pues es lo único que tengo

Lince, noviembre del 2005

Anhelos de una Imagen

Si tuviera sus alas,
el don de hablar con sus gracias

Si tuviera el amor en mis manos
y dispusiera compartirlo con quien sea,
sin miradas ni sentimientos limitados...

Si estuviera frente al dios,
juzgaría conversarle muchas cosas...
pero es seguro que no me entendería
pues sé que soy una de sus tantas imágenes
pululando por cada rincón de su espacio
como el polvo en el claro oscuro infinito...

Si tuviera muchas vidas más,
es seguro que las donaría
a la persona que amo mas...
Pero ella,
hace mucho que está muerta,
viviendo en su mágico polvo,
pululando a través de su universal regazo...

Si pudiera entenderle, entenderle...
mas tan solo veo un trocito de su cielo,
un claro oscuro de su ilimitado espacio,
bajo los brazos largos de su sombra...

Si pudiera aceptar
que todo está evaporándose por el sol,
por la estrella de la vida de los vivos...
pero no puedo, no puedo, no puedo...
anhelo esta eternidad
que cruza mi garganta
así como esas humenates sierpes
sin principio ni final,
así como muchos,
así como tu...
yo, anhelo su eternidad



Lince, noviembre del 2005

Friday, November 18, 2005

En una barca de carne

Y, la verdad, estoy tan gastado como motor sin aceite. La vida me trata como si fuera una piedra cayendo al abismo sin dueño... pero tengo ganas de dormir o ver una buena película, es decir no tengo ganas de escribir porque: ¿para quién uno escribe sino es para uno mismo?, ¿no? Y si uno sabe lo que piensa y está con ganas de que las cosas sucedan como por ejemplo que... ¡pucha!, en verdad es muy difícil saber y encontrar lo que uno quiere, pero, ¿irme a dormir? cuando entiendo lo importante que es vivir y sobre todo contarlo, escribirlo... ¿pero a mi mismo? ¡Si yo ya lo sé! Mejor continúo escribiendo aunque no sepa para quien, pues hace mucho que no sé si alguien hojea lo que escribo, y si lo leen, seguro que se olvidan de gran parte de mis letras... Es lo mas seguro, pues a mí me pasa con frecuencia que he leído grandes libros y he olvidado gran parte de todo lo que leído, y no porque no me halla gustado, apreciado, asimilado, sino porque en estos tiempos hay tanto que hacer para comer, vestir, visitar a una chica, en fin... entretenerse. Pero, ¿para qué?...No sé pero creo que de tanto leer, escribir, vivir, respirar, ver... estoy cayendo en la fosa de la inestabilidad de conducta. Esto me sucede a diario, pues cada día que salgo de casa cargo en mi mochila como cinco libros y los leo por momentos, por espacios, por estados emotivos, y la verdad es que los disfruto pero muchas veces, mientras navego en las letras, olvido si estoy en mi realidad, su realidad, o en la ficción de cualquier lector... Es un mundo muy fino el que vivimos, una sola resbalada de sugerente libertad y zas, ya estás en la otra playa, la de la demencia insensible y sin salida... Y bueno, como verán no tenía nada que decir así que dejé que mis dedos y mi delirio fluyeran como esas ramas en el caudaloso río de los pensamiento, ideas y relativas realidades laterales, paralelas...Espero nunca olvidar que todos somos extraños, únicos, maravillosos, y, sobre todo, somos seres humanos buscando su propia humanidad continuamente en lugares visuales, mentales, imaginables... Es mejor que buscar adentro de tu cuarto, puede que allí esté el espejo de tu propia mirada, puede que si... al menos cuando me encierro como una ostra disfruto de un oasis de paz, o de algo puro...

Sunday, November 13, 2005

La uñas de la muerte

Mi amigo se está muriendo

Tiene hijos, esposa,

amigos y familia...

también la otra parte

que no descubre nadie

hasta que la cortina del dolor

se abra lado a lado

desnudando toda pena y dolor...

Tiene cáncer en todas sus partes

Tres meses de tiempo le dan los médicos

Tres meses de vida y matizados con dolor

Tiene deudas con el mundo de los vivos

y problemas con el mismo...

sin embargo,

él no sabe nada…

"Es mejor que no se sepa", dicen todos

Pero al verle echado

como pata con sus huevos cancerígenos

me siento una mierda de perro

tarrajeado con yeso de carne y hueso...

Le miré a los ojos al amigo

y su alma me contaba cosas tristes,

cosas que sabía hace mucho…

Vi tras su sombra una mano fina

con uñas cristal succionando

todo el brillo que despiden todo ojo...

"Se te ve bien, amigo", le mentí como a todos

Salimos de su cuarto

y el silencio ahorcaba mis entrañas,

pero el teatro debía continuar…

Hablamos con su esposa, hijos,

familia, amigos y los otros

Y todos aceptaron la mentira

que hace mucho conocían...

Tiene cáncer mi amigo

y hace mucho que su alma sabe...

En camino a mi casa

los recuerdos nos visitan,

su voz resuena en toda el alma

y un temor se siente hermanado...

Es la mano de uñas cristalinas

que susurra cosas silenciosas

haciéndome el ser mas calmado y mentiroso,

sobre todo si el amigo ya se muere

y todos saben el secreto...

todos, todos, todos

menos él...

San isidro, noviembre del 2005