Sunday, January 01, 2006

Feliz Año Nuevo...

Poco antes de la media noche del treinta y uno de Diciembre mi estomago y cabeza habían estado haciendo estragos con mi existencia. Había planeado dormir largo y tendido hasta el día siguiente pero el exceso de comida y licor arrastraron mis planes hacia el retrete de lo imposible. Faltaban diez minutos para que el año nuevo llegue. Me paré y decidí darme una vuelta por las calles de mi barrio. Me puse un sobre todo y salí a la calle para olvidar todo el calvario que masticaba mi cuerpo cuando no lejos de mi casa vi que mi sobrina de diez años y su madre, (mi hermana) estaban junto a cinco familias cargando un muñeco relleno de paja y cartón... Me acerqué a ellos y les pregunté lo que harían con dicho muñeco. Lo vamos a quemar, me dijeron. Fue extraño. Allí estaban aquellas felices familias con sus nietos, hijos, perros, muñecos, maletas, uvas, etc., listos para recibir el año nuevo, mientras yo les imaginaba como inquisidoras personas sacrificando un objeto, una cosa, una representación, o algo por estilo, no sé, al fuego divino para limpiar, depurar sus propias creencias, suertes, sueños o pesadillas... Y allí estaba el muñeco friéndose como un cerdo, recordándome el albino grupo de los del ku-klux-can. De pronto, llegó la media noche y todas las familias empezaron a abrazarse y desearse un feliz año, una mejor suerte y otras cosas por el estilo. Yo, tan solo deseaba que se me pasara la terrible indigestión y el dolor de cabeza... Luego llegaron los fuegos artificiales, las llantas quemadas, los niños corriendo y reventando cuetecillos por toda las calles, cuando vi que uno de los perros de una de las familias salió disparado como una rata mojada, gimiendo como si fuera parte del muñeco sacrificado, luego, todos los perros de las demás familias actuaron de la misma manera, pero no corrieron en la misma dirección sino en otras. Vi como cada una de las familias fueron tras sus perros que parecían estar presos de un terror de supervivencia. Fue increíble, muy increíble este fin de año pues allí estaba yo, frente a un muñeco tamaño gigante, es decir, el doble de mi tamaño, chamuscándose sin ninguna expresión, con una humildad y entrega total. Veía sus brazos, pies y cabeza haciéndose cenizas, cayendo como hojas secas de un árbol… y yo allí con mis festivos dolores que, para mi sorpresa, empezaron a esfumarse como el humo de un fuego, a hacerse cenizas en un año extraño y lleno de aullidos y aullidos por los perros de las cinco familias que parecían estar ocultos en algún lugar del bosque que estaba cerca del barrio... Sonreí. Volví a mirar al muñeco, que ya no era eso, más bien era una cruz chamuscada… Le di las gracias y fui caminando hacia mi casa mientras escuchaba el llanto de los niños que llamaban y llamaban a sus perros sin poderlos encontrar, al menos durante la noche... Llegué a mi cuarto mas tranquilo, y cuando estaba por dormirme, aún escuchaba aullidos y los llantos de los niños. Apreté mis párpados, taponé mis orejas con algodoncitos y les deseé a todos los niños, perros y familias en general que tuvieran un feliz año y, sino encontraban lo que perdieron, un perro nuevo...

San isidro, diciembre del 2006

¡Desgracia!

Vinieron hacia mí una manada de personas de todas las edades, diciéndome: ¡Desgracia, desgracia, desgracia…! una y otra vez. Era extraño que vinieran hacia mí pues yo qué podría hacer por sus desgraciadas vidas... Aún así les pregunté qué es lo que les ocurría, y ellos voltearon sus fijas miradas en dirección opuesta en donde estaba yo, luego, apuntaron con sus brazos y manos, diciendo: ¡Desgracia!... Miré al lugar que estaban señalando y vi a un hombre tirado en mitad de la calle. Está muerto, pensé. Me abrí paso entre la muchedumbre y sentí el calor de sus cuerpos, sus intensas miradas y hasta uno que otro murmullo que brotaba de aquel amasijo de carnes. Y cuando estuve frente al cuerpo tirado me di cuenta que estaba manchado de sangre, como si fuera un globo rojo reventado... Volví la mirada hacia la muchedumbre y noté que todos retrocedieron como si al tocar al tipejo fuera a destapar una caja llena de seres terribles. Toqué al hombre, y de pronto este abrió los ojos de una manera terrible como si yo fuera un demonio. Asustado por esto, lo solté, y el tipo ante mi sorpresa se paró como si hubiera estado adormecido y empezó a retroceder... Se limpió sus desgajadas ropas y un brazo se le cayó del cuerpo, luego se le cayeron los ojos como si fueran dos canicas de vidrio, y de sus cuencos vacíos brotaron extraños gusanos de color amarillo. Sorprendentemente, el hombre cogió sus ojos con una de sus manos, los limpió con sus manchadas ropas de sangre y volvió a ponérselos en sus cuencos vacíos, luego, hizo lo mismo con su brazo, acomodándoselo como si fuera un muñeco desarmable. Me miró nuevamente a los ojos y noté que se alejaba con temor, diciendo: ¡Desgracia, desgracia, desgracia...! Lo vi marcharse hasta perderse en una de las esquinas de mi pueblo. Confundido por el suceso me volví hacia donde estaba la muchedumbre que me avisara de este incidente para que me explicaran este fenómeno, pero ya todos habían desparecido como si fueran de humo, o como si fueran fantasmas... Me sentí extraño, muy extraño, pensando en que quizás podría estar yo muerto, pero aún así, y sin pensar en nada mas, decidí irme a mi casa. Y cuando entré vi que todas las cosas de mi cuarto parecían estar observándome con frío pavor, como si vieran a un demonio, y les escuché murmurar: Desgracia, desgracia, desgracia,... Agotado de tanta chifladura fui hacia mi cama y me tiré a dormir para despertar de esta realidad llena de incoherencias, que parecía ser un sueño, pesadilla, o al revés...

San isidro, diciembre del 2005

Sunday, December 25, 2005

La rosa

Mi vida es muy buena,

rodeada de libros, poemas y cantos…

y un espacio que se abre como una rosa

ante los rayos de una estrella que nunca se apaga.


Esa rosa soy yo

y la verdad es mi estrella.


Soy una persona que día y noche

se le caen las máscaras,

tal como los dientes a un anciano.


Soy uno de tantos y tantos

que ha conseguido ubicar

el oasis de una simpleza.


Soy de uno esos

que tontamente sonríen por cosas

que no sea la estupidez

de un mundo tan bello.


Soy uno de tantos y tantos…


Y te cuento que vivo,

muero y respiro

cada noche y cada día

en un valle de paz y mucha armonía...


San isidro, diciembre de 2005

Wednesday, December 21, 2005

Sopa de caracoles

Tengo bastante trabajo, sin embargo, me gusta estar ocupado. Me hace olvidarme de mí mismo. Tenía la esperanza como una corbata sobre el cuello, adornando mi mejor camisa de sueños cuando una ruma de moscas con ojos brillantes y angustiados comenzó, en su vuelo alrededor de mí, a cagarse encima de mi sobrero elaborado de gran dignidad marcial. Me detuve frente a ellos y con una trampa para sueños inciertos, dudosos, machuqué el botón que activaba dicha maquiavélica máquina. Uno a uno las moscas cayeron por todos lados del piso del taller para deshacerse como cenizas de cigarro. Luego, cogí una escoba hecha de fibra de arena con aleación de pelos de conejo y empecé a barrer todo aquella mierda que ante mis ojos llenos de cansancio se presentaban como un amasijo de chocolate de color parduzco… Observé casi sin inmutarme a bichos de todo tamaño con tres patitas, dos ojos, cinco especies de cuernillos, colillas cartilaginosas parecidas a esos penes alienígenas y un montón de confites de extremidades y sentidos extraños hechos de glandulillas así como las malaguas de mar. Y luego de barrerlas y juntarlas las eché sobre el mar de todas mis pesadillas y crueles pensamientos imaginados contra mi voluntad... Mientras me alejaba noté que millones de ojos redondos como billas blancas con puntillos rojos, negros, azules aparecían por la superficie de aquel océano de barro líquido y residuos o polvillos metalúrgicos, mezclados con petróleo renegro, sucio, viejo... Me di media vuelta para continuar con mi labor. Estaba agotado, muy cansado pero continué trabajando. Había mucho que hacer, muchos pedidos por entregar, sobre todo aquella mujer de cincuenta hijos que mandaba a llamarnos a través del teléfono con sus cincuenta hijos a cada momento. Era para enloquecer escuchar sus vocecillas, parecía escuchar a una granja llena de pollos, gallinas y cerdos mugiendo la misma canción, el mismo pedido una y otra vez: su sopa de caracoles enlatada. Prendí la máquina una vez mas ya le eché a la velocidad máxima... Me relajé un instante al ver como cientos y cientos de latitas de hojalata de color negro salían rumbo hacia las cajas de despacho. Sonreí estúpidamente un instante y cerré un instante los ojos así como los gallos, y cuando los abrí ya estaba amaneciendo, ya llegaba el otro turno a laborar. Dejé mi puesto. Me saqué el uniforme negro de faena y salí rumbo a mi hueco a dormir un momento. Apenas llegué a mi hueco me eché y tuve una larga y tediosa pesadilla, una larga, pero muy larga pesadilla... Se trataba de una sierpe de color negro y con ojillos oblicuos en cada parte de su largo y aceitoso cuerpo, y con dedos y dedos en cada parte de sus lados laterales como si fueran gusanillos; inclusive los tenía en los bordes de sus ojillos como si fueran espesas pestañas... Fue un extraño y largo, pero muy largo sueño del que aún no puedo despertar. Dicen que cuando uno no despierta es que está bien muerto. No lo sé con precisión, pero, en cuanto a mi trabajo, no sé si ya he despertado pues continuo laborando diariamente. Veo las mismas moscas. Escucho los mismos pedidos y veo con gran alegría la salida de cientos y cientos de latitas rellenas de sopa de caracoles...

San isidro, diciembre del 2005

Tuesday, December 20, 2005

El Efecto Mariposa

Recibí la noticia como todas las grandes noticias, es decir, sin esperarlo, de una casualidad. Vamos a editar su novela, me dijeron de una de las tantas editoriales a las que mandé una de las tantas copias que hice de mi inédita novela. Les pregunté para cuándo. Si necesitaban de mi asistencia y otras cosas parecidas, pero lo único que recibí por respuesta era que debía continuar esperando. Cuánto, les dije. Paciencia joven escritor, todo con paciencia, todo, jovencito... pero, despreocúpese que le avisaremos nuevamente cuando estemos por publicar su novela. Les pregunté cuántas ediciones serían por la primera vez. Me dijeron que no más de diez mil, y luego colgaron.

Toda la noche no pude dormir pensando en lo mismo, es decir en mi publicación. Pasaron días, semanas, meses, años y años, pero no recibí ninguna llamada, carta ni ningún tipo de respuesta. Llamaba y llamaba a la casa editorial pero nunca me dieron una cita, una nueva señal, nada de nada. Y cuando ya me sentía como los cientos y cientos de escritores que duermen ignorados bajo el escritorio de una de los miles de principales editores del mundo, sentí que debía volver a escribir para apagar mi dolor y olvidarme de aquella primera novela. Eso hice y me sentí mucho mejor pues sentí que todo volvía a nacer. Sí, allí estaban los hechos vividos u observados, personajes conocidos o visionados o alter egos, ideas guardadas por noches y días, sueños luminosos que no se apagaban aún en mis noches de insomnio, estudios de lugares históricos vistos en libros, estructuras pensadas para un escenario que fuera verosímil, imágenes imborrables que hirieron mi existencia, visitas a mi vieja libreta de apuntes con citas importantes, y luego de saborear todo aquello, empecé una nueva novela que, tal como la otra decidí enviarla a todas las editoriales de todo el mundo hispano hablante una vez terminada, corregida, y, sobre todo disfrutada por mi propio juicio y lectura.

Pasaron muchos años desde que terminé esta última novela, y ya ha pasado el tiempo necesario despues de haberla presentado a la mayor cantidad de editoriales, pero nada de nada, no recibo respuesta... y en esos momentos creo que no sirvo para nada, para absolutamente nada mas que soñar tal como me gritaban mis padres, amigos, familiares y profesores de mi centro de estudios... Cuando percibo en ese preciso instante, en mi diminuto cuartucho una imagen que arruga e inflama mi corazón: es una mariposa de colores vivos y claros revoloteando bajo la lumbre del sol que atraviesa mi única ventana. Me agrada observarla por la primera vez. La noto jugando, volando impulsada por cosas como el aire, su sed, su curiosidad o yo qué sé, pero siento que tiene que ver con la magia, con la pureza de toda existencia... Lo cierto es que me quedé observándola por varios minutos y me identifiqué con ella tal cual había sido; es decir me sentí como una oruga que se arrastra con su grueso capullo buscando un sueño, un brillar que no puede entender pero que lo impulsa a continuar su sueño, su destino… hasta morir. Y en aquel impulso se encuentra a sí mismo, pues renace dentro se sí convertido en una linda mariposa que vuela en torno al sol, a su destino, a su sueño, cumpliendo uno de los sentidos de su propia existencia. Así me sentí. Y cuardé esta escena en mi corazón, y continué tejiendo el capullo de mi propia vida, con la esperanza que en un día de sol, todo aquel amasijo de hilos, de letras, de puntos, comas, murieran rumbo hacia su sueño, hacia su destino: el lector. Hacia ese corazón dorado que brilla en cada persona, y en donde cada existencia podría ver el color de mi alma, escuchar el canto de mi propia voz, el vuelo de mis viajes imaginarios, que siempre buscan la claridad, el entendimiento, y la paz verdadera...


San isidro, diciembre de 2005

Sunday, December 18, 2005

El Paraiso Escondido

Estoy en el corazón del mundo

y me siento tan bien

a pesar de tener el cuerpo lleno de llagas,

la mente sepultada por recuerdos,

y anhelos de arena…


Y estoy bien

porque guardo un sentimiento muy lindo

que cada vez que me inunda,

me exilia hacia el paraíso escondido.


Un lugar en donde los niños sonríen,

los ancianos suspiran en paz,

y donde agoniza la muerte…


Un canto es lo único que vibra.

Un aliento sin principio ni fin a todo da vida.

Una calma, como frazada sin bordes ni peso,

abriga todo del frío y dolor…


Y allí siempre se vive

desde que un sueño escondido

me arrastró hacia el único día.


Y allí todo anhelo y recuerdo

se hace añicos brillantes,

lluvia de néctar,

pues nace el despertar de la larga mañana,

de una vida que nunca se acaba,

y que me hace escribirte

respirando una Paz absoluta…



San isidro, diciembre del 2005

Thursday, December 15, 2005

MURMULLOS

He recibido tantos regalos

que no puedo agradecer

a quien todo me dio.


Pero no importa,

la vida es lo único que importa,

a través de ella uno puede sentir,

sufrir, reír, llorar, todo…


Uno puede vivir todo en esta vida

que es en verdad el gran regalo

que el Creador nos ha dado.


Sobre todo,

nos ha dado un espejo perfecto

en donde uno puede mirarse a sí mismo

y encontrar lo que somos...


¡Gotas entre gotas!


Gotas de paz…


Es lo que somos en este viejo universo

repleto de infinitos puntos brillantes,

apelmazados en un punto gigante,

guardando silencio y armonía total…


Y al mismo tiempo,

pronunciando el viejo murmullo,

murmullos de paz,

tan solo de paz....



San isidro, diciembre del 2005

Wednesday, December 14, 2005

La señora que no conocí

Murió a los noventa y dos años rodeada de sus doce hijos, veinticuatro nietos, treinta y dos bisnietos, un perro, un loro y toda la gente amiga que la conoció.

Antes de morir miraba a toda su gente, y en verdad aún no se decidía si irse para siempre de aquellos seres que tanto amaba, pero cuando notó que toda su gente se puso en su entorno, cerraban los ojos y cantaban aquella vieja canción que por primera vez escuchara en el día de su primera comunión, supo que el tren de la noche sin inicio ni final estaba por arrancar.

- “Sí – escuchó una voz conocida que palpitaba con el canto -, es hora de partir…”

Parpadeó los ojos una vez mas, y con una amplia sonrisa, mostrando gratitud a la vida misma, soltó aquel cordón umbilical que la ataba a la tierra de los que no entienden que la vida y la muerte son como los pétalos de una rosa infinita, como el aliento que viene por un espacio de tiempo, por una dulce eternidad, y se va, y vuelve a venir, por otro tiempo, por otra eternidad…

Cerró los ojos y murió a los noventa y dos años, viendo que la luz que dejara de ver a través de sus ojos empezaba a brillar más, y más, y más, y más, y más....



San isidro, diciembre del 2005

Sunday, December 11, 2005

El días mas hermoso...

Tengo la impresión de que todo esta correctamente dispuesto para que hoy sea el día más hermoso de mi vida… Alzo la vista un momento buscando lleno de ansiedad el rostro de la belleza y la veo, la veo retratada, enmarcada por los bordes de mis ojos, mostrando todo el escenario de un universo que no se detiene, que continúa produciendo más y más perfección. Salgo a caminar por las calles de mi pueblo y veo a la gente caminando, días tras día, buscando, buscando lo mismo que tu, que yo, sin saber en verdad si algún día encontrarán lo que buscan. Mi destino continúa caminando hacia mí, en medio de ellos, y presiento en el alma que hoy es el día más hermoso para cada partícula de este universo… Escucho la armonía de cada latido de mi corazón, y luego, siento el impulso de mi alma fluyendo como gotas de tormenta que van como un río rumbo a la mar, y es tan bello que siento que hoy es el día más hermoso de toda mi vida…

Mi destino se detiene frente a mí en la forma de un auto. Abre una de sus puertas. Observo el color del auto, es negro. Observo el color de los asientos interiores del auto, y son blancos así como el mármol. Amablemente se abre la puerta un poco más como si fuera una mecánica mano enguantada de blanco ofreciéndome su interior, su propósito, su destino y el mío. Entro y noto que no hay nadie en su interior. La puerta enguantada de blanco se cierra y un aroma a flores, geranios, amapola, a fresca humedad penetra mis sentidos y es hermoso. El auto es amplio pero aún no se mueve. Miro hacia adelante para conocer al chofer pero no veo a nadie. De pronto escucho el Quinto Concierto para piano y orquesta de Beethoven en su segundo movimiento, y el sonido de sus teclados me encantan, me cuentan que hoy es el día más hermoso de toda mi vida… y es verdad. Entonces cierro mis ojos y me echo a descansar un momento sobre los blancos asientos del auto negro, y siento que estoy en el lugar más cómodo; quizás sea éste el lugar que tanto buscaba, por ello quedo totalmente dormido. Y cuando despierto trato de abrir los ojos nuevamente pero no puedo y no quiero pues siento que hoy estoy muerto, inmóvil, viajando rumbo a mi destino. Y así, sin abrir los ojos puedo percibir el llanto de toda la gente del mundo, y me alegro por ellos y por mí, pues siento, y sé, que hoy fue el día más hermoso de mi vida…

San isidro, diciembre del 2005

Saturday, December 10, 2005

La soledad de un impulso

Me hallo en mi cuarto, rodeado de música del siglo XVI y de cientos de libros, muchos de los cuales apenas he ojeado, sin embargo me hallo en mi cuarto escribiendo una carta a mi madre, padre, hermano, a todos aquellos que suelen pasar por mis pensamientos, y el presente que tanto me esfuerzo por escarbar para encontrar aquello tan dorado llamado felicidad, paz, o algo que purifique mi instante en que me hallo en mi cuarto. Los sueños que vienen y van durante las noches son muchas veces repetidos, con personajes que he conocido o que nunca conoceré, y en aquellos sueños soy el más grande de todos los observadores, escribiendo cada una de esas escenas en mi negro cuaderno llamado memoria... Cuando despierto en mi cama muchas veces no me dan ganas de salir a las calles, es que, son tan grises las calles cuando el amor, la paz no ha mojado cada partícula de mi existencia. Por ello no me gusta salir a la calle, es mejor estar en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI. Cuando llega la noche me gusta mirar la ventana que está en una de las paredes de mi cuarto y veo a la gente que camina rumbo a no se sabe dónde, que piensa no se sabe qué, pero como esas hormigas caminan y caminan con sus terrones de recuerdos, vivencias sobre sus etéreas gibas. Me gusta cuando llega la noche y estoy mirando a la gente, a los gatos, a las sombras de las casas y árboles; me agrada sobre todo cuando uno de aquellos personajes detiene su mirada sobre la mía, me agrada pues siento que estoy vivo, mas vivo que nunca... y ellos también, eso me gusta tanto que cuando sucede, cierro los ojos y me echo sobre mi mesa y cuando los abro me pongo a escribir todo aquello que siento, que vibro, que recuerdo, que sueño, que leo sobre aquel cuaderno negro de mi memoria... Y cuando llega el día me gusta mirar los cientos de libros que están en cada rincón de mi cuarto, escuchando la música del siglo XVI; algunas veces cojo uno de ellos y empiezo a leerlos, y algunas veces puedo escuchar la voz del viejo poeta que desde cada una de sus garabatos me dice constantemente cada uno de sus mas hondos secretos, es una experiencia que no puedo describir, pero si tratar de contar, pues además de escuchar sus voces, hay veces en que puedo sumergirme en los bellos, terribles escenarios dibujados por los garabatos del poeta... Es hermoso cuando sucede y muchas veces me gustaría morirme sobre mis libros, en mi cuarto rodeado de cientos de libros, escuchando música del siglo XVI.

San isidro, diciembre del 2005.

Sunday, December 04, 2005

La feria del libro

En la feria del libro uno puede encontrar lo que quiere siempre que ame la lectura, pues sino se verá en medio de gente fisgoneando en medio de toneladas de libros y libros de diferentes editoriales. Yo soy uno de esos amantes del libro, y hoy pude comprarme una buena cantidad de ellos, pues había conseguido lo suficiente como para obtener uno que otro libro que buscaba, o que ellos me buscaban, pues muchas veces son los libros quienes buscan a sus lectores.

Y eso me pasó a mí. Les contaré que la primera vez que fui a la feria no tenía dinero pero si las ganas de comprar, la segunda vez fui muy temprano para pedir prestado un que otro libro para leerlo lo más que pudiera para así decidirme en qué libro comprar. Uno de ellos que llamó mucho mi atención trataba de un hombre que decide escribir su primer libro, pero cuando lo termina se da cuenta de que alguien ya ha escrito un libro, sino igual, sí, con el mismo argumento... incluso se informa que el dicho escritor tiene su misma edad y su mismo seudónimo. El tipo cree que está soñando, pero no es así pues, paseando por una feria de libros, encuentra el nombre dicho escritor en las portadas de una de las paredes de sala de conferencias, anunciando la presentación de su inédito libro. Sin dudar un segundo el tipo entro, y allí estaba el sujeto con su mismo seudónimo, y con un libro en las manos. Se trataba de un tipo gordo, con lentes, una chivita negra como las que usan todos los intelectuales, y esas chalinas blancas muy de moda como las que se envuelven los turco de la calle de los musulmanes. El tipo esperó a que terminara la presentación de la obra y cuando concluyó percibió que todo el auditorio se le acercaba con un lapicero en la mano y un libro del autor en la otra, buscando una estampa del autor. El, decidió acercarse a través de la cola, y cuando estuvo frente a frente al obseso escritor con su mismo seudónimo sintió que todo su cuerpo empezaba a descolorarse, disolverse, siendo absorbido por los ojos del obeso escritor, y así sucedió hasta desparecer totalmente del escenario... Y luego, se vio así mismo en medio de una sala oscura lleno de guturales voces y gélidos aires que lo hacían sentirse como un fantasma dentro de una mansión de fantasmas...

El libro me había capturado la atención por lo que decidí que tendría que comprarlo. Y allí estaba, esperando en una de las aulas de los editoriales, haciendo mi cola para conseguir la obra que hacía unos días había ojeado… Lo compré y, contento, decidí irme a mi casa para empezar a leerlo. Por supuesto que también me compré otros libros mas, pero, especialmente clásicos. Y bueno, llegué a mi casa y empecé a leerlo. No puedo contarles lo maravilloso y fantástico que era la obra pero si puedo decirle el título de la obra, que es…. Es extraño porque no me salen las palabras, es como si quisiera hablar pero me sale un mugido, en este caso me salen puros puntos…., es decir puntos, y mas puntos, puntos, puntos, puntos, y… puntos… Bueno, como no puedo escribir el título, al menos los puedo invitar a que vallan a la feria del libro que empezó hace una semana y terminara dentro de dos semanas más. Espero que encuentren el libro que tanto buscaban, o, mejor dicho, espero que ambos, es decir, ustedes: los lectores, y, los autores.



San isidro, diciembre del 2005

Friday, December 02, 2005

Recordado útero

Le pregunté no hace mucho a un sabio acerca del primer recuerdo que hubo tenido. El sabio calló un segundo sumergiéndose en una profunda meditación para luego entreabrir los ojos y dar una honda respiración y decirme que sólo recordaba unos guantes de color transparente que lo cargaban hacia un lugar en donde sintió mucho dolor. Le pregunté el significado, pero él me dijo que era tan solo un pequeño recuerdo sin importancia, pues su vida que latía en el instante le absorbía de día y de noche.

- Pero, yo recuerdo haber estado en una tina blanca y fría como el mármol, y luego sentí unas manos muy ásperas, y un chorro de agua fría me caía por todos lados de mi cuerpo mientras yo gritaba de angustia y desesperación. Desde aquella vez le temo al agua, es decir al mar, a un lugar desbordante de agua y a la vez muy profundo.

El sabio me miró y me dijo que aquel lugar era mi bautizo. Le creí. El sabio se paró un poco acalambrado por estar sentando en su honda meditación, y sintiéndose muy agotado se dispuso a irse de mi humilde morada que estaba en medio del bosque. Le rogué si podía quedarse hasta el día siguiente. Me dijo que era imposible, pero, agregó, que era muy posible para mí, esperar una nueva compañía que cambiaría toda mi vida y todo su resto. Diciendo esto, parándose sobre sus pies y levantando su mano derecha a la altura de mis labios se despidió de mí.

Al día siguiente desperté y fui caminado hacia el río del pueblo, y en el río vi a cinco señoras del lugar lavando sus ropas totalmente desnudas. Era la primera vez que veía a una mujer así, por lo que me quedé observándolas por varios minutos hasta que una de ella se paró, cogió sus trapos mojados y empezó a caminar hacia mí. Me iba a largar pero ella me vio y me dijo que no huyera como una rata apestosa, pues si bien era curioso era natural y sincero.

Cuando llegó a mi lado me preguntó el por qué estaba mirándolas mientras lavaban las ropas de ellas y de sus familiares. Le respondí que sus cuerpos desnudos me atrajeron sobremanera. La mujer empezó a reír como si la tierra se abriera a mis pies... y luego, para todo mi asombro, abrió ambas piernas, mostrándome su vagina, sus enrrolladas y negras vellocidades y sus íntimos labios rojos, diciéndome con natural firmeza que yo había salido de allí, del hueco que estaba entre sus piernas. Luego se paró con una sonrisa escondida entre sus labios y se fue hacia el río para continuar con todas sus labores.

No supe qué hacer. Si continuar con mi paisaje de mujeres desnudas o volver a mi cuarto a continuar con mi lectura. Decidí quedarme un rato mas. De pronto todas las mujeres se pararon y se alejaron a través del bosque. Las vi desaperecer, sellándose en mi embarrada memoria aquel paisaje de las desnudas paisanas.

Caso curioso. Desde aquella vez, cada vez en que estoy con una mujer en mi cama dispuesto a hacer el amor, la imagen de la campesina, esos espesos vellos entre sus piernas y su descarnada vagina me vienen una y otra vez en mi cabecilla. Y siempre, después de haber hecho el amor me gusta mucho mirar los labios íntimos de aquellas mujeres. Las observo como si un doctor investigara casa uno de aquellos labios. A algunas les abro la piernas un poco mas y sin que lo noten, y les miro. A algunas les agrada que yo les afeite todas sus vellocidades, se rien de mis locuras, pero, para mí es cuestión de un irreprimible impulso interior. Y por último, algunas veces, me agrada dibujar por algunos minutos sus úteros. Luego de hacerlo, los guardo en una de mis mas seguras maletas. Algunas veces me gusta ponerme a contemplar estos dibujos, sin ninguna razón que no sea la curiosidad. No me masturbo como muchos se imaginan. No, nada de eso, mas bien me gusta observar, detenidamente. Muchas de las chicas se largan, otras no, otras se quedan mirándome por varios munutos... "Esta loco", escucho, o siento sus murmuraciones.

Observándolas, me alimenta un sentimiento, una inquietud por recordar el momento en que estuve en el vientre de una mujer, osea en el de mi madre... pero en aquel reflexivo instante, me vienen a la mente los recuerdos de mi propio bautismo, de las indias desnudas, y de ese tipo de cosas. Quizás por ello es que me pongo a dibujarlas.

Todo continuaría anormalmente normal sino fuera porque un grupo de personas vinieron al pueblo con armas de todo tipo, y luego uno por uno de todos mis vecinos empezaron a desparecer... Y cuando vinieron por mí les dije que era un observador de la vida humana, y que estoy tras la peregrina busqueda de mi primera memoria... Todos se burlaron al escucharme, y me soltaron por loco. Yo continué mis observaciones con cada femina que caía por mi lado, y una noche decidí que debía conocer el secreto de lo que sucede dentro de aquellos úteros durante los meses de gestación. Entendí que la gran y verdadera motivación para hacer el amor, el sexo, era conocerse, revivirse dentro de aquel útero materno, para sentir, intuír el hilo que me conduciría a saber lo que soy o he sido desde siempre...

Pasó el tiempo, y la vida en los últimos tiempos me cantaba que había otra vida en el mundo que buscaba, pero que antes debía tomar de las aguas de mi propia vida... con el entendimiento de que aquella vida sin la vida primera sería un ser como todos, es decir un mortal mas.

Hice muchas cosas pero nunca logré entender que dentro de mi estaban selladas las tres preguntas de todas las vidas y de todos los tiempos. ¿Para, por qué y cuál es el proposito de toda existencia? Sino fuera porque una claridad mas fuerte que el mismo día, que el mismo Sol me hizo conocer, entender que el solo reflejo de mí mismo me daría todas aquellas respuestas... Y supe que había algo mas que cualquier entendimiento, claridad, oscuridad. Supe que el solo mirarme sobre el espejo de carne me abría las puertas hacia un paisaje lleno de paz, amor, libertad...



San isidro, diciembre del 2005

Me detuve un momento...

Me agrada tanto escribir, mucho, mucho, mucho; pero también me agradan otras cosas como el cine, la lectura, el trabajo, un tiempo para detener mi marcha irremediable hacia la muerte y observar el destino de cada ser animado o inanimado que ruge como piedrecillas por el río de la vida rumbo hacia el océano de la muerte o vida eterna...

Me siento como un dios de momentos frescos cuando subo a una loma de bordes agradables y dulces, y me pongo a jugar con las nubes a través de mis ojos y pensamientos, con todas mis fantasías donde puedo inventar laderas de algodón, pinturas deformes, gigantescas que mueven sus miembros, sus cadáveres, y luego, se desmenuzan como el humo de un cigarro, como una porción de dulce de algodón sobre los labios de un niño engreído por sus padres.

Cuando entiendo estas cosas me gusta expresarme, escribir… ¡Libre!, libre sin mirar a los lados, a los cantos ocultos, sin escuchar las voces dudosas de cada personaje que existiera en mi vida, así como las manchas hechas de piedras del pasado. Y escribo como esas aves en el cielo que dibujan arabescos, formas que cantan su propia libertad, curvas sensuales y llenas de gritos de amor, bailes de llenas sinfonías y armonías jamás vistas y escuchadas...

Me agrada vivir sintiéndome una partícula de todo lo creado. Me agrada parar un momento en la vida y escribir acerca del instante en que tú y yo leemos estas líneas, escritas con la sangre de un dios, de una pequeña partícula de un dios de los dioses...

San isidro, diciembre del 2005

Monday, November 28, 2005

El camino del sueño

Caminó con su maleta de cuero durante toda la noche sin parar un instante. Sabía bien que no podía esperar a que llegara el amanecer para culminar su destino cuando en mitad del camino encontró el cuerpo de una señora dormida sobre una banca del bosque. También vio a un perro dormido, enroscado al lado de los pies del cuerpo de aquella mujer... Se detuvo y sintió un pequeño aguijón en la mitad de su pecho. "¿Mi corazón?", se cuestionó. Miró su maleta de cuero. La abrió. Miró lo que había en ella: una camisa muy gruesa, un pantalón de lana, un bello libro de cuentos, una bolsa de pan y un kilo de queso, y un manojo de billetes. "¿Será la madre?", pensó. No sabía qué hacer pues esto que llevaba en su maleta de cuero era todo lo que tenía y que había sentido destinarlo a un pobre muchacho con quien diariamente soñaba. Jamás lo había visto mas que en sueños, pero este sueño se repetía noche tras noche, así que por ello sintió dejar de soñar y caminar en mitad de la noche buscando al muchacho. Pero, este sentimiento que estaba envolviéndole lo hacía dudar de lo que debía o no debía de hacer... De pronto vio que la extraña mujer empezaba a moverse. La vio abrir los ojos, mover sus brazos y luego la escuchó hablar preguntándole cosas sin sentido. El chico se asustó, guardó su bolsa y decidió continuar su camino cuando notó que el perro que estaba enroscado en las piernas de la mujer empezaba gruñir, mostrando sus dientes filudos, mientras se le erizaban los pelos de su lomo como un puercoespín. El chico se detuvo, tembló y soltó su maleta. La mujer se paró, cogió la maleta y vio lo que contenía. Lo sacó todo, echándolo al piso. Cogió el dinero, la comida, la ropa, el libro de cuentos y tiró la maleta vacía al muchacho, y luego, se fue con el perro perdiéndose en la oscuridad de la noche... El chico cogió su maleta y sin saber hacia dónde ir continuó su camino a ciegas hasta llegar a una casa parecida a la casa de sus sueños. El amanecer había llegado. Tocó la puerta y escuchó los ladridos de un perro. La puerta se abrió y vio a un muchacho de su misma edad con el rostro contento, vestido con sus ropas, y en sus manos tenía un bello libro de cuentos. Y luego, vio a la mujer que había encontrado en mitad del bosque. El chico sonrió muy contento por haber encontrado su sueño, se dio media vuelta y partió a la carrera rumbo hacia su casa. Mientras la mujer no recordaba el lugar en donde había visto a aquel extraño muchacho, o en un sueño, o en uno de sus sonámbulos viajes nocturnos…

San isidro, noviembre del 2005

Sunday, November 27, 2005

La mujer que no podía tener un hijo

Ella venía de una familia muy numerosa así que desde niña siempre soñó con ser una mamá, tener muchos hijos y ser muy feliz con el hombre más bueno y bello del mundo. Así fue creciendo hasta que conoció a un bello muchacho con quien se casó y fue muy feliz hasta que supo que jamás podría tener hijos de ningún hombre sobre la tierra. Cuando supo esta verdad no supo si morir, o continuar con su vida, con su sueño de niña... pero continuó viviendo. Dejó al bueno muchacho y se volvió a casa con uno, luego con otro, pero con cada hombre sobre la tierra no pudo tener un solo hijo...

El tiempo pasaba y su sueño se apagaba así como el día y la noche... Miraba hacia el pasado y veía a todos los hombres que tuvo, a todos los hijos que pudo tener. Miró los ojos de toda su numerosa familia y sintió que la vida sin sueños no valía la pena vivirla, así que decidió buscar a dios por todos lados.

Viajo a todos los rincones de la tierra pero no lo encontró. Hasta que una noche de luna llena sintió que dios estaba mirándola. Subió al monte más alto y se puso a orar y orar por toda la noche, pidiéndole a dios una sola cosa: Un hijo. Agotada, sintió en su alma que debía volver a su casa después de su largo viaje a través de todos los rincones del mundo y cuando llegó a la puerta de su casa encontró a un hombre de más de noventa años, sucio, lleno de llagas, y con una pata de palo. La mujer le miró, preguntándose quién podría ser...

- He escuchado tus ruegos, mujer. Yo soy el hombre de tu vida... - le dijo el decrépito anciano, mostrando sus escasos y escariados dientes.

La mujer le miró y no supo qué hacer. Se tiró la suelo y lloró y lloró por horas y horas, sintiendo en su alma que esto no podría ser, que sería terrible... Y cuando levantó sus resignados ojos hacia arriba vio que el anciano mendigo había desparecido. Intrigada por todo entró en su solitaria casa, y cuando prendió la luz de su cuarto vio a un hermoso recién nacido sobre su cama que abría sus bracitos, manitas y mostraba una bella sonrisa a su soñadora mamá...



San isidro, noviembre del 2005

El último poema

Estaba frente a una señora muy vieja acompañada por su hijo de casi mi edad, o sea, de más de cincuenta años. La anciana me miró y me dijo si yo podría escribirle un poema; le dije que si, que para el día siguiente se lo entregaría. Pero ella me dijo que tendría que hacerlo ahora pues mañana se iría de viaje. La miré a los ojos. Miré los ojos de su hijo. Me decidí. Cogí un lápiz y un papel. El blanco papel me miró a los ojos con gran frialdad y no supe qué decir, qué escribir... "No puedo señora", le dije. La anciana exhaló profundamente, bajó la mirada y se alejó de mi casa del brazo de su hijo que casi tenía mi edad, robándose un pedazo de mi vida, no sabía con exactitud lo que era, pero mucho dolía... así que nuevamente miré el blanco papel y le rogué si podía darme una empujadita. Los ojos de la hoja se hicieron cálidos, y de pronto, casi sin esfuerzo, mi mano se deslizó con el lápiz a través de su blanca piel... Fue bello, hasta que hube terminado el bello poema. Iba a ir de inmediato pero decidí postergarlo para la mañana siguiente.

Al día siguiente fui a la casa de la anciana señora. Salió su hijo diciéndome que su madre acababa de partir. "¿Adónde se ha ido?", pregunté. Me miró a los ojos con metálica frialdad, y sentí como si yo fuera una hoja blanca de papel, y sus ojos fueran como un bisturí que me hería, contándome que su madre había fallecido... Luego, el hijo que casi tenía mi misma edad cerró la puerta de su casa sin decirme ni una palabra… y sentí que algo dentro de mí se había muerto con la vieja señora. Sin embargo, guardé un sentimiento, y en un sobre guardé el bello poema.

Tomé un auto hacia el cementerio en donde dormía la anciana señora y decidí dejarle mi último poema. Se lo puse sobre su blanca lápida y cuando retornaba hacia mi casa un sentimiento de liviandad recorrió toda mi alma. Todos sonreímos.


San isidro, noviembre del 2005

El hombre mas rico del mundo

El hombre más rico del mundo es un hombre que no supo lo que tenía hasta que supo donar todo lo que tenía al hombre más bueno del mundo... Sin embargo, el hombre más rico del mundo aprendió a hacer su fortuna cuando entendió que todas sus decisiones dependían tan solo de él, que no debía pedir mas que lo que necesitase, nada mas... Y desde el instante en que entendió que era mejor ahorrar sus emociones que entregarlas a sus bajas pasiones aprendió que no había nada más importante que la justicia con el mismo por sobre todas las cosas. Supo que no había nada mas honesto que compartir toda gloria y honor con el resto del mundo. Supo que nada era duradero, que todo era como el río que va hacia la mar, por ello se entregaba con serenidad y humildad a cada situación, ya sea buena o mala, pues sabía que nada le impediría llegar a su sueño, a su océano.Y por eso es que al ver al hombre mas bueno del mundo supo que no había nadie mejor que él para distribuir toda riqueza que durante toda su vida había logrado... Pero el hombre mas bueno del mundo recibió toda aquella fortuna con gran alegría, pero le dejó al hombre mas rico del mundo la décima parte de todo, pues sabía que así podría generar mayor riqueza para todos los hombres y mujeres, buenos o malos, ricos o pobres, sabios o ignorantes... del mundo.

Tuesday, November 22, 2005

Testigo de un cuento

Estaba caminando rumbo hacia el colegio que estaba a no menos de unas cuadras de mi casa cuando vi a un enorme perro blanco y negro que perseguía a un grueso gato del mismo color que su cazador… Les seguí con los ojos hasta que penetraron a uno de los callejones cerrados de mi viejo barrio, y escuché ladridos, maullidos, y luego, un horrible aullido de uno o de las dos bestias… Mis manos se helaron. Mis pies dejaron de dar un paso. Mis ojos estaban abiertos, latiendo como el corazón de las calles. Mi pecho parecía esos globos que se inflaban y desinflaban hasta que no pude resistir más, y solté mi maleta del colegio, y corrí como un tonto hacia el viejo callejón de mi barrio...

Cuando llegué no encontré nada de nada, tan solo un chorrito de sangre que parecía una serpiente roja deslizándose en mitad de la pista, pero del perro, del gato, no vi nada de nada. Me acerqué con sigilo hasta tocar aquella sangre que aun estaba caliente, y me pregunté de quién podría haber sido, de cual de las bestias... De pronto una de las ventanas que estaba en la parte superior del viejo callejón se abrió, y vi la cara gorda y sucia de un muchacho de no más de veinte años, mostrándome un arco y una flecha con la punta esmaltada de rojo sangre. Me apuntó con su arco y su flecha. Y temblé como un gato perseguido por un perro, y cuando el tipo empezó a ladrar, maullar y mugir como un demonio, salí disparado del viejo callejón de mi barrio y no paré hasta llegar al colegio. Pero cuando la profesora me preguntó por mi maleta le tuve que decir que un perro del mismo color que un gato, y un gordo que hablaba como ellos me lo habían robado... La profesora me castigo por novelero, y no salí al recreo durante todo el día de clase. Todos los chicos y chicas se burlaban de mis tontas y locas historias, pero qué podría hacer si era verdad, tan solo me quedaba esperar a que llegara el final del día de clase.

Apenas salí del colegio me puse a pensar en qué le contaría a mis padres con respecto a mi maleta, así que pensé que debía de volver al mismo lugar del callejón. Cuando llegué, no encontré la mancha de sangre, parecía que lo había limpiado o no se qué… De pronto, me quedé boquiabierto al mirar hacia arriba y ver mi maleta colgada en la ventana del obseso muchacho que en un momento pasado me había apuntado con su arco y una flecha llena de sangre. Iba a regresar a mi casa pero decidí que debía subir por el edificio y pedir mi maleta. Cuando llegué al pequeño y sucio departamento toqué la puerta una vez, pero nada de nada, luego toque tres veces más y nada… Entonces con mas rabia que nunca pateé la puerta muchas veces y, para mi asombro, escuché unos ladridos, maullidos y risas de gente. Asustado empecé a retroceder cuando noté que la puerta se abría solita… y sin que nadie salga vi mi maleta del colegio volando por el piso del viejo edificio. La cogí con susto y bajé corriendo por todas las escaleras del edificio. Ya en la calle y más tranquilo me dirigí hacia mi casa, y en el camino pensaba en contar a mis padres esta historia, este extraño cuento… acerca de la muerte, de la sangre y de un obeso chico con un arco y una flecha ensangrentada en la ventana del viejo callejón de mi barrio. Sería un cuento lleno de misterio y de sangre...

San isidro, noviembre del 2005

Monday, November 21, 2005

La isla de dios

Le vi a lo lejos
Era una isla brillante y fogosa
Bordeada de vivos colores esmeraldas
y sombrías nubes juguetonas
flotando por todo su entorno y paraje

Continué navegando
hasta que ya cerca
le vi alejarse de dudosas conciencias,
de toda inhumana atención...
quedándome solo
mas no sombrío,
pues sabía que dios
era una isla de tierra luminosa
con atenta mirada
sobre la giba del tiempo
y de todo calor encarnado...


Lince, noviembre del 2005

Sunday, November 20, 2005

Devoción

Acepta esta devoción,

por favor...

Sé que no soy digno

de acariciar tu recuerdo,

ni siquiera de pensar en ti...

pero todo lo que tengo

es este sentimiento

que ahoga

todas mis dudas y lamentos…

Por eso,

acepta este momento,

este soplo del instante

en que el mundo

aplasta mis aciertos y todos mis errores,

volviendo mis ojos hacia ti,

que claman este sentimiento,

este mágico soplo ...

Acepta esta devoción,

te lo ruego…

pues es lo único que tengo

Lince, noviembre del 2005