es extraño, cada día leo menos y escribo mucho menos... ha llegado el punto de que ni siquiera leo, tan solo vivo y vivo con mayor intensidad...
Saturday, November 12, 2005
Las Voces
Apenas llegaron me puse a llorar, traté de decirles que yo fui el causante de toda esta desgracia pero ellos me apretaban como si fuera un trapo de juguete y me llevaron a la casa de uno de mis tíos, y allí viví por varios años hasta que me hice hombre, por supuesto que callé, no dije nada de nada, pero en verdad no dije nada, pues desde aquella desgracia no abrí la boca mas que para comer, lavarme los dientes, lanzar un aullido sordo o para mirarme las amígdalas, nada mas. Y para comunicarme escribía en un borrador. Por más que me llevaron a ver a uno de esos doctores vestidos de blanco que se sientan frente a uno con esos lentes negros, con las manos cruzadas como esos adivinos o curanderos que se ven en la televisión, pero no hablé, tan solo escribía. Lo que hizo el maldito doctor fue algo ingenioso, pues mis tíos escondieron todo lapicero, papel que había en su casa y en verdad fue terrible y comencé a pensar en matarles así como a mis padres, pero esta vez lo haría con sapiencia... Iba hacerlo pero me dije que el causante de todo fue el doctor así que volqué todos mis pensamientos hacia el hombre de blanco y lentes negros que, así como yo, no hablaba, le gustaba que su paciente hablara primero, para luego bostezar y decir: "interesante". Así que fui a verle y hablé y hablé sin parar por espacio de dos o tres horas y le dije toda una serie de mentiras como que yo escuchaba voces, voces extrañas que salían de la noche pues padecía de insomnio, y que una de esas voces era de mi madre, la otra de mi padre, y otra era del doctor: "¡De usted señor doctor!". "¿Mía?", preguntó. Le dije que si, que su voz aunque no la había escuchado mucho era inigualable, era penumbrosa, metálica, cortante y siempre autoritaria... El doctor se paró y comenzó a caminar de un lado a otro en aquella sala semioscura, ocultaba por viejas negras cortinas que no dejaban ver todas las luces de la calle, tenuemente iluminada por una lamparita que estaba en un rincón del cuarto.
- ¿Mía, mía, mía...?
Callé por espacio de unos minutos, esperando que dijera otra cosa, y cuando iba a volverme a preguntar escuché voces, una voces que parecían que provenían de mi cabeza... "Me volví loco", pensé. Pero no dije nada, tan solo escuchaba las voces que susurraban y me decían que cogiera uno de esas barras de acero que estaba en un rincón del cuartillo del doctor y le partiera el cráneo. Las voces insistían y tuve que obedecerles para que callaran.
¡Fue increíble! Ver su cabezota en el piso, como si fuera un tomate con ojos y pelos llenos de sopa de sangre, y esos sesos como gruesos gusanos, y esos ojos que aun se movían a pesar que tenía sus anteojos puestos, y sus brazos que temblaban como esos pollos a los que recién se les a cortado la cabeza... Era terriblemente hermoso, pero, satisfactorio.
Me llevaron al manicomio y para suerte mía me separaron de los demás locos, pues yo era un extraño asesino... Y las voces, las voces, las voces no me dejaron nunca más, pero con el tiempo se volvió entretenido, me hice amigo de ellas. Mientras paseaba por mi cuarto me contaban extrañas historias de los vivos y los muertos, de la existencia de dios, del demonio, de las películas de terror, de blanca nieves, del doctor Jeckill, de mis padres, de mis abuelos... en fin no dejaban de hablar... Así la pasé por cerca de diez años hasta que pude convencer a una estúpida doctora que ya estaba curado, claro que mentí pues siempre escuchaba las voces, pero ellas me aconsejaron que me hiciera el tonto, que actuase como las demás personas que los escuchan pero viven como si no los escucharan. Eso hice y al cabo de pocos ensayos como electroshoks, pastillas, terapias grupales, golpes de agua con manguera, violaciones, etc., salí.
Y salí con cerca de cincuenta años, con las pocas ropas que tenía y sin un lugar hacia donde ir, así que me puse a mendigar. No la pasé bien pero vivía como los perros de la calle, pero las voces, las voces, las voces no me dejaron jamás, lo bueno es que ya no pedían la sangre de la gente sino que fuera a dejar uno que otro obsequio, encargo a una que otra persona que vivían por la ciudad, o en diferentes ciudades... En fin me volví su mensajero, un dependiente gratuito, pero algo recibía, pues cuando necesitaba abrigo, las voces me indicaban un lugar, una casa desocupada, y también conseguía alimento... Así que, como les cuento, no la pasé mal... pues en toda mi vida nunca mas volví a sentirme solo, así como me sentía cuando mis padres me encerraban en la casa para que no jugara con los muchachos de la calle... Nunca más, nunca más, nunca jamás me abandonaron mis viejas amigas, las voces...
San isidro, noviembre del 2005
Thursday, November 10, 2005
Libre de Culpa
Hasta ahora no entiendo como pude hacer semejante salvajada pues yo siempre fui tan sensible, siempre me entregaba a mi propio dolor, pero, aquella vez, aquella en que pude ver a mi hermosa sobrina desnuda en la puerta de su cuarto no pude resistirme y caí donde los demonios de todos los mundos moran, y sentí lo que es el odio verdadero. Fue terrible verle su cara de niña, suplicante ante mis deseos, besándola como esos perros a lenguetazos, cogiéndola por sus bracitos, cinturita y haciendo lo que ni en pesadillas uno puede imaginar... Y allí, allí, justo allí estaba mi hermano mirándome tras la puerta, mirándome con una barra de acero en sus nervisos brazos, listo para reventarme toda mi puerca cabeza. En esa situación, yo iba aceptar todo su sangriento castigo, pero no sé si fue aquella extraña luminosidad que cayó sobre su rostro, o aquel viento que empujó las cortinas haciendo que dejara todo y cayera como un saco repleto de mierda, desparramándose al piso como esos títeres sin hilos...
Nunca mas volví a verle, pero estuve al tanto a través de mi sobrina que siempre acudía a visitarme a mi cuarto, y allí nos embarrábamos de mas mierda, del gris pecado, de todo aquello que estaba prohibido y que chupa todos tus sueños... Sino fuera porque aquella extraña luminosidad se apareció frente a mí nuevamente, pudiendo verme a mi mismo como si fuera un espejo divino, y ver lo sucio, bajo, miserable en que estaba embarrado, no pararía de enjuagarme en los besos de mi bella sobrinilla.
La tuve que dejar y empezar aprender a ver, escuchar y entender aquella extraña luminosidad que con el tiempo vislumbre que era algo así como un ángel, un dios, o un ser de otro planeta, no lo sé, pero desde aquel día nunca más he vuelto a sentirme solo. Abro los ojos en la penumbra de mi cuartillo y allí le veo, le observo con respeto y devoción... flotando como una nube de algodón. Muchas veces le sigo cuando me pide que camine por la calle cerca de ella, exigiéndome que me humille pidiendo comida a cualquier vecino, acompañado a mi pedido siempre con una sonrisa de oreja a oreja, y yo le hago caso. Todo funciona como un reloj sin pilas, de esos que funcionan con la luz solar. Mi vida se simplificó. Mi familia, después de la enfermedad en que cayó mi hermano trataron de volver pero los rechacé, y no por mí mismo, sino por la luminosidad que no deseaba verles a mi lado, gustaba verme en soledad y hermanado con el mundo natural. En verdad mi vida se volvió libre de culpa así como los pajarillos del bosque de pican, roban sin pedir permiso a nada ni a nadie...
Pero mi hermano murió, lentamente, así como el día que se oculta por el sol, volviendo a su innata negra oscuridad, pero yo sé en verdad, hacia donde se irá... Eso es lo que les comentaba, mi hermano si bien se halla bajo cinco metros bajo tierra, ahora parece estar fundido en aquella hermosa luminosidad. No le he visto allí, pero le siento intensamente, sobre todo ahora que le estoy rezando en su tumba y esa hermosa lumbre se abre para mí como un sol con todos sus rayos, un brillo del cual no tengo palabras para expresar pero que se siente como un puente hacia la belleza de todas las bellezas... Y vi que hacia allí mis oraciones, conversaciones con mi hermano caían, viajaban como esas piedrecillas que uno las arroja hacia el fondo del océano, sabiendo que se hundirán sin parar hasta lo más profundo de ella. Así siento mientras converso con mi hermano mientras aquella lumbre me avisa que camine hacia mi hogar, que ya fue suficiente de rezos, que todo es una rueda de rayos delicados así como una estrella. Le escucho y obediente voy camino hacia mi casa, pero esta vez me señala que camine sobre las aguas del mar. Lo hago sin dudar un segundo y no me hundo, pues veo que mi alma me pone sus bellas alas como una alfombra sobre todo el universo...
San isidro, noviembre del 2005
Wednesday, November 09, 2005
Divagaciones nocturnas...
Podría dejar de divagar pero me agrada escribir esto que siento con tanta intensidad, pues, es lo único que siento. Veo las páginas escritas por mí y me asombro, y si es así, es belleza, cruda belleza salida de mis manos hacia el papel, la pantalla, es decir, hacia el corazón de otra persona... y eso me hace feliz como un joven lleno de ilusiones y anhelos de eternidad...
Mis manos tienen identidades, y me encanta que ya no me pertenezcan pues me siento como menos dueño de mí mismo. Mis piernas tienen esa fuerza de un corcel, pero no saben muchas veces adonde ir. Me agrada saber pocas cosas. Me agrada saberme tan joven a pesar que a la otra casa está mi ocaso.
Lima, noviembre del 2005
Tuesday, November 08, 2005
amantes
alza tu copa
y bebe el vino
de todas las alegrías...
Mi alma se abre
como la luz ante
todas las frías tinieblas
Y canta, canta
la dicha de esta vida
que viene y se va
entre cada aliento
que viene y se va...
Todo me pertenece
Y mis labios
son los tuyos,
mis ojos también...
Mas una cosa nos separa
y es este instante
que pisa mi instante
ante el teatro
de todo momento
Mitad hombre,
me dicen
Mitad ángel,
susurran...
Mas yo
que vengo de ti,
no sé lo que soy...
Dame una mirada,
te ruego
Dame un poco de ti,
te imploro
Verás que hay
tanto amor que darte
que no existe vida
ni muerte
que quepa en tu linda
botella de carne...
No digas nada,
tan solo respira,
cierra los ojos
y vive, vive, vive…. vive,
así como hoy...
San isidro, noviembre del 2005
Ven a mi corazón
al mar de preguntas, dudas,
temores...
La muerte me hace reír
como un anciano
cuando los dientes se le caen...
La lluvia que cae del cielo
cantan mis tristes y bellos recuerdos
ahogando el cuarto gris en que vivo...
Ven a mi corazón
te lo ruego señor..
Baila con tus vivas guirnaldas
y hazme feliz
Muchas vidas he existido
pero solo en la tuya
hallo la paz y el amor...
Soy en verdad
un polvo que piensa,
que camina sin fuerza,
movido por los hilos del tiempo
y de toda tormenta
de sombría oscuridad...
Brilla una vez más
y dame tu gracia,
pues anhelo besarte los pies..
Eres mi último rincón
que me falta llorar...
Mi alma, cuerpo
y mente son nada
cuando me abres la puerta
de todas las claridades,
invitándome el vino
de todas las alegrías...
Ven a mi corazón
y hazme uno a tus pies...
Soy un polvo que piensa
y que anhela mirarse
en la retina del amo de todos mis ojos...
Lima, noviembre del 2005
Sunday, November 06, 2005
Sonidos Interiores
la negra caja del silencio
Acróbatas de espirales pistas
Péndulos escupiendo
martillos letales al tiempo seboso de segundos
Madres, niños, perros y hambrientas ratas
deambulando tras la cola de sus vidas
Tanta estupidez
que quiebra todo signo escrito…
Pero una blanca mota
no deja de limpiar
eso negro que acostumbra
salpicarme el alma…
Miro hacia todos lados
y escucho la voz de la nada
Todo es vida nueva
Todo es largo, agudo
como el rabo de la bestia homérica…
Pienso un poco antes de escribir
Siento un poco más y dejo de escribir
Vivo un poco y escribo sin parar
sobre ese muro tierno y blando
llamado asombro…
Punto final me inspiran las musas,
mas la vida no sabe de cosas
que comienzan ni terminan…
pues todo no se agota de cambiar,
así como este momento largo,
como el delicado pescuezo de un dios…
San isidro, noviembre del 2005
Equilibrios
Le escuchaba y escuchaba, moviendo las manos hacia arriba y abajo con ese entusiasmo que ponen los niños cuando le cuentan a sus padres la primera vez que entraron al circo. “Si vieras el rostro de mi abuelo”, me dijo contándome de su visita a su abuelo en donde, decía, que todas las y tardes conversaba con su difunta esposa, colocando militarmente los cubiertos para “ellos”. Hablando y conversando y muchas veces confundiéndolo con su difunta esposa. “Eso fue lo que me hizo sentir que yo estaba hace mucho muerto”, me dijo. Y por esa razón es que tomaba la vida diferente, como un niño que gusta romper sus juguetes buscando encontrar en sus partes el alma, y, como un niño, le daba vida a cada una de las situaciones que enfrentaba el con su abuelo…
“Mi abuelo tenía un rifle, era grande y lleno de balas. Pensé lo mejor para mi, así que no dude en colocarme el cañón en la boca cuando vi que mi abuelo se me acercaba y, sin asustarme ni asustarse, se ponía el cañón en la boca… para luego pedirme que le canté un tango de Gardel, aquel en que se pone una bala en la boca pues desea descubrir si tiene o no tiene alma este cuerpo. Eso, me hizo pensar en todo. Cogí el rifle, y mi abuelo me llamó como le llamaba a mi abuela… Lo abracé y lo llevé a su cuarto, mientras él me decía que estaba cansado y quería desenchufarse de sus pensamientos y visiones…”
Durante toda la noche no dejó de hablar y hablar y sentí que una parte de mi se enriquecía, se cargaba de esa magia que brotaba de su aliento. Deseé estar en su pellejo, vivir esa magia que emanaba de cada uno de sus movimientos. Ya estaba aclarándose la noche y supe que tenía que volver a mi casa, a mi cuarto. Nos despedimos y le dije si podía volverle a ver.
“No lo creo, amigo, no lo creo, tu ya estás vivo… Y yo, acabo de nacer, pues ya se cómo se monta esta vida, ya sé cómo es el equilibrio”, me dijo. ¿Cómo es?, le dije. Sonrió así como una media luna y me dio la mano, me abrazó tan fuerte como si fuera un oso, y sentí su aliento en cada partícula de mi ser, y supe que en ese aliento estaba la clave del equilibrio de toda existencia…
Le vi alejarse mientras me pareció que caminaba sobre nubes, espuma de una mágica mañana… Cerré mis ojos y cuando los abrí, ya no estaba más. Tan solo escuché salir una vieja canción de una de las tantas ventanas de nuestro viejo barrio. Era un tango de Gardel…
San isidro, noviembre del 2005
Friday, November 04, 2005
Me quema
Bulla de televisores planos
Canasta de frutas semipodridas
Cucarachas que mueven sus antenas
mientras mis ojos aburridos
no dejan de apagar el foro
de todas las conciencias que habitan
en el negro universo de mi ser...
No digo lo que soy en este momento
La carne, los huesos
y demás figuras primas del humo
me tiene atado con cadenas
de eslabones de pasiones y
hormigas mentirosas
roen esta existencia
que como un seco árbol
empieza a soltar sus manos
sobre su madre terruña...
Hay tantos libros que me ahogan sus letras
Sonidos feos y bonitos
Dolores mohosos
y eso que pica mi lado sensible,
aplastan el monumento
esculpido a lo largo de esta cola
hecha de tela de carne y huesos...
Estoy cansado así como el sol
que empieza a apagarse...
Me agrada saber que esto negro
tiene gran lástima
por mi gran turbulencia...
Y ahora que la brisa entierra sus uñas
en mi alma...
Grito y grito y grito
porque no sé qué otra cosa decir...
Adiós bola de carne encendida
por el fuego invisible del dios
Adiós, y espero
que muy pronto tus letras
empiecen a ser hijas de tu lumbre...
San isidro, noviembre del 2005
A la deriva
Fui al cine, solo como una botella perdida en el océano y vi parejas de personas, muchachos fumando, mujeres bellas mostrando sus nínfulas cuerpos, en fin, una de esas cadenas de personas con sus mundos de cristal en sus cabezas que al pasar a mi lado uno siente como que se va a caer al piso.
Continué mi marcha y allí estaba mi auto, con un personaje cuidándolo, perdido entre cientos de autos, como perros de lata y grasa. Subí al auto y no supe a donde ir. Pensé en la playa, mi casa, las torres gemelas, un Guru recién bajado, brujos africanos y esos gatos que no dejan de mirarme con el brillo de la luna en sus gemelos ojos.
Bajé en mi casa y subí hasta llegar a mi cuarto. Prendí la computadora y aquí estoy, a la deriva del río de ideas y palabras, tratando de decir lo que he vivido hoy, ayer, e imagino cómo será el día de mañana. ¿Viviré? Sí, es casi seguro que si. Y si te encuentro por las calles, bajaré del auto y de daré un apretón de manos simulando que algún día nos habíamos conocido. Una mentira que me de mareos pero que me ayuda a continuar escribiéndote... al menos hasta que muera.
San isidro, noviembre del 2005
Wednesday, November 02, 2005
La Procesión
Iba a alejarme cuando sentí en mi alma que debía acercarme un poco mas, deseaba saber el por qué la gente que tocaba una pequeña parte de aquella gigantezca estatua se desmayaban, haciendo que otros negros gigantescos las llevaran hacia una pequeña carpa en donde habían camas, ambulancias, enfermeras, y curiosos por doquier. Me acerqué con gran esfuerzo mientras escuchaba los llantos de todo el gentío cuando sentí una mano que cogía mi billetera. Volteé pero solo pude ver a un puñado de chiquillos que con sus inmensas velas caminaban arrodillados pidiendo perdón, piedad al señor... Aún así continué mi marcha cuando vi que una mujer me cogía las piernas, se me pegaba como si fuera una culebra, la empujé, y ella cayó desmallada, haciendo que otros negros la llevaran en los hombros hacia el lugar de reposo... Continué mi marcha y cuando ya estaba a escasos metros lo vi. Sí, vi al señor. Era enorme. Gigantezco. Su sola presencia me hizo escarapelar la piel... ¡Casi lloro! Sino fuera que los brazos de unos negros me empujaron para pasar encima de mí. Y cuando estuve a unos pasos fui uno de los miles que tocaba con las uñas un pedazo de su Imagen dorada.
Todos continuaron su marcha menos yo, pues me quedé arrodillado esperando que sucediera un milagro, algo que le diese sentido a esta vida, pues cuando le toqué, le pedí si podía hacerme el milagro de sentir la paz, el amor, la claridad, todo eso... pero por mas que esperé, nada, nada, nada, nada...
Ya habían pasado todos y yo allí, de rodillas esperando que sucediera el milagro cuando sentí que unos chicos me tiraban piedras, fruta podrida, gritándome: Loco, loco, loco... Me paré y me fui hacia mi casa con la certeza que el único milagro que vi aquella noche fue mi asombro, y mi sed por ver la divinidad...
San isidro, noviembre del 2005
Monday, October 31, 2005
La Obra Maestra
En mis manos aún tenía uno, quizás el mejor, de los tantos lienzos quemados. Lo llevaba para guardarlo, para que cuando lo mirase pudiese recordar a la misma belleza en su lienzo... Tarea estúpida, pero qué mas me quedaba si ya todo había terminado para mí, su hermano que costeó toda su carrera, y que por mas que quise sanarlo de su espíritu creativo no pude conseguirlo ni salvar todo lo que creaba, que era bello y que gustaba quemar... hasta que encontró su obra maestra que era una casa en medio de un bosque en donde toda una familia de niños, mujeres, hombres y ancianos estaban ardiendo bajo las llamas de un ser encantado, un ser hecho de fuego que se acercaba y chamuscaba a toda aquella dulce familia... Verlos así, con los cuerpos inflamándose con los rostros de dolor, era impresionante. Eso le dije a mi hermano, mientras continuaba trabajando en esa obra maestra... hasta que llegué y los encontré a ambos hecho un amasijo de fuego.
Vi como llegaban los bomberos, los policías, y cientos de curiosos, y continué caminando rumbo hacia mi posada. Cuando llegué fui directo hacia mi cuarto. Lo cerré con llave y abrí el lienzo quemado... Oh, era terriblemente hermoso, aun en ese estado, pues veía que, extraordinariamente seres carbonizados empezaban a moverse, salirse del lienzo quemado y empezar a inundar todo mi cuarto con su negrura total, mientras que un hilo de humo serpenteaba bajo el entorno de todo mí ser. No podía ser, pero su obra, el lienzo de mi hermano era perfecta, eterna, tenía el movimiento de un negro escarlata... Pero cómo expresarlo al vulgo si ahora, era élla quien tomaba mi vida y la convertía en una masa de carbón y humo. De pronto vi que una lucecilla brotaba de aquella oscuridad en que me hallaba y corrí lleno de dolor como un poseso, y cuando llegué vi al hermoso ser de fuego que con unos ojos maravillosos empezaba a atraerme a sus brazos. Era hermoso y terrible al mismo tiempo... No supe cuanto tiempo pasó, pero entre gritos, dolor, ahogo, y tantas cosas mas, me vi convertido en una especie de humo que se expandía entre todo este nuevo universo poblado de una luz dorada y cientos de formas en llamas, como que no dejaban de trabajar, de buscar nuevos buscadores de la cruda belleza...
San isidro, octubre del 2005
Sunday, October 30, 2005
Partículas
Estaba en la ducha mientras una lluvia de pensamientos, preocupaciones, recuerdos mojaban mi alma. Quisiera dejar de pensar, me dije. De pronto, tan solo sentí que el agua bañaba mi piel, y el sonido de la ducha era una tormenta... fue bello, muy bello el saber apreciar el momento en que vives, tan solo vives el momento haciendo que el milagro más grande te llene tu propia existencia.
Salí del baño y cuando me vi frente al espejo tuve que sonreír pues no era tan bello como pensaba. Las arrugas, el brillo en los ojos, el escaso cabello me hicieron entender que soy un ave de paso, que estoy deslizándome a través de este mundo sin saber mucho ni poco, tan solo vivir el milagro, el instante, nada mas...
Ya en mi cuarto no supe si ponerme a escribir, dormir, leer, ver una película, o nada de nada. Decidí escribir un momento, contar lo que decía mi fantasía, y escuché que unos hombres llegaban desde muy lejos, vestidos de harapos y no tenían manos ni pies, se arrastraban con culebras y de sus voces pude entender que todos eran una parte de mí. Me asusté y dejé de escribir un momento... pero no pude, así que volví a dejar que la nave de la imaginación me cargara y vi que todos los hombres y mujeres del mundo tocaban mi puerta, uno tras del otro en una cola interminable, y todos tenían un poema escrito en sus manos, y todos querían leérmelo... fue horrible cuando de sus voces salieron personas de todos los tamaños, colores, formas y cada uno flotaba en el aire... Dejé de escribir, me volví a asustar, pero no pude... vi que mi cama estaba fría, así que volví a soñar, y soñar, y soñé que vivía en Marruecos, y en mi cama había dos mujeres, las dos eran hermosas, pero estaban vestidas de negro, tan solo podía verles las caras, eran tan bellas, grandes como estatuas de carne, blanditas pues cuando las toqué mi mano se hundió en sus carnes, las apreté con fuerza y sin querer les arranqué un trozo de sus cuerpos, me asusté nuevamente... así que preferí dejar de soñar y no volver a escribir de cosas tan raras que flagelaban mi conciencia.
Decidí salir a la calle. Me puse un sobre todo y fui hacia las calles de mi vieja ciudad. Me encontré con un perro, me agaché y el perro movió su cola, luego comenzó a lamerme la mano, la cara, me gustó. Continué mi camino mas contento pues tenía al perro a mi lado. La gente que pululaba como sombras nos miraban con los ojos brillantes así como los gatos, me asusté y decidí volver a mi cuarto. Y cuando entré vi que una persona estaba escribiendo sobre mi máquina de escribir. ¿Quién eres?, pregunté con voz segura pues el perro aun estaba a mi lado... Pareció no escucharme. Volví a preguntar, pero nada de nada. Caminé hacia el tipo y cuando le vi de frente no supe quien era, pero esas manos, esos ojos, esa forma de escribir me hizo pensar que era una partícula de mí ser, y que yo en esos momentos estaba dentro de uno de sus millones de sueños... Miré al perro y ambos volvimos rumbo hacia la noche, como una de las tantas sombras que viven en la oscuridad del piso y paredes...
San isidro, octubre del 2005
Rios de vida
Quisiera contarte toda mi vida
pero este misterio es tan corto,
prefiero decirte que estoy solo
como un cactus en pleno desierto
chupando la vida escondida
que fluye de dentro de mi
Hay tanto de mí en mí
que puedo cerrar este hueco,
esta página en blanco
y suprimirme como un loco...
Seguro que mis padres,
hermanos y amigos
dirían mil cosas,
pero no importa cuando sé
que al fin puedo lanzarme al vacío
y flotar como un ave,
volar con mis plumas imaginarias
y mirar desde arriba,
desde abajo,
desde todos lados…
tu mundo y el mío,
y los otros también…
Te diré que hay luz
en la negra oscuridad,
que los coros resuenan
en la casa de dios
y que hay dulce en el aire
pues la alegría se puede respirar…
Pero es mejor que no
te diga todas mis cosas,
pues así podrás escapar
de todas tus sierpes
y dar pasos solitarios
hacia un llano de arena eterna,
con esos bichos que no dejan de chupar
este instante
y todos los demás…
Prueba la vida,
es dulce cuando puedes respirar la alegría
y cuando haces un río de todas tus cenizas…
Para un instante
y deja de respirar…
Sabrás que no hay nada
como esta bocanada que pasa y pasa
como esos ríos de piedras y agua
que suena bonita y sacian
todas las sedes…
Quisiera contarte más de mi vida,
pero mejor cuéntame tú…
¿qué has hecho hasta el día de hoy?
San isidro, octubre del 2005
Movimientos Verdaderos
Entre a su cuarto y encontré miles de libros, cuadros en cada una de las paredes de la mansión, muebles totalmente abandonados y apolillados... Caminé por entre todas las joyas artísticas hasta llegar al escritorio del poeta. Y allí le vi, tirado sobre miles de hojas en blanco, y en cada una de ellas revisé que tan solo una palabra se repetía y repetía, en todos los tamaños y en diferentes colores. Se volvió loco, pensé mientras cogía uno que otro papel, como buscando un poco de claridad, entendimiento del porqué un hombre de su riqueza y talento se hubiera encerrado de aquella manera, pero no pude entenderlo, tan solo recordaba aquella palabra escrita, aquella palabra que mi hizo dejar de soñar y vivir aquella palabra.
Salí de la mansión y tomé un coche que me llevaría de vuelta al inicio de esta aventura, la aventura de la búsqueda de la verdad, el inútil esfuerzo de cada alma que camina sobre la tierra. Pensé que este hombre que había amado a través de su arte, cartas, vida, genio, tenía la respuesta al fin de mi búsqueda, pero me engañé. Tan solo era uno como muchos que bordeaban como esos tiburones la sangre de un ser humano buscando saciar su hambre y curiosidad.
Bajé en el Diario y me puse a escribir la muerte del poeta. Mi artículo saldría al día siguiente, y sabía que nadie creería lo que puse, pero esa era mi experiencia. La verdad no existe, no hay que temerla. Luego de terminar de escribir mi artículo se lo puse encima del escritorio de mi editor al mismo tiempo que le anunciaba mi renuncia.
Llegué a mi casa y cogí mi maleta, llenándola de ropa y cosas necesarias para mi último viaje. Dejé una nota a mi amiga en donde rompía todas nuestras relaciones. Llamé al aeropuerto y separé un boleto para Roma. Sí, iría nuevamente a buscarme a mi mismo, a mi pueblo, en Florencia, Toscana... Alquilaría un cuarto y me pondría a pensar y pensar, en paz.
Llegué a mi pueblo y todos mis amigos habían envejecido, o se había ido hacia América. Todos mis familiares estaban lejos. Esto era ideal pues no deseaba que nadie me reconociera. Cada día salía a pasear por los parques, las calles de la vieja ciudad, las Iglesias, las viejas rutas y posaderas... Todo estaba más muerto que antes, pero, había algo en ellos que me decía que debía quedarme allí para siempre. Sí, pensé, para siempre. La verdad, la verdad, verdad, en eso pensaba de día y noche, recordando la palabra que el gran poeta italiano había escrito millones de veces..."Verdad".
Todo seguiría igual sino fuera porque una mañana, en uno de mis paseos, vi a un niño que era idéntico a mí mismo. Me le acerqué y el se acercó.
- ¿Qué buscas?
- La verdad... - le dije.
El niño, que era yo cuando niño, o en todo caso una ilusión, o qué se yo, comenzó a reír y reír y reír sin parar... Y cuando le quise decir que callara, sentí que su risa se volvía como una onda que me arrastraba hacia un lugar lleno de millones de voces. Traté de gritar pero no pude. Y cuando cobré la razón me vi echado en una banca de mi vieja ciudad con cientos de niños que no dejaban de mirarme. Me traté de levantar y no pude. Estaba sin piernas ni brazos. Es un sueño, me dije. Cerré los ojos rezando para que despertase de aquella sombría ilusión y cuando los abrí me encontré con mis hermanos que me miraban asombrados diciendo que al fin había hablado. Traté de moverme y mi cuerpo era la de un recién nacido. Maldije mi locura y nuevamente cerré los ojos, pensando en el lugar en donde caería, y cuando los abrí, me vi sentado en un escritorio escribiendo una y otra vez sin poder dejar de escribir una sola palabra: "Verdad"... Grité, y perdí la conciencia, luego vi que alguien muy especial, se acercaba, miraba mis manos inmóviles, mis hojas escritas, mi oscura casa, y luego, lo vi alejarse de mí... llevándose mi esencia, mi conciencia, mi ser, sobre sus hombros, sobre cada partícula de sus sentimientos... Y entendí, realicé, que yo, que yo era un viajero, una pluma movida por el viento, un instante fluyendo a través de los momentos eternos…
San isidro, octubre del 2005
El creador
Acabada la sesión hubo un segundo, quizá un momento de silencio. El primero en levantarse fue el menor de toda la familia, luego, le siguieron la madre, los hermanos, los tíos, primos y por último cuando ya no había nadie mas en la sala, se paró el patriarca y cogiendo todos sus libros se fue directo a su biblioteca… Mientras pasaba por todas las piezas atiborradas por todos sus familiares agudizó su oído y escuchó lo siguiente:
“Quizás debamos esperar los resultados, dijo uno. La verdad es que no lee bien es preciso aclararle ese punto, dijo otro. No creo que su obra esté terminada, como dicen los artistas es mejor dejar que la masa se fermente para apreciar su aroma verdadero, dijo otro mas.”
Imbéciles, pensó el patriarca y se prometió no volver a escucharlos mas y se juró no compartir su obra con nadie que no sea el menor de su hijos que contaba con escasos siete años. Entró a la biblioteca, cogió una pluma y papel y continuó escribiendo sus poemas y cuentos a lo largo de toda la noche… Qué importaba si su esposa le tocaba la puerta si su vida estaba mientras se entregaba a sus líneas, qué importaba que nadie se le acercase con los oídos destapados si el arte es tan solo cuestión de gusto y no de opiniones generosas… Eso pensaba cuando en medio de las sombras apreció el menor de todos sus hijos cuando ya eran pasadas la media noche. Le tocó el brazo y le dijo si podía leerle un cuento porque no podía dormir. El padre sonrió y cogiendo su recién acabada obra se puso a leerle a su hijo menor. No pasó un instante cuando el niño cayó dormido en su regazo. Lo miró con ternura y en toda la oscuridad y silencio de su casa lo llevó a su hijo a su cuarto para echarlo a dormir en su cama.
Ya estaba por amanecer pero él continuaba escribiendo. Narraba la historia de dos personas que habían viajado tan lejos de sus hogares, jurándose mientras se despedían que se escribirían cada semana. Cosa que hicieron al principio pero con el tiempo ambos se olvidaron. Y cuando llegaron a viejos, con fortuna uno, y el otro con miseria, quiso el destino unirles un instante en la esquina en que se despidieron ambos jurándose escribirse. Miraron la misma salida del tren, el piso de madera que ahora, después de más de cincuenta años había cambiado por uno de mármol blanco. Y ambos, mirando en paralelo la hora en que ambos iniciaban la partida en los trenes que llevaban uno hacia el sur y el otro hacia el norte, pensaron un instante en sus propias vidas… “No fue como pensaba”, pensaron ambos al mismo tiempo. Sacudieron el ensueño que se instalaba en sus conciencias y se encaminaron hacia la realidad. Uno se apretó su lujoso sacó de piel de oso, cogiendo su maleta de cuero llena de documentos y dinero en efectivo, pensando en la cita que le esperaba cerca de una hora mas por lo que tenia que tomar el tren hacia el sur. Mientras que el otro cogió su deshilachado sacó, se ajustó su chalina y sombrero y cogió su puñal buscando a quien asaltar pues hacía más de dos días que su precaria familia no recibía bocado… Ambos tuvieron suerte. El rico creyó reconocer a su viejo amigo mientras que el pobre miraba con ojos asesinos el lujoso saco y maleta… Cuando ambos se alejaron, el miserable llevaba una daga ensangrentada, una maleta llena de dinero y un saco fino de piel de oso. Y mientras se alejaba comenzó a recordar que su suerte cambiaría, y pensó en su viejo amigo que hacía mas de cincuenta años no veía…
Es un buen cuento, pensó el patriarca, mientras escuchaba los primeros trinos de las aves matutinas. Cogió las hojas y las guardó en su portafolio. Bajó a tomar su desayuno y se dispuso irse a trabajar. No encontró nada servido. Miró su reloj y aún no eran más de las seis. Alzó los hombros y salió hacia el taller, pero antes fue a ver a su menor hijo a su cuarto. Lo vio que estaba vestido con ropas miserables y llevaba un cuchillo en las manitas, le miró a su padre vestido elegantemente cogido de una maleta de cuero y notó que sus ojos brillaban de temor, como si fuera una presa a quien cazar…
San isidro, octubre del 2005
Wednesday, October 26, 2005
¿No me conoces?
allí cuando de niña jugaste como nadie
a la sombra del viejo árbol de roble
mientras los niños miraban
con ojos abiertos, brillantes
y llenos de asombro…
es que, eras
mitad niña,
mitad ángel…
Tenías pocos años
y la vida era de colores:
verde, azul, amarilla…
así como el cielo,
el campo y el sol...
¡Y cómo reías y reías!
Jugando de día,
de noche, de tarde...
Era un recreo tan lindo y tan corto...
Tus piernas crecieron duras como el roble
Tus manos capaces se hicieron
Y tu alma aprendió que no había nada
para que el amor se hiciera tu dueña...
Amaste
¡Y como amaste!
Viviste así como viven
los niños y las aves del campo,
dejando que tus pies
no se alejaran de la tierra,
y tus sueños no volaran tan alto…
Como todos nosotros
descubriste que es fácil errar,
muy fácil,
pero qué difícil era continuar
tras tu sueño, tu vida hecha con ladrillos
de corazón y sudor...
Tuviste una casa,
luego un jardín
y en ella sembraste
las flores mas bellas
y a cada una le pusiste
los nombres secretos
escondidos en tus sueños
y tus sombras queridas...
Ellos fueron se hicieron de carne y de amor
Tus hijos e hijas
Tuviste toda una vida de flores,
aromas y cantos sin tiempo ni espacio...
Aunque la pena y el dolor
cargaras sobre tu espalda,
esperando el momento
en que la noche mas larga
tuviera los aires de paz...
Ya se que no me conoces
¡No importa!
Todos somos iguales
así como las flores
con sus aromas y colores
Todos sabemos llorar,
así como la lluvia y
los ojos de una madre...
Si...
Todos sabemos
que en los brazos de dios
estamos pegados
como los dedos de su mano...
No te conozco,
pero tu me conoces...
Cuando miras el sol
Cuando cierras los ojos
Cuando respiras largo y tendido
Allí, allí, allí...
Allí estoy yo
San isidro, octubre del 2005
Tuesday, October 25, 2005
El perdido
San isidro, octubre del 2005
Sunday, October 23, 2005
Los Ancianos
Un perro nos observaba a la luz de una lámpara
El reloj no cesaba de martillar mi cerebro
La noche parecía no querer salir de mi oscuridad
Un pensamiento se mezclaba a mi conciencia
Las paredes constantemente me llamaban
con sus cuadros y arañas, y el beso de la humedad
Los coros de Beethoven
trataban de arrullarme a través de una radio,
sí, todo ahogaba mi existencia…
Y cuando los ancianos empezaron a roncar
supe que era hora de escapar
Me paré en silencio total,
y abandoné la casa de los dos sabios
para siempre...
deseaba encontrar mi propio conocimiento
y mi remoto verdadero ser...
San isidro, octubre del 2005
El joven
- En verdad le digo, hoy podrías conocer a dios dentro ti, tan solo tienes que buscar dentro tuyo, cerrar las puertas exteriores y sentir eso, eso que llevas dentro, como si colocaras un sensor, un micrófono para ver lo que ocurre en tu interior, créeme, es así... – le dije.
Bajó su mirada y empezó a comer lo que estaba servido en su plato, y mientras colocaba cada porción de su almuerzo en su boca, parecía sonreír, y con ese gesto, responder que no me creía...
- Guide dijo que es bueno confiar en la gente que busca la verdad, y es mejor dudar de quien dice conocer la verdad – respondió.
Callé, no supe que responder, tenía la cuchara del menú en mi mano y no empezaba a comer, estaba paralizado, como muerto… Sino fuera porque el mozo me preguntó si el sabor de la carne en mi plato estaba bueno, reviví, y empecé a comer... una cuchara, luego otra y otra y otra. Le dije al joven de ojos negros que el plato estaba bueno, pero no dijo nada.
Cuando terminamos de comer, llamé al mozo para pagar la cuenta pero el joven me miró a los ojos diciéndome que él pagaría por esta vez. Salimos y subimos al auto. Le pregunté hacia donde se dirigía. Me dijo que quería visitar a un amigo que estaba muriendo... "Hace tres años que no le veo, y es bueno ver a los vivos, para recordarlos cuando no lo estén", agregó.
Lo llevé a la dirección que me dijo y cuando bajó le extendí la mano, preguntándole cuándo volvería a verle. "Antes que te mueras", respondió con una extraña y fría sonrisa que parecía no tener edad ni lugar... Lo vi alejarse, ya era de noche, las luces de la ciudad estaban prendidas... sin embargo, aquel muchacho no tenía sombra. Temblé, y recordé que en un momento de mi vida me dije que la vida era tan plena que si estuviera frente a frente a la muerte, no temblaría, y si él me pidiera irme a su lado, le seguiría con alegría y gratitud por toda la vida que he llevado, pues ha sido buena, muy buena… Pero ahora, al verle frente a frente, en el cuerpo de un joven, y en un viejo restaurante, sentí que aún no estaba listo ni conocía la verdad...
San isidro, octubre del 2005
Saturday, October 22, 2005
Dicha
Llegó a su oficina y prendió la máquina fotocopiadora. Puso papel para empezar a trabajar pero la máquina no funcionó correctamente. Miraba las copias y veía que todo salía mal, oscuro, borroso, chueco... mal, terrible en una palabra. Respiró profundo acordándose del método de relajación casero pero nada, nada... Una erupción como infinitos gritos internos clamaron, pidiéndole que la vida no tenía sentido, que la noche era un mar de sueños pegajosos y pesados, por lo tanto, la vida no tenía sentido... ¿Llamar al técnico para reparar su ya magullada fotocopiadora? ¿Ver que su negocio estaba cada día mas y más obsoleto, más olvidado a partir de las nuevas cadenas de ciber cafés?...
Se paró y ante la sorpresa de todos sus compañeros de trabajo cogió su vieja máquina y la tiró al suelo, causando que todos los chicos se le acercaran para socorrerlo, pero ¿cómo?... ¡Déjenme!, gritó. Fue a buscar una silla, un lápiz, un papel, una mesa y se puso a escribir... ¿Qué escribía?, pues nos sumergimos en su cabecita y vimos que trataba de recordar todos los momentos en que había sido feliz, sí, quería ser feliz, sentirse dichoso el resto de su vida... ya no quería vivir, mejor dicho: sobrevivir.
Anotó cuando recibió los primeros aplausos de sus familiares cuando se puso a cantar frente a ellos, algo de su inspiración; puso el momento en que tuvo su primera relación sexual cuando contaba quince años, los brazos de su madre cuando cometía un error mientras ella con besos y abrazos le perdonaba todo, todo... Luego de escribir por cerca de veinte minutos paró. Miró la hoja y contó el tiempo en que fue muy feliz, y con estupor vio que había sido feliz no mas de cinco horas con veinte minutos a los largo de sus mas de cincuenta años... Dejó el papel y salió a la calle ante los rostros consternados, sorprendidos de toda la gente que trabaja a su lado en el taller de fotocopiadora a lo largo de quine años, escuchando susurros como: "Está loco, ha perdido todo, qué le pasará, seguro que volverá..."
Caminó y caminó sin rumbo ni meta, tan solo sentía en su interior una voz que clamaba: quiero felicidad ahora, ahora, ahora, ahora.... ahora... El sol empezaba a ocultarse, la luna empezaba a observarle, las aves callaban, la noche se volvía en su teatro, el único lugar en donde sus pies podían caminar en busca de sus felicidad... cuando se detuvo frente al mar que, ya de noche, se sentó en su orilla escuchando las olas que se rompían una y otra vez, calmándole de alguna manera. Miró la noche, el cielo, las estrellas y sintió que todos le miraban, observaba... Se paró y gritó: ¡Soy un hombre y quiero ser feliz!
Bajó la cabeza ante el total silencio del universo y cerró los ojos como buscando dentro de si la respuesta, el camino, un espacio que le diera aquel sentimiento de sosiego, pero nada, nada, nada... Cuando abrió los ojos vio a un niño de no más de ocho años que con los ojos más dulces le miraba... El hombre le preguntó si conocía la felicidad. El niño le miró y empezó a retroceder, luego, alzó los hombros como diciendo que no sabía... Se volvió y se fue caminando, volteando la cabecita una y otra vez como si tratara de decirle al hombre que le siguiera. Le siguió.
Caminaron durante toda la noche, pasaron por ríos, bosques, llanos hasta llegar a una pequeña y humilde casita. El hombre se detuvo y vio al niño entrar, dejando la puerta entreabierta... No lo pensó y caminó hacia el lugar. Entró y cuando a puerta se cerró, todo se volvió negro, más negro que todas las noches juntas del universo.
De pronto, en aquella negrura le pareció escuchar millones de susurros, millones... y sintió que en aquel lugar moraban millones de personas. Dio un paso, con el temor de chocarse con uno de ellos pero nada, parecía que todo estaba vacío... Son almas, se dijo, y quizás estoy muerto, o loco. En eso pensaba cuando escuchó claramente una sonrisa de un niño.
- ¿Quieres conocer la dicha? – escuchó otra voz que provenía de otro lugar.
El hombre dijo que si. De pronto, en medio de aquella negrura se abrió, a lo lejos, una estrecha y luminosa puerta, y vio a través de ella un valle de colores vivos, sonidos llenos de calor, bondad...Sí, pensó, allí está la dicha. Guiado por aquel impulso empezó a caminar hacia ella, y cada paso que daba percibió que aquellas imágenes en donde fue muy feliz en su pasado, se materializaban, acercándosele, llamándole, pidiéndole que les recordase nuevamente... Vio a su madre con los brazos abiertos, iba a ir pero continuó su camino hacia la luminosa puerta. Vio a una hermosa y sensual mujer totalmente desnuda, que en algún momento anheló ser suya, llamándole. Vio a su perro moviendo la cola, a su hermano pidiéndole ayuda, a toda la gente que quiso, amó en los momentos en que fue muy feliz… pero, sin embargo, continuó su marcha... Y cuando estaba por llegar al umbral de la puerta, vio al niño que conoció en la playa que con una sonrisa le preguntaba si deseaba revivir nuevamente la dicha, su pasado regalo... El hombre dijo que sí, extendió su mano y se fue junto al niño tras de la dicha… Y mientras caminaba al lado del niño volteó un instante la cabeza y vio que la pequeña puerta luminosa se cerraba. Bajó la mirada, y caminó de la mano de la dicha, de aquello que había vivido, mientras algo dentro de él le decía que élla, era algo más que todo lo antes vivido...
San isidro, octubre del 2005