Wednesday, August 25, 2010

el discípulo


le vi pasar... era más joven que yo... habían panfletos con su rostro y letras grandilocuentes, letreros pegados a una pared decían que era el pastor, el señor, el niño dios, el señor... mi corazón me hizo sentir que estaba en el mejor lugar, mi momento... dejé de esperar. sentado en la escalera del colegio esperaba la entrada a mis labores… y le seguí, junto a un hombre mayor que yo, que usaba vestido de color blanco y usaba unos cabellos largos, dorados y hermosos... fuimos dos quienes le seguimos... tras de él estaban como treinta personas... les miré por un instante y noté que eran de diferentes ciudades, así como yo que acababa de llegar de mi pueblo para seguir mis estudios escolares... seguimos andando tras aquel hombrecillo, que estaba dentro de un auto lleno de flores. viajaba a poca velocidad... llegamos a un parque de estudiantes. el niño dios bajó y todos le pusieron flores en su andar, que era graciosos y firmes... noté su gracia al mirar a cada uno de nosotros. parecía como si revisara si alguien más faltara... sentí algo más que paz, algo así como dicha... le seguimos hasta llegar al anfiteatro del centro de estudiantes... nos sentamos cerca de él y este se puso a hablar... no le entendí nada, pero sí pude sentir todo cuanto dijo... era como si cantara, como si el cielo se abriera y de su infinitud brotaran aires puros de alturas indefinibles... se respiraba bien, y la dicha era hermosa, hermana... luego todos se pusieron a cantarle y allí, sentí, lo que debía sentir... ¡qué fácil era amar!...
han pasado los años. he aprendido lo necesario, como para sentir que puedo volver al colegio… tengo más de sesenta años. el maestro sigue su camino, mientras yo he buscado mas seguidores, mas hombres con sed de amor, de aquel amor que no se cierra, que se abre cuando se pone el sol, el sol de la verdad… mis padres han vuelto a su sueño negro. mi familia está regada por un mundo dormido. vengo a despertar a cada uno de aquellos seres que respiran… tengo que enseñarles a respirar, a sentir a ese dios que se mueve dentro y fuera de nosotros… es bueno hacer este camino de amor a la pura verdad… aunque, no tengo nada en mis manos, tan solo el tesoro de esta respiración y el don de saber que la paz, la verdad es mi más importante regalo de vida… debo hacerlos entender, con mis manos o con mi silencio…